Hola chicas! Ya por fin aquí esta el nuevo capítulo y es un capítulo muy activo, interesante y... bueno ya no les diré nada más mejor léanlo y me dicen que opinan en un lindo review, q les parece?

Recuerden q nada nos pertenece, la historia es de C. Lockhart y los personajes de S. Meyer.


VEINTE

Durante un instante inmenso, Jasper temió que le dijera que no quería hacer el amor. Entonces ella lo miró a los ojos y el corazón se le desbocó. La deseaba, la deseaba con desesperación. Había pasado más de veinticuatro horas luchando contra ello, intentando negarlo. Al final, su resistencia no había servido de nada. La realidad no podía ser negada.

Alice Cullen, Ally para sus amigos, le había llegado con sus sonrisas, su honestidad y sus lágrimas. Le había hecho cuestionarse todo lo que había dado por sentado en su vida y había bombardeado su teoría de que ninguna mujer era digna de confianza.

En el tiempo que había estado fuera del rancho, sus actos habían sido los de un hombre al que le importaba mucho una mujer. Su capataz le había preguntado con una sonrisa de comprensión y él no se había molestado en negarle nada.

El distanciamiento de ella de todo el día no había servido para disminuir su deseo. De hecho, lo había aumentado. En vez de quedarse a pasar la noche en Laramie como había planeado, había arrastrado a su capataz de un bar y se había vuelto a casa, donde no se le ocurría nada más agradable que tenerla enroscada contra él después de hacer el amor.

Sin embargo, se trataba de algo más que de sexo y eso era lo que le sorprendía más. Se moría por desvelar cada uno de sus secretos, aprender lo que le gustaba, explorar cada pulgada de su cuerpo hasta saber exactamente la forma de tocarla para hacerla arquearse bajo él y gritar su nombre

Oh, sí. La deseaba con alma y corazón y deseaba su confianza.

Con un tirón, le aflojó el cordón de satén del cuello. El calor de su aliento lo inundó. Con la mirada de ella calvada en él, separó la tela para ver la cremosa piel que se ocultaba debajo.

Jasper deslizó un dedo por su escote parando cuando el borde del camisón se lo impidió. Lo que habían compartido en el arroyo no había sido suficiente, sólo había servido para aumentar su apetito que ahora era voraz.

De pie, Jasper le tendió la mano preguntándose si aprovecharía la última oportunidad de decirle que no. Él era un caballero, pero que Dios lo ayudara, esperaba que no lo hiciera.

Sus ojos todavía muy abiertos, destellaron bajo la luz de la luna. Alice deslizó la palma de la mano dentro de la de él y no intentó separarse cuando él cerró los dedos.

Ella posó los pies desnudos en el suelo de madera y cuando enroscó los dedos del frío, Jasper la alzó en sus brazos.

-¡Decías en serio lo de llevarme en brazos!

-Tan en serio como lo de hacerte el amor.

Jasper se detuvo para agarrar el pomo del ventanal y entrar con ella en brazos. Entonces, sin un solo sonido, con las estrella como única iluminación, siguió avanzando hasta tenderla con suavidad en la cama.

-Ahora mismo vuelvo –dijo sabiendo que las precauciones las tenía que tomar en ese mismo momento o no lo haría nunca.

Echó un vistazo a Will antes de volver a la habitación de Alice. El niño dormía con placidez. Y en ese momento una idea lo asaltó.

No era sólo Alice la que se le estaba metiendo bajo la piel, sino Will también.

Y ahora que existía la posibilidad de que fuera el hijo de Emmett, estaba enteramente titulado a compartir la propiedad. Si el niño era un Whitlock necesitaba amar la tierra como lo hacía él, hasta el último acre. Entonces toda la familia se vería obligada a compartir la responsabilidad de criarlo… junto con Alice. Ella podía quedarse a vivir en el rancho si quería.

Cuando volvió a la habitación de Alice, encendió una lamparilla.

Ella estaba sentada al borde de la cama con los brazos enroscados alrededor de las rodillas con la misma postura protectora que había adoptado en la terraza. Con la cabeza hacia adelante, el pelo le enmarcaba la cara.

-¿Has cambiado de idea?

-No –admitió ella sin mirarlo a los ojos-. Sólo que no sé cómo actuar.

Como siempre, no mostraba más que la sinceridad desnuda. ¿Cómo podría haberla creído capaz de otra cosa?

-Iremos paso a paso.

Aunque le costara tanto control como para arrancarse la piel.

-Ha pasado mucho tiempo para mí –susurró con suavidad-. Bueno, en realidad, nunca he tenido mucha experiencia. Supongo… no estoy segura de… -lanzó un suspiro que le llegó hasta el alma-. No quiero decepcionarte.

-Ven aquí, Ally –por fin ella lo miró a los ojos-. Agradeceré todo lo que quieras darme.

Extendiendo una mano, esperó un momento agonizante a que ella la aceptara. La ayudó entonces a levantarse de la cama maravillándose de su olor, de la forma en que tenía los labios entreabiertos y de su respiración jadeante.

-¿Confías en mí?

Alice asintió.

-Dilo –pidió con voz ronca.

Ella hizo aquello con el labio inferior y cuando dejo de atormentárselo, él se inclinó para besarlo y acariciarlo con su lengua.

Alice se deslizó hacia él y Jasper sintió lo perfecto del momento. Ninguna mujer le había afectado nunca de aquella manera, excitándolo… sin siquiera tocarlo.

-¿Ally?

Ella se alzó de puntillas y le dio un beso fugaz en los labios.

-Confió en ti, Jasper.

El deseo le inflamó la sangre y encendió algo en él que creía apagado para siempre.

-Voy a quitarte el camisón.

Jasper notó como ella respiraba con profundidad, pero entonces asintió Sin romper el contacto de sus miradas, Jasper agarró el dobladillo y empezó a deslizarlo por las rodillas arriba.

Los sonidos de la noche los envolvían, ricos y vivos como él se sentía. Jasper alzó la tela aún más y sus dedos rozaron las bragas y después la piel desnuda de su cintura. Alice sintió un cosquilleo en el estómago y el desvió la mirada hacia su cuerpo.

Centímetro a centímetro, la fue exponiendo cada vez más deslizando los dedos por su piel. Al subir, sintió la redondez de sus senos, y notó su peso y su textura. Alice contuvo el aliento cuando le rozó los pezones, que se endurecieron contra la piel de él y lanzó un leve gemido. Jasper dudó haber oído nunca algo tan embriagador. Soltando el camisón le abarcó los dos senos con las manos frotando sus crestas firmes con sus pulgares y sintió que se le contraían las entrañas. Había deseo, desde luego, pero también mucho más.

Alice cerró los ojos y él vio cómo se mordía la lengua. En ese momento sólo deseaba tenerla enteramente desnuda.

Entonces le sacó el camisón por la cabeza de un solo movimiento. Los ojos de Alice se abrieron y él la sujetó por los hombres. Sin prestar atención a la forma en que la tela flotó hasta caer sobre la moqueta, Jasper se concretó en la mujer que tenía delante.

-Déjame mirarte.

-Pero… -protestó ella-. Pensé que nosotros sólo… ya sabes –el sonrojo le subió a las mejillas-, sólo nos meteríamos en la cama.

Él sacudió la cabeza.

-Hacer el amor es algo más que eso. Quiero concerté, Ally, ver tus respuestas, sentirlas. Quiero saborearte, ver cómo te abandonas a mí. Eres preciosa, Ally.

-Pero no lo soy… Mi…

-Lo eres –la interrumpió sujetándole la cabeza entre las manos para que no apartara la vista-. Preciosa en todos los aspectos.

-Jasper…

-Ally, dijiste que confiabas en mí. NO haré nada que te pueda hacer sentir incomoda ni te pediré más de lo que estés dispuesta a darme.

-No se trata de desconfianza –dijo ella.

-¿Entonces?

Ella suspiró antes de admitir:

-Odio la idea de perder el control, de dejar que alguien tenga poder sobre mí. Abandonarme no me resulta fácil.

-Eso ya lo sé –a pesar de su negación, si se trataba de confianza y los dos lo sabían. Jasper le acarició el labio con el dedo-. ¿Probamos?

Jasper sabía que podía llevarla a la cama, penetrarla y darse la vuelta para dormir aunque no era su estilo. Sin su participación y su placer, no sería más que sexo. Pero el sexo estaba disponible en cualquier parte y aquello no.

-¿Ally?

-¿Sí? –susurró ella.

Ella había dicho que tenía poca experiencia, así que aquel acto de fe hacia él como hombre le maravillaba y se juró en silencio ser merecedor de ello, costara lo que costara.

Con las manos, le echó los hombros hacia atrás. Ally tenía el pecho agitado, pero como había prometido, no protestó.

Sus senos eran pequeños y turgentes, del tamaño perfecto.

-Perfecto –dijo él cerrando las manos sobre ellos.

Sintiendo su peso, deslizó los dedos sobre los pezones, contemplando la forma en que la piel se le erizaba y las puntas se endurecían.

Sus entrañas respondieron a las reacciones del cuerpo de ella, apremiándolo y exigiendo más. Dominando su propio deseo, se concentró sólo en aumentar el de ella para llevarla a unas alturas que esperaba no hubiera llegado nunca.

Y para conseguirlo, necesitaba tirar las últimas barreras entre ellos. Con desgana la soltó susurrando que no tardaría mucho.

Jasper notó los sutiles cambios en su respiración cuando se arrodilló delante de ella y le rodeó la cintura con las manos. Con delicadeza le dio un beso en el vientre sobre el elástico de las bragas y bajo el botón del ombligo.

Olía dulce, con una mezcla de aire fresco y el jabón que tenía en el cuarto de baño. Lavanda, había leído en la etiqueta. Incluso en el corto tiempo que llevaba en el rancho, su presencia había invadido su espacio. En el cuarto de baño que compartía con Alice, sus objetos ya habían empezado a mezclarse. Y lo peor era que no podía imaginárselo de otra manera.

Todavía de rodillas, Jasper deslizó un dedo entre su piel y el elástico de sus bragas. Con reverencia empezó a deslizárselas por los muslos, las rodillas y las pantorrillas hasta dejarlas caer en la moqueta.

Entonces y sólo entonces, se permitió a si mismo mirarla. Durante unos segundos, se olvidó de respirar. Y tampoco pudo pensar.

El silencio flotaba en el aire de la noche, vibrante de vida.

-Jasper –protestó ella jadeante cuando le dio otro beso en el vientre, pero mucho más debajo de lo que había explorado previamente.

Era preciosa y así se lo dijo.

Para sorpresa de él, no protestó incluso aunque él noto que el cuerpo se le ponía rígido.

Jasper le levantó el pie derecho para sacarlo de la prenda de algodón y sin apremiarla él, ella alzó el otro.

-Voy a besarte –dijo él-. Aquí.

Ella lanzó un gemido.

-Y aquí.

A Alice se le doblaron las rodillas antes de apretarlas juntas y ponerse rígida.

-Y aquí.

Deslizó la lengua por su muslo, el sabor de ella tan embriagador como su aroma.

Alice enterró las manos en su pelo y le apretó la cabeza.

-Quiero explorarte –susurró él-. Centímetro a centímetro. Empezando por…

Deslizó la mano por sus tobillos y la parte externa de sus piernas continuando por sus caderas, su cintura y los lados de sus senos para cerrarlas alrededor de sus pezones. Entonces volvió a deslizarlas hacia abajo con las manos juntas mientras le acariciaba el vientre hasta descubrir la textura del vello de su pelvis.

-Abre las piernas para mí.

Jasper pensó que no lo haría, pero cuando ella dio el simple paso, el corazón se le desbocó.

Alice tembló y le apretó con más fuerza. En la intersección de sus muslos, él junto las manos de nuevo notando la ligera humedad y la respiración agitada de ella. Sólo de sentirlo, su cuerpo se sacudió en oleadas de deseo.

Entonces la apretó allí abriéndola y deslizándose por la suavidad hasta entrar dentro maravillado de la diferencia de texturas y sensaciones. Ella gritó su nombre como él había imaginado que haría. Su abandono le produjo una sensación de triunfo y el deseo de hacer a aquella mujer suya y de protegerla.

Deslizó otro dedo dentro de ella y Alice le apretó con más fuerza atrayéndolo con delicadeza contra la suave redondez de su estomago. Jasper dudaba haber estado tan excitado en toda su vida.

-Ally…

-Sí, Jasper, sí.

Él se apartó de ella y al levantarse descubrió que sus piernas estaban tan débiles como las de ella poco antes. La alzó en brazos y la llevó a la cama, donde la tendió en el medio. Entonces se desabrochó la hebilla del cinturón y en pocos segundos se había desprendido de toda su ropa.

Antes de que la intensidad le hiciera olvidar sus buenos propósitos, alcanzó uno de los envoltorios que había llevado a la habitación. Las manos le temblaron cuando apartó las sábanas y arrugadas y la buscó.

Alice le dio la bienvenida. Sus ojos eran expresivos y el color se le había acentuado como la madurez del verano. Jasper la tocó con suavidad para asegurarse de que estaba lista y enseguida aceptó la muda invitación.

Lentamente, se deslizó cada vez más adentro apretando los dientes ante la dulce agonía. Apoyó todo el peso en los codos e intentó retroceder.

-Estoy bien .susurró ella.

-Entonces sólo uno de los dos lo está.

Alice tragó saliva y él vio la oleada de pánico asomar a sus ojos.

-¿Estoy… haciendo algo mal?

-De ninguna manera –consiguió él decir con los dientes apretados. Jasper se maldijo a si mismo por tonto. Ya sabía lo nerviosa que estaba y se le ocurría hacer aquel comentario-. Estás haciéndolo todo… perfectamente… bien.

Inesperadamente, ella lazó las caderas hacia él h Jasper cerró los ojos. Cuando movió las manos para abarcarle las nalgas, se enterró en lo más hondo de ella. Con un leve gemido, ella se acomodó a él, a su largura. Después de controlar la primera oleada de necesidad de su cuerpo, abrió los ojos para descubrir que ella lo estaba mirando con una mueca de asombro. Jasper sabía que él reflejaba lo mismo.

-¡Que agradable! –susurró ella.

Agradable, ya estaba de nuevo la misma palabra. Jasper deseaba erradicarla de su vocabulario y se juró que lo conseguiría antes de que amaneciera.

-¿Agradable? –a él le parecía más bien una tortura-. ¿Así lo sientes?

Jasper se agitó con fuertes y largas embestidas, casi saliendo para entrar de golpe al bienvenido calor de ella.

-Jasper…

Él sintió la forma en que su cuerpo se movía al compás del de él. Alice se aferró atrayéndolo y sujetándolo un momento. Maldición, Jasper quería que ella buscara su propio alivio antes, pero controlar el suyo le costaba más a cada momento.

Bajo él, la respiración de Alice se hizo cada vez más agitada. Estaba tan cerca de llegar como él y deseaba llevarla al límite. Buscó su boca y encontró su lengua.

Entonces ella le clavó las uñas en las nalgas. Con un bramido gutural, el besó acabó.

Con una última embestida, Jasper se dejó caer sobre el cuerpo femenino.

La mente pareció explotarle en miles de estrellas de sensación y cada una más vibrante que la anterior. Lentamente entonces, regresó a la realidad al notar cómo ella había cerrado los ojos.

-¿Ally?

Jasper nunca se había sentido tan excitado ni tan consumido de deseo por una mujer como para olvidarse de todo lo demás.

-¿Ally?

-¿Hum?

-¿Estás bien?

-Nunca me había sentido así antes. Ha sido…

-¿Agradable? –interrumpió él.

-Maravilloso.

A pesar de todo, Jasper sonrió.

-¿Maravilloso? –repitió.

Ella le acarició la espalda, una intimidad que no había compartido nunca con nadie.

-¿Estás buscando un halago?

-No. Sólo esperaba que hubiera sido algo más que agradable.

-¿Qué tiene de malo agradable?

-Nada. Pero es mejor maravilloso.

Tardó un momento en mirarlo notando la forma en que su piel parecía abrasada por su barba, sus labios enrojecidos de sus besos y su pelo revuelto sobre la almohada, como una mujer a la que acababan de amar.

Sin embargo, por mucho que se había esforzado, no había notado el momento exacto en que ella había alcanzado el placer sensual. Pero no se lo perdería la segunda vez, se juró.

La necesidad lo había desbordado esa vez, pero al haber alcanzado la satisfacción, podría aguantar más tiempo la siguiente vez, la llevaría al límite y disfrutaría de cada segundo de verla caer por el abismo.

Aparatándose de ella, rodó de medio lado.

-¿Es aquí donde nos damos las buenas noches? –preguntó ella como si fuera su pasada experiencia.

-No, aquí es donde yo aprendo de ti.

-Pero….

-Shhsss.

-Tú ya, quiero decir, ¿tú…?

-Sí, pero, ¿quién dice que puedo llegar una sola vez?

Alice se mordió el labio inferior. Él deslizó los nudillos por la columna de su cuello y lo acarició.

-Quiero que llegues –susurró.

-¡Jasper!

El vio que había juntado las piernas y comprendió que no las volvería a abrir si no se lo pedía.

-¿Por dónde empezamos, Ally? ¿Por un beso? –le dio un beso en la punta de la nariz-. ¿O por una caricia?

Se mojó el dedo y lo posó en uno de sus pezones. Ella arqueó las caderas.

-¿Qué va a ser? ¿Me lo dices tú?

Alice se sonrojó. Hasta el momento no se había sentido avergonzada. No era su intensidad lo que la turbaba sino desvelar los secretos que nadie más conocía.

Jasper apartó la mano de ella y buscó su mirada.

-Dime –la animó.

Entonces esperó. La confianza, comprendió, no se conseguía en un instante, requería su tiempo. Esperaría todo lo que hiciera falta, toda la noche si era necesario, pero conseguiría que ella fuera una participante deseosa en el descubrimiento de su propia sexualidad. Y entonces la animaría a descubrir la de él.


Y bien, q les ha parecido? Agradable? No esperen, ese adjetivo no le gusta mucho a Jasper jajajaja así q usen su imaginación para describirlo ok? Espero q este cap. sea merecedor d muchos muchos reviews chicas :)