Prólogo: Un paseo por los años.
Para los nuevos estudiantes, la primera noche en Hogwarts estaba llena de magia, emoción, ilusión y nerviosismo. Nuevas amistades se forjarían aquella noche, chiquillos de apenas once años que empezaban una nueva e importante época de su vida que duraría siete años si todo iba bien. El castillo les había parecido enorme, como el Lago Negro, muchos de los jóvenes estudiantes habían tenido que aguantarse las ganas de vomitar o los gritos al notar las sacudidas de sus botes, quizá alguno pareció ver algo atravesar el agua y desaparecer, o incluso las ganas de llorar del puro nerviosismo al enfocar la mirada en sus oscuras aguas. De noche, Hogwarts era mucho más impactante que cualquier castillo que habrían podido desear descubrir, y les esperaba a ellos, los estudiantes nuevos de primero para presentarse.
Se arremolinaban frente a las escaleras y escuchaban con atención lo que la profesa McGonagall tenía que contarles sobre la elección del sombrero seleccionador y las casas. Era una mujer de mediana edad, que vestía de verde oscuro, llevaba su cabello recogido en un tirante moño y un majestuoso sombrero. Parecía una bruja impresionante allí plantada frente a los estudiantes de primer año. Hablaba con autoridad, pero concisamente, y había captado la atención de muchos al hablar de las cuatro grandes casas de Hogwarts. Sin embargo, algunos habían ignorado a la profesora mientras observaban a un muchacho moreno de grandes ojos verdes y una peculiar cicatriz que miraba a los lados con nerviosismo, sabiendo que era la comidilla de aquellos niños y niñas curiosos.
Harry Potter había tenido la suerte de encontrar a un amigo en aquel trayecto, y estaba agradecido de que le acompañara bajo aquellas atentas miradas…
-Oh, disculpa…
Harry estuvo a punto de caer, Ron le había sujetado justo a tiempo, había chocado con dos niños que iban tomados de las manos y miraban, como él mismo, todo con grandes ojos de sorpresa e ilusión. Se dio cuenta de que no era el único que estaba asombrado por cómo era el castillo y cada pequeño detalle que podía captar frente a las grandes puertas del Gran Comedor. Los niños se giraron hacia él y le sonrieron, amigablemente, haciéndole sonreír a él a su vez.
-Descuida, estábamos en medio.-Dijo uno de ellos, un niño risueño, de cabello rubio y grandes ojos color esmeralda. A su lado, había una niña idéntica a él, a diferencia de la tonalidad de sus ojos, más oscura y porque era un poco más regordeta que él. Harry pensó que eran indudablemente mellizos.
-¡Trevor!-Un niño saltó a los pies de la profesora para recuperar a su sapo perdido, haciendo que muchos de los demás soltasen alguna que otra risa e interrumpiendo el momento de las presentaciones. El niño, que no era otro que Neville Longbottom, alzó la vista hacia la profesora y se encogió ante la mirada que la misma le echó.-Perdón…
Neville volvió a su sitio entre la muchedumbre de niños muy sonrojado.
-La ceremonia de selección tendrá lugar en unos instantes.
Y la profesora se retiró, dejando a los niños a solas unos instantes en los que no tardaron en compartir su nerviosismo con aquel que tenían al lado. La excitación era palpable, ¿a qué casa de Hogwarts les enviaría el Sombrero Seleccionador? Gryffindor, aquella en la cual la valentía, la disposición, el coraje y la caballerosidad eran las cualidades de selección. Hufflepuff, donde los leales, honestos y que no temieran al trabajo duro eran bienvenidos. Ravenclaw, quien busca a los más estudiosos, inteligentes y decididos. Slytherin, caracterizada por la ambición y la astucia. Algunos tenían en su mente su casa deseada, sin embargo, ¿se llevarían alguna sorpresa?
-Veo que es cierto lo que se decía en el tren,-habló uno de los niños, adelantándose al frente, rubio platino y de ojos grises, seguido de otros dos niños más robustos que él.-Harry Potter ha venido a Hogwarts…
Los murmullos no tardaron en hacerse eco entre el gentío de niños que observaban a Harry, repitiendo su nombre entre incógnitas.
-Estos son Crabbe y Goyle, yo soy Malfoy, Draco Malfoy.-Y sonrió con altanería.
Ron, el chico pelirrojo que acompañó a Harry durante el trayecto en tren, no pudo evitar soltar una risotada que se cortó ante la mirada fulminante que le había lanzado Draco Malfoy.
-¿Te hace gracia?-Preguntó el niño rubio platino, frunciendo el cejo. Le echó una mirada disgustada a Ron y añadió:-No necesito preguntarte el tuyo, pelirrojo y túnica de segunda mano. Debes ser un Weasley.
Ron bajó la mirada, avergonzado, y Harry le sostuvo la mirada al niño maleducado. Un corrillo se había formado a su alrededor, incomodándole, pues no le gustaba ser el centro de atención y menos, nada más llegar a Hogwarts.
-Pronto descubrirás que hay familias de magos mejores que otras, Potter. No te juntes con la gente equivocada… En eso puedo ayudarte.-Y Draco le ofreció la mano a Harry.
-Creo que sé elegir por mí mismo, gracias.-Le respondió Harry, fulminándole con la mirada.
-¡Cállate Malfoy, estás dando el espectáculo!-Gritó el niño rubio con el que se había chocado Harry.-Búscate amigos en el circo, payaso.
-¡Tú no te metas, Evans!-Exclamó Draco rojo de ira, dándose la vuelta y encarando a los gemelos. La niña se protegía detrás de su hermano mientras éste se enfrentaba al de pelo platino.
La sombra de McGonagall apareció detrás de Draco, le dio unos golpes con el pergamino en el hombro y Draco se quitó de en medio, seguido de los dos gorilas que tenía por amigos.
-Ya está todo preparado, seguidme.-Habló la profesora de Transformaciones.
Harry traspasó las puertas al lado de Ron, con sonrisas maravilladas al ver el techo del Gran Comedor y ambos miraron al niño que se había enfrentado a Draco Malfoy, que caminaba a su lado de la mano de su hermana.
-Soy Kilian Evans, y esta es mi hermana Kaisa. Somos gemelos.-Se presentó con una radiante sonrisa.-No hagáis mucho caso a Malfoy… es un caraculo.
-¡Kilian!-Le riñó su hermana.
El chico rubio sonrió con picardía y siguió caminando al lado de Harry y Ron, que no tardaron en presentarse también.
La ceremonia de selección fue un poco larga y tediosa, cada vez que un nuevo alumno era consagrado a una de las cuatro casas, la mesa donde le esperaban sus compañeros rompía en vítores y aplausos. Hubo para todas las casas, y los nuevos estudiantes de primero no tardaban en correr a sentarse, sintiéndose acogidos. Incluso cuando Harry Potter se puso el raído y viejo sombrero seleccionador y todos parecieron olvidarse de respirar, fue bien acogido en Gryffindor.
-¡Qué alegría, Harry!-Exclamó Kilian, aplaudiendo con ganas mientras veía llegar a Harry y sentarse al lado de Ron y sus hermanos gemelos.-¡Estamos todos en Gryffindor!
Harry le sonrió.
-¡Seguro que seremos grandes amigos!-Añadió Ron, muy contento.
Y así, empezó la aventura de nuestros jóvenes estudiantes.
Durante cinco años se forjaron amistades entre los que habían empezado aquel día en Hogwarts, algunas duraron, y otras fueron pasajeras. Harry agradeció con todo su corazón que Hermione Granger y Ron Weasley se convirtieran en sus mejores amigos, y vivieron aventuras juntos sin quererlo…
2º Año. Pasillos de Hogwarts.
-La Cámara de los Secretos ha sido abierta, enemigos del heredero… temed. Vosotros seréis lo siguientes Sangre Sucia…-Draco miraba a Hermione y sonreía.
Kilian se acercó a él y lo empujó.
-Retíralo, Malfoy…
-¿O si no qué?
Kilian gruñó, justo en aquel momento aparecieron los profesores y Kaisa lo cogió de la túnica para quitarle del camino de Draco.
-Eres imbécil, Malfoy.-Dijo la chiquilla rubia envalentonada y con el rostro sonrojado, empujando a su hermano para salir del gentío que se había arremolinado entorno a la grotesca imagen.
3º Año. Terrenos de Hogwarts.
Todo el mundo aplaudía a Harry por la asombrosa demostración al montar sobre hipogrifo.
-¡Ha sido brutal, Harry!-Lo aclamó Kilian, junto a Dean y Seamus.- ¡Leones al poder!
Draco, rodeado de más serpientes, les empujó para hacerse paso ante la criatura emplumada, que le miró desde su altura.
-Tú no tienes nada de peligroso, sucio engendro de pollo.-Le dijo, con prepotencia.
-Malfoy… no…-Hagrid trató de moverse hacia su estudiante, pero Buckbeack se encabritó ante el insulto.- ¡Malfoy, no!
El hipogrifo atacó a Draco que cayó al suelo y Hagrid se interpuso entre el chico y el hipogrifo, que desplegaba las alas amenazadoramente.
-¡Me ha matado!-Gritaba desde el suelo Draco, agarrándose el brazo herido con dolor latente en su cara.-Me ha matado.
-Cálmate, es solo un rasguño…
-¡Hagrid!-Exclamó Hermione.- ¡Hay que llevarlo a la enfermería!
Hagrid asintió, cargando con Draco entre sus gruesos brazos.
-Soy el profesor, yo lo haré.
-Te arrepentirás de esto…-Decía con una vocecilla Draco.-Tú y tu gallina deforme…
-¡Fin de la clase!
Los alumnos se dispersaron oyendo de fondo los alaridos de dolor de Draco.
Mundial de Quidditch.
La gente estaba eufórica por el partido que se iba a disputar en breves. Las gradas estaban a rebosar de fanáticos que querían disfrutar del mejor juego y gritaban y coreaban las canciones de su equipo. Los colores rojo y negro contra verde y blanco. Bulgaria contra Irlanda. Solo uno podía salir vencedor de aquel partido.
-¡Potter, Weasley!
Ron y Harry se voltearon para ver como Kilian les saludaba desde una grada junto a su hermana, que se sonrojó al verlos. Iban vestidos con los colores de Bulgaria, y junto a ellos estaba su padre, hablando con otros adultos que habían saludo a Arthur Weasley mientras subía las escaleras en busca de sus sitios.
-¡Kilian Evans!-Ron le saludó con el brazo para seguir siguiendo a su padre y hermanos.
-Disfrutad del partido.-Dijo Kaisa, tímidamente.
-¡Gracias Kaisa! Nos vemos pronto.-Respondió Harry, sonriéndole.
-Dios papá… ¿estamos más arriba aún?-Preguntó Ron, mirando a la gente sentada en sus cómodos palcos.
-Plantéatelo así,-dijo la voz de Lucius Malfoy apareciendo en escena- si llueve seréis los primeros en saberlo.
Todos fulminaron a los Malfoy, que entraban en el palco donde estaban los Evans y los miraban con superioridad.
-Nosotros vamos al palco del Ministerio por invitación personal del mismísimo Cornellius Fudge.-Y Draco sonrió con autosuficiencia hasta que se topó con los Evans.
Kilian miró a su padre enfadado y este se encogió de hombros, ellos también habían sido invitados a ese palco.
-No alardees, Draco.-Y su padre lo golpeó con su bastón.-Está de más con esta gente. Que disfrutéis el encuentro mientras podáis.-Y les sonrió.
-¿Tenemos que quedarnos aquí con este insufrible?-Preguntó por lo bajo Kilian a su padre.
Su padre, un hombre alto y de cabello castaño muy claro, puso los ojos en blanco.
-Podéis iros con vuestros amigos si queréis, y nos vemos al final del partido.
-¿De verdad? ¡Genial! Kiito isä. Gracias papá.-Kilian agarró la mano de su hermana y siguió a Harry y los demás en su subida en busca de sus sitios.
4º Año. Pasillos de Hogwarts.
Harry iba cabizbajo hacia su siguiente clase, de nuevo solo.
-Potter es un tramposo…-Susurraban a su paso alumnos de Hufflepuff.-Potter pringado…
Risas. Harry usaba todo su talante para seguir hacia el lugar donde sabía que iba a poder encontrar a Cedric Diggory.
-¡Viva Cedric!
-Todas con Cedric.-Dijo el grupito de amigas de Hannah Abbot, en el que encontró a Kilian llevando una de esas estúpidas chapas antiPotter. El rubio desvió la mirada al encontrarse con la de Harry, avergonzado.
-Gracias.-Dijo Harry, respirando hondo. Atisbó a Cedric sentado en uno de los bancos con sus amigos y fue hacia allí. Logró llegar hacia él y sus amigos y aguantar estoicamente las bromas por parte de todos.- ¿Podemos hablar?
Cedric se levantó del banco y les pidió a sus amigos silencio entre risas.
-Vale…
-Apestas Potter…-Dijo uno de los amigos de Cedric bien alto para ser escuchado.
-Dragones. Es la primera prueba, un dragón para cada uno.
Cedric desvió por un momento su cara de asombro a sus amigos que le llamaban.
-¿Vas en serio?-Preguntó preocupado, volviendo hacia Harry.
Una vez Harry terminó de hablar con Cedric salió de allí sintiéndose fatal. Nadie quería ponerse en su piel y experimentar por lo que estaba pasando.
-Oye Harry…
-¡Dejadme todos tranquilo!
Harry se volteó y se topó con Kaisa Evans, que le miraba con algo de miedo y dejó caer sus libros al suelo de la impresión.
-Yo… lo siento Kaisa… pensaba que…-Harry observó como la chica se agachó a coger sus pertenencias rápidamente.
-No quería molestarte, perdona…-La muchacha forzó una sonrisa y trató de darse la vuelta, pero Harry la retuvo por el brazo. Ella, sorprendida, le miró con aquellos enormes ojos verdes.
-Perdona, Kaisa, estoy muy nervioso por… todo.-Se disculpó tratando de sonreír.
-Solo quería desearte suerte en el torneo y…-Kaisa desvió la mirada hacia el grupo en el que estaba su hermano gemelo junto a su novia del momento.-No le tengas en cuenta a mi hermano todo esto… cree que está enamorado.
Harry asintió.
-¿Vamos juntos a clase?
-Cla-claro…
Y juntos caminaron hacia su siguiente clase.
5º Año. Biblioteca de Hogwarts.
-Si sigues haciendo tanto ruido, la señora Pince te va a echar…
La voz de Kaisa le sacó de su ensimismamiento. No se había dado cuenta de que había estado tamborileando con los dedos sobre la tapa dura de su libro de pociones.
-Estoy nervioso.-Replicó Kilian, buscando con sus ojos verdes claros a la bibliotecaria por si podía evitar una reprimenda usando sus encantadora sonrisa.
-Lo sé,-terció su gemela, sin mirarle, corrigiéndole su ensayo sobre el gusarajo para el día siguiente.-pero el resto no tiene la culpa de que no lleves bien tus TIMOS.
-Solo me preocupa Pociones, Snape odia a los leones.
Kaisa soltó un suspiro mientras tachaba algo sobre el pergamino y lo escribía bien y se lo devolvía a su hermano.
-Así está bien, creo que te pondrán un notable.-Le dijo y comenzó a recoger sus cosas.-Estudia para pociones, yo tengo que ir a la enfermería a ver a la señor Pomfrey.
-¿Quieres que te acompañe?
Kaisa forzó una sonrisa.
-No es necesario, Kil. Te veo en la sala común.-Y la rubia se marchó.
Kilian siguió la figura menuda de su hermana hacia la puerta, y se estiró, observando como Malfoy le había estado observando a él y a su hermano. Frunció el cejo y le fulminó con la mirada.
-¿Algún problema, Malfoy?-Le espetó. Malfoy le ignoró centrándose de nuevo en sus libros.-Imbécil…
-¿Puedo sentarme?
Kilian alzó la mirada y se encontró a Hermione Granger cargada de gruesos libros. Se levantó para ayudarla y le hizo hueco en la mesa.
-Por supuesto, mi mesa es tu mesa.
Hermione le sonrió y se sentó a su lado, observando los pergaminos y el libro de pociones sobre la mesa.
-¿Problemas con Pociones?-Preguntó, acomodándose y abriendo el primer libro.
-¿Quién no los tiene?-Sonrió Kilian.-La tengo atravesada…
-Puedo echarte una mano si quieres…-Dijo la castaña tímidamente.
-¿De verdad?-La mirada de Kilian se iluminó, haciendo sonrojar a la Gryffindor.-Me harías un franco favor…
-Claro, si no tienes nada que hacer después de la reunión del ED podemos venir y estudiar.
-¿Te he dicho alguna vez que eres la mejor?
