Bueno niñas, hay buenas noticias…

¡Ya tengo solucionado el tema internet!

No os lo vais a creer… Tenía a 4 hijos de su madre robándome señal… Ahora que se coman los mocos!

Vale. A otro tema.

En vista del retraso en las actus por ese tema, os voy a poner los capis seguidos. Además, el Viernes 12 me largo de vacaciones y quiero dejar el fic finiquitado.

Espero que disfrutéis la marathón de capis.

Besazos a todas

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Capítulo 78

Sí.

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Poco más de un mes después que Edward despertase, y que sus piernas tímidamente hiciesen su cotidiano trabajo, todos se habían marchado a sus casas, dispuestos a pasar la noche.

Bella estaba sentada en la cama supletoria, con la mirada perdida.

-Otro centavo por tus pensamientos- Miró aturdida hacia Edward. Este sonrió.

-¿Qué?…¡Ah!- Recordó con una sonrisa aquella primera vez que hablaron en el barco de camino a la Isla.

-¿Qué te tiene tan concentrada?- Se acercó a ella lentamente arrastrando los pies.

-Nada… Nada- Le sonrió abriendo sus brazos. Le estrechó la cintura y reposo la cabeza en su pecho.- Mmmm, la mejor música- Sonrió escuchando los latidos de su corazón.

Se quedaron así largo rato, disfrutando de la sensación de tenerse en los brazos del otro. Edward besó su cabeza.

-Tengo ganas de salir de aquí- Suspiró.

-Ya pronto cariño. Ya pronto- Besó su pecho.

-Echo de menos los paseos por la playa- Sonrió con la mente lejos -¿Recuerdas?- Bella levantó la cabeza.

-Lo recuerdo todo- Clavó sus ojos en él- Tú me salvaste- Sus ojos se aguaron.

-Nos salvamos mutuamente- Besó sus labios con un corto y casto beso.

-A veces…- Bajó sus ojos- A veces me da miedo pensar en qué habría pasado de no suceder así las cosas- Edward la miró confundido.

-¿A qué te refieres?- Acarició su mejilla.

Bella cerró los ojos. Iba a decir algo que llevaba muchos meses sopesando.

-Me aterra pensar en el hecho de no haberte conocido jamás- Se apretó a él. Edward suspiró.

-No pienses en lo que ha tenido que pasar para ello mi vida. La vida es así- La estrechó más fuerte contra su pecho.

-No me entiendes- Se separó lentamente de él, pero sin soltar su agarre- Edward, no es que no conciba vivir sin ti, es que no sé como he podido hacerlo- Edward la miró unos segundos en silencio.

-Bella, viviste con un hombre así muchos años- Bella asintió.

-Lo sé, claro que lo sé. He sido y soy una mujer muy afortunada. Pero sentir que estuve a esto - hizo el típico gesto con los dedos pulgar e índice- De perderte… No podría haber seguido adelante con mi vida- Edward se tensó.

-No digas eso Bella- La riñó- ¿Qué pasa con Joel?- Ella bajó la cabeza avergonzada.

-Sé que está Joel, y precisamente él fue quien hizo que no me hundiera. Pero esto que siento por ti, esto que me nace aquí- Se señaló el pecho- Es lo que me da la vida Edward- No soy una mala madre. Pero sí sé que si tú me faltas, yo no seré nada bueno para él. Morir en vida no es bueno para un niño, y eso, es lo que habría hecho si tú…- Los sollozos no la dejaron seguir. Edward volvió a apretarla contra su pecho.

-Pero estoy aquí. Estoy aquí. Y no pienso irme nunca Bella. Tú eres el motor de mi vida. No me planteo que faltes en ella, por que si lo haces, entonces no tendría que plantearme nada más- Cerró sus ojos con fuerza- Dios, no sabes cuanto, cuanto te quiero- El dolor se filtró por sus palabras.

-Sí. Sé- Me amas de una manera dolorosamente incierta- Edward asintió- Me amas con el pánico al día a día- Volvió a asentir- Me amas con el dolor de que este amor se duerma, se enfríe o se acabe- Edward se repitió- Me amas con la angustia de que algún día, me pase algo y me pierdas- Edward lloraba mientras asentía repetidas veces.

-¿Crees que esto sea amor verdadero?- Preguntó con una dulce sonrisa mezclada con el salado de sus lágrimas.

-Esto, es AMOR- Vocalizó mirándole a sus dos brillantes esmeraldas- Ese que describen los clásicos. El puro, el limpio. El que asusta, el que exige equilibrio. Ese al que la inmensa mayoría confunde por desconocimiento. Ese que… Todos soñamos con tener algún día, el perfecto, el esquivo. El que sólo dos almas gemelas pueden crear - Se sonrieron con franca verdad.

-Dios, ¿cómo he podido vivir sin ti?- No podía digerir al ser que tenía delante de él. Pero sabia, que estaría a sus pies el resto de sus días. Nadie más. Ninguna más. Pasara lo que pasara. Nadie podría superar a Bella Swan.

Bella dejó asomar una tímida sonrisa. Tomó a Edward de la mano y lo llevó hasta una de las sillas. Le hizo sentarse ya que le notó algo cansado. Y nerviosa se arrodilló ante él. Aspiró hondo y le miró fijamente. Una de sus manos, rebuscó algo en uno de los bolsillos de su pantalón.

-Edward Anthony Cullen- Edward la miró sorprendido por tanta seriedad - Las promesas se hicieron para romperlas, por eso, no voy a prometerte nada. Lo voy a tatuar en mi corazón para que tú lo leas a través de mis ojos. Mi vida es tuya …- Levantó una de sus rodillas - ¿Quieres casarte conmigo?- Luchó por que las lágrimas no entorpeciesen el momento. Pero caían libremente por sus mejillas.

Edward la besó con locura, con pasión, con amor, con necesidad pulsante. La miró fijamente a los ojos y después a su mano.

- Con mucho gusto seré el Señor Swan- Sonrió torcidamente- Ahora, ponme ese anillo- Bella rió mientras deslizaba el solitario en el dedo de Edward.

-Te queda perfecto- Dijo besando el anillo sobre su dedo.

-¿Cuándo lo haremos?- Preguntó embelesado.

-Cuando tú lo decidas. Cuando te sientas con fuerzas. No hay prisa- Le sonrió y le besó dulcemente.

-No veo el momento de ser legalmente tuyo- Bella volvió a besarlo y le levantó de la silla.

Le ayudó a tumbarse en la cama, y ella sacó su pijama. Se metió en el baño y después de asearse y cambiarse, se metió en la cama con él.

-¿En qué piensas?- Le acarició la cara. Ambos estaban de lado, encarando sus cuerpos, mirándose.

-En ti, en todo esto- Sonrió mostrando el anillo.

-¿Te parece una locura, verdad?- Frunció los labios. Edward la besó y rió en sus labios.

-Me parece increíble, perfecto. Aunque me hayas quitado la primicia- Hizo un dulce puchero.

-Te quería cazar… Ya sabes- Guiñó un ojo con picardía.

-¿Querías sacarme del mercado?- Arqueó una ceja seductoramente.

-Hay demasiada lagarta esperando por un trozo de carne de primera- Entrecerró sus ojos.

Edward rompió en carcajadas.

-¡Por dios, me estás llamando trozo de carne y me excita!- Dijo entre ahogadas risas.

-Tranquilo Sr. Maravilla. No es hora de mostrar la denominación de origen- Le amenazó con un dedo.

-Andaaaa- Ronroneó en su cuello.

-Para- Le apartó con las manos, pero Edward tenía más fuerza que ella en los brazos.

-¡Calla!- Mordió su cuello.

-Escúchame machoman- Edward levantó la cabeza incrédulo- No voy a quedarme a medias otra vez. Está claro- La determinación se mostró en su rostro.

-Jo- El puchero fue mortal - No seas así… anda- Rogó arrugando los labios. Bella bufó.

-No te va a servir de nada- Se tumbó boca arriba y cruzó los brazos sobre su pecho. Edward sonrió sibilinamente.

-¿No?- Se acercó a ella.

-No- No se inmutó.

-¿Estás segura?- Metió una de sus manos por debajo de la camiseta de Bella. Ella la golpeó.

-Quieto- Le amenazó entrecerrando los ojos. Edward la ignoró. Acarició uno de sus pezones.

-¿De verdad?- Sopló en su vientre. Bella se estremeció. Pero se mantuvo firme.

-No creo que tengas más ganas que yo- Tiró de su pelo hasta levantar su cabeza. Una de sus manos sacó la de Edward debajo de su camiseta- Pero en lo que a mí respecta, mi cuerpo no está para un calentón más- Edward iba a repicar- No si no me quemo del todo- Edward dejó sus labios abiertos. Mirándola incrédulo.

-¿Mi prometida no me deja meterla mano?- La miró alucinado.

-Tu prometida no quiere morir de una combustión espontánea- Le miró divertida.

-¿Y qué hago con esto?- Bajó las sábanas mostrándola los efectos de su cuerpo junto al suyo.

Bella no pudo evitar reírse con ganas.

-Bueno… Puedo llamar a Agnes- El rostro de horror de Edward fue digno de una foto.

-Vale, dijiste las palabras mágicas- Hizo un mohín mientras se tumbó de nuevo, sin tocar a Bella y con su erección en odioso reposo mientras las carcajadas de Bella movían la cama. Una sola imagen de esa enfermera con un increíble parecido a Schwarzenegger, bastó para bajarle la libido a los pies.

-Venga cariño, no está tan mal. Es muy cariñosa contigo- Le dio un codazo cómplice.

-¿Te crees muy graciosa Swan?- La miro molesto.

-En absoluto- Controló otra carcajada- Entiéndelo Edward. No tenía bromuro a mano- Edward la sacó la lengua, y ella le abrazó.

-Me frustro- Hizo otro tierno puchero.

-Pronto cariño. Yo también estoy así- Prometió ella dándole tiernos besos.

-¿Dormimos?- preguntó.

-Será mejor no tentar al diablo- Le señaló su entrepierna. Edward suspiró…

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Este capítulo y el siguiente, fueron escritos en su día por otra amiga mía que además, escribe de lujo y a quien conoceréis la mayoría.

Gegargas.

Ella sabe lo poco romántica que soy, y ella es mi némesis en ese sentido. Así que le pedí ese favor y voilá, aquí tenéis el resultado.

Cualquier comentario es para ella, puesto que es la autora de los dos capítulos.

Gracias Gemma ;)

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CAPÍTULO 79

Previa.

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Tras la proposición de boda a Edward y su posterior aceptación, Bella y Edward pasaron una tranquila noche. Tras vestirse, se disculpó con él y salió al pasillo. Por fin, después de tanta tristeza y angustia vivida, veía la luz al final del túnel.

Quiso llamar a mucha gente importante para ella para informarle de la buena nueva, todos habían sido un gran apoyo en esos meses tan duros, por lo que no podía escoger.

Sacó su teléfono de su bolsillo, accionó la agenda y sin mirar, seleccionó un número. El número agraciado fue el de Alice.

Inconscientemente, una sonrisa había salido de su boca, a quién mejor que Alice para darle la noticia de un evento.

En solo dos tonos, Alice respondió.

- Dime Bells… ¿ha ocurrido algo?- a pesar de que Edward se iba recuperando poco a poco, todos estaban con la mosca detrás de la oreja.

- No tranquila, es decir, si ha ocurrido pero… es buena noticia- en la cara de Bella había una perpetua sonrisa.

- Y… ¿me la vas a contar de una buena vez?- gritó Alice emocionada.

- Tan tan tataaaaaaaannnnnnnnnnn- no hacía falta palabras, una canción valía más que mil palabras.

- ¡¿Qué? ¡¿Qué?- gritó Alice emocionada- ¡Ay Dios! ¿Cuándo? ¿Dónde?- Bella rió, sin ver a Alice sabía que corría de un lado para otro.

- Cuando se recupere Edward, ahora mismo… es algo difícil- al momento, todo ruido al otro lado del teléfono fue nulo- ¿Alice?

- Bella… ¿eres consciente de lo que dices?- Bella no entendió- Sabes que la recuperación de Edward va a ser lenta, pueden pasar hasta años hasta que vuelva a recuperarse totalmente.- Bella realmente no había pensado en eso.

- Pero…no puedo casarme con Edward en el hospital- rió a modo de bromas.

- ¿Por qué no?- la risa de Bella se esfumó- Claro que puedes, es más…lo harás. Bella… ¿desde cuando habéis sido una pareja típica? Vosotros no hacéis las cosas igual que el resto de los mortales- esta vez fue Alice la que rió sonoramente

- Pero… no podré encargarme de nada, no me quiero separar de Edward y cuando no estoy con él… necesito estar con Joel.

- ¿Desde cuando eso es un problema? Rose y yo podemos encargarnos de todo. Además… esto será una pre boda, la grande la podéis celebrar en Las Maldivas- la cara de Bella se iluminó.

Las Maldivas, el paraíso que los unió, sería realmente precioso, volver a sellar su amor con Edward allí.

Los planes de Alice no eran ninguna tontería, realmente no quería esperar más tiempo para casarse con Edward.

- Está bien…- la sonrisa llegó de nuevo a su boca- podéis organizarla pero… Alice, quiero que sea algo discreto. Solo nosotros, algo sencillo

- Cuenta con ello

A continuación llamó a Rose. Ella también era una parte importante en su vida y tenía que contarle los planes. Rose, al igual que Alice, se emocionó con el nuevo acontecimiento.

En cuanto colgó, volvió a la habitación para estar al lado de su futuro marido, intentando disimular el nerviosismo que recorría sus venas.

- Ya estoy aquí amor- le dijo ella tumbándose en un lado de la cama

- ¿Todo bien?- preguntó él.

- Más que bien.

Los días fueron pasando y finalmente, la boda estaba datada para próximo sábado.

Todos estaban muy emocionados, incluido Joel, el cual desprendía felicidad por cada poro de su piel. Él ya consideraba a Edward como su padre pero… este hecho, hacía que el vínculo fuera mucho mayor.

Los padrinos serían Jasper y Alice, tal y como ambos habían hablado en su día. Jasper para Edward había sido como un verdadero hermano y Alice…Alice para Bella había sido más que una hermana.

Todos pusieron su granito de arena, incluida Jackie, la cual siempre vio a Bella como una verdadera hija. Se alegraba por ella que la vida le hubiese dado una segunda oportunidad de ser feliz, se la merecía.

Jasper fue el encargado de comprar las alianzas, buscando por toda Kansas, los anillos más especiales que pudieran existir. Era el símbolo de un amor sellado ante Dios o ante la humanidad, un vínculo que duraría para toda la vida.

Entró en millones de joyerías, buscando algo único y finalmente lo encontró. Eran dos alianzas de oro blanco, sencillas pero muy especiales. Cada alianza tenía una inscripción en una lengua antigua. En la de ella para él ponía: Mi corazón es tuyo, cuídalo, mientras en la de él para ella se podía leer: Tú me completas, no puedo estar sin ti.

Alice por otro lado, se encargó del traje de novia de Bella. Debía ser algo sencillo, y para nada ostentoso. Un vestido elegante para el acontecimiento, por lo que usó todos sus contactos para conseguirlo. Faltaba muy poco tiempo para el gran acontecimiento y no sería tarea fácil.

Emmet y Rosalie, se encargaron de los trámites previos a la boda, presentando toda la documentación de Bella y Edward en el registro civil, para que una vez celebrada la boda, solo tuvieran que llevar el documento de celebración del enlace.

Esme y Carlisle, pasaban mucho tiempo con Edward, cuando Bella se ausentaba para cuidar a Joel para así evitar que éste se percatase de la actividad frenética que llevaba el resto de la familia.

El gran día se acercaba y faltaba los más importante, el sacerdote que celebrase el evento. Era época de bodas, por lo que la mayoría de ellos tenían sus agendas ocupadas, para al menos tres meses. Todos tenían muchos contactos pero…ningún sacerdote o similar estaban en sus listas.

- Bella… tranquila, encontraremos a alguien- la intentó tranquilizar Alice, siendo ella la mayor histérica del mundo. A Bella realmente le daba igual, que más le daba si era un sacerdote o un funcionario el que la casaba con Edward, lo importante eran ellos y su unión.

Esa tarde, la pasó completa con Edward, ya que Emmet y Rosalie, habían llevado a Joel al cine para ver una nueva película Disney.

A pesar de las circunstancias y de la poca movilidad de Edward, adoraba tumbarse en su cama con él, sentirlo cerca, poder percibir su olor en todo su esplendor.

Por supuesto para Edward era increíble, tener a su mujer, como él ya la llamaba a su lado.

Hablaron, rieron e incluso dormitaron juntos.

En ese sueño, Bella recordó a alguien, haciéndola despertarse de golpe: Padre Gabriel.

Intentando no despertar a Edward, se levantó despacio de la cama. Debía aprovechar ese momento para ir a la capilla del hospital, quizás… quizás él podría ser la solución.

Una vez en la puerta de la capilla, tomó aire y finalmente empujó la gran puerta de madera, que separaba, los fríos pasillos blancos de aquel hospital con aquella capilla pequeña pero acogedora.

No había nadie en los escasos bancos, no se escuchaba nada excepto el crepitar de las velas. Olía a madera vieja mezclada con incienso.

Se animó a recorrer el corto pasillo, sentándose en la primera fila, intentando ordenar sus pensamientos.

- Veo que… nunca perdió la fe- una voz la sacó de sus pensamientos. Giró su mirada hacia la derecha y ahí estaba el Padre Gabriel, sin su sotana.

- Nunca la perdí- susurró ella- siempre la tuve pero… la fe no es igual entendida por un niño que por un adulto- se excusó ella, por aquellas palabras que le dijo en su día.

- La fe es la misma para todos los hijos de Dios- aclaró él.

- No hablo de esa fe infundada por la Biblia, hablo la fe que tiene toda persona a pesar de su religión- aclaró Bella. El Padre Gabriel le sonrió, entendiendo a lo que Bella se refería. Realmente daba igual de donde proviniese la fe, todas acababan en el mismo lugar.

El párroco se acercó hasta ella sentándose a su lado sin decir nada. La mirada de Bella estaba perdida en las llamas cálidas de los cirios, mientras que el párroco miraba a su "Padre".

Tras unos minutos de cómodo silencio Bella se decidió a hablar.

- Él salió adelante, Edward… se está recuperando.

- Me alegro muchísimo tanto por usted y su hijo, como por él. Ese niño es…

- Muy especial- le cortó Bella- Joel ha sufrido demasiado para su edad y para él, Edward es un patrón a seguir.

- Es un gran chico y eso se debe a que tiene buenos progenitores- tras eso ambos callaron.

Esta vez fue el párroco el que rompió el silencio.

- Puedo preguntarle… ¿Qué le ha traído a la casa de Dios?- la voz del hombre era amable y cálida. Sabía que para Bella no le era fácil estar allí.

- He venido para pedirle un favor- dijo de golpe- no lo tiene que hacer si no quiere, por supuesto.

- Dime de que se trata y yo mismo lo sopesaré- por primera vez, el Padre Gabriel la tuteó.

- Voy a casarme con Edward, y vamos a hacerlo en el hospital. No tengo quién oficie la ceremonia y… pensé en usted

- ¿Me permite hacerle una pregunta?- ella asintió- ¿Por qué? Es decir, ¿por qué se quiere casar por la iglesia si no cree en ella?-

- No es que no crea en ella- se defendió Bella- Mi fe en Dios está muy dañada- Bella suspiró- creo que me ha castigado demasiado en la vida y que…

- Dios no castiga- le cortó el sacerdote.

- No castiga pero tampoco ayuda. Sabe… muchas veces intenté hablar con él, intenté pedirle ayuda pero… nunca me escuchó.

- Ésta vez si lo hizo, su pareja se recuperó

- Si pero… no creo que Dios haya tenido que ver con eso. Edward no merecía morir, creo que ha sido cuestión de justicia y sobre todo ha sido gracias a su fortaleza.

- Respeto su opinión, aunque no sea la misma que la mía- el párroco se puso en pie- en cuanto a oficiar su boda… lo siento, no puedo hacerlo- tras eso se marchó.

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Continuación de anterior capítulo, e igualmente escrito por Gegargas.

Disfrutadlo ;)

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Capítulo 80

Para Siempre.

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Bella permaneció sentada unos minutos más en aquel banco de madera, dolida. No sabía a que se debía ese dolor pero… estaba ahí.

Lo había intentando, pero… había sido en vano. No sabía si el Padre Gabriel no quería casarla por su falta de fe en Dios o…si era por otro motivo pero…ya no importaba.

Solo quedaban tres días para la boda y no tenía quien oficiase la ceremonia, quizás todo había sido demasiado precipitado y era mejor posponerlo.

Cuando volvió a la habitación, Edward aún dormía, por lo que retomó su posición inicial a su lado.

Estaba triste y por ello se sentía egoísta. ¿Cómo podía sentir tristeza, teniéndolo todo en la vida? Había recuperado a Edward, tenía a su hijo y una familia increíble.

Por otro lado, el Padre Gabriel se debatía entre lo correcto y lo incorrecto. Por lo que le había contado Joel, habían sufrido mucho en la vida, habían sentido la soledad en sus corazones… ¿debía él abandonarlos cuando ella había dado el primer paso? No, realmente no. Era la oportunidad de demostrar que Dios nunca se olvida de sus hijos, que es un ser omnipresente, y esta ocasión podía estarlo carnalmente a través de él.

Dejó pasar un día completo para ver las posibilidades que tenía de poder oficiar esa boda. Nunca había celebrado ningún tipo de ceremonia, más que una corta misa.

Habló con su superior, dándole este el visto bueno para oficiar dicho evento.

Cuando volvió a su capilla y pensó en la forma de encontrar a esa muchacha. Apenas sabía de ella, excepto que su hijo se llamaba Joel y que su pareja se llamaba Edward, pero… nada de eso era de ayuda.

Dio varios paseos por las diferentes áreas del hospital, sin éxito.

Justo cuando ya volvía a la capilla, la risa de un niño captó su atención. Se giró y lo vio, era Joel, que iba de la mano de un joven fornido.

- Hola Joel- se acercó sin pensárselo.- ¿Me recuerdas?

- Claro que si Padre Gabriel, tú fuiste el que me ayudaste a que le llegase mi carta aDios- rió- Sabes…mi papá se ha curado.

- Lo sé pequeño y… me alegro muchísimo- Emmet miraba tanto al niño como al hombre sin entender.

El párroco llevaba su sotana lo que lo confundía más

- Él es mi tío Emmet, el hermano de mi papá- Joel hizo las presentaciones- Tío Emmet él me ayudó a hablar con Dios para que curase a Edward- los dos hombres estaban emocionados ante las palabras cargadas de emoción de ese niño.

- Joel… ¿Tu mamá está con tu papá?- el niño asintió- ¿Podrías decirle que venga a verme sin que nadie se entere?- A Emmet al principio, no le gustó nada esas palabras pero al momento entendió. Un cura + Bella = Boda.

Tanto Emmet como Joel se despidieron del párroco y se dirigieron a la habitación de Edward, asegurándole que Bella iría en breve a buscarlo.

Ambos entraron bromeando en la habitación, captando la atención de todos. El niño aprovechó que todos hablaban entre si para acercarse a su madre y hablarle al oído.

- Mamá…hemos visto al Padre Gabriel. Me ha pedido que te diga que vayas a verle- este sonrió abiertamente- Creo que Dios… quiere decirte algo.

- ¿Ahora?- preguntó ella en el mismo tono de voz, mirando a Edward.

- Si, no te preocupes por Edward… yo lo entretengo- ¿Cómo sabía ese niño que Edward no se podía enterar?

Bella se disculpó y salió de la habitación.

Quería creer que finalmente el Padre Gabriel había pensado otra cosa pero… era demasiado bueno para ser real.

A paso rápido, para no estar mucho tiempo alejada de Edward y Joel, se dirigió a la capilla. Esta vez, entró decidida, encontrandose al capellán sentado en el mismo lugar de la otra vez.

- Hola- le dijo él sin girarse, cuando percibió su presencia.

- Hola…mi hijo me dijo…

- Si, la estuve buscando por el hospital pero… no sabía nada de usted ni de su prometido.

- Me llamo Isabella Swan- dijo ella antes de que prosiguieran- pero…me puede llamar Bella

- Pues así será- el párroco le ofreció sentarse y ella lo hizo- La he estado buscando para decirle que… si aún lo desea… puedo ser yo quien celebre el enlace- Bella abrió los ojos a lo máximo que daba- me he informado y… puedo celebrarlo.

- ¿De…de verdad? Es decir… ¿usted quiere… casarnos?

- Si, me gustaría. He estado pensando mucho en eso y…me gustaría ser yo el que de el primer paso para hacer que su fe crezca.

- Yo…-

- No tiene que decir nada, no quiero que piense que esto que hago es a cambio de algo. Es solo para que vea que Dios siempre está ahí, y… que quiere bendecir vuestra unión.

- Gracias… no sé que decir- Bella estaba sin habla.

- No diga nada, solo acepte y ponga la hora y el día- sonrió él.

- Dentro de dos días, a la hora que a usted le venga bien.- sonrió Bella

- ¿Os viene bien a las cinco de la tarde? Las mañanas en el hospital son más frenéticas.

- Si por supuesto, no creo que Edward tenga muchos compromisos a esa hora- rió.

- Pues así sea.

Antes de marcharse, Bella le agradeció su buen acto y le indicó el número de habitación de Edward. El párroco le dijo que aguardaría en la puerta, hasta que ella llegase.

Los días pasaron y por fin llegó el gran día.

Bella se excusó el día anterior con Edward, diciéndole que llegaría en la tarde para pasar la mañana con Joel, cosa que a Edward le pareció genial. Sabía que Bella no se había movido de su lado en toda su estancia en el hospital y Joel la necesitaba.

Los chicos para evitar que Edward se percatase de nada, dijeron que pasarían una mañana de chicos y así fue, aunque todos iban vestidos más elegantes de lo normal.

Las chicas por otro lado se dedicaron a preparar a Bella. Todas participaron en la transformación aportando cada una su toque especial, mientras Joel se quejaba tumbado en la cama.

- Cariño… no puede ser, tú eres nuestra coartada- le decía Alice mientras iba de un lado para otro.

- Pero es muy aburrido veros- gruñó

- Cariño…- Bella se acercó hasta Joel cuando Rose terminó de hacerle un semi recogido en el pelo- Tú eres mi acompañante, eres la persona que me tiene que acompañar al lado de Edward… ¿no quieres hacerlo?- Joel cambio su semblante y sonrió abiertamente, eso si le gustaba.

- Pues claro que quiero mamá- decía orgulloso, al darse cuenta que tenía un papel importante en aquella boda.

Una vez peinada y maquillada, Alice sacó el traje que tan bien había guardado para evitar que Bella lo viera.

Todas jadearon al ver semejante vestido

- Alice… es… precioso- dijo Bella emocionada.

- Querías un traje que no fuera de novia pero… debía ser arreglado. Espero que este cumpla con tus expectativas.

- Claro que si- se abrazó a ella.

Una vez listas, tomaron sus coches y fueron rumbo al hospital. Iban justas de tiempo.

En cuanto llegaron, salieron disparadas hacia la habitación de Edward, no sin llamar la atención de todos los que allí se encontraban, y ya no por las vestimentas atípicas para acudir a un hospital, sino por la belleza que lucía Bella.

Joel asumió rápidamente su papel, tomando a su madre de la mano para encaminarla hasta la habitación de Edward. Una vez en la puerta se detuvieron, allí ya se encontraba el Padre Gabriel.

- Gracias por estar aquí- le dijo Bella al párroco. Ella sabía que no le fallaría, lo poco que lo conocía sabía que era un hombre de palabra pero… a pesar de todo… encontró consuelo.

- No tienes que darlas- le dijo mientras le hacía una caricia a Joel.

- Bella… apártate de la puerta, voy a avisar a una enfermera para que saque a los chicos de la habitación para que Edward esté solo cuando entres- le dijo Alice nerviosa.

- Pero… Alice… ¿no será mejor que todos entréis y luego lo haga yo?

- No Bella, si nos ve a todas tan arregladas… se va a dar cuenta.

A Bella no le dio tiempo de más, cuando Alice traía a una enfermera sonriente con ella.

Antes que esta entrase, todos nos apartamos de la puerta.

- Hola, disculpen… el doctor va a venir para hacerle una prueba al señor Cullen, por favor les agradecería que salieran todos- dijo la enfermera en un tono normal.

- ¿Una prueba? ¿Ahora? – Dijo Emmet sin percatarse que era una excusa para hacerlos salir- ¿Y… no puede esperar un rato?- Jasper no pudo reprimir darle una colleja a Emmet para que dejase de hacer preguntas.- Auggggggg

- Emmet, si hay que hacer una prueba se hace y nosotros salimos- le regañó su padre.

Edward solo rió ante la actitud de su hermano, lo que lo hizo no sospechar nada extraño.

Cuando salieron, vieron a las chicas allí, haciendo que Emmet se golpease la frente dándose cuenta de la patona que había metido.

- Venga Bella es tu momento- la animó Rose.

Bella con paso titubeante, se colocó en la puerta, de la mano de Joel, antes de tomar el picaporte y girarlo, Joel tiró de su mano para que se agachase.

- Todo saldrá bien mamá, seremos muy felices- las palabras de su hijo hicieron que el nudo de su garganta se hiciese mucho mayor.

Antes de girar el picaporte llamó a la puerta, para asegurarse que Edward estaría mirando al frente. En cuanto escuchó Pase giró el pomo, abriendo la puerta lentamente, descubriéndose ante los ojos de Edward.

Edward, jadeó al verla. Estaba preciosa y… en sus ojos podía ver la emoción que la embargaba.

- Be… Bella…- logró decir finalmente.

- ¿Puedo pasar?- preguntó ella sonriente, tras eso Joel tiró de su mano para acercarla a la de Edward.

- Papá…mi función es acompañarla a tu lado así que cuídala- le dijo Joel muy metido en su papel. Joel tomó la mano de cada uno uniéndolas

Tras eso, poco a poco todos fueron entrando, dejando a Edward más asombrado aún

- No…no entiendo nada- balbuceó Edward.

- Amor… ¿recuerdas que te pedí que te casaras conmigo?- Edward asintió nervioso- Pues… es el momento, no quiero esperar más para ser tu mujer.

Una lágrima de emoción se escapó de los ojos de Edward. Era un sueño que se estaba haciendo realidad.

Le hubiese gustado que hubiese sido en otras circunstancias pero… ya no le importaba. Quería que Bella fuera su mujer legalmente y ese era el momento.

- Estás preciosa cariño- dijo mirándola entre lágrimas- aunque… tú siempre lo estás.

El Padre Gabriel fue el último que entró, haciendo a Edward sonreír. Al parecer no faltaba ningún detalle.

Bella se mantuvo al lado de Edward, agarrada a su mano, mientras Jasper se colocaba a la derecha de Edward y Alice a la izquierda de Bella, como si se encontrasen en un altar. El resto de la familia se colocó en un lateral para presenciar la ceremonia.

El párroco, tomó una mesa con ruedas y la colocó delante de la cama de Edward para situarse enfrente de ellos, colocando tres velas sobre la mesita. Dos de ellas estaban encendidas mientras la del centro estaba apagada.

- Estamos aquí reunidos…-comenzó el Padre Gabriel, haciendo que todos callaran para estar pendientes.

La ceremonia para nada fue religiosa, fue muy amena y agradable. El Padre Gabriel habló sobre el amor, la vida, y sobre todo en la nueva vida que comenzarían Bella y Edward como esposos.

Durante toda la ceremonia, Edward y Bella no pararon de mirarse emocionados, viendo como uno de sus sueños se cumplían.

- Llegados aquí…vamos a sellar la unión- dicho esto Jasper sacó los anillos sonriendo a su amigo- Por favor Edward toma el anillo.

- Bella…te amo, te quiero más que a mi vida y por ello quiero que seas mi esposa. Yo estaré a tu lado siempre, en lo bueno, en lo malo, para el resto de mi vida- tras eso le puso el anillo dejando caer unas lágrimas por sus mejillas.

- Edward…- Bella apenas podía hablar a causa de la emoción- yo también te amo, te adoro y eres uno de los motivos por el que vivir- miró también a Joel, el cual le sonrió- quiero que seas mi esposo, para cuidarte y respetarte, para amarte, el resto de nuestras vidas y por toda la eternidad- tras eso le puso el anillo.

Todos los allí asistentes, estaban emocionados ante tamaña demostración de amor. No cabía duda que se amaban y por fin, estaban sellando su amor.

- Ahora, como símbolo de la vida que vais a compartir- prosiguió el párroco- me gustaría que cada uno tomara una vela- acercó el improvisado altar hacia la cama de Edward- y encendierais la vela central.

Cada uno tomó su vela y ambos la aproximaron a la mecha, fusionando ambas llamas para encender la vela central, inaugurando la nueva vida de esposos.

Tras eso el Padre Gabriel dijo las palabras definitivas.

- Por tanto… yo os declaro marido y mujer.

Jasper retiró la mesa para evitar cualquier peligro y Bella se aproximó a Edward para besarlo y sellar su amor, el cual fue más intenso de lo esperado.

Cuando se separaron, todos acudieron a felicitarlos, entre ellos Joel, que saltó encima de la cama de Edward para abrazarlo efusivamente.

- Ahora si que eres mi papá de verdad, ahora si que se que no te vas a ir a ningún sitio- le dijo el niño emocionado.

- Claro que no me iré a ningún sitio, sin ti y sin tu madre, cariño. Os quiero demasiado.

Bella había escuchado las palabras de ambos y no tardó en abrazarlos.

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Y claro, no podía faltar la guinda, jejeje.

No os quejaréis!

Ale, que os aproveche ;)

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Capítulo 81

Consumando

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Sabían que esa noche no habría interrupciones. Las enfermeras de la planta, les habían dado como regalo de bodas la tan ansiada intimidad, por lo que tras suministrarle la medicina de rigor, y medir que los niveles estuviesen correctos, Helen se despidió de ellos.

-No se altere mucho Sr. Cullen- Les guiñó el ojo y ambos la sonrieron algo nerviosos.

-Bueno…- Bella se apartó de él unos instantes- Creo que voy a cambiarme- Edward retuvo su mano y la miró burlón.

-¿Y para eso tienes que irte?- Arqueó una de sus cejas y Bella sonrió.

-Sr. Cullen, he de prepararme para mi noche de bodas- Edward hizo un puchero.

-Jo. Quería ser yo quien te lo quitase- Señaló el vestido de Bella. Ella se acercó juguetona.

-Tranquilo- Mordió su labio inferior- Me quitarás ropa- Lo lamió- Sólo que… Menos- Lo atrapó entre los suyos y lo soltó húmedo.

-Grrrrr- Edward gruñó mientras ella salía hacia el baño- No tardes- Le dijo cuando ella cerraba la puerta y obtenía una sonrisa a cambio.

Se sentó en la cama, y se desabrochó la parte superior del pijama. Sabía del efecto de su torso en su mujer… Su Mujer. Ladeó la cabeza y sonrió satisfecho.

Oyó el sonido de la puerta abrirse, y una gloriosa aparición salió tras ella. Se quedó fijo, inmóvil, imperturbable. Su cuerpo reaccionó incentivando sus hormonas a un ritmo tantos meses aparcado. Su miembro dio la bienvenida a tan excitante imagen.

-Mmmmmm Sra. Cullen- Se la comió con los ojos, mientras ella se posicionaba entre sus piernas.

-¿Sí?- Preguntó lasciva.

Las manos de su marido subieron lentamente por sus sedosas piernas, hasta detenerse en sus glúteos. Los apretó con firmeza, estirándolos y contrayéndolos. Su lengua, punteó uno de sus pezones a través del fino satén. Terminó por erizar ambos completamente. Bella arqueó su espalda y Edward la pegó más a su cuerpo.

Sus dientes sustituyeron a su lengua, y atrapó la rosada carne entre ellos, presionando suavemente. Lentamente, sus manos fueron subiendo la delicada tela, hasta sacarla completamente. La melena de Bella cayó en cascada cuando el pequeño camisón desapareció de su cuerpo.

Edward quedó embobado. Tenía a la escultural mujer que se acababa de unir a su vida, desnuda, entera y dispuesta para él. Su minúscula braguita, era toda la tela que cubría su cuerpo.

-Eres tan bonita… Tan perfecta cariño- Hablaba con adoración- Y toda mía- Una traicionera lágrima descendió por su mejilla, pero su sonrisa de completa felicidad, hizo que Bella se tranquilizase.

-Toda tuya- Corroboró su mujer, mientras sus manos se entrelazaban tras su cuello, aferrándolo a su cuerpo.

Ella tampoco pudo evitar que unas tímidas lágrimas bañasen su rostro. Lo apretó contra ella, y disfrutó unos instantes de su calido aliento sobre el estómago. El silencio era el mejor excitante en esos momentos. Por separado, ambos rememoraron sus vivencias, sus alegrías pero sobre todo, sus penas.

Edward se aferró a ella con toda su fuerza. De repente, no era deseo lo que sentía, sino la necesidad palpable de su presencia. Pareciera que no había sido consciente, hasta ese momento, de todo lo que pudo haber perdido, y el miedo se instaló en su pecho, mandando descargas que tensaron sus músculos.

Notó como su mujer se deshacía de sus brazos, y con dulzura le hizo tumbarse en la cama. Sin palabra alguna, le sonrió. Sus labios emitían el mismo amor y pasión que irradiaban sus ojos. Devolvió el gesto y la contempló.

Bella bajó su pijama, hasta dejarlo completamente desnudo. Acarició su miembro despacio, sin apartar la mirada ni un solo momento de su esposo. Edward comenzó a reaccionar, y dejó que los impulsos de su vientre, se concentrasen en su sexo. No quiso dejar de mirarla, pero le costaba mucho mantener los ojos abiertos.

Bella lamió intensamente toda su longitud, dejando que su saliva empapase la delicada piel. Los gemidos de Edward le llegaban hondos, se concentró en darle todo el placer que él merecía, así que desvió su mirada y se prestó a abandonarse.

Sus manos se volvieron avariciosas por el vientre y muslos de su esposo, mientras su boca dibujaba un certero compás en su erecto sexo. Notó como Edward arqueaba levemente las caderas, y sacudía su boca con tímidas embestidas.

-Mi vida…- Arrastró el suspiro cuando notó los dientes de su esposa. Bella succionó fuerte y Edward apretó las sábanas. Sus ojos se quedaron en blanco y su nuca se hundió en la almohada.

Bella apretó la base de su miembro mientras su lengua recorría sin cesar su miembro. Hundió ligeramente la lengua en su hendidura y su marido tembló, mordió su glande y lo acompañó con sonoras succiones.

-Bellaaaa- Una de sus manos viajó sin remedio a la cabeza de su mujer. Esta, la besó antes de apartarla con cariño.

Metió toda su longitud despacio, cuando sintió la suave piel del vientre en sus labios, su otra mano presionó los testículos. Edward se irguió. No podía perderse ese espectáculo. Justo en ese momento, Bella sacaba su miembro, Edward casi muere cuando vio un hilo de semen cruzar hasta los labios de Bella. Este goteó hasta sus desnudos pechos y su mujer sonrió.

Era la personificación de la lujuria, y el vientre de Edward se contrajo.

-Cariño…- Suplicó.

-Shistt- Ella se llevó un dedo de manera sensual a los labios, pidiéndole callar.

Su boca continuó retorciéndose sinuosa por su miembro, succionando y lamiéndolo, provocando húmedos sonidos que llevaron a altas cotas el aguante de Edward.

- No puedo más amor- Edward levantó el mentón de Bella pero esta negó sonriendo.

-Me parece bien- Le guiñó un ojo y volvió a engullir el miembro de su marido.

Edward se dejó caer, preso de la flacidez de su cuerpo cuando sintió las caricias en su ano, y la presión de los dientes de Bella sobre su pene.

-Oh Dios- Se retorció apretando sus dientes- Oh Diossss- Notaba su orgasmo llegar, y Bella infringió un ritmo insoportable a su boca. Notó a Edward contraerse y el calor llenar ésta.

Esperó hasta que Edward dejó de contraerse y bombearla. Tremendamente exhausto.

Lamió su miembro y su vientre, subió su lengua hasta su cuello, lo mordió. Succionó su mentón y continuó hasta su boca.

-Te quiero- Susurró en sus labios.

-Mi preciosa mujer- Sonrió agotado- Te quiero

Bella le miró. Edward no podía más. Sonrió con dulzura a pesar de que el deseo la consumía. Despacio, se fue acomodando a su lado, apoyando la cabeza en el pecho de su marido, quien dormitaba sereno y relajado.

-Mi Bella…-Suspiró en su cuello. Ella sonrió y acomodó su cara para poder besarlo.

Sus lenguas se enredaron con cierta intensidad. Comenzó a retirarse cuando comprendió que Edward hacía verdaderos esfuerzos por complacerla, pero el no la dejó.

Sus manos volaron hasta su cabeza, ciñéndola con fuerza y profundizo el beso. Bella sentía sus bragas húmedas, y bajó una de sus manos apartándolas para masturbarse. Con su rodilla masajeó el miembro de Edward y enseguida lo notó erguido. Escaló sobre él hasta posicionarse sobre su sexo y lentamente descendió sobre él.

Edward apretó sus senos, y Bella comenzó a cabalgarlo despacio, frotando su clítoris contra el vello de su marido. Se irguió echando su espalda hacia atrás, provocando mayor fricción. Edward luchaba por mantener los ojos abiertos. El placer y el cansancio lo evitaban. Bella se acostó sobre el, y devoró con avidez su boca.

-Edward…- Los jadeos llevaban su nombre- Edward…- Dejó que su deseo ganase y aumentó su fuerza, haciendo que el miembro de su marido la estoquease hasta el límite. Sus manos apretaron sus senos, dejando que sus dedos tirasen de sus pezones. Edward las apartó y siguió con la tarea, haciendo que Bella gimiese fuertemente.

Se apoyó en su estómago, e imprimió un ritmo electrizante, haciendo que el roce les volviese locos. Bella notó su interior tensarse sobre él, y sintió el pulgar de su marido haciendo trizas su resistencia. Tuvo un orgasmo bestial, demoledor, brutal. Su cuerpo tembló como una hoja, y un jadeo sordo se abrió paso entre sus pulmones.

La humedad de su mujer, escurría por toda su longitud y el calor le llevó de nuevo a un clímax agotador. Apretó sus dientes para acto seguido, abrirlos y liberar su orgasmo.

Bella estaba embotada. Las lágrimas salieron desaforadas, incontroladas, salvajes. No supo por qué. Su cuerpo aún temblaba pero ella era incapaz de parar el torrente que ya goteaba sobre el estomago de su marido.

-Bella… Mi vida- El la atrajo hasta su pecho, y la apretó contra él.- Shsss cielo, todo está bien. Tranquila- Susurró en su oído mientras el temblor de Bella no cesaba- Estoy aquí preciosa, estoy aquí- La angustia timbró su voz.

Las imágenes que surcaban el cerebro de Bella no hacían más que empeorar su estado. Ahora no sólo las lágrimas caían sin control, sino que el miedo aumentó sus espasmos.

-Por Dios cariño ¿Qué te pasa?- El placer dio paso al mayor de sus miedos- Dímelo mi vida- Pero Bella no podía hablar. Todos los meses de sufrimiento, dolor y constante miedo a perderlo, se liberaron en ese preciso momento.

Edward se limitó a acariciarla y a susurrar palabras de amor. Poco a poco los temblores de Bella fueron perdiendo intensidad, y las lágrimas seguían su curso silenciosas, sólo que con menor intensidad.

Edward tenía los ojos cerrados, pero luchaba por no dejarse vencer por el sueño que le amenazaba.

-Si hubieses muerto, yo habría muerto contigo- Se movió lentamente, dejando que el miembro de su marido saliese de ella, y se acurrucó a su lado, dónde sus brazos la esperaban.

-Pero estoy aquí, y tú estás conmigo. Así debía ser, y así es y será- Besó su cabeza y ocultó las lágrimas que lo llevaron al mundo de los sueños, dónde la imaginación, no pudo superar a su perfecta realidad.

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Bueno nenas, pues hasta los próximos. Un besazo ;)