Y bueno penúltimo capítulo de esta loca idea, espero les guste hermosas divinuras :)

Como siempre los personajes no me pertenecen son creación de nuestra adorada Meyer, espero disfruten de este capítulo, cada día me pongo más nostalgica.


BPOV

Sentía como el frio gel tocaba mi barriga y el doctor comenzaba a hacer su recorrido, hoy por fin Edward y yo sabríamos el sexo de nuestros amados bebés, ya era la semana 20 tiempo suficiente para saber y como siempre el estaba aquí a mi lado y tomando mi mano, me encontraba tranquila yo amaría a mis bebés fuesen lo que fuese así fueran unos pequeños alienígenas.

-Bueno ahí están- Edward volteo a ver el monitor, yo la verdad no sabía ni que buscar para poder saber que era por lo que me espere a que fuera Edward quien me dijera que era lo que sucedía- ¡serán dos preciosas niñas!- me dijo con los ojos húmedos por las lagrimas.

-Niñas, mis hijas- le dije a Edward apretando su mano.

-Nuestras hijas- me corrigió él, el médico continuo con el estudio pero yo estaba como desconectada, feliz de saber cuál era el sexo de mis bebés.

Edward y yo íbamos felices saliendo del hospital, Edward ya se había titulado como médico, a mí me faltaba solo presentar mi examen de recepción, mi tesis que era asesorada por Aro ya estaba terminada, la fecha de examen sería dentro de dos semanas pero en este momento lo que más me importaban eran mis pequeñas niñas dentro de mi vientre. Edward y yo ya vivíamos en la casa que nos habían regalado Esme y Carlisle, la casa era hermosa, de dos pisos, de un tamaño perfecto, por fuera pintada de color beige, por dentro reinaba una armonía de colores fríos, la casa contaba con cuatro habitaciones, en la fachada de la casa se podían ver numerosas ventanas y la puerta de madera con cristal, se encontraban unas cuantas palmeras que daban sombra al patio de la entrada, a fuera de la cochera había un pequeño techo para cubrir a los autos del sol, por dentro al entrar se encontraba a la derecha la sala con sillones blancos y cojines con variaciones de tonos entre azules y grises una mesa de centro de cristal, a la izquierda se encontraba el comedor separado de la cocina por una pared de cristal todo combinada a la perfección con la sala, los muebles era muy modernos, con un estilo muy urbano, justo enfrente de la puerta de la entrada se encontraba un muro de color blanco detrás de este se encontrabas las escaleras que llevaban a la planta de arriba, el cuarto de Edward y mío era en tonos de verde, beige y blanco, al cuarto siguiente estaba el cuarto de nuestras hijas que no se decoraba todavía debido a que esperaban a saber el sexo de mis bebés, los demás eran cuartos de huéspedes que variaban de combinaciones, una era en tonos blanco y negro y otra en tonos violetas, rosas y rojos, como dije mi casa era perfecta.

-¿Cómo crees que Alice se tome el que haya fallado en el sexo de nuestros bebés?- me pregunto Edward.

-No creo que del todo bien, aunque creo que después del berrinche estará feliz por tener a dos pequeñas a las cuales llevar de compras- pobres de mis pequeñas, tendrán que soportar la locura de su tía por las compras.

-Bueno pobres de nuestras hijas amor- me detuvo antes de que entrara al carro- no crees que ya es hora de que pensemos los nombres de nuestras hijas.

-Mmm cierto, hay que pensar bien los nombres, quiero que los nombres de nuestras hijas sean hermosos y originales- le dije, solté un pequeño suspiro- Edward ya quiero tenerlas entre mis brazos.

-Yo también- ya quiero tener sus pequeños y delicados cuerpecitos entre mis brazos- sabes les compondré una canción.

-¿Cómo mi nana?

-Sip, una nana con la cual pueda arrullarlas en las noches cuando tengan pesadillas y vayan corriendo a nuestro cuarto para que las protejamos- Edward se veía tan ilusionado por nuestras pequeñas que me provoco un nudo en la garganta ¡Vaya estas hormonas!

-Vas a ser el mejor papá que un niño pueda desear- le dije mientras levantaba mi mano y acariciaba su mejilla, él solo agacho un poco la cabeza para apoyarse más en mi mano- espero ser tan buena madre como tú.

-¿Voy a ser una buena madre?

-Tonto, sabes que me refiero a que serás un buen padre.

-No tengas duda de que serás una grandiosa madre- colocó su mano en mi vientre ligeramente abultado- ustedes pequeñas tienen que saber que tendrán a una madre tan hermosa, que las ama y las protegerá tanto como yo- me encantaba cuando Edward se ponía a hablarles.

-Bueno me llevas a la empresa, tengo que ver lo de mi tesis y terminar de ponerme de acuerdo con Aro con respecto a la empresa, sé que asumiré el control total de la empresa algún día pero espero Aro quiera asumirlo hasta que nuestras hijas ya sean un poco grandes no sé unos ocho o diez años para poder asumirlo- antes que mi vida profesional se encontraban mi familia.

-Ven les digo hijas mías tendrán a la mejor madre- Edward me beso una mejilla y me dejo entrar al asiento del copiloto.

Todo el día me la pase practicando con Aro mi exposición sobre mi tesis para mi examen recepcional y hablando sobre el mandato de la empresa, Aro acepto llevar el mandato por los próximos diez años más siempre y cuando me encontrara presente en los referente a la empresa, no quería que por el hecho de estar él al mando yo me olvidara de que tengo una responsabilidad para con ella, me dijo que ya había contratado a la persona que remodelaría mi oficina para tener un cuarto pequeño para tener ahí a mis hijas lo cual agradecí que entendiera. A la hora de la salida Edward pasó por mí para irnos a la casa de Esme y Carlisle.

-Muero por ver la cara de Alice cuando sepa que esta vez se equivoco con el sexo de los bebés- sonrió de una manera perversa.

-Eres malo- le dije tomando su mano.

-No, solo que sería lindo saber que Alice no siempre tiene la razón.

Al llegar a casa no terminábamos de estacionarnos cuando Alice salió corriendo de la casa para esperarnos, en cuanto salí del carro se acerco a mi dando saltitos.

-Dime como le pondrán a mi sobrino y sobrina- me dijo, vaya si que ya había dado por hecho que iban a ser un niño y una niña.

-Vamos Alice deja de molestar a mi esposa- dijo Edward mientras daba la vuelta al carro.

Entramos a la sala y ahí se encontraban Carlisle, Esme y Rose, Alice seguía dando brincos detrás de mi esperando que le dijéramos que serían nuestros hijos, entre y me senté en el sillón más cercano, Edward se sentó a mi lado y tomo mi mano.

-¿Y bien?- preguntó Alice, yo solo rodé mis ojos, vaya que era impaciente la duende.

-Bueno tendremos a dos hermosas niñas, tendré dos mini Bellas- la cara de Alice no tenía precio, se encontraba medio desconcertada, confundida, como si estuviera tratando de recordar en que paso de la receta de cocina se había equivocado.

-Dos hermosas niñas- dijo Esme.

-Edward di la verdad- dijo Alice después de un rato.

-Es la verdad duende- Edward entrego las imágenes del ultrasonido- si no me crees Carlisle puede decírtelo.

-Si Carlisle, dime que Edward se equivoco- la pobre seguía sin creer que había fallado.

-Bueno Alice hija, Edward tiene razón, tendrán a dos hermosas niñas- ella se fue a sentar toda pensativa solo se escuchaban sus susurros diciendo "algo anda mal" o "estoy segura que hay un niño"

-Ya Alice supéralo- le dijo Rose.

-Supongo que eso significa que tendré a dos hermosas muñecas que vestir y comprar hermosa ropa- sonrió no del todo complacida después de un rato.

En ese momento llegaron Jasper y Emmet, Jasper en cuanto entro fue interceptado por la duende.

-¿Puedes creer que me haya equivocado en el sexo de mis sobrinitos?- le preguntó

-Sobrinitas- le corregí, a lo cual me lanzo una mirada asesina

-Bueno amor, será para la próxima- le dijo en manera de consuelo, Alice solo torció la boca.

-No eres de mucha ayuda- le saco la lengua a su novio y Jasper solo pudo envolverla entre sus brazos.

Edward y yo nos retiramos pronto a nuestra casa, Edward insistía en que tenía que descansar, este hombre era un sobreprotector, pero así lo amaba con todo y su sobreprotección. Últimamente me sentía un poco agotada debido al embarazo, mi barriguita era un poco más grande de lo normal debido al embarazo doble. Llegando a casa Edward me ayudo a bajar del carro y nos fuimos directo a nuestra habitación.

-Dime amor como te fue con Aro- me preguntó Edward.

-Bien en cuanto a mi tesis cree que ya estoy preparada para el examen, en cuanto a la empresa ha aceptado el estar enfrente de la empresa por lo menos los próximos diez años pero con la condición de que quiere que también esté al tanto de la empresa, como la heredera de la empresa cree que debo de involucrarme un poco más pero también entiende mi situación- le dije mientras comenzaba a desvestirme.

-Me alegra que lo haya entendido, sabes que dentro de un par de meses deberás de quedarte en casa y que si fuera por mí ya no irías a trabajar- se comenzó a quitar su camisa, los pantalones ya los tenía desabrochados.

-Si lo sé si por ti fuera ya estaría en una caja de cristal con el letrero de "Prohibido tocar"- el sonrío ante mi comentario, mientras yo iba caminando por mi pijama en braguitas y sostén.

-Te ves tan jodidamente hermosa caminando en lencería por nuestra habitación.

Bueno ni si quiera llegue a tomar mi pijama porque Edward me intercepto y me llevo directito a la cama para hacerme el amor toda la noche, aunque a la mañana siguiente ambos moríamos de sueño, pero no nos quejábamos nos habíamos entregado uno al otro con el mismo amor y pasión con la que siempre lo hacemos.

MESES DESPUÉS

A dos semanas de tener a mis hermosas niñas entre nuestros brazos, solo dos semanas y tendría a mis pequeñas, la habitación ya estaba casi lista, y no por falta de tiempo si no que de pronto no sé qué mosca le había picado a Alice para no querer terminarla, pero en fin todos los días me la pasaba en casa con Esme mientras Edward se iba a trabajar, él no quería que me quedara sola y menos en estos momentos de que me encontraba a dos semanas de dar a luz y que por ser primeriza podía que se me adelantara, no quería que me encontrara sola si eso sucedía.

-¿Ya saben cómo llamarán a mis nietas?- me preguntó Esme.

-Si será una extraña combinación entre los nombres de mis dos mamás y de mis dos papás- le sonreí mientras la abrazaba a lo cual ella correspondió inmediatamente.

-¿En serio?- asentí con la cabeza.

-Si mira una de mis hijas se llamará Renesmee y la otra se llamará Carlie- sé que uno de los nombres no era muy común pero a Edward y a mí nos agradaba, solo espero que a mi hija en un futuro le agrade y no nos reclame por el nombre.

-Son bellos los dos- me dijo mientras tomaba mis manos- Carlisle y yo morimos por tener a nuestras nietas aquí corriendo por toda la casa.

-Presiento que serán unos abuelos demasiado consentidores- le dije con una sonrisa, sabía que mis hijas tendrían abuelos y tíos que las amarían.

-Y también tendrá un padre que las consentirá- me voltee hacia la voz de mi amado esposo, yo solo rodé los ojos- hola hermosas, papi ya está aquí, ¿dejaron descansar a mami durante el día de sus patadas?- en verdad amaba cada vez que hablaba con sus hijas, ya me lo imaginaba cuando las tuviera en sus brazos- ¿todo bien amor?

-Todo bien- le contesté.

-Bueno ya vámonos a casa para que puedas descansar- me tomo de la mano y le dio un dulce beso- Esme nos vemos mañana, sabes que nos quedaríamos pero Bella anda últimamente muy cansada.

-No se preocupen cariño, mañana los espero- se acerco a nosotros y se despidió de ambos.

Estos últimos meses mi cansancio había ido en aumento a tal grado que ya no había ido a la empresa desde hace casi tres meses, mi espalda me dolía constantemente, lo bueno es que tenía al mejor esposo del mundo que siempre me tallaba mi espalda en las noches para que pudiera dormir, claro hasta que a una de las niñas o a ambas se le ocurría empezar a patear, creo que sería lo que menos extrañaría del embarazo.

-¿Y bien guapo, que tal tu día?- le pregunte.

-Bien, de hecho el hospital en general hoy estuvo muy calmado, yo en lo personal solo tuve un par de consultas, eso hizo que solo estuviera más ansioso por estar a tu lado- me dijo.

-Bueno durante una semana podrás estar conmigo durante dos meses debido al permiso que te consiguió Carlisle, para poder acompañarme en todo esto- le dije señalándome mi barriguita.

-¿Y tu amor, a caso has extrañado a tu pobre marido?

-Bobo, por supuesto que he extrañado a mi guapo marido, de solo pensar en todas esas enfermeras resbalosas tratando de conquistar a mi esposo- puse un puchero en mi cara.

-Un esposo que está totalmente enamorado de su hermosa mujer.

-Más te vale Cullen, más te vale- el solo sonrió y en ese momento llegamos a la casa cuando de pronto sentí una punzada en mi vientre, era una contracción un poco más fuerte de las comunes.

-¿Qué sucede amor?- me preguntó Edward llegando a mi lado rápidamente.

-Nada no te preocupes, son las típicas contracciones

-¿Segura?- se notaba preocupación en su rostro

-Si cariño

Entramos a la casa y Edward me llevo a nuestro cuarto, pero antes de empezar a cambiarme tenía que pasar al baño por lo que deje a Edward en la habitación y yo me adentre al baño, cuando entre al baño me dio otra contracción, de acuerdo estas habían sido demasiado continuas cuando por lo regular me daban un par al día pero muy separadas entre sí, quizá sea el cansancio. Salí del baño y tome mi pijama, Edward se acerco y se hinco ante mí para quitarme mis zapatos ya que mi enorme barriga no me dejaba doblarme aunque fuera un poco para quitármelos, me baje mi pantalón y el término de quitármelos, me ayudo a ponerme el pequeño short de pijama y yo termine de cambiarme mientras él iba a lavarse los dientes y justo en el momento en que me incline para destender la cama me dio otra contracción, ok esto ya no eran las típicas contracciones que dan y justo en el momento en que me ponía derecha, sentí un liquido caliente recorrer mis piernas, oh…oh.

-Edward- dije mientras caminaba al baño- Edward.

-Si amor- él vio el líquido escurriendo entre mis piernas- ¡Demonios!- salió rápido del baño, tomo la maleta que ya teníamos preparada para esta ocasión y ya iba para la puerta pero carraspee.

-Edward- le llame.

-Oh sí, lo lamento- se regresó por mí y me ayudo a bajar las escales- tranquila, todo estará bien, oh por Dios mis hijas están a punto de nacer

-Edward, creo que el que debe de tranquilizarse eres tu- mi amado esposo estaba empezando a ponerse histérico.

-Pero si yo estoy tranquilo- aja y yo no estoy a punto de tener a mi hijas, ya llegamos al carro, Edward abrió la cajuela y metió la maleta se subió al carro y arranco… sí así es Edward se fue sin mí, nota si vuelvo a embarazarme no dejar a Edward a cargo de esto, un minuto después y aquí venía de regreso.

-Me alegro de que te encuentres tranquilo amor- le dije cuando me abrió la puerta, él solo rodo los ojos y arranco rumbo al hospital o eso esperaba yo, ya que con los nervios que se traía encima era capaz de llevarme al aeropuerto.

Condujo con precaución pero con cierta rapidez, lo cual agradecía ya que las contracciones ya eran demasiado continuas, y me comenzaba a doler como una mierda en verdad, las malditas contracciones cada vez eran peor y eran más continuas, Edward noto que no me sentía del todo bien, me dio la mano y la apretaba cada vez que me daban las contracciones.

-Tranquila ya estamos por llegar- terminó una llamada que había hecho de la cual yo ni si quiera había sido consciente de que la realizará- ya hable al hospital y avise que íbamos para allá, respira amor.

-¡Estoy respirando Edward!- aggg en estos momento todo me resultaba tan irritante.

-Ok, solo sostén mi mano

-¡Eso es lo que hago!

-Está bien solo tranquila ¿Ok?

-¡Estoy tranquila!

Estaciono en frente del hospital donde ya había una silla de ruedas, con el doctor y enfermeras esperándome, Edward se bajo para ayudarme a bajar y ponerme en la silla de ruedas, le pidió a una de las enfermeras que estacionará el carro, porque no quería separarse de mí.

-¿Qué tan frecuente son las contracciones?- me preguntó el doctor.

-Me dan cada dos o tres minutos- y como si quisieran reforzar mi respuesta me da una maldita contracción de nuevo, ¡Mierda! Esto duele.

-Bien, te llevaremos a un cuarto, te revisare que tanta dilatación tienes para ver cuando empezamos labor de parto.

-¡¿Para ver cuándo?! Cada maldita contracción siento que me está partiendo en dos y usted me dice ¡¿Para ver cuándo?!- le grite.

-¡Auch amor, es mi mano!- me dijo Edward, después de la contracción vi la mano de Edward, estaba sumamente roja ya casi morada.

-¡Lo lamento!- le solté la mano.

Llegamos al cuarto donde Edward me colocó en la camilla, las enfermeras entraron con una bata y le pidieron a Edward que me ayudaran a desvestir para ponerme la bata, Edward comenzó a quitarme la ropa lo más cuidadoso que pudo, al terminar tomo la bata entre sus manos, todo lo trataba de hacer lo más rápido que podía porque las contracciones seguían llegando

-Está un poco fría amor- me la deslizo por el cuerpo y si estaba un poco fría pero nada que no pudiera sobrellevar.

Después de ponerme la bata me recostó de la manera más cuidadosa que podía, cada contracción que me llegaba era más fuerte que la anterior, no creí poder soportar más, en ese momento entró el doctor con dos enfermeras, el doctor se coloco frente a mis piernas que ya se encontraban abiertas, me examino y después de un par de minutos me volteo a ver.

-Te faltan dos centímetro de dilatación, esperemos que sea pronto y te llevaremos a sala de parto ¿Cómo, todavía tenía que esperar dos putos centímetro?

-Tranquila amor, pronto dilataras los dos centímetros que te faltan- ¡tranquila! ¡Edward estaba jugando pidiéndome tranquilidad! ¿Cierto?

Malditas contracciones que seguían llegando y yo que había dicho que no quería la maldita epidural, nota para la próxima si pedir la epidural, ¡Demonios! Sentía que el tiempo pasaba tan lentamente y el doctor no hacía acto de presencia.

-Bien creo que es tiempo suficiente, podemos pasar a la futura mamá a la sala de parto- dijo el doctor entrando en esta ocasión acompañado de dos enfermeros y una enfermera, los enfermeros me ayudaron a pasarme a la camilla que traían con ellos.

-Edward- le llame no quería que se despegara de mí, si quizá un poco infantil, pero en este momento no me importa serlo.

-Ya voy amor, no me separare de ti- me tomo mi mano en cuanto llego a mi lado.

-Mamá, papá- le dije no sabía si ellos ya estaban aquí, pero quería que lo estuvieran.

-Ya los llame amor, me han dicho que vienen para acá, por favor tranquila, eso ayudará al parto- bien tranquila trataría de estar si eso le ayudaba a mis pequeñas a salir más pronto.

Me llevaban en la camilla, solo veía las luces pasar, el dolor claro que seguía pero llego un momento en el que solo pensaba que pronto tendría a mis niñas en mis brazos, pronto tendría a mis pequeñinas y podría abrazarlas, besarlas y mimarlas, solo eso era lo que me importaba en este momento, el dolor había pasado a un segundo término, pensaba en todo esto cuando el sonido de los aparatos me sacaron de mis pensamientos, voltee a ver y ahí se encontraba el hombre de mi vida, a mi lado como siempre lo ha estado y sé que siempre lo estará.

-Bien Bella, vamos a empezar- me abrió las piernas y él se colocó en frente de ellas- vamos a contar hasta el diez, cuando lleguemos al diez vas a pujar todo lo que puedas y después respirar de nuevo hasta llegar al diez ¿de acuerdo- yo solo pude asentir- de acuerdo aquí vamos.

-Uno, dos, tres… diez- y puje, puje todo lo que podía, sentía que me partía en dos.

-Vamos Bella, sé que ha sido una hora complicada pero ya veo la primer cabecita, solo un empuje más; uno, dos, tres… diez- puje con todas las fuerzas que tenía, y cuando creí que ya no podría más escuche un llanto, un sonido tan hermoso y puro.

-Bien la primera pequeña- dijo el doctor, solo en ese momento se separo Edward de mi lado y fue a recibir a nuestra pequeña.

-Es tan hermosa- dijo Edward al tener a la pequeña en sus brazos- Hola Reneesme.

-Ahí viene la segunda- sentí de nuevo esas ganas de pujar- Bueno Bella ya sabes que tienes que hacer; uno, dos, tres… diez- puje y puje lo más que pude.

-Ahí está, solo uno más uno, dos, tres… diez- volví a pujar y en el momento en que termine de pujar se escucho de nuevo otro llanto- vamos papá a recibir a su segunda hija- Edward se acerco y tomo en sus brazos a nuestra otra pequeña.

-Hola Carlie, tan bella como tu madre- en ese momento se paró el doctor y le dijo algo a una enfermera, la enfermera salió y el doctor fue a hablar con los otros doctores que estaban ahí ¿Qué estaba pasando? En ese momento volví a sentir las ganas de pujar.

-¿Qué está sucediendo?- preguntó Edward.

-Ven- el doctor llevo a Edward en frente de mis piernas al miso tiempo que entraba otro médico a la sala, y de nuevo esas ganas de pujar.

-Edward ¿Qué está pasando?- Edward platico algo con los doctores y se acerco a donde estaba.

-Mi ángel, tendremos otro bebé- ¿Qué? ¿Cómo? Bueno si sabía cómo pero no entendía nada- si me encuentro igual de confundido, pero es el momento de volver a pujar, sé que ya estás cansada pero solo uno más amor, solo uno- solo asentí.

-Bien, aquí vamos Bella, uno, dos, tres… diez puja- puje y puje, pero ya me encontraba cansada.

-Uno más, uno, dos, tres… diez puja- puje con todas las fuerzas que me quedaban por ese pequeño o pequeña que estaba dentro de mí- aquí está- y un nuevo llanto se escucho esta vez había algo diferente.

-Ok este es un hermoso niño- dijo el doctor mientras se lo pasaba a Edward- Edward lo tomo entre sus brazos.

-Tan guapo como sus hermanas- dijo mientras le tocaba su nariz con uno de sus dedos, quería cargarlo a él y a mis niñas, extendí mis brazos para que me lo pasara, Edward colocó al pequeño entre mis brazos, era tan hermoso, tenía el cabello cobrizo de su padre pero mis ojos chocolate, sé que era muy pequeño para saber a quien se parecía más pero puedo jurar que sacaría la guapura de su padre.

-Papá aquí están sus hermosas niñas- cada una de las enfermeras tenía a una pequeña, Edward cargo a las dos, Edward veía a cada uno de los niños como si fueran los seres más hermosos que jamás haya visto. Edward las inclino un poco y pude verlas, ambas eran exactamente iguales, ambas tenías mi cabello castaño obscuro y sus ojos verdes al igual que los de su padre y también puedo jurar que se parecerían más a mí, quería tomarlas entre mis brazos, pero en ese momento me sentí tan agotada que mejor le entregue a mi pequeño a la enfermera y en cuanto lo hice sentí un vacio en ellos.

-Me siento demasiado cansada- le dije a Edward.

-Lo sé amor, ya te dejaremos descansar- Edward le entrego las pequeñas a las enfermeras que se las llevarían a hacerle los estudios necesarios y de ahí a los cuneros, Edward se puso a mi lado y comenzó a acariciarme mi cabello hasta que me quede dormida.


Seré honesta mi inspiración para este capítulo fue una novela que veía cuando tenía 12 años se llama Floricienta no sé si la conozcan, bueno en uno de sus capítulos pasa eso del parto siempre me quede con ganas de volverlo a ver y dije por qué no hacerlo aquí y vuala aquí está. Diganme que les parecio por fis! En estos últimos capítulos me encantaría saber su opinión