Acepta todo acerca de ti mismo; me refiero a todo. Tú eres tú y ese es el principio y el fin. Sin disculpas, sin arrepentimientos.
Clark Moustakas
Están en una habitación blanca donde sólo hay una cama enorme. Los brazos de David se enredan en la cintura de Blaine y lo elevan lo suficiente para quedar a la misma altura y besarlo con enorme pasión. Las manos de Blaine acarician la espalda de su amante. David se separa del cuerpo de Blaine y lo apoya delicadamente sobre uno de los postes de la cama. David sonríe a Blaine, quien se cierra los ojos y pasa lentamente sus manos por el torso del atleta. Sus dedos tocan con suavidad los hombros, los fuertes pectorales. Se detienen por un momento para frotar los pezones por encima la tela y luego siguen su camino por el abdomen para terminar sujetando el dobladillo de la camiseta y quitársela dejando a la vista el torso de David Karofsky.
De inmediato, el atleta gira el cuerpo de Blaine y sujeta con una mano las dos del otro chico por encima de su cabeza. La cadera de David se mueve lentamente, frotándose con el cuerpo de Blaine. La mano libre de David desabrocha los botones de la camisa blanca de Blaine mientras éste gime levemente por el toque y por lo besos que David empieza a repartirle sobre el cuello y la sensible piel de su oreja. David le gira de nuevo, le suelta los brazos y desliza sus manos por la camisa abierta para dejarla caer al suelo de la habitación. Sus fuertes y enormes brazos se enredan de nuevo en la cintura de Blaine y lo elevan para poder besarlo con tranquilidad.
Ambos terminan en la cama; Blaine encima de David, besándole, mordiendo sus labios y separándose ligeramente para poder morder con suavidad su barbilla con rastros de vello facial. Las grandes manos de David se cuelan por el pantalón abierto de Blaine y acunan las nalgas del chico. Poco a poco la boca de Blaine va bajando por toda la musculatura de David, deteniéndose justo cuando llega a los vaqueros. Allí, Blaine deja que su lengua haga un camino húmedo por toda la cintura y después baja lentamente para deshacerse de los pantalones.
Justo en el momento en el que Blaine coloca sus manos sobre el cierre, se escucha un sonido agudo y muy fuerte que distrae a los chicos. Ambos buscan con la mirada por toda la habitación el objeto que ha causado el sonido, pero no hay nada. Un golpe seco, y luego es como si la visión desapareciera; otro golpe, y el sonido va haciéndose más fuerte. De pronto, la habitación empieza a dar vueltas y Kurt Hummel abre los ojos.
Kurt, aún tumbado en la cama, deja de respirar unos segundos. Quiere convencerse de que no estaba haciendo nada, de que no ha pasado nada, de que no ha tenido un sueño erótico con David Karofsky y Blaine Anderson. Kurt no puede quedarse más rato en la cama, así que se levanta como si tuviese un resorte y se va la ducha para darse un buen remojón en agua fría, congelada si pudiera. Después se viste lo más rápido que puede sin poder quitarse de la cabeza el sueño tan atípico que le ha asaltado. Termina de colocarse el cárdigan negro cuando escucha los fuertes golpes de su padre en la puerta.
—Hijo, se les hará tarde.
—En seguida voy, papá. —Kurt da un profundo suspiro, retoca su aspecto en el espejo y luego sale de la habitación.
En cuanto ve a Blaine bebiendo su jugo de naranja sabe que no puede quedarse ahí, que necesita olvidarse del dichoso sueño y que no podrá hacerlo si se sienta a desayunar plácidamente con Blaine; sobre todo cuando recuerda que esos labios han estado de verdad sobre los de David, y no sólo en su sueño.
—Buenos días, Kurt. —Blaine le sonríe pero Kurt no responde.
—Me tengo que ir. —Se da media vuelta, reajusta su bolso y sale por la puerta principal ignorando la llamada de su padre. Lo que no puede ignorar es a Blaine que sale disparado detrás de él.
—Ey, Kurt. Espera. ¿No recuerdas que mi coche está en el taller? Hoy se supone que me llevarías a la escuela. —Hay un tono de diversión en la voz de Blaine y eso le recuerda a Kurt la chispa de lujuria que había en el Blaine de su sueño, cuando tocaba a David.
—Tengo que llegar temprano a la escuela. Rachel me pidió ayuda para algo y… —Kurt intenta no mirar hacia el rostro de Blaine. —Puedes decirle a Finn que te lleve.
—Finn se ha quedado a dormir en casa de Puck. —Blaine lo mira intensamente. —¿Estás bien, Kurt? —Blaine intenta poner las manos sobre los hombros de Kurt pero éste sale corriendo hacia su coche.
—Me voy. —Blaine ríe divertido.
—¡Bien, le diré a Dave que venga a por mí! —Kurt abre enormemente los ojos y sube a la camioneta de inmediato. —¡Nos vemos en McKinley! —Kurt no dice nada, arranca y sale pintado de allí.
Kurt detiene su coche en el estacionamiento de McKinley; le ha enviado un mensaje a Mercedes para que se reúna con él lo más pronto que pueda. En cuanto Kurt ve aparcar el coche de Anthony, el novio de Mercedes, los latidos de su corazón se aceleran. ¿Y si su amiga lo tacha de loco? A Kurt le urge hablar con alguien y espera que su mejor amiga le entienda. Anthony baja del coche y le abre la puerta a Mercedes; ella se despide de él con un breve beso en la mejilla y luego camina hasta la camioneta de Kurt. Abre la puerta del copiloto sin preguntar.
—¿Cuál es la urgencia, nene? No me digas que de nuevo manchaste una de tus camisas. Tengo el repuesto en mi casillero, si quieres, aunque no sé si sea un buen conjunto si no traes zapatos negros… —Mercedes observa a su amigo por unos segundos. —Kurt, ¿qué pasa? —Kurt suspira y luego mira a su amiga.
—Mercedes, necesito un exorcismo. —Mercedes abre la boca y luego frunce ligeramente el ceño.
—Kurt, en serio. —Kurt deja caer su frente sobre el volante.
—He soñado con Blaine haciéndolo con Dave Karofsky. —La risa de Mercedes Jones seguramente se ha escuchado por todo el estacionamiento. Kurt gime lastimeramente y su amiga, después del ataque de hilaridad, frota su espalda con cariño.
—Oh, bebé, relájate. Eso es completamente normal. Te la pasas con ellos dos y, si me permites decirlo, tu chico Blaine es guapísimo y Dave Karofsky tiene los ojos más hermosos que he visto en mi vida. Ese chico tiene de todo: esos brazos fuertes y ese cuerpo fornido, y rematando esos dulces rasgos que son sus ojos y su sonrisa. En definitiva, si yo soñara con esos dos no necesitaría un exorcismo, necesitaría una ducha muy fría o un buen novio a mi lado.
—¡Mercedes Jones! —La chica vuelve a sonreír para horror de Kurt.
—Sólo te lo digo a ti. Y deja de sentirte mal, bebé. Es completamente normal que sueñes con dos chicos que te atraen. —Kurt se sonroja pero Mercedes sigue con ese mohín divertido. —Míralos.
Kurt levanta la cabeza y observa la camioneta de Dave aparcando casi frente a ellos. Dave baja del vehículo con una sonrisa pintada en el rostro. Trae unas gafas negras tipo aviador y una camiseta azul que se le pega a los pectorales. Kurt, de verdad, de verdad, no quiere imaginarse ese torso desnudo de nuevo y mucho menos recordar cómo se siente esa piel bajo sus dedos.
Kurt aparta esos pensamientos y analiza los movimientos de David. Ellos han viajado muchas veces juntos y Dave siempre se encarga de abrirle la puerta, incluso de ofrecerle la mano para que Kurt pueda bajar del coche. Pero con Blaine es diferente, no hay ningún tipo de ayuda u ofrecimiento. Algunas veces Kurt se pregunta cuánta atracción existe entre esos dos. Unos libros caen del bolso de Blaine y David se apresura para dárselos y le ayuda a guardarlos de nuevo. David, seguramente haciendo algún comentario sardónico, sonríe a Blaine y le reacomoda las gafas rosas. Luego caminan juntos hablando animadamente.
—Oh. Tienes que admitir que eso fue lindo, cariño. —Kurt mira a su amiga y no puede más que asentir. Es cierto que sus chicos a veces tenían momentos así.—¿Ya ha pasado la crisis?
—No lo sé. Hace un rato he visto a Blaine casi no pude ni articular palabra, así que déjame estar al lado de alguno de los dos y te diré.
—Puedes contárselo y reíros los tres. Tal vez Karofsky haga alguna que otra broma fuerte pero definitivamente muy divertida.
—Lo voy a intentar, muñeca. Por lo pronto vámonos porque si no no llegaremos a la primera clase.
Blaine me comentó a primera hora que Kurt estaba muy extraño y que no se explicaba por qué. Me parece que el buen Encantador tiene razón; Bonito anda de un extraño… Nos hemos encontrado dos veces en los pasillos y no me sonríe como siempre; es más, me ha dado la impresión de que quería salir huyendo en cuanto me ha visto. Es raro, hasta donde yo sé no le hemos hecho nada.
¿Seguirá molesto por lo que sucedió en el viaje a Cleveland? No, eso no puede ser; ya ha pasado una semana. Además, hemos estado muy ocupados con Blaine como para recordar los incidentes del bar gay y del chico coqueto de recepción. Aunque también puede ser que en esta semana no hemos salido mucho; bueno, Blaine no se siente con ánimos para hacerlo y Kurt lo entiende. ¿O no? ¡Joder! Pensaba que ser gay me iba a librar de esa terrible pesadilla llamada comprender a las mujeres pero nunca nadie me dijo que me enamoraría de un tío que resulta un pelín más complicado que ellas.
El timbre que indica el inicio del descanso me cae de perlas. Camino hasta mi casillero y la suerte está de mi lado porque me encuentro a Kurt metiendo algunos libros al suyo. Está solo y con las defensas bajas; veamos si puedo sacarle algo de información para saber qué pasa por esa cabecita suya.
—Hola. —Kurt se sobresalta. Parece tenso y me mira a través de la puerta de su casillero.
—Hola. —Esa es su débil respuesta.
—Kurt, siento que algo te pasa. ¿Qué es? ¿Hay algo que te haya molestado? ¿He hecho algo? ¿Blaine ha hecho algo? ¿O fuimos ambos?
—¿Qué? No, para nada. —Bueno, un peso menos encima. Pero entonces, ¿qué le pasa a Kurt? Esto empieza a mosquearme. —En la tarde hablo con ustedes, ¿ok? Ahora tengo que alcanzar a Mercedes en la cafetería. —Bonito se aleja casi corriendo. Sé que no nos dirá nada hasta que quiera.
Llego a mi casillero, dejo unos libros, saco el de economía y, luego de cerrarlo y dar unos cuantos pasos, me paro cuando siento otro brazo enredándose con mi brazo derecho. Ese perfume lo reconozco y esa cabellera negra no puede ser de otra persona.
—Santana López…
—Hola, sexy teddy bear. —Tiene el descaro de sonreírme seductora. Sigo caminando pero ella no deshace su agarre y camina conmigo como si nada hubiera pasado. Es como si de pronto las semanas sin hablarnos no existiesen.
—¿Ahora ya me hablas? ¡Qué raro! —Santana rueda los ojos.
—Lo siento, ¿ok? Me sobresalté. Pero tienes que admitir que todo lo que sucedió fue acojonante y que por eso me asusté. —Asiento porque sé que es cierto. Todo lo sucedido fue terrible. —Lamento haberte llamado patético.
—No me llamaste patético, dijiste que era un blandengue. —Ella parece intentar recordar la conversación y luego hace un leve mohín.
—No importa, puedes ser un patético blandengue. —Niego y me río. En estos breves pero sustanciales segundos mi autoestima ha vuelto a ser pisoteada. —Pero el punto no es ése. Quiero saber cómo vas con Blaine el elegido y Kurt tu precioso tesoro. —La imitación de Gollum por parte de Santana me estremece. No creo que lo note pero Santana siempre logra atemorizarme con eso.
—Esas referencias pop de los libros de JK y de Tolkien deben de bajarte muchos puntos en eso de ser la perra más fría de McKinley. —Santana me da unos golpecitos en el brazo.
—No te dejes engañar. El Señor de los Anillos es completamente violenta y Harry Potter tiene muchos momentos muy oscuros, igual que yo. —Santana me lanza una de sus sonrisas marca hija de Lucifer. La he extrañado. No se lo diré pero sí que la he extrañado. —Y no te me vayas por la tangente. ¿Cómo vas con tus chicos? —Abro la puerta de la cafetería para que entre y me preparo para el interrogatorio.
—No son mis chicos. Blaine, Kurt y yo somos amigos. —Santana suelta una carcajada mientras se coloca en la fila para tomar el almuerzo.
—Amigos. Sí, claro. ¿Te recuerdo la cancioncita de Blaine y sus miradas? Creo que hasta Finn sospechó algo sobre ustedes tres. —Niego sin mirarla. —Luego, en las Regionales, ustedes terminaron durmiendo juntos, los tres, en una habitación. Y el elegido iba bastante pasado de copas…
—No pasó nada. —Un momento. ¿Cómo es que Santan…? —¿Quién te dijo que Blaine estaba tomado? —Ella se encoge de hombros y se gira para encontrar un lugar calmado donde poder seguir masacrándome.
—Tengo mis informantes. —¿informantes? ¿Qué es, parte de la CIA? —¿Sabes?, ese no es el punto. Lo que quiero saber es si estás bien. —Parpadeo unos segundos y luego la miro a los ojos.
—¿Cómo? —Santana toma mis manos entre las suyas.
—¿Eres feliz ahora, con lo que haces y con lo que tienes? —Sé que hay un trasfondo en eso, en su preocupación. Siento como si Santana pudiera ver algo que yo aún no alcanzo a distinguir. Pero tengo que responderle y lo haré con honestidad.
—Soy feliz. Estoy bien, perfectamente bien y en equilibrio. —Ella me observa, busca en mi mirada algo que le asegure la veracidad de lo que le digo y parece que lo encuentra.
—Bien, me alegro por ti.
Es abrumador esto que acaba de pasar. Es como si hubiera admitido algo pero no sé muy bien el qué. Bueno, está implícito el hecho de que tiene que ver con Kurt y Blaine. Santana sabe que amo a Kurt y que estar cerca de él ha sido maravilloso, y debo admitirme que Blaine es un chico guapo y sexy y que también me es agradable su compañía. Así que… Es demasiado. No ha pasado nada y tal vez nunca pase. Yo seré su amigo toda la vida. No creo poder despertar deseo en nadie como Kurt o Blaine.
Observo a Santana y ese halo de tristeza que le envuelve el rostro. Artie y Brittany han terminado e imagino que para Santana eso significa una gran alegría pero también una enorme preocupación: la de decir la verdad si quiere estar con la persona que ama.
—Santana, ¿estás bien? ¿Cómo vas con…?
—Aún trabajo en ello. Sé que tendrá que ser pronto; no quiero verla con alguien de nuevo. Quiero ser feliz, Dave. Por lo pronto he roto con Moore. —Esas es una gran noticia porque ese tipo es un idiota.
Veo el terror en los ojos de Santana; tiene miedo. Yo sé lo que es eso. Tomo su mano derecha y acaricio el dorso con mi pulgar. Ella intenta no llorar y yo le sonrío. Es tan difícil para Santana no parecer la mujer vulnerable que es…
—Pase lo que pase voy a estar ahí para ti. Mi casa es tu casa. No estás sola, recuérdalo.
Sin querer mis ojos se desvían hasta la mesa donde desayunan algunos chicos del club Glee, entre ellos, Kurt y Blaine. Están riendo. Kurt tiene ese hermoso rubor rosado que cubre sus mejillas cuando está verdaderamente contento y ríe con ganas. Blaine también tiene una amplia sonrisa, sus ojos brillan como siempre y parece que está dejando atrás la pesadumbre después de la muerte de su abuelo. Sé que aún no está bien pero vamos por buen camino.
Suena el timbre y en ese momento decido que hoy es un buen día para ir a la granja e invitar a los chicos. Y estoy casi seguro de que Otto estará encantado.
La invitación a la granja ha sido gratamente recibida. Parece que todos estamos igual de tensos. Entre los exámenes, los entrenamientos y los ensayos en el club Glee todos estamos molidos, y les ha gustado la idea de ir a un lugar tranquilo para descansar. También se lo he dicho a papá. Al principio no quiso pero lo convencí para que nos alcanzara junto con Cristi.
Tengo la esperanza de que ahora, en un ambiente más relajado, Kurt por fin nos cuente qué coño le pasa. Hasta el siempre paciente Blaine está mirando a Kurt constantemente esperando una explicación a su comportamiento tan raro de por la mañana y parte del viaje. Nos cayó bastante extraño que prefiriera viajar en los asientos de atrás de la camioneta junto con Otto, cosa súper rara porque Kurt no es muy afecto a que el perro le ensucie la ropa.
—¿Crees que nos lo diga hoy? —me pregunta Blaine en la cocina de la casa. Poco a poco he arreglado este lugar y ahora me siento muy satisfecho. Por lo menos es un lugar digno para mostrar a mis amigos.
—Ojalá. No me gusta el misterio. —Mercedes entra en la cocina y toma la bandeja de emparedados que hemos estado preparando.
—Finn y Puck están organizando un partido y quiere saber si ustedes juegan. —Ambos asentimos. —Antes creo que deberían hablar con Kurt. Debe de estar en el pórtico con Rachel. No se vayan a reír mucho de mi chico, ¿ok?
—Lo intentaremos.
Blaine intercambia una mirada curiosa conmigo. Yo me encojo de hombros; con Kurt nos podemos esperar lo que sea, desde que siga enojado por lo de Cleveland hasta que nos hayamos olvidado de alguna fecha importante para él. Salimos al pórtico en el que Kurt y Berry están sentados en el sillón colgante de madera que instalé hace unos días. En cuanto Mercedes nos ve llama a Berry. Kurt nos mira y suspira pesadamente.
—Siéntense, por favor. —Se pone de pie y comprueba que nadie nos está poniendo atención. Todos están comiendo o hablando; nadie se interesa en nosotros, y menos Cristi y Finn, que parecen hablar muy cerca. ¿Qué coño hace Finn hablando con mi hermanita? Siento un leve codazo de Blaine y me concentro en lo que estamos.
—Imagino que se estarán preguntando por qué he estado tan raro todo el día. —Blaine asiente —He soñado con ustedes —un furioso rubor se extiende por las mejillas de Kurt — haciéndolo. —La última palabra es un susurro pero creo ha dicho hacerlo. ¿Hacerlo? ¿Hacer qué?
—Oh… —No me sorprende que Encantador lo entienda antes que yo. Digo, al final se parecen bastante en cuanto a sus ideas.
—¿Hacer qué, exactamente? —Blaine voltea a verme y el sonrojo de Kurt se extiende… Vaya, creo entender a qué se refiere. —Has soñado con nosotros dos, ¿follando? —Blaine suelta una enorme carcajada.
—Menos crudo. ¿No ves que Kurt tiene problemas para decirlo? —me dice Blaine entre risas que terminan provocando las mías. Nos detenemos cuando Kurt empieza a mirarnos como si quisiera asesinarnos. —Lo siento, cariño, pero tu cara es un poema. —Kurt eleva la ceja derecha. —Ok, perdón. —Suspiro para terminar con mi ataque de risa. — Y… ¿Fue bueno? —Miro a Blaine con asombro pero él sólo se encoge de hombros.
—No lo sé. Me he despertado antes de que prácticamente le arrancaras los pantalones a David. —En ese momento me río como un idiota y Blaine y Kurt me miran extrañados.
—¡Qué? Tiene gracia que Blaine sea quien me desnudara en el sueño. Es más que obvio que eso no pasaría jamás. Digo, no soy precisamente un tipo al que chicos como ustedes gusten de desnudar.
Hay un silencio. La cara de ambos esta desencajada. Blaine se pone de pie y me mira con la misma cara ceñuda que tiene Kurt. ¿He dicho alguna estupidez? No lo creo; yo no soy el tipo de nadie.
—¿En serio, David? —La voz de Kurt tiene un tono de reproche.
—Sí… ¿Qué? —Blaine me mira extrañado.
—Que Kurt te ha dado dos besos, yo te he dado uno, evidentemente trate de coquetear contigo en el bar…
—El imbécil del recepcionista te dio su número. —Blaine gira su rostro.
—¿Le dio su número? —Kurt asiente firmemente.
—Ok, ok, calma. —No me gusta para nada la cara de Blaine. —Los besos de Kurt tuvieron un motivo emocional, el beso que nos dimos tú y yo fue porque estábamos a punto de rompernos la cara, me coqueteaste en el bar estando borracho y lo de chico de la recepción fue extraño y terriblemente incomodo. Kurt sabe que jamás le llamaría; es más, la tarjeta se quedó en la habitación del hotel. —Hay una leve chispa de algo extraño en los ojos de Blaine.
—Bien, pero ése no es el punto. Estamos hablando de ti y de tu falta de autoestima. ¿Cuándo dejaras de verte como el patito feo, Dave? —Las palabras de Blaine no me gustan. Encantador debería ser un poco más sutil para estas cosas.
—Sé como soy y lo que tengo, así que no necesito más conversaciones de este tipo.
Me pongo de pie para reunirme con Finn y los chicos. Odio hablar de mi físico y de mi forma de verme como si hubiera alguna diferencia entre esos dos términos. Sé no soy un tipo guapo y con eso me basta, no necesito más.
Blaine observa a Dave reunirse con los chicos y suspira. Luego mira a Kurt; parece muy afectado. Sus ojos azules están ligeramente enrojecidos y se clavan en la espalda de David con mucha fuerza.
—¿Estás bien, Kurt? —Él niega y se gira pero Blaine lo detiene. —Kurt, por favor.
—Es mi culpa, Blaine. Le dije cosas terribles a David el año pasado. Sobre él, su cuerpo y…
—No digas tonterías, Kurt. David tiene muchos problemas con su autoestima y van más allá de tus palabras. Sabes que él se considera un monstruo por toda su historia y la verdad es que esa madre suya no ayuda nada, sólo alimenta sus inseguridades. —Kurt suspira.
—Y yo también ayudé, ¿no? —Blaine le abraza y besa cariñosamente sus manos.
—También puedes ayudarle para que levante su autoestima. Vamos, quiero jugar un poco con ellos.
Blaine decide jugar en el equipo de Dave, quien sigue aprensivo por la conversación anterior, pero Blaine se encarga de sonreírle y decirle tonterías para que poco a poco se relaje. Blaine sabe que todos tienen sus cosas, sus talones de Aquiles. El suyo es la muerte de su abuelo, sabe que aún no lo supera y que cada fin de semana inventa alguna excusa para beber. Aunque ahora no lo hace sólo, Dave y Kurt siempre están ahí para detenerlo. Gracias a ellos ha ahuyentado la soledad y las sombras del pasado ya no están. Claro que tiene semanas sin saber de sus padres, pero eso no le preocupa; no se imagina a William y Mónica Anderson preocupándose por su destino. Seguramente el señor Karofsky tiene más relación con sus padres que él.
Blaine se pierde por un segundo en esos pensamientos cuando, de pronto, siente una tremenda embestida.
—¡Joder! —No puede respirar bien, cierra los ojos fuertemente y luego siente unos brazos envolviéndole para cargarlo como si de un bebé se tratara. No escucha muy bien pero parece que hay conmoción y los chicos preguntan cómo está.
—¿Está bien? —A lo lejos escucha la angustiada voz de Kurt.
—Sí, sólo que no puede hablar porque lo dejaron sin aire. Evans ha sido un bestia; debió notar que estaba distraído.
—No… —Intenta hablar pero el aire le falta. Inspira y continúa. —No lo culpes por mi estupidez. —Dave coloca su cuerpo en una cama.
—Voy a comprobar si tienes alguna lesión grave. No es que sepa mucho pero mi tía ya me ha dado varias lecciones por si me lesiono en los partidos.
Dave se sienta a su lado y se inclina un poco sobre él cuando le palpa con las manos primero por el cuello, luego por las clavículas, sigue por el tórax, revisa cada lado de su torso y, por último, los huesos de la cadera. Blaine alcanza a percibir el aroma de Dave, Hugo Boss mezclado con el sudor de estar jugando. ¿Cómo es que este chico no se da cuenta de lo masculino es? No tiene ni idea; es un hecho que David Karofsky no nota su potencial.
—¿Tiene algo grave? Tu papá está pensando en llamar a tu tía —dice Kurt. Dave niega y sonríe a Blaine.
—No tiene nada. Más tarde te dolerá como el infierno pero eres un tipo duro, ¿eh? Evans no te ha roto ningún hueso. —Kurt también sonríe.
—Bien, entonces le diré a Paul que no es necesario llamar a nadie. —Kurt sale de la habitación completamente feliz y Dave niega divertido.
—No puedo creer que papá deje que le llame Paul. —Blaine se ríe sofocadamente. Intenta incorporarse pero David lo detiene. —Quédate así un rato, por favor.
—Bien, pero tú vete a jugar; aún es temprano para regresar. Puedes alcanzar el último tiempo.
—No, me quedo contigo. —Blaine niega despreocupadamente.
—Ve con Kurt y recuérdale su sueño.
Después de una negativa más, David sale de la habitación. Blaine cierra los ojos y disfruta de los sonidos que vienen desde afuera. Al lado de su cama hay una enorme ventana por la que puede ver todo lo que sucede en el patio. David le quita el balón a Sam, se lo pasa a Finn y él se lo manda a Mike quien anota para terminar el partido. Kurt sale corriendo de algún punto y se lanza a los brazos de David quién le da una vuelta completa. Blaine puede sentir la tensión hasta desde donde está y sonríe porque sabe las ganas que Kurt debe tener de besar a Dave.
En ese momento el celular de Blaine vibra. Con alguna dificultad logra sacarlo del bolsillo de su pantalón. No conoce el número pero aun así lo abre.
Soy Azimio. Mañana, por nada del mundo dejes que Dave vea el periódico o las noticias. Yo se lo explico más tarde. No es una broma, Encantador. Es importante.
Blaine se extraña. Mira de nuevo hacia fuera y ve que Azimio aún tiene el móvil en la mano; su ceño esta fruncido y camina decididamente hasta el padre de Dave. Blaine no puede ver la cara del señor Karofsky pero siente que no es nada bueno. No queda más que esperar. Blaine imagina que será un viernes muy movidito el que les tocará vivir.
Hoy me siento de maravilla. Ayer fue cansado pero disfruté bastante; además le ganamos al equipo de Puckerman. Puede que Finn haya estado coqueteando con mi hermana pero no quiero pensar mucho en eso. De hecho, necesito interrogarla; no quiero que se haga ilusiones con Finn. Es más, prefiero a Evans; por lo menos él no nació tan confundido como Finn. Lo quiero y todo eso pero, sinceramente, creo que está enamorado de Rachel.
Bajo las escaleras y hay un silencio bastante extraño. Por lo regular a esta hora papá siempre está viendo el noticiero matutino. Bueno, debe estar desayunando. Efectivamente, está en el comedor.
—Buenos días. —Mi padre me sonríe afable pero me parece notar algo raro en su mirada. —¿Desayunas?
—Sólo me voy a tomar el jugo. Papá, ¿no tienes el diario por ahí? Quiero ver si viene algo sobre el partido en Van Wert. Dicen que el equipo de allí es muy bueno.
—No ha llegado el diario, hijo. —Raro, porque Nora siempre lo trae y es evidente que ella ya está en casa. Mi viejo es un gran ser humano pero la cocina no se le da mucho que digamos.
—Bueno, preguntaré en la escuela.
Cuando salgo de casa para ir a la escuela me llevo la sorpresa de ver a Azimio en el patio delantero. Esto es extraño.
—Ey, ¿qué haces aquí? —Azimio se encoge de hombros.
—¿No puedo venir a saludarte o qué? —Desbloqueo los seguros de mi camioneta y Azimio de inmediato sube al asiento del copiloto.
—En serio, ¿qué pasa? Tú no eres precisamente un hombre de mañanas. ¿Qué ha sido lo que te ha hecho salir de la cama a una hora tan inusual para ti? —Azimio conecta su móvil a mi estereo y pone su acostumbrada música. En las últimas semanas tiene algo así como un fetiche con Pitbull. ¡Ah, cómo quiero a mi amigo! —¿Sabes cómo quedo el partido?
—El equipo de Van Wert le dio una paliza a Sidney.
Al llegar a McKinley prácticamente soy escoltado por Kurt y luego por Blaine; y para el segundo periodo de nuevo por Azimio. Es raro; siento como si no quisieran dejarme solo. Tal vez hay otra amenaza de granizados en mi contra, o puede ser que la gente no esté muy contenta por la idea de instalar una Liga para padres, familiares y amigos de lesbianas y gays. Fue idea de Kurt; justo antes de las Regionales nos la dijo a Blaine y a mí. En un principio no me pareció algo en lo que pudiera participar pero Kurt me convenció, así que lo hablamos con el director y las cosas están en marcha. Eso pudo molestar a alguien. Lo que no entiendo es por qué los chicos quieren protegerme a mí.
Para el final del último periodo me siento libre. Azimio debe estar terminado su clase de Español, Kurt está en Inglés con Blaine y yo estoy saliendo de mi clase de Estadística. Por fin puedo caminar solito por los pasillos. Todo va bien hasta que me encuentro con el micrófono de Jacob Ben Israel. De todas las personas de McKinley, Israel se me hace uno de los peores parásitos que existen, independientemente de su tendencia natural a ser un pervertido. Es más por esa insana costumbre que tiene de andar detrás de los chismes y rumores que se extienden por los pasillos de este lugar por la que no lo soporto. Además de que el propio aspecto de éste infeliz no le ayuda nada. Ese afro horroroso, las gafas de pasta oscura y la mirada de depravado sexual me dan tremenda cosa.
—Karofsky, toda la plantilla estudiantil se está preguntando: ¿qué tal te estás tomando esto de la marcha de la Liga de la moral de Lima? —Aparto el micrófono de mala manera y continuo caminando. No sé a qué demonios se refiere este tonto pero si tardo más no llegare al ensayo de Glee. Israel me sigue hasta casi lograr meterme el micrófono en la boca.
—¡De qué coño estás hablando?
—¿No lo sabes? ¿Tu madre no se llama María Karofsky? —Asiento y me mojo los labios con la lengua. Esto no me gusta nada. —Tu madre ha organizado una marcha con miembros de la Liga de la moral de Lima. —Trago saliva y hago un intento por calmar mi temperamento.
—¿Marcha para qué, Israel? —El chico da un paso instintivamente hacia atrás cuando ve mi expresión.
—Es una marcha en contra del libertinaje sexual, la homosexualidad y las relaciones antes del matrimonio. Quieren llegar frente a McKinley para repartir octavillas y todo. —Me lanzo sobre el miserable cuerpo de Israel y lo estampo contra los casilleros sujetándole de la chaqueta.
—¡¿Dónde demonios escuchaste eso? —Mi voz es casi como un rugido. Israel toma como puede su móvil y me muestra la página de la Liga de la moral. Es mi madre. Joder, como duele esto.
Suelto a Israel. Ahora sé de qué se trataba todo eso de cuidarme y de andar detrás de mí como perritos. Me limpio un par de lágrimas que se me han escapado y entro hecho una furia al salón de ensayos. Todos mis compañeros están ahí pero yo me concentro en dos especialmente. Ignoro al señor Schuester y simplemente me planto enfrente de Kurt y Blaine.
—Lo sabían. ¿Por qué no me lo dijeron? —Kurt baja la mirada y Blaine se pone de pie e intenta poner una mano sobre mi hombro pero yo me aparto.
—Dave…
—¡NO! Es mi madre. Saben lo que me duele. Saben lo que me odia. Y ahora estará aquí, diciéndole a todo mundo lo que piensa. Diciéndoles a todos que considera a su hijo un monstruo digno de quemarse en el infierno. ¡¿No creen que merecía saberlo?
—Ellos no tenían idea de que tu madre planea hacer un plantón enfrente de McKinley. De hecho, ni yo lo he sabido hasta hace un momento. —La voz de Azimio no logra tranquilizarme y sigo queriendo arrancarle la cabeza a alguien. Tal vez si regreso al pasillo me encuentre con Israel de nuevo.
—¿Cómo lo has sabido tú? —Azimio da un paso para entrar al salón de ensayo y luego se detiene; parece recordar donde está.
—Martin, un amigo de mi tío Ted, es miembro de la Liga. Salió en una conversación que tuvieron anoche y mi tío me llamó de inmediato para decírmelo. No sabíamos que llegarían hasta estos extremos.
Es humillante. Quisiera poder llorar porque siento que esto me quema. Mi madre restregándome en la cara que me odia. Puedo sentir como los brazos de Kurt me rodean. Es la primera vez que noto que ha crecido; es casi de mi estatura y su cuerpo ha adquirido una musculatura digna de un bailarín de espectáculo famoso. Claro que yo siempre me veré mayor que él, más alto y fuerte, pero en ocasiones Kurt y Blaine son más fuertes que yo.
—Esto no tiene porque ser así. Tu madre sólo conoce una parte de las cosas. —La voz de Lauren Zizes rompe el momento.
—Mi budín tiene razón, gran D. Tu señora madre tiene que ponerse en tu lugar. Puede que seas un poco feo pero no llegas a ser un monstruo. —Sin querer Puckerman me ha hecho reír.
—Ojalá pudiéramos hacerle entender a tu madre que ella es la que está equivocada.
—Te lo agradezco, Finn, pero ya lo hemos intentado y nada parece funcionar con ella. —Finn asiente no muy convencido. Kurt aún sigue abrazándome y frota mi espalda con sus manos. Mis ojos se van hacia Santana que está un poco pálida y no dice nada. De nuevo mi madre la ha jodido.
—Creo que podría tener una idea —dice Blaine mirándome y luego desviando sus ojos hacia el señor Schuester —. Tal vez algo de música podría endulzar la situación y demostrar a tu madre que nunca estarás solo aunque ella piense lo contrario.
Todo el club Glee en pleno esta en el estacionamiento de McKinley. No sé qué quiere demostrar Blaine con esto; el daño ya está hecho. Todos traemos unas camisetas blancas que dicen team gay en grandes letras fucsia; Blaine las había mandado a hacer para la liga PFALG (padres, familia y amigos de lesbianas y gays), pero ahora son para esto. En cuanto vemos llegar la mancha de gente de la Liga de la Moral, Blaine sube a la parte de carga de mi camioneta con un micrófono en la mano. Kurt llega a mi lado junto con todos los demás miembros del club Glee. La Liga de la Moral no puede entrar al estacionamiento y eso es una ventaja. Sin embargo, no dejan de gritar.
Blaine suspira, se coloca sus gafas rosas y nos sonríe a Kurt y a mí. Empieza a tocar a la guitarra una canción que conozco a la perfección. Justo hace dos días le estaba diciendo que era una de mis canciones favoritas.
Well I believe there's
Someone watching over you
They're watching
Every single thing you say
And when you die
They'll set you down
And take you through
You'll realise one day
Las voces de los moralistas se acallan un poco al escuchar la voz de Blaine y la melodía de mis compañeros. Kurt entrelaza su mano derecha con la mía. Santana y Britt se colocan a mi izquierda. No quiero pero alcanzo a encontrar la mirada de mi madre; no me gusta nada lo que percibo en sus ojos.
That the grass is always
Greener on the other side
The neighbour's got a new car
That you wanna drive
And when time is running out
You wanna stay alive
We all live under the same sky
We all will live, we all will die
There is no wrong,
There is no right
The circle only has one side
Sé que mi mamá me odia y que esto no servirá de nada para cambiar la idea que tiene de mí. Sin embargo, esto me está sirviendo a mí. De pronto, ya no me siento mal porque ella no me quiera. Recuerdo que Blaine no ha cantado desde la muerte de su abuelo y que ahora lo hace por mí, para ayudarme.
We all try hard to live
Our lives in harmony
For fear of falling swiftly overboard
But life is both a major and minor key
Just open up the chord
But the grass is always
No puedo ver los ojos de Blaine pero sé que en esa mirada hay desafío. A Blaine no le cae nada bien mi madre; tampoco a Kurt, pero él resulta mucho más diplomático.
Greener on the other side
The neighbour's got a new car
That you wanna drive
And when time is running out
You wanna stay alive
De pronto, las manos de Kurt resbalan por mis mejillas y se acerca a mí para besarme. Es la primera vez que lo haremos en público. No puedo evitar voltear para ver si existe alguna molestia en Blaine, pero éste sólo me sonríe. En ese momento sucede: Kurt Hummel me besa enfrente de mis compañeros del club Glee, de mi madre y de toda la jodida Liga de la Moral. Diablos, no quiero que este beso se acabe. Se ha creado un ambiente tal que me siento completamente protegido.
We all live under the same sky
We all will live, we all will die
There is no wrong,
There is no right
The circle only has one side
En el momento en el que Blaine termina de cantar el último verso, veo aparecer el coche de mi padre. Él mira primero hacia mí y, al verme con Kurt, su semblante cambia un poco, pero aun así debe estar encabronadísimo porque voltea a mirar a mi madre y agradezco que esa mirada no sea para mí. Pero también me parte el corazón saber que las cosas entre mis padres se han terminado para siempre.
