Lo que dejamos atrás y lo que tenemos por delante no son nada comparado con lo que llevamos dentro.
Ralph Waldo Emerson
Blaine entra al despacho del notario con muchas ideas en la cabeza. Cuando recibió la llamada de Damián Ross pensó en decírselo de inmediato a Dave pero luego decidió que lo mejor era esperar a saber las noticias; no quería decir nada hasta que fuera seguro. Al entrar ve a una de las personas que menos se esperaba.
—¿Qué demonios hace él aquí? —William Anderson se pone de pie para mirar a su hijo. El notario Ross observa a Blaine sin saber muy bien qué decir.
—Hijo, me enteré de lo que tu mamá hizo con la casa y vine a ver a Damián para saber si podía hacer algo.
—Yo lo llamé, Blaine. Aunque eres tú quien tiene el dinero para comprar la casa han surgido otros inconvenientes y tu papá puede ayudarnos. —Blaine alterna su mirada entre su padre y el notario y luego camina un poco pero no se sienta al lado de su padre.
—¿Sabes por qué llegó al extremo de perder la casa? —Su padre suspira y mira de reojo al notario Ross que parece muy interesado en unos documentos que hay sobre su escritorio.
—Creo que ustedes deben de tratar esto en privado. Estaré fuera esperando. —El viejo notario sale de su despacho dejando a los dos Anderson envueltos en un tenso silencio. Segundos después William Anderson lo rompe.
—Tiene problemas con el juego. Estuvo jugando en varios casinos clandestinos en Westerville hasta que vació sus cuentas personales. Cuando ya no le quedaba nada fue tras el único bien inmueble que podía poner en garantía para obtener un préstamo. —Su padre suspira de nuevo y luego se pone de pie para encarar a Blaine. —Se ha metido en un problema enorme; ha cometido un fraude con lo de la casa y debe dinero a personas que no tienen honor.
Blaine cierra los ojos por un momento. Es en ocasiones como ésa cuando más falta le hace su abuelo. ¿Qué habría hecho él? Bueno, seguramente lo primero habría sido encolerizarse. Pero después, ¿hubiera dejado que su madre fuera a la cárcel o habría pagado sus deudas de juego? La cabeza de Blaine da vueltas y lo único que puede pensar es en que necesita un abrazo.
—Hijo. —Blaine abre los ojos y mira a su padre. —Sé que no he sido un buen padre, de hecho no he sido un padre en ninguna de las ocasiones en que lo has necesitado, pero quiero intentarlo, hijo. —Blaine baja la cabeza, fundamentalmente porque tiene ganas de llorar y porque no quiere que su padre lo vea. —No hago esto por el dinero, hijo. Sé que seguramente es lo que piensas pero no lo hago por eso. —La voz de su padre suena a honestidad y Blaine desea creerle pero su naturaleza le lleva a desconfiar de su padre.
—¿A qué viene todo esto? Si no es dinero lo que quieres, ¿qué es? ¿Por qué de pronto pareces tan interesado en mí? Si yo jamás… Si nunca te ha importado nada. —Por primera vez en su vida Blaine ve a su padre con los ojos inundados de lágrimas.
—Cuando tu abuelo murió lloraste por él con un dolor tan desgarrador que me hizo comprender muchas cosas. Más tarde, cuando ya no te vi por la casa y cuando ya no lo tuve a él, entendí que no me quieres, que jamás hubieras llorado así por mí, y eso me partió el corazón. Hijo, quiero dejar un legado en ti, quiero que algo de mí siempre te acompañe y lo recuerdes con amor. Tal vez no sea demasiado tarde. Si nos tratamos puede que logre ser tu amigo y quizás, más tarde, tú puedas verme como un padre. Ya lo perdí a él y no quiero perderte a ti.
Blaine no se da cuenta pero sus lágrimas recorren sus mejillas. Vacilante, se acerca a su padre y de pronto se siente envuelto en sus brazos. Por un segundo recuerda a Dave, porque su padre es tan alto como él, pero le hacen falta sus músculos.
—David —Blaine se sobresalta un poco al escuchar ese nombre en labios de su padre. — me dijo que tenía que acercarme a ti, que tenía que sufrir para que tú me creyeras. Y estoy dispuesto a eso, hijo. Ponme a prueba. Quiero que te des cuenta de que esto es por ti y por mí y no por todo lo que me importaba tanto.
—¿Cuándo hablaste con Dave?
—Hace un par de semanas. Le pedí ayuda a Paul y él llamo a David. Ese chico fue tajante conmigo, me dio una lección. —Su padre se separa de él y coloca las manos sobre los hombros de Blaine. —Es un gran chico y te tiene mucho cariño. Me da gusto saber que estás con alguien que te quiere. —Blaine se aleja de su padre sintiéndose muy incomodo.
—Dave no es mi novio, sólo un buen amigo. —Su padre le mira extrañado pero no dice nada.
Blaine necesita pasar a otra cosa, que el tema se olvide, así que abre la puerta y llama al notario Ross. El hombre mayor entra, los mira y sonríe un poco antes de instalarse de nuevo en su sillón.
—¿Y bien? ¿Qué han decidido?
—Blaine. —La voz de su padre se vuelve profunda y serena. —Para salvar a tu madre y la casa necesitamos trabajar juntos, hijo. La casa está a nuestro nombre y ahora que el banco lo sabe quiere demandar a tu madre por fraude. El notario Ross ha aceptado ayudarnos. Hablará con el gerente del banco para llegar a un acuerdo y yo me encargaré de las otras personas a las que tu mamá les debe dinero.
—¿Has pensado que mamá necesita ayuda profesional? Esto que ha hecho es una muestra de que está muy mal. —Su padre asiente.
—Irá a una clínica de rehabilitación. No es una sugerencia y lo sabe.
—Bien, eso es bueno. —El notario Ross abre uno de los cajones de su escritorio y le entrega un sobre amarillo cerrado a Blaine.
—Ésta es la información que me pediste. No fue fácil pero ya está. —Blaine asiente. Se muere por ver que hay dentro del sobre pero se guarda las ganas para cuando esté solo.
—Gracias. Creo que es hora de que me marche. —Blaine se da media vuelta y justo antes de girar el pomo de la puerta escucha la voz de su padre.
—Hijo, crees que… ¿Puedo llamarte de vez en cuando para hablar? No sé, de la escuela o de cómo va tu verano. Paul me contó que tu escuela ganó las Nacionales de coros en las Vegas. —Blaine lo piensa un momento. Decir que sí es darle una oportunidad a su papá para que lo lastime de nuevo y decir que no significa negarse la oportunidad de saber si su padre puede ser honesto con él.
—Ok.
Sale del despacho y camina rápidamente hasta su coche sin voltear. Ahora la pelota está en el terreno de su padre y ruega porque no la cague.
No puedo creer que el verano esté a la vuelta de la esquina. Y luego a la universidad. Columbus. Nunca pensé ir allí. Papá siempre había insistido en que fuera una universidad lejos de casa. Constantemente me decía que Chicago y Michigan eran buenas opciones pero que también buscara en otros lugares como Nueva York, San Diego, Miami o San Francisco. Pero yo no quería alejarme; quería por lo menos tener la oportunidad de viajar cada fin de semana a Lima. Pero ahora las cosas han cambiado. Blaine y Kurt quieren volar, tiene unas enormes alas para hacerlo. Kurt se ha esforzado mucho para conseguir una beca y Blaine quiere ir a vivir a una gran ciudad. Así que no hay más que hablar: Columbus será mi nuevo hogar y estudiaré una de sus ingenierías. Papá se siente feliz con eso. Creo que hasta cierto punto agradece que esos dos me convencieran para salir de mi entorno. Aunque aún me preocupa dejar solos a mi viejo y a Cristi.
Estaciono frente a mi nueva casa y suspiro sin quererlo. Han pasado meses y aún no me acostumbro del todo, pero ha sido lo mejor. También el divorcio fue lo mejor. Bajo del coche y Otto corre hasta mi feliz meneando la cola. Me hace sentir muy bien verlo así; poco a poco va superando la pérdida de su amo. Daniel Anderson seguramente fue un gran amo pero yo no lo he hecho tan mal. ¿O sí?
—Ey, amigo. ¿Cómo estás? —Otto salta colocando sus dos patas delanteras en mi torso. Juego un rato con él tumbado en la hierba y lanzándole una de sus pelotas. Tengo que llevarlo a la granja porque le encanta. —Bueno, amigo. Tenemos que entrar; me muero de hambre. Hoy nuestros niños no vienen. —Otto se sienta en sus dos patas y tira la pelota. —Ya sé, extrañas a Blaine, pero pronto nos iremos a un lugar donde lo podrás ver diario. Y también a Kurt. —Otto se tira al suelo y apoya la cabeza sobre las patas delanteras. —Algún día vas a tener que darle una oportunidad porque vamos a vivir los tres juntos. —Otto suelta un gemido lastimero que, la verdad, me da mucha risa pero me la aguanto. —Anda. Sé que te cae bien y tú también a él, pero es un poco estricto con sus cosas.
Abro la puerta de la casa. Otto entra tras de mí con la cola ligeramente entre las patas. Escucho unas voces en la sala y camino hacia allá para encontrarme con una escena que me da el peor bajón de buen humor que he tenido en meses. Nora abraza y besa a mi papá; tiene un ramo de rosas rojas en las manos. Algo dentro de mí se retuerce. Alcanzo a ver como papá se aparta avergonzado pero no sé si por ella o por mí, porque de inmediato voltea a mirarme.
—Dave…
No sé qué decir, ni si quiera sé qué pensar. Abro la boca pero ninguna palabra sale de ella. Cuando papá intenta acercárseme simplemente niego con la cabeza, me doy media vuelta y salgo de la casa lo más rápido que puedo. Subo a mi coche y le abro la puerta del copiloto a Otto. Después, arranco sin saber adónde ir.
Una hora más tarde sigo en mi coche, estacionado frente al estadio de Lima, sin saber qué pensar. Lo que he visto creo que me ha fundido el cerebro. ¿Desde cuándo papá y Nora…? ¿Por qué no lo había notado? Lo peor es que me duele pero sé que no soy nadie para juzgarlo ya que papá jamás me ha juzgado a mí. Aún recuerdo la tranquila conversación que tuvimos cuando regresé de las Nacionales.
—Nunca quise ocultártelo, papá, pero no es fácil para mí entender que no puedo estar sin ninguno de los dos. —Mi voz salió casi en un susurro pero mi papá me escuchó perfectamente bien.
—Hijo, este juego tuyo es muy peligroso…
—No es un juego, papá. Ellos saben… Blaine sabe que amo a Kurt pero que no puedo apartarlo a él de mi cabeza. Y sé que Kurt tampoco podría estar únicamente conmigo.
—Hijo —papá enrojeció un poco, bajó la mirada y se acarició la barba por unos segundos buscando las palabras correctas—, comprendo que puede resultar… Excitante.
—¡Papá! —Mi papá sostuvo mi mano y me miró a los ojos.
—Puede ser excitante estar con dos personas que te son atractivas pero tienes que comprender que eso no es lo más importante en la vida y que en el tipo de relación que ustedes tienen lo más probable es que alguien salga lastimado.
—No es sólo por el sexo, papá. Blaine y Kurt son distintos, y buenos, y estar con ellos me hace sentir bien. Y si no lo entiendes yo… —Tragué saliva. —Me iré, porque no pienso elegir.
Después de eso mi viejo rió casi a carcajadas, palmeó mi pierna y me dijo que no fuera tan dramático y que, si eso era lo que quería, mientras no me lastimara a mí mismo ni a nadie más, él estaría conforme. Sé que está preocupado por mí, por lo que podría significar seguir con esto y por las repercusiones que podría tener en casa de Kurt. Mi papá es un gran padre, el mejor del mundo. Y entonces, si sé eso, ¿por qué coño duele tanto que quiera rehacer su vida?
Mi celular sueña con la melodía de Eye of the tiger. Es un mensaje de papá.
Hijo, vuelve a casa. Tengo que explicártelo. Eso que viste no es lo que piensas. Yo no tuve nada que ver con las flores.
Le respondo a papá para que el pobre no esté mordiéndose las uñas. Le digo que en un par de horas estaré en casa. Si él no le envió las flores a Nora, alguien tuvo que mandarlas en su nombre. Y sólo hay una persona que ve romance en todos los malditos lados adonde voltea. Bueno, dos, pero Rachel Berry no cuenta porque no está tanto en casa.
Llegamos a la casa de los Hummel-Hudson y Otto y yo bajamos del coche. Golpeo la puerta un poco más enérgicamente de lo que quería pero no puedo disimularlo, estoy molesto. Finn abre y me sonríe de oreja a oreja pero cuando ve mi semblante su sonrisa vacila un poco.
—¿Puedo hablar con Kurt?
—¿Pasa algo, hermano? No te ves muy bien.
—Le ha mandado flores a Nora de parte mi papá. —Finn se lo piensa un poco.
—Oh. —Piensa un poco más. — ¡Oh! —Imagino que Finn entiende lo que significa porque Kurt hizo prácticamente lo mismo con su papá y la mamá de Finn sin decirle nada a él. —Está en su habitación. En una hora Burt y mamá nos esperan para el viernes en familia. —Asiento. Otto y yo pasamos, subimos las escaleras y entramos al cuarto de Kurt sin llamar por primera vez en todo este tiempo.
Kurt no está en la habitación. Escucho ruido en el baño. Un momento después, sale. Al mirarme sonríe pero de inmediato pierde la sonrisa. Estoy seguro que ya se imagina de qué va todo esto, pero antes de meter las cuatro tengo que asegurarme que ha sido Kurt el que lo ha hecho.
—¿Has sido tú el que le ha enviado las flores? —Kurt primero está un poco incomodo pero luego me mira con cierto desafío.
—Sí, he sido yo. —Contraigo mi mandíbula.
—¿Por qué? —La pregunta la hago lo más tranquilo que puedo.
—¿Y por qué no? Es evidente que ellos se gustan. Yo sólo les he dado un ligero empujón en la dirección correcta. —Lo dice de tal forma que parece una cosa sin importancia.
—No es correcto, Kurt. No puedes ir por la vida empujando a las personas para que hagan lo que crees que les conviene. —Kurt camina hasta mí con la mirada encendida.
—¿Qué esperabas? ¿Que tu papá se quedara toda la vida esperando a la loca de tu madre? —No puedo evitar cerrar mis puños. —Tu padre se merece a alguien en su vida, David, a alguien que lo quiera, y a no un ser mezquino y miserable como tu madre que te mira como si fueras un monstruo y que seguramente si supiera lo nuestro ya habría venido a mojarte con agua bendita y habría traído algún exorcista para que te sacara los demonios. Ella no te quiere, David. Para ella eres una porquería que se quemará eternamente en el infierno.
Todo mi enojo se ha ido a la mierda al escuchar esas palabras. Kurt, de inmediato, ha entendido que ha hecho mal al decirme todo eso de esa manera pero ya era tarde. Siento que mis ojos se llenan de lágrimas. No puedo estar más aquí.
—Dave, no quise… —Kurt quiere tocarme pero Otto gruñe amenazadoramente cuando intenta acercarse más a mí.
—Vámonos, Otto. —No puedo permanecer un segundo más en esta habitación.
Kurt se queda mirando al espacio en el que ha estado Dave, cierra los ojos y empieza a llorar. Esta vez su afilada lengua ha hecho un daño terrible. Y es que no es consciente de en qué punto debe detenerse. En ese momento Blaine entra en la habitación y le abraza.
—¿Qué ha pasado? —Kurt traga saliva y le cuenta todo poco a poco. —Kurt, ¿cómo se te ha ocurrido hacer eso, cariño?
—Ha sido… Es que ellos se veían tan bien juntos… Yo sé que Paul necesita un poco de romance. Y no entiendo por qué Dave se molesta si su madre es una vieja bruja.
—Cariño, esa vieja bruja es su madre. —Kurt suspira. —Es duro para él saber que su madre no lo quiere y además tiene que lidiar con la idea de que él es el culpable de la separación de sus padres. —Kurt levanta la voz con desesperación.
—¡Él no tiene la culpa de nada! —Blaine sonríe y lo sujeta con más fuerza de la cintura.
—Lo sé, cariño. Estoy de tu lado, de nuestro lado. Pero lo que importa ahora no es lo que nosotros pensamos, es lo que David siente. Y él, muy en el fondo, se siente culpable de lo que pasó. Ver a su padre con otra mujer hace todo más real y eso es algo que nos aterroriza a todos. ¿Entiendes? —Kurt da un pequeño sollozo.
—Soy un ser humano terrible. —Blaine ríe y acaricia la espalda de Kurt.
—No. Simplemente es que en ocasiones no piensas en lo que haces, cariño, ni en lo que dices. Voy a hablar con Dave y olvidaremos esto, ¿ok?
—No creo que él lo olvide, Blaine.
—Lo hará porque te ama y eso está por encima de todo lo demás. —Blaine le da un beso a Kurt en los labios y sale de la habitación.
Kurt espera que pueda arreglar las cosas. Odia sentirse tan mal por algo así.
Otra vez frente a mi casa, ahora sin hambre. ¿Por qué me suceden estas cosas justo cuando estoy tan de buenas? Otto y yo bajamos del coche y caminamos lentamente hacia la casa. Antes de entrar le doy unas afectuosas caricias; pasar estos momentos con un buen amigo es algo que se agradece. Abro la puerta y voy a la sala donde me encuentro a papá sentado en su sillón y a Nora en el sofá con una cara que denota tristeza, vergüenza y consternación.
—Buenas tardes. —Papá se pone de pie. Intento sonreír para tranquilizarlo pero fallo. Nora nos mira, se pone de pie también y luego camina hacia mí.
—Siento mucho lo que viste, Dave. Tu papá ya me ha explicado que él no tuvo nada que ver y yo… Lo mejor es que deje el trabajo para no incomodarles más. —Quiere irse pero la detengo sujetándola de la muñeca.
—No es necesario, Nora. Éste es tu trabajo y, si lo dejas, imagino que no tienes otra entrada de dinero. Yo… Sobre reaccioné y me disculpo por ello. —Nora se queda unos segundos mirándome y luego mira a mi padre. —Por favor, Nora. —Ella mueve su cabeza positivamente.
—Yo… Voy a dejarlos solos para que hablen. Si quieren, pueden comer más tarde. —Nora se va y parece que se quedará, aunque aún esta avergonzada por lo sucedido.
Me giro para mirar papá, que sigue de pie. Me siento en el sofá muy cerca su sillón. Otto se sube conmigo y coloca su cabeza en mis piernas con la mirada algo triste.
—Yo no tuve nada que ver con las flores, hijo. —Es lo primero que me dice mi papá después de tomar asiento de nuevo.
—Lo sé. Fue Kurt. —Sus palabras aún me duelen pero no es el momento para concentrarme en eso. —Básicamente ve un romance y se aprovecha de ello.
—Hijo, puede que yo no haya enviado las flores pero…
—Te habría gustado ser tú quien hubiera tenido ese detalle. —Me hace cierta gracia que papá se sonroje por lo que le acabo de decir. —Comprendo que quieras rehacer tu vida, papá, y es normal. Hace un momento hice un drama que no pegaba nada y, de verdad, te pido disculpas por ello. Es que verte fue… Bueno, golpeó duro, ¿sabes? Es ver que de verdad mamá y tú nunca volverán a estarán juntos. Una parte de mí me dice que debo de estar feliz por ti pero otra me recuerda que yo soy el culpable de todo esto. —Mi viejo se pone de pie, frustrado.
—No es culpa tuya, Dave. ¿Cuándo lo entenderás, hijo? Tu mamá eligió un camino distinto al nuestro. Y puedes amarla porque es tu madre, una parte de mi también la ama, pero debemos seguir adelante. Tienes que recordar que esto no es por tu culpa, hijo.
—Créeme, me lo repito una y otra vez pero hay una parte de mí que aún me lo discute. No sé, tal vez cuando sea más mayor lo entienda mejor. Por lo pronto quiero que sepas que estoy feliz con la idea de que salgas con alguien. Mereces que ten hagan feliz, papá. Eres un gran ser humano y no me gustaría que te quedaras solo. Yo me iré pronto. Y luego Cristi. No mereces la soledad como única compañía.
Papá me sonríe y vuelve a sentarse.
—Nunca estaré solo, hijo. Además esta casa siempre será su casa; quiero ver a mis nietos jugando por aquí. Y algo me dice que veré a los hijos de tus amigos también. —Sonrío. Es seguro que sí. Papá, de pronto, se pone serio.
—¿Qué pasa? —Mi viejo suspira.
—Tiene un hijo de trece años. —La consternación de papá termina matándome de la risa.
—Sabrás conquistarlo, papá. Eres un gran tipo y seguro que si le muestras que vas en serio con su mamá él les dará una oportunidad. Porque vas en serio con ella, ¿verdad, papá? —Papá suelta una carcajada.
—Claro que sí, hijo. Sabes que no podría ser de otra forma.
Otto se levanta de pronto y va corriendo hasta la puerta principal. Con las patas empieza a empujarla mientras menea la cola de lo más contento. Cuando el timbre suena imagino por qué mi perro está tan contento. En cuando abro la puerta Otto se lanza sobre Blaine quien termina cayendo de espaldas en el jardín. De inmediato, le quito al perro de encima. Blaine se levanta con una sonrisa en el rostro.
—Pasa, por favor. —Blaine entra y saluda a papá.
—¿Podemos hablar? —Ya me imagino a qué puede venir; seguro Kurt le ha contado todo.
—Claro. Estaremos arriba, papá. —Mi viejo asiente.
—Espero que nos acompañes en la mesa. Dave no ha comido nada y yo tampoco. ¿Les parece en una hora? —Blaine dice que sí de inmediato. Papá se va al despacho y nosotros subimos a mi habitación.
En mi cuarto, Otto se extiende en el sofá que les gusta tanto a Kurt y Blaine. Éste me mira unos segundos y después me abraza. Sentir sus manos sobre mi espalada, tranquilizándome, me hace sentir muy bien. Blaine es experto en esto, en calmarme con sus caricias y, de alguna manera, en decirme que las cosas estarán bien.
—Sabes que lamenta lo que te ha dicho, ¿verdad?
—Lo sé, pero me ha dolido mucho. —Blaine me arrastra hasta la cama. Aún abrazados aspiro el perfume de su cabello y suspiro. —Sé que tiene razón. Y no estoy molesto con él, ya no. —Blaine cuela su mano por debajo de mi camiseta y acaricia mi abdomen.
—Tal vez no es el momento, Grizzly, pero ya sé donde están los restos de Tom. —Aún con Blaine entre mis brazos me incorporo un poco para poder mirarlo a la cara.
—¿Dónde? —Blaine se reacomoda entre mis brazos mientras su mano sigue acariciando el vello de mi torso.
—En Baltimore. Tu abuela tenía familia en esa ciudad y decidieron enterrar el cuerpo de Tom allí. Si quieres, las cosas están listas para ir. —Me dejo caer en la cama y estamos así, Blaine acariciándome abrazado a mí y yo mirando hacia la nada, durante bastante tiempo.
—Quiero ir; hablaré con papá. Y me encantaría que Kurt y tú me acompañaran. —Blaine sonríe y luego me besa profundamente. Sus labios son dulces y tiene una forma de hacerlo que no es nada demandante. Amo cuando Blaine hace eso.
—Lo lamento mucho pero que no podré acompañarlos. —Antes de que me pueda poner histérico Blaine me besa de nuevo. —Prometí ayudar a papá con lo de la casa. Y además este fin de semana mamá se va a la clínica de rehabilitación. —Blaine nos ha hablado de los problemas de su madre y admiro que esté al lado de su padre después de todo pero también me mosquea un poco que no pueda ir con nosotros.
—Podemos dejarlo para otro fin de semana. Nos quedaremos contigo. —Blaine me besa de nuevo, esta vez con un poco más pasión, mordiendo mis labios y enredando su lengua con la mía de una forma sensualmente criminal. Cuando se separa de mí doy un gemido algo indecente y él me sonríe.
—Es cosa de familia, Grizzly. A mi mamá no le gustaría que otras personas estuvieran ahí y es importante que ella vea que nosotros respetamos eso. No quiero que retrases más el cierre de este círculo. Ustedes pueden ir a Baltimore. Sólo prométeme que no se asesinarán en el viaje. —Empujo a Blaine suavemente sobre la cama para besarlo y acariciarlo con libertad.
—Te lo prometo —le digo entre besos.
Pensé que sería complicado conseguir el permiso del señor Hummel para que Kurt nos acompañara pero no fue así. El señor Hummel aceptó de inmediato cuando mi viejo le contó toda la historia y nos confió el bienestar de su hijo. Cristi quería hacer el viaje con nosotros pero un evento en el colegio la ha dejado fuera. Para papá y para mí es muy importante, es el cierre definitivo de una historia que los dos conocimos por diferentes caminos.
Cuando llegamos al cementerio lo encontramos en ruinas. Según la persona que nos acompaña el cementerio municipal cambió de lugar unos cinco años atrás y sólo las tumbas de personas desconocidas se quedaron en el antiguo cementerio. Caminamos entre las tumbas en pedazos, algunas de ellas completamente resquebrajadas. Parece la localización de una película de George Romero. Kurt sostiene mi mano estoico y sereno. Pensé que le podría afectar mucho pero no muestra ni miedo ni asco, sólo se concentra en tomar mi mano y caminar altivo por el lugar.
La persona que nos ha traído es un enviado del abogado de Blaine. Llegamos hasta el fondo del cementerio donde el hombre nos señala la tumba que deseamos ver. Esta tan deteriorada como las demás, sin nombre ni epitafio, solo con una fecha. Aquí yace el único miembro de mi familia que nunca conocí pero que pudo haberme conocido mejor que nadie, y me duele ver la ruina a la que mis abuelos condenaron sus restos. Como las personas religiosas que eran tuvieron que dar sagrada sepultura a los restos de su hijo pero no hicieron nada para mantener decorosamente el lugar donde esos restos descansaban. Llorar es demasiado poco, dejar que mis lágrimas escurran hasta la deshecha tierra donde está la tumba destrozada.
El brazo derecho de Kurt me rodea los hombros y me jala hacia él. Es reconfortante y me hace preguntarme si Tom tuvo a alguien. No lo creo. Y eso hace terrible este final porque quiere decir que nunca logró amar a nadie. Me abrazo a Kurt. Su delgada figura es lo único que me mantiene firme, su aliento es el aire puro que necesito para soportar toda esta mierda y sus caricias son la esperanza de que existe algo más que el dolor, la soledad y la desesperanza. Papá se nos acerca, mira la tumba y luego baja el rostro.
—¿Cuánto tardaría en sacarlo de aquí y ponerlo en el cementerio nuevo? —El hombre que nos ha traído menea la cabeza con una ligera sonrisa en el rostro.
—El abogado Ross pensó que a ustedes les gustaría hacerlo y se adelantó un poco con los permisos. Lo único que necesitan hacer es firmar como responsables y pagar por los derechos de suelo. —Mi viejo asiente.
Cenamos casi en silencio. Baltimore tiene una excelente langosta y esta noche agradezco dos cosas: la comida y el increíble contacto físico que Kurt ha tenido conmigo. El simple roce de sus manos con las mías es algo que me hace sentir vivo y conectado con algo, con alguien. Odio un poco estar tan sentimental pero no lo puedo evitar, ha sido una semana difícil. Me pregunto si Kurt ha estado así conmigo porque aún se siente culpable por lo que me dijo, porque yo ya lo he disculpado. Sé que no me habló así con mala intención.
Papá termina su cerveza. Tiene un semblante pensativo y nostálgico. El cuerpo de Tom estará mañana a primera hora en el lote que papá ha comprado en el cementerio con una placa que hemos mandado instalar en su tumba. Es lo menos que podemos hacer por él y sé que papá siente que es insuficiente.
—Tengo una duda, ¿cómo supo Blaine que los restos del tío Tom estaban en un cementerio? Siempre pensé que sus padres le habrían dejado en una fosa común. —Los ojos de Kurt bailan un poco, imagino que piensa en las posibilidades reales de que eso hubiese sucedido.
—Blaine debió pensar que los abuelos, al ser tan religiosos, no dejarían el cuerpo del tío Tom sin ser sepultado como Dios manda. —Papá asiente. Su mirada se ve cansada. Intenta sonreírnos pero está hecho polvo.
—Bueno, chicos, yo me voy a mi cuarto. Mañana temprano tenemos que estar en el cementerio. No se desvelen mucho. —Papá me deja una llave sobre la mesa y Kurt me sonríe. Es más que obvio que compartiremos habitación.
Un poco después, Kurt termina su comida y me mira con sus increíbles ojos azules.
—¿Estás bien? —Asiento.
—Hemos cerrado el círculo: sabemos donde está, tendremos un lugar para venir a dejarle flores y creo que donde sea que se encuentre sentirá que tiene una familia. —Kurt me da un apretón en afectuoso en la mano. —¿Quieres algo más? —Él niega.
—En realidad estoy muerto. Quiero un baño y meterme a la cama.
Pago la cuenta y nos vamos a nuestra habitación tomados de las manos y esquivando alguna que otra mirada que no es del todo amistosa pero que justo esta noche no me importa. Entramos y Kurt se lanza sobre la cama. Después se quita las botas, se desata el nudo del corbatín y suspira con satisfacción.
—Entra tú primero a la ducha; sabes que yo tardo siglos y no quiero que me estés esperando. —Sin discutir mucho me doy una ducha rápida. Cuando salgo Kurt está desnudo sobre la cama. Al verme corre a tomar mi lugar no sin antes darme un ligero beso.
Después de secarme sólo me pongo un bóxer negro. Por alguna extraña razón no quiero recostarme así que camino hasta la terraza. Abro el ventanal de par en par y miro el puerto de Baltimore y las pequeñas embarcaciones ancladas. Empiezan a caer unas cuantas gotas de lluvia.
Suprimo las ganas de enviarle un mensaje a Blaine. Cuando llegamos a Maryland nos dijo que tendría apagado su celular porque estaría con sus padres todo el fin de semana en el centro de rehabilitación y tengo que respetarlo.
La tormenta empieza arreciar mientras yo estoy perdido en mis recuerdos de infancia, en la forma en la que mi madre siempre me miraba cuando empecé a entrar en la adolescencia. De una u otra forma creo que siempre lo supo, que siempre temió que fuera diferente, y aun así esperó sin decir nada. Tal vez si ya antes hubiera sido una mala madre esto sería más sencillo, pero no siempre fue como lo es hoy. Mi madre, la madre que tuve cuando era niño, era cariñosa, atenta y siempre se ocupaba de lo que pudieran querer sus hijos. Ella me hizo mi primer disfraz del día de brujas, besaba mi frente cuando me caía en mis primeros intentos por andar en bicicleta, me compró mi primer balón de fútbol y casi manda a enmarcar cada reconocimiento que recibí como primero en matemáticas en cada uno de los grados que cursé mientras estuvo a mi lado. Y ahora…
—Ey. —Un brazo de Kurt me rodea los hombros y el otro va a mi pecho acariciándome el vello que hay entre mis pectorales. —¿Qué pasa? Si sigues aquí vas a pescar un resfriado. ¿No ves que hay tormenta? —Su tono es afectuoso y divertido.
Me giro un poco entre sus brazos y lo beso suavemente. Kurt gime feliz. Enredo mis brazos en su cintura y él lleva los suyos a mi cuello. Me doy cuenta de que está desnudo frente a mí. El beso se hace más demándate. Caminamos así hasta la cama y caemos en ella sin dejar de besarnos. Sus manos me acarician la espalda y nuestras lenguas se enredan con la misma facilidad que nuestros cuerpos.
Kurt me empuja suavemente sobre la cama hasta quedar encima de mí. Separa su boca de la mía y de inmediato toma mi cuello, muerde mis pezones y sigue un camino de besos hasta llegar a la cinturilla de mi ropa interior. Sus manos juegan con mi polla dolorosamente atrapada en mi ropa. Los dedos de Kurt se mueven lentamente por todo el contorno de mi erección, haciéndome jadear y casi suplicar.
Poco a poco Kurt va deshaciéndose de mi ropa interior hasta que mi miembro queda a la vista. Kurt no me toma de inmediato sino que juega con mi erección y hace que me retuerza de deseo en la cama y que suplique por su atención. Pero él no hace nada más que seguir subiendo y bajando su mano por mi polla. Después su cuerpo serpentea sobre el mío hasta que llega a mi boca donde me besa apasionadamente. Luego, de un solo movimiento, toma en su boca todo lo que puede de mi erección. Sus manos bajan y suben por mis muslos lentamente haciendo una endemoniada combinación con su boca, que se mueve con avidez.
Siento una sensación extraña cuando la palma de su mano acaricia más allá de la piel de mis testículos. Cuando sus dedos rozan la piel cercana mi culo gimo con desesperación. Kurt lo nota, deja mi erección y me mira unos segundos. Lentamente, lleva su dedo medio hasta su boca para llenarlo bien de saliva y luego empieza a hacer círculos indecentes alrededor de la piel de mi culo.
—¡Joder! —Mi respiración se atasca. Esto es demasiado. Es intimo y glorioso. Kurt me mira y empieza a acariciarme con los nudillos. —Kurt… —Él sigue así, esperando a que yo diga algo más, a que haga algo más. Cierro los ojos, humedezco lentamente mis labios y asiento con la cabeza.
Kurt desliza el primer dedo dentro de mí muy despacio a la vez que su boca sube y baja sobre mi erección. Puedo sentir como su dedo se mueve dentro de mí y luego sale, repitiendo continuamente ese torturante movimiento hasta que añade un dedo más. Se me escapa un quejido pero no es de dolor; la lengua de Kurt recorre la piel que cubre mis pelotas. Las succiona lentamente y ya no puedo soportarlo. Necesito algo más que sus dedos. Él lo sabe, porque detiene sus caricias y viene hasta mi boca para besarme profundamente mientras busca los preservativos que deben de estar en algún punto sobre la cama. Agarro sus muñecas y lo acerco aún más a mí sin dejar de besarlo. Quiere liberarse pero se lo impido. Termina cediendo al beso. Sin separarme de sus labios del todo, se lo digo.
—Sólo tú. Te quiero sentir a ti. —Kurt traga saliva. Me imagino que piensa qué tan arriesgado es lo que le estoy pidiendo. Nosotros sólo hemos estado con Blaine y, me duele decirlo, él sería el único que podría tener un problema. Sin embargo entre nosotros siempre hemos usado preservativo… Hasta hoy.
Kurt vierte lubricante sobre su erección, sube una de mis piernas sobre su hombro y coloca la punta de su polla en mi culo. La abertura se resiste pero no me importa; él va empujando tan lento como antes sus dedos habían entrado en mí. Kurt tiene los ojos cerrados, sus músculos son visibles porque están tensos, su brazo izquierdo se aferra a la pierna que tengo sobre su hombro y su mano derecha se apoya sobre la que tengo extendida en la cama.
Esta completamente dentro de mí. Ambos jadeamos y nos miramos a los ojos. Kurt empieza a moverse con la misma suavidad con la que ha llevado todo esto. Echa su cabeza hacia atrás aumentando el ritmo de sus penetraciones elevando un poco el ángulo y haciendo contacto con algo que me hace gemir ronco. Instintivamente, rodeo el cuerpo de Kurt con mis piernas y lo acerco más a mí. Él se sostiene mi cadera y mirándome empieza a embestirme con más fuerza sin perder el ritmo. Sus manos me dejarán marca, en sus brazos se notan los músculos que hacen el esfuerzo y su ojos, su benditos ojos, son como dos llamas azules que me arrastran hacia el orgasmo. El cuerpo de Kurt es ágil y flexible. Sigue moviéndose mientras se inclina para besarme con hambre y pasión. Estoy tan cerca, tan jodidamente cerca.
—Tócate. Termina para mí, teddy bear. —La voz de Kurt es profunda como nunca. Mi mano izquierda va de inmediato a mi erección. Tres duras caricias y derramo mi semen sobre nuestros pechos. Kurt sigue moviéndose, rápido, un poco más rápido, y después siento como se corre dentro de mí.
Kurt cae primero sobre mi pecho y luego rueda hasta quedar a mi lado. Nuestras respiraciones están aceleradas, como si hubiésemos corrido una maratón. Cierro los ojos un momento tratando de comprender todo lo que ha sucedido. Un viento frío me hace estremecer. Giro mi cuerpo hacia el ventanal abierto; afuera la lluvia sigue cayendo copiosamente.
Siento una manta sobre mí y el brazo derecho de Kurt rodeando mi pecho mientras me besa el cuello. Permanecemos así, viendo la lluvia caer y disfrutando de nuestro calor, mucho rato. Pienso que se ha dormido pero su mano acariciando mi pecho me dice todo lo contrario.
—¿Se lo vamos a decir? —pregunto casi en un susurro. Kurt no me dice nada de momento; se limita a besar mi hombro.
—No lo sé. —Suspira y me gira lentamente para que podamos vernos. —Ahora mismo no quiero pensarlo, sólo quiero disfrutar de esto. —Su mirada vacila y se pierde en un punto indeterminado de mi pecho para luego regresar firme hacia mis ojos. —El otro día, en las Vegas, cuando te dije que te amaba, fue… Un impulso, algo del momento, pero no sabía si de verdad lo hacía. Pero ahora… Sé que te amo, Dave. Sé que de verdad te amo. Y no sólo por esto. Cuando nos peleamos sentí que mi corazón se rompía, cuando vi tu mirada herida por mis palabras… —Esto es maravilloso pero me asusta tanto.
—Kurt…
—Hace tiempo me prometiste que no me harías elegir y hoy yo te prometo lo mismo, porque yo tampoco podría hacerlo. Pero mientras dure esta noche quiero que sea sólo nuestra. —Las yemas de sus dedos me acarician lentamente el pecho y llegan a mi antebrazo. Luego, gentilmente, toma mi mano. —Durante mucho tiempo pensé que tocar la punta de los dedos de otra persona era una maravillosa muestra de amor pero ahora que les conozco he descubierto que el amor tiene que demostrarse con más que eso.
Nos unimos en nuevo beso, suave pero tan profundo que nos hace suspirar a ambos. Esta noche no dormiremos, lo sé, y no me importa.
Los primeros rayos del sol nos sorprenden mientras Kurt está sobre mí, abrazándome con fuerza y frotando su cara contra mi pecho cariñosamente. Acaricio su pelo y su suave piel.
—¿Sabes que me encantan el vello de tu pecho? —me dice mientras sigue frotando su rostro.
—¿En serio? Pensé que era una muestra más de que soy un neandertal. —Me da un sonoro beso en medio de los pectorales y suspira. —Gracias por acompañarme, Kurt.
Una hora después desayunamos con papá y luego vamos al cementerio. La ceremonia es tranquila. Un cura hace una plegaria mientras que el féretro es colocado en la tumba. Una pesada plancha de cemento cae y en ella papá manda poner la placa. El nombre, Thomas Allen, amado cuñado y tío, y el epitafio Mis restos mortales yacen en este lugar pero mi espíritu, mi alma y mi lucha siempre acompañarán a quienes me hayan amado de verdad resaltan en color dorado. Kurt rodea mi brazo izquierdo y me promete que Baltimore siempre será uno de nuestros destinos porque tenemos a alguien a quien visitar.
Agradecemos al hombre que nos ha acompañado y luego volvemos de regreso a Lima. En el avión, Kurt y yo hablamos en la forma de decírselo a Blaine. Esperamos que esto no signifique nada malo para él, aunque es complicado. Lo conocemos y si llega a enterarse ahora pensaría que está interfiriendo entre nosotros. De pronto, la respuesta es lógica: No le diremos nada de momento.
Decidimos que pasaremos el domingo con nuestras familias. Blaine no llega a Lima hasta la noche y eso nos da un respiro. Una parte de mí dice que estoy dañando seriamente a Blaine. Otra, la más racional, me dice que es lo mejor que puedo hacer por ahora. Blaine está pasando por muchas cosas aunque no lo diga y saber algo así podría dar al traste con lo que tenemos. Y ni Kurt ni yo queremos eso.
El domingo, papá, Santana, Cristi y yo lo pasamos hablando. Papá tiene planes de salir a cenar con Nora el martes y ese día conocerá a su hijo; todo lo que sabemos de él es que se llama Jack. Sorprendentemente a Cristi no le importa mucho que papá tenga unos nuevos intereses románticos. Pero eso no es lo que me preocupa, lo que me hace pensar es la manera en que habla de mamá; creo que mi hermana puede llegar a odiar a nuestra madre.
Santana está pensando en hablar con sus padres sobre la universidad. Papá ya le ha dicho que él puede solventar ese gasto pero ella quiere que sus padres al menos le den el fideicomiso que abrieron para su fondo escolar. Es suyo pero la verdad es que no creo que el Doctor López acepte darle algo a su hija. La distancia que hay entre ellos parece cada día más insalvable. Aunque me da gusto que las cosas con Brittany vayan bastante bien.
Es curioso como Santana y ella no son hostigadas por nadie en McKinley. De hecho, muchos deportistas las miran con cara anhelante cada vez que pasan cerca de ellos. Es como si de pronto esperaran que ellas les dieran oportunidad de verlas en acción. Aunque la salida de Santana sigue siendo un secreto a voces en McKinley.
El lunes por la mañana Blaine y Kurt pasan a buscarme. El camino es increíblemente corto con la plática que Blaine tiene con nosotros y con sus preguntas sobre Baltimore. Kurt y yo estamos un poco incómodos pero tenemos que hacer funcionar esto; si estamos en el camino debemos seguir la decisión hasta el final con todas sus consecuencias.
Las clases ahuyentan un poco los fantasmas y para el final del día tengo algo que necesito cantar para dar un paso hacia lo que será mi nueva vida.
—Bien, chicos. Sé que todos estamos emocionados y que ya quedan pocos días de clases, por eso ésta será su última asignación para el club Glee. —El profesor Schuester escribe en la pizarra hasta pronto. —Una canción que para ustedes signifique un viaje del que regresarán.
No levanto mi mano histéricamente como Rachel, simplemente me pongo de pie y tomo una de las guitarras de la banda. El señor Schuester me sonríe y toma mi lugar en las sillas mientras yo me siento frente a mis compañeros. Antes de empezar tengo la necesidad de hablarles.
—Este año ha sido un completo viaje para mí. Nunca pensé que salir del armario me traería hasta aquí y me ayudaría a encontrar amigos para toda la vida. Estamos a punto de emprender un viaje y a partir de ahora en muchas ocasiones recordaremos nuestro pasado, nuestras raíces. Durante el fin de semana pasado esta canción golpeó mis sentidos y hoy quiero compartirla con ustedes.
Empiezo a tocar la guitarra y luego Brad me sigue en el piano. Me sorprende cuando Rachel, Mercedes y Quinn sueltan un suspiro en cuanto canto.
I've dealt with my ghosts and I've faced all my demons
Finally content with a past I regret
I've found you, find strength in your moments of weakness
For once I'm at peace with myself
Kurt toma la mano de Blaine y ambos me miran con sus ojos brillantes de las lágrimas que se asoman pero no escapan.
I've been burdened with blame,
trapped in the past for too long
I'm movin' on
Cada minuto me he arrepentido de todo lo que le hice a Kurt, de todo lo que mi viejo sufrió mientras yo no decidía que hacer conmigo y mis sentimientos. Ahora puedo decir que soy libre. Y ellos también.
I've lived in this place and I know all the faces
Each one is different but they're always the same
They mean me no harm but it's time that I face it
They'll never allow me to change
But I never dreamed home would end up where I don't belong
I'm movin' on
No puedo seguir. Mi voz se quiebra por tantos recuerdos y momentos que esta canción me recuerda, pero mis compañeros siguen por mí mientras Brad y yo tocamos.
I'm movin' on
At last I can see life has been patiently waiting for me
Me calmo lo suficiente para unir mi voz a las suyas mirando directamente a Blaine y Kurt.
And I know there's no guarantees, but I'm not alone
There comes a time in everyone's life
When all you can see are the years passing by
And I have made up my mind… that those days are gone
Kurt me dice con sus labios te amo. Blaine por fin rompe en llanto, uno silencioso y discreto, como él.
I sold what I could and packed what I couldn't
Stopped to fill up on my way out of town
I've loved like I should but lived like I shouldn't
I had to lose everything to find out
Maybe forgiveness will find me somewhere down this road
I'm movin' on
Las últimas notas suenan en el piano de Brad. Cuando la canción muere, Kurt es el primero en ponerse de pie, seguido por Blaine, para abrazarme con fuerza. En seguida se les unen todos los chicos de Glee y aquí empieza el ejercicio de decir hasta luego.
