Ni la historia ni los personajes me pertenecen.
Capítulo 29
—¿En serio? —Naruto se quitó el casco, mirando fijamente el reformatorio. Jesús, había esperado nunca regresar a este lugar— ¿Crees que vendría aquí?
Sai se metió el casco bajo el brazo mientras se bajó de la moto, mirando alrededor con el ceño fruncido.
—Vamos a tener que despedirnos de las motos, hay una buena probabilidad de que nunca volvamos a verlas otra vez.
Naruto se agrió ante eso.
—No... Me gusta esta moto. Quiero quedármela.
—Te conseguiremos otra.
Seguro que esperaba eso.
—¿Por qué vendría aquí?
Sai lanzó el casco en un arbusto.
—Simplemente conozco a Sakura.
Naruto miró por encima de la valla. Hielo inundó sus venas. Tenía un mal presentimiento, un muy mal presentimiento sobre esto. Se volvió hacia Sai, pero ya había saltado la valla y se paró al otro lado, esperando.
—Me estás retrasando —dijo Sai, luego giró y se echó a andar por la maleza.
Le mostró el dedo corazón y lo siguió. Le tomó a Naruto un poco más de tiempo para hacer su camino a través de la valla. Corrió para alcanzarlo.
—Entonces, ¿crees que vino aquí para encontrar a Sasuke?
Rodearon el edificio y se detuvieron frente a la misma ventana que Sai le arrancó los paneles hace más de un mes. Naruto empezó a subir primero pero se quedó inmóvil. El hielo se extendía por todo su cuerpo, formando carámbanos en el estómago. Un escalofrío recorrió su columna.
—Siento... algo —dijo.
—¿Qué sientes? —dijo Sai detrás de él.
Naruto miró por encima de la cornisa de la ventana, pedazos de madera y ladrillo se desmoronaron bajo sus dedos.
—Siento otro... Nephilim, pero...
—Pero, ¿qué?
Había otra cosa más en ese reformatorio, varias cosas, o algo muy poderoso. Le recordaba la sensación que tuvo cuando había visto a Danzo, pero mucho... mucho peor.
—¿Sabes lo que no entiendo? —dijo Sai, su aliento contra la nuca de su cuello— Cómo has sobrevivido tanto tiempo cuando eres realmente tan estúpido.
—Mierda. —Naruto inhaló profundo y comenzó a girar. La parte posterior de su cráneo explotó con dolor, y luego no hubo nada.
Sakura no podía dejar de mirar a Deidara. Él no debería estar de pie allí.
—Se supone que estás muerto.
Deidara bajó la mirada hacia sí mismo, alisando una mano sobre su polo ajustado y sonriendo de una manera engreída.
—Nah.
El sólo mirarlo tomaba a Sakura por sorpresa. Su reaparición repentina era algo que no podía comprender. Sai lo mató... él lo había dicho. Fue sólo un momento que vaciló. Esa décima de segundo fue el tiempo suficiente para darle a Deidara la sartén por el mango. Lo vio moverse y levantó el brazo para bloquearlo, pero ya era demasiado tarde. Su puño se conectó con el lado de su cara. Hubo un sonido repugnante de huesos crujiendo que pareció muy lejano, y luego un feroz dolor le atravesó súbitamente el cuerpo mientras se tambaleaba. Levantó la cabeza, escupiendo una bocanada de sangre. Una ráfaga de aire sirvió como una advertencia, pero Sakura no pudo moverse lo suficientemente rápido. Las botas con punta de acero de Deidara conectaron, tirándola sobre la espalda. Sintió que su mejilla se dividía, después una cascada caliente de sangre le siguió.
—Sakura... Sakura, siempre he pensado que serías más inteligente que esto —Se burló Deidara. Extendió la mano, recogiendo un puñado de su pelo—. ¿Pensaste que estaba muerto? ¿Por qué? —Le dio un tirón para levantarla—. Ah, cierto. Sai te lo dijo.
Intentó llevar el cuchillo a su pecho, pero la atrapó, quitándole la daga de su puño. Mierda. Esto no iba bien.
Deidara arrojó la daga encima de la barandilla.
—Nuestro buen amigo Sai. —Sacó las piernas debajo de ella—. ¿Sabes cuán verdaderamente jodido estabas de la verdad?
No podía darse el lujo de escucharlo. No cuando la tenía en el suelo. Era la primera lección que se le enseñaba a cada cazador. Nunca dejes que te pongan en el suelo. Pero sus palabras eran una distracción. Rodó sobre la espalda, evitando por poco otra patada en la cara. Por encima de los latidos de su corazón, oyó el golpe distintivo de algo grande dejándose caer.
—Mató a esa putita Nephilim llamada Ino. Él fue quien...
Deidara se sacudió, sus palabras interrumpidas. Hizo un sonido estrangulado, y ambos miraron fijamente su pecho. Una daga del Santuario le atravesó el corazón limpiamente. Luego Deidara desapareció, realmente muerto esta vez. Sakura rodó en su costado, mirando fijamente hacia Sai. Era difícil ver a través de la sangre que le corría por el rostro, y sus palabras salieron arrastradas.
—¿Pensé que habías dicho... que mataste a Deidara?
Él la ayudó a levantarse.
—Dije eso.
Se apartó, casi cayendo. Agarró la barandilla para apoyarse.
—No... Tú... ¿mataste a Ino?
—Maté a Ino —respondió simplemente.
Observó a Sai, horrorizada. Las paredes inclinadas.
—No, Sai, por favor no. No lo hiciste. Sabes lo que... eso significa.
—Ahora está bien, Sakura. No tengas miedo de mí.
Se tambaleó a lo largo de la barandilla. Un bulto sobre el suelo gimió.
—¿Naruto? Sai, qué... ¿qué hiciste?
Sai la agarró del brazo, girándola lejos de Naruto.
—No te preocupes por él. No es nuestro problema. No por mucho tiempo, de todos modos.
Esto tenía que ser una pesadilla.
—No lo entiendo. Sai, tú... amabas a Ino.
—¡La amaba, pero ella amaba a un Caído! —rugió, apretando el agarre en su brazo— ¡Habría hecho cualquier cosa por ella, y me traicionó!
Sakura tiró para liberar el brazo. El dolor de los huesos rotos en su rostro la hacían sentir mareada. Tenía un momento difícil procesando lo que le decía.
—¿Por qué no viniste a mí? ¿Por qué no me dijiste que necesitabas ayuda?
Sai la miró fijamente, confundido.
—No necesito ayuda. Quiero ver al Santuario desmoronarse. Estabas convirtiéndote justo como Ino. —Se lamió los labios, tratando de alcanzarla de nuevo— Saliste y follaste a un Caído y estropeaste todo.
—Oh Dios mío.
El sonido de la madera astillada en algún lugar de la planta baja se convirtió en pisadas. Sonaba como una manada de elefantes corriendo por los pasillos, y en cuestión de segundos, las puertas inferiores reventaron abiertas. Viendo por encima de la barandilla, Sakura sintió su corazón traquetear. Poseídos, muchos, precipitándose por el suelo. Sus cuerpos estaban retorcidos, endurecidos y con costras. El aire se volvió pesado, indicando la llegada de esbirros, un montón.
—Me aseguré de que Guy fuese asignado para seguirte. Sabía que eventualmente te atraparía con Sasuke, y yo sabía de qué lado te pondrías. Sakura, realmente deberías sentarte. Te ves terrible. —Forzó sus manos fuera de la barandilla— No te preocupes por ellos allá abajo. ¿Sabías que puedo controlar Poseídos?
—Sai... ¿qué has hecho? —susurró.
—No habría hecho nada si no hubiera sido por la completa falta de control de Kakashi. Si él hubiera puesto mano dura en Ino, sólo una vez, todo esto podría haberse evitado —Le envolvió un brazo alrededor de la cintura— Ese hijo de puta te abrió el rostro. Mierda. No se suponía que te tocará.
La cabeza de Sakura cayó hacia adelante.
—Has... estado trabajando con los Caídos. Has sido tú... —Le dieron arcadas. Recordó la noche que habían ido al apartamento de Naruto— Tú... dijiste que alguien... que odia al Santuario... odia a Kakashi.
Suspiró, el mismo sonido que hacía tantas veces cuando ella le molestaba por una cosa u otra.
—Fue culpa de Kakashi… fue culpa del Santuario. Me hicieron asesinar a Ino, Sakura. Si se lo hubieran prohibido una vez, si hubiera prestado atención, hubieran visto lo que ella hacía.
—No —gimoteó.
—¡Sí! Odio a Kakashi por lo que me ha hecho hacer. Este era la única manera para hacerle pagar. No había nada más que pudiera hacer excepto derrocar al Santuario. No pasó mucho tiempo para encontrar un Caído que estuviera interesado, muy interesado, especialmente en Naruto.
Oh Dios... Oh Dios, era él. Sakura intentó apartarse, pero la sostuvo.
—Sai... ¿cómo pudiste? —Por debajo, los poseídos centraban la atención en las puertas. Alguien se acercaba. Centró su atención en Sai— Tú... lastimaste a Guy, ¿no es así? Dios mío, ¿hiciste eso?
—Vamos, anímate. Ni siquiera te gusta Guy —señaló Sai— Era el escenario perfecto. Sabía que si te decía que fue Sasuke, me creerías a mí. Sabías que Sasuke era capaz de hacer algo así. Sólo necesitabas un empujón. Guy se convirtió en ese empujón, y no importa si alguna vez se despierta y le dice al mundo que fui yo quien lo atacó.
La imagen del cuerpo golpeado y desgarrado de Guy pasó ante ella. Cuán rápido había creído en Sai. Ni siquiera le había dado a Sasuke la oportunidad de decirle la verdad. Sólo había sido hace unas horas, pero se sentía como toda una vida. Su corazón se hizo añicos una vez más. Sai lucía como siempre lo hacía. Tenía esa sonrisa juguetona en el rostro, el brillo malicioso en los ojos. Era como si fuera dos personas. Y en algún lugar dentro de él estaba el Sai que ella no podía dejar ir.
—Sai, tienes que explicar... todo lo que has hecho. Podemos arreglar esto. Podemos... mejorar esto.
—No hay nada que arreglar.
—No. Tenemos que... salir de aquí y... encontrar a Kakashi y obtener... ayuda para Naruto.
—No lo entiendes, Sakura. No podemos llevarnos a Naruto. Madara lo quiere. Y cuando llegue Kakashi, si lo hace, lo mataré.
Lo miró fijamente.
—Estás... loco.
Su rostro se endureció.
—No me hagas elegir por ti, Sakura.
—¿Elegir qué? —gritó. El dolor nublaba todo. Le dolía hablar, respirar.
—O estás conmigo en esto o estás en contra. No voy a dejar que regreses al Santuario, que regreses a Kakashi y que regreses a Sasuke. No permitiré que te hagas eso a ti misma. —La atrajo hacia delante.
Se tambaleó.
—Sai, no... hagas esto. No eres tú.
—¡No hagas que te lastime, Sakura! —La furia contorsionó su rostro—. ¡No me hagas hacerte esto a ti, también!
—No lo estoy haciendo —susurró.
—¡Entonces estarás conmigo en esto! —gritó— Entenderás por qué el Santuario tiene que ser destruido. Asesinar a Ino no fue mi culpa. No le habría hecho daño si Kakashi hubiera hecho su trabajo. La dejó salir esa noche, incluso después de que le dije lo que hacía. La vi, Sakura. La vi dejando al Caído, y sabía lo que había estado haciendo. —Su agarre se apretó—. ¡Lo perdí! Yo... la apuñalé con nuestra daga.
—No... no puedo. —Lloraba. Las lágrimas mezcladas con sangre, escocían las abrasiones en carne viva en sus mejillas—. No voy a elegir tu lado.
—Entonces no me dejas otra opción.
Vio como el Sai que amó desde que tenía cinco años desaparecía en frente de ella. En su lugar veía alguien a quien no reconocía. Sus ojos se volvieron monótonos y sin vida. El azul claro ahora parecía lechoso en la penumbra. ¿Se había transformado? Tenía que haberlo hecho desde el momento en que mató a Ino.
Sai simplemente lo había escondido bien.
—Lo siento, Sakura. Te amo. Siempre lo haré. Lamento que me estés haciendo hacer esto.
Sus ojos se ampliaron cuando él sacó la daga. Su estómago cayó. Levantó una mano.
—Sai... ¿qué estás haciendo?
Avanzó hacia ella.
—Voy a hacer esto rápido. Así lo hice para Ino. Lo haré para ti, también.
Tropezó atrás con la barandilla. Su mirada cayó por debajo. Podría dar el salto, pero los poseídos estarían sobre ella en un segundo, y no estaba en condiciones de luchar contra ellos. Había demasiados. La harían trizas en un santiamén. Se volvió hacia Sai. Ni siquiera liberó sus cuchillas. Al igual que con Sasuke, nunca sería capaz de matarlo. Y él lo sabía.
Sai suspiró.
—Te enseñé mejor que esto, Sakura. Nunca vaciles. Nunca dejes que tus sentimientos se involucren.
Lo había hecho, pero no importaba. Varias cosas sucedieron a la vez. Sai se abalanzó sobre ella, y ella elevó el brazo para bloquearlo. Él no sostenía nada. Su golpe destrozó el hueso de su antebrazo, enviándola hacia atrás contra la barandilla. Se quebró, pero no cedió. El dolor feroz floreció hasta llegar a su hombro. Podía sentir que otros se acercaban, pero dudaba que la alcanzaran a tiempo.
—Lo siento —dijo Sai, y tomó su daga.
Miró directamente a los ojos nublados de Sai.
—No... yo lo siento.
La conmoción se deslizó en su rostro, y su ataque fue inhabilitado por un centímetro. Pero era una de sus dagas. Grabada con símbolos y afilada en agua bendita. Era mortal. Sakura gritó cuando el corte de quince centímetros de la daga cortó a través de la piel, el músculo y el hueso bajo su pecho izquierdo. Sai la sostuvo mientras se volvió hacia el lado, su mirada cayendo al piso de abajo.
La puerta hizo un estruendo, rompiéndose en pedazos al abrirse. Varios trozos grandes de metal segaron a algunos poseídos que estaban demasiado cerca. De pie en el marco de la puerta estaba Sasuke. En su ira, se puso de pie como un ángel vengador, hermoso, orgulloso, y la cosa más mortal que caminaba en esta Tierra. Sólo verlo otra vez disminuyó el dolor y el miedo. Incluso en su ira, su presencia la calmó como ningún otro podría. Vino a por ella, incluso después de que lo hubiera culpado.
Sakura intentó gritar su nombre, pero no podía formar las palabras. La mirada de él fue hacia arriba, estableciéndose en donde ella se encontraba. Rugió su nombre, el dolor y la furia tan potente que Sai la atrajo de vuelta desde la barandilla. Sai sacó de un tirón la daga, y Sakura chilló. Una quemadura de fuego se apoderó de su pecho. Era como el toque de Danzo pero cien veces peor. Poseídos pulularon a Sasuke desde todos los rincones. Parecía que no cabía uno más, pero seguían apareciendo. Sakura podía oír a Sasuke aullando su nombre. Entonces las ventanas se hicieron añicos, y Kakashi y Adrian aparecieron. Ellos también fueron bloqueados por los poseídos y los esbirros. Los tres eran combatientes maravillosos, pero eran superados en número. Un poseído caería, y tres lo reemplazarían. Luego tenían a los esbirros para lidiar. Entrenados así como los Nephilim fueron, eran igual de mortales.
Sai se aferró a Sakura, y levantó la cuchilla una vez más.
—¡Esto es tu culpa! —Le gritó a Kakashi— ¡Deberías haberla detenido… debiste detener a Ino!
Vio el filo de Sai por el rabillo de los ojos, pero se concentró en Sasuke. Luchando con dos poseídos, sus ojos se encontraron con los suyos. No iba a llegar a ella a tiempo, y ya era demasiado tarde. La cuchilla había hecho su daño, comiendo a través de ella como fue diseñada para hacerlo. Kakashi y Sasuke gritaron al mismo tiempo, pero sólo tenía a Sasuke a la vista. No había renunciado a ella. Ni una sola vez. Ni siquiera cuando ella renunció a él.
Sai llevó el filo hasta su cuello, pero el impacto nunca llegó.
—No lo creo —dijo Naruto, agarrando el brazo de Sai desde atrás y le arrebató la daga.
Sai le apartó de un empujón cuando dio media vuelta hacia Naruto, tenía otra cuchilla en la mano.
—¿Cuán estúpido eres, chico?
Sakura cayó contra la barandilla. Tenía las piernas extrañamente inútiles, y se deslizó hasta el suelo. Bajó la mirada hacia sí misma, esperando encontrar las llamas saliendo de su piel. Su camisa blanca estaba completamente roja, empapada con su sangre. A través de la bruma de dolor, Naruto y Sai se volvieron difuminados.
Ella iba a morir.
Su corazón se aceleró y luego se desaceleró. Girando, dejó caer la mirada al piso de abajo. Su visión se desvanecía y volvía. Inhalando respiraciones cortas y poco profundas, colocó la mano sobre la herida y gritó. Y luego Sasuke se encontraba a su lado. Levantó la mirada a él, deseando que pudiera, de alguna manera, suavizar la devastación que empañaba su cara. Trató de levantar la mano, pero su brazo no respondía.
—Sakura, mírame —Le ordenó en voz baja, deslizando el brazo alrededor de su cintura, atrayéndola sobre su regazo. Gritó y se estremeció. Sasuke se contrajo de dolor— Vas a estar bien. Aférrate, Sakura. Tienes que aferrarte a mí.
Su mirada desenfocada cayó en él, su respiración superficial y errática.
—Yo... lo siento... tan...
—No —Sasuke sacudió la cabeza bruscamente— Está bien. Lo sé.
Sakura todavía podía escuchar a Naruto y Sai luchando, pero sus cuerpos eran casi idénticos. No podía imaginar a Naruto ganando esta batalla. Sai era mucho más avanzado y tenía décadas en él. Quería decirle a Sasuke que la dejara para ir a ayudar a Naruto, pero no podía hablar. Lo único que podía hacer era gemir mientras el fuego se extendía a través de sus entrañas.
Sasuke puso la mano sobre la herida.
—Sé lo que quieres que haga. No voy a dejarte. Ellos no significan nada para mí, y tú significas todo.
Luchar contra Sai era como luchar contra Yamato en la grieta. Desvió casi cada golpe que Naruto envió en su dirección, y los puños de Sai conectaron con la cara de Naruto más veces de las que podía contar. Era un ataque salvaje, diseñado para hacer daño. La bota de Sai le dio de lleno en el pecho, enviándolo a caer hacia atrás.
—¿Crees que puedes vencerme? —Sai se echó a reír— ¿Estás loco?
Naruto se puso de pie. Se negó a mirar el cuerpo desplomado de Sakura, sabiendo que no podía permitir la distracción. Todo lo que sabía era que aún seguía viva por los sonidos desgarradores que hacía.
—Al parecer, eres el único loco —Se burló Naruto mientras sacudía el dolor.
Sai le dio un golpe furioso, estuvo a punto de golpearlo a través de la amplia extensión de su pecho. Era rápido en su ataque, evadiendo y golpeando hasta que hizo retroceder a Naruto contra una pared. A pesar de todo, las palabras de Sakura volvieron a él. Defenderse es simplemente anticipar el siguiente movimiento. Encuentra el temblor muscular. Observa adonde Sai mira... donde posiciona el cuerpo... Te dirá dónde lanzará el siguiente golpe sin palabras. Tenía sólo unos segundos para bajar la velocidad, para poner todo en perspectiva. Sin tiempo para pensar en Sakura, sin tiempo para pensar qué pudo llevar a Sai a hacer esto. Segundos, tenía únicamente segundos.
Sai lanzó un puñetazo de nuevo, pero esta vez Naruto vio el movimiento antes de que atacara. Lanzándose fuera de la pared, lo bloqueó y golpeó. Sai se dio vuelta, y su patada atrapó a Naruto en la mandíbula. Saltando atrás, cayó al suelo.
—Se supone que no debo matarte —dijo Sai, sus dedos contrayéndose alrededor de la cuchilla— Pero maldita sea, lo estás haciendo tremendamente difícil de cumplir.
—¿No se supone? —gruñó Naruto— Podrías haberme engañado.
Sai sonrió.
—Pero entonces otra vez, me habré ido mucho antes de que él llegue aquí.
—¿Él? —A Naruto le costó ponerse de pie. Por encima del hombro de Sai, alcanzó a ver a Kakashi saltando la barandilla— ¿Kakashi?
Girando, el rostro de Sai no era más que una máscara de rabia y acusación.
—¡Tú! ¡Esto es tú culpa! ¡Podrías haber controlado a Ino! ¡Nada de esto habría sucedido si hubieras hecho tu trabajo! —Saltó a través del balcón hacia Kakashi.
Naruto se tambaleó cuando Sai combatió a Kakashi con una ferocidad violenta. Kakashi podría caer por Sai. Si era así, entonces trataría de terminar lo que empezó, ir tras Sakura. Sus ojos se posaron en Sasuke. El ángel caído acunaba a Sakura contra él, pero ella trataba de extender los brazos hacia ellos, hacia Sai. Las lágrimas corrían por su rostro maltrecho. El dolor en sus ojos era más que físico. Había confiado en Sai, lo amaba, y le había hecho eso a ella.
Algo en Naruto volvió a la vida. Quemando por sus venas como un rayo blanco, rompiendo fuego a través de cada vena y célula. Una avalancha llenó sus oídos. Sus piernas se movían sin él darse cuenta. Una luz blanca brillante irradió desde adentro, extendiéndose sobre el pecho y hacia abajo por sus extremidades. La cuchilla quemaba en sus manos, se sentía pesada como una espada. Sai se dio la vuelta lentamente, con los ojos muy abiertos mientras miraba hacia él.
—La Espada de Michael —Inclinó la cabeza, retrocediendo— No puede ser. Madara...
La luz de Naruto se alargó, rodeándolos a todos ellos. Fue Kakashi quien ordenó el golpe, pero fue la espada de Naruto que se condujo por el tejido y músculo, atravesando el corazón de Sai. Sai descendió la mirada a su pecho. Sorprendido, y en alguna parte en el conjunto de emociones que cruzó su rostro, había alivio. Parecía mirar arriba, buscando algo. A medida que la luz se desvaneció, Naruto se dio cuenta a quien buscaba. Cayendo de rodillas, Sai dejó caer la cuchilla y extendió la mano hacia Sakura. La distancia era demasiado grande, y Sai cayó hacia delante, inmóvil y silencioso.
Naruto rodeó el cuerpo de Sai con las manos temblando mientras alcanzaba a Sasuke y Sakura. Su cuerpo se sentía caliente, pero en el momento en que tuvo una vista de primer plano de Sakura, ya no pensaba en sí mismo. Nada podría haberle preparado para lo mal que ella lucía. No había casi ninguna parte de su cuerpo que no estuviera dañado. Los huesos en el lado izquierdo de su cara se hicieron añicos, al igual que su brazo izquierdo. Estas cosas se curarían, pero era la herida abierta que le robó el aliento a Naruto.
—Oh Dios —susurró Naruto— ¿Puede… alguien arreglar esto?
—Moriré intentándolo —Sasuke agachó la cabeza, rozando los labios sobre la frente de Sakura— Lo siento, Sakura. Esto te dolera, amor.
Puso la otra mano sobre la mejilla de Sakura. La misma luz que había irradiado desde Naruto ahora emanaba de las manos de Sasuke. El primer grito atravesó a Naruto, pero el segundo grito trajo un grito de dolor a los labios de Sasuke. Naruto cayó de rodillas al lado de Sakura, exhausto y aturdido. Agarró su mano extendida, sosteniéndola con fuerza entre las suyas. Levantó la vista hacia el ángel caído.
—¿Vivirá?
Sasuke se estremeció ante el grito estridente que acumulaba su cuerpo. Su pierna se acercó, tensa y doblada por la rodilla mientras ella se retorcía.
—Tienes que irte. Tienes que irte ahora. Los Caídos vienen a por ti. Voy a estar demasiado débil para defenderlos a cualquiera de ustedes.
Kakashi se paró detrás de Naruto mientras que Adrian se acercó a la barandilla, viéndose como si quisiera pelear un poco más. Sasuke bajó la vista a Sakura.
—Suéltalo, Sakura. Déjalo ir —ordenó en voz baja— Déjalo ir. Déjame llevarme el dolor.
Naruto vio que sus ojos se cerraron. La tensión enroscó su cuerpo tan fuerte como un arco partido. Su mano se relajó en la suya.
—¿Qué has hecho?
La fría mirada de Sasuke encontró a Naruto.
—Tienes que irte ahora, o todo esto habrá sido en vano.
Kakashi puso la mano en el hombro de Naruto.
—Tenemos que irnos. Hay muchos viniendo. Tiene razón —Miró a Sasuke mientras Adrian se unía a ellos— Pero no te quedarás con Sakura.
Sasuke la acercó a él. Sus ojos se volvieron hielo mientras se elevaba para encontrar los de Kakashi.
—Caí porque perdoné tu vida, pero no te perdonaré la vida una segunda vez. Intenta detenerme, y te asesinaré como se me ordenó hacer el día en que naciste.
Los ojos de Kakashi se entrecerraron mientras se ponía erguido, llegando a su máxima altura.
—Le haces daño, Sasuke, y te mato —Se volvió hacia Adrian— Saquemos a Naruto de aquí ahora. Despistaré a los Caídos.
Adrian parecía como si no quisiera nada más que ir tras Sasuke, pero Naruto lo agarró por los hombros, alejándolo.
—Vamos, tenemos que irnos pronto.
Naruto forcejeó contra él, pero antes de que pudiera hacer nada, Sasuke giró con Sakura en brazos y desapareció sobre la barandilla.
—¿Qué demonios fue eso allá atrás? —preguntó Adrian mientras Naruto se impulsó por las puertas—. ¿La Espada de Michael?
Naruto negó cansado con la cabeza.
—No lo sé.
