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Las nubes cubrían el cielo en aquella noche fría, pronto empezaría a llover y también terminaría el día, había llegado a su casa desde hacía un rato, había saludado a su padres a su llegada y pregunto por su hermana pero le habían dicho que ella había salido y aun no llegaba.

Fue a su habitación sin cenar y aguantando las ganas de llorar desde hace horas, todo porque comprendió que ella y Harry no tendrían nunca una relación, y le dolía porque había mantenido un poco las esperanzas que le daba la llegada de sus hijos.

La lluvia empezó a caer con gran fuerza y los relámpagos iluminaban el cielo debes en cuando; no iba a llorar, no quería, ya era una mujer, no era una niña, y debía de procesarlo con madurez, después de todo ya sabía desde hace mucho que él solo la veía como la serpiente fría procedente de Slytherin y no como una mujer con la que podría formar una pareja y familia llena de amor.

La lluvia no menguaba y sus ganas de llorar eran cada vez más fuerte, escapo una lagrima y la limpio rápidamente, negó con la cabeza, tratando de borrar la tristeza y alzo la vista para evitar que salieran más, pero fue inevitable, salían una tras otra.

Se levantó de su cama limpiando sus lágrimas, seguía negándose a llorar, observo por la ventana, sus pensamientos fueron al final el detonante que faltaba para por fin llorar.

«Se acabó» pensó «Y ni siquiera había iniciado algo, nunca iba a ver nada, él no me ve como yo»

Observaba la lluvia caer «No seré la mamá de mis hijos…» Negó con fuerza cerrando los ojos y llevando sus manos a su cabeza «Maldición estoy pensando puras idioteces» se dejó caer en el piso.

«Fui tonta, tonta por pensar que podría tener algo, que formaríamos una familia, pero no, nunca fue así» se abrazó

Lloro en silencio, no tenía realmente sentido llorar por algo que no existía pero esa fue la razón del porque le dolía tanto el corazón, y el nudo en su garganta, las lágrimas no la dejaban ver nada a su alrededor.

Daphne no se había enamorado de Harry desde pequeños, como muchas niñas de su generación y el de su hermana, de hecho ella no le tomo importancia aquel niño de anteojos en el gran comedor, ni siquiera le importo cuando el sombrero lo coloco en Gryffindor, no le importo que fuera Harry Potter el niño que vivió, no, nada de eso.

Pero al final se ha enamorado de él, fue en su quinto año, aquel día no había sido el mejor de su vida escolar, desde que se levanto todo le salido mal, se había sentido estresada, incompetente y había tenido unas ganas de llorar que en cualquier momento saldrían, fue dos pasillos antes de llegar al gran comedor que culmino su día, la mochila se había roto, olvido que era una bruja y empezó a llorar, todas sus cosas se habían llenado por completo de tinta arruinando todo, se tumbó en el suelo y se recargó en un pilar.

No supo cuando él llegó ahí, no lo había escuchado y solo lo supo cuando él le estaba entregado un pañuelo.

—Creo que incluso a ustedes se les olvida que poseen magia— bromeo y le observo una sonrisa burlona que no iba con mala intención.

Ella no pudo evitar sonrojarse por completo, con el pañuelo se trató de cubrir las mejillas, desvió la mirada, pero regreso disimuladamente los ojos, lo miro arreglar su mochila y sus pergaminos, todo con un simple hechizo, hechizo que ella sabía pero no se le ocurrió ponerlo en práctica.

—Listo— le entrego la mochila y le brindo una mano para ayudarla a levantar

Ella no tardo en aceptar su mochila y la mano, Harry la levanto con fuerza, era la suficiente que casi golpean sus frentes y al evitar esto ella iba a caer de nuevo así que el paso su mano por su espalda sosteniéndola.

Su sonrojo aumento pero al tener el pañuelo cubriendo sus mejillas Harry nunca noto la vergüenza que ella había tenido—No te preocupes, no le diré a nadie que te vi aquí—

Y así como llego se fue, y ella solo se llevó su mano a su corazón, «deja de latir por favor» pensó en gritos, no le puso nombre a sus sentimientos hasta que la guerra comenzó.

Se levantó y se metió a su cama con la cara llena de lágrimas, y se durmió, no quería seguir llorando, no quería pensar, no quería recordar, solo quería dormir.

La lluvia cubría el bosque prohibido y una niebla adornaba la imagen que ella observaba, se sentía triste pero no tenía ganas de llorar como su madre, Lily también observaba la lluvia por la ventana de la habitación donde se encontraba, le fascinaba la lluvia, el sonido la tranquilizaba y el olor de la tierra mojada le parecía encantador.

Aquella lluvia le recordó la primera vez que su corazón se rompió, por el reflejo de la ventana miro a Scorpius, bajo la mirada a sus manos que apretaban el borde de su falda, levanto su rostro y recargo su frente en el frío vidrio, observo las gotas que viajaban por la ventana y luego solo cerro los ojos y solo escucho la lluvia caer.

Había regresado de la biblioteca, había terminado su reporte de los hombres lobos e iba aguardando sus pergaminos en su mochila mientras caminaba hacia la torre de Gryffindor, al doblar en una esquina que la llevaría a su sala común se topó con Rose Weasley y Scorpius Malfoy, él tomaba la mano izquierda de ella mientras que con la otra mano libre le acomodaba un mechón del cabello rojizo de la joven detrás de la oreja.

Ella no era estúpida, no tenía ningún pelo de estúpida, tal vez era una niña mimada pero no era idiota, no necesitaba más información de la que veía en el rostro de aquellos dos jóvenes enfrente de ella, esas miradas las veía en sus padres, esa intimidad la conocía bien.

Alzo la cabeza con cierta valentía, se mordió el labio y aguanto sus lágrimas, soporto todo ese dolor que provocaba la desilusión del primer amor, se dio media vuelta y regreso por donde vino, camino rápido sin la necesidad de correr como la niña caprichosa que era, pero lo suficiente para llegar al baño y llorar sin importarle si la escuchaban.

Cuando dejo de llorar, se levantó del suelo con cansancio y fue hacia los espejos, se limpió el maquillaje corrido, los mocos que se acumulaba en la nariz, se lavó el rostro, uso un hechizo de belleza para desaparecer el rojo de sus ojos y volverse a maquillar.

«Eres hermosa» pensó mientras se acomodaba el uniforme, y aventaba un beso en el espejo, salió del baño con la frente en alto y como si nunca le fueran roto el corazón.

Lily no era una mala persona, era berrinchuda, un poco caprichosa, mimada, femenina, un poco arrogante y diva pero era una buena persona que se preocupaba por los demás, entro en la torre de Gryffindor, y ahí en la sala común estaba dos amigas, su mejor amiga Cassiopeia y Rose Weasley.

—Lily ¿Dónde estabas?— pregunto Rose

—En el baño, me dolía el estómago— comentó y tomo lugar a lado de Cassiopeia — ¿Por qué?— preguntó

— ¿Fue algo que comiste?— preguntó Cassiopeia volteando a mirarla

—Tal vez— se encogió de hombros

—Espero que ya te encuentres mejor— le sonrió Rose y coloco su mano encima de la mano de Lily.

—No te preocupes, ya estoy mejor— Lily le regreso la sonrisa. —Pero bueno ¿Por qué preguntabas?

—Cierto— Rose recordó y sonrió de tal manera que todo en su rostro se ilumino — Por el momento aún no somos nada pero hoy se me declaro Scorpius y no pude evitar decirle que también me gusta— sonrió y bajo la mirada con cierta vergüenza

Lily solo sintió que un frio le recorría la espalda como si un demonio estuviera detrás de ella, sintió que el alma se escaba de su cuerpo y que pronto se desmayaría si no escapaba de ahí pero a pesar de eso sonrió de manera sincera.

—Me alegra que por fin se hayan confesado— sus palabras eran sinceras.

Jamás supo y ni quiere saber cuándo Rose se enamoró de Scorpius, sabia cuando él lo hizo de Rose, prácticamente Scorpius estaba enamorado de Rose desde que era niños mientras que ella se enamoró de él en su segundo año de Hogwarts, él sin proponérselo la había conquistado con su delicadeza al tratarla, con la mirada dulce que siempre le daba pero fue cuando la defendió de unos chicos de mayor grado que ellos que por fin le puso nombre a lo que sentía.

Pero a pesar de eso, a pesar que trato de crecer lo más rápido que pudo, trato de llamar su atención él jamás la vio, para él solo existía Cassiopeia y Rose Weasley.

— ¿Así que cuñadas?— sonrió con cierta duda Cassiopeia y disimulo la mordida a su labio para no mostrar que la maldición estaba reaccionando al sentimiento de emoción que le daba saber la nueva noticia, aunque también le causaba tristeza, tal vez sea por qué no había durado el dolor, después de todo ella sabía mejor que nadie que su mejor amiga Lily vivía babeando el camino por donde pasaba su hermano.

—Aun no, pero si— sonrió Rose Weasley

—Lily— llamo Cassiopeia a la chica enfrente de la ventana, le toco el hombro para que reaccionara

La chica nombrada despertó de sus recuerdos, la lluvia ahora era suave pero aun ahí seguía, volteo a ver a su amiga sin separar la frente del vidrio— ¿Sucede algo?— pregunto un poco brusco

—Um, no, ¿te sientes bien?— pregunto con confusión Cassi

Lily no tardó en darse en cuenta que su pregunta había sido brusca— Perdón Cassi, estaba recordando, estoy bien— alejo su frente del vidrio y le sonrió

— ¿Quieres hablar de ello?

—No, no tiene caso

—Mi hermano y Rose

—Vaya debo ser realmente un libro abierto para que sepas en lo que estaba pensando— Lily comento sorprendida.

—Bueno te conozco bien y tu mirada es la misma que tenías cuando te pregunte si estabas bien con lo que nos había contado Rose, en las gradas del campo de Quidditch— se sentó a su lado

—Ya veo— sonrió con vergüenza —Entonces no tiene caso hablar de ello— volteo a verla y sonrió —Ambas sabemos bien que nada cambiara— regreso su mirada a la ventana pero esta vez coloco su cabeza en el hombro de su amiga Cassiopeia.

—Aquí estoy si necesitas hablar— le dijo Cassi y recargo su cabeza en la cabeza de su amiga.