-No queremos que chilles- dice una voz masculina en medio de la sala – Si lo haces no serás capaz de escuchar lo que tenemos que decirte, y es importante que esto lo entiendas- Miro hacia todos los lados, pero no consigo encontrar la procedencia de la voz. –Os hemos observado desde que entrasteis en el recinto, tú y tu equipo. No os hemos quitado la vista ni un instante. ¿Te has dado cuenta que desde que llegasteis solo peleasteis? ¿Que cada vez que no estabais de acuerdo intentabais imponer vuestra opinión por la fuerza? ¿Qué habéis conseguido? Lo único que habéis hecho ha sido mataros lo unos a los otros. Nosotros, ni si quiera hemos tenido que atacaros.

Acabo de conseguir arrancarme la mordaza, interrumpo a la voz.- ¿Cómo que no nos atacasteis? Nos enviasteis a ese agresivo perro deforme. - -El no iba a atacaros- me responde – Seguramente él sea menos agresivo que tú. ¿Acaso le has dado una oportunidad? no, simplemente le juzgaste por su aspecto, pero no solo has hecho eso con nuestro perro también lo hiciste con tu propio compañero Evard. No se merecía morir así.-

En eso la voz tiene razón, le infravaloré, le juzgué antes de ver sus capacidades. Todas estas palabras me están haciendo reflexionar. Empezamos la misión con rabia y violencia, eso hizo que fracasáramos. Nos hemos matado entre nosotros. Ellos han vencido y lo peor de todo es que para hacerlo no han movido ni un dedo. La violencia solo ha producido más de sí misma, ahora estoy arrepentida.

Necesitamos tu ayuda-, vuelve a hablar la voz- acabas de comprobar que la violencia no lleva a nada. Necesitamos que este pensamiento se trasmita por todo el mundo, y solo Tú con tu rango de Teniente, eres la única que tiene la oportunidad de poder llegar a inculcarlo dentro del ejército. No tengas miedo, no permitiremos que el gobierno te haga daño otra vez. No dejaremos que te vuelvan a quemar. Melisa, por favor, ¿estás dispuesta a ayudarnos?- SI, LO ESTOY.