Las Aventuras de John Smith y el Gran Lobo Feroz.
Por LittleSelene
Capítulo 4: Viaje al Pasado Personal
Disclaimer: Doctor Who no me pertenece, ni ninguno de sus personajes.
- Así que… John, aún no me has contado mucho de ti mismo. – Dijo Rose abruptamente. Ambos se encontraban sentados en lo que ya se había convertido en "sus posiciones habituales" en la biblioteca de la TARDIS. Tomando té, comiendo pastelillos y enfrascados cada uno en su lectura: John leía un tratado de física del siglo XXV y Rose algo sobre la polinización en bio-domos en Marte. John pareció sorprendido ante su pregunta y sonrió tímidamente mientras permanecía en silencio. – A veces este estilo de vida no deja mucho tiempo para realmente saber con quién la compartes. – Ella se rio, pero continuó mirándolo expectante, sus orbes azules penetrándolo en busca de una respuesta. John se movió inquieto en su lado del sofá.
- Bueno, ¿qué quieres saber? No creo que sea un tema de interés. – Ella dejó de leer el pesado volumen en sus manos, lo colocó sobre la mesa de centro y le miró con incredulidad.
- No lo sé… Las partes emocionantes supongo. Eres mi compañero de viaje y hasta ahora no sé nada de ti, ¿sabes? He incluso ya te di una llave de mi casa. – Él rio ante su comentario. – John Smith, 34 años, doctor en astrofísica de la universidad de Cambridge… ¿soltero? – Lo último lo dijo a medio tono entre una pregunta y una afirmación. - Enseñabas física en aquella secundaria, ¿no? Pero también tienes un doctorado en Astrofísica, ¿qué te hizo postular a un trabajo tan bajo tus "potenciales"? – John acercó su mano a una de los pastelillos en la mesa, y no volvió a hablar hasta haberlo terminado y haber lamido todos los restos de azúcar de sus dedos. Rose le observó con exasperación.
- La física es mi pasión, ¿pero sabes? Enseñar siempre fue mi sueño. Supongo que se lo debo a algunos buenos maestros que tuve de niño y a que mi propio padre fue profesor de secundaria... Siempre quise dejar un buen recuerdo en mis alumnos, ayudarlos a ser mejores personas. – Rose sonrió.
- ¿Y tu familia? ¿Qué hay de ellos? ¿Dónde creen que estás en este momento? – La cara de John pareció distorsionarse con tristeza por un segundo antes de reponerse. Rose lamentó inmediatamente el haber preguntado.
- Yo… Soy huérfano, Rose.
- Lo siento.
- Está bien. – John cerró su libro y lo dejó a un lado. – Mis padres murieron cuando yo era niño; primero mi padre en un accidente automovilístico cuando yo aún no nacía, y luego mi madre cuando yo tenía sólo cuatro años de edad.
- ¿Cómo…?
- Fue víctima en un atentado en el café en el cual trabajaba; tres sujetos tomaron a once personas de rehenes, incluyendo a los cuatro trabajadores del local. Ella fue la única muerta. – Rose permaneció en silencio, meditando sus palabras por un momento. – Terminé creciendo en la comunidad Powell con mis abuelos, pero ella falleció cuando yo estaba en secundaria y luego mi abuelo cuando ya había entrado a la universidad. Estudié muy duro para obtener una beca en Cambridge, y trabajé luego para poder subsistir. – Rose observó cómo John tomaba otro de los pastelillos.
- Suena como una infancia, y adolescencia, difícil. – Él negó.
- No más de lo normal supongo. No estuve sólo, mi abuela fue una gran ayuda... Lo más difícil fue luego de su muerte pues a mis padres apenas y los recordaba. Recuerdo haber entrado en una profunda depresión que luego se fue como de un día para otro. Sólo lamento nunca haber conocido a mi padre, o no recordar a mi madre. – Finalmente Rose le dirigió una cálida sonrisa y acarició su mano con cuidado.
- Eres impresionante. – Él la miró sorprendido. – Eres una persona muy fuerte, John. – Entonces pareció como si una idea se le hubiese ocurrido. - ¿Te gustaría… conocerlos? – John la miró fijamente, meditando sus palabras y las posibilidades. Finalmente asintió.
- Sí… Por favor.
- Aquí estamos: Primero de Agosto de 1969. Capilla de Santa Mónica, Londres. ¿Estás listo? – Rose le ofreció su mano a John, quien la tomó algo inseguro.
- ¿Segura que esto está bien? – Intentó que su voz no sonara temblorosa.
- Claro que sí, ¿por qué no? Es una capilla pública. Tan sólo veremos la ceremonia y felicitaremos a los recién casados. – John asintió.
Ambos se acomodaron en las bancas de más atrás y observaron la sencilla ceremonia en la cual Verity y Sidney Smith se prometieron el uno al otro. Rose pudo notar la similitud de John con su padre, eran como casi dos gotas de agua, aunque él tenía los ojos color chocolate de su madre. Él observó asombrado a las dos personas que siempre quiso haber conocido en el momento más feliz de sus vidas, aunque su boca sintió el sabor de la 7bilis al recordar que en menos de dos años el destino cruelmente los separaría.
Una vez que la ceremonia hubo concluido, los recién casados se pararon en frente a la entrada a recibir las felicitaciones de familiares y amigos. John sintió cómo Rose apretaba su mano entre la suya y se dejó guiar hacia la muchedumbre. Cuando alcanzaron a la pareja ella aclaró su garganta para llamar su atención.
- Felicidades. – La mujer le miró con una hermosa sonrisa llena de felicidad.
- Muchas gracias… ¿nos conocemos? – John le sonrió de vuelta.
- No. Tan sólo estábamos de paso y no pudimos evitar observar. Fue una hermosa ceremonia. Les deseo mucha suerte.
Luego de eso ambos se retiraron hacia la TARDIS sin decir ninguna palabra. Al llegar John se acomodó en el asiento de la cabina.
- Gracias. Eso fue hermoso. – Rose le sonrió.
- No es nada. ¿Algún otro lugar que quieras visitar, John?
- Sí… ¿Podemos ir a 1975? …El trece de Julio… - Rose le miró interrogante. – Es el día… El día del atentado. Quisiera saber realmente qué ocurrió ese día.
- Tus deseos son órdenes, John. – Musitó ella mientras ingresaba los datos en el panel de control. – Sólo ten cuidado con lo que deseas.
- Este es, ¿no? Ambos se encontraban frente a un pequeño local con un cartel que decía "Apple Berry Pie Coffee".
- Sí… Las noticias decían que el suceso ocurrió cerca de las 17:40.
- Faltan quince minutos. – Las calles de alrededor del lugar parecían desiertas. – Extraño lugar para un atentado. - Por la ventana del local ambos divisaron a Verity en su uniforme de camarera. Repentinamente Rose notó algo. – Espera… ¿Dijiste once rehenes contando a los cuatro trabajadores?
- Sí, ¿por qué? – Rose apretó su mandíbula con nerviosismo.
- Hay sólo seis clientes, John. Falta una persona. – John miró nervioso a la calle.
- Podría llegar en los próximos minutos, ¿no? – En eso ambos vieron una sospechosa van negra sin placas estacionarse frente al local. John notó el problema. – Las calles están desiertas y ellos ya están aquí. – Le miró en busca de una respuesta, justo entonces algo en el bolsillo de Rose comenzó a sonar.
- ¡Demonios!
- ¿Qué es eso?
- Detector de actividad alienígena. – Los ojos de John se abrieron como platos con horror. – Lo siento, John. Deberás entrar y ser el rehén número once.
- Pero…
- Yo debo investigar esto AHORA. – Él asintió. Rose le miró fijamente y la pena se reflejó en su rostro. – John... Tú sabes lo que ocurre hoy, no puedes cambiarlo.
- Lo sé. – Él suspiró antes de entrar por la puerta. El aroma dentro era delicioso y John tomó asiento preguntándose qué debía hacer ahora.
- Bienvenido a Apple Berry Pie Coffee, ¿qué desea tomar?
- Yo… - John no pudo sino observar boquiabierto a la mujer frente a sí.
- Hey, si sigues así puedes tragarte una mosca. – Bromeó ella.
- ¡Lo siento! – El bajó la cabeza avergonzado.
- ¿Qué tal una taza de té y una rebanada de nuestro famoso pie de manzana? – Ella le sonrió.
- Sí… Eso estaría bien. – Un par de minutos más tarde ella volvió con su orden, y para su asombro tomó asiento frente a él mientras comía un trozo del mismo pie.
- Es mi hora de descanso, ¿te molesta si te hago compañía?
- Para nada. – Ambos permanecieron en silencio un minuto.
- ¿Sabes? Estoy segura de haberte visto antes en alguna parte, pero no logro recordar dónde. – Ella le observó fijamente un momento, haciéndole sonrojar. – Lo siento… Creo que te pareces mucho a alguien…
- ¿A quién? – Ella suspiró mientras que John intentaba contener el palpitar de su corazón.
- Mi esposo. – Una sonrisa triste apareció en su rostro. – Sólo alcanzamos a estar casados cerca de año y medio… Murió en un accidente hace casi cinco años ya. – Para su sorpresa John tomó su mano a través de la mesa en gesto conciliador.
- Lo siento… Seguro era un buen hombre. – Repentinamente el rostro de Verity se iluminó.
- ¡Ya sé en dónde te he visto! ¡Tú estabas ahí el día de nuestra boda! Nos felicitaste luego de la ceremonia junto con una hermosa chica de ojos azules. ¡Ahora lo recuerdo! ¡Pero si no has cambiado nada! – Ella rio y él pensó que la risa de esta jovial mujer era una de las cosas más hermosas que había oído en su vida. - ¿Cuál es tu nombre?
- John Smith. – Para su deleite ella volvió a reír.
- ¿De verdad? ¡Mi hijo se llama igual! Mira. – Ella rebuscó entre sus bolsillos hasta hallar una desgastada foto. – Tiene tan sólo cuatro. Ojalá de grande sea tan guapo como tú. – John se rio ante la ironía de la situación.
- ¿Lo quieres mucho? – Ella se puso seria.
- Más de a nada en el mundo. Sin él no habría soportado la pérdida de Sidney. Lo es todo para mí. – John sonrió.
Fue justo en ese momento cuando las puertas se abrieron de par en par y tres sujetos encapuchados, portando extrañas armas de aspecto futurista entraron al lugar. Uno de los clientes dejó escapar un grito ahogado en cuanto los vio.
- ¡Silencio! Reúnanse todos al centro del lugar y mantengan la boca cerrada.
A continuación todo fue una conmoción. Los rehenes fueron movilizados y obligados a permanecer en el suelo mientras que los captores les apuntaban sus armas.
- ¿Qué está pasando? – Musitó la otra camarera asustada.
- Permanezcan tranquilos y nada les pasará. Ustedes serán nuestro boleto de vuelta a casa. – Entonces John observó con horror cómo uno de los captores se quitaba la capucha y los guantes exponiendo su piel de vibrante color rojo y carente de cabello: definitivamente un alienígena. Todos se conmocionaron y hubo un par de disparos al aire.
- ¿Qué está pasando? – John se encontró a sí mismo sujetando con firmeza a su madre intentando calmarla.
- Tranquila. No parecen querer hacernos daños.
- ¡No, John! – Por un segundo él no comprendió a qué se refería ella, hasta que un recuerdo le llegó de lleno en la mente.
- ¡Tu hijo está aquí! – Ella asintió silenciosamente en sus brazos.
- Mamá no podía cuidarlo hoy así que lo traje al trabajo. Se encontraba durmiendo en la habitación de atrás. ¿Qué haré si le sucede algo?
- ¡Silencio! – John intentó calmarla.
- Nada le sucederá, ma… Verity. Te lo aseguro. – Ella asintió en silencio, sin poder detener el flujo de lágrimas que caían por sus ojos.
Afuera del local parecían estarse congregando una multitud de carros policiales, prensa y gente curiosa, alrededor de una barricada policial. Cualquiera fuera lo que sus captores buscaban, esperaban conseguirlo por medio de los rehenes.
Fue entonces cuando todo se volvió un caos.
- ¿Mami?
- ¡Quieto ahí! –
Uno de los secuestradores apuntó su arma directo al pequeño que acababa de salir de detrás del mostrador.
John no pudo reaccionar a tiempo para impedir que Verity corriera y se interpusiera entre su hijo y el peligro.
Se oyó un disparo y el peso de un cuerpo caer contra el suelo.
Entonces dos voces, un niño y un adulto, gritaron a la vez que corrieron hacia la mujer caída.
- ¡Mamá!
En ese momento la luz de la habitación se fue por un momento y tres objetos contundentes golpearon a cada uno de los secuestradores en el pecho, dándoles un choque eléctrico que les dejó inconscientes. Rose observó la situación con cuidado mientras ambos John, niño y adulto, corrían hacia su madre.
- ¡Cuidado! ¡No lo toques! – Rose atrapó al niño John a medio camino antes de que se acercara más a su contraparte adulta.
- ¡No, mami!
- Lo siento, John. – Entonces tocó su temple con uno de sus dedos y el niño calló dormido en sus brazos. John la miró con cuidado y ella asintió, permitiéndole acercarse a la mujer.
- John…
- Aquí estoy. – Él tomó su mano con cuidado. – No estás sola… Nunca lo estarás, te lo prometo.
- Mi… hijo…
- Está bien. Te lo prometo. – Los ojos de John se llenaron de lágrimas. – Pero tienes que ser fuerte… Porque él lo será. Será un buen niño y un buen nieto. Estudiará duro e irá a Cambridge, ¿puedes creerlo? ¿No fue siempre tu sueño que tu hijo fuera a la universidad? Será un profesor como su padre… Aunque no lo veas hacerlo.
- ¿Por qué… Por qué me dices esto…?
- Porque es cierto… Y porque tú no lo verás. No estarás ahí. – Dijo él ya sin poder evitar llorar ahora. – Pero él nunca dejará de pensar en ti… Y un día… Un día conocerá a esta mujer asombrosa, con esta máquina capaz de viajar en el tiempo y juntos irán a verte… madre. Él… irá a verte el día de tu boda y te acompañará hasta tu último respiro… Te lo prometo. – Ella dejó escapar un intento de risa, pero no pudo evitar escupir algo de sangre ante su preocupada mirada. Abrió los ojos con dificultad y acarició su rostro.
- John… Smith… luces… igual a tu padre. – John sonrió.
- Te amo, madre. Siempre lo haré. – Ella sonrió y cerró los ojos por última vez. Luego de un momento John sintió una mano sobre su hombro y Rose le sonrió con tristeza.
- Vamos, John… Debemos irnos. – Él asintió distraídamente y se dejó llevar de vuelta a la TARDIS, en donde se dejó caer en el asiento. Luego de lo que pareció un rato interminable, y de que Rose volviera con una taza de té y una bandeja de bizcochuelos, por fin habló.
- ¿Por qué no pude recordar esto hasta ahora? Verme a mí mismo y estar aquí este día… No lo recordaba. – Rose mordió su labio inferior con incomodidad.
- Lo borré de tu memoria cuando te hice dormir, John. Dejé un gatillante para que lo recordases hoy… Pues tú mismo no lo recordabas antes. – Él asintió.
- Era una gran mujer… Y su risa… Su risa era hermosa. Gracias por permitirme conocerla. – Rose tomó su mano con cuidado.
- Y tú eres un gran hombre, John. Has superado mucho tú sólo para poder llegar hasta aquí y ser quien eres hoy. Y no te has rendido nunca, no debe haber sido fácil.
- Una vez… Casi lo hice. – Dijo él, poniéndose de pie súbitamente mientras recordaba algo.
- ¿Qué?
- Cuando tenía catorce años y mi abuela murió yo… Creí que la vida ya no tenía sentido, caí en una depresión muy profunda y un día pensé en… - Permaneció en silencio por un momento, repentinamente la memoria había vuelvo a él de esa tarde. Tan vívidamente como si hubiese sido el día anterior. – Aquella tarde caminé hacia la estación en Queen's Road y esperaba tirarme a las líneas del subterráneo pero una mujer estaba ahí… Sentada como esperando algo. Ella tomó mi mano y dijo que si saltaba ella lo haría conmigo. Entonces me llevó a un lado y nos sentamos a conversar. Hablamos toda la tarde y toda la noche. Ella… me hizo creer que aún valía la pena vivir y que si me esforzaba podría cumplir todos mis sueños. Me dijo que ella lo sabía, y que si no era así… si de todas formas decidía rendirme ella saltaría conmigo, o que juntos huiríamos a donde fuera. A la mañana siguiente comimos papas fritas y me dio su número, me dijo que la llamara si algún día la necesitaba y ella estaría ahí… - Rose le miró fijamente. – Una mujer de penetrantes ojos azules. – Mientras decía lo último sacó su celular del bolsillo y lentamente marcó un número. Inmediatamente el teléfono de la TARDIS comenzó a sonar. Rose se ruborizó.
- ¿Aún quieres saltar, John? Porque… incluso si aún no he hecho esa promesa, pienso mantenerla. – John sonrió.
- No. Pero te tomaré la palabra con lo segundo.
- Me parece que eso ya lo hiciste. Huir conmigo. – Él rio.
- Iré a dormir ahora. Ha sido un largo día. – Ella asintió y él comenzó a caminar hacia el pasillo, no sin antes acercarse a ella y susurrar algo en su oído. – Tres de mayo de 1985, estación de Queen's Road a las 16:36. Creo que tenemos una cita.
Rose se sonrojó ligeramente mientras lo veía alejarse por el pasillo, y el súbito calor en su cara le hizo preguntarse si no debía arreglar la calefacción.
- Bien… Una cita entonces. – Dijo mientras fijaba el rumbo. Iba a ser una larga noche y tenía una importante promesa por hacer.
Nota de la Autora: Este capítulo me salió bastante rápido y disfruté escribiéndolo, espero que les agrade como quedó, creo que ayuda bastante a seguir desarrollando la relación entre estos dos.
