Ranma ½ no nos pertenece.
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21
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El dojo se erguía con una majestuosidad patética. Las tejas estaban desportilladas y las paredes cubiertas de hierbas silvestres. Akane apoyó la mano en el portón de madera y suspiró.
—¿Qué regalo me brindan los dioses? Es la hermosísima Akane Tendo.
Los vellos de la nuca de Akane se erizaron y no intentó ocultar el desprecio en su voz cuando replicó:
—Tatewaki Kuno…
Él sonrió complacido, como si lo hubiera halagado.
—¿La noticia llegó a tus dulces oídos? ¿Viniste a despedirte del vejestorio que se interpone en nuestro amor? —preguntó con arrogancia.
—¿De qué hablas?
—Entonces… aún no lo sabes.
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