Chicas! D seguro nos quieren matar xq hace mucho q no hemos actualizado pero no fue x falta d ganas se los juro, ya saben la escuela es demasiado estresante.
Bueno aquí les dejo el siguiente cap. espero q les guste y nos regalen muchos reviews, recuerden nada nos pertenece.
VEINTITRES
Jasper estaba metido hasta las cejas.
Los sentimientos que tenía por Alice eran tan poco bienvenidos como las ventiscas de febrero, pero no menos reales que una nevada de medio metro. Se tardaba mucho en despejar la nieve de febrero y aún más tardaba la naturaleza en derretir hasta la última gota. No tenía muchas esperanzas de deshacerse de aquellos sentimientos por Alice con más facilidad.
Desde el otro lado de la puerta, escuchó el sonido del agua correr. Se imaginó a Alice en la bañera, sumergida en agua caliente hasta el cuello. Entonces Jasper pensó en su cuerpo. ¿Cómo reaccionarían sus pezones al calor? ¿Estarían suaves e incitantes o como dos botones duros y sensibilizados?
Apartó la sábana y se puso los vaqueros de un solo movimiento. Inquieto, se paseó por la habitación. Le había dicho al capataz que se tomaría el día libre y ahora se arrepentía. La energía rebosaba dentro de él. Necesitaba estar al aire libre trabajando. Necesitaba a Alice.
Aquello no se trataba de sexo sino de mucho más. De confianza quizá. Él le había pedido a Alice toda su confianza y la había arrastrado al límite buscando más. A cambio, y sin pensarlo, él le había ofrecido la suya.
Desde María, Jasper no había dejado que ninguna mujer entrara en su vida, pero Alice se lo había ganado lentamente con su sinceridad y la forma en que cuidaba a Will. Cuando el niño se había despertado por segunda vez, Jasper lo había llevado a la habitación y se lo había puesto a Alice en los brazos. Después le había preparado el biberón y cuando había vuelto, Will miraba a su madre adoptiva con los ojos muy abiertos y maravillados.
Jasper se había quedado un momento en el umbral de la puerta sin que el niño ni la madre se enteraran de su presencia. Con suavidad, Alice arrullaba a su sobrino y lo mimaba como todo niño merecía.
En el día de su boda, él se había imaginado a María de la misma manera con un niño en brazos. Pero nunca había ocurrido. María nunca había querido esperar en la cama a Jasper el tiempo suficiente como para concebir.
Alice, al contrario, a menudo jugaba con Will a juegos que eran un secreto entre los dos. En los días anteriores, Jasper había aprendido mucho observándola. Y también había disfrutado del tiempo que había pasado solo esa mañana con Will sin que nadie lo observara.
Con torpeza al principio, había intentado darle el biberón hasta que los dos se habían relajado y Will había empezado a chupar de la tetina con abandono.
Después de haber solucionado lo del pañal, Jasper lo había sacado fuera. SE había sentido inundado de orgullo cuando le había presentado el niño a Starshine, un potro tan terco como la misma tierra.
En aquel instante, con el niño en los brazos, los sueños de Jasper habían renacido. Deseaba hijos propios, deseaba ver aquellos diminutos pies dar sus primeros pasos, escuchar sus primeras palabras, experimentar la maravilla de colocar a un niño a lomos de un caballo por primera vez. Y deseaba tener una familia propia a su alrededor cuando Starshine alcanzara su primera victoria.
Por un instante, Jasper se había preguntado cómo estaría Alice de novia a su lado y después llevando a su hijo en el vientre. Pero apartó la idea. Alice no era su mujer. Ella tenía una vida en Nebraska y él un rancho que dirigir.
Pero por mucho que intentara apartar la imagen, ésta volvía con redoblada fuerza a cada instante. Jasper se pasó una mano por la mandíbula rasposa de la barba. SE había duchado por la mañana, pero cuando había ido a afeitarse, se había detenido al escuchar un sonido desde la habitación parecido a uno que Alice había emitido durante la noche.
Atraído por algo que no se atrevía a nombrar, había vuelto a la habitación cautivado por el cuerpo de Alice al moverse. La sábana estaba revuelta a su alrededor, pero revelaba más de lo que ocultaba. Él había visto la silueta detallada de sus caderas y sus piernas al darse la vuelta. Su palma descansaba en la almohada a su lado y tenía los labios sonrojados.
Habían hecho el amor tantas veces que él había perdido la cuenta y sin embargo se había vuelto a excitar. No debería estar listo para ella tan pronto.
Pero lo había estado. La imagen de ella, dormida y seductora había sido su perdición. Habían vuelto a hacer el amor con la misma intensidad que la noche anterior.
No podía saciarse de ella. Jasper nunca había experimentado aquel deseo tan fiero antes y no sabía qué hacer con él. Eso le dejaba con un problema sin solución y le ponía de mal humor.
El sonido de salpicaduras lo hizo volverse a la realidad y olvidó toda resistencia. Necesitaba afeitarse. Después de todo lo que habían compartido, no creía que ella pusiera objeciones a que compartieran el baño.
Ella no debí oírlo entrar. El aroma a fresco y promesa inundaba el aire. Alice tenía la cabeza apoyada en el borde de la bañera y el pelo mojado apartado de la cara. Algunas burbujas flotaban sobre sus hombros y se deslizaban hacia sus senos. Las rodillas le asomaban por encima del agua humeante. El vapor velaba el espejo aunque eso ya no importaba porque se había olvidado de por qué había entrado al baño.
Como si hubiera captado el sutil cambio en el ambiente, Alice abrió los ojos.
-Jasper.
Empezó a incorporarse, pero pareció cambiar de idea y se sumergió de nuevo en el agua.
Lo había hechizado. ¿Por qué si no, su mente no podía pensar más que en una cosa?
-¿Qué estás haciendo aquí?
-Pensé que podías necesitar ayuda para enjabonarte la espalda –si ya estaba buscando una excusa para acercarse a su bañera, es que estaba más metido de lo que creía-. ¿Usas esta cosa? –preguntó arrodillándose al borde de la bañera.
-Se llama estropajo –Alice sonrió, la imagen de ellos dos juntos volvió a su mente borrando todo lo demás-. Y sí, es lo que uso.
Alcanzó la barra de jabón y se la ofreció. A Jasper se le resbaló de las manos para caer de nuevo en el agua. Sin vacilar, sumergió la mano y encontró su pierna.
-Me haces cosquillas –dijo ella con un gemido.
-Lo siento.
-¿Lo sientes?
Sus miradas se clavaron.
-No.
-Yo tampoco.
Jasper tardó bastante en encontrar el jabón, pero eso hizo la exploración más divertida.
Él deslizó la especie de esponja por su espalda y ella se apartó de nuevo.
-Me siento como una cuerda estirada en una competición. Tengo miedo de que se rompa y me caiga. Es ridículo, ¿verdad?
-No –él sabía exactamente como se sentía. Jasper tenía las entrañas contraídas de la tensión y algo tenía que ceder. Aquella historia con Alice no podía durar. La experiencia se lo había enseñado-. ¿Te hacía sentir él lo mismo?
Alice enderezó los hombros con tensión y él soltó el jabón para empezar a darle masajes en los nudos de la espalda.
-¿Quién?
-El hombre con el que estuviste a punto de casarte. Alice aflojó los hombros.
-No –dijo con suavidad-. No creo que le importara que…
-¿Qué qué?
-Ya sabes, si yo…
Algo se contrajo en el interior de Jasper.
-No le preocupaba tu placer, ¿no es eso?
Ella asintió y los mechones de su pelo mojado acariciaron los nudillos de él.
-¡Que tonto! –Jasper odiaba a aquel hombre sin conocerlo por lo que le había hecho a Alice-. Es mucho mejor cuando se comparte el placer.
-Eso estoy aprendiendo.
Hubo un temblor en su voz que desató una llamarada de orgullo en él.
-¿Sabes? Lo peor es que yo estaba ciega a todo. Creía en el amor a primera vista.
A él también le había pasado lo mismo en otro tiempo, pero no había tardado en comprender que aquello era un cuento de hadas. Seguía creyendo en la atracción a primera vista, pero no en algo más profundo.
-Ese hombre era un idiota, Ally.
Jasper empezó a mover los dedos de nuevo sin saber que le había detenido.
-Quería que firmáramos nuestros propios votos, pero James dijo que no necesitaba ninguna ridícula idea femenina para cerrar la ceremonia. Jasper parpadeo. Él sabía lo que era dar el corazón para que la otra persona se riera a tus espaldas. El tiempo había cicatrizado los recuerdos, pero nunca los había borrado.
Se levantó entonces para buscar una toalla y Alice vaciló antes de aceptar la mano que le ofrecía. Su palma mojada descansó sobre la seca de él y Jasper tiró hasta tenerla de pie desnuda y rodearle los hombros con una toalla.
Alice salió de la bañera con el cuerpo sonrosado de calor. Él nunca había ayudado a una mujer a salir del baño antes, pero ahora deseaba hacerlo.
-Gracias –dijo ella retirando la mano para enrollarse la toalla.
-Déjame, dijo él.
-No pienso que…
-Entonces, no pienses. Siente –le quitó la toalla disfrutando de la imagen de su cuerpo femenino y suave. No podía imaginar nada más perfecto-. ¿Primero la espalda o el frente?
-La espalda –dijo ella dándose la vuelta.
Jasper cumplió y le frotó los hombres y el pelo. Notó la forma en que la piel se le erizaba donde le acariciaba el aire, como había pasado antes cuando su lengua la había tocado.
Desdoblando el algodón azul, le secó las costillas, los hombros y las caderas, sin dejar de recordar. Agachándose, le secó entonces las piernas.
-Mírame –dijo.
Ella lo hizo y Jasper le levantó un pie para apoyarlo en la pernera de su vaquero sin importarle que estuviera mojado. Jasper contuvo la tentación de mirar hacia arriba y le secó los dos pies. Cuando terminó, pensó que lo había hecho con la mayor caballerosidad de que era capaz.
Las manos le temblaron cuando le abrió las piernas para poder continuar. Deslizó las manos por el interior de sus muslos notando como tenía la piel sonrojada donde su barba le había rozado. Frotó la zona con suavidad antes de seguir hacia el nido donde él había descansado por la noche.
Alice le apretó los hombros al frotarle los rizos femeninos y él sonrió. Nunca había tenido una intimidad como aquélla con una mujer, pero podría acostumbrarse con facilidad. A Alice le empezaron a ceder las rodillas, pero él quería asegurarse de que estuviera del todo seca.
-Creo que voy a necesitar darme más baños-dijo ella con la voz entrecortada.
-Eso mismo creo yo.
Una gota de agua se deslizaba por su vientre y, sin dejar de mover la toalla, Jasper deslizó la lengua por ella y se la bebió.
-Jasper, párate –le clavó las uñas en los hombros-. Esto es indecente.
Él bajó la toalla.
-No lo es.
Jasper le apartó la piel que había sensibilizado con los frotamientos e introdujo el dedo entre sus pliegues femeninos. Alice lanzó un grito y él se levantó al instante para ahogarlo. La vida, decidió no podía ser mejor. Deseaba capturar aquel momento, paralizarlo en el tiempo. Pero su deseo fue interrumpido por el teléfono, que empezó a sonar con insistencia.
D quien será esa llamada? Q les ha parecido? Esperamos sus comentarios y sigan la historia q ya casi llega a su final :)
