Cada paso que dábamos, resonaba en toda la fortaleza, entre esto y el derrumbamiento de la entrada ya deberían saber que estábamos allí, pero ¿Cómo es que nadie venia a atacarnos? ¿Por qué no sonaba ni una sola alarma? No imaginaba que pretendían los rebeldes pero fuera lo que fuera seguro que no era nada bueno para nosotros.

Llegamos a una bifurcación de caminos, a la derecha y a la izquierda, - ¿qué camino seguimos?- preguntó el endeble. – Idiota, vamos a tomar el de la derecha- dijo Megan – Me ha parecido oír por allí un ruido, seguro que hay gente. Markel dio su opinión – pues yo quiero ir por la izquierda, seguro que por ese lado nos espera una trampa, piensa un poco- - Ya, ¿seguro que no quieres ir porque hay una trampa?- dijo Megan – yo creo que vas por allá, simplemente por hacer lo contrario de lo que yo digo. – Podría ser por eso – Contestó Markel- o porque simplemente, creo que tú siempre serás la estúpida que elegirá la dirección equivocada. – A... ¿con que crees que soy estúpida no? Dijo Megan, - No lo creo, lo afirmo, - le contestó socarronamente Markel.

La subteniente cogió el revólver y disparó a MarKel a la cabeza, el murió al instante.- ¿Pero se puede saber que has hecho? – grité con toda mi furia. ¡Se supone que no podemos matar a los de nuestro propio bando! ¡No tenemos permiso! ¿Lo sabías?-de pronto la miré , su cara reflejaba una expresión de pánico, pero no había sido producida por mis gritos sus ojos se dirigían a otro lugar. –lentamente me di la vuelta, un enorme perro de ojos amarillos , dientes afilados y con un pelo erizado negro nos observaba. Al volverme para decirles a mis compañeros que saliéramos de allí – Megan ya había huido.

De pronto algo tiró de mi hacia atrás evitando así que me atacara el perro negro que avanzaba en mi dirección. Había sido el endeble. El me había salvado la vida, había evitado que ese monstruo me atacara; que rabia me daba pensar que le debía mi vida, pero en ese momento no había tiempo para reflexiones. Cogí su mano y juntos corrimos como jamás lo hubiéramos pensado, rápidamente encontramos una puerta la cruzamos y la cerramos, al unísono emitimos un suspiro de alivio