Capitulo 2: La odiosa lista
Harry gruño, dejándose caer en un sofá de la antigua mansión Black, después de la para nada agradable visita a su amiga Hermione Granger en el ministerio. La mansión Black, ahora perteneciente a Harry, pues Sirius Black se la había dejado a su ahijado, había dejado de ser horripilante, pero la acogedora decoración, no hacía nada para mejorar el mal humor de Harry ante las nuevas noticias.
-Estúpido diario- gruño una vez más, Harry mirando la portada del profeta. Mientras Remus Lupin reía de la cara del ojiverde -¡No es cómico, Remus¡Deja de reír!
-Oh, si lo es Harry, si vieras tu cara tú también te reherirías.
Le dijo el licántropo divertido. Tomado en sus manos el profeta. En primera plana de este, decía:
NUEVA LEY DEL MINISTERIO
Para aplacar la disconformidad de la comunidad gay con las nuevas leyes de repoblación mágica, el ministerio ha sacado una nueva ley que obliga a todos los hermafroditas a contraer matrimonio con las mismas cláusulas que las mujeres, es decir, con un mínimo de dos hombres en menos de un año. Tras una exhaustiva investigación, el Departamento de Repoblación Mágica descubrió a 11 magos hermafroditas, sobrevivientes al último hechizo del que-no-debe-ser-nombrado, entre ellos destaca nuestro Héroe, Harry Potter.
Como alguno de ustedes sabrá. Los hermafroditas poseen ambos sistemas reproductores, el femenino y el masculino a la vez, y están capacitados físicamente para procrear hijos. Aunque su apariencia suele ser masculina y generalmente suelen hacerse pasar por hombres, ya que su vagina, ubicada entre el pene y el ano, no suele ser muy visible y pueden ocultar su condición sin mayor esfuerzo.
La lista que de los hermafroditas que el ministerio ha logrado localizar y que estarán sujetos a la ley son los siguientes:
Casaniv, Vulkon
Daketin, Morgan
Evans, Mark
Goldtein, Antony
Linch, Aiblan
Longbottom, Neville
Macmillan, Ernie
Potter, Harry
Shaklebolt, Kingsley
Weasley, Charlie
Wood, Oliver
Por las obvias dificultades para reconocer a un hermafrodita, se ruega a la comunidad pública dar a conocer a cualquier hermafrodita que el ministerio no haya pasado por alto y no figure en esta lista. No dudamos que los afortunados miembros de esta lista, pronto tendrán en sus puertas docenas de proposiciones de matrimonio.
-No, no es nada divertido, la mitad de la población gey de Inglaterra, me pretende y a más de la mitad ni los conozco -dijo Harry incrédulo-. Mataré a Hermione, esto es culpa de ella -gruño el chico ojiverde una vez más.
Harry era un muchacho muy guapo. Tenía 19 años, un buen cuerpo, con una estatura ni excesivamente alta, ni excesivamente baja, unos impactantes ojos verdes que competirian facilmente con hermosura contra cualquier esmeralda y un sexy y rebelde cabello negro.
Actualmente vivía junto a Remus en la antigua y noble casa de los Black y la habían redecorado juntos. Harry había querido devolverle parte de la fortuna Black a Remus, pues por derecho lo justo era que le perteneciera. Remus y Sirius se habían casado cuando tenían 17 años a la misma vez que Lily Evans y James Potter, pero dos años después Sirius había terminado en Azkaban por una injusticia y había pasado 13 años en prisión. Cuando escapó de Azkaban retomó la relación con Remus pero dos años después perdía la vida a manos de Bellatrix Lestrange dejando nuevamente sólo a Remus. Pero cuando Harry le ofreció lo que por derecho le pertenecía, Remus se negó, y le explicó que la decisión de dejarle todo a Harry, no había sido sólo de Sirius si no que también lo había sido de él y cómo única solución para quedar ambos conformes Harry había invitado al licántropo a compartir su nuevo hogar.
Harry miró a Remus releyendo el odiado artículo publicado por el profeta... ni hace dos horas que había salido y ya su casa se había llenado de lechuzas. Al mirarlo, Harry pensó que para su edad Remus se veía muy joven y guapo. Remus tenía 39 años, sus ojos dorados llamaban la atención de todo el mundo, junto con su eterna sonrisa; su cuerpo era alto, esbelto y fuerte y un mechón de cabello blanco, entre el cabello castaño claro, surcaba su frente dándole una imagen de lo más sexy.
-Hay algo que ha cambiado en Hermione -comentó Remus, sacando a Harry de sus pensamientos -Su olor ya no me agrada, hay algo malo en ella, desde mucho antes de la caída de Voldemort.
Harry asintió.
-Así es, ha cambiado mucho y no precisamente para bien.
Comentó el ojiverde. Pensando en el inminente matrimonio entre ella y su amigo Ron.
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Una hora más tarde Harry se preparaba para salir de la remodelada y elegante mansión Black para ir a comprar algunos objetos que Remus necesitaba para cocinar al mercado de dos cuadras más abajo. En la remodelada y mucha mejor mansión Black (Donde ya no estaba el cuadro de la mamá de Sirius) había varios elfos domésticos, pero cocinar siempre había sido uno de los placeres de Remus y este adoraba hacerlo.
Treinta minutos después salía del supermercado con dos bolsas. Iba distraído, pensando en al nueva ley y sus implicancias, que no se percató de otro hombre que venia hacia él, hasta que choco con él.
Las bolsas volaron por los aires y, con una exclamación asombrada, Harry se agarró a los hombros del desconocido y este lo agarró por la cintura intentando evitar la caída, pero aun así ambos cayeron al suelo. Harry debajo del otro. Harry abrió los ojos que había cerrado al sentir el impacto y al abrirlos, se encontraron con un guapo hombre.
Su rostro maduro con rasgos finos y aristocráticos, ojos grises como la plata y su cabello largo y rubio como hilos del más puro oro, le eran bastante conocidos.
-¡Lucius Malfoy! - gritó Harry al reconocerlo, sorprendido por encontrárselo en un lugar así. Lucius se levantó y ayudó a Harry a levantarse.
-Que inesperado placer encontrarnos, Harry Potter -dijo el rubio a modo de saludo.
Continuará...
