Lo que me preocupa no es que me hayas mentido, sino que, de ahora en adelante, ya no podré creerte.
Friedrich Nietzsche
Khalil Gibran escribió: por muy larga que sea la tormenta, el sol siempre brilla entre las nubes.
Justo ahora no sé cuándo llegaré a ver mi cielo despejarse.
Después de que me dieran de alta, papá me llevó a la casa nueva. Es un lugar bonito, espacioso y tranquilo. Mi padre se ha asegurado de que Cristi y yo no tengamos ningún problema: ha buscado ayuda para el mantenimiento de la casa y ha mandado a por todas nuestras pertenencias a nuestro antiguo hogar.
Sin embargo, sé que mi viejo está triste; extraña a mi mamá a pesar de que ella no parece interesada en arreglar las cosas y no habla con él desde el incidente en el hospital, ni jamás ha preguntado por mí desde que salí de allí. Debe de estar enojada por todo lo que le dijo mi padre y lo comprendo, mi viejo se pasó tres pueblos, pero me consta que él ha querido hablar con ella. Aunque por su mente no pasa regresar a casa. Él me ha sacado de allí porque no quiere que esté al lado de mi madre y su homofobia, pero no se da cuenta de que yo necesito a mi familia unida.
Las heridas del partido han ido sanando poco a poco. Mis brazos ahora lucen un lindo color amarillo-verdoso que se va difuminando entre el vello que cubre mi piel. Esas heridas son las fáciles de sanar; hay otras que no sanan, las heridas del alma. Azimio y yo no estamos pasando el mejor momento de nuestra amistad, él se mantiene a distancia desde que regresé a la escuela y sólo hablamos durante los entrenamientos. Sigue molesto conmigo. Espero que se le pase pronto.
Otro que tampoco está normal conmigo es Kurt. Desde el beso, Kurt cuida de no quedarse a solas conmigo. Mientras estuve en el hospital me visitó diario, siempre acompañado de Encantador, y luego, cuando me instalé en la casa nueva, siguieron sus visitas, pero siempre con su novio y alguien más. Y cuando llegaba a ir la pareja del año sola, Kurt corría a la habitación de Cristi dejándonos a Blaine y a mí en mi dormitorio con los videojuegos. De eso hace poco más de tres semanas. Necesito hablar con él, dejar las cosas claras.
Un suspiro se me escapa cuando pienso en el beso; es un momento de felicidad entre toda esta mierda. Camino con mi bandeja del desayuno hasta un lugar de la cafetería que está desocupado y desde donde puedo mirar el cielo despejado. Pensaba que desayunaría solo pero Finn se acaba de dejar caer en el asiento que hay frente a mí. Azimio pasa a nuestro lado pero no hace ningún comentario, ni siquiera me mira.
—¿Problemas maritales? —me pregunta Finn mientras agita su jugo de naranja.
—Está enojado conmigo porque nunca le cuento nada de lo que me pasa. Fue el último en enterarse de que soy gay, el último en saber que me gusta tu hermanastro —Finn hace una mueca que raya en el asco y yo sonrío. —, el último en saber que mi madre me odia por ser gay… —Finn parece asombrarse por mis palabras. Había asumido que ya sabía lo del hospital, pero parece que Kurt, de nuevo, esta protegiéndome. — Es una larga historia, Hudson, y justo ahora no tengo ganas de contarla.
—Claro, hombre. No hay problema. —Asiento y empiezo a comer. Después de un rato me percato de algo.
—¿Y tu rubia? ¿Dónde está Quinn? —Finn mastica lentamente el pedazo de melón que tiene en la boca y desvía la mirada hacia la chica, que está sentada dos mesas a mi derecha.
—Terminé con ella —dice un momento después.
—¡Uau! ¿Y eso? —Es más fácil pasar por alto mis problemas cuando me concentro en los de los demás.
—Hace un par de días hubo una noche de divas en mi casa. Por lo regular intento mantenerme alejado de esas cosas pero ese día, casualmente, escuché una conversación entre Rachel, Kurt y Mercedes. Rachel está saliendo con un chico de Dalton. —Las palabras parecen atorarse en la boca de Finn. —Tuve un terrible ataque de celos y fue entonces cuando me di cuenta: No puedo estar con Quinn si Rachel provoca esas reacciones en mí.
—Tú lo has dicho, hombre. —Finn asiente.
—Pero tampoco quiero ir tras Rachel. No sé, creo que estoy caminando en círculos. —Hudson acaba dándole un largo trago a su jugo. Cuando estoy a punto de hablar con él, Kurt y Encantador hacen acto de presencia en nuestra mesa.
—Hola. —Encantador esta sonriéndonos pero Kurt parece incomodo, evita a toda costa mirarme a los ojos. Finn esta callado y meditabundo, imagino que piensa en todo lo que está sucediéndole con Quinn y Rachel. —¿Cómo siguen tus brazos?
—Mejor, mucho mejor. El dolor ya ha disminuido, de hecho está llegando a ser uno de esos malestares olvidables a menos que haga un esfuerzo muy grande. Ya puedo tocar la guitarra y los tendones no me duelen cuando lo hago.
—Qué bien. Estaba pensado en lo que me dijiste de Mortal Kombat y creo que compraré la edición de coleccionista. No soy un gran fan pero vale la pena tener una edición limitada de un videojuego clásico, ¿no crees? —Asiento, aunque mi atención está en Kurt, quien sigue sin querer mirarme a los ojos.
Encantador sigue hablando de videojuegos, tema que me gusta, pero justo ahora me hace sentir un poco mal que él me considere un amigo, o por lo menos un compañero de juegos. Se nota que Encantador no tiene muchas personas con quienes hablar de estas tonterías. Lamento que los tres estemos en medio de esta situación.
—Blaine, tengo que ir por mi libro de español. Me lo he dejado en el casillero — le dice Kurt con premura. Se nota que quiere salir de aquí.
—Oh, si, perdón. Luego hablamos. —Encantador besa a Kurt en la mano y se ponen de pie. En ese momento la mirada de Kurt y la mía se cruzan. Trago saliva, quiero decirle algo pero él me rehúye de nuevo. Los veo alejarse y me como el sentimiento de desazón que tengo.
—¿Qué ha sido eso? —Finn me mira con una suspicacia completamente inusual en él.
—¿Qué ha sido qué? —En realidad Hudson no es famoso por ser el tipo más avispado de McKinley así que hacerme el idiota tal vez me ayude a terminar con esto.
—No, no, no, amigo. Al contrarío de lo que piensa la mayoría, no soy estúpido. —¿En serio? —Conozco esa mirada, es la misma que yo tuve cuando hablaba con Rachel de ser virgen, la misma que tenía Quinn cuando me dijo que Beth era mi hija, la misma que tenía Rachel cuando me contó que había besado a Puck… —Finn boquea un poco. Parece haber descubierto algo entre líneas. En un segundo pasa de la confusión a la comprensión total. —¿Qué coño han hecho?
—Yo…
—¿Qué le has hecho a mi hermano? —Joder con Hudson y sus ataques de hermano mayor.
—Nos hemos besado.
—¡Has besado a mi…!
—Chss, chss. Por favor, amigo. ¿Puedes hablar un poco menos fuerte? Creo acabas de humillar a la entrenadora Sylvester y su megáfono. —Finn enrojece un poco pero no quita la mirada molesta. —Fue en el hospital, el día que desperté. Kurt escuchó una conversación que tuve con Azimio, luego entró a mi cuarto para darme apoyo y…, una cosa llevó a la otra.
—Y aún así tienes la suficiente caradura como para hacerte amigo de Encantador. —No puedo evitar enmarcar una ceja cuando Hudson le dice así a Blaine.
—No es caradura, hombre. Es que en realidad no pasó nada. O, mejor dicho, no sé lo que pasó; Kurt no ha querido hablar conmigo desde que salí del hospital. Necesitamos aclarar las cosas. —Finn bufa y luego niega.
—Yo sé donde terminará todo esto.
—No, me perdonas pero no. Kurt no eres tú. Puede que Encantador se parezca un poco a Berry pero yo no tengo nada en común con Quinn, así que vete olvidando de eso. Kurt tiene novio, y si él lo cree necesario soy capaz de decirle a Encantador lo que sucedió y pedirle disculpas.
—Vaya. De verdad eres un idiota enamorado, ¿cierto? —Qué pregunta tan tonta. ¡Claro que lo soy!
—Sí, y por eso mismo no pondría a Kurt en una situación así. —Finn termina de beber su jugo de naranja y luego me mira intensamente, tanto que me pone nervioso.
—Creo que es tarde para eso, Karofsky. Kurt se siente culpable, y eso quiere decir que ese beso sí que significó algo para él.
Eso no me lo esperaba. No sé cuántos sueños he tenido con la idea de Kurt sintiendo algo por mí, pero siempre he sido consciente de la enorme diferencia que hay entre soñar y lograr. No quiero poner a Kurt en un dilema, quiero que tenga estabilidad, quiero que sea feliz, y esto complica las cosas. Ahora más que nunca necesito hablar con él, aclararle que estoy dispuesto a hacer lo que sea por él.
—Buenos días. —La voz de Santana me saca de mis cavilaciones. Me sonríe enigmáticamente, algo tiene que decirme. —¿Han terminado de comer? —Finn asiente. —Bueno, entonces no tendrás inconveniente con que me lleve a este osito sexy. —Hudson empieza a convulsionar de la risa por el mote que la buena de Santana me ha puesto.
—Gracias, muñeca. Me encanta cuando me ridiculizas enfrente de mis compañeros de equipo. Así me será fácil obtener otro par de estos —señalo los golpes en mis brazos — en los próximos partidos.
—Déjate de tonterías, Karofsky, y camina conmigo por los pasillos de McKinley. Demostremos que a Santana López le encanta la diversidad. —Ella me guiña un ojo y me levanto para ofrecerle mi brazo.
—Nos vemos más tarde, Hudson. Y no te preocupes, hablaré con Kurt.
—Más te vale. —Finn se levanta y se reúne con Puck, que va saliendo de la cafetería.
Santana y yo los seguimos hablado de tonterías del coro, de mi padre y de cómo extraño a mi madre. Por los pasillos varios chicos nos observan bastante extrañados; están acostumbrados a ver a Kurt con Mercedes pero, al parecer, el hecho de que seamos Santana y yo le da a esto un toque de morbo. ¡Idiotas! Si ellos supieran…
—Dave, ¿de qué tienes que hablar con Kurt?
—Sólo no hagas un escándalo de esto. —Ella asiente mientras abre su casillero. —Nos besamos en el hospital y ha estado evitándome, y necesito aclararle que no tengo intenciones de perjudicarlo. —Santana rueda los ojos con exasperación.
—Por dios, Karofsky, eres tan cursi. Das asco de lo enamorado que estás. —Lo dice sin un tono de verdadera malicia en sus palabras, y además está sonriendo.
—¿Qué pasa por esa sexy cabecita tuya, muñeca? —Ella ensancha su sonrisa y vuelve a tomar mi brazo para caminar por los pasillos.
—Quiero decírselo a mis padres. —Me detengo y ella me mira con la decisión pintada en los ojos.
—¿En serio? —le digo colocando mis manos sobre sus hombros. Ella asiente. —Es maravilloso que te sientas preparada. —La abrazo con fuerza porque es la forma más visible que tengo de demostrarle lo feliz que me siento por ella.
—No cantes victoria tan rápido, tigre. Siento un miedo terrible a que las cosas salgan mal. —Le doy un beso en la mejilla y coloco mis manos envolviendo su cuello. Mis pulgares, por inercia, empiezan a acariciar sus mejillas.
—Si algo sale mal siempre podrás contar conmigo. La casa nueva es demasiado grande para nosotros tres. —Ella no dice nada, sólo hace una mueca arrogante y me jala para seguir caminando hacia nuestra clase.
Cuando el entrenamiento termina, corro tras Azimio para hablar con él antes de que llegue a los vestidores. Necesito arreglar las cosas con mi amigo y, si es preciso, me arrastraré por todo el campo para que el muy bastardo me escuche. Aunque parece que no necesitaré llegar a ese extremo porque, en cuanto oye que lo llamo, se detiene y se gira para mirarme. Aún no está contento pero por lo menos no tiene la mirada dura; y eso ya es un buen comienzo, ¿no?
Lo observo por unos segundos. Tenía preparado un buen discurso para disculparme pero ahora, mirándolo, creo que cualquier palabrería será totalmente inútil. Nos conocemos desde siempre, ¿qué puedo decirle?
—Lo siento. —Y luego lo abrazo. Aún traemos el equipo puesto y es incomodo, pero no me importa; lo abrazo porque es mi hermano. Azimio responde cerrando sus brazos como puede alrededor de mi cuerpo.
—Eres un gilipollas, ¿lo sabías? —me dice en cuanto nos separamos.
—Lo sabía. —Golpeo con fuerza su pecho. —¿Ala izquierda? —Él sonríe y golpea con fuerza mi pecho.
—Ala derecha.
Ahora que estamos bien, caminamos hacia los vestidores mientras yo le cuento los momentos difíciles con mi familia y, por supuesto, el beso con Kurt. Cuando salimos de allí a mí aún me queda el ensayo con el club Glee. Azimio me acompaña al salón del coro y antes de entrar se aclara la garganta.
—Deberías buscar a tu mamá para hablar con ella. —Me gustaría decirle que no, pero sé que es necesario. Debo hablar con mi madre por el bien de mi familia.
—Lo haré, la buscaré mañana para hablar con ella. Aún tengo la esperanza de que me entienda.
—Lo hará, Grizzly. —Azimio se despide de mí y yo entro al salón de ensayo. En la pizarra está escrito este instante. El señor Schuester quiere que cantemos algo sobre lo que sentimos en este momento, y nos anuncia que tenemos un pase directo a las Regionales gracias al segundo lugar del coro en las Nacionales el año pasado.
Tres días son los que llevo intentando hablar con mi madre y con Kurt sin éxito. Mi mamá está en un retiro espiritual y Kurt se ha evaporado como Keyser Soze en Sospechosos habituales; es increíble, aunque no cuenta con que voy a tener un poco de ayuda extra. Con el fin de hablar con él he convencido a Hudson para que le envíe un mensaje diciéndole que le espera en el auditorio a la hora del almuerzo. Conociendo a Kurt como lo conozco sé que vendrá solo, porque Encantador y Hudson no se llevan.
Así que, aquí estoy, esperando detrás de las cortinas como el fantasma de la opera a que aparezca bonito. Como es su costumbre, no me defrauda; cinco minutos después entra al auditorio vestido con su chaqueta púrpura, unos pantalones grises que le quedan de infarto y sus botas de diseñador. ¡Dios! ¿Puede ser más perfecto? Sube al escenario buscando a Finn y yo aprovecho para salir de mi escondite.
—Hola. —Kurt me mira con sus hermosos ojos azules llenos de sorpresa e intenta dar media vuelta, pero lo detengo. — Espera, sólo quiero hablar contigo. He tenido que pedirle ayuda a Finn porque eres más escurridizo que el oxígeno. —Intenta zafarse de mi agarre pero no lo logra. —Kurt, tenemos que hablar del beso.
—Yo… No quiero hablar de eso. —Su voz tiembla un poco.
—Kurt, soy capaz de pedirle una disculpa a Blaine por lo que hicimos si es lo que deseas. Quiero que entiendas que no estoy aquí para obligarte a nada. —Bonito se relaja y yo suelto su muñeca.
—Lo siento, me he estado portando contigo como un idiota al tratar de evitarte. Sólo… Es que… Estoy muy confundido.
—Fue una tontería, Kurt. Algo que paso en el momento. Tú me viste completamente vulnerable, por lo de mi madre y lo de Azimio, y sólo quisiste reconfortarme. —Kurt hace un leve mohín de disgusto tras mis palabras.
—¿Te dices eso para dormir tranquilo? ¿O lo usas para poder mirar a Blaine a la cara cada vez que va a tu casa a jugar contigo? —Bajo la mirada; sus palabras han sido un golpe duro. —Tú y yo sabemos que ese beso sí significo algo. —Trago saliva. Que él lo diga lo vuelve todo más real y, sobre todo, terriblemente complicado. Kurt se da la vuelta; sé que no quiere mirarme después de lo que me acaba de decir. Camino los pocos pasos que nos separan y coloco mis manos sobre sus brazos. Al instante, Kurt apoya ligeramente su cabeza sobre mi brazo derecho. Puedo sentir su perfume y ese aroma queda registrado en mi cerebro.
—No pretendo hacerte decidir entre Blaine y yo. No quiero que ni siquiera lo pienses. —Me acerco un poco más a él y mi aliento choca con su cabello; quiero acercarlo más a mi cuerpo pero no puedo. —Soy amigo tuyo, y también suyo, y lo que menos quiero es dañarlos. —Kurt suspira pesadamente.
—Ya está dañado, Dave. No sé por cuánto tiempo más podré ocultarle lo que pasó. No soy el tipo de persona que engaña intencionadamente.
—Lo sé, Kurt. —Me separo un poco de su cuerpo y coloco mis manos en sus hombros.
—He intentado descubrir lo que siento por ti y lo que siento por Blaine y… Y no sé qué hacer. —Su voz se quiebra. Le acaricio los brazos para reconfortarlo aunque me gustaría hacer mucho más por él. —Estoy confundido, Dave. ¿Por qué no pudiste seguir siendo el mismo matón de siempre? ¿Por qué demonios has tenido que convertirte en este hombre fuerte, guapo y capaz de volverme loco?
—Kurt, siento que estés así, yo sólo quiero que seas feliz. Te juro que no haré ni diré nada que pueda dañarte. Siempre estaré para ti como un amigo fiel y desinteresado. No te presionaré jamás.
—No podemos hacerle esto a Blaine.
—No le estamos haciendo nada. Fue sólo un beso y no se volverá a repetir jamás. A menos que sean otras las circunstancias.
Permanecemos juntos hasta que se escucha el timbre; es hora de regresar a clase. Kurt me murmura un gracias y sale del auditorio. No sé que tanto se hayan arruinado las cosas con él, sólo espero que entienda que soy honesto; nunca lo obligaría a escoger. Fui un desgraciado con él y ahora sólo quiero verlo bien.
Camino hacia mi coche acompañado de Santana. Azimio, ella y yo habíamos estado hablando un momento antes de mi conversación con Kurt de esta mañana. Santana me dice que me estoy volviendo muy blando con Kurt y la verdad es que tiene razón pero, ¿qué puedo hacer? Obligarlo a decidir puede ser contraproducente, y ni siquiera yo sé qué es lo que quiero.
Antes de subir a mi camioneta recibo un mensaje de texto, al leerlo casi me voy para atrás. Santana lo nota y sostiene mi mano.
—¿Todo bien?
—Es un mensaje de mi madre, quiere que nos veamos hoy. Pero no quiero ir a casa, no me sentiría bien hablando con ella en su terreno.
—Dile que la verás en el parque, así estarán en un terreno neutral, ¿no crees? —Asiento y le respondo a mi madre con la propuesta de Santana. Unos segundos después ella responde positivamente.
—Ha aceptado. —Santana sonríe. Abro la puerta del copiloto para que suba y luego me voy a mi asiento.
—Te acompaño a verla. Me sentaré cerca de ustedes, ¿te parece? —Le sonrío y beso su mejilla derecha.
—Gracias.
Media hora más tarde estamos en el parque caminando. A unos metros de nosotros alcanzo a distinguir a mi madre; está sentada en una de las bancas leyendo un libro de pastas blancas, parece serena y tranquila. Yo, en cambio, estoy muerto de los nervios. Santana suelta mi mano y se sienta en una banca cercana mientras avanzo lentamente hacia mi madre. Cuando llego hasta ella no sé si abrazarla, pero lo único que puedo hacer y que me sale natural es sentarme a su lado.
—Hola —me dice viéndome a los ojos. No me sonríe pero ya no parece enojada. —¿Cómo has estado, Dave? —Boqueo un poco y trago la saliva que se acumula en mi boca.
—Bien… Yo… Estoy bien. —Ella asiente y sonríe por primera vez en meses.
—Me da gusto que tus heridas estén sanando. Te he llamado hoy porque por fin he encontrado la solución a tus problemas. —La vaga alegría que estaba sintiendo se va después de oír a mi madre.
—¿Cómo? —Ella sonríe y toma mis manos entre las suyas.
—Hijo, estuve hablando con un especialista en el asunto. Es un psicólogo que se encarga de arreglar problemas como el tuyo. Tiene una terapia. Tú sabes que eso que te pasa no es natural, que no se nace así, hijo, que son los estímulos que están a tu alrededor. Y debemos hacer algo antes de que tu problema te traiga complicaciones superiores a las que ya has tenido. —Mi corazón se detiene por un segundo.
—¿Tú crees que lo que me pasó fue culpa mía?
—Estás confundido, hijo. Es culpa de tu confusión. Tienes que entender que la homosexualidad no es natural. —Ella guarda silencio un momento cuando ve que mis ojos se llenan de lágrimas que a duras penas puedo contener. —Solamente observa, masculinos y femeninos están diseñados en forma inteligente para que hagan pareja. No es natural unir dos hombres o dos mujeres; es como pretender unir dos tornillos, simplemente no encajan. El doctor Slick nos lo dijo. Claro que ahora él ya no está entre nosotros, pero su hijo Matt sigue sus pasos y él nos ayudará.
—¿Se lo dijo? —La mirada de mi madre vacila un poco.
—A tus abuelos y mí cuando quisimos ayudar a tu tío. —De inmediato suelto las manos de mi madre.
—¿Tío? ¿De qué estás hablando? —Hasta donde yo sé mi madre es hija única. Me está dando miedo escuchar la verdad.
—Mi hermano mayor tuvo tu mismo problema. Mis padres quisieron ayudarlo pero él no aceptó, el pobre no quiso salir del pecado. —Mi madre busca mis manos de nuevo y me habla con tono esperanzador. —Pero tú sí, Dave. Tú si aceptarás que yo me encargue de este problema.
De nuevo suelto las manos de mi madre y me pongo de pie. No quiero estar ahí, no quiero verla más. Me ha dado tanta información, tengo tantas malditas dudas en mi cabeza… Necesito hablar con mi padre, necesito que él me diga que pasó en realidad, porque justo ahora no puedo confiar en mi madre.
—Dave…
—No. —Levanto las manos y las pongo frente a ella utilizándolas como un muro físico que fortalece mis barreras mentales. —No quiero verte nunca más.
Salgo casi corriendo de allí. Santana me sigue lo más rápido que le permiten sus costosas botas. Al llegar a mi Tacoma apoyo la frente sobre la fría superficie del coche. Segundos después siento la mano de mi amiga sobre mi hombro. No quiero llorar pero el llanto brota solo.
—Dave…
—Necesito hablar con mi papá.
—¿Dónde está ahora?
—En la constructora .—Me da un ligero golpe en el hombro para llamar mi atención.
—Bien, vamos.
Asiento y subimos a la camioneta. La constructora de mi papá esta a las afueras de Lima. Mi viejo tiene trabajo en todo el estado pero la matriz sigue aquí dándole empleo a muchas personas y creciendo año tras año. Mis padres fueron un ejemplo en este lugar. ¿Cuántas mentiras más giran alrededor de mi familia?
Ya en la constructora paso la zona de recepción sin problemas, todos me conocen. Subimos en el elevador hasta la oficina de mi papá que está en el tercer piso. La silla de Cibyl, la secretaria de mi padre, está vacía; seguramente está en la oficina. Sin tocar, abro la puerta. En efecto, Cibyl y mi padre están hablando sobre los materiales para la construcción de un edifico en Cincinnati. Cuando mi viejo me ve entiende de inmediato que algo está mal.
—Cibyl, ¿puedes retirarte? Seguiremos más tarde con esto, por favor. —Ella se va bastante aturdida; tanto, que no cierra la puerta. Debo verme muy mal para que todos reaccionen así. Santana no entra conmigo a la oficina pero sé que está fuera esperándome. —¿Qué pasa, hijo? ¿Has vuelto a tener algún problema en la escuela? —Las palabras se atoran en mi boca. En realidad no sé cómo empezar a contarle.
—Tú lo sabías, sabías que mi madre, tarde o temprano, llegaría a la misma conclusión que los abuelos. Lo sabías y por eso me alejaste de ella. —Mi viejo se descompone, de inmediato ha entendido de qué le hablo.
—¿Cómo te has enterado?
—Mamá me ha llamado hoy, quería hablar conmigo. Y creo que se le ha escapado mencionarme a un tío que no sabía que existía. —Papá suspira, sé que no sabe como continuar. —¿Qué le pasó? —Papá desvía la mirada algo incomodo. —Sé que tú sabes lo que le sucedió, lo sabes todo porque de otra forma no estarías tan impresionado. ¿Qué le pasó?
—Primero, hijo, quiero que sepas que tu abuelo me contó esto con todo el pesar del mundo. Él verdaderamente quería ayudar a su hijo; tus abuelos de verdad pensaban que ese lugar, que esa terapia, ayudaría a su hijo. Ellos tenían sus ideas, tal vez radicales, pero lo que hicieron fue de buena fe. —Asiento mientras una corriente fría recorre mi cuerpo. —Tus abuelos lo llevaron a un centro donde un psicólogo impartía una terapia para superar la homosexualidad. Se escapó a los tres días y tus abuelos no supieron nada más de él hasta dos años después, cuando la policía les llamó y para decirles que habían encontrado un cuerpo con una licencia de conducir en la que aparecía su dirección. Había estado viviendo en las calles, trabajando en lo que podía. Lo asaltaron, lo hirieron con un arma blanca —Mi viejo traga con dificultad. — y se desangró en un callejón.
—Su nombre. —Mi voz sale sin fuerza. —¿Cómo se llamaba?
—Thomas… —Lloro por él, por mí, por mi familia. Esto es demasiado, mucho más de lo que puedo soportar en un día.
—El abuelo Pete siempre me decía que yo era su orgullo, que era su hombre, y por eso me dejó la granja. —Mis abuelos maternos tenían una granja en el límite entre Lima y Findlay. El abuelo Pete me la heredó a mí. Triste paradoja. —Si estuviera vivo me habría repudiado igual que ha hecho mi madre. —Papá camina hacia a mí y me envuelve entre sus brazos.
—Ella te quiere, hijo. Sólo está haciendo lo que cree correcto, lo que le enseñaron, mi niño, pero ella te quiere. Por favor, no lo olvides, no lo dudes. —Permanecemos así hasta que consigo calmarme.
—Gracias, papá.
—No digas tonterías, hijo. No tienes nada que agradecerme. Eres mi orgullo, hijo. —Papá va hacia el perchero y toma su chaqueta. —Vamos, te invito a cenar.
—Tengo compañía, papá. Santana está fuera. —Mi viejo sonríe.
—Bueno, la invitamos también.
Al salir vemos a Santana sentada en el sofá frente al escritorio de Cibyl, que sigue vacío. Mi amiga tiene el rostro ligeramente pálido. Ha escuchado toda la conversación con mi viejo. Ella nos observa y sonríe tímidamente. Pone su máscara, lo sé. Le decimos que si nos quiere acompañar a comer pero ella se niega, así que mi viejo y yo la llevamos de regreso a su casa. El viaje es silencioso, cada uno de nosotros parece perdido en su cabeza. Me preocupa mucho lo que Santana pueda pensar de esto. Al llegar a su casa la acompaño hasta la puerta.
—¿Estás bien?
—Sí, claro que si. —Veo en sus ojos que me está mintiendo.
—Santana… —Ella niega, me sonríe y me da un beso en la mejilla.
—Nos vemos mañana, osito sexy.
Regreso al coche de mi padre con una sensación extraña de preocupación. Sé que Santana no está bien pero ella se cierra, no quiere decirme lo que piensa. Sólo espero que más adelante pueda hablar conmigo.
Mi viejo y yo pasamos una cena agradable. Aún pienso en si contarle todo a Cristi o no. Ella todavía estará en el colegio el resto de la semana, así que tengo tiempo para pensar en qué decirle. Cuando por fin subo a mi habitación y hago mis deberes me siento exhausto. En mi mente no dejó de imaginar en todo lo que tuvo que pasar el tío Tom por culpa de sus padres.
Miro la ultima foto que me tomé con el abuelo Pete. Él tiene un brazo sobre mis hombros y los dos sonreímos a la cámara. Un año después de esa fotografía mi abuelo murió. ¿Cómo puede ser posible que un hombre como él abandonara a su hijo? Mi abuelo fue un ejemplo de rectitud. Me enseñó a jugar al béisbol en su granja y me compró mi primer perro. Pienso que en realidad nunca lo conocí.
Al terminar mis deberes caigo en la cama y el sueño me golpea. Este ha sido un día agotador.
Finn tiene un terrible dolor de cabeza. Camina por los pasillos de McKinley preguntándose qué hace allí, debió quedarse en casa fingiendo estar enfermo para tapar el hecho de que está completamente perdido después de la discusión que tuvo con Rachel. Aún podía escuchar los gritos de la chica diciéndole que era un idiota y que sólo la buscaba cuando sabía que tenía a otro, cosa que no era del todo mentira. Sin embargo, no es por eso por lo que buscó a Rachel. Finn lo único que quiere es aclarar todo lo que le pasa.
Una pequeña conmoción en el pasillo llama la atención de Finn. Es Karofsky apartando a Santana de lo que parece ser su nueva conquista: Moore, el jugador que le quería lanzar un granizado a Karofsky unas semanas atrás. Karofsky se lleva a Santana por el pasillo y Finn los sigue. No es que sea un entrometido pero tal vez un buen chisme le sirva para olvidar sus propios problemas.
Llegan hasta el aula de ciencias y Karofsky deja la puerta entreabierta. Finn lo aprovecha y aguza el oído para saber todo lo que pasa entre esos dos. Parece una pelea de novios pero eso es imposible porque Karofsky es gay, ¿cierto?
—¿Qué demonios estabas haciendo montándote tremendo numerito en medio del pasillo? —La voz de Karofsky es de molestia total.
—Estaba besándome con mi novio hasta que tú llegaste.
—¿Tu novio? ¿Desde cuándo el imbécil de Moore es tu novio? —En el tono de Karofsky no hay celos pero sí mucha molestia.
—Desde ayer por la noche.
—¿Te hiciste su novia después de que te deje en tu casa?
—Mira, Karofsky, tú no eres nadie para que te dé explicaciones, pero para que dejes de joderme la existencia te diré que no pienso salir del armario. —La quijada de Finn cae hasta el frío suelo de McKinley.
—Santana…
—No, yo no sirvo para sufrir, Dave. Mira lo que le pasó a tu tío por salir, terminó muerto en un inmundo callejón como un perro de la calle. Y luego estás tú: abandonaste Narnia por nada, estás solo, tu familia se está desmoronando poco a poco, te has convertido en un blandengue con Kurt, te conformas con un beso porque él se compadeció de lo patético que te veías en el hospital... —Finn se atreve a mirar hacia el aula. La cara de Karofsky está completamente contraída y sus ojos verdes han perdido todo rastro de calidez. —Él jamás va a dejar a su hobbit por ti. Para tu bonito sigues siendo un estúpido neandertal, su torturador, un matón que no se merece estar en la misma habitación que él. ¿Crees que va a dejar a su novio sexy por ti? ¿Por un perdedor más de Lima? Esto se ha acabado, Dave. Olvidaré a Brittany, me casaré con un jugador de futbol americano y todo estará bien. —Santana camina hasta la puerta pero se detiene antes de salir. —Es una lástima que hayas salido, habríamos hecho una bonita pareja en el baile de graduación.
Con eso, Santana desaparece por el pasillo sin notar la presencia de Finn. Éste decide tomarse la libertad de entrar al salón. Karofsky está apoyado en el escritorio, con los ojos cerrados, viéndose abatido. Finn aún tiene que procesar varias cosas: el que Santana sea lesbiana, lo del tío de Karofsky y lo de que el pobre chico aún esté de pie tras haber sido víctima de un ataque tan brutal por parte de Santana.
—Eso de escuchar detrás de las puertas debe ser un mal de familia, aunque no sean hermanos de sangre, ¿cierto? —Finn se sorprende cuando Karofsky le habla sin abrir los ojos.
—Lo siento, no lo pude evitar, llamaron mi atención en el pasillo. —Karofsky se encoje de hombros —¿Quieres hablar, o algo?
—¿Tienes un par de horas? —Karofsky por fin abre los ojos y mira a Finn.
—Tenía pensado faltar hoy a la escuela así que, ¿por qué no?
Terminan tras las gradas del campo de fútbol. Finn escucha atentamente la historia de Santana y la de Thomas, el tío de Dave, y él termina contando a Karofsky todo lo que le pasó con Rachel. Ambos están abrumados pero sienten que se acaban de quitar un peso de encima, o por lo menos eso piensa Finn cuando Karofsky dirige la conversación hacia cosas más banales, como los play-offs de la NFL y el próximo partido de los Titanes de McKinley.
—¿Sabes? Tengo la canción perfecta para nosotros en este momento.
—¿Cuál? —Finn sonríe.
—Vamos al salón de ensayo, siempre está abierto. Podemos ensayar y hacerle un buen tributo a tu tío. —Karofsky lo observa durante unos segundos y luego se pone de pie.
Esta es la segunda vez esta semana que piso el escenario del auditorio: la primera, para mi terrible conversación con Kurt, y ahora, para cantar al lado de Finn. Me siento nervioso, estar aquí hace todo mucho más real. Además las palabras de Santana no dejan de flotar en mi cabeza; quise ayudarla y arruiné las cosas de una forma horrible.
—¿Estás listo? Puck nos ayudará con el número.
—Amigo, esta canción me encanta —contesta Puckerman a la sonrisa de Finn.
Finn se coloca frente al micrófono principal, yo tomo mi guitarra eléctrica y pruebo mi micrófono y Puckerman sonríe mientras toma el bajo.
—¿Listos, chicos? —nos pregunta el señor Schuester.
—Todo listo, señor Schue.
Las luces del escenario se apagan, Puckerman empieza con la primera nota de la música y yo le sigo. De inmediato se nos une la voz de Finn y, a partir de ese momento, me pierdo en la música y la letra.
I walk a lonely road
The only one that I have ever known
Don't know were it goes
But it's home to me and I walk alone
Toco unas notas y luego sigo con la canción.
I walk this empty street
On the Boulevard of broken dreams
Were the city sleeps
And I'm the only one and I walk alone
Tocamos con todo lo que tenemos. Las voces de Finn y la mía se unen para cantar desde lo más hondo de nuestros sentimientos.
My shadows the only one that walks beside me
My shallow hearts the only thing that's beating
Sometimes I wish someone out there will find me
'Till then I'll walk alone
Ah... ah... ah… ah…
Pienso en mí, encerrado en el frío armario, mientras canto; en lo sólo y triste que me sentía, y en lo mucho que rogaba por ayuda, por una verdadera ayuda que no siempre llega para los chicos como yo.
I'm walking down the line
That divides me somewhere in my mind
On the border line of the edge
And where I walk alone
Mientras estoy tocando miro hacia el público. La cara de Kurt está enrojecida y sus ojos un poco lagrimosos. Santana nos mira con un dolor inmenso en sus ojos oscuros pero al mismo tiempo levanta una de sus cejas de forma desafiante. La voz de Finn es dolorosamente maravillosa en este instante.
Read between the lines
What's fucked up and everything's alright
Check my vital signs to know I'm still alive
And I walk alone
I walk alone I walk alone
Finn camina hasta la batería y toma el lugar del baterista de la banda del club.
I walk alone and I walk a-
La batería de Finn es fuerte, firme. Puck y yo tocamos con más pasión mientras la voz de Hudson y la mía siguen con la canción.
My shadows the only one that walks beside me
My shallow hearts the only thing that's beating
Sometimes I wish someone out there will find me
'Till then I'll walk alone
Ah… ah… ah… ah…
Tocamos una vez más con Finn a la batería. La pasión es casi palpitante, catártica. Imagino el camino de soledad que Tom debió de haber recorrido, un camino que también pudo ser el mío. Imagino a Santana viviendo una mentira en el futuro y a Kurt en toda su confusión. La voz de Finn detrás de la batería es contundente.
I walk this empty street
On the Boulevard of broken dreams
Were the city sleeps
And I'm the only one
Los aplausos se escuchan por todo el lugar. El señor Schuester está emocionado pero parece satisfecho.
—Chicos, ha sido genial, ha habido mucha pasión ahí, ha sido muy intenso. Creo que necesitamos un descanso. ¿Qué les parece si nos vamos todos al salón de ensayos y nos despejamos un poco de este abrumador número? De verdad, chicos, estuvieron maravillosos.
Finn, Puckerman y yo sonreímos. Les digo a ellos que se adelanten mientras yo guardo el equipo, prefiero tener las manos ocupadas para despejarme. Cuando estoy terminando de arreglar las cosas escucho unos pasos sobre el escenario, me giro y veo a Kurt. Sin decirme nada bonito corre hacia mí, salta y enreda sus ágiles piernas en mi cintura. Me tambaleo un poco por el peso extra y el tórax comienza a dolerme como el infierno; las costillas aun no sanan del todo pero eso no impide que él empiece a besarme y que yo le corresponda.
Enreda sus manos en mi cabello, abre su boca para dejar salir a su lengua, que acaricia mis labios y luego se desliza por mi boca. Yo abrazo su cuerpo y lo acerco más al mío. Es tan frágil que puedo envolverlo por completo con mis brazos. Y lo hago, porque quiero que nunca escape de mi lado. Mis manos viajan por su espalda, él jala ligeramente mi cabello pero no deja de besarme, balanceando su boca hasta dejarme sin aliento.
Cuando por fin nos separamos y él me mira a los ojos, escuchamos la puerta del auditorio siendo azotada por alguien.
