Tengo una semana en el club Glee y he notado dos cosas. Primero, Hudson está raro, distante y un poco aprensivo conmigo. Creo que quiere decirme algo pero no se anima, aunque sé que al final lo hará. Hudson no es de esos tipos que se quedan callados mucho tiempo, y cuando lo hace termina mal, muy mal. Y la segunda cosa que he notado es que esto de verdad es difícil. Entre la escuela, los entrenamientos y los ensayos con el coro estoy molido. Pero también muy satisfecho, las cosas están resultando mejor de lo que pensé.

Estoy entablando amistades con los chicos del Glee. Por lo menos todos los hombres parecen ya no tener mucho problema conmigo. Hasta Artie empieza a tenerme confianza. Si mi papá algún día llegara a enterarse de que le lancé un granizado a un chico en silla de ruedas seguramente terminaría en el hospital con ambas piernas fracturadas.

Antes de salir del armario era un desgraciado.

—Hey, chicos.

—Señor Schuester, tengo una gran idea para…

—Calma, calma, Rachel. Sé que todos ustedes piensan en lo que sucedió en las Nacionales y que quieren trabajar duro para ganar este año pero tenemos que empezar poco a poco. Por eso, para calentar un poco las cosas e incluir a los nuevos miembros del coro en nuestras actividades, esta semana su asignación serán duetos.

—¿Cómo cada año? Señor Schu, nos estamos volviendo viejos.

Esa chica, Mercedes, tiene pelotas. Es de admirarse la actitud de la morena y, la verdad, la idea de hacer un dueto no me agrada mucho.

—Bueno, es que ahora tendremos una nueva dinámica. El primer año que hicimos los duetos se dejamos que la suerte los formara y este año será igual.

El señor Schuester está poniendo un sombrero negro sobre el piano.

— La suerte decidirá su destino y… también su canción.Y coloca otro sombrero negro en el piano.

— ¡Qué? ¡Usted nos dará la canción? Eso no es muy justo, señor Schu.

Es la primera vez que escucho hablar a Santana López desde que estoy aquí. A pesar de que ella casi me obligó a salir no le guardo ningún rencor.

—Demonios, señor Schu, ella tiene razón. No quiero ofenderlo ni nada pero sus gustos son… viejos.

Puckerman lanza y encesta pero el señor Schuester sólo se sonroja un poco y sonríe.

—Lo sé, chicos, pero en el sombrero hay de todo, desde Lady Gaga hasta canciones de musicales como Rent. Tomen esto como un reto, ¿ok? Nosotros siempre vamos a lo seguro, la canción que nos gusta, la armonía que nos queda bien o la música que nos hace lucir bien.

—De eso se trata, ¿no? ¿Para qué vamos a cantar algo que no nos venga?

Esa es una excelente pregunta de la asiática, ¿cómo es que se llama? ¿Tina? Una chica agradable cuando no está pegada como una lapa a Mike Chang.

—Sí, Tina, pero también se trata de tomar riesgos. Se trata de salir de nuestra zona de confort y probar nuestros límites. ¡Vamos, chicos, será divertido!

Hudson ha sido el primero en ponerse de pie y tomar un nombre del primer sombrero.

—Lauren Zizes.

Hudson sonríe y Puckerman casi se rompe las cervicales para voltear y ver la reacción de la chica. Había escuchado de hombres que tenían preferencia por las chicas llenitas pero Puckerman se paso tres pueblos. Lauren Zizes es una luchadora de grecorromana que podría partirme la cara sin siquiera esforzarse. Aunque debo admitir que es una mujer impresionantemente segura. Tal vez sea eso lo que Puckerman ve en ella. Todos buscamos un poco de seguridad.

— ¿Y la canción Finn?

Hudson duda un segundo y luego mete la mano en el sombrero de la música.

Angels, de Robbie Williams.

Se ha encogido de hombros. Creo que está sorprendido. Yo mismo no sé que esperar. Hudson ya marcó la pauta, así que me pongo de pie. El señor Schuester me sonríe afable. Tomo primero la música; el orden de los factores no altera el producto, ¿cierto?

I'll cover you.

Kurt gruñe, su príncipe encantador niega rendido y Rachel Berry hace otra vez ese sonido estrangulado que tanto me molesta. No tengo ni idea del porqué de sus reacciones. En mi vida he escuchado esta canción; es más, ni siquiera sé de donde la sacó el señor Schuester. Tomo ahora un papel del sombrero de los nombres y lo leo antes de hablar. La expresión el destino es una perra resuena en mi cabeza. No me puede estar pasando esto a mí.

— Kurt Hummel.

El silencio se extiende por el salón. Estoy tentado a doblar este papel y tomar otro. Incluso preferiría hacer un dueto con el chico bonito de su novio, pero no con Hummel. Es demasiada tortura. Antes siquiera de que alguien le pregunte, Kurt habla.

—Está bien. No tengo problema.

Está vez es el turno de Encantador para casi fracturarse las cervicales.

La selección de canciones y compañeros continúa sin sobresaltos pero yo aun estoy en shock. Obviamente, tarde o temprano tenía que trabajar con Hummel, estamos en un coro escolar, pero nunca pensé que tendría que hacer un dueto con él, y menos con una canción que jamás he escuchado en mi vida pero que por el titulo debe ser bastante mimosa. No, no, no. Esto es demasiado. El señor Schuester debe detener la masacre.

El ensayo con el coro termina. Espero a que todos salgan para hablar con el señor Schuester.

—Profesor.

— ¿Sí, Dave?

—Creo que es mejor que me cambie de pareja en este dueto. Yo podría trabajar con Quinn y el novio de Hummel con él.

— ¿Por qué? ¿No te sientes cómodo con Kurt?

—Es que… Yo… Mire, la verdad es que no quiero molestarlo y por lo que escuché la canción que me tocó es de una obra musical muy al estilo de Kurt y… El señor Schuester hace un mohín de diversión.

—Relájate, Dave—dice mientras palmea mi hombro derecho —. La música es del estilo de Kurt y para nada del tuyo. El reto para él será sobreponerse a su pareja. Y además creo que es importante para la integración del equipo que todos ustedes estén bien entre sí. Te disculpaste con él, ¿cierto?

—Sí, yo lo hice, pero…

—Nada. Todo este año trabajaran juntos y harán cosas geniales. Es momento de darle vuelta a la página. Toma este dueto como eso, como el último paso, ¿ok?

Asiento, no me queda otra cosa que hacer.

—Ahora vete a los vestuarios o llegarás tarde para la práctica de futbol.

Camino hasta los vestidores un poco más tranquilo. Kurt no ha dicho nada por hacer un dueto conmigo. Tal vez Encantador no está muy conforme, pero que se joda. Él tiene los besos de Kurt y sus caricias y yo sólo la oportunidad de hacer un miserable dueto con él así que, ¿quién termina ganando? Pues el chico bonito, el niño perfecto, el príncipe encantador.

—Hey, Hudson.

Finn está terminando de colocarse el jersey rojo de McKinley. Me sorprende cuando me voltea a ver con ojos de escopeta.

—Te lo diré una vez, Karofsky. Aléjate de Kurt.

— ¡Qué?

Por primera vez en mucho tiempo no había motivo para la reacción de Hudson

—Yo no le he hecho nada a tu hermanastro.

—Mira, si te uniste a Glee sólo para molestar a Kurt es mejor que vayas renunciando. No pienso permitir que…

—Un momento, un momento. Yo no me uní a Glee para molestar a nadie. Y a Kurt ni siquiera me le acerco. De no haber sido por esto del dueto eso seguiría así.

— ¡Vamos, Karofsky! Primero la canción de la semana pasada y ahora esto. ¿Qué quieres que piense?

—Tranquilo, hombre. Lo del dueto no fue cosa mía, ¿ok

Hudson parece reconsiderar sus palabras y notar lo estúpidas que se escuchan.

— Y lo de la semana pasada fue… Bueno… ¿A quién engaño? Hudson se merece que sea sincero.

—Kurt me ha gustado desde primer grado.

Finn boquea un poco. Está sin palabras ante mi honestidad.

—Pero ese no es el motivo por el que quise entrar en Glee. Sólo lo miré para…, para inspirarme, ¿sí? Quería impresionar al señor Schuester y a ustedes y la mejor forma de hacerlo era echando mano de lo que —bajo la mirada avergonzado. Puede que ahora esté feliz con mi sexualidad pero aun tengo problemas admitiendo que estoy enamorado de otro hombre. Porque Kurt Hummel no es sólo alguien que me gusta —siento —lo digo en voz baja —por Kurt.

Finn parece recuperar el habla después de eso.

—Tú… Tú estás…

Asiento viéndole a los ojos. Hudson abre la boca desconcertado y luego continúa: — ¿Y no piensas hacer nada?

—No, no pienso hacer nada. Te doy mi palabra de que la canción de la semana pasada no fue un movimiento de mi parte. Sé que Kurt es feliz con su niño bonito y Encantador es bueno para él. Jamás me interpondría.

—Amigo, de verdad estás… Tú lo… ¡Wow!

Hudson se deja caer hacia atrás chocando ligeramente con el casillero rojo. Me encojo de hombros. Sip, lo amo, pero no sirve de nada, ¿cierto?

—Pero, ¿de verdad no piensas hacer nada? Intentar algo, no sé.

—No soy bueno para él. Puede ser que le haya pedido perdón y que tal vez él algún día me perdone todo lo que le hice, pero hay cosas que no se pueden olvidar. Hice de su vida un infierno, amenacé con matarlo y lo aterroricé de una forma criminal. No tengo derecho a intentar algo con él, y menos ahora que está con Encantador. Son perfectos el uno para el otro, ¿no crees?

Finn asintió un poco confundido.

—Pero y tú… Y…

—Vamos, hombre, no siempre estaré aquí. Saldré de Lima, seguramente conoceré otros chicos, tal vez pueda llegar a establecer una relación seria con alguien... No sé, Finn, no me corto las venas por esto, y tú deberías hacer lo mismo.

—¿Yo? ¿A qué te refieres?

—A Quinn y la chica Berry. Te la has pasado los últimos dos años entre ellas sin decidirte —Hudson estaba a punto de interrumpirme pero yo seguí —. En serio amigo. Ahora estás con Quinn pero no dejas de mirar a Berry, y hoy parecías cable tenso cuando Evans y ella terminaron haciendo un dueto.

—Bueno…

—Ponte en orden, amigo. Eres un tipo genial —le doy un golpe leve en el hombro y el sonríe.

— ¡Demonios hombre! Te unes a Glee y ahora me dejas por puedo evitar reía ante la entrada de Azimio a los vestidores. Antes mi amigo se la pasaba haciendo bromas homofóbicas y ahora no deja de decir que yo soy su hombre.

— ¿Qué hay, Azimio?

—Estoy molido. Hoy no quiero entrenar, la entrenadora Beiste va a acabar conmigo.

Hudson sonríe.

—Eso y que sigues comprando la misma cantidad de granizados pero ahora, en lugar de lanzarlos a la cara de nadie, te los bebes; ¿no es cierto? —Azimio se mal encara de inmediato y yo estoy evitando reír porque Hudson se ha echado para atrás.

—Si sigues coqueteando con mi chico tendré que regresar a ellos. Te puedo lanzar uno por los viejos tiempos.

Finn palideció. Azimio lo empujó amistosamente y empezó a reírse.

— Vamos, hombre, era broma. Grizzly me cae bien y todo pero no es mi tipo.

Hudson ahora es el que ríe como un loco. Azimio me empezó a llamar Grizzly en quinto grado cuando me vio el vello del pecho.

—No me gustan los chicos que parecen ositos de peluche, aunque tengan los ojos bonitos.

Azimio y Hudson estallan en carcajadas mientras niego divertido con la cabeza. Me saco la camiseta y me coloco el equipo de protección de fútbol americano.

—No seas modesto, Karofsky. Tienes los ojos bonitos.

—Váyanse a la mierda.

Las risas de los tres resuenan por el vestuario mientras terminamos de cambiarnos y luego nos dirigimos al campo.

De verdad nunca pensé en llegar a este momento, por fin siento que estoy a punto de tener equilibrio en mi vida. Claro que las cosas no serán así de rosas siempre. He visto a varios jugadores de hockey con intención de molestarme. Seguramente no pueden empujarme contra los casilleros porque soy más grande que ellos, y aún no han podido lanzarme granizados porque el director y los maestros han estado patrullando los pasillos.

Mi papá había gestionado en el consejo escolar implementar medidas contra el abuso escolar. Varios lo tacharon de hipócrita por pedir eso ahora que su hijo se había declarado homosexual pero mi papá no declinó en su empeño. Les habló del miedo que había sentido yo y los motivos por los que había actuado así. Aunque, sinceramente, creo que lo que influyó en el consejo fue el ofrecimiento de mi papá para remodelar el campo de americano y el auditorio. Después de eso, los "ilustres" miembros del consejo lo escucharon y decidieron implementar medidas contra el abuso escolar.

Pero el director y los profesores no siempre podrán estar ahí, lo sé. Hay varios de mis compañeros de equipo que se ponen nerviosos conmigo cuando estoy en el vestuario. Es como si creyeran que voy a saltar sobre ellos para violarles. Y sé que los otros equipos de la liga están esperando a romperle los huesos al homo. Tarde o temprano llegará el momento en el que se metan conmigo, y estoy preparado para eso.

¡Joder! Estoy cansado, muerto y tengo un dolor bastante molesto en el hombro izquierdo. Me desvisto lentamente para entrar a la ducha. Dos de mis compañeros de equipo se marchan en cuanto me ven entrar. Sólo Puckerman que me sonríe y llama pendejos a los otros dos. Como puedo le hago un gesto de aprobación. Odio el agua caliente pero no hay nada mejor para los dolores musculares como el mío. Suspiro cansinamente, necesitaré un masaje en el cuello.

—Nos vemos mañana, Grizzly.

Levanto los parpados y veo a Puckerman sonriéndome burlonamente. Azimio me gritó Grizzly en medio del campo y con eso tuve para que no dejaran de molestarme en toda la práctica. Algunos lo hacían con maldad pero los gleeks no. Ahora soy uno de ellos.

—Hasta mañana, enemigo público.

Salgo de la ducha en bóxers. Desde el primer día de entrenamiento preferí no pasearme desnudo por el vestuario; sé que eso incomodaría aún más a ciertos compañeros. Estoy terminando de abrocharme los vaqueros cuando alguien entra al vestuario. Me giro para quién es y me sorprendo.

— ¿Estás perdido?

Blaine Anderson me observa por varios segundos y luego se me acerca.

—Quiero hablar contigo.

Genial. Lo que me faltaba para terminar este día.

— ¿Qué quieres, chico bonito? —le digo con fastidio. Necesito contar hasta diez, controlar mi ira.

— ¿Qué te traes con Kurt?

Tengo dos opciones, me hago el imbécil o le arranco la cabeza.

—No sé a qué te tengo que decidirme por la primera.

—A la canción de la semana pasada.

Tanto maldito problema por una canción. Que se jodan. Gustó, estoy en Glee y eso es lo que cuenta.

—Le robaste un beso el año pasado y fuiste a por un segundo pero él te detuvo. Obviamente sabes a lo que me refiero.

A veces, sólo en ocasiones como estas, extraño al antiguo Dave Karofsky. Si yo fuera como antes ya le habría partido la cara a este idiota, pero no puedo porque ahora soy un nuevo ser humano. Y aunque Encantador está empujándome al lado peligroso, lo único que puedo hacer es responder honestamente. Quizá así me deje tranquilo.

—Sí, tienes razón, le quería dar un segundo beso, y lo habría hecho si él no me hubiera detenido. Y no sólo un segundo beso, varios en realidad, porque Kurt me gustaba, y lo sigue haciendo.

Oh, sí. Por primera vez lo veo descolocado y, aunque me gustaría reírme, eso daría al traste con la cara de seriedad y el temple que le quiero mostrar.

—Entonces le cantaste para que él supiera que tienes intenciones de conquistarlo, ¿es eso? ¿Se supone que estamos en algún tipo de lucha por Kurt?

Encantador de verdad piensa que soy tonto. Esta vez no puedo evitar reír un poco, esto es ridículo. Termino de vestirme, guardo mis cosas y cierro el casillero un poco más fuerte de lo que quisiera.

—Mira, Encantador —lo miro un poco molesto —, Kurt no es una de esas rubias tontas de las comedias románticas que está entre dos hombres, ¿ok? Él está contigo.

—Sí, tienes razón. Él me escogió a mí.

Quiero rodar mis ojos en señal de exasperación pero en vez de eso tomo mis cosas.

—No. Kurt está contigo porque quiere. Él no tenía porque "escoger". Yo no fui ni soy una opción. Puede ser que me guste pero sé en donde estoy parado. Esto no es una competencia porque él ya tiene lo que siempre quiso. Simplemente disfrútalo, ¿quieres?

—¿Hasta cuándo? ¿Hasta que tú decidas hacer algún movimiento?

—Hasta que él quiera seguir moviendo tu mundo.

Sin decir más salgo del vestuario. Si me quedo un segundo más tal vez termine rompiéndole la cara a Encantador. ¿Qué fue eso? ¿Algún tipo de arranque de celos extraño? Caminar hasta el estacionamiento me tranquiliza un poco pero la conversación con el niño bonito me ha dejado más tenso de lo que estaba. El bastardo tiene a Kurt, ¿qué más quiere?

Arranco mi Tacoma; ahora solo quiero ir a casa. Cuando mi celular empieza a sonar sé que mi horrible día aún no ha terminando. Es un mensaje de Hudson: Llámame. Sólo espero que no sea por un momento de crisis con sus chicas porque ahora mismo lo que menos quiero es escuchar chismes. Activo el manos libres y le llamo.

— ¿Qué hay, Hudson?

— Olvide decirte que Kurt —no lo puedo evitar, me estremezco cuando menciona su nombre —, me pidió que te preguntara si podías ir a mi casa para practicar vuestra canción. Al parecer Blaine practicará con Santana y él quiere aprovechar la tarde contigo.

—Ya, y… ¿dónde está él ahora?

—En el centro comercial con Mercedes, por eso no puede marcarte. Entonces, ¿qué le digo?

—Que lo veo en la tarde. Que me envíe un mensaje con la hora.

—Ok, Grizzly, nos vemos más tarde —. Hudson cuelga antes de que pueda decirle nada más.

Ya en casa intento relajarme pero mi hombro aun duele y la conversación con Encantador me sigue molestado. Después de la comida mi papá me pide que lo ayude con unas cosas de la constructora. Como es costumbre mi mamá intenta ignorarme pacíficamente y Cristi parece un poco mortificada por ello. Más tarde iré a su habitación para decirle que no tengo problema con eso; cada quien tiene sus tiempos y mi mamá sólo está pasando por una fase.

— ¿Pasa algo, hijo? Estás distraído —. Mi papá me mira fijamente mientras descansa su espalda en el respaldo de la silla.

—Estaba pensando en mi mamá —. Mi viejo suspira y se acaricia la encanecida barba.

—Mary te quiere mucho, Dave, sólo que para ella es más difícil; la educaron de una forma diferente. El tiempo le hará entenderte —muevo mi cabeza positivamente —. ¿Hay algo más? —dejo sobre la mesa las hojas que tenía en las manos y miro a mi papá a los ojos.

—Tenemos que hacer duetos en Glee y… mi compañero es Kurt Hummel —. Mi papá lanza un silbido de sorpresa. Sé que él sabe, o por lo menos se imagina, qué es Kurt Hummel para mí.

—¿Y tú estás bien con eso?

—Preocupado, no quiero que se malinterprete —. Mi viejo sonríe levemente.

—No hagas nada que provoque eso. Si vas a estar en ese coro tendrás que trabajar con él. Sólo no pierdas de vista tú objetivo principal.

—Sí. Gracias, papá.

Mi papá sonríe y me da unas afectuosas palmadas en la mano que tengo sobre el escritorio.

— ¿Eres feliz, hijo?

—Sí, papá. Soy libre y eso me hace feliz.

La sonrisa de mi viejo se ensancha. Después me dice que continuemos con el trabajo y empezamos a hablar de los entrenamientos.

A las siete treinta en punto estoy frente a la casa de los Hummel-Hudson rezando para que esto salga bien. Golpeo la puerta y es Burt Hummel quien me abre sonriendo. Me alegra haberme disculpado y que el señor Hummel me entendiera. Sinceramente, él pudo haberme disparado con su escopeta; tenía suficientes motivos.

—Hola, Dave. ¿Cómo estás? —. Me tiende su mano y yo la estrecho con gusto.

—Muy bien, señor Hummel. Las cosas van muy bien.

Se hace a un lado para que pueda pasar y me conduce hasta la sala.

—Tu papá me dijo que me traería su Mercedes al taller para cambiarle el catalizador pero aún no la ha hecho.

Mi papá había hablado con el señor Hummel para unir fuerzas contra el consejo escolar. Sorpresivamente se habían vuelto muy buenos amigos. Creo que mucho tiene que ver el ser padres de dos chicos gays. Debe de ser difícil para ellos al ser los hombres que son. Tiene su merito luchar en contra de lo que les enseñaron, y todo por el cariño que les profesan a sus hijos.

—Estuvo un poco ocupado con la remodelación en McKinley. Imagino que esta semana ira a su taller.

En ese momento veo a la mamá de Hudson bajar por las escaleras.

—Oh, hola —se acerca al señor Hummel y lo abraza —. Dave, ¿cierto? —Asiento y ella me sonríe —. Kurt está en su habitación esperándote. Es la segunda a la derecha. La puerta está abierta, de todas maneras.

Reprimo el suspiro de temor. Sólo le doy las gracias y subo las escaleras.

Antes de tocar la puerta abierta inspiro y espiro. Listo, estoy tranquilo. Golpeo suavemente el marco de la puerta y escucho su aguda voz indicándome que pase. Casi lloro de felicidad cuando veo a Hudson recostado en la cama. Con él aquí la tensión será más llevadera.

—Hey, Gri… —de inmediato niego con la cabeza. Kurt no tiene por qué saber cómo me llaman mis compañeros de futbol americano. Hudson se aclara la garganta —. Dave. Hola, Dave.

Kurt nos mira alternativamente y luego se gira para tomar unas hojas de su escritorio. Camina hacia mí y me da una de las hojas.

—Es la letra de la canción. Imaginé por tu rostro que nunca la habías escuchado —. Intento concentrarme en la letra. Por lo regular tengo buena memoria y retengo la información con facilidad pero ahora estoy nervioso, muy nervioso —. Vamos, al final del pasillo está el estudio que utilizaremos para ensayar.

Camino detrás de él y espero que Finn nos siga pero no es así. Kurt abre la puerta y entra. Es una habitación espaciosa pintada de blanco. Hay un piano, una pantalla y un home theater. Kurt llega hasta el reproductor y se gira para mirarme. En ese momento el celular vibra en mi bolsillo.

Hey, bro. ¿Mirándole piernas a tu hombre? Mucha mierda, amigo. Muéstrale a la furia, Grizzly.

Azimio tiene una extraña capacidad de hacerse presente cuando más se le necesita. Justo ahora estaba tambaleándome y él me recuerda por qué estoy aquí. Por mí.

—¿Algo malo? —Kurt me pregunta mientras examina mi rostro y yo le sonrió. Ahora me siento de nuevo yo.

—Todo bien. Es Azimio.

Parece tensarse, es lógico. Azimio no se ha disculpado con él y es normal que le tenga miedo.

—Oh, bueno… Te preguntaba si has visto Rent —. Mi cara debe decirlo todo porque él resopla fastidiado —. Olvídalo, empezaremos por ahí.

Te pondré el vídeo para que escuches la canción. Pone el DVD y se sienta en el sofá que está frente a la pantalla. Yo prefiero sentarme en el banquillo del piano; es un mal ángulo para ver a la pantalla pero lo que en realidad importa es que escuche, ¿no?

Toma el control remoto y selecciona una escena en particular. Son dos chicos, uno travestido y el otro vestido con un chaleco raro de color amarillo; van cantando mientras caminan por una calle que parecer ser de Chicago. La letra es bella, los chicos de la pantalla trasmiten y yo empiezo a sudar porque no creo tener esa química con Kurt al momento de cantar.

Una vez que termina la escena Kurt apaga la pantalla y camina hacia el piano. Empieza a contarme la historia de Rent a grandes rasgos. Collins y Ángel están enamorados de verdad pero tienen un final trágico cuando Ángel muere. Nota mental: No ver Rent a menos que quiera deprimirme de verdad.

—¿Qué te ha parecido?

Miro la letra, luego al piano y por último a él. —La canción es interesante. La peli… no creo que sea mi estilo—. No espero a que me responda y empiezo a tocar en el piano las notas de la música. Kurt me mira completamente sorprendido.

—Creí que no conocías la canción.

Me encojo en hombros y sigo tocando. —No la conocía. Sólo tengo buen oído y no son notas muy complicadas. Si te fijas sólo estoy marcando el coro.

Me sobresalto un poco cuando se sienta mi lado. Dejo de tocar.

—Creo que estoy más que sorprendido de verte tocar el piano. Jamás pensé que tú… Vamos…

—Ya… Era un buen actor. Fingía que era hetero, pretendía ser un idiota e intentaba convencerme de que odiaba al club Glee por ser raros y no porque los envidiara—. Río y él también lo hace. Parece relajado y eso me hace sentir tranquilo. De verdad estamos en paz.

— ¿Quién eres tú y que has hecho con el verdadero Dave Karofsky?

Me sale una profunda carcajada.

—Soy yo. Éste de verdad soy yo. Y lo del piano…, pues mi madre me dio clases desde…, bueno, desde antes de nacer. Mi mamá fue concertista y mientras estaba embarazada me tocaba casi cualquier cosa. A los cinco años empezó a enseñarme a tocar.

— ¿Por qué, Karofsky? ¿Qué te pasaba para ser como eras? ¿Fue el miedo a que te descubrieran o…?

—Un poco de todo. Era más sencillo ser el típico atleta idiota que mostrarme bueno, noble o interesado en la música.

Kurt suspira pesadamente y luego abre la boca. Quiere preguntarme algo. — ¿Puedo preguntarte algo personal?

Me humedezco los labios con la lengua, un tic que no he podido evitar. —Dispara, Hummel.

— ¿De verdad soy la razón de este cambio? Duro y a la cabeza.

¿Qué puedo responderle? Furia, ¿no?

—Una de las razones.

Me mira unos segundos y luego aparta sus ojos de mí. Sé que está sonrojado y esto, aunque debería sentirse incomodo para mí, se vuelve liberador y catártico.

— ¿Por eso te uniste a Glee? ¿Para demostrarte que has cambiado —traga saliva —, para dedicarme la canción de la semana pasada?

Y dale con la canción de la semana pasada. ¿Qué le pasa a todo mundo? Sólo fue una canción. Tal vez me pasé un pueblo (bueno, dos) por mirar a Kurt tan descaradamente mientras la cantaba pero, ¡coño, necesitaba inspiración!

—No. Bueno, no del todo. Mira, la letra de la canción tiene mucho que ver con cosas que siempre quise decirte.

Kurt me mira fijamente. Está sonrojado, sus labios brillan y esos ojos azules tienen una luz que me está matando. No, no, no. Para atrás, Karofsky.

—Voy a ser honesto contigo, Kurt —mi seriedad parece descolocarlo —; utilicé lo que pasó para ponerle sentimiento a esa canción, pero no estoy en el club Glee por ti —sus ojos parecen perder un poco de seguridad y brillo —. Esto, todo, lo hice por mí, para romper todas mis cadenas.

Me percato de que estamos muy cerca. Demasiado para ser sano y no considerarse peligroso. Kurt se acerca un poco más a mí inclinando su rostro y yo saltó como un gato y casi me subo al piano.

—Yo… —Kurt esta ruborizado. Su piel, normalmente blanca, esta roja.

—No… Ni siquiera te sientas mal. Yo te he mande señales engañosas, todo mundo lo cree. Mi cambio, entrar a Glee, la canción… Fui yo.

—Es que…

—Kurt, gays o no, seguimos siendo hombres. Tenemos un instinto primitivo que nos obliga a cazar —joder, hasta yo me sorprendo de lo rápido que estoy hablando. Kurt me observa incrédulo —. Ahora yo soy una novedad y tú quieres cazarme, pero en realidad no tienes por qué hacer esto. Está Encantador. Él es perfecto para ti y tú lo quieres, así que me voy.

Me giro para marcharme con la agilidad de un rinoceronte con artritis y entonces siento una delicada mano en mi hombro.

—Lo siento, Dave. Tienes razón, fue una tontería. Pero de verdad quiero que seamos amigos. Estoy cansado de la tensión que existe entre nosotros —giro y él me tiende su mano. Dudo unos segundos y luego la estrecho con la mía —. Bien, me da gusto haber aclarado este punto. Ahora tenemos que trabajar en nuestro dueto.

—Sí, claro. Cuando quieras.

—Ensayamos mañana en la escuela y luego podemos afinar detalles aquí, ¿correcto?

—Claro, muy bien. Nos vemos mañana, Hummel.

Él me sonríe y salgo de la habitación de inmediato.

El aire frío de la noche me relaja. Hoy fue un día muy, muy, muy raro. Hudson y Encantador reclamándome. Y ahora Kurt que intenta besarme. ¡Diablos! Mi dolor en el cuello parece un juego de niños comparado con todo el drama a mi alrededor. Esto de ser gleek es todo un viaje.