Las Aventuras de John Smith y el Gran Lobo Feroz.
Por LittleSelene
Capítulo 3: Leyes del Tiempo
Disclaimer: Doctor Who no me pertenece, ni ninguno de sus personajes.
- ¡Planeta Tierra! ¡Sarajevo, Bosnia-Herzegovina! ¡25 de Octubre de 1995! A tiempo para el primer festival de cine de Sarajevo. ¡La ciudad se encuentra en sitio, en medio de la guerra por la Independencia de Bosnia, pero el día de hoy todo eso será olvidado y más de quince mil personas se reunirán a ver treinta y siete películas de quince países diferentes! Lástima que el premio "Corazón de Sarajevo" no se dará hasta el año próximo… ¡Y nosotros, John Smith, tenemos asientos en primera fila! – Dijo Rose emocionada, mostrándole el trozo de papel "un tanto psíquico".
- Oh, te crees tan impresionante. – Ella le miro con burla.
- Yo, John Smith, SOY tan impresionante, como te darás cuenta. – Él no pudo sino admirar a esta mujer, alien, frente a sí.
- ¿Sarajevo, 1995? ¿En serio?
- Al otro lado de estas puertas, John, todo un nuevo mundo. – Él sonrió y le ofreció su brazo de manera caballeresca.
- Bien, señorita Wolfe, ¿me haría el favor de ser mi acompañante?
- Cómo no, señor Smith. – Juntos caminaron tomados del brazo a través del portal, hacia lo que parecía ser una calle abarrotada de gente observando alguna especie de desfile. Nadie parecía haber notada la súbita aparición de la TARDIS en un pequeño callejón en medio de dos edificios.
- Wow, hay bastante gente reunida, ¿no? – John dio un par de pasos hacia la calle, mientras que Rose se retrasó un poco.
- Espera… Algo no está bien…
- ¿Algo como qué? – Él la miró curioso.
- La fecha… No creo que sea 25 de Octubre… Es más como Junio…
- ¿Pero entonces por qué se encuentra toda esta gente reunida? El festival del cine no puede haber durado tanto, ¿no? – John se adelantó para investigar el motivo de la alta congregación de personas y alcanzó a atisbar unos autos acercándose por la calle, escoltados por algunos militares. Bueno, definitivamente esos autos no lucían como de finales del siglo XX, sino mucho más cercano al principio. – Eh, Rose. Creo que te has equivocado en el año también. – Rio él. Ella frunció el ceño y entrecerró los ojos, concentrándose.
- Podría ser… Mmm… 1914 si no estoy mal… La TARDIS sí que ha fallado la fecha esta vez. – Intentó reírse de la situación, aunque algo la incomodaba profundamente. – Finales de Junio… - Entonces algo pareció encajar en su cabeza. – El desfile en Sarajevo… - Inmediatamente ahogó un quejido. – 28 de Junio, debemos volver.
Fue justo en ese momento cuando John divisó un hombre sospechoso haciéndose paso entre la multitud, iba vestido con ropa de la época en colores oscuros y en la mano, semi oculta, llevaba lo que John reconoció inmediatamente como una granada. Rose se apresuró a mirar el reloj en su muñeca, el cual se adaptaba inmediatamente a la hora de cualquiera lugar en el que se encontrase y sus ojos se abrieron como platos al ver la hora: la diez con diez minutos, la hora exacta del atentado con la bomba.
- ¡John, no!
Pero ya era demasiado tarde. Justo en el momento en que terrorista de nombre Nedeljko Čabrinovic alcanzó la primera fila de espectadores e inclinó su cuerpo para lanzar la granada, John se lanzó contra él en un intento por taclearlo fuera del camino. El golpe hizo que la trayectoria del misil lanzado por Čabrinovic se desviara, golpeando el capó del auto descapotable en el cual iban el archiduque Franz Ferdinard y su esposa Sophie y rebotando hacia la parte inferior del coche inmediatamente delante de ellos.
Rose de adelantó inmediatamente, tomó fuertemente a John de uno de sus brazos y lo aventó contra el callejón en el cual habían aparcado la TARDIS, dejándolo caer bruscamente en el suelo. Ella se apresuró en lanzarse sobre su cuerpo justo en el momento que la bomba explotó. La conmoción fue inmediata, gritos de parte de las víctimas y de los espectadores del atentado en contra la vida del archiduque, a John le tomó cerca de un minuto reponerse de la caída y el remezón del la explosión, sólo para encontrarse siendo fuertemente golpeado contra una de las paredes del callejón por una extremadamente furiosa Rose, quien lo miraba con sus ojos azules como dagas.
- ¡¿Qué crees que haces, estúpido?! – Volvió a zarandearlo con fuerza antes de alejarse a entrever la situación, para ese entonces Čabrinovic ya se había alejado de la escena, dispuesto a ejecutar su intento de suicido en el río Miljacka. Los oficiales militares intentaban asegurar la seguridad de los duques y los heridos comenzaron a ser examinados y trasladados. - ¡Maldita sea! ¡Acabas de impedir el asesinato del archiduque austrohúngaro! – John le miró sorprendido.
- Pero yo… ¿Qué…?
- El día de hoy, 28 de Junio de 1914, el Archiduque Franz Ferdinard y su esposa Sophie son asesinados en un atentado con una bomba en Sarajevo, es lo que da inicio a la Primera Guerra Mundial, John. ¡Acabas de impedir la jodida Primera Guerra Mundial!
- ¡¿Pero no es eso algo bueno?! ¡Millones de personas murieron en esa guerra!
- ¡No es así como funciona esto! ¡No puedes cambiar la historia así nada más! ¡No puedes sólo impedir que alguien muera! ¡No es así!
- ¡Es lo que tú siempre haces! – Le gritó él exasperado.
- ¡Yo soy una Time Lord! ¡Yo sé lo que hago! ¡Ustedes, estúpidos primates, no comprenden el tiempo ni sus leyes! ¡NO sabes lo que acabas de hacer! – John le miró sin comprender, perdiendo la paciencia y sintiéndose un tanto ofendido ante su actuar. – El que esta guerra ocurriera causó la muerte de cerca de nueve millones de personas John, ¡pero si no ocurre el universo entero podría colapsar!
- ¡¿Qué?! – Rose bufó con exasperación y lo tomó fuertemente del brazo, empujándolo dentro de la TARDIS.
- Siéntate. Es hora que aprendas algo importante. – Él tomó asiento sin muchas ganas y ella se paró frente a él con los brazos cruzados. – Piensa en el tiempo como un tapete John, un gran tapete creado por múltiples hebras que son las líneas de tiempo de distintas personas.
- Eso es griego, ¿no? – Ella le miró molesta.
- Eso es Time Lord. Ahora escucha, sabelotodo. Las líneas de tiempo de diferentes seres se juntan formando secciones del tapete que llamamos eventos, hay eventos mayores y menores así como líneas de tiempo largas y cortas y algunas más importantes que otras, relacionadas con más eventos importantes. – Rose comenzó a pasearse por la sala de control inquieta. – En general uno puede cambiar o incluso quitar o colocar una hebra nueva en el tapete sin producir un cambio mayor en el total de este, pero algunas hebras y algunos eventos son demasiado importantes… Piénsalo como que el tapete no flota, está colocado en una pared y para ello requiere puntos de apoyo, eventos fijos en el tiempo, para no caerse. Si tú cambias o destruyes uno de los puntos de apoyo, deformas el tapete completo o una gran parte, queda "flojo" en un punto, lo que puede hacer que se vaya descolgando de alrededor o que simplemente quede para siempre "mal" en todo alrededor de ese sector. – John le miró boquiabierto.
- ¿Y la Primera Guerra Mundial…?
- La Primera Guerra Mundial, en la Tierra, es uno de los puntos fijos más importantes de la historia John… Tómalo como uno de los puntos de apoyo de las esquinas superiores… si se suelta esa esquina, es probable que el propio peso del tapete suelto empuje todo hacia abajo, literalmente destruyendo la historia y sacándola de balance.
- Oh Dios…
- ¿Ahora entiendes lo que acabas de hacer, John? – Él asintió lentamente, el terror reflejado en su mirada.
- ¿Qué hacemos? ¿Cómo arreglamos esto? – Rose respiró profundamente y volvió a fruncir el ceño.
- La guerra comenzó porque el archiduque fue asesinado por terroristas serbios en Sarajevo, John. En primera instancia habría sido esa bomba pero ahora lo has impedido. Debemos… Crear las circunstancias para que los terroristas asesinen al archiduque, hoy y aquí.
- ¡¿Qué…?! ¡Pero eso es como si lo asesinásemos nosotros! – Rose le miró molesta.
- De eso se trata lo que hacemos John. A veces salvamos vidas, a veces nos encargamos de terminarlas. Lo hacemos por el bien mayor. – Él no pudo más que asentir en silencio.
Rose se acercó a John, el cual se encontraba sentado en un café no demasiado lejos del sitio del atentado, el cual se encontraba acordonado y rodeado de oficiales policiales.
- Bien. – Ella volvió a mirar su reloj con impaciencia. – Son las 10:29. El archiduque y su esposa se encuentran en el ayuntamiento junto con el Alcalde Curcic en algún tipo de recepción. Han cancelado el resto de su agenda para el día y planean ir al hospital a visitar a las víctimas del atentado con la bomba. Estarán subiendo al coche en cerca de quince minutos y seguirán derecho por los embarcaderos hasta el hospital, para evitar la conmoción en el centro de la ciudad. Creo que tendremos que dividirnos.
- ¿Qué… Que debo hacer? – Dijo él vacilante.
- Dirígete al ayuntamiento, debes llegar ahí antes de que aborden el coche y conseguir hablar con el coronel Dragutin Dimitrijević, jefe de la Inteligencia Militar Serbia y líder de la Mano Negra, la fracción que organizó el ataque. Convéncelo de mantener el curso original del coche a través del centro de la ciudad.
- ¿Cómo haré eso? – Rose buscó entre sus bolsillos y le entregó el papel psíquico.
- Ten. Hazte pasar por un miembro de la Mano Negra, no lo sé, pero logra mantener el curso del vehículo a toda costa.
- Bien, ¿qué harás tú?
- Encontraré a alguno de los militantes de la Mano Negra que quedan y le daré tanto la oportunidad, como el modo para cometer el delito. – Dijo ella sacando una pistola de aspecto antiguo de uno de sus bolsillos. – Una pistola semiautomática calibre nueve milímetros y la distancia necesaria al coche debieran ser suficientes. – Afirmó con una mirada triste. – Ahorra apresúrate, es casi un kilómetro hasta el ayuntamiento.
John asintió y comenzó a correr de inmediato, intentando idear en su mente una manera de convencer a un hombre completamente desconocido de cómo acabar con la vida de uno de los hombres más influyentes del mundo, e intentando no olvidar la lista de nombres y descripciones que Rose le diera con anterioridad.
Cinco minutos más tarde John se encontraba jadeando frente a las puertas del ayuntamiento, abarrotadas de prensa y público reunidos en torno al edificio, rápidamente sacó el papel psíquico y se armó paso hacia el interior.
- Lo siento, caballero. La entrada al público no se encuentra permitida en este momento. – John se apresuró en enseñar el papel, con la esperanza de que mostrase algo lo suficientemente bueno como para permitirle la entrada. – Oh, cuánto lo siento, señor Wolfe. Adelante por favor. Le aseguro que el archiduque se encuentra en perfecta salud, pero supongo que querrá asegurarse usted mismo. – Mientras se le habría paso a través de la multitud y de las puertas principales John dio una ojeada al papel psíquico; 'Dr. John Wolfe. Médico de cabecera de la familia real Habsburgo', el papel contaba con su propia fotografía y una serie de sellos de apariencia oficial.
- 'Wolfe, ¿eh?' – Pensó John, sonrojándose levemente, entonces negó con fuerza, no era momento para pensar en esas cosas. Probablemente ninguno fuera el momento para pensar en eso realmente…
Una vez dentro del recinto no tardó en deshacerse del guardia, bajo el pretexto de poder encontrar el camino y de la necesidad de mantener la más alta seguridad en los alrededor del archiduque, luego de lo cual caminó con paso seguro hacia la habitación en la cual se llevaba a cabo el discurso del alcalde Curcic. No tardó en divisar a quien estaba bastante seguro de ser Dimitrijević entre los asistentes y se abrió paso hacia él lo más disimuladamente que pudo.
- ¿Me permite un momento, señor Dimitrijević? – Él hombre le miró con sospecha.
- Me encuentro un tanto ocupado en este momento, señor…
- Wolfe. Y creo que le interesará lo que tengo que decirle. – John le pasó disimuladamente el papel psíquico, esperando que mostrase la información necesaria. Dimitrijević abrió un tanto los ojos con sorpresa y le devolvió el documento.
- Sígame, por favor. – Juntos caminaron fuera de la habitación y el hombre le guio por un par de pasillos hacia una habitación vacía. Inmediatamente aseguró la puerta, corrió las cortinas y le miró expectante. - ¿Cuál es la situación?
- Mi contacto se encuentra en este momento intentando dar con Mehmedbašić, Čubrilović, Popović, Princip y Grabež. - Dijo John, esperando haber recordado correctamente los nombres. - Creemos que aún hay una oportunidad de perpetuar el ataque, pero es necesario que el recorrido del auto del archiduque se mantenga como en un inicio, por el centro de la ciudad. – Dimitrijević le miró fijamente por un momento. – Es necesario desviarlos de la nueva ruta decidida.
- ¿Tu contacto? ¿Cuál es su nombre? Tampoco creo haber oído hablar de ti con anterioridad. – John chaqueó la lengua con exasperación.
- Cambiamos de nombre con regularidad. Lo importante es que apoyamos la causa de la Gran Serbia y que esta es nuestra última oportunidad. Si el archiduque deja la ciudad no volverá a ser expuesto a una situación de este tipo. – Dimitrijević pareció meditar durante unos momentos, finalmente asintió.
- Me encargaré del recorrido del vehículo. Reúnete con tu contacto, cualquiera de los que has mencionado estará completamente dispuesto a perpetrar el ataque, sólo debemos darles la oportunidad. – El hombre apretó su mano con firmeza. – Por la Gran Serbia.
- Por la Gran Serbia. – John esperó a encontrarse fuera del ayuntamiento y de la vista de la muchedumbre antes de dejar escapar un fuerte suspiro y apoyarse contra una pared cercana con alivio. Ahora sólo quedaba revisar que las cosas siguieran el plan.
Bastaba con encontrar a uno de los cinco terroristas para que el plan se pusiera en marcha, pero hacerlo en medio de la muchedumbre reunida ese día en las calles de Sarajevo no parecía tarea fácil. Así que Rose se retiró rápidamente de vuelta a la TARDIS, preparada para usar la tecnología que fuese necesaria en su misión.
Una vez en el interior de la TARDIS se apresuró al panel de control y comenzó a ingresar la información necesaria para hacer un rastreo de los cinco hombres en las cercanías. La TARDIS mantenía una buena base de datos sobre gran cantidad de los delincuentes más importantes de la historia. Cuatro de los cinco hombres se encontraban en la base de datos y dos de ellos a distancia suficiente para ser captados por los radares de la TARDIS.
- Perfecto. – Rose analizó los datos de ambos terroristas, uno de ellos era aún menor de edad y por tanto no encararía una pena de muerte por el crimen. A veces odiaba ser quién tuviese que tomar las decisiones difíciles. Sin nada más que decir, se aseguró de llevar el arma y se dirigió hacia la tienda "Schiller's Delicatessen" a encontrarse con Gavrilo Princip.
Durante el par de cuadras que separaban el sitio en el cual habían aparcado la TARDIS de la esquina en la cual se encontraba la tienda, no pudo evitar notar un fuerte sabor a bilis en la boca al pensar en lo que se encontraba por hacer. Incluso si la bomba hubiese sido exitosa, como debió haber sido, él habría sido atrapado antes de dejar la ciudad y enfrentado unos veinte años de cárcel por participar en la conspiración, intentó recordarse.
Al ingresar a la tienda no tardó en reconocer al chico al que buscaba y se acercó disimuladamente hacia él.
- Hey, Gavrilo. – El joven se volteó a mirarla sorprendido, y ella se apresuró en hacerle un gesto para que permaneciera callado. – Apis te envía un paquete. – Los ojos de él se abrieron como platos al oír el nombre clave del líder de la Mano Negra y recibió en sus manos el arma envuelta en papel madera, bajo su tacto reconoció inmediatamente de qué se trataba. – Debes mantenerte aquí mismo hasta que el vehículo entre en tu línea de visión, Gavrilo. – Él asintió en silencio, temblando ligeramente ante alguna emoción no reconocida por ella. – Por Yugoslavia.
- Por ser libres de Austria. – Fue su respuesta, mientras que se alejaba de ella y fingía interés en algunos de los productos en el aparador.
Rose y John se encontraron en la esquina del puente Latino, a tiempo para ver el coche con el archiduque doblar camino al centro de la ciudad, tan como era necesario para que su plan funcionase. Rose tomó la mano de él entre la suya con fuerza, intentando asegurarle que todo saldría bien, aún en cuanto ella no se encontrase tan segura de ello.
Ambos vieron como el coche se detenía e intentaba maniobrar para volver hacia el camino costero, pero para ese entonces Princip ya los había visto y rápidamente salía de la tienda de comida.
Rose sacó su destornillador sónico de uno de sus bolsillos y lo apuntó hacia el automóvil, al cual se le detuvo repentinamente el motor en medio de la maniobra.
Fue en ese momento cuando se oyeron dos disparos, perpetuados a cerca de cinco metros del automóvil e inmediatamente la conmoción los rodeó.
- Ya está. – Rose suspiró con pesadez y comenzó a arrastrar a un silencioso John por el camino costero hacia el callejón en donde se encontraba la TARDIS. – El archiduque Franz Ferdinard y su esposa Sophie, junto con su hijo no nato morirán hoy en menos de media hora y la línea de tiempo será restaurada. Gavrilo Princip será arrestado y juzgado por el asesinato, junto con muchos otros que participaron de la conspiración, incluyendo al hombre que lanzó la granada que desviaste.
John apuró el paso y una vez dentro de la TARDIS se dejó caer en el asiento con pesadez.
- Así que lo hemos arreglado supongo pero… Fui yo quien lo arruinó en un inicio, ¿no? – Él suspiró con cansancio y pesar. - ¿Qué harás conmigo ahora, llevarme de vuelta a casa? – Rose se dejó caer en el suelo junto a él y miró distraídamente hacia la bóveda.
- Quizás debiera hacerlo, ¿no? – Él pudo sentir un gran nudo formarse en su estómago. Ella suspiró. – Pero en el fondo tan sólo querías ayudar. – John la miró sorprendido. – También he cometido errores en el pasado, John, algunos probablemente aún peores que esto, y he pagado por ellos. Creo que tener que corregir el evento… Tener que acabar con las vidas de esas personas nosotros mismos… Es castigo suficiente. Y creo que has aprendido tu lección, ¿no? – Él asintió lentamente y luego dejó su mirada clavada en el piso.
- No… No pensé que esto fuera tan difícil… Que a veces debieses ver a gente sufrir y morir y no pudieses hacer nada por ello… Debe ser difícil. – Ella asintió distraída.
- Lo es. Pero al menos yo intento ayudar cuando sé que puedo hacerlo… Mi gente… Ellos eran diferentes. Nunca aprobaron mi manera de ver las cosas y de involucrarme con la historia.
Ambos permanecieron en silencio por largos minutos hasta que Rose se puso de pie y comenzó la secuencia de desmaterialización.
- De vuelta al vortex entonces, supongo que nos merecemos un descanso luego de esto.
- Ajá. – Ella observó con algo de pena el desánimo de John y entonces pareció recordar algo.
- ¿Pero sabes? Esa bomba que desviaste… Al caer bajo el automóvil situado delante del donde iba el archiduque se bloqueó un tanto la explosión. Cerca de treinta personas resultaron heridas en los alrededores pero nadie murió. En el atentado real murieron al menos diez personas además del duque y su esposa, incluyendo al alcalde Curcic, al jefe de la policía de Sarajevo, el gobernador Potiorek y el conde Franz von Harrach. – John le miró sorprendido. – En realidad John, quizás no fuiste capaz de impedir la guerra, pero salvaste al menos diez vidas que no estaban conectadas con el evento fijo en el tiempo y que pudieron seguir adelante desde ese punto. Les has regalado AÑOS para seguir viviendo, guerra o no.
John no pudo evitar sino sonreír ante la afirmación de Rose.
- Gracias. Supongo que… Después de todo ha valido la pena, ¿no? – Ella le miró con firmeza y sonrió.
- Salvar una vida siempre vale la pena John… Aunque a veces rompamos algunas reglas en el intertanto… Nunca he sido una gran fanática de las reglas de todas formas. – Ella le sonrió. - Nunca te arrepientas de ello.
- No lo haré. Gracias. – Le contestó él sonriéndole.
Después de todo aún quedaban muchas aventuras por seguir, y muchas más vidas por salvar. Y juntos, seguro disfrutarían de ello.
Nota de la Autora: ¡Hola! ¡Uff! Escribir este capítulo me tomó mucho más trabajo del que creí posible… Creo que nunca me había esforzado tanto en algo de este estilo. Quería que quedara lo mejor en cuanto a los temas históricos y realmente investigué mucho al respecto, sobre la ciudad, sobre los involucrados, ¡sobre distancias incluso! Espero que puedan disfrutarlo mucho pero no sé si volveré a hacer un capítulo de este estilo en un buen tiempo. ¡Gracias por leer!
