Ni la historia ni los personajes me pertenecen.
Capítulo 30
El primer pensamiento que Sakura tuvo al despertar fue sobre Sai. El dolor y la angustia que se apoderó de ella era la peor cosa que jamás había sentido. Una parte de ella se heló para siempre, se fue para siempre con el fin de su amigo.
La carne tierna ardió cuando se dio la vuelta ligeramente. Sasuke estaba a su lado, con los ojos cerrados y los labios entreabiertos. Sombras oscuras florecieron bajo sus ojos. Lo único que recordaba era sus manos y la luz brillante que parecía chamuscar la piel directamente de sus huesos. La había sanado... otra vez. Sin embargo, revertir el daño que había hecho la hoja debió haber sido agotador. No sabía que podría ser posible. Le dolía el cuerpo, y su cara se sentía como si hubiera sido golpeada con un mazo. No había una parte de ella que no palpitara. Cautelosamente, levantó el brazo, sorprendida de encontrar la carne magullada, pero controlable. Él había sanado los huesos allí como lo había hecho en su cara. Sin embargo, la angustia emocional era algo que hasta su poder angelical no podía curar. Sakura cerró sus ojos, aunque le dolía. Todo en lo que podía pensar era Sai. Debería haber visto lo que su amor por Ino le había hecho. Todo este tiempo había creído que era Guy, creía que había algún gran propósito detrás de traicionar al Santuario. En su lugar, había sido una potente mezcla de amor y odio que había llevado a Sai a hacer todo lo que paso. En el momento en que mató a Ino, algo en él se había retorcido, convirtiendo todo lo bueno de él en algo perverso. Y todo su odio se había centrado en Kakashi y el Santuario.
Nunca iba a entender cómo no lo había visto venir. Mirando hacia atrás, hubo muchas advertencias. Las cosas que Sai le había dicho acerca de Ino, de su propia relación con Sasuke. El dolor la atravesó tan fuerte como cualquier hoja del Santuario. Inhaló pero parecía que el aliento se atascó.
—¿Sakura? —Sasuke levantó un brazo, su voz suave— ¿Estás adolorida?
Abrió sus ojos. Las hebras de cabello negro cayeron sobre su rostro.
—Estoy bien —dijo— ¿Tú lo estás? Te ves... mal.
Él pasó una mano por el costado de su rostro que en este momento no estaba magullado.
—Voy a estar bien —Sus ojos color onix buscaron los suyos atentamente— Sakura, siento tanto lo que ha pasado. Si pudiera alejar ese dolor, lo haría. Me llevaría todo esto.
Parpadeó para contener las lágrimas, diciéndose que Sai no las merecía. No después de todo lo que había hecho.
—Fue... Sai.
Dolor destelló en su rostro.
—Lo sé, amor. Sé lo mucho que significaba para ti.
Volvió a cerrar los ojos.
—Debería... haberlo visto.
—No —Se puso de rodillas, inclinándose hasta ella— No había nada que pudieras haber hecho, Sakura. No era él nunca más.
Ella agarró su brazo, necesitando sentir algo sólido.
—Quiero odiarlo. Lo que le hizo a Ino y Guy —Hizo una pausa, tragando con dificultad— Trató de derrocar al Santuario, Sasuke. Y él era como un hermano para mí. Lo amaba. Habría hecho cualquier cosa por él.
—Lo sé —Se acomodó a su lado, encontrando su mano y enhebrando sus dedos con los de ella. A continuación, llevó la mano a su boca, besando su mano —No lo puedes olvidar, amor. Recuérdalo por quién fue durante todos estos años. Guarda esos recuerdos del Sai cercano a ti. Está bien que lo odies. Y está bien que no lo odies.
Lágrimas no derramadas llenaron sus ojos mientras colocaba su mano sobre su corazón.
—Sasuke, lo siento... no te di una oportunidad.
—No tienes que pedirme disculpas, Sakura. Entiendo —Presionó sus labios contra su sien y luego inhalo lentamente— Pensé que te iba a perder. Te juro que mi corazón se detuvo.
Sus ojos se encontraron mientras apretó sus dedos. Había tantas cosas que quería decir, pero por primera vez, ella sabía que no habría tiempo para decirlo todo. Y ahora mismo, mientras le sonreía con ternura, sintió algo del dolor en su alma aliviarse.
—Te amo —susurró.
Sus ojos se cerraron, y cuando se volvieron a abrir, eran intensos y brillantes.
—No tienes ni idea de cuánto tiempo he esperado para oírte decir eso y no escaparte de mí después.
Sakura hizo algo que pensaba que nunca haría de nuevo. Sonrió, a pesar de que le dolía hacerlo.
—Ocho años, ¿más o menos un intento de apuñaladas?
Él se rió.
—Suena bastante bien. Nunca he dudado de tu amor, Sakura. Me ha liberado de una manera que nada más podría.
—¿Cómo es eso? —preguntó.
—Me has hecho una mejor persona —dijo simplemente.
Su corazón se hinchó en su pecho, y hubo un aleteo profundo en su estómago. Como Sasuke había dicho la noche en Rock Creek Park, las cosas no iban a ser fácil para ellos. Pero mientras bajaba la cabeza y rozaba sus labios sobre los de ella con cuidado, sabía que valía la pena
Ellos valían la pena.
Naruto se acomodó en la cama, desenroscando la tapa del bálsamo que olía a menta y una docena de misteriosas hierbas. Lo que sea que fuera, funcionaba con todos sus dolores y contusiones. No tenía mucho tiempo para pensar en lo que había sucedido en las últimas veinticuatro horas. Adrian lo había dejado hace sólo unos minutos, y ahora Kakashi estaba de pie en su puerta. Lanzó su camisa a un lado, levantó un poco la mirada para reconocer la presencia del Nephilim.
—¿Has oído hablar de Sakura?
Kakashi se apoyó contra la puerta.
—No.
Extendió el bálsamo sobre su pecho herido, haciendo una mueca mientras ardía.
—¿Va a... curarla?
—Creo que Sasuke va a hacer algo para ayudarla —respondió Kakashi— No me gusta lo que es o lo que significa su relación, pero sé que Sasuke cuidara de ella.
Naruto puso el tarro aparte.
—Parece que sabes de Sasuke más de lo que dices.
Una esquina de la boca de Kakashi se levantó.
—Fui uno de los primeros Nephilim que hayan nacido. Antes, cuando éramos considerados abominaciones y actuábamos como tal.
—¿Eres es un Nephilim de la primera generación?
Asintió con la cabeza.
—Alguien ha estado haciendo su investigación. Sasuke era todavía un ángel entonces. Fue enviado aquí, junto con la primera ola de ángeles para erradicar a los niños Nephilim. Yo era un bebé. De alguna manera, Sasuke no podía levantar la mano contra un niño indefenso. Su acto de desobediencia condujo a su caída —Se pasó una mano cansada por la frente— No cambia lo que es, pero…
Naruto no estaba seguro de qué hacer con eso, así que permaneció en silencio mientras Kakashi se alejó de la puerta.
—No me has preguntado lo que eres, Naruto.
—Estoy tratando de no pensar en eso, lo que sentí cuando la luz vino de mí. No me dolió... pero se sentía como un rayo —Hizo una pausa y reflexionó, confundiéndose a sí mismo— Me sentí bien.
—Tu nombre no estaba en el libro, porque tu padre no era un ángel caído.
Lo contemplo durante un momento.
—¿Qué? Espera. —Se le ocurrió entonces— No me digas.
—Lo sospeché cuando tu nombre nunca apareció. Un Nephilim de la primera generación nunca lo hace. Y luego, con los caídos y los esbirros que nunca te encontraron hasta la noche en el callejón, sabía que tenías que haber sido protegido por un escudo celestial —Kakashi se cruzó de brazos— Todo Nephilim de primera generación se caracteriza por sus poderes.
Su risa salió corta y áspera.
—¿Escudo Celestial?
Kakashi asintió.
—Te puedes imaginar lo que pasaría si los caídos pudiesen capturarlos. Y parece que Sai estaba trabajando con Madara. No estoy seguro de si Sai sospechaba lo que eras, pero sé que Madara lo hacía. Envió a Danzo para recuperarte.
La cabeza de Naruto daba vueltas.
—¿Qué... qué pasó allí con el fuego y la espada?
—Tu padre es un ángel que no ha caído. Contrariamente a lo que muchos creen y lo que está escrito, acostarse con una mujer no siempre se traduce a que un ángel pierde su gracia. A veces, el acto es una decisión calculada, como fue en tu caso. Como una decisión de negocios para inclinar la balanza en un sentido u otro —explicó Kakashi— Invocaste la Espada de Michael, de la divina justicia, lo que significa que ahora sé quién es tu padre, al igual que los caídos.
La ironía no le pasó de largo. Miró a Kakashi con ganas de reír y golpear algo.
—¿Mi padre es el arcángel Michael?
—Sí —confirmó.
Ahora ni siquiera podía reírse de eso.
—Esto es... malditamente loco —Naruto respiró hondo. Había demasiadas preguntas, pero necesitaba que le contestara algo más que cualquier otra cosa— ¿Sabes quién mató a mi madre? ¿Fue el Caído?
—No lo sé. Si lo supiera habría sospechado lo que eres y no habría tenido que pasar por los seres humanos o Sai para llegar a ti —Kakashi cerró los ojos, y Naruto pudo ver el peso sobre sus hombros— Lo que Sai ha hecho es inconcebible. El Santuario sufrirá por sus acciones en los próximos años.
Naruto no dudaba de eso. Todos los jóvenes Nephilim que Sai vendió finalmente se convertirían a esbirros y corrompería más almas. Y él no era estúpido. Naruto sabía por qué Madara iba tras él. El tipo de poder que sentía, aunque fuera brevemente, inclinaría la batalla en curso de una manera u otra. No habría forma de volver a la vida que tenía antes de que Sakura lo había golpeado hasta dejarlo inconsciente en el callejón en Anacostia.
Kakashi se fue después de eso. Pasó mucho tiempo antes de que Naruto se moviera. Acostándose de espaldas, miró al techo. Pasó mucho tiempo antes de que pudiera relajar su mente y encontrar algo de descanso.
El impacto de la muerte de Sai había impuesto una capa de silencio en todos los pasillos del Santuario. Ninguno de los Nephilim habló, y ni siquiera el niño más pequeño se echó a reír. La tristeza y el dolor habían impregnado todos los rincones de la organización. Kakashi había insistido en que la verdad en torno a la muerte de Sai y de los acontecimientos que condujeron a ella se mantuviera en secreto. Él creía que todos sus años de servicio y lealtad no se podían olvidar, que su reputación solo había contribuido al éxito del Santuario, y la verdad en última instancia podría llevar a su fracaso.
Dividida entre el deseo de odiar a Sai y de alguna manera perdonarlo, Sakura había estado de acuerdo. Sólo el círculo y Naruto sabían que Sai había cambiado y los hechos devastadores que había cometido. Curiosamente, una vez que pasó la conmoción y los eventos de la batalla comenzaran a desplazarse por los pasillos, la participación de Sasuke no se había dejado de lado. Se corrió la voz rápidamente que un Caído había luchado al lado de los Nephilim, salvando la vida de Sakura. En realidad, nadie sabía qué pensar de eso, o lo que significaba. Todo lo que sabían era que el acto señalo que un gran cambio venia, para bien o para mal era invisible aun. Sakura no estaba segura donde esto dejaba a Naruto. Kakashi insistió en que necesitaba entrenamiento adicional, y una vez que Sakura estuviera bien, debía reanudar sus lecciones. La Espada de Naruto era asombrosa, incluso daba un poco de miedo. El tipo de poder que tenía en su interior podía ser catastrófico en las manos equivocadas. Pero nadie estaba realmente hablando de Naruto y lo que significaba para el futuro del Santuario. Tampoco nadie hablaba de Madara y lo que iba a intentar para poner sus manos sobre Naruto. Todavía no. Por hoy era un día de luto.
La ceremonia fúnebre de Sai se realizó tres días después de su muerte, y dos días después del regreso de Sakura al Santuario. Todos los Nephilim y los seres humanos que trabajaban en el Santuario asistieron al servicio. Sai había tocado el corazón de todos. Había sido tan importante. Y a pesar de que Sakura no podía descubrir realmente como aceptar su traición, sabía que su memoria tenía que servir para un objetivo. Realizado en lo profundo de Rock Creek Park, el funeral fue montado con la ayuda de la policía local y los funcionarios del gobierno, los que estaban al tanto de lo que era realmente el Santuario. La sección más boscosa de las tierras había sido bloqueada al público. Ni siquiera a los guardabosques se les permitió ir a ver.
Allí, el grupo de humanos y Nephilim se reunieron para recordar a Sai. Adrian estaba detrás de Kakashi, aparentemente al margen de la muerte de Sai. Era un acto. Sakura sabía que llegaría un momento en que, posiblemente, aceptara e incluso perdonara a Sai. Este no era el momento. Guy no había podido asistir. Las lesiones que Sai le había infligido tomarían meses para sanar, y dudaba que alguna vez fuera el mismo.
Sakura estaba entre Kakashi y Naruto, sus altas e imponente figuras empequeñecieron su delgada figura. No habían hablado durante su viaje al lugar, y ahora estaban un poco separados del resto, pero juntos. El anciano sacerdote dirigió la oración y sus memorias. Mientras hablaba acerca de la trascendencia de Sai al cielo debido a su fe y lealtad inquebrantable, Sakura se estremeció. Su alma, si su alma todavía hubiera estado presente, no habría pasado las puertas del cielo. Cuando el sacerdote habló de las recompensas de Sai en el cielo, tuvo suficiente. Se agachó en silencio cuando se encendían las piras funerarias. Otros Nephilim y empleados humanos compartirían historias sobre él. Recuerdos destinados a elevarlo y mantener su nombre. No había manera de que pudiera permanecer allí mientras esto ocurría. Nadie pensaría que su abrupta desaparición era extraña. Sabían lo cercanos que ella y Sai habían sido. En todo caso, los ojos que la seguían estarían llenos de compasión.
Tan pronto como pasó la línea de vehículos estacionados que aseguraban que el servicio no se interrumpiera, sintió a Sasuke. Había avanzado tanto como podía. A la sombra de los árboles de roble, se unió a ella, envolviéndola en su fuerte abrazo y calmando el conjunto de emociones en su corazón. Sonrió levantando su cara, pasando su pulgar alrededor del hematoma que se descoloraba en su mandíbula.
—Te amo, Sakura.
Nada pudo evitar que la sonrisa se extendiera por su cara. Sasuke le había salvado la vida tres veces, pero lo más importante la amaba de una manera que eclipsaría finalmente los espacios oscuros en su corazón y su alma. Su amor era más que eso, sin embargo. Era algo poderoso, rompiendo las cadenas que la ataban al Santuario y a su deber. Con él, no era solo un Nephilim. Era Sakura, como siempre la había visto. Sólo había tardado ocho años para entender eso.
Sintiéndose como su vieja yo, se apretó contra él.
—Creo que podemos prescindir de un par de horas antes de golpear algunas cabezas de esbirros, ¿no?
Sus ojos se entrecerraron.
—¿Qué tienes en mente?
Con una especie de sonrisa pícara, deslizó su mano entre ellos mientras observaba su rostro, amando como el color de sus ojos se encendió. Sus brazos se apretaron alrededor de ella.
—Creo que tengo una idea.
La risa de Sakura murió cuando sus labios capturaron los suyos. Tomaría más de un par de horas antes de que tuvieran suficiente el uno del otro. Incluso podía tomar una eternidad para que eso suceda. Y Sakura estaba dispuesta a averiguarlo.
Fin
