Ni la historia ni los personajes me pertenecen.

Capítulo 28

De ninguna manera permitiría que Naruto se quedara en el Santuario mientras Kakashi y Sai se iban a buscar a Sakura. Sólo después de amenazar con irse por su cuenta logró que Kakashi finalmente estuviera de acuerdo. Ya que Naruto no podía quedarse solo, Sai buscó el método más humano para transportarse.

Sai condujo el Cayenne por las apiñadas calles, sus nudillos blancos mientras agarraba el volante. No le había dicho una sola palabra a Naruto mientras él, sin descanso, marcó al celular de Sakura una y otra vez. Cada vez que no le contestaba se ponía más inquieto. Se detuvo en el estacionamiento sin molestarse en apagar el SUV antes de moverse como una flecha y salir. Por costumbre, Naruto agarró las llaves. Naruto corrió escaleras arriba, alcanzando a Sai. Kakashi había sospechado que ella podría haber regresado a su apartamento, o al menos esperaba que fuera así, y se movió por las calles al límite de velocidad.

Naruto se aferró a la esperanza de que no hubiera hecho lo que temían todos. Ella debería saber que no puede ir detrás de algo que era capaz de hacer lo que le hizo a Guy, pero Sakura era salvaje. Lo había visto en la forma en que luchaba. Estaba lo suficientemente loca como para perseguir a un ángel caído, y él sospechaba que también estaba lo suficientemente loca como para amar a uno. ¿No era esa la razón por la que todos se miraban entre ellos cuando el nombre de Sasuke y Sakura iban en la misma oración? ¿No era esa la razón por la que todo el mundo se ponía tenso y preocupado de que ella se enamorase de él?

Sai se detuvo frente al apartamento de Sakura, llamó a la puerta con sus nudillos. Segundos después, Kakashi apareció del otro lado abriendo la puerta.

—No está aquí. Ya he revisado todas las habitaciones.

Naruto rápidamente recorrió la habitación, observando el diseño minimalista y paredes blancas. Había pequeños toques de Sakura: un zapato al azar, una pieza de joyería aquí, o pinturas extrañas dispersas a lo largo de la pared de la sala. Dio un paso más adentro, comprendiendo lo que produjo que Sai se quedara quieto.

—Estas puertas son reforzadas. La ayudé a escogerlas. Un ladrón común no habría sido capaz de hacer esto —dijo Kakashi mientras miraba la puerta destrozada.

Naruto caminó alrededor de Sai, examinando la escena con un ojo analítico. El oficial en él de inmediato se hizo cargo, y señaló varias cosas a la vez. El vidrio se había roto desde el exterior. Había una planta y un perchero rotos en la alfombra. Varias pisadas eran claramente visibles en la tierra que se derramó por el suelo, algunas demasiado grandes para ser de Sakura. También había sangre. Que se mezclaba entre los charcos de agua y chispearon por la pared. Naruto no podía ver esto con tanta tranquilidad como debería. Se pasó una mano por el cabello, afrontando a Kakashi. El formidable hombre miró hacia el suelo, su rostro pálido.

—Maldita sea, Sakura, ¿qué hiciste?

Sai inclinó su cabeza, arrastrando una respiración profunda.

—Voy a matarlo.

Kakashi se dio la vuelta.

—Debí... debí haber hecho más. Dejé que se saliera de control, pero no la habría lastimado. Lo sé.

Los pálidos ojos de Sai echaban chispas.

—¿Hablas en serio? ¿Tengo que recordarte lo que le hizo a Guy?

Kakashi se quedó mirando la mancha de sangre demasiado alta en la pared para ser de Sakura.

—No es necesario que me lo recuerdes, Sai —Sus ojos recorrieron la habitación— A pesar de que Sasuke hubiera atacado a cualquiera de nosotros, él no lo haría con Sakura.

—¡Maldito seas! —Explotó Sai, lleno de rabia y exasperación— ¡Va a terminar como Ino! ¿Es esto lo que se necesita? ¡Mira esto! Es evidente que hubo una lucha aquí. ¡Hay sangre, parte de su maldita ropa está en mi mano!

Los ojos de Naruto cayeron sobre la tela que Sai apretaba. Su estómago se apretó.

—Tenemos que encontrar a Sakura. ¡Ahora!

Kakashi afrontó a ambos Nephilim. Por primera vez, Naruto vio que mostraba algún tipo de emoción. Siempre tranquilo y sereno, Naruto no había creído que Kakashi sintiera algo. No podía estar más equivocado. Enfado, olas y olas de rabia irradiaban de él. Una diabólica luz llenó sus ojos, y de repente parecía muy peligroso.

—Llama a Azuma y a cada Nephilim que esté disponible. Haz trizas esta ciudad si es necesario.

—Es tu culpa, Kakashi —dijo Sai entre dientes, retrocediendo— Podrías haber detenido esto en cualquier momento, pero no lo hiciste. Es tu culpa. ¡También lo que paso con Ino es tu culpa!

Kakashi cerró los ojos.

—Lo sé.

Rabia, puro odio desenfrenado, destello en el rostro de Sai un segundo antes de que acusara a Kakashi. El instinto apareció, impulsando a Naruto a colocarse entre los dos.

—¡Paren esto! —ordenó— ¿Cómo carajos ayuda esto a resolver la situación? ¿A quién le importa quién tiene la culpa en este momento? ¡Esto no es importante!

Sai se apartó de un empujón, con las manos apretadas a su lado. Hubo un momento en que Naruto pensó que Sai no se echaría atrás. El odio que irradiaba era demasiado potente para alejarse, pero de alguna manera lo hizo.

—Esto se acabó —dijo Sai, su tono inquietantemente.

—Sai... —Kakashi lo miró, sus ojos se entrecerraron ligeramente— No...

Negó con la cabeza antes de girarse, luego desapareció por la puerta del balcón. Naruto siguió sus movimientos, aturdido.

—¿Qué quiso decir? ¿De qué está hablando?

—Tenemos que volver al Santuario.

Kakashi ya estaba caminando hacia la puerta.

—¿Qué? ¡Tenemos que encontrar a Sakura!

Kakashi se giró hacia él.

—Lo haremos, pero primero tenemos que volver al Santuario. Esto no está en discusión, Naruto. No espero que lo entiendas, pero necesito que me escuches y hagas exactamente lo que te digo.

Había algo en su tono que hizo detener a Naruto.

—¿Qué está pasando...?

—¿Tienes las llaves del Porsche? —preguntó Kakashi, saliendo por la puerta.

—Sí.

Naruto lo siguió. Se estaba perdiendo de algo enorme. Lo sabía.

Kakashi asintió.

—Necesito que lleguemos al Santuario lo más rápido posible.

Juntos corrieron por las escaleras y, una vez dentro del Cayenne, Kakashi sacó su celular. Como Sai había hecho antes, trató de contactar a Sakura, en vano.

Naruto agarró el volante.

—¿Qué está pasando?

Kakashi levantó el dedo mientras marcaba otro número en el teléfono.

—Adrian, nos vemos de nuevo en el Santuario. Tenemos un problema... —Colgó el teléfono, su mano apretando el pequeño modelo— Naruto, cuando volvamos al Santuario, necesito que revises la habitación de Sakura. Pudo haber vuelto allí.

Cambió de carril, evitando por poco un taxi mientras se apresuraba por las calles.

—¿Vas a decirme qué está pasando?

—Se trata de Ino —dijo Kakashi como si tuviera mucho sentido— Siempre ha sido sobre Ino.

Una vez que llegaron al Santuario, Kakashi lo dejó con órdenes de revisar la habitación de Sakura, antes de desaparecer con Adrian y órdenes estrictas de no salir del edificio. Naruto nunca había estado más frustrado en su vida. Sakura estaba en alguna parte, tal vez herida o algo peor, y esperaba que él simplemente se relajara. Cuando entró en la habitación de Sakura, no tardó en descubrir por qué nadie había sido capaz de contactarla. Su celular estaba al lado de sus llaves, el indicador de mensajes parpadeando rápidamente. Suspirando, agarro el teléfono y lo guardó en el bolsillo de sus pantalones.

De ninguna manera se quedaría aquí. Cada vez que cerraba los ojos, veía a Guy, y luego a Sakura reemplazado a Guy. Ensangrentada y golpeada, muerta en algún lugar fuera de la ciudad. Al diablo con esto. Que se jodieran las órdenes de Kakashi. Su mente se decidió, dejó la habitación de Sakura. Su primera parada era el cuarto de armas. Rápidamente agarró dos despiadados cuchillos y correas para las piernas y los enganchó a sus muslos. Cuando se enderezó, se dio cuenta de un gran estante montado en la pared. Varias llaves colgaban allí, marcadas con el nombre del vehículo al cual pertenecían. Se acercó al estante con las cejas levantadas al leer algunas de las etiquetas. Era como el sueño húmedo de un fanático de las motocicletas —El sueño húmedo de Naruto. Tenía todo: Hondas, Harleys, Indians, y varias motocicletas aerodinámicas y potentes, pero fue la Hayabusa GSX que llamó su atención.

—Mierda —murmuró.

Era una de las motos más rápidas, aceleraba a velocidades inimaginables. La moto se hizo para todos los adictos a la adrenalina del mundo. No pensó dos veces antes de agarrar las llaves y dirigirse al aparcamiento en la parte trasera donde se guardaba la flota de vehículos. Tenía que ser el único lugar lógico donde se guardaban las motos.

Tenía razón. En el nivel inferior, detrás de una jaula de acero, había varias docenas de motocicletas bajo llave. Miro la llave por un momento, entonces agarró uno de los cuchillos. Cortó la malla de alambre como si nada, y sólo podía imaginar lo que le haría a la carne mientras abrió la puerta con una patada. La motocicleta de platino era como un faro. Hubo un momento de apreciación al acercarse a la moto, sabiendo que probablemente no tendría el lujo de montar en esta cosa de nuevo.

Esto probablemente lograría que lo echaran del Santuario.

—Oye.

Girándose, vio a Sai. Inmediatamente, Naruto pensó lo peor, y tal vez lo mejor.

—¿Encontraste Sakura?

—No —Agarró un casco del estante— Pero creo que sé a dónde iría. ¿Estás dentro?

—Vamos a hacer esto —Naruto se sentó a horcajadas sobre la moto, haciendo una pausa antes de que se pusiera el casco— Muéstrame el camino.

—Confía en mí —dijo Sai— La encontraremos.

Sakura no podía respirar cuando se movió rápidamente a través de la acera llena de gente. ¿De dónde demonios venían todas estas personas? Parecían estar acercándose a ella, y aunque el sol ya se había puesto, el aire estaba lleno de calor y humedad. Aumentando sus pasos, apretó los puños, ignorando las miradas de la gente con las que chocó. No importaba que ella sospechara de Guy. No se merecía eso. Nadie merecía eso. No Sasuke. Su mente se rebeló ante la idea. No podría haber hecho esto. ¿Cortar al Nephilim en pedazos sangrientos, y por qué? Pero ella había compartido con él sus sospechas. Y él se ofreció a hacerse cargo. Dios, había una buena probabilidad de que fuera a vomitar a alguien.


Dobló en la esquina, evitando por poco a una pareja que caminaba tomados de la mano. Su corazón se apretó con tanta fuerza que se tambaleó. Guy moriría muy probablemente, y ella... ella estaba enamorada de un asesino, un monstruo.

Buscaba una distracción, problemas, en realidad. Cualquier cosa para aliviar las puñaladas en su corazón cada tantos minutos, pero al igual que los días anteriores, no había esbirros o poseídos. Habían pasado horas desde que salió de su apartamento, y... se estaba empezando a enojar. Ira... Sí, la ira era mejor que la avalancha de dolor que la esperaba. Su paso vaciló, y se detuvo en el puente peatonal. El río Anacostia corría abajo, oscuro y poco atractivo. Quería sentarse ahí y sollozar. Quería gritar, quería meterse en un agujero en alguna parte. Y... maldita sea, quería a Sasuke. Quería encontrarlo, quería golpearlo por hacerle esto a ella, y quería... fingir que lo que hizo nunca pasó.

Sakura se apartó de la cornisa, rechinando los dientes. Dio un paso adelante, respirando lentamente. Era una cazadora antes de Sasuke, y sería una maldita buena cazadora después él.

—¡Maldita sea! —dijo entre dientes— ¿No puedo encontrar una cosa más que matar?

Un matón callejero adolescente dio la vuelta en la esquina, pero al ver la mirada asesina en su rostro, retrocedió. Se habría reído, pero luego probablemente habría llorado. Iba a ser una noche terrible.

Al menos no te cortó en rodajas y cubitos como Guy, susurró esa mala vocecita que no cerraba la boca. Hablando de Guy, Sakura se dio cuenta de que probablemente nunca sabrían por qué los traicionó. Tenía que ser Guy. Tal vez Sasuke lo hizo por alguna enferma forma de ayudar a limpiar su nombre. Sin embargo, eso sería bastante inútil teniendo en cuenta el hecho de que Guy no admitirá nada en un futuro cercano. Sabía que era grosero pensar en Guy así, sobre todo después de lo que le hizo a él. ¿Y por qué estaba ella en Anacostia? Odiaba esta área, odiaba el crimen, la desesperanza y el olor a pescado que el río emitía cada vez que una tormenta llegaba.

Y entonces lo sintió: un poseído.

Haciendo sonar los nudillos, retrocedió un par de pasos. Hileras de casas en ruinas vacías se alineaban en la calle. Esqueletos de su antigua gloria, ahora estaban habitadas por ratas y personas sin hogar. Pero el poseído no estaba allí. Sakura casi sonrió cuando se dio cuenta de donde estaba, el viejo reformatorio al que habían traído a Naruto. Bajando por la cuadra, saltó la valla y se dirigió por el edificio. La sensación creció, diciéndole que iba en el camino correcto. Entrando a través de la ventana rota, silenciosamente se deslizó a través del aula abandonada y por el pasillo. Las puertas al final del pasillo estaban abiertas. Liberando sus cuchillos, se acercó a la pared. El balcón encima del gimnasio estaba vacío. Rápidamente, exploró el nivel superior y luego miró por encima de la barandilla oxidada. Vacío.

—Sal, sal, dondequiera que estés —susurró ella, mirando hacia el techo.

—Aquí estoy.

La voz envió escalofríos por la espalda de Sakura. La reconoció, sabía que era una voz que nunca debería escuchar otra vez. Se dio la vuelta, sintiendo su corazón retorcerse.

—¿Deidara?