De una u otra forma siempre supe que no sería un chico ordinario. Además de adorar los deportes, porque de verdad lo hago, también amo las matemáticas. Recientemente he descubierto que amo las pollas, a los chicos, a uno en particular. Y, aunque sea raro, también amo el club Glee, aunque esto último aún no me lo puedo creer.

Antes era muy raro que participara en las clases, sólo contestaba cuando me preguntaban algo directamente porque tenía miedo de que mis compañeros de equipo me consideraran un empollón. Ahora las cosas son muy diferentes, disfruto mis clases de cálculo y no tengo miedo de nada de lo que piensen mis compañeros.

—Anderson, "x" es igual a…

Es raro, Encantador ha estado muy desconcentrado desde hace días y hoy parece más perdido que nunca. El señor Craven le pregunta pero él de verdad está perdido y no creo que sepa la respuesta; ni siquiera ha puesto atención a lo que le está diciendo el profesor. ¿Habrá problemas en el paraíso? No, para qué me engaño.

—¿Nada, señor Anderson? —Encantador niega y yo levanto mi mano.

—Karofsky.

—"X" es igual a -2.

—Correcto, señor Karofsky. Anderson, por favor, baje de su nube y póngame atención. Odio estar hablándole al aire.

Craven le lanza una de sus miradas asesinas y Encantador se sienta mejor en su silla. Aparenta estar poniendo toda su atención a la clase pero no es así; algo ronda esa cabecilla engominada, tal vez Kurt.

Yo me paso las horas pensando en él. En lo que pudo ser, en lo que habría sido si yo no hubiera hecho tantas tonterías, en ocasiones en los tal vez, los quizás… Los hubiera duelen demasiado. Si me hubiera dado cuenta de lo que soy a tiempo, si lo hubiera defendido en lugar de lastimarlo, si no lo hubiera besado, si no lo hubiera amenazado, si no hubiera sido un adolescente asustado de mí mismo... Tal vez, quizás… ¿Qué caso tiene me torture así? Imagino que es propio de la adolescencia torturarte con cosas como éstas. Un día, cuando haya madurado, quizás esto ya no duela tanto y se convierta en un ridículo recuerdo.

El timbre suena ayudando a que esos pensamientos se vayan. Tengo que hablar con Patrick de esto. Termino de guardar mis cosas mientras siento la mirada de Encantador sobre mi espalda. ¿Cómo sé que es él? Bueno, puedo percibir su caro perfume. Me giro para verlo. Parece nervioso, cosa rara en él porque siempre está seguro de todo. Se acerca a mí con una sonrisa vacilante. Espero que no quiera que me aleje de Kurt o algo así porque me siento muy tranquilo siendo amigo de Hummel.

—David. —Odio que me hable con tanta familiaridad pero parece que es parte de su esencia tratar a todo mundo como si los conociera desde pequeños.

—¿Qué pasa, Anderson? —Intento no fruncir el ceño porque en realidad este chico no me ha hecho nada, simplemente llegó a la vida de Kurt cuando yo era el ogro de su castillo.

—Verás, yo soy bastante malo en cálculo y, por lo que he visto últimamente, tú eres muy bueno. Quería pedirte ayuda. —Elevo una de mis cejas. Esto está mal en tantos niveles que parece que he entrado en la dimensión desconocida. — Estamos en el coro, somos compañeros de escuela y creo debemos limar nuestras asperezas. —Me ofrece una de esas deslumbrantes sonrisas que parece sacada de un manual de manipulación. — ¿Qué dices? ¿Amigos?

Me tiende su mano. ¿Qué debo hacer? Sé que no es un mal tipo pero aun así… No sé. Ser amigo de Kurt es genial pero ser amigo de su novio es como dormir con el enemigo, ¿no? Aun así estrecho su mano, no tengo un buen motivo para negarle mi amistad. Hasta cuando hace un par de semanas me reclamó por mi comportamiento fue amable. Debe ser su educación de niño pijo.

—Entonces, ¿quieres mi ayuda en cálculo? —Él asiente con una enorme sonrisa.

—Por favor, ¿podríamos empezar hoy? Es que no he entendido nada de la clase. —Le sonrío divertido.

—Sí, claro. Te he visto bastante distraído. —Él se sonroja y luego me mira con sus inmensos ojos marrones.

—No me ha sido fácil encajar aquí. En Dalton las cosas eran muy distintas. —La añoranza en su voz me parte un poco. Este chico dejó un lugar seguro y confortable por seguir su novio a McKinley, que es algo así como el infierno para cualquiera que no cumpla con los estereotipos.

—Vamos, sólo será un año y después saldrás de aquí. El mundo no es esto. —Encantador me sonríe, por lo menos ya está de mejor humor. —¿Cuándo nos vemos para explicarte lo de hoy?

—¿Te parece si quedamos en el salón del club Glee una hora antes de que empiece el ensayo?

—Está bien.

Me voy porque me restan tres horas de clase, el entrenamiento con el equipo y luego mi primera clase particular para Encantador. Con esto me debo de estar ganando buen karma o algo así. Es mi buena obra del año, tal vez de la década. A pesar de que Encantador no es malo, aún sigue siendo el novio de Kurt.

Llego raspado al salón de ensayo. El entrenamiento se ha prolongado un poco más de lo que pensé y tener que ser el último en la ducha también me ha retrasado. Cuando entro al salón, Encantador ya está con los apuntes sobre el piano; al parecer intenta entender algo, pero no lo logra.

—Ey —le digo a modo de saludo. Él me sonríe. Arrojo mis cosas en una esquina y camino hasta él.

—Pensé que no vendrías.

—La entrenadora Beiste ha sido brutal con nosotros. Ahora mismo me duelen músculos que ni siquiera sabía que tenía. —Encantador sonríe cálidamente. Este estado de tregua es muy raro. —Bueno, ¿empezamos? ¿Qué no entendiste de hoy?

—Nada.

—Pues para entender tendrás que ponerme un poco de más atención que al profesor Craven. —Él asiente y empiezo a explicarle.

Media hora después Encantador ya está listo. Por fin ha entendido las ecuaciones de hoy y parece increíblemente feliz. Me siento en la banqueta frente al piano y reviso su último ejercicio, que es perfecto.

—Muy bien, lo has entendido perfectamente. —Le regreso sus hojas y me quedo mirando el piano. Al hacerlo comienzo a sentirme algo triste, estar aquí me recuerda a mi madre.

—Gracias, de verdad eres bueno en esto.

—Mi papá es ingeniero. Debe ser algo de herencia genética, siempre me han gustado los números.

—Paul Karofsky. Mi abuelo tiene varios negocios con su constructora. ¿Has pensado en a qué te vas a dedicar después de esto? —Me encojo en hombros e inconscientemente me pongo a tocar el piano.

—Mi papá quiere que me encargue de la constructora y seguramente lo haré, me gusta el negocio. Pero también me gustaría estudiar algo más, no sé, algo que tenga que ver con las artes.

—Tocas muy bien el piano. —Se me escapa un suspiro. No lo puedo evitar, extraño hablar con mi mamá.

—Mi mamá me enseñó desde pequeño. Aunque ahora no me habla, a ella no le gusta nada la idea de que sea gay. —Sus labios se juntan en una mueca de preocupación y entendimiento.

—Hace dos veranos mi padre y yo reconstruimos un coche, para compartir tiempo de "hombres" —hace comillas con los dedos y se apoya en el piano—. En realidad creo que quería ver si yo era capaz de ensuciarme o de no llorar cuando se arruinase mi manicura. —Lo dice con tanta ironía que no puedo evitar reírme.

—Mi mamá fue criada en una familia que tenía otras ideas. Para ella la homosexualidad es un gran pecado y yo seguramente me quemaré en el infierno por mi perversión.

—No somos los hijos que nuestros padres hubieran querido tener. —Sigo tocando. En realidad no puedo decirle que no. Encantador ha dicho una gran verdad.

—Mi mamá siempre quiso que hiciera estas cosas: tocar el piano frente a la gente, cantar, bailar…, pero nunca creyó que su hijo sería gay. Cuando era niño y estaba triste por alguna cosa, ella me llevaba al piano y empezaba a tocar.

No sé por qué le estoy contando esto a Encantador. Tal vez sea por la necesidad de hablar con alguien que pueda entenderme porque está en mi misma situación. Sin darme cuenta empiezo a tocar Here come the sun. Mi mamá siempre me tocaba esa canción cuando yo estaba triste.

Las palabras se me escapan como los rayos del sol en una mañana muy brillante.

Here comes the sun
Here comes the sun
And I say it's all right

Sonrió cuando Encantador me sigue diciendo esa última frase y continúo cantando aun más animado.

Little darlin' it's been a long cold lonely winter
Little darlin' it feels like years since it's been here

Sigo tocando el piano mientras Encantador es quien canta de nuevo.

Here comes the sun
Here comes the sun
And I say it's all right

Esta vez yo le hago la segunda voz y él parece sorprenderse de mi acompañamiento, pero sigue cantando.

Little darlin' the smiles returning to their faces
Little darlin' it seems like years since it's been here

Cantamos los dos juntos el siguiente coro. Es interesante cantar con Encantador, casi puedo olvidar el hecho de que es el novio del chico que amo.

Here comes the sun
Here comes the sun
And I say it's all right

Encantador camina para tomar una de las guitarras de la banda, y empieza a tocar junto conmigo. Esto que hacemos es condenadamente complicado pero la armonía musical se escucha muy bien. Nos sincronizamos a la perfección.

Sun, sun, sun, here it comes

Él se acerca a mí y me empuja amistosamente mi hombro después de escucharlo recitar la frase.

Sun, sun, sun, here it comes

Encantador sonríe y sigue tocando, cambiando un poco el ritmo. Lo sigo a la perfección y él vuelve a sonreír. Continuamos cantando juntos para finalizar la canción.

Little darlin' I feel the ice is slowly meltin'
Little darlin' it seems like years since it's been clear

Here come the sun
Here comes the sun
And I say it's all right

Unos aplausos explotan en la sala cuando terminamos de tocar la última nota. Nos giramos para ver a todos los chicos del Glee viéndonos. Miro a Kurt enseguida, parece algo perturbado y nos observa alternativamente a Encantador y a mí. Necesito hablar con él, esa mirada no me gusta nada.

—Bien, chicos, después de esta esplendida bienvenida vamos a trabajar.

Los minutos pasan muy lentos. El profesor Schuester nos quiere dar una tarea pero Rachel Berry sugiere que empecemos a escoger las canciones para algo que se llaman Regionales. En realidad no sé a qué se refiere y no me importa. Ahora quiero resolver esto que ha pasado antes de iniciar el ensayo. No sé, me siento como si Kurt estuviera molesto o con derecho a molestarse.

Por fin, el ensayo termina con un empate, porque aún no sabemos cuál será la asignación para esta semana, pero tampoco veremos lo de las canciones todavía. Según el señor Schuester tenemos que soltarnos un poco y divertirnos. ¿Será que yo me estoy divirtiendo? Bueno, entiendo que estos chicos estén estresados, es su último año para ganar algo importante para el club Glee.

—Ey, Grizzly. Hoy en mi casa torneo de Black Ops. —Siendo honesto me sorprende que Finn me quiera llevar a su casa para jugar.

—No sé, hombre. —No quiero estar en la casa de Kurt, no es algo que me haga bien. Finn parece entender mi dilema. Me da un ligero golpe en un brazo y me habla haciéndome una mueca tranquilizadora.

—Kurt no estará. Tiene su noche de divas en casa de Mercedes. —Bueno, por lo menos no tiene su noche con Encantador.

—Ok, envíame un mensaje.

—Bien. Nos vemos en casa, Kurt.

Finn se despide de Encantador con un simple gesto. Me parece que el chico bonito espera algo, tal vez que también lo invite a su casa, pero no sucede. Parece que Hudson no considera que el novio de su hermanastro pueda disfrutar de un rato de esparcimiento con sus otros compañeros de Glee. Mi mirada se cruza con la de Encantador. Él parece entender lo que estoy pensando. Le sonrío y él se encoje de hombros. Kurt camina frente a mí y toma la mano de Encantador.

—Nos vemos mañana, Dave.

—Kurt, yo… ¿Hubo algún problema hace un momento? —Encantador me mira curioso. —Tal vez creas que pudo haber sido un poco hipócrita de mi parte pero yo no…

—Me da gusto ustedes se estén llevando bien, es bueno para el grupo y para nosotros. Somos personas maduras, ¿cierto, bebé? —Encantador me mira y luego a él.

—Claro, cariño. Es momento de dar vuelta a la página. —Se dan unas sonrisitas tontas y Encantador besa el dorso de la mano de Kurt. Yo sólo quiero vomitar.

Los tres salimos del salón de ensayo. Ellos caminan delante de mí y Encantador pasa uno de sus brazos por la cintura de Kurt. Esto es demasiado, nunca los había visto ser tan cariñosos, no creo soportar verlos dándose un beso. Ambos desbordan dulzura.

—Grizzly, bro. ¿Vas a la casa de Hudson para el torneo? —La mano de Azimio cae un mi hombro derecho y me obligo apartar la mirada de la pareja perfecta.

—¿También te ha invitado? —Azimio se encoge de hombros.

—Ahora estamos en buenos términos. —Suspiro sin quererlo, aún tengo en mi mente las imágenes de la pareja perfecta.

—Deberías seguir el consejo que le diste a Hudson. Aléjate de tu ninfa de nieve y su hobbit. Debes salir con alguien.

—No seas idiota. Lo dices como si tuviera una especie de relación con ellos dos.

—No digo eso. Sólo te digo que deberías de salir con alguien. —Miro a mi amigo por unos segundos y niego.

—No quiero salir con nadie. No es algo que me interese en estos momentos. —Azimio parece nervioso y que me den una patada en los huevos si no lo conozco. —¿Qué hiciste?

—¿Yo? Nada. —Y una puta.

—¿Qué hiciste?

—Sal con Teddy.

—¿Teddy? Tu primo Teddy que tiene quince años. —Se encoge de hombros de nuevo.

—Vamos amigo, ni que tú fueras un viejo. Y Teddy es tu tipo. Niño bonito, sigue la moda y es mi primo.

—¿Estás loco?

Durante el verano Azimio me había hablado de su primo Teddy. El chico vivía en Westerville con sus padres y se había declarado gay como a los trece años. Azimio no hablaba de él porque pensaba que yo era homofóbico. Menuda mierda. En ese momento no supe por qué sentirme peor, si por haber sido un imbécil que se escondía en un armario torturándome o por ser el único chico gay de Ohio que había tenido problemas para aceptar su sexualidad.

Hummel anda por la vida presumiendo de que es gay, Encantador podría llevar puesta una camiseta con la leyenda por detrás me gusta más y se vería perfecto y hasta el mocoso primo de Azimio resultaba ser un hada del mundo gay, que para colmo estudia en la Academia Dalton.

—Por favor, hombre. Le prometí que saldrías con él. —Estoy tentado a partirle la cara a mi mejor amigo. —Te juro que no fue culpa mía.

—¿En serio? —Le digo en el mejor tono irónico que encuentro. Casi doy media vuelta para irme, pero Azimio me detiene.

—Pasó este fin de semana en la casa de mi tío Ted. Estábamos terminando de comer. Mi mamá estaba sirviendo el postre, ya sabes, ese pastel de chocolate receta de mi abuela. —¡Que si lo sé! Puedo acabarme medio pastel yo solo. — Yo estaba en una especie de viaje chocolatoso, mi papá me preguntó que cómo te estaba yendo en la escuela —Estoy haciendo un intento enorme para no reírme de la imitación de Azimio. — y yo le respondí que bien. Entonces mi tío preguntó que si pasaba algo malo contigo y mi papá le dijo que habías salido del armario a finales del año pasado. Y fue ahí cuando todo se fue a la mierda. Los ojos de Teddy se iluminaron como un par de focos en una habitación oscura. —Enmarco una de mis cejas. — En serio, hombre. No dejó de preguntarme cosas de ti y no pude soportar más cuando me preguntó si estabas caliente. Para que me dejara en paz tuve que decirle que te convencería para que salieras con él.

—Bien. —Mi amigo boquea un poco.

—¿Bien? ¿Así como así?

—Bueno, así como así, no. Yo salgo con tu primo si tú me prometes acompañarme a un día de compras con Hummel. —Creo que Azimio ha perdido algo del color de su rostro.

—¡Qué! ¿Estás loco? ¿Por qué no mejor me invitas a una reunión del Ku Klux Klan?

—Nada, amigo, se lo debemos. Tenemos que reponer algo de la ropa que le hemos echado a perder durante estos años. Le diré que puede comprarse la ropa que quiera, que yo pagaré.

—Bien, si tú pagarás, ¿para qué me quieres a mí?

—De apoyo moral, amigo. No pienso ir a un centro comercial con Hummel y su novio sin algo de apoyo. Además, tú también necesitas disculparte con él y ésta es la mejor forma de hacerlo. Vamos, hombre. Saldré con tu primo para salvar tu trasero negro. —Azimio me mira intensamente por unos segundos. Sé que estoy empujando pero quiero darle un voto de confianza a mi amigo.

—¡Bien, iré!

—Genial. —Le sonrío pero tengo que advertirle de algo muy importante y para reafirmarlo golpeo su pecho con mi dedo índice. —Pero aclárale a tu primo que no es un cita. Sólo iremos al cine o algo por el estilo. Será una salida de amigos sólo porque el chico se siente solo. Y no habrá nada más, ¿estamos?

—Estamos, Grizzly. ¿Cuándo hay que ir de compras? —Creo que Azimio se ha estremecido cuando ha dicho esa palabra.

—No sé, primero tendré que hablar con Kurt para saber cuándo tiene tiempo. —Él asiente pero se queda pensativo. — ¿Qué?

—¿Por qué lo haces, Dave? Los dos sabemos que tu bonito no te hará caso. —Me encojo de hombros y miro hacia la salida.

—Es lo correcto, Azimio. Esto nos traerá buen karma.

—Si tú lo dices. —Me da unas palmadas en el hombro. — ¿Te veo en donde Hudson?

—Sí. Entonces, ¿salgo con tu primo este fin de semana?

—Claro que no. ¿No recuerdas a qué estamos el viernes? Es mi día, hombre. Dieciocho años. Y voy a tirar la casa por la ventana. Hasta tus chicos del Glee están invitados.

—No creo que sea buena idea, Azimio, los otros chicos podrían molestarlos.

—Nada, nada. Ellos no se meterán con tus chicos, será genial.

—Si tú lo dices… —Azimio se despide de mí con gesto convencido. Espero que su fiesta sea tan buena como él desea.

Entro en mi casa, el aroma delicioso que viene de la cocina hace que mi estomago gruña levemente. En realidad me muero de hambre y espero que mi mamá haya preparado la pasta que creo que es porque se me está haciendo agua la boca nada más de pensar en ella.

—Hola, joven David. —Donna ha estado ayudando a mi mamá con la casa desde que yo tenía un año. Es una señora genial

—Hola, ¿cómo va la comida? —Ella sonríe encantadoramente.

—Maravillosa, joven. En un momento más estará list…

—Donna, ¿dónde está la salsa de…? —Veo a mi madre tensarse en cuanto nota mi presencia.

—Buenas tardes, hijo. Te espero en la cocina, Donna. —Mamá da media vuelta y regresa a la cocina de la misma forma apresurada que salió. Donna me sonríe y se va.

Subo las escaleras y miro el pasillo que da a mi habitación y la de Cristi. La puerta de mi hermana está entreabierta; le debo una conversación a la pobre. Tengo que serenarme primero para poder hablar con ella. Llego a mi habitación, arrojo mis cosas al suelo y me dejo caer en la cama.

He intentado convencerme de que esto que le pasa a mi mamá es sólo una fase, que tarde o temprano recordará que soy su hijo y me amará incondicionalmente. Sin embargo, duele, me lastima que me ignore. Ella se sentiría orgullosa de mis logros en el club Glee. Estoy seguro de que si supiera lo mucho que disfruto la música me felicitaría, incluso cocinaría para mí ese pastel de frutas que tanto me gusta. Lo haría para festejar mi logro, mi triunfo. Me abrazaría y me diría que me ama como antes lo hacía. Pero eso no sucederá a menos que mi mamá cambie sus ideas o yo muera. Creo que es más factible lo segundo.

Me levanto de la cama. Tengo una conversación pendiente con mi hermana. Llego a su habitación y golpeo el marco de la puerta para llamar su atención.

—Pase. —Cristi está recostada en la cama mirando su portátil como si en ella estuvieran los misterios del universo.

—Ey. —Levanta la vista cuando me escucha y sonríe. Me siento a los pies de su cama.

—Hola, ¿mucha tarea? —Observo la portátil. Cristi la hace a un lado y se acerca más a mí.

—No, para nada. Sólo comprobaba mis notificaciones. —Asiento y la observo unos segundos para armarme de valor e iniciar la conversación.

—¿Cómo estás? ¿Cómo te sientes?

—¿No debería de preguntarte eso yo? —La miró fijamente. — Ok, estoy bien contigo, sabes que te amo por encima de todas las cosas. Es sólo que… —Humedece su labio inferior; es un tic de mi papá que sus dos hijos tomamos. —, odio la actitud de mi mamá, odio que pase de ti. Es una mierda lo que hace porque somos una familia. —Paso mi brazo izquierdo por sus hombros para reconfortarla.

Squirrel, ella fue criada con otras ideas. Los abuelos eran personas muy tradicionales que le inculcaron esos valores.

—Sí, muy bien, pero es nuestra madre y debe amarnos y sobreponerse a sus ideas y creencias. ¿Por qué no puede ser como papá? Para él tampoco debe ser fácil entender pero lo intenta porque nos ama, porque ama esta familia. —No puedo negarlo, mi viejo está conmigo de una forma sorprendente.

—Sabes que con él diferente. Papá sufrió durante su niñez y ahora él quiere darnos todo lo que él no tuvo. Eso incluye su amor infinito, su protección y su guía. —Cristi bufa un poco molesta.

—¿Entonces el sufrimiento de papá lo hace mejor persona? ¿Sólo porque mamá tuvo una buena vida no tiene porque esforzarse por nosotros?

—Me gustaría decirte que no, pero el sufrimiento enseña muchas cosas y puede hacerte mejor persona. —Ella me mira y suspira. Me abraza con fuerza y al separarse me deja un cariñoso beso en la mejilla.

—Te quiero, hermano.

—Entonces, ¿te veo mañana en la escuela? —Blaine estaciona su coche frente a la casa de Mercedes.

—Sí, cariño ¿La pasaras bien con Wes? —Blaine se inclina un poco para poder besar a Kurt.

—Lo intentaré, pero te extrañaré mucho, bebé. —Kurt le sonríe.

—Lo sé, soy único. —Blaine vuelve a besarlo como una confirmación a sus palabras pero al separarse hay algo raro en su mirada. — ¿Qué pasa?

—Nada, una tontería en realidad. —Kurt lo mira y toma las manos de Blaine entre las suyas.

—No te hagas mala sangre por lo de Finn. Él sólo supone que a ti no te interesa pasar horas frente a un televisor con el mando de PS3 disparando a seres inexistentes, y hasta cierto punto eso el halagador. Él cree que eres superior a eso. —Blaine ríe sin muchas ganas.

—Sí, claro. El punto es que no lo soy; me gusta el juego, me gusta sentarme frente al televisor para disparar y volar cosas con mi mando de PS3. Tu hermano invito a Dave, ¿por qué a mí no? Hasta donde sé ambos somos gays pero parece que a tu hermanastro se le olvida que yo también soy un hombre, aunque no mida casi dos metros y ni exude testosterona a cada paso.

—Bueno, Wes es tan hetero como Puckerman y no le gusta jugar esas tonterías.

—De eso se trata. Pensé que aquí podría tener otro tipo de amistades y…

—Son prejuicios que tiene Finn. Hablaré con él. —Blaine besa las palmas de Kurt y le sonríe ampliamente.

—Olvídalo, todo está bien. Ahora anda y disfruta tu noche de divas. —Con un último beso, Kurt baja del coche. Blaine lo observa entrar a la casa y después arranca para irse. Al encenderse el coche se escuchan las primeras notas de Here come the sun y Blaine sonríe sin quererlo.

Kurt se deja caer estrepitosamente sobre la cama de Mercedes emitiendo un suspiro cansino y abrumador. Mercedes enarca una ceja y lo observa.

—¿Qué pasa, niño blanco? No sé por qué pero presiento que algo te perturba. —Kurt se incorpora y la observa con una mirada retadora.

—¿Podemos dejar la ironía fuera de esto?

—No sé, ¿podemos? —Kurt rueda los ojos.

—Estoy hecho un lio y, por primera vez, no tengo ganas de ironías. —Mercedes asiente y se coloca en una postura que grita soy toda oídos. — Esto es una pesadilla. Por fin tengo el mejor novio del mundo, Blaine. Es bueno, guapo, super sexy, somos afines en mil cosas y, cuando por fin tengo la posibilidad de vivir mi romance de cuento, no puedo dejar de pensar en Dave Karofsky. Desde el verano parece que él se va metiendo poco a poco en mi vida. Primero va y me pide perdón, seguidamente trabaja con mi papá en el taller, después se une al club Glee…

—Te canta que eres su razón para cambiar.

—Me canta…

—Hace un dueto contigo, donde el pobre diablo se esfuerza para verse encantador y dulce. Lo cual, sorpresivamente logra.

—Sí…

—Y hoy demostró que no sólo puede ser dulce y encantador contigo sino que también puede llegar a serlo con su enemigo.

—Lo sé. Lo de hoy ha sido la gota que ha colmado vaso. —Kurt se deja caer de espaldas sobre la cama y suspira. —Cuando los he visto he sentido dos cosas muy distintas. Primero celos porque Blaine estuviera haciendo algo así con otra persona. Y me irritó que la atención de Dave se dispersara de mí. Y también… —Era complicado para él decirlo ya que ni siquiera estaba seguro de admitirlo ante sí mismo. —, un poco… —Traga saliva y se sonroja violentamente. — caliente. —Lo dice en un susurro pero Mercedes lo alcanza a escuchar.

—¡¿Qué? —Kurt se cubre el rostro con una de las almohadas avergonzado —Kurt Hummel, ¿cómo te atreves? —La voz de Mercedes es divertida. —Habla.

—No… —Mercedes se tira a la cama y le arranca la almohada. Kurt le lanza una fría mirada pero la chica sonríe. —Bien. Me…, ellos…, se veían bien juntos y… ¡Joder, Mercedes! No sé qué me pasa, esto no está bien, yo no soy así.

—Se llama adolescencia, Kurt. Tu cuerpo cambia y tus hormonas se disparan. —Kurt eleva su ceja derecha.

—Mercedes, por favor.

—No exageres, Kurt. Es normal que te suceda eso. Permíteme decirte que tú chico es sexy y, por alguna extraña razón, Karofsky tiene algo que lo hace verse caliente. Tal vez es que ahora sonríe con facilidad, se ve feliz, parece un gran oso de peluche y te provoca querer caer entre sus brazos para que te abrace, ¿no crees? —Kurt no dice nada, sus ojos están fijos en algún punto del techo. —Vamos, hasta las Cheerios se dan cuenta de lo caliente que se ve. De hecho, algunas ya hicieron una apuesta para ver quien se mete en sus pantalones. —Kurt se incorpora de inmediato para encarar a su amiga.

—¿Cómo? —Mercedes ríe ante la reacción de su amigo.

—Al parecer, cuando Karofsky aun no se asumía, salió con todas las porristas. Las chicas pasaron un buen momento porque increíblemente Karofsky era un caballero. Pero sólo salía con ellas una vez y luego no las llamaba, por obvias razones, ¿cierto? —Kurt asintió. — El punto es que ahora ellas quieren atacar a Karofsky para ver si cae con alguna y así lo regresan al camino recto.

—Pero…

—Asumen que si tú te besaste con Brittany alguna de ellas pueda lograr que Dave Karofsky tenga sexo con una chica. —Kurt se queda en blanco por unos segundos intentando definir sus sentimientos en ese momento, y entonces una imagen cruza por su mente.

—Santana. —Kurt de pronto cae en cuenta —Hace unos días Blaine y yo los vimos. Ella se arrojó a sus brazos. Parecía perturbada por algo y Dave la abrazó. Luego se separaron. Ahora lo entiendo, la muy… Debí sospechar desde que la vi conmovida. ¿Como si Santana se pudiera sentir así?

—Vaya, si Santana López está metida en esto sólo espero que Karofsky esté seguro de su sexualidad porque si no ella es capaz de confundirlo con tal de ganar.

—Como si a ella le importara eso… —Kurt suspira de nuevo. Para él es muy difícil confiar en Dave pero lo está intentando y espera que Dave se encuentre completamente centrado.

En un principio no quería venir a esta fiesta pero Azimio me insistió durante toda la semana, así que no tuve más remedio que aceptar venir y, ahora que estoy aquí, no me arrepiento. Hudson, Evans y Puckerman son muy graciosos cuando se lo proponen y a mí me da gusto ver que mi amistad con los chicos del club Glee se está estrechando. Varias porristas me han invitado a bailar, he aceptado sólo por educación pero no me gustan sus intenciones.

No puedo evitar que mi mirada se desvíe hacia Encantador y Kurt, que están hablando con Mercedes y Berry. Siguen tomados de las manos, dándose besos furtivos y dedicándose sonrisas tontas. Parecen relajados, claro que a esta hora y con alcohol encima casi todo mundo está relajado. Me enorgullezco de estar sobrio, es la primera vez en mucho tiempo que no tomo para divertirme. Todo lo contrario, el vaso con cerveza que sostengo en mi mano lleva tres horas en ella. La cerveza ya está caliente e intomable pero me sirve de pretexto cuando uno de mis compañeros algo borracho se acerca para ofrecerme algo más de tomar.

En una esquina del jardín hay un grupo de chicos bebiendo. Entre ellos está Santana López, quien bebe tequila como si de agua se tratara. La miro sacarse la blusa y varios de los chicos a su alrededor la observan con una lujuria que me enferma. Santana sigue bebiendo, parece que juegan a alguna tontería, un pretexto para verla desnudarse. Cuando uno de los chicos empieza a meterle mano ya no lo soporto más, camino hasta ella y le arrebato el shot de tequila.

—Ni una más para ti. —Ella levanta su rostro y me mira con los ojos desenfocados.

—Ey, gran hombre. ¿Te unes a la fiesta? —Intenta levantarse pero se tambalea. La sostengo de la muñeca y me sonríe seductora, aunque yo sé perfectamente que eso es parte de su actuación. —Gracias.

—Karofsky, ¿vas a jugar o qué? Si no deja en paz al bombón que nos debe otra prenda. —Lanzo una mirada desafiante sobre el imbécil de Douglas y él parece entender que no hay nada que conversar.

—Nosotros nos vamos. —Paso mi brazo izquierdo por la cintura de Santana para sostenerla y camino con ella hasta la salida. A medio camino me encuentro con las miradas de Kurt y Encantador. Seguramente tendré que darles una explicación el lunes, lo sé. Siento en su mirada que casi me preguntan ¿qué diablos estás haciendo?

Llevo a Santana a mi casa, la ayudo a subir las escaleras y la recuesto en mi cama. Ella empieza a llorar; de una forma extraña creo saber por qué lo hace. Tal vez debo decirle a mi papá que he traído a una amiga pero justo ahora pienso que ella necesita a alguien a su lado. No puedo dejar de pensar en que yo estaba así de tomado cuando se me pasó por la cabeza acabar con mi vida.

—¿Cómo te sientes? —Le doy mi pañuelo. Mi abuelo siempre los usaba. Mandaba a grabar sus iniciales en la tela. Ahora yo también los uso con las letras DK en ellos. Santana toma el trozo de tela, se limpia los ojos y se suena la nariz.

—Mejor. —Su voz ha perdido cualquier matiz de seducción o mordacidad. Me recuesto a su lado y ella, como acto reflejo, se apoya en mi pecho. Santana es así, desinhibida, y hemos pasado mucho. Compartimos besos y ahora, un secreto.

—Me encantaría decirte que todo esto pasará pronto, que mañana te sentirás completamente feliz con lo que eres y sientes. Sin embargo, las cosas no son así. Tal vez tú no estés lista, tal vez no lo estarás hasta que dejemos Lima pero, por lo pronto, no te dejes vencer.

—Gracias, Dave. Quizás si no fuéramos…, tal vez haríamos una bonita pareja. —Yo me río ante la idea.

—Claro, podríamos ser una excelente pareja. Cuando yo te follara podría cerrar mis ojos e imaginar a Kurt y tú podrías pensar que Brittany te está follando con un strap on. —Santana sonríe y me golpea en el pecho casi sin fuerza; sigue muy tomada para hacer más. Guardamos silencio durante varios minutos. De hecho creo que se ha dormido, pero no es así.

—O Blaine.

—¿Cómo?

—Que también podrías imaginarte a Blaine debajo de ti.

—Estás loca.

—No, sólo borracha. Pero eso no es motivo para que no note ciertas cosas. —Se abraza más a mí acomodando su cabeza a la perfección en mi pecho.

—¿Como qué cosas?

—Como que Kurt es muy afortunado teniéndoles a su lado.

Y sin más, Santana López, la perra mayor de McKinley, se queda dormida en mi pecho dejándome una terrible duda. ¿Qué coño quiso decir con lo último que mencionó?