Bueno nenas, de vuelta otra vez a la rutina general

He descansado, y ese era mi cometido, así que lo hemos conseguido

Vengo a casi finiquitar el asunto. Voy a dejar los cuatro últimos capítulos del fic, a la espera del epílogo que os colgaré de aquí al Miércoles para que vayáis digiriendo los capis.

Muchisimas gracias a todas y por su puesto a las nuevas incorporaciones que hacen que una sonrisa asome cuando os leo. Afortunada me siento, de verdad. Y ya os diré más cosas cuando cuelgue el epílogo, que es cuando procede.

Besos y disfrutad ;)

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Capítulo 86

Buenas Nuevas.

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-Joel, estate quieto- Susurró Edward.

Una patada en la espinilla le sacó de sus casillas.

-Ya basta- Siseó todo lo alto que pudo cogiéndole del brazo y sentándolo de nuevo.

Joel refunfuñó largo rato. Se aburría como una ostra.

-Tío Emmet- Llamó bajito. Este se agachó.

-¿Por qué lleva ese señor un sombrero tan ridículo?- Señaló al Obispo que oficiaba la Misa del Gallo. Emmet aguantó la risa.

-Por qué era el único modelo que quedaba disponible- Dijo entre risitas, Edward carraspeó mirándolos mal.

-¿Y por qué no se pone una gorra?- Bella se inclinó y chistó a ambos. Emmet se irguió todo lo que pudo, para encontrarse con la mirada de advertencia de Rose.

-La señora esa va a reventar el abrigo- Señaló a una señora que estaba sentada dos bancos por delante de ellos. Emmet tuvo que taparse la boca y respirar hondo.

-O te callas o te dejo en la calle- Amenazó su padre. Joel le sacó la lengua. Emmet no pudo dejar escapar una carcajada solapada. Eso supuso el pistoletazo de salida para que Jasper, atento a la conversación, tampoco pudiese contenerlas.

Visto desde atrás, dos siluetas enormes con los cuerpos moviéndose entre espasmos, las miradas iracundas de los demás y un pequeño cuerpo mirándolos entre divertido e incrédulo.

-Se acabó, fuera- Edward tomó la mano de Joel y arrastró con él a Emmet.

La gente se volvió al escuchar ruido. Las caras de Esme y Carlisle reflejaban desconcierto, las de Bella y Rose enfado, y la de Alice confusión total al ver a Jasper seguirles.

Una vez en la calle Emmet y Jasper rompieron en tremendas carcajadas.

-Eso, eso, dad ejemplo- Edward les riñó molesto. Ellos, simplemente no podían dejar de reír.

La puerta de la catedral de abrió para mostrar a una Alice alucinada.

-Queréis hacer el favor de parar, se os oye ahí dentro- Señaló el interior del templo. Edward bufó.

Joel miraba a su padre, tenía el rostro serio.

-Papá- Edward le miró- No te enfades, la verdad es que el sombrero da risa- La carcajada de Emmet no se hizo esperar.

-Largo de aquí, iros al Chester- No podían andar, se separaron cuanto pudieron hasta apoyarse en uno de los coches aparcados frente a la puerta, dónde se echaron las manos al estómago para sujetárselo.

-Joel torció la boca, se metió las manos en los bolsillos y comenzó a caminar hacia sus tíos.

-Alto ahí- La voz de su padre le paró en el acto.

La gente comenzó a salir del oficio. Jasper y Emmet comenzaron a acercarse lentamente, fingiendo que buscaban algo en el suelo para no mirar a la gente que no les quitaba ojo.

-Señora- La mujer se dio la vuelta- ¿Se encuentra Usted bien?- La mujer le miró tiernamente.

-Claro jovencito- Le acarició el pelo- Edward estaba nervioso- ¿Por qué lo preguntas?- Joel señaló su abrigo.

-¿Puede respirar?- Ella no entendió- Que ese abrigo le está pequeño. Tiene que comprarse uno más grande- La señora se irguió airada hacia Edward.

-¿Esa es toda la educación que le da a su hijo?- Edward se quedó petrificado- ¡Es indignante!- Agarró el brazo de su esposo y se dio la vuelta muy digna.

El marido llevaba una sonrisa en los labios, que amenazaba con carcajada. Jasper y Emmet tuvieron que alejarse corriendo, aún así, las carcajadas eran perfectamente audibles.

Cuando los demás llegaron, la escena era de cuadro. Dos hombres hechos y derechos doblados por la risa, Edward rojo, y Joel mirando para todos lados sin entender.

-¿Qué es lo que pasa?- Carlisle preguntó a Alice.

-Pues la verdad es que no lo sé. Pero sin duda, algo gracioso- Carlisle asintió.

-Está bien, a menos que queramos congelarnos sugiero ir a tomar chocolate- Esme congregó a todos hacia los coches.

-Tú tomas chocolate, pero a partir de mañana, veremos el postre que te toca- Amenazó Edward a Joel, quien volvió a sacarle la lengua- ¿Quién te ha enseñado eso?- Preguntó francamente enfadado.

-Todo el mundo lo hace- Dijo inocentemente. Edward se cuadró- ¿Nos ves a mamá o a mí hacerlo?- Joel agachó la cabeza.

-El lo hace- Señaló a Emmet y miró por el rabillo del ojo.

-Grábate esto- Edward suspiró con trabajo- Tu tío Emmet NO cuenta- El aludido se acercó ofendido.

-Vámonos de aquí sobrino. Ir con mayores es de lo más aburrido- Hizo un gesto de suficiencia y Bella tuvo que coger la mano de Edward para pararlo.

-Dios Edward, das miedo como padre. Pobre Aaron- Jasper hizo una mueca de horror al pasar a su lado. Edward se quedó congelado.

-¿Es eso cierto?- Preguntó con temor a Bella, quien reía sin disimulo.

-Bueno… Eres un poco gruñón, la verdad- Su marido se contrajo.

-Vamos hijo, no les hagas caso, eres y serás un padre estupendo- Esme trató de animar a su hijo, pero Edward ya iba con la mosca detrás de la oreja. Bella estuvo riendo todo el trayecto hasta el Chester.

Cuando llegaron, se sentaron en una de las mesas que había libres y ordenaron chocolate y pasteles. Joel se sentó entre Emmet y Jasper. Edward susurró bajito.

-Me odia- Bella hizo un puchero.

-Aissss tontito mío- Le besó sus enfurruñados labios- Ellos le dan lo que tu no puedes- La miró confuso- Le malcrían y el sabe a quien acudir para ello. Edward asintió pero aún así hizo un mohín.

-Lo hacen a posta- Les miró acusador. Bella agarró su mano y se aproximó a su oído

- Te podrás vengar cuando te toque ser tío- Le guiñó un ojo, Edward se animó.

-Bueno, si no recuerdo mal, alguien tiene algo que decir- Carlisle elevó la voz mirando a Rose y Emmet.

-Bueno- Emmet se levantó y tomó a Rose de la mano- Os daría un discurso y os dejaría alucinados, ya sabéis… Mi maravillosa retórica- Todos rieron con ganas- Pero como no le quiero quitar el puesto a mi Ilustrado hermano- Guiñó un ojo burlón a Edward- Iré al grano- Mi preciosa novia, me va a dar un hijo- Rose se ruborizó y agachó la cabeza.

-¡Sí!- Edward se levantó encogiendo un brazo, como celebrando un tanto. Bella se lo agarró llamando su atención. Se sentó vergonzosamente- Perdón, me he emocionado- Todos le miraban incrédulos.

-Joder hermano, eso si que es alegrarse- Se levantó y caminó hacia él- Ven aquí- Abrió sus brazos de oso con las lágrimas resbalándole por las mejillas

Edward lo estrechó entre los suyos. Estaba contento por su hermano, pero no pudo evitar hacer un guiño a Bella, quien rió de la broma privada.

-Así que, todo el mundo se ha puesto de acuerdo- Carlisle les miró embobado. A los cuatro.

-Bueno… Todos… No- Alice intervino mirando a Jasper. Este carraspeó nerviosamente. Señaló la bandeja

-¡Mira Joel, pastel de nueces!- Todos estallaron en carcajadas, excepto Alice, que se enfurruñó.

Jasper la abrazó.

-Dímelo- Alice le miró sin comprender- Dímelo- Insistió sonriéndola con ternura- Ella seguía perdida.

-No entiendo Jasper- Le miró profundamente a los ojos. El suspiró.

-¿Es lo que quieres?- Ella abrió los ojos como platos.

-No cariño- Respondió sinceramente- No hemos hablado del tema, no me siento mal- Le sonrió.

-Cuando llegue el momento- La prometió besándola levemente los labios.

-¡Por la Familia Maravilla!- Una exaltada Esme elevó las copas con el champagne que pidió a uno de los camareros.

Todos se levantaron y brindaron. Pero Joel miraba al frente.

-Vamos enano, ¿no te alegras de tener un primito?- Emmet le levantó en brazos. Joel arrugó los labios.

-Tío Jasper- Este te volvió- ¿Tú vas a tener hijos también?- Emmet le miró confundido, Jasper sonrió.

-De momento no- Joel suspiró aliviado.

-Menos mal- Hizo fuerza para bajarse de los brazos de su tío Emmet, y se sentó en las rodillas de Jasper.

-¡Traidor!- Emmet bufó. Joel le sacó la lengua. Edward comenzó a carcajearse- Se suponía que eso era para el enemigo- Edward entrecerró los ojos. Emmet se mordió la lengua. Bella acarició el muslo de su marido.

-Relax, recuerda que vas a ser tío- Edward de repente se relajó. Sonrió a Emmet.

-Lo dicho hermano, enhorabuena- Bebió de su copa a su salud. Emmet le miró asustado.

-Algo trama- Susurró a Rose. Esta le miró confundida.

-¿Tu hermano?- Emmet asintió- Pero si es un trozo de pan- Emmet le miró y Edward le enseñó los dientes.

-Sí… Pero duro- Bebió de nuevo, por alguna razón, el trozo de pastel no le pasaba…

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Capítulo 87

¡Hola!

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-LA Menor Joel, LA Menor- Edward corregía una y otra vez uno de los movimientos de Joel al teclado.

-¡Y yo que sé!- se cruzó de brazos enfadado- La música es un rollo- Se enfurruñó.

-Tú querías aprender a tocar, y eso es lo que estás haciendo- Edward seguía derrochando una paciencia infinita.

-¡Pero si no toco!- Protestó airado.

-Por que primero tienes que tener alguna noción de solfeo- Trató de hacerle entender.

-Parecía más divertido- Suspiró frustrado. Edward relajó las manos y se le quedó mirando- ¿Quieres merendar?- Joel asintió.

-Sube a preguntarle a mamá si quiere comer algo cariño- Le dijo dirigiéndose a la cocina.

Estaba trasteando con el pan de molde, cuando oyó a Joel gritar.

-¡Papáaaaaaaaa!- Soltó el pan y salió todo lo desbocado que su leve cojera le permitía. Llegó a la habitación y se encontró a Joel blanco como la cal y a Bella mirando al vacío.

-¡Dios Mio Bella!- Gritó alarmado arrodillándose a su lado -¿Qué tienes cariño dime?- Bella le miró tranquila- ¡Dios, dime que te pasa!- Ella le puso una mano sobre la pierna.

-Edward- Habló tranquila- Respira- Aaron viene- Le sonrió haciendo una mueca de dolor.

-¡Diosssss!- Se levantó frenético- ¡Joel, calienta la mochila!- Su hijo le miró alucinado.

-Vamos Bella- La tomó de los brazos para levantarla- No olvides respirar- Bella quería reír, pero el dolor no la dejaba- Aspira, respira… Aaaasii muy bien- El sólo se animaba mientras dejaba a Bella apoyada en la cómoda.

-Joel, la maleta de mamá- Le miró ansioso, Joel entraba con su mochila en ese momento.

-Edward- El se giró, Bella le señaló la cama con la mirada. Sobre ella se encontraba la pequeña maleta que tenían preparada.

-Vamos vamos- Ordenó pasando el brazo por la cintura de Bella y saliendo de la habitación.

-Joel llama a tu padre- Otra vez el niño se le quedó mirando pasmado.

-¿Y para qué quieres que te llame?- Se le quedó mirando incrédulo.

-¡No me contradigas!- La chaqueta se le enganchó en el pomo de la puerta de entrada- ¡Joder!- El exabrupto salió imparable.

-¡No digas palabrotas!- Bella intervino entre jadeos- Olvida la chaqueta- Pero Edward había declarado la guerra a la prenda, así que Bella, se agarró de Joel y caminó hasta el coche.

Edward consiguió desengancharla y se volvió loco cuando no los vio.

-¡Bellaaaaaa Belllaaaaaaa!- Subía las escaleras gritando como loco, hasta que el sonido del claxon le hizo pararse en seco. Blasfemó en arameo mientras bajaba de nuevo las escaleras. Cerró de un portazo y entro en el coche.

-Ya podías avisar- Dijo irritado.

-Perdóneme Usted por estar de parto- Bufó ella.

-Vale, vale. Tranquilidad cariño. Respira… Respira- Intentaba mezclar la tranquilidad para su mujer con la velocidad del coche. Tarea imposible.

-¿Has llamado al abuelo?- Miró a Joel por el retrovisor.

-No me lo dijiste- Se encogió de hombros.

-Te lo dije dentro Joel- Negó enfadado.

-Estás loco papá- Edward prefirió ignorarlo.

Ding-Ding-Ding

-Abróchate el cinturón.

-No puedo joder

Ding-Ding-Ding

-¡Por Dios Edward, abróchatelo!

-Mierda- Bufó por lo bajo mientras intentaba pasarse el cinturón por encima del chaquetón- Me ahogo- Joel se partía de la risa en el asiento trasero, Edward llevaba el chaquetón arrugado y retorcido bajo el cinturón.

-Joel, para de reír y ayuda a tu padre- Bella respiraba agitadamente entre contracciones. Joel se acercó hasta el anclaje del cinturón, con tan mala suerte que lo soltó y la hebilla dio de lleno en la nariz de Edward.

-¡Ahhh Joder!- Bella estalló en carcajadas- A Edward se le saltaron las lágrimas- Duele, ¿sabes?- Dijo de mala leche a Bella, quien buscó entre lágrimas un pañuelo. La nariz de Edward empezaba a sangrar.

-Lo siento papá- Logró decir Joel reprimiendo la risa.

Llegaron a la entrada de Urgencias y Edward llamó a los sanitarios.

-¡Estamos de parto!- Se aproximaron corriendo con una silla de ruedas mientras él ayudaba a su mujer a bajar.

Entraron a paritorios y a Edward le hicieron esperar hasta que le llamaran. Buscó el móvil por todos los bolsillos, pero no lo encontró.

-Mierda, el móvil- Bramó. Se dirigía a un teléfono público cuando se dio cuenta de un detalle importante- ¡Mierda Joel!- Emprendió la carrera hasta la salida.

Joel le esperaba enfurruñado sujetando la maleta y apoyado en el coche.

-Me han dicho que molesta- Señaló al coche y se encogió de hombros. Edward entró y le dijo que esperase dentro. Aparcó cerca y volvió a la carrera.

-Joel, no habrás traído mi teléfono, ¿verdad?- Joel le miró con condescendencia. Negó y le pasó el suyo.

-Toma, anda- Edward le miró agradecido y avergonzado- Luego me lo recargas- Le miró con desconfianza.

-¿Ángela?, gracias a Dios. Sí, estamos de parto. ¿Podrías venir para estar con Joel?- El niño le miró enfadado.

-No necesito niñera- Se envalentonó, Edward le mandó callar con la mirada mientras tapaba el aparato con la mano.

-De acuerdo Ángela, muchas gracias- Miró a Joel- ¿Podrías estar callado?- El niño le sacó la lengua. Edward bufó- Algún día te la arranco- Joel entornó los ojos mientras le seguía por el pasillo.

Llegaron a la sala de espera, media hora después Ángela llegó. Joel seguía enfurruñado.

-¿Sr. Cullen?- Una enfermera le llamó, Edward se levantó de un salto- Es la hora, sígame.

-Llama a tío Emmet, el se encargará- Dijo a Joel, le besó en la cabeza y le sonrió- Nos vemos luego, se bueno con Ángela- El niño asintió.

-No te preocupes Edward, ya llamo yo a Rose- El la sonrió y le agradeció el estar ahí.

Se encamino hasta la sala de partos, y después de ponerse la bata, mascarilla y guantes le hicieron pasar junto con Bella, quien estaba preparada para dar a luz. Le impresionó verla sudando y contrayendo la cara en muecas de dolor.

-Bien Señores Cullen, vamos allá- La matrona se sentó entre las piernas de Bella-Cariño, cuando te de la señal empuja, ¿de acuerdo?- Bella la miró.

-S…Sí- Se encogió con otra contracción.

-Ahora ¡Empuja!- Bella contrajo el rostro, apretó la mano de Edward hasta que éste apretó los labios en un gesto de dolor. Se mordió la lengua.

-Bien cariño, vamos bien- Animó en un hilo de voz.

-¿Tú vas bien?- Le miró visiblemente cabreada, Edward la miró extrañado- Por que yo, ¡no!- El pobre tragó en seco.

-Venga Bella, ¡empuja!- Bella lo hizo, apretó a máximo los dientes- Ya casi está, tenemos la cabecita- Edward se estiró lo que pudo para verlo, absolutamente aterrado y emocionado al mismo tiempo.

-No puedooooo- Comenzó a llorar desesperada.

-Venga amor, ya casi está aquí- La animó y besó en la frente frenéticamente.

-Un ultimo empujón, ¡vamos Bella!- Apretó los dientes y sacando hasta el ultimo resquicio de sus fuerzas, apretó hasta que ya no pudo más. El llanto de su hijo quebró los sollozos de su madre.

-Oh Dios Mío- Musitó Edward al ver a su hijo. Una de las enfermeras le limpió y después de enrollarlo en una pequeña mantita, se lo pasó a su emocionado padre, mientras terminaban con los restos de la placenta de Bella.

Edward estaba absolutamente feliz, lloraba y reía al mismo tiempo. Besó la cabecita, las manitas, la carita.

-Mira Aaron, te presento a tu madre- Una lágrima cayó en el rostro de Bella cuando Edward se inclinó. Suavemente lo depositó en su pecho y se inclinó para besar a su mujer.

-Dios, es perfecto- Las lágrimas apenas dejaban ver ni hablar a Bella. Miró a su esposo, quien mostraba el embobamiento típico del padre recién estrenado.

-Te quiero- Destilaba amor por todos los poros de su cuerpo- Gracias cariño- La besó con dulzura, con amor.

-Bien- Una de las enfermeras se acercó- Lo llevamos a neonatos. Usted salga y espere fuera a que instalemos a su mujer.

Se despidieron con un largo beso y con lágrimas de absoluta felicidad. Al salir, Ben había llegado y esperaba junto con Ángela y Joel.

-¿Ya papá?- Joel se levantó en cuanto le vio acercarse- Edward sonreía de oreja a oreja-¿Dónde está?- Le preguntó desanimado al no ver a su hermanito.

-Pronto le verás- Se inclinó para besarle en la cabeza, Ángela y Ben se acercaron.

-Enhorabuena Edward- Ben le abrazó y Ángela depositó un beso en sus mejillas. Edward estaba pletórico.

-Ya vienen en camino- Edward asintió- Emmet se encargaría de avisar a Alice y Jasper- Edward tomó a Joel en brazos.

-¿Te apetece un chocolate mientras nos llaman?- Joel negó.

-¿Y si no oímos en la cafetería?- Edward lo pensó.

-Tienes razón, como siempre… - Sonrió y todos se sentaron hasta que les llamasen para poder ver a Bella y al nuevo miembro de la familia Cullen.

-Papá, estás raro- Edward le miró sin saber. Ángela se acercó a él.

-Dios Edward, ¿te has roto la nariz?…

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Capítulo 88

Cerrando Ciclo.

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-Dios hermano, que poco se parece a ti. Afortunadamente- Emmet rió ante la mueca de sarcasmo de su hermano Edward.

-No digas bobadas, esos ojos no pueden negar quien es el padre- Una Rose airada se lo quitó de los brazos.

-Afortunadamente, la nariz está intacta- Ahora Jasper se sumó a las risas.

-Pero hijo, ¿cómo no te diste cuenta de que estaba rota?- Una preocupada Esme acarició suavemente la zona, sacando a Edward una mueca de dolor.

-Yo que sé madre, los nervios supongo- Taladró con la mirada a Jasper y Emmet - Me tenéis harto- Bramó. Un guantazo de Rose a Emmet paró las risas de éste en seco. Se volvió a su hermano Jasper.

-¿Por qué no hacéis algo productivo y nos traéis café?- Los dos se cuadraron y salieron de la habitación- Dios, que críos pueden llegar a ser- Bufó cabreada.

-Pero mira que cosita madreeee- Rose se deshacía en pucheros con Aaron, Bella cogió la mano de Edward y la acercó a ella.

-¿Te he dicho cuanto te quiero mi vida?- Edward sonrió hasta que la piel le tiró.

-Uhmmmm- Adoptó pose pensativa- Creo que sólo dos veces- La besó con ahínco.

-Bueno tórtolos, esperad a llegar a casa- Alice se dio cuenta de lo que dijo y sonrió con maldad- Bueno, y cuando lleguéis, unos cuarenta días más- Los dos la miraron mal- Vale, creo que me voy con Jazz y Em. Hasta luego- Una sonrisa burlona la acompañó hasta salir de la habitación.

-Uhmmm, ¿va a ser rubio?- Rose le acarició la cabecita.

-Mi padre es rubio- Señaló a Carlisle y mi madre casi.

-Bueno, es monisimo en cualquier caso. ¿A que sí pequeñín?- Se lo comió de nuevo a besos.

-Mi padre era moreno, y mi madre…- Una lágrima cayó rebelde. Sacudió la cabeza y forzó una sonrisa. Todos lo notaron

-Estarían orgullosos- Su marido la reconfortó. Bella asintió levemente. Ella dudaba de eso, dudaba de que sus padres hubiesen aprobado su vida, ni aunque en ella fuese feliz. Pero apartó ese pensamiento, no iba a estropear el momento.

-Tiene la nariz de Bella, y sus labios- Edward la miró con picardía.

-Mmmmm, entonces provocará taquicardias entre las niñas- Bella sonrió embobada.

-Bueno Señora Cullen, ¿lista para volver a casa?- La matrona entró y se dirigió a Bella.

-Sí- Se levantó de un salto de la cama para firmar el alta. La matrona salió después de darles de nuevo la enhorabuena y Bella entró con Edward a vestirse en el baño.

-¿Te duele?- Le acarició la mejilla. Edward la abrazó por la cintura.

-Un poco, pero no tanto como para hacer esto- Estampó sus labios en los de Bella, y sin más su lengua invadió el interior de su mujer.

Se abandonaron a ese beso "de verdad" por primera vez en meses. Ambos estaban necesitados, sedientos del otro. Degustaron con avidez sus bocas, retorcieron sus lenguas, mordieron y devoraron sus labios. Se separaron lentamente.

-Te deseo tanto Edward- Lloró de deseo, de ansiedad. Necesitaba las caricias de su marido, habían sido demasiados meses sin sentirlo en su interior.

-Mi vida…- Pego sus labios en su frente- Ya pronto… Y te prometo que será increíble- La sonrió en sus labios antes de volver a aprisionarlos con los suyos.

La ayudó a vestirse, haciendo un verdadero ejercicio de autocontrol al verla desnuda. Le ayudó pensar en su dolorido vientre, y ambos salieron a la habitación, dónde Esme y Rose tenían preparado a Aaron y Carlisle la maleta de Bella.

-Bien, he quedado con los demás en la entrada. ¿Listos?- Rose cargaba al pequeño.

-Listos- Edward respondió mientras cogía la canastilla del bebé.

Un impaciente Joel les esperaba en la entrada- ¿Puedo cogerlo ya?- Su madre bajó de la silla de ruedas y le cogió de la mano.

-Cuando subamos al coche te dejaré cogerlo un poquito, ¿vale?- Joel sonrió de oreja a oreja.

Carlisle tomó el volante y Esme el asiento del copiloto, Edward, Bella y Joel las plazas traseras. Los demás tomaron un taxi hasta la casa.

-Despacito cariño. Con esta mano le sujetas la cabecita, así- Joel seguía las instrucciones mientras su madre lo depositaba en sus brazos. Tenía el rostro iluminado.

-Vaya- Exclamó sorprendido- Qué poquito pesa- No se movía ni un milímetro, impactado por esa pequeña criatura que era su hermano- Papá te enseñará a tocar el piano, pero ya verás el rollo que es hasta que toques. Pero no te preocupes, te gustará- Se animó a besarle la carita, entre sus embobados padres, quienes contenían a duras penas las lágrimas.

-¿Estás contento Joel?- Carlisle le miraba por el retrovisor.

-Pues claro- Sacudió sus hombros.

-Ya veras, lo pasareis bien juntos. Te gustará ser su hermano mayor- Joel miró a Edward.

-Yo le defenderé ¿a que sí?- Su padre sonrió, le acarició la cabeza.

-Claro que sí cariño. Siempre le defenderás- Joel volvió a mirarlo.

-¿Cómo el tío Em contigo?- Su padre volvió a sonreír.

-Espero que sí Joel, espero que sí- Le contestó orgulloso del hermano que tenía.

Esme dejó rodar una lágrima de orgullo.

-Bueno mis hombres- Bella habló henchida al pronunciar esas palabras- Estamos en casa- Carlisle aparcó en la entrada. Edward bajó y Bella tomó al pequeño de los brazos de su hijo.

Acostaron al pequeño Aaron en su moisés y lo llevaron con ellos al salón, dónde Esme y Alice prepararon café y chocolate para todos.

-Bueno hermano, ¿cómo va lo del traslado?- Edward se sentó junto a Bella y la tomó de la mano.

-Pues ya casi todo está listo. Los papeles del registro los tendremos en unos días. La inscripción de Joel en el colegio ya se hizo- Miró a Jasper- Y tan sólo queda que Bella deje todo en orden en la compañía.

-Eso ya prácticamente está listo- Bella habló- Se le ha pasado la gerencia a los Cheney, junto con una participación en la compañía. Ellos se harán cargo de ella.

Los demás asintieron.

-La casa ya está terminada- Alice se dirigió a Joel- Tan sólo hemos tenido que adaptar la de Edward para una familia y ya. Había dos habitaciones y ya están esperando a sus nuevos inquilinos- Señaló a los niños.

-¿Cuándo nos vamos mamá?- Joel estaba sentado en las piernas de Edward, medio adormilado.

-En dos semanas cariño- Joel asintió.

-Echo de menos a Joss y Henna- Bostezó.

-Y seguro que ellos a ti también. Pero pronto estarás con ellos y les darás de comer- Le prometió Edward.

-Ajá…- terminó de acurrucarse y comenzó a dormitar- Edward le besó repetidas veces mientras le acomodaba entre sus brazos.

-Oh por favor, no digáis que no es adorable- Emmet hizo una mueca exagerada de felicidad. Todos rieron.

-Mas te vale irte preparando hermano- Edward le guiñó un ojo. Emmet le sacó la lengua- ¡Lo sabía!- Le señaló haciendo que Joel se removiese y entreabriese los ojos.

-Vamos cariño, vamos a dormir- Alice le sacó de entre los brazos de Edward y lo cargó a duras penas hasta su cama- Joel se desperezó.

-Tía Alice- Ella le miró sonriente- Os quedareis aquí hasta que nos vayamos- Esta asintió- ¿Y la abuela Jackie?- Alice le besó en la mejilla.

-Preparándolo todo para cuando lleguéis. Te está dejando una habitación guay- Joel sonrió.

-¿Volveremos alguna vez?- La preguntó algo triste.

-¿Lo echarás de menos?- Le acarició el pelo.

-No lo sé- Bajó la mirada.

-¿Qué te preocupa?- Se tumbó a su lado, oyó la puerta abrirse y a Emmet acercarse a la cama. Joel le miró.

-¿Por qué no vienes tú?- Se le quebró la voz, las lágrimas no tardaron en hacer acto de presencia. A Emmet se le abrieron las carnes. Suspiró antes de sentarse cerca de su sobrino.

-Joel- Paró unos minutos antes de seguir- La vida de los mayores es complicada- Su sobrino le miró- te quiero, te quiero mucho y créeme que te echo muchísimo de menos, tu tía Rose puede confirmártelo. Pero… Mis obligaciones están ahí Joel, y las de tu tía y tus abuelos- El niño le miraba sorbiéndose los mocos- Yo nací en Boston, crecí, estudié, y mi trabajo está ahí, y mis padres Joel. Edward se fue lejos y conoció a tu madre, se enamoraron, se casaron y ahora es tu padre, pero su vida está en Las Maldivas, igual que la mía en Boston. ¿Lo entiendes?- Joel dijo que sí con la cabeza.

-¿No podrías cambiar?- Le preguntó esperanzado. Emmet le miró fijamente unos instantes.

-No cielo. Lo siento- Le abrazó- ¿estás enfadado?- Joel no respondió, en su lugar seguía sorbiéndose los mocos- Vas a estar muy ocupado con Joss y Henna, además de tu hermanito, el Cole nuevo, amigos nuevos…- Suspiró- No tendrás tiempo de acordarte de mí- Joel se revolvió entre sus brazos, se bajó de la cama airado, Alice y Emmet se sorprendieron.

-¡No! Nunca me voy a olvidar ¿Lo oyes? ¡NUNCA!- Salió dando un portazo que llamó la atención de todos en la planta baja.

Edward consiguió agarrarlo cuando iba a salir por la puerta.

-Joel cariño ¿qué es lo que pasa?- El crío se deshacía en lágrimas.

-Déjame hablar con él- Emmet se acercó hasta ellos con los ojos rojos. Tomó la mano del niño y salieron de la casa.

-Me gustaba más antes…- Hipó cuando se sentaron en un frío banco. Emmet le pasó el brazo por los hombros.

-No digas eso Joel. No es justo y lo sabes- Le reprendió dulcemente.

-No es justo ahora- Se apretujó contra él.

-Quieres decirme entonces, que no te alegras de tener un nuevo hermanito, o un papá estupendo que te quiere con locura, dos nuevos abuelos, más tíos estupendos que te malcrían…- Le miró unos instantes. Joel permanecía en silencio. Emmet le dejó pensar.

-Me gustaba cuando todos estábamos juntos- Musitó.

-Joel, sé que ahora es difícil de entender, y que quizá esperar unos años para hacerlo suena mal. Yo también he tenido tu edad, y también me ha costado entender. ¿Sabes?- Cuando tu padre decidió irse de casa tan lejos, tampoco lo entendí, pero le ayudé a hacerlo. ¿Sabes por qué?- Joel negó en silencio -Por que era su vida Joel, porque él necesitaba hacer eso para ser feliz y gracias a eso- Le miró intensamente- Tu y yo estamos aquí ahora. Tu madre es absolutamente feliz, y Edward aún más- El niño sonrió tímidamente.

-Eso es verdad- Admitió en voz bajita.

-No puedes olvidarte de todo eso, no puedes estar triste y hacer que ellos lo estén Joel. Yo sólo voy a estar un poco más lejos, pero siempre, siempre estaré aquí- Le puso la mano en el pecho, a la altura de su corazón.

-Yo sólo…- Tragó con trabajo- Sólo no quiero que te vayas tío- Emmet sonrió.

-Te quiero con toda mi alma pequeño- Joel le besó en el cuello.

-¿Aunque tengas hijos?- Agachó la cabeza avergonzado cuando Emmet se la levantó.

-Eso nunca va a cambiar. Será un cariño distinto, especial. ¿Confías en mí?- Joel asintió- Entonces, todo irá bien. Volvieron a abrazarse.

Cerca de ahí, un hombre hecho y derecho lloraba emocionado. La vida había sido demasiado complaciente con él. Tener todo lo que desea cualquier hombre, no es algo al alcance de cualquiera. Una mujer perfecta, unos padres siempre dispuestos, unos amigos estupendos, dos hijos maravillosos y un hermano, fuera de serie…

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Capítulo 89

Y Comieron Perdices.

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-¿Estás seguro de que esta boda es válida?

-Sí, ya te lo he dicho- Jasper quería estar seguro. Se removió inquieto.

Los novios se miraban nerviosos. El Juez de Paz de la Isla llevaba más de diez minutos leyendo una especie de libro, ajeno a todo y todos. Un carraspeo nervioso por parte de Carlisle, le sacó del trance. O eso parecía…

-Ehhh, si, bueno- Les miró con cara ausente- Estamos aquí… Bueno, hemos venido para casarnos- Bella abrió los ojos como platos. Edward intentaba no reírse.

-¿Jasper… Tú estás seguro?- Emmet insistía en voz baja. Jasper prefirió no contestar.

-¿Queréis casaros?- Miró a los novios, Edward comenzó a reír.

-Para eso están aquí- Resopló Rose.

-Claro… Claro- Volvió a mirar el libro- Se inclinó hacia Bella y susurró -¿Cómo os llamáis?- Emmet se tuvo que girar para disimular la risa.

-Edward y Bella- Dijo éste con trabajo.

-¡Te llamas como mi abuelo!- Ya estaba, la carcajada general estalló.

-La boda, Señor… La boda- Intervino Esme claramente molesta.

-Si bueno, colega, ¿quieres a ésta preciosidad para siempre?- Edward no podía creer lo que estaba oyendo. Se dobló con su propia risa.

-Habéis traído al Bob Marley de Las Maldivas para casarlos- Emmet se desternillaba, Jasper miraba al Juez de Paz de mala manera.

-¿Ha celebrado Usted alguna boda?- La pregunta ofendió al hombre.

-Eh Eh, claro que sí- Hizo un gesto con la mano que denotaba molestia- He casado a mis colegas- Esme bufó.

-¿Sus colegas? ¿Está Usted facultado para oficiar ceremonias?- El hombre la miró extrañado.

-Tengo los papeles señora. Se rebuscó en los bolsillos, no encontró nada- Luego se los enseño-Respondió haciendo una mueca. Carlisle habló.

-Bien, proceda- Le costaba mantenerse serio.

El hombre les miró a todos bastante molesto, sus rastas ondeaban con la brisa del atardecer. La luz de las antorchas le daba un aire espiritual.

-Ese señor me da miedo- Alice rió ante las palabras de Joel.

-Tranquilo, es inofensivo.

-Yo creo que está fumado- Ben cuchicheó.

-O algo peor- Añadió Ángela.

Joel se adelantó al lado de Emmet, le tiró de la manga de la camisa y se agachó a su altura.

-Tío, dice Ben que está fumado- Señaló al hombre de las rastas -¿Eso es malo?- Emmet tragó varias veces para contener la risa.

-No- Respiró de nuevo- Es que es así- Joel se le quedó mirando sin entender nada. Sacudió sus hombros y volvió a su sitio.

-Bueno, entonces quedamos en que si la quieres- Hizo ademán de continuar. Jasper le interrumpió.

-Ni siquiera ha hecho usted la pregunta- Siseó entre dientes. El hombre se quedó pensativo unos instantes.

-Vale… Edward ¿No?- este asintió divertido- ¿Quieres a este pedazo de mujer por tu esposa y todo eso?- Bella no podía más. Edward consiguió hablar.

-Sí, quiero a éste pedazo de bombón por esposa- Las risas se filtraban entre sus palabras. Los demás hacían verdaderos esfuerzos por mantener la compostura.

-¿Y tú cosa guapa, quieres a éste bigardo para siempre y todo lo demás?- Edward se agachó por no soltar la tremenda carcajada que bullía en su interior. Bella respiró hondo.

-Sí, quiero a éste pedazo de tío bueno para siempre- El Juez de Paz se la quedó mirando disgustado.

-Pues es una pena colega- Todos los presentes se doblaban. Los ojos de Emmet llenos de lágrimas, hasta los de Rose, por mucho que intentó contenerlas.

-¿Cuándo van los anillos?- Preguntó Joel en voz alta.

-¿Los necesitáis?- El hombre que les estaba casando sacó dos cintas de cuero de su bolsillo- Esto es lo que mola. Son tribales tío- Hablaba con Edward como si le estuviese vendiendo las pulseras en un puesto de mercadillo- Y según mi viejo, están bendecidas- Edward lloraba de la risa, asintió y tomó una de las cintas, anudándosela a Bella en la muñeca.

Bella hizo lo propio con su marido, atándosela entre lágrimas, la costaba dejar de reír. Una vez que las tuvieron puestas, el hombre intervino.

-Bueno, pues ya estáis casados. Hala, cómele los morros a tu mujer- Le pegó un codazo, Edward tuvo que agarrarse a Emmet para no caerse al suelo.

Fue el beso más corto de la historia, ya que cada vez que intentaban juntar sus labios, las carcajadas de verse la cara partidos de la risa, se lo impedía. El hombre se mostraba ansioso.

-Aligera tronco, que tengo que casar a dos viejos antes de que la estire el menda- Emmet hincó las rodillas en la arena, completamente rendido, sin fuerzas para mantenerse en pie. Jasper apartó al hombre unos metros.

-¿Se puede saber de dónde ha salido Usted?- El hombre le miró flipado, sacó de sus bolsillos un porro y lo pasó por sus narices, aspirando a fondo el aroma.

-Sustituyo al viejo. Está enfermo- Jasper se quedó blanco. El hombre encendió el porro y el humo casi noquea a Jasper- ¿Quieres?- Se lo pasó.

-No gracias- Respondió molesto- ¿Tienes licencia?- El hombre dio una larga calada, aspirando y saboreando el aroma, le miró relajado.

-Esto es lo mejor de la vida- Le sonrió, mostrando una hilera de grandes y blancos dientes- Relaaajate. Tengo los papeles ¿de verdad que no quieres?- Jasper le miró con rabia

-Ya he dicho que no- El hombre sacudió lo hombros.

-Pues lo necesitas colega, te noto un poco tenso- Le echó el humo de nuevo. Jasper bufó y le dejó. Se volvió al grupo, dónde aún trataban de sofocar las risas.

-Entonces ¿ Están casados?- Esme preguntó aún entre risas.

-Para ser sincero, no lo se- La mujer paró las risas en seco. Se volvió hacia Emmet y Rose.

-Vosotros os casáis en una catedral, con vestido largo, smoking, ramo y todo lo demás. ¿Entendido?- Volvieron a reír.

-Vamos mamá, no fastidies. ¡Esta boda ha sido grandiosa!- Rose se le acercó.

-Pero la nuestra, no será así- La mirada que le dedicó no dejaba lugar a dudas. Emmet asintió derrotado.

El banquete transcurrió con normalidad, se encontraban en él todos los trabajadores del complejo. La noche era cálida, los atuendos sencillos, no hubo lujos, ni clases. Fue sencillo y ameno. A las dos de la madrugada, Emmet se acercó a los recién casados.

-Hora de consumar- Les tomó de ambas manos y les llevó hasta el muelle, dónde un pequeño Yate les esperaba anclado. Bella se volvió hacia su cuñado.

-Si pasa algo con los niños llamáis. Aaron pide leche a eso de las ocho de la mañana. Es un niño muy bueno, no suele llorar mucho. Luego a las doc…- Emmet la cortó.

-Tranquila Bella, ya nos ocupamos. Tú a disfrutar de éste- La guiñó un ojo señalando a Edward.

Ambos subieron por la pequeña escala. Edward puso en marcha el motor y se alejaron mar adentro.

Paró a unos tres kilómetros. Bella le observaba manejar la nave. Absorta en su cuerpo, su magnifico y esplendido cuerpo.

-Vaya, creo que te sigue gustando lo que ves- Se acercó a ella tras echar el ancla. La abrazó por la cintura.

-¿Acaso es posible lo contrario?- Preguntó con picardía.

-Bueno…- Se pegó a ella- Cabría esa posibilidad- Taladró las defensas de su esposa con su mirada.

-Sigues siendo un fanfarrón- Sonrió divertida.

-Sí, pero algo ha cambiado- Acarició sus labios con la lengua- Sólo, fanfarrón- Sus labios la envolvieron completamente. Bella le correspondió aumentando la intensidad.

-Espera- Susurró en su boca mientras tiraba de ella hacia el camarote. Bella le seguía sonriendo.

Una vez dentro, la guió de espaldas a la cama mientras devoraba su boca con cortos pero húmedos besos. La despojó de su sencilla túnica y quedó en una simple braguita. Acarició sus costados con ansia, deteniéndose en sus más que prestos y erectos pezones. La garganta de Bella no tardó en emitir pequeños gemidos.

Abandonó sus labios y capturó con los suyos uno de sus pezones, embutiéndolo con su boca, mezclando el aliento y su saliva en una composición exacta.

-Deliciosa- Sintió la caricia de sus labios al hablar. Sus dedos bajaron como autómatas hasta su entrepierna. La acariciaron sin tregua, Bella abrió sus piernas- Así hermosa- Se inclinó hasta ella, la giró suavemente quedando encarado con su trasero. Levantó una de sus piernas hasta que su pié tocó el colchón, y abriendo sus labios invadió su vagina con la lengua.

-Ahhhhh- Bella apretó sus pechos en cuanto sintió la lengua de su esposo enredarse en su sexo.

Notó como su pierna de apoyo flaqueaba.

-Túmbate- Ella obedeció, mientras se dejó hacer. Edward hizo que apoyase sus manos en el colchón, la elevó el trasero, haciendo que clavase sus rodillas y abriese sus piernas. Se metió entre ellas boca arriba- Ahora, muévete cariño- Bella obedeció.

Edward tomó sus caderas con las manos, mientras que Bella se volvía loca con la fricción de su sexo entre los labios de Edward. Pronto sus movimientos fueron salvajes, Edward endureció su lengua, llenando todo su sexo con esta. Le daba alguna que otra cachetada mientras ella aminoraba y aceleraba completamente a su gusto. Su marido, obediente, ejecutaba sus órdenes.

-Muérdelo- Pidió ella entre jadeos. Los dientes de Edward aprisionaron sus labios mayores, tirando de éstos, buscó su clítoris, lo envolvió entre ellos y Bella jadeó con fuerza, sus caderas volvieron a moverse frenéticas, y no aminoró hasta alcanzar el orgasmo en la boca de su marido.

Sin dejarla tregua alguna, la tumbó de espaldas y volvió a bucear entre sus piernas. El cuerpo de Bella no tardó en responder.

-Ahora, yo pondré el ritmo- Dijo antes de penetrarla con la lengua.

-Oh Dios…- Bella se arqueó fuertemente, agarrando sendos pezones con los dedos y retorciéndolos.

-Sigue así preciosa, me encanta verte- Edward lamía con absoluto deleite los pliegues de su sexo, no dejando centímetro alguno de la sedosa piel sin acariciar con su lengua.

-Dámela- Bella le miró a los ojos. Edward sonrió negando- Dámela- Insistió ella entre las profundas lamidas de su marido.

-Después- Volvió a sonreír antes de girar sus labios con rapidez en su clítoris.

-Ahhhhhhhhhhh síiiiiiiiiiiiiii- Bella tomó con fuerza el pelo de su marido, y tiró de él hasta subirlo a su altura- Ahora- Ordenó demandante. Edward la obsequió con su sonrisa más jodidamente sexual antes de incorporarse sobre ella, poniendo al alcance de su boca su más que presto y erecto miembro.

Edward notó la calidez de la lengua de su esposa justo cuando su boca volvía a acariciar su sexo, ambos lamían y mordisqueaban completamente abandonados al placer. Bella paseaba su lengua por sus testículos y la arrastraba hasta su ano, sabía que eso volvía loco a su marido.

Así era.

-Dioss Bellaaaaa- Hundió dos dedos en el sexo de su mujer al mismo tiempo que ella le imitaba. Sus caderas embestían al ritmo de las penetraciones de sus dedos. Jadeaban y gemían con dificultad. Edward empujó su cuerpo hasta que notó como su mujer le engullía lentamente, cambiando sus movimientos hasta penetrar su boca.

Cerró los ojos y separó la boca de su entrepierna, abandonado a sus sentidos, los dedos de su mujer hacían magia, y su boca maravillas. Le costó concentrarse en ella, sus dedos se movían y paraban , hasta que consiguió imprimirles un ritmo infernal. Bella succionó con fuerza cuando notó que su marido iba a explotar y sus dedos no le dieron tregua.

-Ohdios Ohdios Ohdios - Se derramó en su boca, embistió cuatro veces más y se acomodó a un lado de ella, haciendo que sus dedos la llevasen a la gloria por segunda vez.

-Sigue, sigue sigueeeeeeeee… Oh Diosssssssssss- Capturó todo el placer de su mujer de nuevo entre sus labios, aguantó las convulsiones de ésta hasta que su cuerpo quedó sumido en una placentera quietud.

No perdieron el contacto, sus labios tomaron sus bocas de manera frenética.

-¿Cómo no puedo cansarme de ti?- Su lengua se hundió con ansia en la boca de su mujer.

-Me pregunto lo mismo- Se sentía otra vez excitada, era superior a sus fuerzas.

Edward la tomó de la cintura y la sentó sobre él, su pene, otra vez duro, entró de golpe, en una certera estocada, llenando el interior de Bella. La penetró duro, con fuerza, rápidamente, la llevó al clímax en pocos minutos. Bella respiraba en su cuello.

-¿Cansada?- Bella sonrió.

-Veo que la abstinencia ha sido dura, Señor Cullen- Edward mordió sus labios en respuesta.

-Ven aquí- Se levantaron y la llevó hasta la cómoda. La puso frente a ella, apoyando sus manos mientras la abría las piernas.

Bella podía sentir la dureza de su pene paseándose por sus nalgas, entre ellas, masturbándose. Notó la fricción de su miembro deslizarse entre ellas, aprisionándolo, mientras los dientes de su marido se clavaban en su hombro y su lengua succionaba cuanto mordía.

-Ábrelas más, cariño- Sólo con ese tono de voz, le traería un pedazo de cielo si el se lo pidiera.

Notó que se separó unos instantes, y después sintió la frialdad de una crema en su trasero. Dio un respingo.

-Shisst… Tranquila- Volvió a morderla suavemente mientras notaba como uno de sus dedos la invadía.

-Mmmmmm- La gustaba, él lo sabía- Su dedo comenzó a retorcerse dentro, sus uñas se agarraban a la madera mientras sus caderas comenzaban a moverse.

Pronto, otro dedo se abrió camino, las sensaciones eran demasiado placenteras, Bella bajó su pecho y ofreció más su entrada. Edward sonrió satisfecho cuando comprobó la dilatación conseguida. No tardó en sustituir los dedos por su potente miembro, la embestida fue lenta, hasta el fondo, una vez que la sintió completa, tomó las caderas de su mujer con ambas manos y la embistió repetidas veces hasta acomodar su anchura.

-Duro- Pidió ella apretando los dientes. Edward lo hizo, empujó con fuerza, sin contemplaciones, haciendo que todos los frascos de la cómoda se tambaleasen hasta caerse. Los gritos de Bella le animaban a incrementar su ritmo.

-Me encanta oírte, joder… Me encanta- Sus dientes se clavaban sin orden alguno. Bella apretó sus ojos ante las oleadas de placer que la consumían.

Los golpetazos de su marido contra su cuerpo, resonaban mezclados con los gemidos de ambos, elevando más si cabe, el grado de excitación en el ambiente.

-Oh Dios Edward… Edward… Edwarddd- Su marido la levantó hasta pegar su pecho en la espalda de ella, metió dos dedos en su boca. Bella los lamió y chupó con deleite, y los bajó hasta su sexo, donde la frotó hasta que a ella le empezaron a dar espasmos.

Por momentos creyó que moriría. Sensaciones placenteras, pero desconocidas la hicieron doblar las piernas. Edward lo notó, así que aceleró hasta hacer el placer insoportable. Bella elevó los jadeos hasta el grito, incapaz de contener en su cuerpo tanta presión.

-Vamos cariño- Edward hablaba entre resuello, agotado, embotado- Vamos preciosa, déjate ir- Sus dedos giraban a una velocidad límite.

Bella se agarró a los brazos de su marido, incapaz de mantenerse por si misma, antes de sentir, como el nudo de su vientre comenzaba a deshacerse.

-Oh mi dios Oh mi diossssssss- Gritó al límite.

-Venga amor, hazlo para mí, hazlo mi vida- Edward gemía y susurraba roncamente en su oído, incapaz de soportar más sin dejarse llevar, hasta que notó como su miembro era estrangulado. Elevó la cabeza y sencillamente, se dejó ir a otro nivel.

-- Se derramó por completo, su ritmo fue decayendo hasta que sus embestidas fueron lentas, demasiado lentas hasta parar por completo.

Apenas sin fuerzas para mantenerse por si mismo. Arrastró a su mujer hasta la cama, dónde agotados, se dejaron caer.

-Esto… esto ha… sido…- Bella estaba boca arriba, mirando el techo sin ver. Las chispas aún viajaban a sus anchas por sus ojos.

-Sí… ha sido…- Su exhausto marido, tendido bocabajo, apenas era capaz de coordinar dos palabras seguidas.

-Cuando… Cuando tenga fuerzas, te besaré- Bella cerró sus ojos.

-Ajá- Edward buscó su mano, una vez que entrelazó sus dedos con los de ella, dormitó plenamente satisfecho.

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Nunca me cansaré de releer la boda. Lo que me pude reír escribiéndola no lo sabe nadie. Y tengo que decir que creó escuela, ya que he leído algunas bastante similares por algunos fics En fin

Jeje, bueno, toda Luna de Miel requiere que la cosa esté a la altura ¿No? Espero haberlo estado esta vez.

Besos y ¡hasta el epílogo!