Nos encontrábamos en una habitación oscura tan solo unas finas líneas de luz se filtraban a través de unas grietas .Aparentemente no se observaba nada pero algo se movió en una esquina del cuarto. Pude ver el cuerpo de la subteniente hecho un ovillo por el miedo; aprovechando que no se había percatado de nuestra presencia fui hacia ella y le di una fuerte patada en todas las costillas -¿qué te pasa?-la dije -¿no tenías agallas para enfrentarte a ese perro? ¿Quién es ahora cobarde? – Seguro que Evard hizo lo mismo - , dijo Megan, supuse que ese era el nombre del endeble- pues que sepas – dije – que Evard ha evitado que esa bestia me atacase, además crees que echándole la culpa a otro serás más valiente. No eres más que una estúpida-.
Todo lo que ocurrió a continuación fue demasiado rápido. Megan sacó un cuchillo de su bota e intentó clavármelo cuando vio que me giraba. Algo se lo impidió. Fue el cuerpo de Evard. Se había interpuesto entre el arma y yo. Me había salvado otra vez, pero el hacerlo le supuso su vida. Sus últimas palabras fueron – Tú eres la única capaz de cumplir esta misión, por favor hazlo. Tras esto su cabeza se golpeó contra el suelo. Enfurecida me abalance sobre la subteniente, cogí mi metralleta y la disparé dentro de su boca.
Estos han sido los hechos que han llevado a que me encuentre sola, en esta habitación. ¿Qué es eso? ¿Quién anda ahí? Me parece oír una puerta chirriando. Miro al frente, la puerta está abierta.
Creo ver una silueta grande tras ella, pero la luz que ha entrado al abrirse me deslumbra y no la identifico con claridad. Lo siguiente que noto es un pinchazo en la sien. Me la palpo con la mano, noto al tacto un dardo, todo se nubla creo que me duermo.
Acabo de volver a abrir los ojos, estoy sentada en lo que parece una silla de madera y mis manos están atadas, chillo, no me sale ningún grito, un trapo cubre mi boca.
