Capítulo 7: El cobertizo de los secretos.
Parecía mentira que apenas unos días atrás, una tremenda tormenta azotara Wilthshire, dejándola húmeda y fría, con charcos por doquier y la sensación de que el otoño parecía estar ganándole la partida al verano llegando antes y desbancándole de su puesto. Sin embargo, el sol brillaba estoico en el cielo, sin ninguna nube que se osara eclipsar su luz y calor, siendo único protagonista en el cielo, e incluso parecía sonreír.
Por tanto, el día estaba yendo mejor de lo que los gemelos Evans se esperaban. El día soleado, el agua fresca de la piscina y el jardín repleto de los amigos con los que compartían días en Hogwarts.
Kilian estaba contento por la decisión que tomara de invitar a todos ellos, sabía que, desde el Torneo de los Tres Magos, cuatro con Harry Potter de campeón, había tenido desavenencias con ellos, sobre todo con el Niño Que Vivió, y su amistad había sufrido por ello por tomar malas decisiones, como apoyar a Diggory y empezar una relación con Hannah Abbot que fue su primer desengaño amoroso. No iba a decir que a raíz de eso empezara nuevas amistades con Lukas Prewett y Cormac McLaggen, ni se arrepentía de ellas, pero sí que era verdad que había dejado de compartir las comidas, las horas de estudio y las salidas a Hogsmeade con ellos. Verlos allí, en su casa, le hacía sentir bien, más que bien en realidad. Miraba a Ron y Seamus compitiendo en la piscina por quién se hacía con la pelota antes, a Neville tratando de no ser arrastrado detrás de los fuertes movimientos de agua, a Ginny haciendo manitas con Dean sin quitarle el ojo de encima y sonriéndole cuando nadie más miraba, a Hermione tumbada en una de las hamacas a la sombra mientras leía un libro tranquilamente y a su hermana, su querida y preciosa hermana, hablar con Harry animadamente. Aquello último era lo que más le gustaba, ver a su hermana segura de sí misma hablar con, por qué no decirlo, el chico que le gustaba, disfrutando de la compañía de la gente y dejando atrás los momentos de soledad. ¿Desde cuándo su hermana se comportaba con tanta confianza? ¿Qué le había inspirado para dejarse llevar e incluso llegar a coquetear tan adorablemente? Se alegraba mucho de ver la sonrisa que había sido solo para él y su padre delante de tanta gente.
Kilian sacó los pies del agua y se acercó a la mesa de las bebidas, donde preparó dos vasos de frío zumo de arándanos y caminó con nervios hacia Hermione, que reparó en él cuando se detuvo a los pies de la hamaca.
-Hola, ¿algo fresquito?
Hermione le sonrió, y Kilian sintió las estúpidas mariposas revoloteando tenuemente en su estómago. "Soy el león que se comió las mariposas…" Se repetía mentalmente, hasta que los castaños ojos de Hermione le sonreían con gratitud al tomar la bebida fría y él sentía las piernas temblarle.
Hermione se había sentado en la hamaca y había dejado el libro a un lado, haciéndole una seña para que se sentara a su lado.
-¿Te diviertes?-Preguntó Kilian, dejando los nervios atrás y volviendo a ser él mismo.
-Mucho…
-Me alegro… tenía muchas ganas de que vinieras… vinierais todos.
-Gracias por invitarnos, Kaisa y tu sois muy amables.
-Qué va… solo queríamos compartir la piscina con nuestros amigos, ya sabes…-Kilian estaba seguro de que tenía puesta una cara de tonto que cualquiera se hubiera reído de él… y la verdad es que no le importaba si estaba con Hermione.
La conversación entre ellos dos fluyó, hablaron del nuevo curso en Hogwarts, las asignaturas que habían elegido y de lo emocionados que estaban por empezar sexto curso. Kilian se sentía orgulloso de sus TIMOs y los compartió con Hermione, que le animó a continuar.
-¿Sabes? Nunca hubiera aprobado Pociones sin esas tardes en la biblioteca contigo el año pasado. Te lo agradezco muchísimo, eres una maestra increíble.
Hermione se sonrojó sin poder evitarlo y miró hacia otro lado. Kilian se sintió con coraje, era un león y los leones se caracterizaban por su valor. Le cogió la mano, tratando de ignorar el corazón latiéndole frenético en su pecho. ¿Lo oiría ella?
-Eres un… buen alumno.-Dijo Hermione, con voz trémula, aceptando la mano de Kilian sin mirarle todavía a los ojos. ¿Estaba ella nerviosa?, pensó Kilian.
-Hermione, yo…-Hermione alzó sus ojos castaños, tan comunes y a la vez tan especiales, con aquellas motitas doradas que volvían loco a Kilian. Tenía que dar el paso, decirle que le gustaba, que le volvía loco y que estaba deseando probar sus labios.-Yo…
Kilian acercó su rostro al de Hermione respirando profundamente por la nariz, si iba a hacerlo, tenía que hacerlo ya. Los labios de Hermione eran muy apetecibles, finos y de un color increíblemente natural. Ella no se apartó, y era buena señal. Cuando ya notaba el aliento de la chica entrelazándose con el suyo propio y juraría que podía rozar sus labios, los gritos en la piscina llamaron demasiado su atención y tuvo que separarse a regañadientes de la chica, que se apresuró a levantarse y le dio la espalda tan roja como un tomate.
-¿Qué demonios ocurre?-Preguntó, levantándose la hamaca con cara de pocos amigos. Había estado tan cerca de conseguir besar a Hermione… Más valía que alguien se estuviera muriendo, porque pensaba echarlos a todos a la calle.
Kaisa le miraba con extrañeza sentada en el bordillo de la piscina al lado de Harry.
-¿Kil?
-Evans, la pelota… se ha colado en el árbol.-Dijo Ron.-Hemos tratado de bajarla pero no somos capaces sin usar la mágica y tu padre no está en la cocina.
Kilian maldijo a Ron, a Seamus y a la estúpida pelota de las narices. La miró allí, bien enganchada entre las ramas del árbol, y pareció oír sus carcajadas mofándose de él.
-Voy al cobertizo a ver si encuentro un rastrillo o algo para bajarla.-Necesitaba unos minutos para estar solo, así que se dio la vuelta y caminó hacia la otra punta del jardín, donde había una pequeña caseta de madera donde se guardaban todas las cosas necesarias para cuidar del gran jardín y que apenas se utilizaban.
¿Por qué su padre guardaba todo eso si con un toque de varita podía arreglar el jardín en segundos? No tenía ni idea, y en ese momento le daba verdaderamente igual para lo que usaba su padre aquellas mierdas. Quizá que su madre fuera nacida de muggles era toda la respuesta, pero en ese momento, Kilian no podía pensar con raciocinio y todo le parecía mal. Buscó a tientas hasta que dio con el largo palo de un rastrillo oxidado y lo agarró con fuerza. Sabía que tendría que relajarse antes de volver con su grupo de amigos, ellos no tenían la culpa de nada… o eso decía una y otra vez para no querer golpearles con el rastrillo por destrozar el momento perfecto con Hermione. Decidió sentarse unos minutos para calmar la ira que le había invadido sin razón aparente.
Escuchó pasos fuera del pequeño cobertizo acercándose y pensó que sería su hermana, que vendría a ver qué demonios les pasaba. Igual hablar con ella le relajaba, siempre lo hacía, por eso era su otra mitad.
Su sorpresa fue mayor cuando vio a Ginny en el marco de la puerta. Se levantó, frunciendo el cejo.
-¿Ginny? ¿Qué haces…?-No pudo decir nada más, porque los labios de la chica abordaron los suyos, callándolo en un profundo beso, y se apretó contra su pecho, notando la tibieza su piel desnuda contra la suya propia.
Kilian no supo cómo reaccionar, estaba tan sorprendido, con los ojos como platos mirando a la pelirroja moviendo los labios sobre los suyos suavemente, que no la apartó ni se movió. No os voy a engañar, aquel beso sorpresa no desagradó al adolescente, que con las hormonas revueltas típicas de un chico de dieciséis años aceptó el beso y lo profundizó agarrando a la joven de la cintura y pegándole más a él.
Ginny movió sus brazos alrededor del cuello de Kilian y acarició su cabello rubio, había deseado tocarlo desde hacía tiempo, igual que probar los labios que estaba saboreando. ¡Y cómo besaba el chico! Se notaba que tenía más experiencia que Dean, que la besaba con torpeza y dulzura. Los besos de Kilian eran sensuales y voraces, parecía que iba a devorarla, y Ginny apretó su entrepierna a la de él, notando como esa anatomía de él iba creciendo.
Kilian gimió en la boca de Ginny y la alzó para poder besarla mejor, mientras la pelirroja enterraba sus manos en el cabello y jugaba con él, volviéndolo loco.
Más pasos se oyeron acercándose al cobertizo, pero los jóvenes, en aquel momento de intimidad no se dieron cuenta hasta que Kaisa traspasó la puerta del pequeño cobertizo, los vio y soltó una exclamación.
Kilian abrió los ojos aún con los labios de Ginny en los suyos y se separó, carraspeando y colocándose bien el bañador, el que no dejaba en duda que cierto amiguito se había despertado y quería salir a jugar. Ginny se colocó bien el cabello pelirrojo, despeinado y el tirante del biquini.
-Yo… creo que Hermione me llama.-Y salió del cobertizo, con el rostro sonrojado hasta la raíz del cabello y una sonrisa tímida en la cara.
Kilian volvió a carraspear y le enseñó a su hermana el rastrillo.
-Con esto podremos bajar la dichosa pelota.
Kaisa le miraba con los brazos como jarras, el cejo fruncido y negaba con la cabeza.
-Kilian Joseph Evans, ¿a qué demonios estás jugando? ¿Te has dado cuenta de lo que estabas haciendo?
-Claro, besarse es cosa de dos…
-¡Ella tiene novio! Tú tendrías que estar besando a Hermione, no a la chica que tiene novio… ¡y que es tu amigo!
-Tu podrías estar besando a Harry ahora mismo, en vez de reñirme de esta manera.
-¡Kilian!
-Kaisa, basta, sé lo que hago…-Kilian agarró con fuerza el rastrillo y sorteó a su hermana para salir del cobertizo.- No necesito una hermana que sea crea mi madre y ponga en entredicho todo lo haga. Si me disculpas, estoy dando una fiesta y me necesitan.-Y salió de allí sin mirar atrás, dejando a su hermana completa y absolutamente sorprendida.
/
Una vez la pelota volvió a la piscina, Kilian les enseñó a todos a jugar a vóleibol, un juego que les gustó bastante. Además, el chico tenía una red de piscina para poder jugar más cómodamente. Hicieron dos equipos de cuatro contra cuatro, en un lado teníamos a Kilian, Ginny, Neville y Dean, y por otro a Ron, Seamus, Harry y Hermione.
-¡Remata!-Exclamó Kilian, golpeando la pelota para que no tocara el agua.
Harry se adelantó, saltó y golpeó la pelota para evitar un punto.
-¡Cuidad con esa!-Gritó Dean.
La pelota cayó entre Neville y Ginny sin que ninguno pudiera evitarlo.
-¡Punto!-Exclamó Ron, chocando los cinco con Harry.
-Sacamos nosotros.-Se apresuró a decir Kilian, para seguir con el juego. Pero antes, echó una mirada hacia las hamacas donde su hermana les observaba con un libro entre las manos, donde se había recluido después de su discusión.
-¿Estás bien?
La voz de Ginny le sacó del ensimismamiento, sacudió la cabeza y le sonrió.
-Siempre lo estoy.-Y le guiñó el ojo mientras se preparaba para lanzar.
Kaisa observó la complicidad entre Ginny y Kilian, y lejos de molestarle, le asustó… Deseaba que nadie más se diera cuenta de que ellos dos empezaban a atraerse irremediablemente. Podía acabar muy mal. Suspiró y volvió a su libro, pero apenas podía retener nada en su mente caótica. Dejó el libro a un lado y se acomodó mejor en la hamaca, donde cerró los ojos y prefirió no pensar en nada más.
-¿Cariño?
Kaisa abrió los ojos para encontrarse con los azules de su padre.
-Isä… creo que me he quedado traspuesta.-Kaisa miró hacia la piscina, donde seguían jugando entre exclamaciones y risas.
-¿Te sientes bien?-Su padre, con un deje de preocupación en su rostro le puso una mano en la frente para comprobar su temperatura.-No tienes fiebres… ni buena cara, princesa.
Kaisa se incorporó en la hamaca.
-Estoy bien, de verdad.-Dijo la chica, con una sonrisa, tratando de demostrar que estaba bien, no quería que la estúpida discusión con su estúpido hermano gemelo supusiera un problema.-Creo que me ha dado demasiado el sol…
-Ponte más crema solar, ¿vale?-Ella asintió.-Tengo que salir… ha habido un problema en el departamento y me necesitan de intérprete.
Christopher y Kaisa se levantaron de la hamaca.
-Oh, vale… ¿volverás muy tarde?
Kilian escuchó aquello y detuvo el juego.
-Isä, ¿ocurre algo?-Preguntó, acercándose al borde de la piscina.
-Ha salido una urgencia en el trabajo y tengo que ir.
-¡Pero es sábado!-Se quejó, frunciendo el cejo.
-Lo sé, pero es un favor que me han pedido.-Le explicó, escuetamente.-Vendré antes de la cena… y traeré pizza, ¿qué os parece, chicos?
-¡Genial, señor Evans!-Exclamó Seamus, y chocó los cinco con Dean.
-Que le vaya bien en el trabajo.-Dijo Hermione.
Christopher sonrió y unos ladridos llegaron desde la cocina, y una bola blanca corrió por todo el jardín hasta llegar hasta ellos. El Jack Russel llevaba el arnés puesto y corría de un lado a otro, atrayendo la atención de todos, que se acercaron para acariciarlo.
-Oh, Fin… le había preparado para ir a pasear.-Recordó de pronto Christopher.- ¿Podéis darle un paseo vosotros?
Kilian hizo una mueca y Kaisa se adelantó.
-Claro, Isä… yo me ocupe. Así Kilian puede disfrutar de su fiesta.-Y comenzó a caminar hacia el interior de la casa.
Christopher frunció el cejo y miró a Kilian, que se encogió de hombros si como si aquello no fuera con él y comenzó a darse la vuelta para volver con los demás.
-Te veo luego, Isä. La pizza sin piña, por favor…
-Kilian,-la voz Christopher sonó autoritaria y Kilian se encogió en el acto y se giró para comprobar que el entrecejo de su padre seguía fruncido. Su padre nunca solía enfadarse o molestarse con ellos, porque no le daban motivos, pero si lo hacían… sus castigos o regañinas podía ser tan severos como los de Severus Snape.-arregla eso, la fiesta es de los dos y tenéis que disfrutarla los dos, oletko ymmäränyt?/¿entendido?
-Kyllä minä ymmärrän./Sí, lo he entendido.-Contestó el joven, bajando la mirada.
Christopher asintió y se dirigió a la chimenea principal, donde usaría la Red Flu.
/
Kaisa bajó los escalones de la escalera principal pausadamente, se había vestido con un vestido de tirantes negro y se había recogido el cabello en una coleta alta. No había querido darle muchas vueltas a todo lo que había pasado con su hermano, pero no podía evitarlo. Cuando estaba a punto de llegar al hall se percató de que alguien estaba sentado en los dos últimos escalones y su corazón comenzó a latir más fuerte.
Harry la oyó llegar y se levantó, se había cambiado el bañador mojado por unos oscuros vaqueros gastados y una camiseta gris y había estado jugando con Finral. Le sonrió con timidez.
-Harry…
-¿Te importa si te acompaño?-Le preguntó él, mirándola con aquellos ojos verdes detrás de sus redondas gafas.
-Yo… eh… claro, no hay problema.
-Después de ti.-Harry le señaló la puerta.
Kaisa sonrió con timidez y cogió las llaves de casa y la correa de Finral, que correteaba alrededor de sus piernas esperando a que la enganchara a su arnés. Juntos, salieron de la puerta y recorrieron el camino de piedra en silencio, admirando los arbustos a sendos lados. La chica observó al chico por el rabillo del ojo, sin saber qué decir, qué tema sacar. Había pensado que aquel tiempo a solas dándole un paseo a Fin sería genial desconectar de la fiesta, y le había sorprendido muchísimo que Harry quisiera acompañarla. A la vez le gustaba que él quisiera pasar tiempo con ella, significaba que podía crearse algo entre ellos, ¿cierto?
-¿Estás bien?-La pregunta de Harry la sacó de su ensimismamiento.-Te noto… un poco apartada de repente. ¿He hecho algo que te haya incomodado? Si es así, lo siento mucho… no lo pretendía…
-Harry, no, tu no has hecho nada.-Se apresuró a añadir Kaisa, negando con la cabeza.-Es solo que… mi hermano y yo hemos reñido, ya sabes, cosas de hermanos.
Harry la miró sin entender y Kaisa se sentó fatal por el comentario inoportuno.
-No es nada importante, enseguida se nos pasará… somos gemelos, no podemos vivir el uno sin el otro.
-Me alegro de que no… nos pase nada a nosotros.-Harry desvió la mirada a la calle que estaba recorriendo y rozó su mano con la de Kaisa distraídamente, algo que ella notó y enrojeció hasta la raíz del cabello.-Vivís en un barrio muy bonito.
-Gr-gracias…
Continuaron el paseo hablando de ellos mismos, conociéndose un poco más, aprovechando el tiempo a solas para disfrutarlo con la compañía del otro. Kaisa estaba sorprendida de que Harry le hablara con tanta sinceridad, se le veía cómodo con ella y eso hacía que ella también estuviera cómoda y sintiera más ganas de abrirse con el chico. No tardó en soltar una carcajada cuando Harry comenzó las anécdotas que había vivido con la familia Weasley, los gemelos eran todo comedia y diversión.
-Tienes que visitar su tienda, es genial, tienen un montón de cosas para hacer bromas pesadas. Se están haciendo de oro.
-Me alegro mucho por ellos, se lo merecen… aún recuerdo la que montaron durante nuestros TIMOs. Fue muy épico.-Recordó la rubia con una gran sonrisa en el rostro.
-Podemos ir juntos…
Kaisa, que en aquel momento estaba abriendo la verja de vuelta a casa, se quedó muy quieta. ¿Le había pedido una cita o era simplemente una quedada como amigos? Respiró profundamente por la nariz y se giró a mirar a Harry, que esperaba su respuesta con algo de nerviosismo. Tenía las manos metidas en los bolsillos traseros de los gastados vaqueros y la miraba directamente a la cara.
Kaisa tragó saliva y asintió con lentitud.
-Me encantaría… ir contigo, Harry.-Su corazón latía tan desbocado que notaba toda su sangre recorrer las venas tan rápidamente que pensó que se ahogaría si no respiraba con tranquilidad. Harry se acercó a ella con lentitud, pasando sus ojos a los labios de ella. Kaisa quiso acercarse, romper el espacio entre ellos y besar esos labios, devorarlos. Sin embargo, no movió ni un músculo, un poco asustada por lo que podía pasar.
Harry se iba a acercando a ella hasta que entró por completo en su espacio y estaba dispuesto a todo.
Fin les miraba sin entender, sentado a los pies de los jóvenes, esperando a que abrieran la verja y entrasen a casa, donde quería ir a echarse su tercera siesta del día. Algo captó su nariz, y el Jack Russell se levantó, moviendo la cola con emoción y tiró de la correa con un ladrido.
Uno de los contenedores de los vecinos cayó al suelo y el perro comenzó a ladrar con más avidez.
Harry gruñó, separándose de Kaisa por segunda vez en aquel día y mirando con el cejo fruncido al perro.
-¿Qué le pasa?
Kaisa, que respiró de nuevo con normalidad, se encogió de hombros y se giró para abrir la verja. La situación iba a acabar con ella… tener tan cerca a Harry y no ser capaz de besarle estaba rompiendo sus nervios, haciéndolos trocitos muy pequeños.
-Habrá olido a otro perro, es muy juguetón…-Dijo con un hilillo de voz.
Harry traspasó la verja seguido de Fin, que correteaba entre sus piernas, y Kaisa miró hacia el lugar donde el contenedor había caído. Le había parecido ver una cabellera platinada, ¿era posible que…? No, tenía cosas mejores que hacer, se dijo.
/
Kaisa y Harry llegaron al jardín donde se encontraron una verdadera fiesta. Se oía música muy alta y los jóvenes, entre el jardín y la piscina, bailaban moviendo sus cuerpos y cantando la letra de la canción a todo pulmón.
-Parece que esto se ha animado un poco en nuestra ausencia.-Comentó Harry, con una media sonrisa en el rostro observando a sus amigos disfrutar del momento.
-Sí… eso parece.
-¡Kai, ven al agua!-Exclamó Kilian cuando se percató de que habían vuelto.- ¡Está buenísima!
Kaisa asintió, se quitó el vestido y se acercó al agua.
-¿Vienes, Harry?
Harry se encogió de hombros, y cuando Kaisa se volvió para enfilar el camino hacia la piscina, echó a correr, agarró a la chica en volandas y se lanzó al agua, asustando a la joven, que soltó un chillido que se cortó con el impacto en el agua.
-¡Harry, Harry, Harry!-Le vitoreaban los demás.
-¡Todos al agua!
Kaisa subió a la superficie y vio que todos habían saltado al interior de la piscina y bailaban mientras escuchan la estridente canción. Harry la sujetaba de la cintura con una sonrisa traviesa en el rostro.
-¿Bailas?
Kaisa no pudo evitar reír y asentir, se lo estaba pasando genial.
Pero no todos los que estaban en ese jardín se lo estaban pasando genial como aquel grupo. Cierto polizón se había colado en el jardín saltando el muro que rodeaba la mansión y observaba desde detrás del cobertizo. Era la segunda vez que lograba infiltrarse en la Mansión de los Evans. Nadie se había percatado de que estaba allí, y en absoluto silencio buscaba un lugar donde poder observar, o espiar puestos a decir, mejor la fiesta.
Draco Malfoy no era de los que hacían aquellas cosas, él era un sangre limpia de una rica familia, había caído a menos con el encierro de su padre en Azkaban, sí, pero seguía siendo una familia de prestigio. El rubio no era de los que se colaban en fiestas en las que no le habían invitaba, ni espiaba a los vecinos escondido detrás de unos arbustos, enganchándose el jersey de cachemire y ensuciándose los pantalones. Pero había tenido la necesidad de hacerlo en cuanto había visto al Cararajada con Kaisa, una necesidad que le había llenado por dentro de ira y le hacía cometer semejante estupideces. Algo en su mente había hecho clic al ver al imbécil de Potter estar a punto de besar a la dulce e inocente Kasia, que le había confesado que no había besado a nadie y que le gustaba el idiota. Y allí estaba, tratando de calmar la ira que recorría cada poro de su piel y las ganas de salir de su escondrijo y enarbolar su varita para martirizar al imbécil que estaba bailando con la chica que le gustaba.
Porque sí, a Draco Malfoy le gusta Kaisa Evans, una mestiza que le hacía sentir bien, una Gryffindor que le había enseñado que había cosas más importantes que la sangre o la casa a la que pertenecías, una chica que era adorable, buena, simpática y graciosa, que le había robado el corazón sin apenas esfuerzo, colándose en su interior a pleno día y llevándose el botín como si nada.
Draco estaba jodido, sí, muy jodido, y más cuando sabía que no tenía ni una remota posibilidad de que ella se fijara en él, pues estaba total y absolutamente colada por un botarate de gafas redondas y cicatriz en la frente, la cual borraría ahora mismo de un puñetazo si no le soltaba la cintura.
El Slytherin apretó los dientes, dándole igual estropear su hermosa dentadura, y trató de respirar profundamente por la nariz para relajar la tensión acumulada por la ira en su cuerpo. Los celos eran un compañero nefasto para un adolescente como él.
Draco entornó los ojos para observar como el hermano de Kaisa, Kilian, salía de la piscina y apagaba la música.
-¡Juguemos a un juego divertido!-Exclamó y se apresuró a entrar a la cocina y volver con una botella de ¿Drambuie?- ¡Ronda de chupitos hasta que se acabe la botella!
-¿Qué es eso?-Preguntó Neville Longbottom.- ¿Alcohol? Pero no hay ningún adulto para supervisarnos.
-Vamos, es un licor de apenas nada de alcohol que le gusta a mis abuelos cuando vienen de visita, lo toman después del almuerzo.-Explicó Kilian, que comenzó a servir pequeños vasos de cristal y a repartirlo a todos, que salían lentamente de la piscina.
-Killian, si Isä viene y nos pilla…-Dijo Kaisa, cuando recibió su vaso, pero no pudo acabar porque su hermano la cortó.
-No lo hará, confiad en mí, he bebido muchas veces y no me ha pasado nada.
Draco pensó que aquello no podía acabar para nada bien, ¿dónde estaba el señor Evans?
-Además, mi padre volverá tarde, estoy seguro de ello. Venga, ¡Sköl!
Y todos le dieron un largo trago a su chupito y se quedaron en silencio.
-Está… muy bueno.-Comentó Ron.-Yo quiero más.
-¡Ese es mi Ronnie!-Kilian se apresuró a rellenar su vaso y el de los demás.- ¡Salud!
-¡Salud!
Diez minutos después, con la botella vacía, Kilian recogió todos los vasos de cristal y se apresuró a hacer un círculo.
-Vamos a jugar a Verdad o Reto, que es muy divertido.-Dijo con una sonrisa en el rostro.
-¿A qué?
-Es un juego muggle…-Explicó Kaisa.-En nuestro turno tenemos que elegir verdad o reto, si elegimos verdad, nos harán una pregunta que tendremos que responder y si elegimos reto, pues… ya os imagináis, nos retarán a hacer algo.
-Suena divertido.-Dijo Ginny.-Me apetece jugar.
-Sentaos…
-¿En el suelo?-Preguntó Ron, que aún iba mojado de la piscina.
-No hay hamacas para todos.-Contestó Kilian, sentándose en el mullido césped.
-Creo que hay unas esterillas en el cobertizo, voy a mirar.-Kaisa se levantó y caminó al otro lado del jardín.
-¿Te acompaño?-Preguntó Harry, empezando a levantarse de donde se había sentado.
-No importa, ella puede sola…-Se apresuró a decir Kilian, sabiendo lo que podía pasar en ese cobertizo y que él mismo había vivido.-Podemos empezar en lo que tarda Kaisa… Tu primero Seamus. ¿Verdad o Reto?
Seamus se lo pensó unos segundos.
-Reto.
-Tienes que besar a Ron.-Kilian sonreía de oreja a oreja mientras todos le miraban sorprendidos.
-¿Qué?-Seamus miraba de Kilian a Ron.
-Ni en broma…-Se apresuró a aclarar Seamus.
-Pues quítate el bañador.-Kilian cruzó una pierna sobre la otra con tranquilidad mientras miraba a Seamus, que estaba impactado por aquello.
-¿Cómo?
-Mi hermana no ha explicado todas las reglas del juego. Si no cumples el reto o respondes la pregunta, tienes que pagar un tributo… ¡con la ropa!
-Ven aquí, Weasley, nunca te van a besar como lo haré yo, guapo.-Seamus se había levantado y se acercaba a Ron, que intentaba a huir.
Kaisa oía a Ron gimotear intentando escapar de los brazos de Finnigan mientras llegaba al cobertizo y buscaba atientas en su interior la luz. Cuando escuchó un tremendo "¡PUAJ!" seguido de vítores, supo que Seamus lo había conseguido. Con una sonrisa en el rostro no se percató de que alguien se había colado tras ella y cerraba la puerta tras ella, se acercaba por detrás y le tapaba la boca para que no chillara.
Kaisa se asustó y se tensó, tratando de gritar, hasta que su atacante le dio la vuelta y vio dos orbes azul grisáceos que ya conocía.
-Shhh, soy yo… Draco.-Susurró el alto muchacho.
Kaisa se separó de él, llevándose una mano al pecho, donde notaba su corazón latir enloquecidamente y hacer retumbar su caja torácica. Si seguía latiendo así, acabaría por enfermera de aquel órgano tan importante.
-¡Draco! ¿Qué haces aquí?-Kaisa miró la puerta cerrada, mientras se apartaba de Draco.-Si mi hermano o cualquiera te ve…
-No me verán, te lo prometo.-Le aseguró el rubio.
Kaisa suspiró, confiaba plenamente en Draco y se creyó sus palabras sin apenas dudar. Era parte de su amistad.
-Me has dado un susto de muerte…-Comentó, pero una sonrisa se instaló en su rostro. Se alegraba de ver a Draco.
-Lo siento…-Se disculpó el joven, contagiándose de la sonrisa.- ¿Qué tal está yendo todo?
-Muy bien, creo que a Harry le gusto y… hemos estado a punto de besarnos dos veces.
-¿A punto?
-Sí… siempre ha pasado algo para evitarlo, parece que el destino no quiere que nos besemos… Vaya tontería, ¿verdad?-Medio bromeó Kaisa.
-Es tu primer beso…
-Sí…
Draco se quedó pensativo unos segundos. ¿El destino? Quizá.
-Igual no debe ser el primero.-Draco la miró profundamente y Kaisa creyó verse reflejada en aquel iris tan claro y bonito, ¿cuándo había empezado a gustarle tanto? Tenía unos ojos increíblemente hermosos, aunque puestos a decirlo, todo en Draco era hermoso, no por nada era uno de los chicos más cotizados de todo Hogwarts.
-¿A qué te refieres?-Preguntó Kaisa sin entender, perdida completamente en sus ojos.
Draco pareció echar una mirada hacia la puerta para asegurarse de que estaba cerrada y se acercó a Kaisa peligrosamente, que dio dos pasos hacia atrás hasta topar su cintura contra la mesa de carpintería de su padre. ¿Por qué demonios su padre tenía una cosa así? De nuevo, uno de los gemelos Evans dejó de pensar en su padre y se centró en los labios que se acercaban hacia ella peligrosamente.
-¿Draco…?-Kaisa no terminó la frase, porque el joven acortó el espacio entre ellos y unió sus labios a los de ellas.
La chica abrió mucho los ojos, sorprendida por el acto de su amigo, que permanecía besándola con los ojos cerrados. Kaisa observó cada milímetro de la cara de Draco, su tez pálida, sus finas y casi blancas cejas, su perfecta y recta nariz. El joven movió los labios sobre los de ellas, y Kaisa cerró los ojos. No estaba siendo nada desagradable, al contrario, su corazón bombeó con fuerza y las mariposas de su estómago comenzaron a revolotear curiosamente en su vientre.
Los labios de Kaisa sabían al whisky que había tomado, a miel, a azúcar, y Draco perdió la razón. Iba a ser un beso amistoso, quería enseñarle como debía hacerlo con el estúpido de San Potter. Sin embargo, en cuanto sus labios se posaron en los de la chica que le gustaba, Draco perdió el juicio, se acercó más a ella, que estaba apoyada sobre una mesa llena de herramientas y la tomó de la barbilla con delicadeza para elevarla un poco, profundizando el beso, cogiendo con la mano libre una de las manos temblorosas de Kaisa y posándola en su mejilla. Quería tocarla, quería besarla durante horas, hasta que sus labios enrojecidos e hinchados pidieran un descanso, quería hacer tantas cosas con ella. ¿Por qué aquella chica le daba las alas que necesitaba a la débil felicidad que vivía en su interior? ¿Sería de verdad la indicada para él?
Las dudas se instalaron en su maltrecho corazón, y dio por acabado el beso. Apoyó su frente en la de Kaisa, varios centímetros más baja que él, que abrió los ojos y le miró con la sorpresa aún en su rostro.
-Lo siento…-Fue lo único que pudo decir o hacer, mientras miraba el verde esmeralda de los ojos de la chica.-Yo… yo…
-Draco… ¿tú…?
-¿Kaisa?
La voz de Harry rompió el momento, y Kaisa pegó un brinco y se separó de Draco.
-Por Merlín… no puede verte aquí.-Se apresuró a decir la chica, temblando por el estrés y los nervios.-Tienes que irte ya.
-No lo hará, te lo he prometido… nadie me verá.-Draco buscó un hueco por el que escapar o esconderse y lo encontró en un armario repleto de ropa de trabajo, cerró la puerta para esconderse en el mismo momento que Harry abría la puerta para entrar al cobertizo.
-¿Kaisa?
-¡Harry!
-Tardabas mucho y el juego sin ti no es lo mismo.
-Oh…-Kaisa echó una mirada al armario y tragó saliva.-Eres muy amable.
-¿Has encontrado lo que buscabas?
"Diantres, ¡las esterillas!" pensó Kaisa, alzó la vista y las encontró en un rincón.
-Sí, ahí están.-Dijo.-Ya podemos marcharnos… ¿vamos?-Kaisa le ofreció una mano mientras que con otra cogía las esterillas.
Harry sonrió y la aceptó.
Antes de salir del cobertizo, Kaisa volvió a mirar hacia el armario y sonrió. Tenía mucha suerte de tener a Draco, y no supo porqué se alegró muchísimo de que él fuera su primer beso, estaba segura de que ahora besar a Harry no sería tan difícil.
Tendrían que llamar a aquel cuartucho lleno de trastos el Cobertizo de los Secretos sin duda.
