—Necesitamos hablar contigo.
El pedazo de manzana que estaba masticando se me ha quedado atascado en la garganta cuando he visto a Kurt y a Encantador frente a mí a la hora del almuerzo. Azimio, que está desayunando conmigo, hace una mueca despectiva y nos observa alternativamente a los tres. Después, toma su bandeja de comida y se levanta.
—¿Sabes, Grizzly? No tengo problemas con el asunto gay, pero no soporto a estos dos juntos sin un número de Sports Illustrated. No es nada personal, chicos. —Azimio mira a la pareja y se va para sentarse con el resto del equipo de fútbol americano.
Azimio puede ser bueno y tolerante conmigo pero aún le falta para serlo con Kurt y Encantador. Además, no ayuda mucho el hecho de que piensa que debo alejarme de estos dos. Claro que eso tiene que ver con que quiere que me acerque más a Teddy, cosa que no va a suceder. Aún siento cosas por Kurt.
—Bueno, siéntense. —Tanto Kurt como Encantador parecen dos seres ajenos a este mundo con su ropa cara. No pegan mucho con el resto del cuerpo estudiantil pero eso no parece importarles. —¿De qué quieren hablar?
—Santana López. —Duro y a la cabeza. Kurt no se guarda nada.
—¿Qué con ella? —Parecen desconcertados con mi respuesta. ¿De verdad creyeron que sería tan fácil? Encantador mira a Kurt y luego a mí.
—Tal vez no estés enterado pero las Cheerios apostaron por ti, para ver quién te puede llevar antes por el camino recto.
—Estoy vagamente familiarizado con ese rumor. —Kurt tensa sus labios. Se ve precioso con ese mohín de disgusto en el rostro. Me encanta eso.
—¿Entiendes por qué te busca Santana? —Bonito está ligeramente sonrojado. —Santana López se quiere meter en tus pantalones.
—No, nada de eso. Mi amistad con Santana es sólo eso, una amistad. Ella está pasando un mal momento con… su familia y yo sólo estoy apoyándola.
—¿Por qué? —Kurt me pregunta mirándome fijamente con sus hermosos ojos azules. Es difícil mentirle a él pero lo tengo que hacer por Santana.
—Porque, de una forma bastante extraña, Santana y yo nos acercamos cuando ella me obligó a salir del armario el año pasado. No sé si lo noten pero Santana López es una chica que se muestra fuerte pero no lo es. En realidad tiene tanto miedo como cualquiera y al parecer ella cree que yo la puedo entender.
—Eso está muy bien. Nosotros sólo queremos asegurarnos de que tú estás bien y de que ella no te crea ninguna duda con respecto a tu sexualidad. Has tenido muchos problemas para asumir tu orientación sexual y no quisiéramos volvieras a tenerlos. —No puedo evitar reírme de las palabras tan rimbombantes de Encantador.
—¿Lo dices por tus problemas con Rachel el año pasado? —Encantador se sonroja y Kurt me lanza una mirada fría. —Miren, soy gay, tengo eso muy claro. Hasta podría tatuarme la bandera del orgullo en el culo porque estoy completamente feliz conmigo mismo. Tengo muy bien definida mi orientación sexual. De todas formas, gracias por preocuparse. Tal vez no use ropa de diseñador, ni cremas hidratantes, pero soy gay. Muy, muy, muy gay.
Me pongo de pie y me voy. No sé porque me ha molestado tanto esta conversación. En ocasiones quisiera poder ser tan afeminado como Kurt o tan metrosexual como Blaine para encajar en la idea que casi todo mundo tiene de los hombres homosexuales. Sé que este pensamiento es una tontería, en el fondo esta molestia tiene más que ver con el rechazo de mi madre y la frustración que siento porque ella no me acepta.
Kurt puede sentir como las lágrimas quieren salir de sus ojos mientras sostiene con fuerza la mano de Blaine, quien parece igual de perturbado que él. El primer partido de la temporada de fútbol americano está resultando ser una cacería. Ningún jugador de los Guerreros está interesado en ganar, todos quieren masacrar a Dave Karofsky.
Desde el comienzo del partido los linebackers se han dedicado a placar a Karofsky y Kurt no tiene idea de por qué la entrenadora Beiste no pone fin a eso. La primera jugada del partido había dictaminado como iba a ser el resto. Finn tenía el balón en las manos y dos linebackers corrieron hacia él; Karofsky placó a uno pero, justo en ese momento, el otro tipo se lanzó sobre él golpeándole de costado. Kurt podría jurar que escuchó crujir el cuerpo de Dave. A partir de ese momento todos los golpes habían sido para él, y nadie hacía nada. Kurt se estaba muriendo de preocupación.
Justo ahora no siento ningún dolor, aunque sé que debo de tener algo fracturado, o como mínimo un esguince. El último golpe se lo ha llevado por completo mi antebrazo izquierdo pero la adrenalina de la situación aún me permite mantener la movilidad en todo mi cuerpo. La entrenadora Beiste pide un tiempo fuera. Sé muy bien por qué lo hace pero no se lo voy a permitir. Corro junto a mis compañeros para escuchar lo que nos tiene que decir.
—Voy a sacarte, Dave. —La miro fijamente. No puedo creerlo, esto no es justo. Finn, Puckerman, Evans, Chang y Azimio tampoco parecen creer lo que está pasando.
—No, entrenadora, por favor. —Finn se retira el casco y me mira fijamente con el ceño fruncido.
—No, amigo. Tienes que estar en la banca. Esos tipo van a por ti. Ninguno de los linebackers se ha preocupado por mí o por detener las jugadas. Sólo quieren masacrarte.
—Grizzly, no vale la pena. Esos tipos son unos idiotas. —Puckerman golpea amistosamente mi hombro. No, no puedo permitirlo.
—No, entrenadora. Si ahora me pone en la banca será el fin, no podré jugar más, todos los malditos equipos de la liga pensarán que pueden detenerme con unos cuantos golpes.
—Bro, no es el momento de anteponer tu estúpida hombría. —Azimio también se ha sacado el casco y me mira intensamente. Sé que tiene tanto miedo como yo de que esto se nos vaya de las manos.
La entrenadora Beiste parece entender que mi amigo y yo estamos tendiendo un dialogo con las miradas. Sus ojos se pasean por nuestros rostros. La conversación con Azimio termina cuando mi amigo desvía la mirada hacia el campo de juego y es entonces cuando estoy seguro de que me ha entendido.
—No es por mi hombría, entrenadora. Esto se trata de mi orgullo como jugador. Amo el deporte y amo la adrenalina del juego, y no quiero sentarme en la banca por una bola de homofóbicos que no soportan que esté jugando fútbol americano. No es que me vaya a sentir débil si me sienta en la banca, es que simplemente no quiero darles el gusto a esos hijos de puta. —La entrenadora me lanza una dura mirada. Sé que me he pasado con mis palabras pero necesito que ella entienda que es importante para mí.
—Nosotros también podemos jugar con sus reglas. —Los ojos de Puckerman brillan y le sonrío. — Podemos darles una lección en el campo sin que Grizzly tenga que abandonar el juego. —La entrenadora se lo piensa un segundo y luego habla.
—No quiero a nadie lesionado, Noah. Si eso sucede juro que patearé tu trasero tan fuerte que tendrás que ir a recogerlo a Yucatán, México. —Puckerman se mantiene serio pero, cuando la entrenadora Beiste se gira para darnos instrucciones, me sonríe como el gato de Cheshire.
El partido se reinicia. Finn tiene el balón en la mano y va lanzar un pase largo a Evans. El linebacker con el número 34 corre hacía mí. Estoy preparado para el golpe pero no llega, Puckerman y Azimio acaban de embestir al tipo. Otro jugador corre por mi lado izquierdo pero Finn lo detiene. Segundos después el árbitro silba, Evans ha anotado y vamos ganando por catorce puntos.
—No sólo ustedes pueden jugar rudo —le dice Puckerman al número 34, que aún está en el césped, dolido. Luego Puck voltea a verme y me sonríe. Este juego ya es nuestro.
Jugada tras jugada, los Guerreros pierden posibilidades por intentar atacarme, pero el equipo entero me protege; les estamos dando una valiosa lección. Sólo quedan diez segundos para que finalice el encuentro y los Guerreros pierden el balón cuando Mike Chang intercepta un pésimo pase de su quaterback. Estamos en primero y diez, Finn lanza un pase para Puckerman y éste atrapa el balón y anota.
Me detengo en mi sitio para aflojarme el casco y saborear la victoria pero en ese momento siento un fuerte choque. No puedo respirar, mi visión es borrosa y de pronto todo se vuelve rojo y, segundos después, negro.
No hay nada más, sólo silencio.
Kurt observa desde su lugar como dos jugadores de los Guerreros placan a Karofsky. Con el primer golpe el casco de Dave sale volando y su cabeza termina golpeándose con el casco del otro jugador de los Guerreros. Dave Grizzly Karofsky, de doscientas cincuenta libras de puro músculo y uno noventa de estatura, cae sobre el césped del campo de McKinley.
Azimio corre hasta su amigo y empuja a los jugadores de los Guerreros, pero Karofsky no se mueve. Un hombre, que Kurt reconoce como Paul Karofsky, y una chica con el uniforme de Crawford Country corren hacia el campo. Kurt se recupera de la impresión y corre también hacia el campo. No sabe si Blaine viene detrás de él pero no puede esperar, necesita saber cómo está Dave. Kurt puede ver a la entrenadora Beiste junto con el cuerpo de paramédicos revisando a Dave pero éste sigue inmóvil. Es como si…
—Estará bien, Kurt. —Blaine pasa su brazo por los hombros de Kurt para reconfortarle. — Tiene que estar bien. —Kurt detecta el mismo extraño sentimiento que él tiene en la voz de Blaine.
Santana se coloca al lado de la pareja mirando fijamente al campo. Dave está siendo trasportado en una camilla acompañado por su padre y la chica que estaba con él, probablemente su hermana. Kurt nota el desconcierto de Santana, pero no la ve llorar como lo hacen Rachel o Quinn, simplemente tiene los ojos fijos en Karofsky.
—Nos vamos primero a los vestuarios para cambiarnos y luego al hospital —dice Finn fuerte y claro a todos los miembros de club Glee.
—¿Quieres que nos adelantemos? —pregunta Blaine a Kurt. Éste asiente, necesita saber cómo está para quitarse la opresión del pecho.
Paul intenta serenarse, sabe que su hijo está en buenas manos, las manos de su tía Diana. Ella lo pondrá bien, ella no dejará que nada malo le pase. La mano de Cristi se aferra más a la suya. Paul siente que su corazón se encoge un poco más. Debió detener el partido, debió sacar a Dave de ahí cuando notó que los golpes sólo iban dirigidos a él. Fue un estúpido y puso a su hijo en un grave peligro.
—Señor Karofsky —Paul escucha una voz que le parece conocida, voltea y se encuentra con el hijo de Burt Hummel, Kurt, el chico que parece ser el primer amor de su hijo. —, ¿cómo está? —Paul se traga el nudo que tiene en la garganta y se toma unos segundos para observar al otro chico que está con Kurt tomándole de la mano.
—Aun no lo sé. Lo están revisando. —Paul mira directamente a Kurt al hablar.
—Si no le molesta estaremos aquí. Los chicos del club Glee no tardarán en llegar.
—Gracias. Dave apreciará mucho esto cuando lo sepa.
El silencio cae en la sala de espera del hospital. Enfermeras y médicos pasan frente a ellos leyendo expedientes y hablando entre sí. Pasa una hora, la hora más larga que Paul Karofsky haya vivido nunca.
Hay una conmoción unos minutos después cuando una de las enfermaras de la recepción dice código azul en la habitación siete. Paul siente que el vello de la nuca se le eriza, no sabe dónde está Dave pero le aterroriza la idea de perderlo.
Los amigos de Dave están muy preocupados y Paul se siente reconfortado, desde que llegaron no se han despegado de allí: Azimio está junto a Cristi, abrazándola, siendo el hermano mayor que siempre ha representado para ella; el hijastro de Burt, Finn Hudson, se abraza a una chica rubia, y el tipo del pelo a lo mohicano que había defendido a Dave durante el partido se deja abrazar por una chica que Paul reconoce como Lauren Zizes, campeona de lucha grecorromana estatal e hija de uno de los ex compañeros de Paul del colegio.
Después de otros quince largos y tortuosos minutos, la doctora Diana Karofsky hace acto de presencia. Paul siente que todo su cuerpo tiembla, necesita escuchar que su hijo está bien porque, de no ser así, jamás se lo perdonaría.
—¿Cómo está? —La voz de Paul se rompe un poco. Cristi se enreda en el brazo izquierdo de su padre con Azimio a su lado. Paul siente como la delicada mano de Kurt cae en su hombro derecho. Es un hombre adulto pero agradece esas muestras de afecto.
—Tiene una fisura en la costilla flotante derecha y hay varias contusiones en su cuerpo, las más graves son dos hematomas profundos en sus antebrazos. —Diana se toma un respiro. Sus ojos verdes se cristalizan un poco, Paul sabe que es por el llanto retenido.
—¿Qué más? ¿Qué es lo más grave? —Diana se traga su llanto y se hace fuerte para hablar.
—Esta inconsciente, Paul. Tiene un edema vasogénicoen el cerebro. Ya lo estamos tratando con diuréticos y corticosteroides. Ahora sólo queda esperar a que la inflamación ceda.
—¿Habrá daños permanentes?
—No es probable, sólo hay un diez por ciento de posibilidades de que tenga alguna complicación. Lo más seguro es que Dave despierte con un gran dolor de cabeza y nauseas. Paul, tienes que mantenerte sereno. Dave estará inconsciente a lo sumo cuarenta y ocho horas.
—¿Y si no despierta? —A Paul le duele preguntar eso, pero necesitaba saberlo.
—Ya verás como lo hará. Es un deportista y tiene una gran condición física. Ese chico es pura fibra. Ahora tengo una cirugía pero en cuanto termine vendré a verte.
Paul se ha quedado sin palabras. Su hijo estaba inconsciente por culpa de esos malditos hijos de puta. Si pudiera los mataría a todos con sus propias manos, y lo haría si su hijo no salía pronto y bien de ese raro coma, mataría a esos hijos de puta.
—Papá.—La voz preocupada de Cristi le hace regresar a la sala de espera del hospital. Abraza a su hija y le da un beso en la frente. Tiene que ser fuerte por su familia. Mira a los amigos de Dave y suspira al notarlos tan preocupados por su hijo.
—Ya escucharon, chicos. Dave no despertará hasta dentro de cuarenta y ocho horas, pueden irse a sus casas. Descansen, yo le diré que estuvieron aquí.
—Si no le molesta nos gustaría quedarnos un poco más, señor Karofsky, y tal vez poder cantarle algo a Dave.—Finn Hudson parece ser el líder de los chicos.
—Yo..., veré si el hospital no tiene problemas con eso. —Paul no puede dejar de preguntarse que habría sido de su hijo si no se hubiera asumido. ¿Tendría esos amigos? Algo muy dentro de él le decía que no.
El hospital ha dado permiso para que los chicos del club Glee entren en la habitación de Dave y le canten. Se colocan alrededor de la cama en un silencio sólo roto por los pitidos de los enseres médicos. Kurt no puede evitar pensar en su papá y en cómo esta situación se parece mucho a la que vivió a su lado; es como una herida que no quiere cerrar.
La voz de Finn termina con el silencio mientras entrelaza sus manos con las de Quinn y Kurt.
Empty spaces - what are we living for
Abandoned places - I guess we know the score
On and on, does anybody know what we are looking for?...
Noah Puckerman continúa con la canción con expresión preocupada. Toma con fuerza la mano de Lauren y luego enlaza su otra mano con la de Mike Chang.
Another hero, another mindless crime
Behind the curtain, in the pantomime
Hold the line, does anybody want to take it anymore?
Todos se unen para cantar el estribillo tomados de las manos. Kurt se estremece en ese momento.
The show must go on,
The show must go on
Inside my heart is breaking
My make-up may be flaking
But my smile still stays on.
Kurt observa como los ojos de Blaine se llenan de lágrimas pero su voz no se escucha afectada cuando empieza a cantar.
I guess I'm learning, I must be warmer now
I'll soon be turning, round the corner now
Outside the dawn is breaking
But inside in the dark I'm aching to be free
Todos se unen de nuevo en el estribillo mirando a Dave. Aunque su pulso es firme, no puede despertar.
The show must go on,
The show must go on
Inside my heart is breaking
My make-up may be flaking
But my smile still stays on.
Kurt casi puede escuchar el sonido de la guitarra y la batería extendiéndose por toda la habitación del hospital. Siente su cuerpo vibrar cuando canta.
My soul is painted like the wings of butterflies
Fairytales of yesterday will grow but never die
I can fly - my friends
En ese momento, la voz de Rachel se une a la de Kurt.
I'll top the bill, I'll overkill
I have to find the will to carry on
On with the -
Todos terminan la canción en un desgarrador canto que sale de sus corazones al ver a su compañero en la cama del hospital.
On with the show -
The show must go on
Paul sale de la habitación de su hijo porque no puede soportar más de todo eso sin romperse. Llega hasta la sala de espera y se toma un momento para calmarse. Después, ve como los chicos se van despidiendo de él uno a uno, prometiéndole que regresarán el día siguiente. Paul está por despedirse de Kurt y del otro chico, los últimos que quedan junto con Azimio, cuando Mary Karofsky hace acto de presencia en el hospital. Tiene el rostro desencajado pero eso no le importa a Paul, la ira que había estado sintiendo horas antes se agolpa ahora en su garganta y no puede evitar hablarle duramente a su mujer.
—¿Qué haces aquí? —Su tono es duro y frío.
—¿Por qué no me avisaste? Diana me ha dejado un mensaje diciéndome que Dave estaba herido, que viniera de inmediato al hospital. ¿Qué le ha pasado? —Paul endurece aun más sus facciones y mira a su mujer.
—Gente como tú lo ha golpeado como si fuese de un saco de boxeo. Gente como tú —recalca con ira —ha dejado inconsciente a mi hijo.
—Paul…
—¡Qué! ¿No preferías verlo muerto antes de que fuera un maricón? —Paul eleva su voz lo sufriente como para llamar la atención de los médicos, las enfermeras y varios de los familiares de los otros pacientes. —¡Pues ya está! Unos cabrones decidieron que mi hijo no podía jugar a un deporte de hombres. Unos cobardes, enfermos y homofóbicos como tú. —Mary no habla. Las lagrimas corren por sus mejillas pero eso no conmueve a Paul. —¡Ahora lárgate de aquí, porque no volverás a ver a tu hijo jamás!
Paul siente que su respiración y su pulso se aceleran. Ve a Diana salir de uno de los pasillos y mirarlo duramente debido a la estridencia de sus gritos. Inmediatamente, Cristi lo abraza.
—Papá, cálmate por favor. No puedes decirle eso a mamá.
—Tu hija tiene razón, Paul. Cálmate por favor. —Diana se acerca a Mary para consolarla. Paul la mira y luego se da cuenta de que aún están ahí Kurt, el otro chico y Azimio. Está dando un espectáculo terrible pero lo que le acaba de decir a su esposa no es más que la verdad.
—No te quiero cerca de mi hijo. Ni siquiera pienses en quedarte porque no permitiré que lo veas. —Mary sale de los brazos de Diana para encararlo.
—No puedes impedírmelo. Dave también es mi hijo y tengo derecho a verlo. —Paul tensa tanto sus maxilares que crujen.
—Puedes contratar a un abogado y pedir la custodia, no me importa, jamás te la darán. No después de saber que repudias a tu hijo por ser gay, que hace más de seis meses que no hablas con él y que fuiste capaz de meter una prostituta en nuestra casa sólo para que lo sedujera. —Paul escucha como Kurt Hummel emite un quejido de asombro, sabe que más tarde tendrá que disculparse con esos chicos.
—Es mejor que te vayas, Mary. —Diana la sujeta de los hombros y la aleja de la vista de Paul, quien necesita unos segundos para serenarse una vez que su mujer, hecha un mar de lagrimas, se ha ido.
—Azimio, ¿puedes llevar a Cristi a casa?
—No, papá. Yo no me voy de aquí hasta ver a Dave despierto. —Cristi se abraza a él y Paul no tiene corazón para alejarla de su lado.
—Muchachos —Paul mira a los tres amigos de su hijo. —, lamento mucho que hayan tenido que presenciar esto. He perdido la cabeza. Espero que entiendan que yo…
—No se preocupe, señor K. Todo está bien. —Paul asiente y sonríe a Azimio cálidamente.
Dos días después del partido Kurt está sentado en la sala de espera del hospital esperando a que les den la noticia de que Dave ha despertado. Durante esos dos días ha ido y venido del hospital junto con Blaine y el resto de los chicos de Glee. Paul Karofsky sólo se ha despegado de su hijo para darse una ducha y ni siquiera ha ido a su casa para eso, se ha duchado en el hospital. Azimio ha estado haciéndole compañía a la hermana de Dave. Ahora, los chicos del club Glee, los padres de Kurt y Azimio están esperando junto a los Karofsky
La doctora Karofsky aparece ante ellos con una ligera sonrisa en el rostro y Kurt siente que puede respirar mejor tan sólo con eso.
—Despertó hace unos minutos pero le estábamos haciendo pruebas. —Kurt casi escucha cómo Paul Karofsky retiene el aire. —Está muy bien. El edemaha desaparecido por completo y sus funciones están intactas.
Los Karofsky se abrazan. Los papás de Kurt se acercan y también abrazan al señor Karofsky. Todos los chicos se relajan y sus sonrisas se extienden. De pronto, Kurt siente los brazos del señor Karofsky envolviéndole para darle un fuerte abrazo y susurrarle: Gracias por haber estado aquí. No sabes lo que significará para Dave. Kurt se siente conmovido por el gesto que le convence de que el señor Karofsky sabe lo que Dave siente por él.
—Pueden pasar a verlo. Dave seguramente agradecerá mucho su presencia.
Los primeros en pasar son los Karofsky. Kurt está tranquilo ahora, sabe que Dave está bien y que seguirá siendo el mismo arrogante jugador de fútbol americano. Blaine le rodea con sus brazos para hablarle al oído.
—Te lo dije. Te dije que estaría bien. —Blaine parece tan contento y aliviado como él. El celular de Blaine empieza a sonar y cambia su mirada cuando contesta la llamada. Al finalizarla se acerca a Kurt un tanto desanimado. —Tengo que irme. Mi tío Matt ha llegado de Boston y mi padre quiere que esté en casa. ¿Podrías decirle a Dave que estuve aquí y que me alegro mucho de que esté bien?
—Claro, le encantará escucharlo. —Kurt le sonríe y Blaine le besa la mano en respuesta.
Más tarde, un sonriente Paul Karofsky les dice que pueden pasar a ver a su hijo. Dentro de la habitación, Cristi deja su lugar para que Kurt se siente en el sillón al lado de la cama de Dave. Las sospechas de que toda la familia conoce los sentimientos de Dave se confirman con ese gesto. El resto de los chicos ni siquiera lo notan, todos estaban demasiado contentos bromeando con Karofsky y celebrando que está bien. El único que está raro es Azimio, que sonríe ante las bromas pero no las sigue y mira con cierto recelo a Dave.
Una hora después, los chicos empiezan a retirarse. Los padres de Kurt se despiden también del señor Karofsky. Kurt es el último en despedirse. Antes de salir de la habitación escucha a Dave pidiéndoles a su padre y a su hermana que se vayan a cenar algo. También se percata de que Azimio no sale de la habitación. Kurt no le da mucha importancia, seguramente Azimio le hará compañía a Dave hasta que su padre regrese.
Kurt camina hasta la salida del hospital. Cuando el viento frío choca con su pecho se da cuenta de que se ha dejado la bufanda en la habitación de Dave así que regresa a buscarla. Piensa en tocar pero la puerta está entreabierta y puede escuchar las voces de Azimio y de Dave.
—¿Cómo te sientes? —El tono de Azimio es cauteloso, incluso parece haber dejado el tono jocoso que acompaña habitualmente a sus palabras.
—Bien, las medicinas hacen su trabajo. Mi tía me ha dicho que los medicamentos me mantendrán despierto y alerta. —Hay un momento de tenso silencio en el que Kurt piensa en entrar pero cambia de opinión cuando Dave habla de nuevo. —Azimio, ¿has visto a mi madre? —Otro silencio que se prolonga y Kurt sabe muy bien por qué.
—Hubo una pelea. Tu padre le dijo que se fuera, que no la quería cerca de ti.
—¿Qué? ¿Por qué?
—Dijo que tu madre no te acepta y que contrató a una prostituta para seducirte. —Kurt no puede ver a Dave pero está seguro que el chico no debe sentirse nada bien al escuchar eso.
—¿Por qué no me lo dijiste, David? —Es la primera vez que Kurt escucha a Azimio llamando a Dave por su nombre completo, y eso lo sorprende. —¿Por qué siempre tengo que ser el último en enterarme de tus cosas? Fui el último en saber que eres gay, el último en saber que quieres a Hummel —Kurt tuvo que controlarse para no jadear en ese momento. — y el último en saber que tienes problemas en tu casa.
—Azimio…
—No, tal vez no es el mejor momento para reclamarte pero si no lo hago ahora más tarde lo olvidare, porque ya no dolerá tanto, pero no es justo. No es justo, Dave. Nos conocemos desde pequeños y tú aún no tienes confianza para hablar conmigo. Hay gente que se preocupa por ti, gente como yo que le duele lo que a ti te duele, y no eres capaz de confiar.
—Yo…
—¿Sabes qué? Olvídalo, sólo quería sacarlo de mi sistema. Tengo que irme. —Kurt escucha los fuertes pasos de Azimio y se gira a tiempo para que el jugador no lo reconozca.
Una vez que el cuerpo de Azimio se pierde por el pasillo, Kurt abre la puerta. Dave está con los ojos cerrados, parece como si durmiera pero, en cuanto Kurt se acerca al sillón, Karofsky levanta sus parpados y lo mira.
—Ey —Dave sonríe. —, pensé que te habías ido hace tiempo.
—He vuelto a por mi bufanda. —Dave asiente sin dejar de sonreírle suavemente. Kurt decide sentarse en la cama de Karofsky porque está seguro de que el chico necesita hablar con alguien. —No he podido evitar escuchar tu conversación con Azimio, parecía bastante enojado. —Dave suspira cansinamente y se reacomoda para quedar con la espalda completamente apoyada sobre la cabecera de la cama.
—Sí, y tiene razón para estarlo. Lo conozco desde pequeño y últimamente siempre termina enterándose de todo lo mío por boca de otras personas y a destiempo.
—¿Como lo de tu madre? —Dave asiente.
—No es fácil para mí hablar de todo esto: de mis sentimientos, de lo que pienso, de lo que me preocupa… Siempre es complicado para mí y por lo regular lo dejo pasar hasta que, de pronto, la situación explota y… Soy un desastre.
—Tu padre y tú se parecen mucho en el carácter. —Dave sonríe.
—Sí, en realidad sí. ¿Estabas aquí cuando mi papá corrió a mi mamá? —Kurt asiente y Dave suspira de nuevo con cierta dificultad por los golpes.
—¿Es cierto? ¿Tu madre contrató una prostituta para ti?
—Sí. —Kurt no puede evitar tomar la mano derecha de Dave, que descansaba sobre su pecho. —No tienes por qué sentir lástima, estas cosas pasan.
—No siento lástima. Lamento que tu mamá no te acepte, eso es todo. —Dave baja la mirada e inconscientemente empieza a acariciar el dorso de la mano de Kurt con su pulgar.
—Gracias por haberte quedado. No lo digo sólo por este momento, Cristi me dijo que Encantador y tú siempre eran los primeros en llegar y los últimos en irse. También me habló de la canción. Ustedes son magníficos.
—No tienes por qué agradecérmelo, tú habrías hecho lo mismo.
La mano libre de Dave llega hasta la mejilla de Kurt para acariciarla con devoción. Kurt se acerca un poco más al cuerpo de Dave y, sin saber muy bien cómo, terminan con los labios unidos en un beso que Kurt estaba deseando desde hace tiempo pero que se obligaba a no querer admitir. Una de las manos de Dave se enreda en el pelo de Kurt y lo acerca más a su cuerpo.
Kurt está perdido en esa sensación tan profunda, siendo envuelto por completo entre los brazos de Dave, con sus labios moviéndose lentamente sobre los suyos y, aunque él no quería terminar completamente sobre el pecho de Dave, éste no le deja otra opción, porque su abrazo lo incita a que termine recostado sobre él. Las manos de Kurt se deslizan por la tela de la bata; puede sentir los músculos planos y duros de los pectorales de Dave y, sin quererlo, gime. En ese momento, la lengua de Dave entra en su boca. Los brazos de Dave sujetan cálidamente su cuerpo mientras lo besa de una forma pasional y entregada.
Kurt puede respirar de nuevo ese aroma viril y natural que Dave emana. Es algo característico en él, algo que Kurt notó en su primer beso en el vestuario pero que se obligó a olvidar porque le agradaba, porque le gustaba. Pero ahora es distinto, ese beso, ese aroma, la sensación del cálido de pecho de Dave. Kurt no quiere separarse de él, de toda la protección que Dave Karofsky significa en ese momento, pero sabe muy bien que tiene que parar. Sintiendo un dolor casi físico, sale de su cálida prisión. No sabe qué decir pero tiene que huir de inmediato.
—Kurt…
—Yo… Tengo que irme. —En ese momento se percata de que señor Karofsky está en la puerta un tanto pálido. Murmura una despedida y sale corriendo del hospital todo lo avergonzado que le es posible.
Aún puedo sentir los labios de Kurt sobre los míos. Besarlo ha dolido como el infierno pero ha valido tanto la pena que lo volvería hacer aunque tuviera todas las costillas fracturadas. Mi papá se sienta en el sillón que hay a mi lado.
—¿Qué ha sido eso? —El tono de mi viejo es un tanto divertido. Sonrió un poco cuando papá me lo pregunta y como puedo intento esconder la semierección que tengo. Odio estos ataques hormonales de adolescencia.
—No lo sé, papá, pero ha sido uno de los mejores montos de mi vida. —Mi papá se ríe, imagino que por primera vez en estos días.
—Creí que salía con el chico de pelo engominado.
—Sale con él. Te juro que no sé por qué ha pasado esto. Tal vez por la pena de verme aquí, no lo sé.
—Pero lo disfrutaste, ¿cierto? —Asiento porque es la jodida verdad.
—¿Y Cristi? —pregunto un poco después, cuando ya me he tranquilizado del beso.
—Diana se la llevo a su casa. Tu pobre hermana no ha dormido nada desde que estás en el hospital.
—Papá, Azimio me contó lo de mamá. —Mi viejo se tensa. —No ha sido su culpa. Prácticamente lo forcé a que me lo dijera.
—Estaba enojado en ese momento, Dave, pero lo que le dije a tu madre es algo en lo que creo. No quiero que ella esté cerca de ti si no te acepta tal y como eres. Eso no es amor. Ella tiene que aprender a aceptarte. —Hay un momento de silencio en el que aprovecho para observar a mi papá y notar lo cansado que parece. —Dave, no vamos a regresar casa.
—¿Qué? —Lo he sentido como un balde de ladrillos sobre mi cabeza.
—Lo he decidido, hijo. Nosotros dos nos mudaremos a una casa que acabo de alquilar. Esto ayudará a tu madre a tomar una decisión, pero ante todo lo que quiero sacarte de ese ambiente homofóbico que tu mamá está creando en casa.
—Pero, ¿y Cristi?
—Ella puede venir con nosotros si quiere. Esto no es un debate, Dave. Lo he decidido y así lo haremos.
—Lo que pasó no fue por tu culpa, papá. —Algo me dice que mi viejo necesita escuchar eso.
—Lo sé, hijo. Lo que pasó es culpa de esa maldita gente con mentalidad de guisante. —Mi papá suspira y me mira fijamente un poco después. —Tienes que entender, Dave, que hay momentos en los que debemos hacer una pausa, y en este momento yo hago una pausa con tu mamá. De ella depende nuestro futuro. Lo único que te puedo decir es que te quiero y que nada cambiará eso.
Miro a mi padre, el gran hombre que es y las lecciones tan importantes de vida que me está dando. Sé que ama a mi mamá pero se aleja de ella porque le cree nociva para nosotros. Como puedo, llevo mi mano hasta la suya y las entrelazo. Hoy más que nunca agradezco ser hijo de este hombre y, algún día, les diré a mis hijos que mi papá me hizo querer ser una mejor persona.
