Cuando tiene que decidir el corazón, es mejor que decida la cabeza.

Enrique Jardiel Poncela


—Papá, ¿qué haces aquí? —Mi viejo me sonríe. Detrás de él hay cinco personas que conozco de la constructora dejando unas cajas grandes en el gimnasio.

—Traigo algo para ustedes. Bueno, para quien quiera usarlos. —Papá abre una de las cajas y me muestra un casco con el logo de los Titanes de McKinley. Pero no tiene el color rojo acostumbrado sino los colores del arco iris.

—Papá…

Finn camina hasta nosotros, toma el casco que tiene papá en las manos, lo mira y se lo coloca. La entrenadora Beiste asiente sonriendo. Puckerman abre otra de las cajas y saca otro casco para él. Después les lanza otros a Evans, Artie y Mike. Azimio camina hacia otra de las cajas y toma su casco. Luego me pone uno en las manos, sonriéndome. Cuando toma uno más y se lo lanza a Strando éste lo sostiene como si se tratara de un arma de destrucción masiva.

—Estábamos en noveno grado cuando unos chicos del senior year te molestaron para que les dieras dinero. Dave vio todo y me convenció para que te ayudáramos. Yo no quería. ¿A mí que me importaba que unos gorilas mayores quisieran partirle la cara a un chico gordo? Pero antes de que pudiera decir algo Dave ya estaba entre esos chicos mayores y tú. Él salvo tu culo gordo, así que se lo debes. —Azimio toma otro casco y se lo lanza a Johnson. —Corrieron a tu padre del trabajo el año pasado y Dave no dudo en prestarte dinero, y logró que tu padre consiguiera trabajo en la constructora. —Johnson me miró y luego asintió. —Puedo decirles a cada uno algo que Dave ha hecho por ustedes, desde prestarles dinero para el desayuno hasta salvarles el culo en la cancha. Dentro de estas paredes no hay raritos, gais o perdedores; somos un equipo. ¿Cierto, Puck? —Puckerman asiente. —Y si queremos ganar el campeonato hoy tenemos que demostrar que estamos más unidos que nunca.

—A mi no me harás usar esa mierda. —Alcanzo a escuchar a Moore entre el barullo de los chicos. Azimio le pone el casco en las manos violentamente.

—Te lo pondrás, porque si no lo haces voy a patear tu trasero hasta que te salga por la boca. Como notarás aún tengo el respeto de mi equipo. —Papá, ajeno a todo, observa feliz como todos los miembros del equipo toman su casco. Lo abrazo con fuerza porque es lo mínimo que puedo hacer.

—Gracias, papá. —Mi viejo sonríe.

—Te quiero, hijo. Estoy muy orgulloso de ti, de ser tu padre, pero, sobre todo, de que seas mi hijo y me permitas estar contigo a cada paso. —Duramos un breve momento así y luego mi papá se separa de mí. —Tengo que regresar a las gradas; Cristi debe estar impaciente.

Cuando mi viejo se va me giro para ver a mis compañeros con el casco puesto. Azimio me mira satisfecho de sí mismo. Mi amigo no ha perdido el toque; aún es el rey del equipo.

—¿Ala izquierda? —Azimio sonríe y me golpea el pecho amistosamente.

—Ala derecha. —La entrenadora nos llama. Es el momento de salir al campo.


McKinley pierde 17-14. Kurt está un poco expectante; de verdad quiere que McKinley consiga su segundo campeonato. Observa a Blaine, quien mira atentamente a la cancha. Según le ha dicho éste es el último tiempo fuera y faltan sesenta segundos para el final del partido.

Finn rompe el círculo, se colocan en sus posiciones, hay un silbido y el partido continúa. Finn quiere lanzarle un pase profundo a Sam pero éste está bloqueado. Un jugador del otro equipo se le acerca peligrosamente pero es bloqueado por Dave. Finn sale corriendo con el balón en las manos detrás de Dave, quien va derrumbado uno a uno a los jugadores del otro equipo que intentan detenerlo. Finn consigue saltar hasta la línea de anotación justo cuando se silba el final del partido.

McKinley ha ganado su segundo campeonato.


Dos días después de haber ganado el campeonato aún me siento emocionado y feliz. Ahora sólo falta ganar las Nacionales. Este año serán en las Vegas y Kurt ha estado parloteando sobre los espectáculos que podríamos ver así que, de todas maneras, vivo estresado. Por eso disfruto mucho de estos momentos sentado en el puff, con el mando de PS3 y jugando God of War III intentando sacar el platino en el juego.

Kurt y Blaine deben estar por llegar de Westerville. Han ido a Dalton para ayudarles con la relación de sus presentaciones externas y la selección de canciones. Personalmente yo no habría conducido hasta allí sólo por eso, sobre todo ahora que estamos hasta el tope de trabajo. Pero claro, ese soy yo; Kurt y Blaine son diferentes. Y Encantador no puede dejar solo a su amigo Wes.

En el juego en los Jardines Altos me encuentro con Afrodita. El dialogo lo es todo. Parece de mala película porno pero da la entrada al mini juego sexual que es costumbre en todos estos juegos. Después de una serie de botones, Afrodita parece tener el mejor orgasmo de su vida y yo puedo seguir con el juego normal… O no.

—Inspiradora escena. —La voz aburrida de Kurt llega desde atrás. Bonito camina hasta mí y se deja caer en mis piernas obligándome a apartar el mando del PS3. Kurt odia los videojuegos desde que notó que Blaine y yo podemos perdernos fácilmente en ellos durante horas alejando nuestra atención de él.

Le sonrío y lo acerco más a mí para besarlo con dulzura. Amo que Kurt haya adquirido la costumbre de sentarse en mi regazo. Cuando me alejo un poco Kurt entierra su rostro en mi pecho y suspira. ¿Es malo que empiece a ponerme duro sólo con esto? La verdad es que sí. Mejor pienso en otra cosa.

—¿Y Blaine? —Kurt se mueve entre mis brazos hasta que parece encontrar una posición cómoda. Y en el proceso sus maravillosas nalgas se frotan con mi entrepierna, pero intento no pensar en ello.

—Está abajo, con Wes, ultimando detalles de algunas canciones que les propuso a los chicos. —No lo puedo creer. Blaine es demasiado bueno.

—Ese Wes debería aprender que Blaine no es una máquina y que necesita descansar. —Kurt ríe un poco. No sé si entiende que ese tipo, Wes, no me cae nada bien. Siempre alrededor de Blaine pidiéndole consejos, hablando de su novia…

—Deja los celos de lado. Wes es más hetero que Azimio. —¿Estudiando en Dalton? Vamos. Seguro que al menos duda un poco de su sexualidad, ¿no? —No bromeabas cuando hablabas del monstruo celoso que tienes en el pecho, ¿verdad? —Elevo una de las cejas. Claro que no bromeaba. —Dave —hay una risa petulante en el rostro de Kurt—, ¿por eso molestabas a Finn en décimo grado? ¿Estabas celoso? —Con una mierda. Claro que lo estaba, pero no le voy a dar la satisfacción de confesarlo.

Lo beso con fuerza. Él enreda las manos en mi cuello y gime levemente cuando mi lengua conecta con la suya. Kurt puede tener problemas hablando de sexo, y sintió vergüenza después de que Blaine y yo lo tocamos, pero es un calienta pollas de primera. Lo peor es que no lo sabe y, si lo hace, es un gran actor.

Alcanzo a escuchar unos pasos y me separo levemente de él. Hoy no estamos solos: papá debe estar por llegar del trabajo, Cristi está en su habitación y Santana me dijo que iría a casa de Brittany pero tiene la insana costumbre de abrir la puerta sin antes tocar y, a pesar de que la quiero, no estoy preparado para darle explicaciones de mi relación con Kurt y Blaine.

La puerta de mi habitación se abre y Blaine entra seguido de Otto. Encantador se derrumba en la cama boca arriba emitiendo un suspiro lastimero. Otto sube a la cama y coloca la cabeza sobre su estomago. Kurt y yo lo observamos. Bonito me lanza una mirada que conozco muy bien. Lo sostengo entre mis brazos, lo llevo a la cama para dejarlo al lado de Blaine y luego me tumbo con ellos para mirarlos.

—¿Quieren bajar a cenar? —Kurt cierra los ojos y niega.

—Comimos en Dalton. —Asiento cuando Blaine habla. La verdad es que los dos se ven bastante cansados.

—Bueno, se quedan aquí. Pueden darse una ducha y relajarse. —Beso el cuello de Kurt y Blaine sonríe.

—¿Le has dicho a tu papá que nos vamos a quedar aquí? —Blaine siempre está pendiente de eso; sabe lo protector que es el padre de Kurt y que si supiera la verdad no le haría ninguna gracia. A pesar de que me aprecia no creo que se sienta muy a gusto con este arreglo que tenemos los tres.

—Le dije que nos quedaríamos en Dalton y que llegaríamos a casa por la mañana. Justo ahora no tengo ganas de tratar con un padre sobre protector ni con un novio preocupado por un padre sobre protector. ¿Podemos quedarnos en la camita de nuestro novio? —Blaine se empieza a reír con ganas. Cuando Kurt se pone de ese irónico no hay quien le gane.

—Bien, entonces se quedan aquí. Bajaré a cenar con mi familia. —Me incorporo un poco para besar a Kurt ligeramente en los labios y luego voy con Blaine. En ocasiones me pregunto por qué esto es tan fácil y natural, porque de verdad quiero besar a Blaine justo ahora.

Cuando mis labios tocan los de Blaine es sencillo profundizar el beso. Me seduce la idea de quedarme aquí y hacer que se relajen de otra forma pero no olvido el hecho de que mi padre no tardará en llegar. Si no bajo a comer con ellos papá subirá. Y no me gustaría que nos encontrara a mitad del numerito.

—Debo ser alguna especie de enfermo voyerista porque me resulta de lo más sexy que ustedes se besen. —Blaine se ríe y yo tengo que salir de aquí de inmediato. Si permanezco más tiempo en esta cama voy a hacer alguna tontería.

—Me voy. —Camino hasta la puerta y cuando me giro antes de salir veo a Kurt acurrucándose con Blaine —No se porten mal sin mí, ¿ok? —Los tres reímos. Me encanta verlos un poco más relajados.

Salgo de la habitación y bajo las escaleras. Justo cuando estoy llegando a la sala escucho a mi viejo llegar acompañado de Santana. Nos saludamos y caminamos hasta el comedor. Cristi llega un momento después y comemos conversando sobre nuestro día. Es maravilloso ver como Santana encaja a la perfección con nosotros; en esta semana escasa que ha pasado en casa la veo más feliz y abierta que nunca.

—¿Kurt y Blaine? —pregunta mi viejo.

—Están en mi habitación. Han llegado muertos de Westerville. —Mi papá asiente. Puedo sentir la oscura mirada de Santana pero de inmediato la bloqueo.

—Bien, mientras Burt sepa dónde está su hijo. —Asiento. Técnicamente el señor Hummel sabe dónde está su hijo. Hay un momento de silencio en el que seguimos comiendo. Cuando la cena está por terminar papá mira a Santana directamente. —He hablado con Patrick esta mañana y me ha dicho que estará encantado de verte. —Santana se sorprende y nos mira a Cristi y a mí esperando alguna muestra de asombro semejante a la suya pero la verdad es que a mí no me sorprende que papá le haya buscado ayuda profesional, y no creo que a Cristi tampoco lo haga.

—No señor D., eso…

—Nada, hija. No importa por qué estás aquí, lo que importa es que nos has elegido como tu familia y eso vamos a ser para ti. Necesitas hablar con alguien sobre todos tus asuntos y qué mejor que lo hagas con un profesional. —Santana asiente un tanto abrumada por las palabras de mi viejo. —Aclarado el punto, me voy al despacho; tengo algo de trabajo pendiente y quiero irme a dormir temprano.

Cuando papá se va Santana aun está en estado de shock. Cristi le sonríe y besa su frente fraternamente, luego me da un beso de buenas noches y se va a su habitación. Otto, que está echado a mis pies, se levanta corriendo y regresa con su correa en la boca, se la coloco y me pongo de pie para llevarlo a dar un paseo.

—¿Quieres venir? —Santana asiente sin decir nada más.

Caminamos un largo trecho sin decir ni una palabra. Santana tiene enredados ambos brazos en mi brazo derecho; parece que aún no sale de su asombro por todo lo que ha pasado.

—¿Estás bien? —Ella asiente. —Me refiero a todo, Santana. A estar en casa con nosotros, a Brittany, a… Todo.

—Me siento libre, Dave. Por primera vez en mucho tiempo no tengo que esconderme. Tal vez aún no he salido en la escuela pero todo esto me hace sentir como si hubiese ganado un millón de dólares en la lotería. —Le sonrío. Me da gusto saber que está bien.

Caminamos de regreso a casa con un fatigado Otto. Yo también empiezo a sentirme cansado pero Santana me tiene reservada otra conversación antes de llegar a casa.

—Dave, ¿soy tu amiga? —¿Qué clase de preguntas es ésa?

—Claro que sí, mi mejor amiga por mucho. En realidad creo que la única. ¿Qué pasa? —Esto no me está gustando nada.

—Eso precisamente quisiera saber yo. ¿Qué pasa entre ustedes? —Sé a qué se refiere con ese ustedes.

—No sé a qué… —Lo intento. Joder que lo intento.

—Vamos, Dave. Dame algo de crédito, ¿quieres? Los he visto, tengo un poco más de una semana viviendo en tu casa y nunca ha pasado un día sin que ellos estén encerrados en tu habitación. Se supone que ahora Kurt y tú están juntos, pero no existe un día en el que salgan los dos solos. Además de las miradas, los roces tontos, las palabras sueltas que nadie parece notar pero que dicen mucho…, como cuando ganaron el campeonato. Ambos corrieron a abrazarte, besaste a Kurt y Blaine tuvo que alejarse de ti para que no te dejaras llevar. —Eso es muy cierto.

Es ahora o nunca. Si Santana no lo comprende nadie lo hará, y debo saberlo. Quizá antes debería decírselo a Kurt y Blaine pero no quiero esperar más. Se me escapa un gran suspiro, cierro los ojos e imagino que salto al vacío.

—Nosotros tenemos un…

—¿Trío?

—¡No! Una relación. Trío se escucha… No sé, no me gusta que puedan pensar que estamos jugando. Yo… —suspiro cansado —, no sé cómo explicarlo.

—Amas a Kurt, ¿cierto? —Asiento con firmeza. —¿Entonces lo haces por él? ¿Para que sea feliz? —Suspiro pesadamente. Otto se acerca más a mí y lo acaricio.

—No es eso, Santana. Amo Kurt, pero esto no tienen nada que ver con eso. Esto es algo que siento natural. Estar con ellos es… Bueno. Y no quiero que termine. —Santana me sonríe y luego me da un gran abrazo. —Tengo miedo de decirlo, tengo miedo de cómo va reaccionar papá cuando lo sepa. Prometí no ocultarle nada pero esto no puedo explicárselo.

—No tienes que hacerlo. Tu papá te adora, Dave, y cuando se lo cuentes, tal vez no estará conforme por todos los problemas que puede implicar, pero te apoyará. Porque te ama.

Caminamos de nuevo hasta la casa. Santana me viene contando sobre las reacciones del club Glee después de su beso con Brittany. En realidad nadie se sorprendió; todo mundo esperaba que ocurriera tarde o temprano. Ahora el club Glee sabe que Brittany es bisexual y que Santana la ama.

Antes de entrar a casa dejo a Otto en el jardín. Seguramente se dará alguna que otra vuelta por él y terminará entrando a la casa para quedarse en el cuarto de papá; últimamente le encanta pasar tiempo con él cuando Kurt anda cerca. No es que Kurt lo trate mal, parece que el que tiene el problema es Otto, aunque todo se resolverá cuando pasen tiempo juntos. Me arrodillo para acariciarlo.

—¿Qué diría el abuelo Daniel de esto? —Otto me mira fijamente. En ocasiones quisiera que hablara. Él conocía tanto al abuelo de Blaine… —Lo que te hace feliz y te da paz no puede ser inmoral, ¿cierto? —Otto ladra y me encantaría decir que confirma lo que he dicho. —Descansa, amigo.

Santana y yo entramos a la casa, que se encuentra en silencio.

—En una semana más es el baile de promoción. ¿Irán? —La verdad es que no había pensado en ello.

—No sé, imagino que sí. Kurt seguramente va a querer ir y no creo que Blaine tenga ningún inconveniente. —Santana me da un beso en la mejilla.

—Descansa, teddy bear, y deja de comerte la cabeza con eso. Nadie te puede decir lo que es bueno o malo, y menos cuando lo haces porque te hace feliz.

Espero a que Santana suba las escaleras mientras intento poner mis ideas en orden. Ella lo sabe, es la primera persona que lo sabe, y por lo menos no me ha mirado como a una especie de enfermo sexual. Al llegar a mi habitación evito encender la luz. Blaine y Kurt descansan plácidamente en mi cama. Me voy directamente a la ducha.

Después del baño me siento algo adormilado. Sin pensar, me deshago de la toalla que me rodea la cintura y me meto a la cama. Sentir la desnudez de Blaine me hace estremecer. Levanto un poco el edredón y los veo a ambos desnudos. Empiezo a endurecerme. Blaine acerca la parte posterior de su cuerpo al mío. Esto no me ayuda a tranquilizarme.

—Tardó mucho la cena. —No puedo evitar girarme para abrazar a Blaine desde atrás. Beso su cuello y él se mueve frotándose conmigo y, por ende, con Kurt.

—Le di un paseo a Otto.

—Oh…

Justo ahora Kurt abre los ojos y nos mira intensamente. ¡Diablos!, ¿por qué tiene que hacer eso? Kurt besa con fuerza a Blaine. Siento cómo tímidamente las manos de Kurt buscan las mías para colocarlas sobre sus pollas. Las empiezo a frotar entre sí. Me encanta verlos así pero, sobre todo, poder disfrutarlos. Aparto mis manos por un momento y escucho a Kurt gemir de frustración. Regreso a mi tarea cuando encuentro el lubricante. Dejo caer una gran cantidad de líquido en la palma de mis manos. Ellos de inmediato sienten la diferencia. Muevo las manos rápidamente. Quiero escuchar el gemido asfixiante que da Kurt cuando se corre y la mueca de delicioso deleite que Blaine me regala después de derramarse.

Sin embargo, con estos chicos siempre hay sorpresas. Blaine aparta mis manos y me empuja para que caiga de espaldas sobre la cama. Busca algo debajo de las almohadas antes de subirse a mis caderas. Siento como me coloca un preservativo. Kurt bombea su erección y luego se arrodilla cerca de mi cara con su polla rozándome la boca.

—Estábamos esperando que llegaras para portarnos mal.

Esas palabras de Blaine me encienden. Casi puedo sentir como mi polla palpita con urgencia. Abro la boca con la intención de decir algo pero cambio de opinión. Mi lengua se conecta con el glande de Kurt y él gime ante el contacto. Escucho un sollozo por parte de Blaine que se está colocando sobre mi polla. Al momento se detiene; sé que ésta no es la mejor posición para él y no quiero lastimarlo. Blaine toma el lubricante. Le estoy viendo esparcirlo en mí y luego en él. Kurt y yo gemimos al unísono cuando Blaine va descendiendo poco a poco sobre mi polla. Blaine se está moviendo sobre mí pero mi boca no puede hacer el mismo trabajo sobre la polla de Kurt. Quiero, necesito probarlo. Ésta será la primera vez que lo haré y quiero que sea ya. Cuando mi boca no es suficiente por la falta de práctica, uso mi mano izquierda para hacerlo terminar. Kurt se corre en mi boca. Su semen es caliente y amargo. Este acto se me hace tan íntimo y delicioso como lo es Kurt.

Kurt cae sobre la cama y yo aprovecho para incorporarme un poco. Sujeto a Blaine por la cintura para intercambiar posiciones y me muevo con fuerza. Blaine me lo agradece gimiendo. Sus manos van a mi abdomen y suben hasta llegar a mis pezones que Blaine pellizca con fuerza. Eso me vuelve loco, lo sabe. Coloco sus piernas sobre mis hombros. Parece que Kurt ya está recuperado. Su boca va a la polla de Blaine, moviéndose rápidamente sobre ella, intentando seguir el ritmo de mis embestidas. Cuando se cansa, toma mi mano izquierda y la lleva hasta la polla de Blaine. Estoy a punto de correrme pero logro concentrarme para que Blaine sea el primero en derramarse.

—¡Sí! ¡Oh, Dave!

El semen de Blaine cae sobre su pecho y un poco sobre la barbilla de Kurt. Cuando bonito lame parte del abdomen de Blaine siento que estoy al límite. Me muevo más rápido y me corro dando un gutural gemido.

—¡Ha sido jodidamente perfecto! —Beso a Blaine profundamente mientras salgo de él.

Cuando miramos a Kurt vemos que se ha dormido con una gran sonrisa en el rostro. Blaine me sonríe también y ambos nos acomodamos en la cama. Un momento después el sueño me golpea y, como siempre cuando suceden estas cosas, no puedo creerlo. Aún pienso que puedo estar en la dimensión desconocida.


No quiero abrir los ojos, de verdad no quiero, porque sé que voy a encontrarme a Kurt completamente vestido y canturreando alguna canción de los Beatles. Al escuchar el silbido de Kurt con All you need is love, río. Sólo él puede hacer esas cosas y ponerme tan de buenas. Blaine se remueve en la cama y se acerca más a mí.

—Dime que Kurt no está de pie tarareando All you need is love. —Sigo riendo con ganas y abro los ojos para encontrarme con la hermosa y enorme sonrisa de Kurt.

—Deja de lamentarte. Tenemos que estar en casa pronto. Papá seguramente llamará para saber si ya salimos de Westerville. —Blaine se queja frustrado.

—Cariño, sólo tú puedes estar de pie un sábado a esta hora. —Bonito camina hasta nosotros y le da un beso a Blaine en la frente.

—Anda, levántate. —Blaine, a regañadientes, se separa de mis brazos y se pone de pie. Creo que es un buen momento para tocar el tema del baile de promoción.

—Ayer tuve una conversación con Santana que me recordó cierto evento que sucederá dentro de una semana. —Los ojos de Kurt se agrandan y su mirada ya de por sí feliz se ilumina aún más. Blaine, en cambio, me lanza una mirada extrañada. —El baile de promoción será un gran evento y me preguntaba si ustedes…

—¡Si, por supuesto! —La voz ilusionada me hace sonreír pero, en cuanto me doy cuenta de que Blaine no comparte su alegría, mi sonrisa decae un poco. Kurt también lo nota.

—¿Qué pasa, Blaine? ¿No quieres ir al baile de promoción?

—Yo… No… Sí, está bien. Voy a darme una ducha.

Las palabras y actitud de Blaine son extrañas. Veo cómo Kurt tiene una mirada preocupada. Me levanto de la cama, rescato la toalla que había descartado la noche anterior y me la coloco en la cintura. Le paso un brazo por los hombros y le beso la sien.

—Hablare con él. No te preocupes, ¿ok? —Kurt asiente y me da un beso en el pecho.

—Los espero abajo. No tarden mucho.

Kurt sale de mi habitación un tanto decaído pero sobre todo preocupado. Blaine es un chico que comparte muy poco de él mismo. Tal vez por eso cuando lo conocí me parecía como un unicornio, como un ser de cuento de hadas, por lo jodidamente perfecto que se muestra. Sin embargo, Blaine W. Anderson trae mucho en el morral.

Abro la puerta del baño sin tocar. Mi baño es el más grande de la casa; papá siempre ha estado consciente de mi afición por los deportes de contacto y por eso siempre se las arregla para que pueda tener una tina en mi baño. Justo en ella se encuentra Blaine, mirado hacia al techo. Camino hasta él. Cuando baja la mirada hacia mí le sonrío.

—¿Queda sitio para mí? —En realidad la tina no es muy grande pero creo que cabremos bien en ella. Jamás podríamos estar los tres pero para nosotros dos será perfecta. Entro en la tina y apoyo la espalda para que Blaine pueda acomodarse sobre mi pecho. En cuanto lo hace acaricio sus hombros. —¿Me vas a decir qué pasa?

Blaine suspira y apoya todo su cuerpo sobre el mío. Lo abrazo acariciando su pecho sin ningún tipo de malicia, sólo la firme intención de hacer que se calme y que pueda hablar conmigo.

—En mi antiguo colegio hubo un baile de Sadie Hawkins, de esos en los que es la chica la que invita al chico. Yo acababa de salir del armario. —Lo abrazo con más fuerza porque me temo que esto no será bonito. —Invité a un amigo, el otro chico gay que había en el colegio, y mientras esperábamos a que su padre nos recogiera —Blaine guarda silencio un momento y yo le beso en el cuello esperando paciente— se nos acercaron tres chicos. Ellos… —Blaine traga saliva. —Nos golpearon hasta que no pudieron más.

Siento que mi cuerpo se enciende y que una furia casi cegadora lo llena todo. Sé que Blaine no me lo dirá, pero algún día me enteraré de quiénes son esos tres cobardes hijos de puta. Pensar que yo pude terminar así, siendo como ellos, me repugna. Necesito salir de aquí pero me recuerdo que esto trata de él y no de mí.

—Sé que es difícil, Blaine, pero nosotros estaremos ahí para ti. Claro que si de verdad no quieres ir se lo diremos a Kurt. Lo entenderá porque te quiere y porque eres muy importante para él. Sólo tienes que contárselo.

—No…

—Puede que Kurt parezca frágil pero no lo es. Lo he visto muchas veces derrumbarse y recomponerse como si nada. No fue fácil para él ser el único chico gay de McKinley y, sin embargo, no claudicó. Tuvo que soportar el infarto de su padre y pensar que nunca lo volvería a ver con vida. Aguantó toda la mierda que le envié durante el año pasado y aún sigue de una pieza. Debemos aprender de él, debemos encontrar nuestra fortaleza. ¿Ok? ¿Crees poder hacerlo, cariño?

—No lo sé… —Lo beso profundamente, con ternura, recordándole que no está solo y que Kurt y yo siempre estaremos para él.

—Piénsalo. No necesitamos ir si no estás listo.

Le doy un beso más, salgo de la tina y camino hasta la esquina donde está la ducha. Me doy un baño rápido y antes de salir del baño escucho la voz de Blaine.

—Iré con ustedes. —Sonrío.

—Te veo abajo. Disfruta del baño.


Kurt baja las escaleras un tanto extrañado; no entiende por qué Blaine no está emocionado con la idea de ir al baile de promoción. Coño, será el último. Después de ese baile quedaba muy poco tiempo para las Nacionales y luego las vacaciones para después partir a la universidad. El baile de promoción será genial.

—Buenos días, hijo. ¿Desayunas? —La voz afable del señor Karofsky le hace olvidar un poco el problema de uno de sus chicos.

—Sí, gracias. David y Blaine vendrán en un momento. — Nora se acerca a ellos y sirve un café al señor Karofsky. Por primera vez, Kurt nota la mirada de adoración que la mujer le lanza a Paul Karofsky y casi se ahoga con su jugo.

—¿Estás bien, Kurt?

—Oh, sí, Paul. Fue… Sólo… Estoy bien.

Kurt mira intensamente a Nora pero ella no parece notarlo. Descubre que no debe ser mayor que Paul, tal vez incluso es un poco más joven que él. Sin embargo, los años de trabajo han hecho que adquiera unas líneas de expresión prematuras. Cuando Paul le sonríe después de que le sirva un plato de fruta, Nora se sonroja y algo le grita a Kurt: romance.

—Buenos días. —Dave interrumpe su idea cuando se sienta a su lado y le susurra. —Tenemos que hablar después de Blaine.

—Ok. —Kurt no aparta la mirada de Nora durante todo el desayuno.


Me ha sorprendido la llamada de mi viejo un lunes por la tarde. No es común que papá me llame para que vaya a la constructora y no tengo muchas ganas de manejar hasta allá. Aunque tampoco hay mucho más qué hacer: Kurt tiene su reunión de divas para el baile y Blaine nos ha dicho que necesita ir al notario. Tengo curiosidad por saber a qué ha podido ir pero no he dicho nada; no quiero presionarle después de su confesión el sábado.

Me ha gustado darme cuenta de que conozco un poco a Kurt porque en cuanto le conté de los motivos de Blaine para no querer ir al baile le dijo que no necesitábamos ir, que si no se sentía preparado podíamos hacer otra cosa. Pero Blaine se mantuvo. Iremos al baile este viernes. Algunos chicos del club Glee cantarán, uno de ellos Blaine, pero no nos ha querido decir el qué.

Cuando llego a la constructora y aparco mi camioneta veo el Mercedes de papá y un Bentley que se me hace muy familiar. Saludo a los pocos empleados que hay y luego me dirijo a la oficina de papá. Su secretaria no está, así que toco y hago una larga inspiración cuando papá me dice que pase. Lo sabía. Ahí está William Anderson en persona tomándose un whisky con mi padre.

—Buenas noches —saludo civilizadamente.

—Hola, hijo. Creo que recuerdas al señor Anderson. Ha venido a pedirme un favor pero no soy yo quien puede ayudarle, así que le he sugerido que hable contigo. —Sé por qué lo ha hecho mi viejo; quiere que le dé una visión global de las cosas. Papá me puede amar pero no conoce a Blaine o Kurt tan bien como yo.

—David, yo quisiera que… No sé si tú puedas ayudarme para acercarme a Blaine. —Algo me hace recordar la ira que sentí cuando Blaine me habló de los golpes que le propinaron.

—¿Dónde estaba usted cuando Blaine fue brutalmente golpeando por tres chicos de su antiguo colegio? —Veo al señor Anderson sonrojarse y bajar la mirada. —No sé por qué hace esto. Seguramente Blaine me dirá que por dinero, para conseguir la otra parte de la fortuna Anderson que le falta. —El padre de Blaine quiere decir algo pero yo no me detengo. —Mire. Yo no le conozco ni le juzgo, y tampoco le entiendo. Si quiere acercarse a su hijo, hágalo, pero no creo que la mejor forma para hacerlo sea acercándose a un amigo suyo. Vaya por Blaine, pese el trago amargo de ser ofendido, de que le cierre la puerta en la cara y de que lo insulte. Tal vez así él pueda creer que sus intenciones son buenas.

—Gracias, hijo. Lamento haberte hecho venir hasta acá por esto. —Niego. Desde hace tiempo quería aclararle unas cuantas cosas al padre de Blaine.

—No te preocupes, papá. Nos vemos en casa. —Salgo de ahí lanzándole una mirada seria al padre de Blaine. Manejar hasta casa me ayudará a despejar mi mente.


Paul observa los hombros caídos de William Anderson. Se siente un poco mal pero era necesario que alguien le dijera unas cuantas verdades. Y quién mejor que David. Así él ya sabría a qué atenerse con su propio hijo.

—Nunca podré hacerlo. La he cagado con mi hijo de por vida. —Paul le sirve otro whisky al hombre y se sienta a su lado.

—Dave tiene razón, Willy. Debes hablar con tu hijo. Que busques ayuda en los demás sólo le hará sospechar.

—Y tiene toda la razón. No fui un buen padre, Paul. Creo que si papá no hubiese muerto jamás me habría dado cuenta de que de verdad amo a mi hijo. Papá fue un gran padre. Me rogó que no me casara con Mónica sin amarla, pero yo no le hice caso. Mónica lo tenía todo: bonita, rica y distinguida. Cuando Blaine nació yo no quería una familia. Nos dijo que era gay apenas llegó a la adolescencia y yo, simplemente, no lo soporté y me alejé aún más de él. Porque si antes no lo entendía después de confesarnos su sexualidad aún menos. Blaine casi se vuelve loco cuando le dije que su abuelo había muerto. Lloró como nunca. Y lo vi sufrir, sufrir de verdad. Cuando nos entregaron las cenizas, Blaine prácticamente me empujo para quedarse con ellas. Entonces lo comprendí: mi hijo no me quiere. Y me dolió en el alma pensar que él no llorará así por mí. Y eso sólo será culpa mía, porque nunca he podido acercarme a él. Ahora ya es tarde. —Paul palmea la espalda de William.

—Nunca es tarde. Los hijos siempre necesitan a sus padres y nosotros tenemos que estar para ellos permanentemente. Para todos es difícil aceptar que nuestros hijos son gais. Burt lo intenta. Admiro a ese hombre porque todos los días intenta aceptar la sexualidad de su hijo con naturalidad, a pesar de tener las mismas preocupaciones que yo. ¿Será feliz? ¿Podrá encontrar a alguien que sea para siempre? ¿Podrá adoptar? ¿Cuándo llegará el día en el que mi hijo no tenga que aclarar su sexualidad porque simplemente ya no importe? No sabes lo difícil que es para ellos tener que ir aclarando algo que las personas heterosexuales no tenemos la necesidad de decir. Somos responsables de hacer evolucionar a la sociedad, nuestros hijo lo son, y debemos apoyarles. —William toma su whisky de un golpe. —Cuando Dave era niño siempre me decía que sería un súper héroe, que sería Batman. Ahora lo es cada día que lo veo orgulloso de ser quien es. Luchar para no decaer después de las cosas que hace su madre es una muestra de que mi hijo es un héroe. Como tu hijo, como Kurt. Como todos los chicos y chicas gais que cada día se enfrentan a una sociedad que no ha evolucionado junto con ellos. Tienes que estar orgulloso de tu hijo, William.

—Lo estoy. Aunque nunca pueda decírselo, lo estoy. Blaine tiene todo lo bueno de su abuelo. Es un gran chico.

Paul se queda con William Anderson hasta que se calma y sale de la constructora un poco más tarde de lo habitual. Camino a casa, Paul piensa en lo mucho que ama a su hijo y en lo mucho que le preocupa que encuentre su felicidad. Sabe, o por lo menos sospecha, que Dave está en una extraña relación con Kurt y Blaine. Paul no es tonto. ¿Qué podrían estar haciendo tres chicos adolescentes que ya se han besado encerrados juntos en una habitación? Tendría que estar ciego para, por lo menos, no sospechar. Sólo espera que Dave no tenga problemas, que no salga lastimado ni lastime a nadie. Lima, Ohio, no es el mejor lugar para tener una relación gay, y menos si esa relación tiene tres componentes. Pero si eso hace feliz a su hijo, a Paul sólo le queda esperar que sea lo mejor.


—No, Kurt. No me gusta para nada esa idea. Hace semanas que te quedas casi cada noche en casa de los Karofsky. Al principio lo permití porque supuse que estaban ayudando a Blaine con su luto pero esto tiene que acabar. Ésta es tu casa y debes pasar más de un día a la semana en ella.

Kurt bufa pesadamente y suprime las ganas de girarse para encontrar la mirada de apoyo de Carol. No quiere que su madrastra se involucre en esa conversación a pesar de saber que cuenta con todo su apoyo. No puede creer que Burt esté teniendo esa conversación con él cuando apenas faltan unos cuantos meses para irse a la universidad.

—Pues dentro de poco me iré a la universidad y no vas a poder ver con quien paso o no la noche. —Kurt sabe que se ha pasado pero odia que su padre se ponga tan sobre protector. —¡Todo esto es porque no confías en mí!

—¿Y tú sí confías en mi, Kurt?

Su papá sí que sabe donde pegar. Kurt no soporta reconocer que, efectivamente, le está mintiendo a su padre. Pero no sabe cómo decirle en lo que está metido, así que prefiere irse de la cocina para encerrarse en su habitación y esperar no sentirse tan mal por la mañana. Antes de subir las escaleras alcanza a escuchar parte de la conversación entre Burt y Carol.

—Burt, te estás equivocando.

—No es tu hijo, Carol. Así es como yo hago las cosas. —Kurt no puede ver el rostro de Carol pero sabe que seguramente no tiene una buena cara. —Lo siento, Carol. No quise…

—Lo sé, Burt, y te perdono porque sé lo difícil que es todo esto para ti. Pero si sigues por ese camino vas a alejar a tu hijo de ti y hablará contigo aún menos. —Kurt suspira y sube las escaleras rápidamente.

Un poco más tarde Burt toca a su puerta y Kurt no tiene corazón para decirle que se vaya. No es que no lo quiera ver, es que simplemente no puede enfrentarlo, pero tiene que hacerlo. Burt entra y se sienta en su cama.

—Lo siento. No debí gritar pero… Últimamente he sentido que me ocultas algo, que me mientes. He tenido que enterarme por las noticias locales de que estabas dándote un beso con otra persona que no es el novio que me presentaste hace unos meses. Quiero saberlo, Kurt. ¿Dave Karofsky y tú tienen una relación?

Kurt no sabe qué decir. Lo niegue o lo afirme significa suprimir la otra parte y eso es algo que no quiere hacer. Si tan sólo pudiera decirle la verdad a su padre… Aunque sabe que no lo entenderá y eso le lastimaría profundamente.

—Burt, David esta abajo y quiere hablar contigo.

La voz de Carol llega a salvar la situación. Kurt se sorprende; ¿qué puede querer Dave? Burt se pone de pie y Kurt lo sigue. Al pie de le escalera, Dave está esperando con la mirada decidida.

—Buenas noches, señor Hummel. —Su padre y Dave se dan un saludo firme. —Señor, sé que no es la mejor forma de hacer esto y que debí haber venido antes para tener esta conversación con usted pero las cosas han pasado muy rápido, casi al mismo tiempo que todo lo sucedido con la familia de Blaine. No es una excusa, señor, pero sí un motivo para que haya dejado esta conversación de lado, y lo lamento muchísimo. —Burt mira fijamente a Dave por unos segundos y luego suspira.

—Bien. Entonces debo entender que mi hijo y tú ahora están juntos.

—Sí, señor. —Kurt abre la boca pero no sabe qué decir.

—Bien. Es todo lo quería saber. Y puede que no esté muy conforme con eso de que las últimas semanas Kurt se las pasara contigo, en tu casa. Sin embargo, confío en mi hijo. —Burt mira directamente a Kurt. —Yo… Acepto esto y… Si te quieres quedar, Dave, lo puedes hacer. En la habitación de Kurt.

—No. Muchas gracias, señor Hummel, pero no. No esta noche. Yo sólo… Quería hablar con usted y, si me permite, también con Kurt.

—Claro, claro. Buenas noches, chicos. —Burt mira a Kurt y luego a Carol, que le sonríe. No sabe si está haciendo lo correcto, sólo no quiere que Kurt se aleje de él.

Dave toma la mano de Kurt y se van directos a su dormitorio. Una vez dentro, Kurt lo abraza con fuerza.

—¿Cómo…?

—Blaine me ha enviado un mensaje. Ha sido fortuito que haya podido llegar tan pronto. —Dave lo besa tiernamente.

—No quería llegar a esto, no así, y menos aún mentirle a papá.

—Lo sé, pero Blaine sabía desde el principio que algún día tendríamos que llegar a esto. Te juro que se lo diremos, poco a poco, porque yo tampoco quiero negar a nada. Saldremos de esta, los tres juntos.

En ese momento, Kurt escucha una melodía conocida que llega desde el jardín trasero de la casa. Dave sonríe cómplice y se mueve al compás de la melodía.

There's nothing you can do that can't be done
Nothing you can sing that can't be sung
Nothing you can say
but you can learn how the play the game
It's easy

There's nothing you can make that can't me made
No one you can save that can't be saved
Nothing you can do
but you can learn how to be you in time
It's easy

All you need is love
All you need is love
All you need is love, love
Love is all you need

—Ya lo escuchaste, bonito. Todo lo que necesitamos es amor. —Kurt sonríe ante la forma tan extraña que tienen Dave y Blaine de darle confianza.

Esa noche cada quién durmió en su cama con la añoranza clavada en la almohada.

There's nothing you can know that isn't known
Nothing you can see that isn't shown
No where you can be
that isn't where you're meant to be
It's easy