La libertad es, en la filosofia, la razón; en el arte, la inspiración; en la política, el dereho.

Victor Hugo.


La noche del viernes lo que no esperaba Kurt era recibir un mensaje de Dave Karofsky, y menos aún con una propuesta tan extraña.

Ey, Hummel. ¿Muy ocupado? Estaba pensando en cerrar el círculo y creo que para pasar página debo comprarte algo de ropa. Ya sabes, por toda la que te arruiné lanzándote granizados.

¿Ir de compras contigo? No lo creo.

Conmigo y con Azimio. Es la forma más tangible que tengo de decir lo siento.

Pésima idea, Karofsky. ¿Crees que puedo ir de compras con mis ex torturadores? ¿Has escuchado alguna vez la frase meterse a la boca del lobo? Aplica también para los osos.

Oh, vamos. Te compraré lo que quieras. Es parte de mi terapia. Puedes llevar a toda la brigada A si quieres.

Bien. Seremos Blaine, Mercedes y yo.

Genial. ¿Cuándo paso a recogeros por tu casa?

Mañana a las 10. Ni un minuto más, ni un minuto menos, Karofsky.

Si Karofsky quería comprarle ropa, ¿quién era él para detenerlo? Esperaba que Karofsky tuviera el dinero suficiente porque aprovecharía la oportunidad para renovar todo su guardarropa; nada que no se mereciera. Después de todo Dave Karofsky era un neandertal, a pesar de que ahora se comportara como todo un lord inglés.


Oscar Wilde escribió: cada uno somos nuestro propio demonio y hacemos de este mundo nuestro infierno. Justo ahora creo que me encuentro en el infierno, en mi infierno. Después de casi pisar el séptimo círculo del infierno de Dante por suicida y violento, ahora me encuentro varado en el segundo mientras la lujuria empieza a apoderarse de mí. Jamás pensé que venir de compras con Kurt, Encantador y Mercedes se convertiría en esto.

Claro que se supone tengo el apoyo de Azimio, pero el muy infeliz esta cómodamente sentado leyendo un Sporst lllustrated. Mi amigo le puede dedicar horas a eso con una concentración casi absoluta. Y tiene otro número atrasado por leer, lo que quiere decir que estará en su mundo durante todo el día.

De vez en cuando Azimio hace un comentario sobre la revista, pero eso no logra que mi interés se disperse; mi vista sigue fija al frente, donde bonito se prueba una camisa de un diseñador impronunciable para mí. Ver a Kurt Hummel probarse ropa me está matando. Esto es el infierno, el infierno total. Las manos de Encantador sobre la cadera de Kurt, esos pantalones que se pegan a su cuerpo y su piel que parece combinar con todo es algo que no estaba preparado para enfrentar.

—¿Qué te parece, Dave? —Encantador se pone a mi lado y mira con ojo clínico a Kurt y su conjunto que grita carísimo.

Tenía la esperanza de que Kurt se apiadara de mí pero me estoy dando cuenta de que no será así. Hoy se desvanecerá mi sueldo de todo el verano trabajando en el taller del señor Hummel y quizá tenga que añadir algo de mis ahorros. Bueno, no. Exagero. Espero…

Encantador pasa su mano por mi antebrazo. Por lo regular no soporto que este chico me hable como si fuésemos amigos de toda la vida pero durante todo este día lo he tolerado bastante bien. Blaine Anderson parece ser de las personas que está bien en todos los momentos. Y es tan cool con esas gafas rosas… Además le encanta tocar a la gente, sus manos se han paseado por mis brazos, mis manos e incluso mi espalda.

—Perfecto. —No hubiera querido murmurarlo, y menos que mi voz saliera tan enronquecida pero, ¿qué puedo hacer? Esto es una provocación directa a mi libido adolescente.

—No sé. Creo que estaría mejor con una chaqueta. —Encantador desaparece por unos segundos y luego regresa con una chaqueta púrpura que milagrosamente encaja a la perfección con todo lo demás que Kurt trae puesto. —¿Qué tal, cariño? Mejor, ¿cierto? —Kurt se gira hacia el espejo.

—Perfecto. —Kurt sonríe y le da un suave beso en los labios a Encantador.

Tengo que admitirlo, Encantador no es un mal tipo y hace feliz a Kurt, lo hizo feliz desde que yo empecé a hacerle la vida imposible. Honestamente, el año pasado jamás habría podido darle a Kurt todo lo que Encantador le da. Si Kurt no me hubiera empujado aquel día, si me hubiera aceptado, lo nuestro habría terminado en el armario con rumbo a Narnia.

Él se merece el romance eterno: caricias llenas de ternura, caminatas tomado de la mano con su príncipe encantador… Quizás ahora sea capaz de darle eso a Kurt pero he llegado tarde, he arruinado las cosas. Si soy sincero, Encantador encaja muy bien en su vida y tiene el coraje suficiente como enfrentarse a las miradas suspicaces que muchos en la tienda les mandan. McKinley sólo es una pequeña parte de este todo llamado sociedad en el que todavía existen personas que no están preparadas para ver con normalidad la interacción entre una pareja abiertamente gay.

Observo como una de las vendedoras, que debe de tener la edad de mi madre, les lanza una mirada llena de asco a Kurt y Encantador. Cuando se da cuenta de que la estoy observando intenta aliviar la tensión sonriéndome condescendiente, pero no soporto su hipocresía (quizás no se note, pero soy tan gay como esos dos) así que la miro con indignación nada disimulada. Mercedes parece notar lo que pasa porque también se une a mi protesta silenciosa.

—¿Habéis terminado aquí, chicos? —les pregunto observándolos por el espejo. Kurt se da una última mirada.

—Sí, creo que sí. —Kurt camina a los vestidores para cambiarse de ropa. Cuando regresa, la vendedora que los había estado mirando mal se acerca a Encantador.

—Joven, ¿va a llevarse esa bufanda que le ha gustado? —La mujer le sonríe tan afable que me da asco. Sin pensarlo, me pongo en medio de la pareja para encarar a la arpía esa.

—No estamos interesados, muchas gracias. —Encantador quiere girarse para mirarme pero yo coloco mi mano sobre su hombro. —Te compraré otra en la siguiente tienda —le susurro. Él asiente sin preguntar.

Tomo la ropa que Kurt trae entre sus brazos y, con toda intención, paso mi brazo por sus hombros.

—Me llevo esto. —La vendedora me mira asombrada y se va. Odio pensar que la mirada de esa mujer se parece mucho a la de mi madre.

Cuando salimos de la tienda, Azimio y yo vamos cargando un montón de bolsas de ropa que se han ido acumulando durante el día, y eso que aún nos faltan lugares por los que pasar.

—¿Y ahora? —Encantador toma la mano de Kurt y mira a ambos lados del pasillo, seguramente intentado recordar qué tiendas hemos visitado ya.

—¿GAP? —sugiero porque es la más cercana.

—No. —Me sorprende la rotunda respuesta de Kurt. Encantador se sonroja y yo creo que me estoy perdiendo una buena historia.

—¿Pasa algo con GAP? —Mercedes ríe burlona pero se detiene cuando los fríos ojos azules de Kurt se posan en ella. Sin embargo, de sus labios no desaparece una divertida mueca.

—Vamos. —Kurt camina tirando de Encantador. Azimio camina detrás de la pareja.

—Pero…

—No preguntes si quieres salir vivo big boy —me dice Mercedes con una sonrisa cuando pasa por mi lado.

—¿Venís ya? —Kurt se detiene a unos pasos de nosotros. —Aún tienes que explicarnos qué ha pasado hace un momento en esa tienda.

Cuando entra en Louis Vuitton, Kurt va directamente a los percheros que dicen Marc Jacobs pero no toma nada, simplemente me mira y sus ojos azules lo dicen todo: quiere que hable. Encantador y Mercedes parecen haberse perdido por el almacén y Azimio sigue leyendo su revista.

—¿Pasa algo? —Intento aligerar las cosas dando un vistazo a los artículos que están detrás de él.

—¿Qué ha pasado en la otra tienda? Te has comportado demasiado extraño. —Lo observo por un segundo. De verdad es hermoso. No sé si ese término puede utilizarse para un hombre pero Kurt encaja bien en esa descripción.

—Cuando Encantador y tú os besasteis yo… miré hacia otro lado —Asiente, sabe bien que para mí esto no es fácil. —y vi que esa mujer os estaba observando con…, ella… No me ha gustado como os miraba. —Kurt clava sus ojos en los míos, tal vez buscando alguna otra explicación.

—Gracias. En ocasiones olvido que aun seguimos en Ohio y que hay personas a las que no les gusta esa clase de interacción entre dos chicos.

—Sobre todo me ha molestado la desfachatez de la mujer. Por eso no quise que Blaine le comprara nada. —Kurt me sonríe. —¿Qué?

—Es la primera vez que no le llamas Encantador. —Ambos nos reímos y yo me encojo de hombros; después Kurt se cuelga de mi brazo derecho. —Vamos a buscarle una bonita bufanda a Blaine.


Nueve y veintidós de la noche y apenas estoy llegando a mi casa. Mis padres y Cristi deben de estar en casa de la tía Diana; eso me deja la casa para mi solito durante un par de horas. Tengo ganas de darme primero una larga ducha y sumergirme después en la tina durante un buen rato. En la cena no pude sonsacarles nada a Kurt ni a Encantador sobre lo de GAP pero no dejaré de molestar hasta que me entere de toda la historia.

Subo las escaleras con cierta lentitud. Estoy cansado pero muy contento; hoy me he liberado de un gran peso. Y de muchos dólares, pero eso no importa porque por fin estoy a mano con la vida. Me sorprende ver la puerta de mi habitación entreabierta y con una luz tenue; quizás Cristi no se ha ido con mis padres, después de todo.

Abro la puerta por completo. Hay alguien en la cama cubierto con mi edredón. ¿Habrá habido alguna pelea y Cristi se ha refugiado en mi cuarto? Me acerco a la cama y, cuando estoy a punto de tocar el cuerpo, las sabanas se levantan.

—¡¿Qué diablos? —Una hermosísima morena emerge de entre las sabanas vestida con un diminuto conjunto de encaje negro y con una sonrisa lasciva dirigida a mí.

—Hola. Tú debes ser Dave. —Se acerca a mí pero yo doy un paso hacia atrás.

—Sí, soy yo pero… ¿tú quién eres? ¿Y qué diablos haces en mi habitación? —Ella da otro paso y yo me voy para atrás hasta que topo con la pared de mi habitación.

—Me han contratado para ser tu compañía durante toda la noche. —Sus manos alcanzan mi pecho y se deslizan sobre la camisa hasta enredarse en mi nuca. —Así que, ¿porque no te relajas y disfrutas? —Sus dientes me rozan el lóbulo de la oreja justo antes de que le sujete las muñecas para alejarla de mí.

—No te creo. —Me mira confundida. —Resulta que soy gay. —Boquea un poco y se aleja de mí unos pasos.

—¿Gay? —Asiento. —¿En serio? —De nuevo mi cabeza se mueve afirmativamente.

—No sé quién te contrató pero me gustaría que te fueras. Te puedo pagar pero, por favor…

—Pagaron por adelantado. Me dijeron que llegara a las nueve y esperara hasta que Dave apareciera.

—¿Quién te abrió? —La chica se suelta de mi agarre y camina hasta el otro lado de cama, de donde recoge su maleta del suelo.

—Una mujer, creo que me dijo que se llamaba Donna. —De pronto todo duele un poco más.

—Pues tienes que irte. Yo… dejaré que te vistas. —Salgo de la habitación, cierro la puerta y apoyo mi espalda en ella. No puedo creer que se atreviera a tanto.

Bajo las escaleras rápidamente. Atrás quedaron mi agotamiento y mis ganas de relajarme. Ahora sólo quiero una explicación, pero primero tengo que despedir a la prostituta que está en mi dormitorio. Minutos después la chica baja con el pelo recogido en una coleta. Trae puesta una camiseta negra ajustada, unos pantalones escandalosamente ceñidos y unos zapatos de plataforma. No parece una mala chica pero no puede ocultar del todo cual es su profesión.

— ¿Te pido un taxi?

—No, mi coche está en la acera de enfrente. —Me mira fijamente. —¿En serio eres gay? —No puedo evitar reír, lo que alivia un poco la tensión.

—De verdad lamento que tuvieras que venir aquí. —Tomo mi billetera pero ella la cierra entre mis manos.

—No quiero tu dinero, te he dicho que ya me pagaron. Es una lástima que seas gay, tienes una bonita sonrisa.

No me da tiempo decirle nada o agradecerle; camina hasta la puerta y, justo cuando esta por tomar el pomo, la puerta se abre. Mis padres y mi hermana se quedan como congelados cuando ven a la chica. Ella se recompone, les sonríe y, con un sencillo buenas noches, se marcha. Mi familia entra en casa. Mi viejo me está mirando, no sé si molesto o sorprendido.

—¿Quién era esa chica, David? —La voz de mi padre es dura pero no siento que me reclame.

—No… No lo sé, papá. —Me trago el nudo que se forma en mi garganta. Intento buscar la mirada de mi mamá pero ella rehúsa mirarme.—Estaba aquí cuando yo llegué. Me estaba esperando en mi habitación. —Mi papá tensa su rostro y voltea ver a mi madre.

—No me lo puedo creer. —Cristi mira a mi mamá también. Sus ojos verdes muestran todo el disgusto que siente.

—Suban a sus cuartos. —La voz de mi padre sea vuelto profunda, casi peligrosa.

—Papá…

—Ahora, David. —Asiento. Cristi quiere replicar algo pero se detiene, pasa un brazo por mi cintura y subimos las escaleras.

Paul Karofsky nunca se había encontrado tan perdido como en ese momento, mientras mira a su mujer, al amor de su vida, con quien llevaba diecinueve años casado y a quien ahora no conoce en absoluto. Se enamoró de Mary la primera vez que la vio esperando un taxi. En aquel entonces Paul no era más que un pobre estudiante de Ingeniería y ella una chica de familia bien, pero el destino le dio la oportunidad de subir honestamente en su profesión y, poco a poco, hacerse digno de una mujer como ella.

—¿Por qué? Sólo dime por qué. ¿Te has vuelto loca? —Mary le encara con el semblante decidido.

—Es nuestro deber como padres encaminar a nuestros hijos, Paul. Dave está confundido y yo sólo he querido darle un pequeño empujón. —Paul siente que puede estallar en cualquier momento.

—¿Confundido? —Mary se acerca a él pero Paul da un paso hacia atrás, no quiere que el corazón termine ganándole a la razón.

—La otra noche vi a una chica saliendo de su habitación, así que sólo pensé en ayudarlo un poco. —¿Una chica? Paul negó. Ya hablaría con Dave, por lo pronto tenía que aclarar las cosas con su esposa.

—David es gay, Mary. —Su mujer gira el rostro pero Paul no se lo permite y la sujeta de los brazos con suavidad. —Tienes que aceptarlo. Algún día nos presentara a un buen chico, quizá forme una familia con él, y nosotros deberemos estar ahí. Porque lo queremos, porque es nuestro hijo. —Mary se separa de su esposo negando con la cabeza.

—No, Paul, eso no está bien. Es… —Paul mira a su mujer y explota por fin. Él no puede seguir con una postura comprensiva si su esposa no quiere escucharle.

—¿Qué? ¿Un pecado? —La cara de Mary se sonroja. —¿Una perversión? Seguramente nuestro hijo se quemará en el infierno por sodomita, ¿no?

—¡Paul!

—Dilo. Di que nuestro hijo es un pecador. —Mary se aparta un poco más de su esposo.

—Que tú lo toleres no quiere decir que esté bien. —Paul ríe amargamente.

—¿Tolerarlo? ¿Quién crees que soy yo para tolerar? No soy perfecto, mujer, ni tú, ni nadie lo es. Y esa palabra, tolerar, no es más que petulancia por parte de la sociedad. Dave es nuestro hijo, es gay y no lo tolero. Lo amo y quiero verlo feliz. Por eso no me importan sus preferencias. Yo lo acepto, apruebo lo que le hace feliz. Pero no tolero, sufro o soporto como si el hecho de que mi hijo sea gay sea en una carga.

—Está equivocado, Paul. ¿No puedes verlo? Es un chico que tiene problemas y nuestro deber es orientarlo. Ésta es sólo una etapa de su vida, no podemos dejarlo así.

—De verdad crees que es un pecado, ¿cierto? —Paul siente como la decepción recorre su cuerpo. — ¿No crees que también es un pecado esto que haces? ¿No crees que es un pecado que una madre no ame a su hijo?

—Amo a mi hijo, Paul, y porque lo amo quiero ayudarlo. —El señor Karofsky no puede creer lo que está escuchando.

—¿Ayudarlo? Dave se pasó todo el año pasado amedrentando a Kurt Hummel, incluso amenazó con matarle, y por lo que veo tú hubieras preferido tener un hijo asesino en lugar de un hijo gay. ¿O hubieras preferido que se suicidara? Te recuerdo que Patrick nos dijo que Dave habría sido capaz de terminar con su vida si seguía por el camino por el que iba. En lo que a mí respecta ya lo estamos ayudando.

—Estas permitiendo una locura. —Paul aprieta sus puños.

—Locura es contratar una prostituta y meterla a nuestra casa. ¿Cómo has podido? —Mary va a decir algo pero Paul la detiene. —No, no quiero oírte. Simplemente no. Hoy dormiré en una de las habitaciones de huéspedes.

—¿Ves? Esto está destruyendo nuestra familia.

—No. Tú estás destruyendo nuestra familia.

Paul sube las escaleras con gran pesar. Es la primera vez en diecinueve años que no dormirá con su esposa. Pero lo que más le duele es descubrir que el amor de su vida no es tan perfecta como él siempre creyó.

No puedo pensar en otra cosa que no sea la conversación que mis padres están teniendo en la sala. Ellos siempre han tenido un matrimonio ejemplar y me duele mucho que ahora estén peleando por mi causa. Cuando oigo que tocan a mi puerta tengo la seguridad de que es papá.

—Pasa. —Ver a mi padre entrar a mi habitación me da tranquilidad, por lo menos ahora sabré en qué términos estamos.

—¿Cómo estas, hijo? —Mi viejo se sienta en mi cama y me mira con cariño.

—Bien. Yo…, no me gusta que peleen por mí.

—Esto no es por ti, hijo. —En ocasiones pienso que debo tener cara de idiota, sobre todo cuando me hacen este tipo de comentarios.

—No soy imbécil, papá. —Mi viejo ríe y luego suspira pesadamente.

—Tú sólo eres la punta del iceberg de nuestros problemas, Dave. En realidad esto para mí es más profundo, es tu madre no escuchándome. Es la primera vez que tu madre antepone sus ideas al bienestar de toda la familia. Simplemente no quiere ponerse en mi lugar y ver que esto no es fácil para nadie. Que no te escuche a ti porque piensa que estás confundido me molesta pero que no tenga en cuenta mi opinión me duele demasiado. —La voz de mi padre se quiebra y yo me siento muy pequeño, incapaz de ayudarle. —Tu madre me dijo que hace unos días vio a una chica salir de tu habitación y que por eso se le ocurrió la idea de contratar a la… señorita esa. —Los ojos de mi padre sobre los míos me hacen sentir nervioso.

—Santana López es una compañera del instituto. Ella… —No sé si contarle a mi viejo o no pero debo ser honesto, ¿no? —Ella está teniendo los mismos problemas que yo… —Mi viejo enarca las cejas —, sobre estar en el armario y todo eso.

—¿Y por eso la trajiste aquí?

—No. Ella había estado bebiendo en la fiesta de Azimio, estaba muy tomada y haciendo locuras, y por eso preferí detenerla y traerla a dormir aquí. Sé que debí avisarte pero pensé que ella podía necesitarme más. —Mi papá asiente. —Papá, soy gay, y eso no cambiará nunca. Yo sólo quería ayudarla.

—Está bien, hijo. Me da gusto que estés tan bien que ahora puedas construir en lugar de destruir. —Me da unas palmadas afectuosas y luego sonríe. —Bueno, te dejo que mañana tengo que levantarme muy temprano.

Cuando mi viejo está por salir de mi habitación consigo el suficiente valor como para preguntarle: —Papá, ¿mamá y tú…? —Los hombros de mi padre caen.

—No lo sé, hijo. Sólo te puedo decir que lucharé para que nuestra familia se mantenga unida. —Mi padre me da un simple buenas noches y sale de mi habitación.

No quiero que pase, no quiero que esto sea un drama. No quiero que mi papá sufra.


Nunca pensé que mi inicio de semana sería tan duro. El entrenamiento de hoy me ha sacado todo el jugo; la entrenadora Beiste nos quiere secar, incluso le pidió permiso al señor Schuester para que pudiésemos llegar tarde al ensayo. Así que, veinte minutos después de la hora, los jugadores de americano entramos al salón del coro. En la pizarra, el señor Schuester ha escrito dos palabras, sexo y sentimientos.

—Hola, chicos. Tomen asiento. —Camino hasta mi lugar usual. Extrañamente, la pareja bonita está a mi lado. —Hoy he tenido una interesante reunión con el director Figgins. Está muy preocupado por la posibilidad de que ustedes, los estudiantes de McKinley, estén demasiado expuestos a tener sexo sin sentido.

—¿En serio? — comenta Mercedes mientras mira a Puckerman.

—Calma, calma, chicos, que aún no he llegado a la mejor parte. El director considera que se debe hacer algo para instruir a sus compañeros y, como ustedes están en el último año y son, por así decirlo, los hermanos mayores, me ha pedido que preparemos una charla para los chicos de los cursos inferiores.

—¿Charla? ¿Qué tipo de charla? —Esto no me está gustando nada.

—Les hablaremos de sexo a sus compañeros —concluye el señor Schuester con una gran sonrisa.

—¡¿Qué? Señor Schu, nosotros sólo somos alumnos, no podemos instruir a nuestros compañeros sobre sexo. —Punto para Rachel Berry.

—Habla por ti, hobbit. Yo he instruido a la mayoría de este colegio. —Santana López en pleno ataque de perra despiadada.

—Cierto, habla por ti. Yo bien podría ganarme la vida instruyendo sobre la dulce práctica del sexo. —Puckerman sonríe petulante, pero su sonrisa desaparece al ver la cara de Lauren Zizes.

—Señor Schu, nosotros cantamos o bailamos pero hablar de sexo… En serio, no creo que sea buena idea. —Me sorprende que Sam Evans hable otra cosa que no sea Na'vi.

—Bueno, chicos, lo que pasa es que el director tiene confianza en nosotros después de la campaña contra el alcohol el año pasado. Aunque nosotros sabemos que esa campaña no resulto muy bien, ¿cierto? —Los chicos más veteranos del club parecen despistarse. —Además, Figgins dice que aquí tenemos cierta experiencia.

—¿Cómo? —Mike parece igual de intrigado que yo. En realidad no creo que el club Glee esté compuesto por una banda de promiscuos, ¿o sí?

—Pues, verán: El embarazo no deseado de Quinn, la historia Santana y Puck con toda la escuela, tres chicos abiertamente gays… Figgins cree que cubrimos casi todos los frentes. Miren, chicos, sé que esto será complicado para ustedes pero creo que Figgins tiene razón en algo, es más fácil que los chicos se abran con ustedes con respecto a sus dudas sobre sexo. Mañana haremos la primera charla en el auditorio con un grupo que el director nos enviará. Holly me ha dado este material para ustedes. —El señor Schuester empieza a repartirnos un encuadernado pequeño. —Pueden leerlo y mañana estarán preparados para cualquier clase de pregunta.

—¿Y la asignación para esta semana, señor Schuester?

—Esta semana, Finn, quiero que encuentren una canción que mueva algo en ustedes. Sentimiento, que no sólo sea cantar porque sí, ¿ok?

Algo me decía que esta semana iba a estar mortal pero nunca pensé que tanto. Estoy a punto del desmayo frente al primer grupo de chicos que Figgins nos ha mandado para la charla sobre sexo. Como si unos mocosos como nosotros de verdad supiéramos algo de eso. Bueno, puede que Santana y Puckerman cumplan con los requisitos pero, fuera de ellos, no creo que ninguno más de nosotros lo haya hecho.

—¿Qué tienen que decirnos ustedes sobre sexo? —Es la quinta pregunta del día y esa mejor que no la contesten Puck ni Santana.

—Tener sexo es un acto de profunda intimidad. Están dejando la puerta abierta para mostrarse como son. El sexo es importante, pero también tienen que pensar en hacerlo con alguien que… —Rachel se detiene para mirar un poco mejor a Finn, que está sentado dos lugares a su derecha. — valga la pena, alguien que no sólo les guste, porque pueden arrepentirse después. —La tensión entre Finn, Quinn y Rachel puede cortarse.

—Y hacerlo con preservativo, ¿cierto? —El tono burlón de uno de los chicos me desanima bastante.

—Preferentemente —dice Kurt mirando al chico que ha preguntado.

—Oh, vamos, ¿ustedes los maricones para qué quieren usar condones? No es como si se pudieran embarazar. —El chico que ha preguntado antes y el imbécil que acaba de hablar chocan sus manos para festejar su idiotez. Las mejillas de Kurt adquieren un matiz rojo. Encantador va a decir algo pero yo me le adelanto, no quiero que esos idiotas les ofendan más.

—Espero de verdad que nadie de aquí piense que un hombre puede embarazarse porque nosotros no estamos aquí para curar la idiotez. —Todos los chicos me miran sorprendidos y algo asustados. Ser un ex matón tiene algunas ventajas —Y sólo como aclaración, el uso del condón no es únicamente para evitar embarazos, este método de barrera se utiliza como prevención ante diversas enfermedades de trasmisión sexual.

—¿Como el SIDA?

—En realidad sería el VIH —responde Encantador, quitándome las palabras de la boca.

—¿Por dónde lo hacen ustedes? —Respiro y cuento mentalmente hasta diez porque esto es muy pesado para mí.

—Eso es una tontería. Ellos se dan por el culo, ¿no es cierto? —Volteo hacia el señor Schuester que está sentado mirándonos bastante sorprendido. Figgins había mencionado que teníamos completa libertad de expresión pero eso era mucho.

—¿De verdad quieren saber eso? —les pregunto a las tres chicas que acaban de preguntar. Una de ellas se encoje de hombros.

—Dijeron hablar de sexo, de todo tipo de sexo, ¿no? —Esto me suena a que quieren avergonzarnos, pero este juego también lo puedo jugar yo. Cuando empiezo a hablar sobre la mecánica del sexo anal grosso modo observo que Kurt está casi morado de vergüenza.

Una hora después mi cabeza está por reventar de tanto escuchar idioteces y preguntas estúpidas sobre sexo. Espero que esto se quite con la edad porque no me gustaría pensar que mi generación está tan mal. Los chicos del club Glee poco a poco van saliendo del auditorio y al final sólo quedamos la pareja del año y yo.

—Esto ha sido lo más vergonzoso por lo que he tenido que pasar en toda mi vida. —Encantador y yo reímos por el tono lastimero de Kurt.

—Sí, ha sido… interesante.Encantador ríe pero Kurt aún tiene un furioso color rojo en sus mejillas.

—Por cierto, estuviste genial. —Otro halago de Encantador, y esta vez tiene que ver con mi talento hablando de sexo…

—Patrick me fue de mucha ayuda. —Los ojos de los dos se posan en mí de forma automática. —Patrick, mi terapeuta. Él me pidió que viera porno gay como parte de mi proceso de auto aceptación y eso acabó en una investigación sobre sexo seguro. Al final Patrick me resolvió varias dudas que tenía y… —Kurt me está mirando muy intensamente. —¿Qué?

—Nada, sólo que de verdad has cambiado. ¿Qué ha pasado contigo, Karofsky? —Me encojo de hombros.

—No sé. Supongo que no sólo salí del armario, creo que lo destruí en una explosión homo de arcoíris y tonterías de esas. —Encantador toma mi mano derecha y me da un apretón.

—Estás listo para ir a cualquier marcha del orgullo. —Kurt se pone de pie y une sus manos a las nuestras.

—Creo que sí. Me da gusto por ti, Dave. Es bueno verte feliz todo el tiempo. —Después de eso ambos me sueltan.

No sé qué pensar de eso. Se siente extraño tener una interacción tan íntima con ellos. Siendo sincero, deseaba esto, el reconocimiento de estos dos chicos que han sido un buen ejemplo para mí. En otro momento de mi vida fui un cobarde, pero ellos no lo han sido. A pesar de que Kurt se fuera de aquí para ir a Dalton, él siempre ha sido más valiente que yo. Sin embargo, ahora siento que estamos llegando a un mismo nivel y al menos sé que estoy haciendo las cosas bien.

Esto calma algo ese sentimiento de vacío que me acompaña desde el fin de semana. Saber que mi familia está mal me hacía preguntarme si valía la pena. Ahora sé que sí, que vale completamente la pena ser libre y sentirme feliz. Quisiera que mi madre lo entendiera, me encantaría que ella pudiera sobreponerse a sus creencias y me aceptara, pero sé que eso será muy difícil. Patrick ya no dice que lo de mi madre es una fase, ahora intenta que lo que pasa con ella no me afecte, pero eso es imposible. ¿Cómo debo sentirme si mi madre no me quiere? Me duele pensar que tal vez tendré que marcharme sin que ella me acepte como su hijo o que, si algún día llego a formar una familia, lo más seguro es que ella no quiera saber nada de mí o de quien me quiera.


Kurt no está muy concentrado en su cita con Blaine, piensa en lo sucedido durante el entrenamiento del equipo de americano. El ensayo del club Glee había acabado temprano y las chicas habían decidido quedarse a ver el entrenamiento para apoyar a sus compañeros. Blaine y él se les unieron por compañerismo y porque es divertido burlarse de los deportistas. Cuando la práctica terminó, Kurt vio como un chico con uniforme de Dalton caminaba hacia Karofsky y como Dave se iba con él después de ducharse.

¿Quién era ese chico? ¿Qué tenía que ver con Dave? Esas preguntas no lo dejaban tranquilo.

—¿Te sientes bien? —Blaine sostiene la mano derecha de Kurt y él le sonríe.

—Sí, sólo pensaba…

—¿En quién es el chico de Dalton con el que se fue Dave? —Kurt jadea ligeramente por la honestidad de Blaine. —Yo también estoy intrigado. No conozco al chico.

En ese momento la puerta de Breadstix se abre y el famoso chico de Dalton entra al restaurante seguido de Dave, que le había estado cediendo el paso como todo un caballero.

—Vaya, creo que es nuestro día de suerte —dice Blaine, que al girarse ha cruzado su mirada con la de Dave.

Se pone de pie para hacer señas a la pareja que acaba de entrar. Dave, con una sonrisa, avanza hacia su mesa. Kurt no se pierde el detalle de que la pareja no se toma de las manos; no parecen más que dos chicos en una salida normal entre amigos. Sin embargo, el chico de Dalton ya no trae uniforme y por su ropa Kurt nota que el chico se ha esmerado arreglándose.

—Hola. —Dave les saluda sonriendo. —No pensé encontrarme a nadie aquí hoy. —Blaine le sonríe afable.

—Necesitábamos un momento para olvidarnos de la presión escolar. Venga, siéntense con nosotros.

—No, gracias. Ustedes están en plena cita y no queremos interrumpir —dice Dave, pero Blaine niega divertido.

—No, para nada. Vamos, siéntese. —Dave se desliza por el asiento y el otro chico lo sigue, no muy convencido. Karofsky parece notar su malestar.

—Ellos son Kurt y Blaine, compañeros del instituto. Él es Teddy Adams. —Los tres chicos se saludan. En ese momento la camarera llega con el menú y eso rompe un poco la tensión.

—Así que estudias en Dalton…

El comentario de Kurt da pie a una conversación que dura toda la cena. Kurt se sorprende de lo fácil que es para Karofsky encajar. Durante esas horas hablan de todo, desde la escuela hasta los resultados de la NFL. Blaine y él parecen entenderse muy bien cuando se trata de videojuegos y Teddy también intenta participar en la conversación.

Casi sin pensarlo la cena pasa y la camarera trae una última ronda de cafés.

—¿Ustedes están en las mismas clases? —pregunta Teddy un poco después de servido el café.

—Nos vemos en dos o tres clases, y también en el club Glee. —El chico parece sorprenderse.

—¿Ustedes también están en el coro? Eso es genial. ¿Tienen alguna canción favorita para ustedes? —La emoción se puede palpar en las palabras de Teddy.

Candles, de Hey Monday. —Tanto Kurt como Blaine miran a Karofsky con asombro.

—¿Cómo lo supiste? —Dave se pasa nerviosamente la lengua por el labio inferior. Kurt tiene que admitir que eso se ve incluso adorable.

—Estuve en las Regionales.

—Eso no puede ser, te habríamos visto. —Blaine no sale de su asombro.

—No, no lo creo. Ya saben, soy muy bueno para esconderme: primero en el armario y luego en un salón repleto de gente.

—¿A qué fuiste? —Kurt sentía el corazón martilleando con fuerza dentro del pecho.

—Quería disculparme pero no encontré el valor para hacerlo.

—¿Disculparte de qué? —Teddy no parece siquiera contemplar la idea de que Karofsky tenga que disculparse con nadie.

—Es una historia muy larga. Luego, con más tiempo, te la contaré. —Teddy Adams entiende y no presiona a Dave.

Esa noche, Kurt no puede evitar enviarle un mensaje a Dave para hablar de lo sucedido durante la cena; quiere convencerse de que Dave no está saliendo con nadie. Y no es que eso le moleste, sólo se preocupa por lo que le pasa ya que tienen una amistad en ciernes.

Agradable el chico. Teddy. —La respuesta de Dave es casi inmediata.

Buenas noches, Hummel. En realidad lo es. —La respuesta no es del todo buena para Kurt.

¿Piensas salir a menudo con él? —La mejor forma de hablar con Dave Karofsky es hacerlo sin rodeos, y Kurt lo sabe.

Es el primo menor de Azimio. Él acepto ir de compras con nosotros sólo si yo salía con su primo. —Kurt ya puede respirar tranquilo.

Me da gusto que estés intentando salir, Dave. Aunque todo lleva su proceso.

Lo sé, gracias por cuidarme. No te preocupes, mañana nos veremos en la escuela.

Buenas noches, Dave.

Buenas noches, bonito.

Dave Karofsky es la única persona sobre la tierra que puede usar bonito para referirse a él tanto para insultarlo como para halagarlo. Kurt se deja caer sobre la cama dejando vagar su mirada por el techo. Ser amigo de Dave Karofsky es algo que jamás imaginó que pasaría y muy dentro de él intenta sepultar que tal vez, sólo tal vez, no sea una amistad normal.


En días como hoy siento que tengo energía para todo. Estoy feliz. Tengo pocos motivos, lo sé, pero los tengo que explotar. Las cosas no están bien en casa pero saber que Kurt se siente un poco celoso me hace sentir mejor. Siente algún grado de interés por mí y eso es bueno.

Me detengo en mi casillero para tomar unos libros y no puedo pasar por alto las voces que tengo a mi lado. Son Finn y Berry discutiendo algo.

—Rachel, has estado molesta conmigo desde que dimos la charla. Esto tiene que terminar. —Debo salir de aquí. No es mi intención estar escuchando esto pero, ¿cómo me voy sin que me vean?

—¿Por qué lo hiciste con Santana? —¿Por qué estas cosas me pasan a mi? No quiero escuchar esto.

—Rachel, por favor, ése es un tema viejo. ¿Quieres dejarlo ya?

—No, quiero saberlo. ¿Por qué no lo hiciste con alguien que valiera la pena? Quinn o…

—O esperar por ti, ¿cierto? No quiero seguir hablando de esto, Rachel. —Parece que Finn se va pero la pequeña Berry no lo deja.

—Como tampoco quieres hablar de qué haces con Quinn si aun sientes algo por mí. —Finn debe estar sudando frío justo ahora.

—De verdad, Rachel, para.

—¿Por qué, Finn? Sólo quiero saber por qué. Necesito que seas honesto conmigo. —El drama se le da muy bien a esta niña.

—Porque es más fácil que tú. —Casi estoy seguro que Finn no quiso decir eso.

—¿Fácil? ¿Sabes, Finn? Nadie te va a amar como yo lo hago, nadie fácil puede aceptarte tal y como eres. Sólo quiero que recuerdes que yo sí puedo. —Rachel se aleja de Finn caminando por detrás de mí. —Buenos días, Karofsky. —Las lastimeras palabras de Berry son las justas para hacerle sentir miserable.

—Berry. —La chica se va por el pasillo. Cierro mi casillero y miro a Finn. —¿Estás bien? —Se apoya en los casilleros y niega.

—No quise decir fácil. Era…

—¿Sencilla? —trato de ayudarle.

—¡Sí, sencilla! Quinn es más sencilla. —Finn resopla.—No tiene tantas complicaciones. Rachel en cambio… Ella es una estrella, se irá de aquí y triunfará en Nueva York o algo así. Eso no es para mí. Lima es mi hogar, aquí murió mi padre y tengo a mi familia. Sé que es poco pero es mío, y es lo que quiero para mi futuro. Puede que salga de aquí para estudiar algo pero sé que tarde o temprano regresaré. Y Rachel no, ella se irá para siempre. Yo no puedo ir detrás de ella.

Le doy un ligero apretón en el hombro para reconfortarlo. Finn es un buen tipo que carga demasiado sobre sus hombros. Ser un líder no es sencillo, él quiere que todo salga bien para nosotros y esa mucha responsabilidad para un chico que no está pasando su mejor momento.

—A veces sólo tienes que disfrutar el momento, Finn. —Le doy unas palmadas en el brazo y me voy a mi primera clase.

A la hora del ensayo en el club Glee Finn me dice que si puedo acompañarlo con la guitarra. Es fácil decir que sí, no sé cuantas veces he escuchado Iris, de Goo goo dolls, en los últimos meses.

Empiezo a tocar la guitarra. Finn se coloca en el centro del salón y observa alternativamente a Rachel y a Quinn. Sin embargo, cuando empieza cantar, su mirada se detiene en Rachel.

And I'd give up forever to touch you
Cause I know that you feel me somehow
You're the closest to heaven that I'll ever be
And I don't want to go home right now

Quinn mira a Finn y luego a Rachel. Esto es más intenso que las telenovelas brasileñas que le gustan a Donna. Miro a Santana y ella también parece conmovida por la canción, sus ojos están sobre las manos unidas de Artie y Brittany.

All I can taste is this moment
All I can breathe is your life
Cause sooner or later it's over
I just don't want to miss you tonight

Los ojos de Santana se ponen un poco vidriosos. Soy el único en esta sala, además de Brittany, que sabe por qué esta canción le puede tanto.

And I don't want the world to see me

Cause I don't think that they'd understand
When everything's made to be broken
I just want you to know who I am

Santana baja la mirada e intenta que nadie note una lágrima solitaria que se le quiere escapar. Rachel también esta conmovida mientras observa a Finn intensamente.

And you can't fight the tears that ain't coming
Or the moment of truth in your lies
When everything seems like the movies
Yeah you bleed just to know your alive

And I don't want the world to see me
Cause I don't think that they'd understand
When everything's made to be broken
I just want you to know who I am

Cuando terminamos la canción hay un silencio general. El señor Schuester nos felicita y Finn parece un poco más calmado consigo mismo. Vamos a sentarnos, pero esta vez decido no ir a mi lugar habitual y tomo asiento en la silla vacía que hay al lado de la de Santana. Tomo su mano derecha con la mía y ella me sonríe y se envuelve en mi brazo apoyando su cabeza en mi hombro. Antes de que termine el ensayo, y aún con Santana apoyada en mí, recibo un mensaje, esta vez de Encantador.

¿Qué está pasando entre Santana y tú?