Ni la historia ni los personajes me pertenecen.

Capítulo 27

Sakura corrió a través de la lluvia, cayendo sobre los tejados resbaladizos y las bajas cornisas. Nada podía borrarle la imagen del cuerpo destrozado de Guy.

¿Dejarme cuidar de Guy? No. No. No.

¿Había hecho esto por ella? Oh Dios, iba a vomitar.

No importaba que sospechara de Guy. No se merecía esto. Nadie se lo merecía.

Tropezó, y luego cayó. Deslizándose por el tejado de pizarra de una antigua fábrica, consiguió detenerse en el último segundo. Sakura se impulsó hacia arriba, acurrucándose contra una marquesina como si su mundo se estuviera viniendo abajo. No Sasuke. No podía haber hecho esto. Destrozó a los Nefilim en pedazos sangrientos, ¿y para qué? Compartiste tus sospechas con él. Se había ofrecido a cuidarte. ¿Qué esperabas que hiciera? ¡No! Ella le había dado… todo. Y su corazón…oh Dios, se había enamorado. ¿Ahora se daba cuenta de eso? ¿Ahora? No podía ser cierto, pero lo era. Sai lo había visto, y él nunca le mentiría, sin importar lo mucho que odiaba a Sasuke.

Sakura se tapó la boca, ahogando un grito. Lo había defendido, intervino cuando Guy estuvo a punto de herirlo gravemente o de matarlo, y ella… lo amaba. Vio a Sasuke colgando a Guy sobre la azotea. Recordaba su bella cara retorciéndose en una casi espantosa mueca mientras Guy intentaba deslizar el puñal por su pecho. ¿Qué había hecho? Había cogido la daga y la había lanzado lejos. Abrió los ojos, mirando al oscuro cielo mientras lluvia caía por su rostro.

¿Por qué no eres como ellos?

¿Quién dice que no lo soy?

Su cara furiosa fue sustituida por aquella que le provocaba tanta ternura. La sostuvo en sus brazos, le hizo el amor, y la engatusó poco a poco a su mundo… a amarlo. Se levantó de la marquesina, aterrizando en el edificio de al lado. Un rayo apareció sobre su cabeza, y el trueno resonó por todo el metal de alrededor. La tormenta no era nada comparado con lo que sentía por dentro.

En cuestión de minutos cayó sobre el balcón de su apartamento. Se había marchado con tanta prisa, que no había cogido ni las llaves ni nada. Otro trueno retumbó por encima mientras Sakura tiraba la pequeña silla blanca contra la puerta de cristal reforzado. Se rompió en una docena de fragmentos grandes. Desbloqueó la puerta, ignorando la pieza de cristal afilado que contuvo su mano y la cortó. Ni si quiera se inmutó. De hecho, le dio la bienvenida al cálido dolor que atravesó la bruma de otro dolor diferente. Sakura entró en su apartamento; la empapada camisa se aferraba a su piel, y su pelo se rizaba alrededor de su cara. Con cada paso que daba dejaba pequeños charcos de agua y sangre. Dejó las puertas del balcón abiertas.

En poco tiempo, la familiar conciencia se movió a través de ella. De espaldas a la puerta, cerró los ojos contra el ataque de dolor y rabia.

—¿Sakura?

Sus hombros se tensaron con el profundo sonido de su voz.

—¿Qué ha pasado? Puedo… sentir que algo está mal. Estás herida.

Inhaló una respiración entrecortada. Con su corazón estallando en una masa inútil, le enfrentó. Su camiseta se aferraba a su estómago, seguido por la ondulación suave de carne y músculo de su pecho. Lluvia goteaba de sus espesas pestañas, y sus ojos ardían brillantemente. ¿Podía algo tan hermoso ser tal monstruo?

Vio el cuerpo maltrecho de Guy. Vio la forma en la que Sai la miró. Se acordó de las advertencias de Kakashi. Es un Caído. Nunca lo olvides.

—Sasuke.

El dolor, el profundo sentimiento de pesar por lo que tenía que hacer era visible en una sola palabra. Sasuke notó los fragmentos de cristal.

—Sakura, ¿qué ocurrió? ¿Estás bien?

—Sabes lo que pasó —Levantó la mano— No te acerques más.

Algo brilló en sus insondables ojos.

—¿Sakura?

Bajó la cabeza. Su pecho subía y bajaba con cada dolorosa respiración, y sus dedos se curvaron.

—¿Cómo pudiste hacerle eso?

—¿De qué estás hablando?

—¡No me mientas! —gritó. Toda la rabia y el dolor se desbordaron. Dio un paso hacia él— ¿Cómo pudiste hacerlo? ¡Confié en ti!

Sasuke alzó una mano.

—Sakura, para por un segundo. Dime qué piensas que hice.

—¡Destrozaste a Guy en pedazos! —Se estremeció, y las dagas se deslizaron de sus puños. Le observó cuando su mirada se entrecerró en sus manos, luego regresó a su cara— ¡Le arrancaste la carne! ¿Lo hiciste por mí? ¿Por qué sospechaba de él?

Sasuke ni se inmutó. Encontró su mirada salvaje.

—No lo hagas, Sakura.

No hubo disculpa. Ni excusa, nada. Se sintió como si su corazón se hubiese roto de nuevo.

—No tengo otra opción. No me dejaste otra opción.

—No lucharé contigo.

Sus ojos se cerraron brevemente. Se volvió fría y entumecida. Deber, se dijo a sí misma. Es tu deber, no el de tu corazón o cordura.

—Entonces morirás.

Saltó hacia él. Se tambaleó hacia atrás, sorprendido por la intensidad detrás de cada patada y puñetazo que le asestó. El borde de su cuchilla rasgó sobre su pecho. Una brillante línea de rojo floreció y sangró sobre su camiseta húmeda. Pero no atacó. Sasuke bloqueó lo que pudo, pero Sakura se movía como un torbellino. Sus golpes eran rápidos y precisos. Otra línea roja apareció sobre su mejilla.

—¡Pelea! —le gritó de nuevo.

—No voy a hacerte daño —Bloqueó su swing.

—¡Ya lo has hecho!

Se estremeció de nuevo, como si sus palabras le hirieran más que el filo de su cuchilla. Mientras Sakura atacaba, pensaba en nada más que el cegador dolor y la vergüenza que sentía por confiar en él, por quererle. Sus pensamientos eran un caos irracional; sus ojos se llenaron de lágrimas que se negaba a derramar. Y, Dios mío, había sido Guy en vez de ella quien acabó como Ino.

Sasuke golpeó su brazo cuando su cuchilla patinó sobre su pecho una vez más.

—¡Detén esto, Sakura!

Le golpeó con una doble patada, estampándolo contra la pared.

—¡Te amaba! —gritó mientras golpeaba con el brazo derecho en su pecho.

Sasuke se congeló. Esos ojos brillantes atraparon los de ella; sus manos la soltaron. Su hermosa cara se constriñó.

—Sakura —susurró.

Ella vaciló. No podía respirar mientras miraba a esos ojos. Sakura le vio la primera vez que le salvó de Danzo. Imágenes de Sasuke llevándola de vuelta a su dormitorio aparecieron. Besándola, deslizándose en ella, y cómo la abrazaba, como si fuera la cosa más preciosa en el mundo. La forma en que su corazón se hinchó cuando le vio, o la forma en que su pulso se aceleraba cuando decía su nombre tan suavemente. No podía moverse. De alguna forma todavía lo amaba.

Su brazo tembló. Había montañas de razones por las que debía matarle, especialmente cuando no hacía nada para defenderse. Sería fácil. No sería la primera vez que había matado a un Caído. Eso es todo lo que era para ella ahora, otro Caído con el que tenía que tratar. Oh Dios, no podía hacerlo. Porque muy dentro de sí misma, alguna parte retorcida seguía queriéndole. Un grito de frustración la desgarró, y su brazo cayó.

Sasuke se apartó de la pared, capturando sus delgadas muñecas.

—Sakura, por favor detén esto.

Lo peor de todo era que la tocara. Le recordaba demasiadas cosas. Intentó alejarse. Cuando eso no funcionó, lanzó una patada lateral, pero Sasuke la giró. Capturó sus dos muñecas con una mano, envolviéndola la cintura con el otro brazo.

—Maldita sea, ¡para esto!

Sakura luchó con fiereza, necesitando desesperadamente escapar. Incluso ahora, su cuerpo respondió, su corazón sufriendo por él. No tenía sentido, pero podía sentir la confusión dentro de él. El dolor que sentí una patada, y una planta se estrelló contra el suelo. Sakura se las arregló para apoyar sus pies contra la pared, pero Sasuke bloqueó sus piernas con un poderoso movimiento de su brazo. Gritó y hundió los codos contra su esternón.

Sasuke gimió.

—¡Sakura, ya basta!

Intentó golpearle el estómago de nuevo, pero se apartó de un salto y la giró de manera que su espalda chocó contra la pared. Puso sus brazos sobre la cabeza. Presionándose completamente contra su cuerpo, la sujetó en el sitio.

—¡Para!—gruñó a centímetros de su cara— ¡No sé qué demonios crees que hice!

Estaba aplastándola, o al menos así se sentía para ella. Quizás sólo fuera la salvaje mezcla de emociones abrumándola.

—¡Sabes lo que hiciste!

—¡No puse ni una sola mano en tu precioso Nefilim!

—¡Mentira! Dijo…

—¿Me señalaron? —preguntó mientras su agarre sobre sus muñecas se apretaba— Qué sorpresa. Soy un Caído. Es razón suficiente para la mayoría de ellos.

Sakura liberó una de sus piernas y golpeó la pared, consiguiendo alejarse. Esto sólo pareció enfurecerle. Presionó su espalda contra la pared y la mantuvo allí.

—Soy un montón de cosas, Sakura. Sabes lo que soy —dijo— Nunca he escondido mi naturaleza de ti. Soy cabezota, egoísta hasta la médula. Protejo brutalmente lo que es mío —Sus ojos se clavaron en ella, quemando con ira y una necesidad que la hizo enloquecer— Perdí mi tolerancia eones atrás. Soy un Caído, pero no toqué a ese Nefilim. No soy un mentiroso.

Sakura tragó saliva.

—Tampoco lo es Sai.

Encerró sus muñecas en una mano, agarrando su barbilla.

—Mírame, Sakura. Escúchame —ordenó ferozmente— Has dicho que me amabas. ¿Cómo puedes amar a alguien en quien no confías?

—¡No! No quise decir eso.

—¿Mentiste? No me puedes engañar. Me has querido durante tanto tiempo como te he querido yo.

—No. ¡No! —Echó la cabeza hacia atrás, dejando escapar un grito ahogado. Ayer, días antes, se habría derretido a sus pies si le hubiera escuchado decir eso. Ahora, su corazón se derrumbaba— Lo que le hiciste a Guy…

—Olvídate de Guy —La mano se deslizó a su cadera— ¿Cuestionas si te quiero? ¿No son ciertas mis palabras? ¿Escucharme decírtelo no es suficiente?

—No. —Sus manos se cerraron, y las cuchillas se retrajeron inofensivamente en sus brazaletes— No quiero esto, estas mentiras. No te quiero. —Estaba mintiendo, tan desesperadamente, y rápidamente perdiendo el control de la situación, de sí misma— No eres más que un Caído. Estaba equivocada. Te vi como un hombre y no como lo que eres. ¡No puedo amar lo que eres!

Ira estalló en el fondo de sus ojos.

—No crees en eso. No después de toda la pasión que hemos compartido.

Inclinó la cabeza a un lado. ¿Podía ver a través de ella tan fácilmente? Su corazón tartamudeó en el pecho cuando su cálido aliento le acarició las mejillas, produciéndole escalofríos.

—Todo lo que siempre quise hacer fue protegerte, incluso desde la primera vez que te vi luchando con esos esbirros y poseídos —dijo— Probablemente fue después de que me apuñalaras, pero maldita sea, nunca conocí a nadie como tú.

Ella cerró los ojos.

—Para…

—Antes de que me diera cuenta, te seguía cuando no trabajabas. Te observé plantar el jardín de afuera. Te seguí cuando fuiste a ese club, odiando saber que estabas con alguien más y no conmigo —Se interrumpió, riéndose duramente— Un Ángel Caído derrotado por los celos después de cientos y cientos de años. Se podría pensar que estaba por encima de eso, pero no. Te quería día tras día, noche tras noche. ¿Debería recordarte cuánto te amo? —Su voz era ronca, cruda por la emoción— ¿Necesitas recordar lo mucho que me amas?

Todo estaba fuera de control. La ira y el dolor, el amor y la lujuria estrellándose en ella. Confundida, no podía decir dónde comenzaban sus emociones y dónde terminaban las de ella.

—No dudes de lo que siento por ti —Presionó la frente contra la suya— Lo que haría por ti.

Sakura se estremeció mientras se retorcía contra la pared, intentado desesperadamente escapar de la vorágine emocional construyéndose en ella, pero estaba atrapada.

—¿Cuestionas lo que hay entre nosotros? —preguntó, su voz sonando rota— ¿Lo que haría por ti?

Sakura sacudió la cabeza.

—Lo que hiciste...

—No he hecho nada más que quererte.

Escuchar esas palabras ahora la destrozó, porque reflejaban la emoción más fuerte en su interior. Lo amaba. La fría realidad chocó contra ella.

Amaba a Sasuke.

—Sakura… —susurró, su voz entrecortada.

Volvió a sí misma. Se empujó contra su pecho, su estómago revoloteando peligrosamente. Amo a un monstruo… un monstruo que destrozó brutalmente a Guy. Empujó más fuerte esta vez, y Sasuke finalmente la soltó.

—Por favor… escúchame.

—No —Tragó saliva contra el endurecimiento repentino de su garganta. Se sentía enferma, y su corazón… Dios, dolía terriblemente— Yo… te quiero, pero… no puedo hacer esto.

—No, Sakura, escúchame —Parecía aterrorizado, y nunca le había visto así— No hice lo que crees que hice.

Cerró los ojos, queriendo más que nada en el mundo creerle, pero Sai nunca la mentiría.

—Por favor… Por favor, para. Está en tu naturaleza… ¿no? No podemos seguir con esto. He metido en esto… a Guy. Yo misma me lo busqué.

Dio un paso, pero ella alzó el brazo.

—Has dicho que confías en mí, Sakura. Has dicho que me quieres. ¿Por qué no me crees? No he tocado a ningún otro Nefilim desde que te conocí.

Sakura encontró sus ojos. Su corazón demandaba que lo escuchara, que le diera una oportunidad, pero su corazón era estúpido.

—No puedo. Sai nunca me mentiría.

Frunció el ceño.

—¿Es quién te dijo que herí a Guy?

Asintió.

—Te vio. Y confío en él con mi vida.

Entendimiento cruzó por su rostro.

—Te creerías cualquier cosa que Sai te dijese. Ha estado a tu lado desde el principio, ¿no?

—Sí. —Era todo lo que necesitaba decir.

Giró la cara.

—Entonces no hay nada que pueda decir.

Tenía razón. Sakura lo amaba. Dios, lo quería más que a nada. Pero lo que hizo no era algo que pudiese esconder y no podía fingir que no pasó nada. Y esto… esto estaba destinado a suceder. No podían existir en el mundo del otro. Tenía la esperanza de que nunca fuese algo como esto lo que los separara, pero fue una estupidez confiar en la esperanza.

Inhaló inestablemente. El desgarre en su pecho aumentó.

—Tienes que irte. No… me sigas, no me busques.

—No hagas esto, Sakura.

Se dio la vuelta, su corazón rompiéndose.

—Vete. Por favor, vete. No podemos hacer esto. No puedo mirarte y no ver a Guy. Sólo vete, Sasuke. Por favor, márchate.

Él aspiró vacilantemente, sus ojos cerrándose. Quedándose tan quieto como una estatua de mármol, la tristeza grabada en su rostro era dolorosamente notable, y la resignación se reflejaba en sus ojos. Se movió de forma que no pudo detenerle. Capturando su mejilla con los dedos, acercó los labios a los suyos. El beso fue profundo y duradero; intenso y puro al mismo tiempo. No fue sólo un beso, sino un adiós desgarrador que casi la hizo pedazos.

Cuando se apartó, su toque se quedó.

—Te quiero.

Con una ráfaga se marchó, y fue como si nunca hubiera estado allí. Sakura se quedó sola, sus dedos temblando contra sus labios. Aún podía sentirle. No sólo en sus labios, dentro de ella también. No podía evitarlo, no podía negarlo. Aturdida, se ajustó la ropa. No podía quedarse aquí, y no podía regresar al Santuario. Miró fijamente a los cristales rotos y a la cerámica destruida. La enfermedad y el dolor amenazaban con consumirla. Se retorció, saltando a través del balcón y hacia la noche. Corriendo desesperadamente como si pudiera escapar de los eventos que condujeron al momento en que su corazón se rompió en mil pedazos.