El hombre debe encontrar la solución para cualquier conflicto humano que rechace la venganza, la agresión y la represalia; y la base de esa solución es el amor.

Martin Luther King Jr.


Kurt se baja de mí y de inmediato siento un agudo dolor en el abdomen acompañando al desasosiego de haber perdido el contacto con el cuerpo de mi bonito. Quiero decir algo, algo importante que cambie el rumbo de las cosas, pero nada sale de mi cabeza. Todo esto me confunde, me alienta y también me mata poco a poco, porque de una u otra forma sé que Kurt no es para mí, y mucho menos así.

—¿Quién crees que era? —No sé si me pregunta porque en realidad quiere saberlo o para romper el silencio y además desviar el tema. Sabe perfectamente que yo quiero hablar del beso que me acaba de dar.

—No lo sé. Tal vez era Finn para ver si ya había acabado de guardar todo el equipo. —Asiente y camina en silencio hacia la salida. Yo lo sigo, pero aún tengo la cabeza hecha un lío.

Cuando salimos del auditorio nos encontramos con Finn. Espero que nos diga algo de lo que acaba de ver pero no lo hace y no sé por qué pero no me gusta nada. Tengo la esperanza de que Hudson haya sido el que ha entrado ya que, si es de otra forma, las cosas se van a poner muy feas.

—Ey, el señor Schuester me ha mandado a buscarlos. Ya estaban tardando demasiado. ¿Dónde está Blaine? —Joder, no puedo tener peor suerte. Lo sabía, sabía que esto no podía terminar nada bien. De inmediato, noto como Kurt se tensa y abre los ojos por la sorpresa y el miedo.

—No lo hemos visto —le digo a Finn, pero mi tono debe delatarme de inmediato porque me mira haciendo una mueca.

—Se ha quedado atrás para hablar contigo cuando se ha dado cuenta de que Kurt también se quedaba. ¿Ha pasado algo? —La pregunta de Finn es una mera formalidad, él sabe que algo ha ocurrido.

—Tengo que hablar con él. —Kurt, de inmediato, saca su teléfono y se aleja de nosotros. Yo quiero seguirlo pero Finn me detiene jalándome de la camiseta. Su mirada es dura y tiene el ceño fruncido.

—¿Qué has hecho? —¿Qué puedo decirle? En realidad yo no he hecho nada más que responder al beso que Kurt me ha dado.

—He besado a Kurt, y lo más seguro es que Blaine nos haya visto. —Por un segundo, la mirada de Hudson se suaviza, pero apenas dura.

—Te dije que te alejaras, Karofsky. Sabía que terminarías haciéndole daño. —Los maxilares de Fin se contraen y yo siento que la ira y la culpa van creciendo en mí. Estoy a punto de responder algo cuando Kurt regresa a nuestro lado.

—No contesta al móvil. Le he dejado un mensaje para ver si se comunica conmigo. —La voz de Kurt aparenta serenidad pero yo sé muy bien que está todo menos tranquilo.

—¿Por qué no vamos a buscarlo? —sugiero, pero de inmediato recibo una mirada fría de Kurt, una de esas miradas que me lanzaba antes cuando me llamaba neandertal.

—Claro, seguramente le encantará vernos juntos para que hablemos los tres como una tierna familia feliz. —Sabe que está siendo duro conmigo y se detiene. —Lo siento. No quería. —En realidad no quiero escuchar más, y aún menos frente a Finn.

—Olvídalo. Creo que puedo ir a buscarlo. —Kurt frunce el ceño de nuevo.

—No creo que sea buena idea, David.

—Sólo deja que lo intente, por favor. Puedo explicarle como han pasado las cosas. Quizás esté en alguna cafetería cercana. O camino a Westerville. —Kurt niega.

—Le he enviado un mensaje a Wes para que se comunique conmigo si Blaine va a Dalton.

—Aun así creo que debo hablar con él. —Finn bufa molesto.

—Créeme, hombre, ahora lo que menos necesita Blaine es verte a ti o ver a Kurt. Seguramente quiere estar solo.

—Sólo déjenme hacer esto.

Sé que es una estupidez buscar a Blaine para hablar con él pero necesito salir de aquí con cualquier pretexto. No soporto estar frente a Kurt después de mirarme como hace un momento; y hacía meses que Finn no me llamaba por mi apellido. Todo esto está empezando a pesarme; necesito salir de aquí y mantenerme ocupado en otra cosa, aunque tal vez esa otra cosa implique que me rompan la cara. Y con razón.


He manejado un buen rato, el sol ya empieza a ocultarse y de Blaine, ni sus luces. Lo he buscado en el Starbucks cercano a McKinley, después he ido cafetería por cafetería, me he acercado hasta el parque y ahora estoy en la carretera manejando hacia Westerville lo más rápido que puedo. En realidad, esto no se trata de Blaine, se trata de alejarme de Lima, de Kurt, del club Glee en pleno, de mis padres y de todos mis problemas. En el fondo quiero encontrar a Blaine para que me haga daño, porque lo merezco, o porque lo necesito.

Creo que debería pasar de Blaine y manejar hasta Columbus, quizá entrar en algún bar gay y… ¿Y qué? No tengo ni idea de qué podría buscar en un lugar así. ¿Un buen polvo? No, sólo olvidarme de que soy Dave Karofsky de Lima, Ohio, un ex matón enamorado de su ex víctima y con unos padres a punto de divorciarse porque soy gay.

Detengo mi camioneta unos metros delante de un gran anuncio de Magno con su característico toro. Entre los matorrales alcanzo a distinguir un coche. Me echo hacia atrás y, efectivamente, es un automóvil, para ser exactos un Lexus hybrid, y sé muy bien a quién pertenece incluso antes de bajar de mi camioneta; cuando lo hago, cualquier sombra de duda se me despeja, cerca del faro izquierdo hay una pegatina con el logo de Ray-ban, una de las marcas favoritas de Blaine.

Hay un pequeño camino entre los matorrales, lo sigo y me lo encuentro sentado en un montículo de piedra mirando hacia la gran nada que hay frente a él, porque lo único interesante es un campo inmenso de color verde que va oscureciéndose conforme el sol se sigue ocultando.

¿Cómo puedo empezar esta conversación? En realidad no tenía pensado encontrarlo de verdad. Vaya, estaba tan perdido que no pensé que la consecuencia sería hablar con él y no sólo liarnos a golpes o algo así. Me acerco cauteloso pero Blaine de inmediato gira su cabeza y me ve.

—¿Se te ha perdido algo? —Su voz es profunda, no sé si ha llorado pero espero que no.

—Quiero hablar contigo de lo que has visto. Era… —Se pone de pie y me enfrenta. Puede que mida veinte centímetros menos y que con su complexión no sea competencia pero aun así esta frente a mí encarándome con valor.

—Un beso. Kurt te estaba besando. Básicamente se subió a ti para hacerlo. —Humedezco mi labio inferior. No sé qué decirle.

—No fue culpa de Kurt. Él sólo estaba reconfortándome por todos mis problemas y yo me he aprovechado de eso. —Él ríe levemente.

—Claro, claro. Y seguramente obligaste a Kurt a que te abrazara de la forma en la que lo hizo. —Sus ojos me muestran toda la ira que siente en este momento. —¡Dejémonos de tonterías! Kurt te ha besado porque quería. Ahora él puede correr a los brazos de su sueño húmedo: un gran jugador de futbol americano gay, bueno y amable. Kurt encuentra en ti todo lo que en realidad le gusta. Sólo has necesitado salir del armario para volverte ¡el jodido hombre perfecto! Resulta que no eres un estúpido deportista de mierda; cantas, bailas, eres inteligente y cariñoso, tu padre te adora, tu hermana te adora, Finn te adora, Burt y Carol sólo tienen buenas palabras para ti y tu familia... Y yo ya estoy harto de que me crean el perfecto chico gay. Kurt piensa que yo tengo todas las respuestas cuando la verdad es que estoy tan perdido como él. ¿Sabes lo que es competir contra toda tu estúpida masculinidad, en todos los malditos sentidos? —Blaine me grita lo último presionado su dedo índice contra mi pecho. Yo respiro forzadamente, quiero calmarme. Cierro los puños para canalizar la ira que empieza a despertarse en mí de una forma casi animal. —Eres una perfecta oda al hombre dominante y tienes todo lo necesario para atraer a Kurt. Todo. Hasta comparten el increíble amor de sus padres.

No puedo evitar sujetar con fuerza la chaqueta Blaine y empotrarlo contra uno de los árboles que están a nuestro lado. Encantador ha estado metiendo el dedo en la herida, lo que menos quería era hablar de mi familia pero a él eso no ha parecido importarle. Lo miró con coraje. Él qué puede saber de mi familia.

—No te atrevas a decir que soy perfecto. Ni siquiera pienses que todo me ha salido bien después de salir del armario porque no tienes ni idea. —Lo presiono aún más fuerte contra el árbol. —¡Mi madre cree que soy un monstruo, mis padres están a punto del divorcio por mi culpa y cada beso con Kurt amplía la distancia entre nosotros porque él jamás podrá olvidarse de todo lo que le hice! ¿Crees que eso es perfecto? Tú, maldito hobbit galán de mierda.

—Hijo de puta.

Encantador golpea mi costado derecho con el puño cerrado y estoy casi seguro de que es con todo lo que tiene. De inmediato, siento un dolor agudo; el muy imbécil me ha golpeado justo en la costilla flotante donde la fisura aún se resiente. Caigo de rodillas al suelo, he perdido la respiración pero aun así intento recuperarme. Encantador no me da tregua y me golpea en el rostro haciéndome caer.

Cuando quiere alejarse, yo alcanzo a sujetarlo de las piernas y lo tiro al suelo. La cabeza de Encantador rebota cuando choca con la tierra firme; queda desorientado y aprovecho eso para tomarme un respiro. Me arrastro para colocarme encima de él; todo mi cuerpo lo cubre. Fácilmente podría retorcer su cuello y nadie lo sabría pero no soy un asesino, simplemente quiero hacerle tragar sus palabras. Encantador hablándome de perfección, el jodido hobbit burlándose de mí. Le doy un puñetazo que le abre el labio.

Cuando quiero levantarme, Encantador me vuelve a dar un buen golpe en las costillas. Ruedo y caigo de espaldas. ¡Joder, cómo duele! Encantador sube a mi cadera y yo me espabilo de inmediato. Intenta golpearme el rostro pero alcanzo a detener su segundo puñetazo. Lo sujeto de las muñecas con tanta fuerza que sé que le dejaré los dedos impresos en la piel. Encantador se defiende, quiere soltarse de mi agarre e intenta darme un rodillazo en la entrepierna, pero lo detengo fácilmente con los muslos.

De pronto, algo que no me esperaba sucede. Blaine echa los hombros hacia atrás e inclina lo suficiente su cabeza como para besarme. Sus labios están calientes y saben a sangre. Sé muy bien que éste no es un beso como los anteriores que he tenido con Kurt, aquí hay rabia, frustración y algo más que no alcanzo a descubrir, porque Blaine escoge justo ese momento para morder mi labio inferior haciéndome sangrar de inmediato.

Sujeto con más fuerza sus muñecas y luego mis manos van a su pelo; el cabello engominado se siente raro al tacto. Profundizo el beso mordiendo en el proceso la herida de su labio inundando más nuestras bocas de ese sabor ferroso. Mis manos viajan por su espalda presionándose con la suficiente fuerza como para marcarlo. La cadera de Blaine se mueve sobre la mía y siento su excitación creciendo.

En ese momento me congelo. Hace un momento quería ahorcar a Blaine. ¿Y ahora? ¿Puedo ni siquiera pensar en follar con él? Me separo de inmediato de su cuerpo arrojándolo con mucha fuerza hacia el suelo y me levanto con una agilidad muy poco común en las personas de mi complexión. Mi respiración es insuficiente, necesito irme de aquí, huir de nuevo. Corro hasta mi camioneta y sé que Blaine viene detrás de mí pero no quiero hablar con él ni seguir con la pelea, o lo que sea que fuera eso que estábamos haciendo y que ahora mismo quiero olvidar.

Levanto los seguros del coche y me subo sin ni siquiera detenerme a mirar a Blaine. Arranco la camioneta, la echo un poco para atrás y luego entro a la carretera de nuevo casi chocando un pequeño sedán que venía por ella, pero no me importa. Acelero todo lo que puedo sin pensar exactamente adónde quiero ir.


Blaine observa como la camioneta de Dave se pierde en la distancia, echa la cabeza hacia atrás y baja los parpados pesadamente. Y también se pregunta qué coño acaba de pasar. No sabe si le estaba reclamando a Karofsky por besar a Kurt por las razones adecuadas. Lo único que sabe es que está hecho un lío y que no tiene ni idea de con quien hablar.

Su padre no es opción; él, mientras no tenga relación con el asunto gay de su hijo, es feliz. Su madre está demasiado ocupada haciendo obras benéficas en Westerville como para pensar en su hijo y sus necesidades. Blaine siempre recuerda con un poco de amargura la sonrisa tonta que su madre le dio cuando les dijo que era gay. Para ella mejor, así no tendría que preocuparse porque la llamaran abuela. Se lo había dicho en tono de broma pero Blaine sabía muy bien que había algo de verdad en sus palabras.

Lo que sí es una terrible verdad es que Blaine está solo a pesar de estar tan acompañado, y a pesar también del avasallador encanto que Dave siempre le recuerda que tiene. No hay nadie a quien pueda acudir con sus problemas y su abuelo, aunque lo ama, no es una opción. ¿Cómo hablarle a su querido abuelo de lo que acaba de ocurrir? ¿Qué podría pensar de él o qué le podría decir?

Blaine piensa que es curioso cómo siempre termina siendo el tipo que aconseja y al que las personas recurren. Cargó sin querer con todo el peso de los Warblers en Dalton; claro, era más sencillo que el fracaso recayera en una única persona y por eso los solos siempre terminaban siendo para él. Kurt ,en un principio, vio en él a un gurú de la homosexualidad, pero al poco tiempo se dio cuenta de que no era más que otro adolescente lleno de dudas. Su primera experiencia saliendo con un chico había sido con uno que aún estaba en el armario, Jeremiah, y ahora Dave no hace más que confundirlo aún más. O él se confunde con Dave, ni siquiera eso lo tiene claro.

¿A quién recurre la persona que siempre aconseja para encontrar un consejo? Blaine ríe sin quererlo, porque en realidad siempre se tiene que mostrar sereno, feliz, cool a pesar de estar peor que un naufrago en medio del gran océano.

Blaine se limpia la boca con los puños de la chaqueta y luego sube a su coche. Aún está a tiempo para llegar a casa; tal vez dormir en su habitación le aclare las cosas, o por lo menos eso espera.

Al llegar, Blaine ve la luz de la sala encendida; sabe muy bien quién es la única persona en toda esa mansión que podría estar ahí leyendo al lado de su fiel amigo Otto. Entra y espera que su abuelo no note su presencia; en ocasiones eso sucede, sobre todo cuando su abuelo está entretenido en la lectura de un buen libro, sin embargo, esta vez Blaine no tiene tanta suerte. En cuanto cruza la estancia, Otto, el pastor alemán de su abuelo, ladra y corre contento hacia él.

—Hola, amigo. ¿Cómo has estado? —Blaine acaricia el lomo del animal que sigue ladrando tranquilo.

Sentado en el sillón más cómodo de la sala está Daniel Anderson, el abuelo de Blaine. Tiene un libro grueso y seguramente antiquísimo entre las manos. Viste un traje azul oscuro, una camisa blanca y la corbata que Blaine le regaló la ultima Navidad. A pesar de sus casi setenta y siete años, el abuelo Daniel sigue cuidando su aspecto, aunque las entradas en su pelo gris y blanco ya son más que evidentes. Tras el bigote, Blaine puede notar que el labio superior de su abuelo se eleva para formar una leve sonrisa.

—¿Blaine? Pensé que no vendrías hasta el fin de semana. —Su abuelo deja sobre la mesa el libro que había estado leyendo. Blaine intenta que su rostro no se vea.

—Olvidé un libro y he venido a por él. —El abuelo Daniel se levanta de su sillón favorito y Blaine da un paso hacia la izquierda intentando que la iluminación ayude a ocultar sus heridas.

—Es tarde. No pensarás regresar a Lima. ¿O sí? —Su abuelo se acerca un poco más. Esta vez Blaine no tiene el valor de alejarse.

—No, pensaba quedarme aquí. —El abuelo Daniel sonríe y toma la barbilla de Blaine para que éste lo encare.

—¿Qué te ha pasado? ¿Te has peleado con algún animal salvaje? ¿Un oso tal vez? —A pesar de todo, Blaine le devuelve la sonrisa a su abuelo.

—Algo así. —El abuelo Daniel le pasa el brazo por los hombros y lo lleva hasta la sala.

—Cuéntame que ha pasado. —Blaine suspira profundamente. En realidad no sabe si hablar con su abuelo. No será cómodo para él tener esa conversación pero al mismo tiempo se da cuenta de que no tiene muchas opciones. También con Wes sería completamente incomodo y nada fructífero; a pesar de ser un buen amigo, Wes no tiene todas las respuestas.

—No creo que…

El abuelo Daniel camina hasta el pequeño bar y sirve dos brandys. En ese momento Blaine se da cuenta de que están completamente solos. Seguramente sus padres estarán en alguna cena benéfica para algún colectivo desvalido de Westerville, o simplemente habrán salido a cenar con algún rico miembro de la sociedad, eventos ambos que molestan a su abuelo por estar llenos de gente hipócrita. A Blaine le divertía mucho ver como su madre tenía que aguantar los arranques de sinceridad del abuelo Daniel; a fin de cuentas, el abuelo era el dueño de todo, el señor Anderson, por lo menos hasta que muera. Pero Blaine no quiere pensar en eso, ni ahora ni nunca.

—Bébelo poco a poco mientras me cuentas. Tal vez te sorprenda y te entienda más de lo que crees.

Al final Blaine sucumbe ante el ofrecimiento y le va contando todo poco a poco. Observa a su abuelo sonrojarse levemente cuando le habla del beso con Dave. Blaine no pierde de vista que su abuelo, aun vistiendo trajes italianos a medida, no deja de ser un hombre de campo, un hombre que sabe utilizar armas, usaba vaqueros y lazaba toros. Su abuelo Daniel es básicamente un John Wayne cualquiera. Y está ahí, haciendo un esfuerzo por escuchar los deslices sentimentales de su único nieto, que para colmo resulta ser gay. Una oleada de amor golpea el pecho de Blaine en ese momento. Su abuelo es maravilloso.

—Y, básicamente, eso es todo abuelo. —El abuelo Daniel se termina la copa de brandy y luego parece pensar un poco en qué decir. Blaine lo mira, su abuelo siempre es así de analítico para todo, hasta Otto lo sabe, y se mantiene echado a los pies de su amo mirándolo con sus grandes ojos marrones.

—¿Sabes, hijo? La juventud es maravillosa en muchos sentidos: puede darte el valor para liarte a golpes con un chico de casi el doble de tu tamaño —Blaine le sonríe a su abuelo. —pero también tiene un gran inconveniente, ustedes los jóvenes quieren encontrar una explicación para todo sin darse cuenta de que muchas cosas no la tienen, ni siquiera para viejos como yo. —Blaine frunce ligeramente el ceño ante las palabras de su abuelo.

—No te entiendo.

—Que sufres de más, chico. No tienes por qué cargar con el peso del mundo sobre tus hombros, nadie te pide que tengas todas las respuestas. Has vivido cosas que jamás debiste pasar. Salir del colegio donde estudiabas por el abuso de tus compañeros no es algo que debiste vivir, hijo, pero te tocó, y eso te dio una enseñanza, igual que ser gay te dio otra. Pero nunca debiste sufrir por ello, ¿comprendes? Es cierto que los malos tragos nos dan experiencias pero no nos dan toda la sabiduría del mundo. Aún te falta mucho camino, hijo.

—Lo sé, pero…

—Pero dejarás de liarte a golpes con osos salvajes y empezarás a hablar. Por lo que me has dicho Kurt y tú están igual de perdidos, y si siguen así terminarán por confundir a ese otro chico. Tú eres un muchacho dialogante, déjale los golpes a hombres iracundos como yo.

—¿Y si terminamos?

—Asegúrate de haberlo hecho por las razones correctas y no para quitarte la culpa. ¿Entiendes? —Blaine asiente.

—Yo… No sé, abuelo. Es que los dos son tan diferentes y…

—Ey, ey. Nada de eso por ahora. En lugar de buscar explicaciones deberías intentar controlar esa angustia y esa ansiedad casi compulsiva que sientes por querer arreglarlo todo. Respira, hijo, esto no es más que el principio de tu vida. Ya has descubierto que te gusta el chocolate —Blaine eleva una de sus cejas. —, ahora sólo tienes que descubrir qué tipo de chocolate, si el amargo o el dulce. ¿Vale?

—Vale. —Hay un momento de silencio en el que nada más se escuchan los leves jadeos de Otto. Blaine se termina de golpe lo que aún le resta del brandy en la copa. —Gracias, abuelo. —El abuelo Daniel sonríe y se pone de pie acompañado de su perro.

—De nada. Ahora cenemos algo ligero y luego cada quien a su cuarto. Mañana te tendrás que levantar muy temprano para irte a Lima.

Blaine asiente de nuevo y camina con su abuelo y Otto hasta el comedor. Aún tiene en la cabeza sus palabras, le gusta el chocolate, claro, pero, ¿y si no puede decidirse entre el amargo y el dulce?


Estoy manejando como un loco, ni siquiera quiero saber a qué velocidad voy, sólo sé que quiero alejarme de todo lo que está pasando. No sé cómo pero termino en la granja que el abuelo Pete me heredó.

Antes de bajar del coche recibo dos mensajes de texto. El primero es de Azimio preguntándome dónde estoy, y no me queda más remedio que contestarle. El segundo es de Kurt preguntándome por Blaine, pero no tengo fuerzas contestarle. Sin pensar, le envió un mensaje a mi papá diciéndole que dormiré con Azimio. Sé de antemano que mi viejo no me dirá que no. Después de eso apago mi móvil y cierro los ojos unos segundos, pero de inmediato vienen a mi mente las imágenes de lo sucedido hace un par de horas.

Abro los ojos y miro mi rostro en el retrovisor; aún tengo rastros de sangre en la boca. Saber por qué está ahí provoca que el estomago se me revuelva. Bajo de inmediato de la camioneta y me dejo caer de rodillas sobre la tierra. Ése no era yo, ése no puedo ser yo, he estado a punto de… Y ni siquiera ha sido porque Blaine me gustara, simplemente quería hacerle daño, y hacerme daño.

Me levanto y doy un golpe con el puño en carrocería de la camioneta abollando la superficie. Estoy un buen tiempo ahí parado con el puño derecho casi enterrado en la carrocería de mi Tacoma. Me obligo a arrastrarme hasta el pórtico de la casa y me siento. Hace un poco de frío pero lo necesito para aclarar mi mente y que todo deje de ser rojo. Estar aquí me recuerda a mi madre, me recuerda que el divorcio puede ser inminente, y eso me duele.

De pronto veo los faros de un vehículo que viene hacia mí. Por un segundo tengo miedo pero después me doy cuenta de que justo en este momento soy capaz de romperle la cara a cualquiera que pretenda desequilibrar mi inestable autocontrol. Paradójico, ¿no? El vehículo se detiene al lado de mi camioneta, apaga las luces y, justo cuando estoy a punto de decir que es propiedad privada, veo que es Azimio con un mohín de disgusto pintado en el rostro.

—¿Azimio?

—Sí, claro que soy yo. ¿A quién esperabas? ¿A la reina de Inglaterra? —Mi amigo camina hasta el pórtico y se sienta a mi lado.

—¿Qué haces aquí? No te dije donde estaba para que vinieras a buscarme.

—Lo sé, pero tú, pendejo egoísta, apagaste el móvil y me preocupé por ti.

—Lo siento, no era mi intención. —Azimio asiente mirando hacia todos lados.

—Está bastante descuidada la propiedad de tus abuelos, ¿no crees? —En cuanto lo menciona me percato de que tiene toda la razón del mundo. Hay hierba crecida, el alambrado que limitaba la casa del terreno está cayéndose y, no alcanzo a verla bien por la escasa luz pero, estoy seguro de que la pequeña caballeriza está inservible.

—Deberíamos limpiar este lugar. —Azmio lo dice como si no estuviéramos en mitad de la noche.

—¿Ahora? —Mi amigo se encoge en hombros.

—¿Por qué no? ¿Tienes algo mejor que hacer? —Niego de inmediato. —Bien, esperemos que aún funcionen las luces de la granja porque si no tú y yo no vamos a ver lo que estamos haciendo. —No puedo ocultar mi alegría. Por primera vez en la noche mi amigo Azimio me da un pretexto para no pensar en mis problemas.

Azimio se quita la chaqueta y yo me levanto a ver si las luces que dan al campo aún iluminan. Para nuestra sorpresa, lo hacen. Vamos al cobertizo y cada quien toma lo necesario para empezar con la limpieza. Lo primero es acabar con la maleza que está alrededor. En completo silencio, empezamos nuestra tarea autoimpuesta. Al cabo de un rato, el dolor en mi tórax es molesto y Azimio se da cuenta; me pregunta si estoy bien y yo le digo que sí porque no quiero dejar de sentir la paz que tengo en este momento. Casi sin darnos cuenta ya tenemos un buen pedazo de tierra completamente limpio. Azimio escoge ese justo momento para preguntarme que me ha pasado. Mientras trabajamos empiezo a contarle y al terminar él no dice nada, simplemente sigue a lo suyo, y yo se lo agradezco. Cuando el dolor de mi tórax comienza a sofocarme sé que es el momento de parar.

—Necesito descansar un segundo —jadeo sin poder evitarlo.

—¿Qué te duele? —Casi sin aliento, camino de nuevo hasta el pórtico y me dejo caer pesadamente. Traigo los vaqueros llenos de tierra y hierba y mi camiseta está sucia y con manchas de sangre. —Te dio duro el hobbit, ¿cierto?

—Lo del pómulo y el labio es soportable, pero fue muy inteligente y me dio justo en las costillas. —Azimio me sonríe.

—¿Traes algún medicamento?

—En la guantera de la camioneta. —Azimio va hacia los vehículos y yo echo la cabeza hacia atrás. Debe de ser muy tarde porque tengo sueño. Mi amigo regresa y me entrega las pastillas junto con un jugo. —¿Y esto?

—Lo saqué de mi hielera especial para momentos de urgencia. Está llena de coolers pero también tenía este jugo perdido. —Me tomo las pastillas y me bebo casi la mitad del jugo. —Deberías de alejarte de ellos.

—No pienso salir con Teddy, si es lo que quieres. Esto no es una novela y no voy a andar con alguien sólo para utilizarlo de barrera en contra de nadie más.

—No digo que salgas con Teddy, digo que te alejes de ellos. No sé pero, por lo que veo, ellos sólo te están confundiendo, y eso es lo menos que necesitas ahora. Estas pasando por mucho, Grizzly. —Sé lo que quiere decirme Azimio pero no puedo alejarme de Kurt o de Blaine. Estamos en el club Glee y para alejarme de ellos tendría que dejarlo, y eso es algo que no quiero hacer. —Bueno, yo no soy el experto, háblalo con tu loquero, él seguramente te dará mejores consejos. —Los dos nos quedamos en silencio por un momento. No me atrevo a mirar mi reloj; sé que es muy tarde. —Deberíamos venir algún día a arreglar todo esto. Este lugar puede ser bueno para unas vacaciones. Si mal no recuerdo al fondo hay un río, ¿no? —Asiento, Azimio y yo llegamos a venir juntos aquí cuando éramos niños.

—Sí, recuerdo que hay uno. —Me tomo un momento para respirar. —Creo que tienes razón, debo cuidar este lugar.

—Estoy saliendo con alguien. —Azimio me lo dice tímido. Es la primera vez que mi amigo me dice algo así. —Se llama Alice y es de décimo grado. Parece que dejar de ser un matón me ha conseguido cierto éxito con las chicas.

—Me da gusto por ti.

—Oye, vamos a mi casa. No nos podemos quedar aquí, seguramente la casa también estará hecha polvo.

Creo que nunca podré agradecerle a Azimio su cariño y su amistad sincera. Cuando llegamos a su casa y nos duchamos sólo faltan un par de horas para ir a clase, pero él no se queja. Cada día me doy cuenta de que debo valorar más todo lo que tengo, todo el cariño que me rodea.


Santana observa a Dave caminando al lado de Azimio por el pasillo. Su amigo tiene un golpe en el pómulo derecho y un corte en el labio inferior. ¿Qué ha podido pasarle? Santana sabe que se pasó tres pueblos al decirle a Dave que era un débil cuando está luchando por salir adelante después de asumir su sexualidad, pero para ella es muy difícil ir y pedir disculpas. La primera vez que lo hizo fue porque sacaría provecho de conocer por qué Dave Karofsky había salido del armario. Pero ahora las cosas son distintas, si ella se disculpa es porque debe hacerlo.

Cierra su casillero y se encuentra con los azules ojos de Brittany mirándola de forma somnolienta, como siempre. Santana quisiera tener el valor, lo ha pensado muchas veces pero no puede. De verdad que no puede hacerlo.

—¿Qué pasa?

—Nada. —Brittany se encoge de hombros.

—Pareces triste. Cuando estoy triste me gusta acariciar a Lord Tubbington ,aunque ahora no nos llevamos muy bien porque sigue fumando. —Santana ríe un poco.

—Puedes darme un abrazo, yo no fumo como Lord Tubbington.

—Lo sé. —Brittany estrecha a Santana en un gran abrazo. Ella quisiera prolongar un poco más esa sensación pero no le está permitido. —¿Algún día podrás decirlo?

—Trabajo en ello, Britt.

—Ey, hermosa. ¿Nos vamos? —Brittany se separa de ella y sonríe a Artie.

—Hola. —Se dan un beso tierno y luego Brittany empuja un poco la silla de Artie. —Nos vemos más tarde. —Con una gran sonrisa Brittany se aleja de allí.

Santana va de clase en clase con la cabeza llena de dudas. No soporta a su novio Moore, es un idiota de categoría; debió buscar mejor. ¿Cómo podía tener tan mala suerte? De todos los estúpidos jugadores de McKinley escogió al más idiota pero, sobre todo, al más pesado. Para su última clase Santana ya tiene una fuerte jaqueca. Al llegar al salón de ensayo recuerda que esa clase la comparte con Dave.

Cuando entra inmediatamente se percata del lenguaje corporal de sus compañeros del club Glee. Dave no se había separando en todo el día de Azimio, incluso se habían sentado juntos. Kurt y Blaine no habían estado alrededor de Dave como siempre; por primera vez en esos meses la pareja perfecta no tenía contacto con su mascota oso Grizzly. Extraño, muy extraño. Y también es extraño que Blaine Anderson no haya dado señales de vida en todo el día.

Santana observa divertida las miradas que Kurt y Dave se dan sin que ni uno y ni el otro se den cuenta. Esos dos se traen un rollito que va más allá de un beso por compasión. Hay algo, pero ambos se resisten a la pasión; con lo sencillo que es cuando sabes lo que te gusta. ¿Por qué Kurt no puede aceptar que le quiere arrancar la ropa a Dave y convertirlo en su esclavo sexual?

Más tarde, cuando todos entran al club Glee, Santana nota como Dave se sienta alejado de los chicos de nuevo. Finn y él no tienen su habitual conversación absurda sobre videojuegos. Blaine también ha llegado y se ha puesto a hablar con el señor Schu.

—Bien, chicos. Escuchemos a Blaine, que nos trae una canción de un grupo diferente. —Santana se da cuenta de que el rostro de Blaine tiene evidentes marcas de una lucha. Eso aclara que le ha pasado a Dave, seguramente ha tenido un encuentro bastante intenso con Blaine Potter Anderson.

Blaine toma la guitarra y empieza a tocar las primeras notas de Wonderwall. Por arte de magia tiene la atención de todos en el salón de ensayos. De toda la música escrita hasta hoy, Santana jamás se imagino que Blaine escogería algo así.

Today is gonna be the day
That they're gonna throw it back to you,
By now you should have somehow
Realised what you gotta do
I don't believe that anybody feels the way that I do
About you now

Santana sigue la mirada de Blaine y, asombrada, abre la boca. Blaine alterna su mirada entre Dave y Kurt. Es como sí… Carajo. No puede ser.

Back beat, the word is on the street
That the fire in your heart is out,
I'm sure you've heard it all before,
But you never really had a doubt
I don't believe that anybody feels the way that I do
About you now

Kurt está ligeramente sonrojado y Dave observa intensamente a Blaine casi sin respirar. Santana puede sentir toda la tensión en el cuerpo de Karofsky. Siempre es poderosa la ira que Dave Grizzly Karofsky puede proyectar, pero Santana puede percibir en su mirada algo más, algo que quizás Blaine esté buscando.

And all the roads we have are winding
And all the lights that lead us there are blinding
There are many things that i would like to say to you
But I don't know how

El que Santana sea una perra despiadada le da ciertas percepciones superiores a las del resto, y que le quiten sus prótesis de silicona si entre esos chicos no se está gestando el trío más caliente de todo McKinley y seguramente la fantasía de más de un chico gay. ¡Joder, el porno que podría hacer con ellos!

Because maybe
You're gonna be the one that saves me
And after all
You're my wonder wall

Antes de que Santana gire un poco sus ojos para mirar a Brittany se percata de la mirada que Blaine le lanza a Dave, o a Kurt. Maldice para sus adentros cuando se da cuenta de que por el lugar en el que están sentados los chicos no puede saber del todo quien es el objetivo principal. Aunque Santana sabe que bien podría ser para los dos.

And all the roads that lead you there were winding
And all the lights that light the way are blinding
There are many things that I would like to say to you
But I don't know how

Because maybe
You're gonna be the one that saves me
And after all
You're my wonderwall

Definitivamente algo había pasado entre esos tres. Santana se pregunta si ellos van a poder con eso que les está pasando. A pesar de todo, no quiere que Dave sufra, y menos ahora que está empezando a encontrar su verdadera identidad. ¿Y si el hobbit de bolsillo sólo estuviera jugando para alejarlo de Kurt? No, claro que no. Blaine El Elegido Anderson es demasiado bueno como para hacer algo así.

Cuando termina el ensayo, Dave sale pintando del salón. Santana intenta rezagarse lo suficiente cuando ve que Kurt jala a Blaine y le dice tenemos que hablar

—Aquí no, vamos a un lugar más tranquilo.

—¿Para quién fue esa canción, Blaine? —Santana no puede escuchar la respuesta porque Puck y Lauren hacen ruido al entrar de nuevo al salón de ensayos.

En ese momento, Blaine y Kurt salen del club Glee y Santana pierde su oportunidad para saber a dónde va todo eso.