Hola chicas! Este cap. es más largo a petición de Julie Black Lautner, espero q les guste y q nos regalen muchos reviews.
Recuerden q nada nos pertenece, la historia es de C. Lockhart y los personajes de S. Meyer.
Disfrútenlo.
Dieciséis
En ese instante, una sinceridad desnuda flotó en le aire con un aroma cargado de promesas.
Jasper notó el instante en que ella admitió la verdad para sí misma. Deseaba su beso tanto como él. Sus ojos expresivos se habían abierto más y el color se le había aclarado. Su boca se había entreabierto ligeramente permitiéndole ver la rojez del labio inferior donde él había estado mordisqueando.
Manteniéndole la barbilla firme, se apodero de lo que llevaba muriéndose por poseer desde que la había visto por primera vez en el salón de su casa.
Ella entreabrió los labios y Jasper aceptó la muda invitación.
Sabía a verano, cálida y acogedora. Su lengua encontró la de ella y Alice retrocedió con timidez. Él le dio tiempo a retirarse disfrutando de la forma en que ella extendía los dedos por su cintura.
Inhaló el aroma de ella y supo que nunca olería o vería las flores silvestres sin pensar en ella, sin recordar…
A los pocos segundos, ella gimió levemente. Jasper insistió más buscando su lengua y ella le recibió apenas rozándola.
Entonces sus dedos se enterraron en su pelo atrayéndola hacia ella. Jasper obedeció la orden.
Al profundizar el beso, sus senos se apretaron contra su torso. A través de la tela de sus camisas y del sujetador, Jasper sintió endurecerse la punta de sus pezones. El ardor lo inundó.
La tentación nunca había sido más poderosa.
Durante una fracción de tiempo, estuvieron unidos, dejando a un lado la desconfianza.
La brisa agitaba el pelo de Alice y él se lo apartó antes de abarcarle la cara entre las manos. Ella se puso de puntillas y después se alzó más. Jasper abrió las piernas y la recibió sobre sus mulos antes de bajar una de las manos y apretarle las nalgas para atraerla hacía sí.
Con un suave suspiro, ella aceptó también la muda invitación.
Jasper ya no recordaba haber estado nunca con una mujer que lo afectara tanto emocional y físicamente. No había deseado a una mujer con tanta desesperación en años. Pero había algo especial en el coraje y el ardor de Alice.
¿Qué tenia ella que un solo roce de labios la noche le había encendido de deseo?
La femenina boca le dio la bienvenida. Con la lengua expresaron los dos mucho más que hasta el momento con las palabras, la mezcla de miedo y alivio, la ardiente pasión y la promesa de la posesión.
Y ahora que la tenía apretada contra su cuerpo, Jasper deseaba más.
Abarcó la suavidad de su trasero sintiendo que se excitaba al apretarle el vientre contra su pelvis. La sangre le hirvió y el pulso se le desbocó cuando ella, en un ritual más antiguo que el tiempo, se frotó contra él.
El deseo se intensifico, Jasper agarró un puñado de algodón y tiro de su camiseta para sacarla de los vaqueros hasta acariciar su piel, suave como la seda antes de deslizar la mano hacia arriba sacudido de deseo.
Entonces se paró al sentir el encaje bajo su mano.
El sujetador se cerraba en la espalda y el cierre de metal invitaba bajo sus dedos. Lo único que tenía que hacer era dar un tirón y sus senos se derramarían en sus manos. Cerrarían las palmas contra ellos y…
¿Qué diablos le estaba pasando?
Jasper se detuvo al borde de abusar de aquella pequeña dosis de confianza que ella había puesto en él.
Alice era una invitada en su casa y se merecía el respeto que él le había prometido.
Una nube oscureció el sol entonces y penetró en sus sentidos abotargados. Jasper luchó por volver del abismo. Había querido besarla, perpetuar la magia que habían compartido desde la noche anterior bajo la luz de la luna. No había pretendido perder toda noción de la realidad.
Pero eso era exactamente lo que acababa de hacer; había traspasado las barreras de hierro que normalmente levantaba ante cualquier mujer. Se había acostado con algunas desde su divorcio. Y había besado a más de unas pocas.
Pero nada le había llevado al borde del límite como aquella preciosa maestra de Nebraska. Alice Cullen estaba fuera de juego: toda inocencia si es que la creía.
Y la creía.
Se había rendido en sus brazos pero sin la confianza de la experiencia. No, ella había estado más bien tímida y vacilante.
¡Dios bendito!
Jasper acabó le beso maravillándose todavía de su sabor. Y Jasper nunca se maravillaba por nada. Debía hacer demasiado sol. O quizá fuera otra cosa enteramente diferente.
Dejó de ponerse disculpas. Él nunca había sido un hipócrita y a ella le había exigido total sinceridad. No podía mentirse diciendo que sentía haberla besado. Solo sentía la pérdida de control. Eso era inaceptable.
-¿Jasper?
Alice parpadeó la darle el sol en los ojos.
Jasper hizo acopio de valor de valor para enfrentarse a ella. La soltó lentamente necesitando poner espacio entre ellos.
Alice bajó la cabeza cortando el contacto de sus miradas. Jasper notó como le temblaba la mano al meterse de nuevo la camiseta por los vaqueros.
Él había perdido el control y ella había sufrido las consecuencias. Eso lo sentía.
-Alice, no tengo excusa…
-No –interrumpió ella con la voz tan temblorosa como su mano.
Alzó la vista hacia él y su fuerza lo sorprendió.
-Soy una mujer adulta. Podría haberte detenido.
Para Jasper era más profundo que eso. Él no había querido que lo detuviera. Había querido continuar, sentir el peso de sus senos en sus manos, mirar como su pezón se endurecía de deseo, escuchar el cambio de su respiración y ver el latido de su pulso en la garganta.
La había deseado.
El problema era que todavía la deseaba.
-Por favor, no te disculpes –dijo ella-. Esto ha sido… -se mordió el labio inferior-, agradable.
-¿Agradable? ¿Agradable? –repitió él.
A Jasper se le ocurrían una docena de descripciones, pero ninguna con ese nombre.
-Bien –dijo Alice frotándose las manos.
Él dio un paso adelante.
-¿Bien?
Se cruzó de brazos y esperó.
El sol seguía caldeándolos y Jasper sintió el sudor empañarle la espalda. Aunque podía ser debido a la forma en que sus pezones pujaban contra el confinamiento de la tela… una tela que se moría por quitar.
-Sólo intento buscarle algún sentido –intentó explicar Alice-. Ninguno de los dos somos niños. Tú deseabas besarme y yo a ti.
-Tan simple como eso –dijo él sintiendo que el control empezaba a debilitársele de nuevo.
-Tan simple como eso –repitió ella con una leve sonrisa.
A Jasper no se le apaciguaba con facilidad.
-¿Y si te quisiera besar de nuevo? –sintió una oleada de satisfacción cuando su sonrisa se desvaneció un poco-. ¿Y si lo desearas tú tanto como yo? ¿Qué pasaría entonces? ¿Eh, Ally?
-Jasper, la verdad es que yo…
-¿Y si yo quisiera más? ¿Y si los dos quisiéramos más? ¿Y si besarte, tocarte, no fuera suficiente? ¿También estaría bien?
-Yo no llegaré a eso.
-¿No?
Alice lo miró y tragó saliva al bajar por su cuerpo. Se sonrojó violentamente la llegar a sus piernas.
-¿Puedes estar segura de eso, Alice?
-No podemos.
-Quiero dejar una cosa clara. Antes me he disculpado por besarte, pero me estaba disculpando por desear más. Por desear sentir tu piel contra la mía y chuparte los senos. Y que Dios me ayude, por desear hacerte el amor.
Jasper la alzó de puntillas con suavidad, con un movimiento nada posesivo.
Alice sintió que el mundo daba vueltas a su alrededor de forma enloquecida. ¿Cómo podía confesar que ella lo había deseado tanto como él?
-¿Simple, verdad? –susurró él-. Los dos somos adultos.
Sus palabras la excitaron. Con Jasper nada era simple.
-¿Quieres que te abrace, Alice?
La forma en que pronunciaba su nombre, como un susurro, una caricia… Lo miró a los ojos ensombrecidos como un cielo alpino por algo… ¿la pasión?
-¿Podría besarte?
No, pensó con cordura.
-Sí.
Y tan simple como eso, él lo hizo.
Pero un minuto más tarde, cuando Jasper se apartó, Alice supo que nada entre ellos sería nunca simple.
La sensación de sus dedos sobre la piel que él había expuesto por segunda vez la dejó temblorosa. El aire le abanicaba la espalda junto con las caricias de Jasper. La brisa parecía haber arrastrado la sensibilidad junto con la reserva.
Por desgracia, ella no quería recuperar ninguna de las dos cosas.
Jasper se apartó deslizando un reguero de besos a lo largo de la columna de su cuello. Ella arqueó la espalda, sujetada por él para permitirle más acceso a su cuello.
Los besos habían dejado encendida la llama de la pasión.
Sus senos se hicieron grávidos, sus pezones se sensibilizaron. Una suave caricia fue lo que hizo falta para acabar con ella.
Jasper chupó la tela de la camiseta desde su hombro continuando su exploración. La humedad de su lengua, el calor de él contra el de ella, todo conspiraba contra sus defensas.
Los músculos de la espalda de él se tensaron al cambiar de dirección. Desesperada por aferrarse a algo sólido, Alice levantó una mano y la enterró en la espesura de su pelo sedoso y fuerte.
Él deslizó la lengua a lo largo de su garganta, sobre una piel que nunca antes había sido tocada de aquella manera. Alice gimió haciendo un esfuerzo por mantenerse derecha.
Entonces, incluso a través del suave algodón que los separaba, el siguió descendiendo, cerrando los labios alrededor de uno de sus senos y tragándose un pezón hasta un punto doloroso.
Si Jasper no hubiera acabado el beso en aquel momento, ella sabía que no podría haber parado nunca.
Todavía sujetándola, alzó la cabeza hacia ella. En menos de un segundo su boca estaría sobre la de ella de nuevo si no decía nada.
Alice miró a las profundidades de sus ojos nublados y notó entonces que él se había parado por timidez a deslizarle la camiseta por la cabeza. Le aterrorizó pensar que ella no lo hubiera impedido. Una parte de ella sentía alivio por su control, mientras que otra, se moría por el peligro.
Ella, que nunca había vivido al límite, ahora quería permanecer allí.
-¿Sigue siendo tan simple?
¿Qué le estaba pasando? Debería haberlo empujado y protestar que había llegado demasiado lejos. Las palabras vibraron entre ellos, impronunciadas pero palpables.
Alice nunca había deseado hacer el amor con un hombre tanto como lo había deseado con Jasper. A James no se lo había permitido hasta que había tenido el anillo en el dedo e incluso así, había estado ansiosa por ir al altar.
Esto sin embargo, era diferente.
Su propio deseo batallaba con el sentido de la obligación hacia su sobrino. Will estaba con Esme y quien sabía como se las estarían arreglando. No, por mucho que quisiera tirar la cautela por la borda, no podía.
Ya había visto las consecuencias de los actos de Rosalie. Alice no correría el riesgo de tener que mantener a un segundo hijo y menos el de otra pelea con Jasper. Ya sabía que lo que era de él, era de él y si ella se quedaba embarazada de su hijo… Se estremeció.
-¿Ally?
Debilitada comprendió que sólo se estaba poniendo excusas. Se moría de ganas de arrojar toda la cautela al viento de Wyoming y no mirar atrás nunca.
Él esperó.
-Yo… Tienes razón, Jasper. No es tan simple.
Él la soltó y se pasó una mano por el pelo. Después de asentir bajó la otra mano.
-Tengo responsabilidades. Tengo que pensar en Will, en nuestro futuro –sintió un fuerte sonrojo en la cara-. Yo ya soy una madre sola. No puedo correr el riesgo de tener otro bebé sin…
-No –la interrumpió él apresuradamente-. No digas eso, ni siquiera lo pienses.
Alice sintió la familiar sensación gélida envolverla.
Jasper apretó los puños.
-no te confundas en esto, Ally. Yo te protegería. Y si por algún motivo eso no fuera suficiente, aceptaría la responsabilidad de cualquier hijo que trajera al mundo.
Eso era lo que más le asustaba a ella.
Con la cara todavía sonrojada y el cuerpo caliente del suyo, sus partes más femeninas palpitaban de pasión frustrada.
-¿Es eso de lo que se trata? –prosiguió él con tono más bajo y con una nota de enfado.
Alice se cruzó de brazos sintiendo una gran opresión en el pecho. Él no aceptaría otra cosa que la verdad,. ¿Y como podía ella equilibrar la verdad con la necesidad de protegerse? No importaba, no pensaba darle municiones para que las usara contra ella.
-¿Te asusta quedarte embarazada?
-Sí –admitió ella volviendo la cabeza.
-Ally, mírame.
Ella parpadeó antes de hacer acopio de valor para poder mirarlo.
-Cuando hagamos el amor, Ally, no te dejaré sola. Yo te cuidaré.
Cuando. Había dicho cuando, no si. Estaba seguro de que harían el amor y también de que no cometería el mismo error que su hermano.
Alice necesitaba poner distancia entre ellos para poder pensar con claridad. Por suerte no le temblaron las rodillas cuando se acercó a Campero. Jugueteó con los estribos como si estuviera recordando la lección que le había dado Jasper.
-Ally, no tienes por qué hacerlo todo sola.
Ella dio un respingo. Jasper se había acercado en silencio por detrás susurrando. Cuando apoyó las manos en sus hombros, Alice se quedó helada. En contraste, su temperatura interna aumentó.
-Viniste a mi en busca de ayuda… déjame dártela.
-Vine por Will –protestó ella con debilidad.
-¿Y el paseo a caballo?
Ella jadeó sin aliento.
-Para mejorar nuestra relación.
-¿Y la hemos mejorado?
Alice lanzó una débil carcajada temblorosa.
-No lo sé.
Deseaba darse la vuelta y mirarlo, pero él la mantenía aprisionada con sus brazos.
Jasper le chupó la parte superior de la oreja y ella se estremeció. Las rodillas le cedieron y él tuvo que aguantar todo su peso antes de darle la vuelta.
-Ya hablaremos más tarde.
Alice no sabía si aferrarse a aquella promesa con esperanza o temerla.
Soltando una mano, le alzó la barbilla para que no le quedara otro remedio que mirarlo.
-Te echaré una mano.
Sabía que debía negarse, no animarlo a que la tocara más de lo que ya había hecho, pero a su boca parecía tener personalidad propia.
-Me gustaría.
Alice sentía todo el cuerpo caliente cuando la soltó para entrelazar los dedos y agacharse. Sin esfuerzo la alzó sobre la silla y le metió un pie en el estribo.
Aquel acto no tenía nada sensual, pero ella reaccionó como si lo fuera. Todo su ser vibraba de excitación.
Jasper le pasó las riendas sin decir una palabra. Entonces recogió el sombrero del suelo y ella no pudo resistir el impulso de preguntar:
-¿Es verdad lo que dicen de los vaqueros?
-¿Y qué dicen?
El coraje le falló. Se humedeció el labio inferior y se preguntó por qué tendría la boca tan seca.
-Que sólo se quitan el sombrero para besar.
Una lenta sonrisa sensual arqueó sus labios.
-No, señorita. También nos lo quitamos en la iglesia, para comer, para dormir y para el deporte nacional.
-¿Oh?
-Para el sexo.
Con aquellas palabras, se caló el sombrero y se apartó de ella.
Uhhh el vaquero Jasper q les ha parecido? Interesante no? Tal parece q las cosas avanzan a muy buen ritmo entre ellos d hecho a más q buen ritmo jajaja
Esperamos muchos reviews chicas y también q nos sigan apoyando con nuestro otro fic EL REFUGIO xq estamos recibiendo menos comentarios y eso nos pone muy tristes y no nos motiva a subir más capítulos :( Pero sabemos q ustedes son unas muy buenas y fieles lectoras y continuaran siguiendo ambas historias verdad?
