Capítulo 4: El comienzo de una extraña amistad.
Kaisa había tenido muchísimas pesadillas a lo largo de su vida. Algunas eran tan fantasiosas que al despertar las olvidaba completamente y seguía su vida como si nada hubiera ocurrido. Desde grandes monstruos que la devoraban a terremotos que destruían por completo su hogar y a su familia. Otras eran tan reales que se acumulaban en su mente y agrandaban sus miedos, atrayendo la inseguridad y la desconfianza a su vida. Aún recordaba una particularmente horrible en la que acudía a clase de Pociones en pijama y todos sus compañeros, incluso su hermano y el profesor Snape, se reían a carcajadas de su camisón de conejitos blancos comiendo zanahorias. Lo peor es que no tenía ningún camisón así, pero sí recordaba las risas en su mente cuando paseaba por los pasillos de Hogwarts por las mañanas, esperando que cualquiera le sacase alguna falta a su uniforme.
Y tener allí a Draco Malfoy, el alumno más odiado de Hogwarts, una etiqueta que se había ganado al menos para su curso de Gryffindor, significaba que las pesadillas sobre aquella escena serían recurrentes en su vida. Podía decir que el miedo a que su hermano les pillase en la habitación eclipsaba todo lo demás, y de verdad rezaba porque su hermano no subiera.
Kaisa comenzó a hiperventilar peligrosamente mientras Draco se sentaba en la silla de su escritorio. Se fijo que la puerta que separaba su habitación de la de su hermano estaba abierta y se apresuró a cerrarla con llave. Se apoyó en la puerta y volvió a mirar a Draco. El rubio platino se había cambiado de ropa respecto a lo elegante que iba en el Callejón Diagon, esa noche llevaba unos vaqueros muy normales y una sudadera verde con el escudo de su casa, Slytherin. Kaisa pensó que estaba muy guapo con aquellos mechones cayéndole desenfadadamente por la frente y dándole un toque jovial. Se sintió un poco desnuda con su corto camisón de finos tirantes y se apresuró a abrazarse los brazos, sonrojada hasta la raíz del pelo.
-No has venido.-Volvió a repetir el rubio por segunda vez aquella noche.
Kaisa le miró a los ojos, y sí, había enfadado, pero también había un atisbo de… ¿dolor? ¿Le había dolido que no hubiera acudido a la dichosa cita? Kaisa sacó todo el valor que había escondido en ella y habló:
-¿De verdad pensaste que iba a acudir?-Preguntó con timidez. Sí, había sido valiente… pero no podía dejar de ser ella misma en tan poco tiempo, aunque iba a conseguirlo, era su meta del año.
Draco no dijo nada, solo le sostuvo la mirada con aquellos orbes grises que tenía por ojos y que eran tan peculiares. La joven no pudo evitar pensar que aquellos ojos la habían mirado siempre de una forma diferente, ¿o se equivocaba?
-Pensaba que eras diferente del resto.-Draco se levantó, como si estuviera dispuesto a irse tras aquella frase que descolocó a Kaisa.
-¿Diferente?-Repitió Kaisa, sin entender.- ¿Qué quieres decir?
-Siempre apartada, siempre sola… Te he observado a lo largo del curso. No tienes muchos amigos. Como yo.
-¡Ja! Tú siempre estás rodeado de gente, Malfoy…-Le atacó Kaisa.-Hoy mismo te he visto con todos tus amigos.
Draco hizo una mueca.
-Me llamo Draco, Evans.-Se defendió, acercándose peligrosamente a ella.
Kaisa se fijó en que le sacaba fácilmente una cabeza y tuvo que alzar la cabeza para seguir mirándole a los ojos.
-Estar rodeado de gente no significa que sean tus amigos.-Añadió.-Solo son una panda de imbéciles que me siguen por mi apellido… Puede que me haya labrado una reputación en Hogwarts, pero se queda allí en vacaciones. Aquí no quiero ser Malfoy, quiero ser solo Draco.
Kaisa alzó las cejas, sorprendida. ¿Veía vulnerabilidad en aquel chico que se comía el mundo en Hogwarts?
-¿Y dónde entro yo en todo eso?-Preguntó, confundida.-No entiendo… siempre nos hemos ignorado en Hogwarts, yo trataba de que mi hermano no se metiera en problemas contigo y tu… tú me ignorabas.
-No es del todo cierto… pensaba que podíamos ser amigos.-Draco soltó un suspiro y se pasó las manos por el cabello casi blanco.-Cuando te vi la otra noche… creí que podría ser una oportunidad para conocerte. La chica que siempre está sola en Hogwarts y que no está loca como Lovegood. La chica eclipsada por la fama de su hermano… La chica que se aleja de todos… como me gustaría alejarme a mí.
Kaisa tragó saliva, las palabras de Draco le habían tocado cierta fibra sensible y se sintió vulnerable. Cerró los ojos y respiró con profundidad, no iba a llorar delante de él, no iba a dejar que sus palabras se colaran en su interior y la destrozaran, era más fuerte de lo que todos pensaban. Las palabras podían herir como las espadas, y ella llevaba una armadura para protegerse de todas las que querían destrozarla.
Algo hizo clic dentro de ella.
-Y apareces en mi ventana… cuando mi hermano gemelo está en la misma casa y te odia… ¿piensas que así podríamos hacernos amigos? Vaya comienzo…-Kaisa bufó, cruzándose de brazos.-No puedes obligar a alguien a ser tu amigo con tus actos.
-No lo pretendo…
Kaisa negó con la cabeza.
-¿De verdad te pareció esto una buena idea?-Le preguntó, suspirando.
-No sabía cómo hablar contigo.
-Solo soy una chica, no un témpano de hielo. Si te hubieras acercado…
-Si me hubiera acercado te hubieras ido corriendo, no nos engañemos, Kaisa. O tu hermano me hubiera partido la cara.-La interrumpió Draco mirándola fijamente.-Sé mi reputación…
-A mí… a mi me da igual tu reputación.-Kaisa se encogió de hombros, no era realmente cierto, pero podía darle una oportunidad, ¿no?-No me importaría conocerte mejor… si dices que dejas atrás a ese Draco Malfoy narcisista, estúpido y… arrogante…
-…Gracias por la parte que me toca.
-… y yo podría aprender de ti a tener más confianza. Quiero dejar de ser la chica de la que hablas.
Aquello sorprendió a Draco, que no escondió el asombro en su rostro. La miró durante largos segundos y relajó el rostro de nuevo, asintiendo.
-Quid pro quo.
-Algo así.-Sonrió Kaisa. Se separó de la puerta y caminó hacia su cama, donde se sentó, cogiendo a Riki y poniéndosela en el regazo para acariciarla. En cuando su mano tocó el lomo de la gata empezó a ronronear.-Siéntate, empezaremos por conocernos mejor…-Le señaló la silla donde ya se había sentado y Draco no tardó en volver a sentarse.- ¿Quién empieza?
Draco se encogió de hombros.
-Quizá una pequeña presentación, ¿no te parece?
Kaisa asintió enérgicamente.
-Me llamo Kaisa Evans… tengo dieciséis años y en un hermano gemelo.
Durante varias horas, Draco y Kaisa perdieron la noción del tiempo y hablaron de sus vidas, conociéndose mejor de lo que uno podría esperar. La sorpresa los acompañó durante esos momentos, Draco no sabía que los gemelos Evans pasaban los veranos en Finlandia con la familia muggle de su madre y Kaisa no sabía que Draco tocaba el piano, algo que le gustó mucho saber.
-¿En serio te disfrazaste para que no te reconociera?-Preguntó Draco, con una sonrisa divertida en la cabeza.- ¿Y se creyeron que eras un chico?
Kaisa había dejado de sentirse incómoda mientras hablaba con Draco. Se sentía muy bien con él, podía contarle cosas que apenas había hablado con su hermano y eso le gustaba. ¿De verdad encontraría a su primer amigo en Draco Malfoy?
-Mi hermano puede ser muy convincente cuando quiere, y así se olvidó de mí.-Respondió Kaisa.-Le contamos que Kaisa había vuelto a Inglaterra y que yo era Karin, uno de sus primos. Me teñí el pelo y usé gafas de sol durante dos semanas.
-Espera, espera… ¿te teñiste el pelo e hiciste todo eso para que un chico te dejara en paz?
Kaisa hizo una mueca y asintió.
-Era muy persistente, ¿sabes? Y como a Kil le gustaba su hermana… pues no quería partirle la cara sin más, creía que ese sería su verano triunfal…-Kaisa se sonrojó-ya sabes, perder la virginidad… Yo acababa de cambiar… y no quería que nadie me atosigara con indirectas.
-¿Cambiar?-Preguntó a Draco, pero se dio cuenta de a lo que se refería la chica y se apresuró a añadir.-A veces es un coñazo llamar la atención de la gente… tengo a Pansy hasta en la sopa, es una plasta.
-Es una chica muy mona.
-Pero no me interesa, y más claro no se lo puedo decir.
-Oh, vaya…-La joven no pudo añadir nada más porque escucharon un golpe en la puerta que interrumpió la conversación.
-¿Kaisa?
Kaisa se levantó como un resorte, haciendo que Riki saltara grácilmente al suelo, y miró a Draco con miedo en los ojos.
-¿Kai?-La voz de su hermano era impaciente, trataba de abrir la puerta que unía sus habitaciones.- ¿Has cerrado con llave?
Draco se levantó de la silla y miró a Kaisa sin saber qué hacer.
-¡Escóndete debajo de la cama!-Le susurró Kaisa, señalándole la cama doble.
Draco no tardó en hacer lo sugerido y sus pies estaban terminando de esconderse bajo la cama cuando la voz de Kilian exclamó "Alohomora" y la puerta se abrió con brusquedad.
Kaisa se volvió hacia su hermano, muy nerviosa y pálida.
-¿Hablabas con alguien?-Kilian miró por encima del hombro de su hermana la habitación vacía.-Me ha parecido que lo hacías…
-Hablaba con Riki…-Y miró a la gata, que se había hecho un ovillo sobre su cama.- ¿Quieres algo?
-Isä acaba de llegar… le he dicho que no te encontrabas muy bien y me ha pedido que venga a echarte un ojo.
-Ahora bajo a verle.
Kilian se estiró y bostezó.
-Me voy a dar una ducha y a dormir, princesa.-La besó en la mejilla y se perdió en su habitación.
Kaisa esperó hasta que su hermano se encerrara en su baño y se apresuró a mirar bajo la cama, donde Draco estaba tumbado mirando el somier.
-Rápido… tienes que irte antes de que acaba en el baño.-Dijo en susurros. Draco asintió y salió arrastrándose sobre la moqueta.-Mi padre está abajo, ¿puedes salir por la ventana?
-Tengo mi escoba preparada.
-Genial.
Draco se encaramó a su escoba, que había permanecido levitando todo el tiempo que habían estado conversando en la habitación y que gracias a Merlín nadie había visto y miró a Kaisa.
-¿Podemos vernos mañana?-Preguntó.
Kaisa le sonrió y asintió.
-Y esta vez prometo no dejarte plantado.
-Lo agradezco.
-¿En el parque por la mañana?-Sugirió Kaisa.-Por la tarde tengo planes con mi hermano. Iré con Fin.
-De acuerdo. Gracias por darme una oportunidad, Kaisa… buenas noches.-Y la escoba se lanzó a la oscuridad.
Kaisa se mordió el labio inferior, pensando que aquello podía salir bien. Se había sentido cómoda en todo momento, la conversación había fluido de maravilla y aquel nuevo Draco que estaba conociendo le había caído muy bien. Incluso había sentido como la armadura que la rodeaba baja sus defensas para dejarle entrar, y era muy bueno. Si conseguía hacerlo con Draco, podría hacerlo con muchos más. Fantaseando con su nuevo amigo, no notó la presencia de su hermano tras ella.
-¿Qué haces?
Pegó un salto y se giró a ver a su hermano con el cabello mojado, sin camiseta y con unos pantalones cortos. Llevaba una toalla en la mano y se secaba el cabello trabajosamente.
-Hace mucho calor…-Se apresuró a contestar Kaisa.-Quería dejar entrar la brisa.
-¿Cómo estás de… lo tuyo?
-¿Lo mío?-Kaisa frunció el cejo sin entender.
-Ya sabes… lo tuyo.-Y Kilian le miró el vientre.
-¡Ah! Lo mío… falsa alarma, eran gases.-Mintió.
-¡Genial!-Kilian abrazó efusivamente a su hermana.-No me gustaría que se estropeara el plan que tenemos montado para la semana que viene por eso.
-Ni yo.-Dijo Kaisa entre los brazos de su hermano.
Kilian se separó y la besó de nuevo en la mejilla.
-Buenas noches, princesa.
-Buenas noches, Kil.
/
A la mañana siguiente, Kaisa no faltó a su cita con Draco. Se deshizo de Kilian fácilmente y con Fin a su lado, caminó hacia el parque donde Draco ya estaba allí esperando. Cuando el joven Slytherin la vio, una enorme sonrisa se dibujó en su rostro. Pasaron la mañana paseando por el parque y jugando con Finral. Antes del mediodía, se despidieron frente a la verja de la casa de los Evans y prometieron verse pronto. Draco le había dicho que tenía familia en casa y que no podría escaquearse como él quería, pero prometió que le avisaría para volver a verse.
Los días siguiente pasaron rápidamente. Draco y Kaisa se vieron en algunas ocasiones. La amistad que estaba creciendo entre los dos era atesoraba por ambos y de verdad que la disfrutaban. Cuando Kaisa estaba acompañada de Kilian y se encontraban a Draco, ya fuera en el barrio o en algún otro sitio, sabían fingir muy bien, pero no podía evitar que sus miradas se encontrasen, igual que alguna sonrisa esporádica. Por suerte, Kilian no sospechó nada en ningún momento y estaba contento porque casi todos habían confirmado asistencia a la fiesta que querían hacer en la piscina. Habían recibido respuesta por parte de Neville, Ron y su hermana, de Hermione, Kilian estuvo todo el día de muy buen humor cuando leyó la carta, aunque esta fuera para Kaisa. El único del que aún no tenían respuesta era Harry, algo que entristecía a Kaisa, pues pensaba que era una maravillosa oportunidad para conocer al chico y acercarse a él.
Tres días antes de que llegaran sus invitados, Kaisa pasó la tarde con su hermano y su padre, querían preparar las habitaciones que usarían sus amigos en unos días. Fueron de compras a Hogsmeade, donde había una tienda magnífica de ropa de cama. Kilian le pidió a su padre hacer una parada en la Tres Escobas y tomarse una cerveza de mantequilla, a lo que Christopher no dudó en aceptar. Estaban allí cuando vieron a Draco y su pandilla.
Kaisa le miró con una sonrisa y él se la devolvió cuando nadie miraba.
-Voy un momento al baño.-Kaisa se levantó de la mesa donde había estado cenando con su familia y al salir del baño se encontró a Draco.-Hola.
-Hola… Mañana puedo escaparme un rato por la mañana, si no tienes planes podemos vernos. ¿Vamos al parque?
-Ven a mi casa.-Sugirió Kaisa.-Mi padre y mi hermano van a estar fuera… Puedo hacer galletas si te apetece, me salen muy ricas… y tengo piscina.
Draco se sorprendió ante la invitación, pero asintió.
-Claro… envíame una lechuza cuando quieras que vaya.
-¡Eh, Kaisa!
Kaisa le dio la espalda a Draco, que se metió en el baño de hombres.
-Nos vamos, date prisa.-La apremió su hermano.
/
-¡Están realmente buenas!
Draco devoraba la galleta de chocolate que había cogido de la bandeja que había horneado Kaisa. Los dos se habían sentado en la mesa de la cocina y disfrutaban de un vaso de leche y las galletas.
-Gracias… me gusta mucho cocinar, mi Mummo… mi abuela, me enseñó a hacerlas.-Explicó Kaisa.-Es una gran cocinera, tuvo un restaurante durante cuarenta años y mucha gente iba desde diferente sitios para probar sus famosas galletas de chocolate.
-Lo entiendo perfectamente. En casa solo comemos lo que los elfos domésticos cocinan…
-Así no tenéis que limpiar luego la cocina. Mira que desastre…-Kaisa se levantó y empezó a recoger todos los utensilios sucios de cocina y a fregar como si nada.
Draco la sonrió, cada vez le gustaba más estar con ella, le daba igual el estatus de sangre, la casa a la que pertenecía en Hogwarts o su apellido. Kaisa era un soplo de aire fresco en aquellos oscuros días que estaba viviendo en casa, una chica corriente que escondía muchas cosas buenas que le atraían a querer saber más. Quería detener el tiempo para disfrutarlo a su lado… quizá podría llegar a sentir algo puro por aquella hermosa chica. Sin embargo, no quería pensar en eso, solo en conocerla y disfrutar el tiempo con ella.
Se levantó de la silla y se puso a su lado, ella le sonrió con aquel hermoso rostro redondo y esos ojos que le hipnotizaban e hizo algo que no había hecho nunca, se puso a fregar a su lado. Lo hizo con torpeza, pero ella le enseñó sin decir nada hiriente. Por eso le gustaba tanto, porque nunca quería herirle, las cosas entre ellos fluían. Sus manos se llenaron de espuma y sopló, llenando la cara de Kaisa de espuma blanca y ella rompió en carcajadas, música para sus oídos.
No supo cuando tiempo estuvieron jugando con la espuma, solo supo que odió la lechuza blanca que se coló por la ventana abierta de la cocina en cuanto la vio y la reconoció.
-¡Es Hedwig!-Exclamó Kaisa, apresurándose a secarse la manos en los pantalones y acercarse a la nívea lechuza.-Hola, preciosa…
La lechuza le entregó la cara y ella la miró emocionada.
-Acabo de recibir una carta de Harry Potter… Una carta… ¿será la confirmación?-Se apresuró a abrirla y la leyó rápidamente.-Por Merlín… Harry va a venir a mi casa…
Se sentó porque las piernas le flaquearon.
Draco la siguió y leyó por encima del hombro de la rubia la carta, frunciendo el ceño y sin entender absolutamente nada de lo que estaba ocurriendo en aquella cocina.
Queridos Kilian y Kaisa,
Gracias por pensar en mi para invitarme a vuestra nueva casa, será un placer pasar unos días con vosotros y salir de Privet Drive. Siento no haber confirmado antes, pero mis tíos son odiosos y… en fin, llegaré con los Weasley.
Nos vemos en unos días.
Harry Potter.
-¿El Cararajada va a venir a tu casa?-Preguntó.
Kaisa, que tenía la carta pegada a su pecho y miraba hacia la nada con una sonrisa soñadora, miró a Draco y frunció el cejo.
-Sí, Kilian y yo les hemos invitado a pasar un par de días aquí en casa. Van a venir Harry, los Weasley, Hermione…
-Una fiesta de leones.
Draco se sentó frente a ella y miró con pocos amigos a la lechuza blanca, que ladeó la cabeza y le observó con sus grandes ojos ambarinos.
-Si fueran otras las circunstancias, te invitaría también a venir a ti, Draco.-Explicó Kaisa.-Ahora eres mi amigo… y me encantaría poder hacer más cosas contigo.
-Sí, ser amigos secretos es una mierda.-Draco se levantó y cogió su chaqueta.-Será mejor que me vaya…
-¿Tan pronto?-Kaisa dejó la carta sobre la mesa y le siguió.-Pensé que podríamos…
Draco se detuvo de golpe y Kaisa se golpeó contra su espalda.
-Oye Kaisa, ¿te gusta Potter?
Kaisa se sonrojó.
-¿A qué viene esa pregunta?-Preguntó sin entender.-Es como si yo ahora te pregunto si te gusta Pansy Parkinston.
Draco puso los ojos en blanco.
-No, no es lo mismo… Te he dicho muchas veces que Pansy es una pesada y no quiero nada con ella. Sin embargo, esa carta que has recibido parece un tesoro.
-No sé si estoy preparada para hablar de este tema contigo, Draco… Preferiría no abordarlo todavía. No quiero que te molestes por ello.
-No lo hago, lo entiendo. Nos vemos otro día.-Draco abrió la puerta de la cocina y Kaisa le cogió del brazo.
-Draco…
El joven Malfoy se giró a mirar a la chica, le seguía tomando del brazo y tenía las mejillas levemente sonrojadas. No pudo evitar pensar que estaba adorable con el delantal sucio de chocolate, el cabello revuelto y las mejillas arreboladas. Todo el enfado que pudo haber tenido se esfumó ante esa imagen, como si nunca hubiera estado allí. ¿Cómo tenía ese poder sobre él?
-Me gusta Harry…
No iba a decir que no lo sospechara dado las evidencias, aún así le molestó bastante, y tuvo que ocultar, por primera vez desde que habían empezado su amistad, lo que sentía para que ella no le notase.
-Tienes un gusto pésimo, si me dejas añadir.-Draco cerró la puerta y lanzó la chaqueta de nuevo sobre la mesa.- ¿No te van los pelirrojos? Weasley me parece mejor partido… O incluso Longbottom…
-¡Draco!
-¿Él lo sabe?-Kaisa negó rotundamente, aún con las mejillas sonrosadas.
-Solo lo sabe Kilian… no tengo muchos amigos para contarles mis intimidades. Empezó a gustarme en cuarto… pasamos mucho tiempo juntos, y… bueno, siempre se ha portado muy bien conmigo, incluso cuando yo era…-No continuó la frase.-Un patito feo.
Draco la miró en silencio. "Ahora eres un majestuoso cisne."
-No sé por qué me emociono tanto… si seguro que no seré capaz de mirarle a los ojos.-Dijo Kaisa, para quitarle hierro al asunto, cogiendo una galleta y dándole un bocado.
-¿Por qué no?
-Es Harry Potter, nunca se fijaría en mí.
-No digas eso, cualquiera se moriría por estar contigo.
Kaisa le miró extrañada y Draco carraspeó.
-Que yo sepa, no tiene una larga lista de candidatas, en eso tienes suerte.
Kaisa se encogió de hombros, masticando la galleta.
-No sabría por donde empezar…
-Eso tiene fácil solución.
Kaisa le miró sin entender.
