Hay algo sagrado en las lágrimas. No son señal de debilidad sino de poder. Son las mensajeras de una pena abrumadora y de un amor indescriptible.

Washington Irving


Blaine observa desde la terraza del departamento la vista que tienen sobre el río Hudson. Entre las luces alcanza a distinguir la silueta de la Estatua de la Libertad. Dave siempre le había dicho que la vista del departamento era maravillosa, perfecta para una tarde en la que tuviera que aprender el dialogo de algún musical. A lo largo de todos esos años juntos, ya casi diez, Blaine había utilizado mucho esa terraza y esa vista para inspirarse para alguna canción o diálogo. Dave siempre tenía razón.

Sin embargo, en está ocasión no hay diálogos que aprender ni música que no quiera salir de su cabeza. Esta vez Blaine tiene que tomar una decisión definitiva a su situación. No había querido que este momento llegara. Había estado postergándolo desde que se había enterado de lo sucedido en Baltimore siete años atrás.

Las miradas de David y Kurt eran de culpa y Blaine sentía una decepción enorme en su corazón. No pensaba en lo que había visto que estaban haciendo sino en la mentira, en una que había durado tres años.

¿Por qué no me lo dijeron? —Dave bajó el rostro mientras Kurt desviaba la mirada. — Durante este tiempo hemos hecho muchas cosas y era lógico que ustedes hayan querido compartir algo así pero sigo sin entender por qué no me lo dijeron. ¿Qué creían que les podría decir? Joder, cualquier cosa habría sido mejor que descubrirlo con mis propios ojos y por un estúpido error.

Blaine…

¡Qué, David? ¿Me pueden negar que si no hubiera llegado antes de la gira jamás me habría enterado? —Blaine se tragó el nudo de la garganta. — Entonces, ¿qué? ¿Lo hacen así siempre que no estoy? ¿Esperan a que me vaya para que Kurt pueda follarte?

¡Basta, Blaine! —Kurt se puso de pie. — Sólo ha pasado tres veces y no es porque estés tú o no. Pasa cuando estamos de un determinado estado de ánimo. La primera vez que sucedió fue en Baltimore, cuando enterramos al tío Tom. —Blaine bajó los parpados unos segundos; no esperaba que hubiera sucedido entonces. —Las siguiente fue cuando papá estuvo a punto de perder el taller. —Blaine negó; él había estado en una gira de dos semanas y le había encargado a su padre que ayudara al señor Hummel. —Y ésta ha sido la tercera.

Ya. ¿Y ésta por qué ha sido? —Blaine ni siquiera intentó que su voz sonara menos despectiva y acida.

Porque te extrañábamos. —Blaine miró a David y sus ojos se inundaron de lágrimas. La voz de Dave había sido honesta pero…

¿Saben? Lo peor es que si ustedes me lo hubieran dicho cuando sucedió habría sido totalmente distinto. Seguramente me hubiera calentado, les habría pedido algo pervertido a cambio, algo enfermo y divertido. Pero ustedes me lo escondieron. Lo convirtieron en algo sucio al dejarlo sólo para ustedes.

No queríamos que pensaras mal, no queríamos que supusieras que no te queremos. Kurt me acaba de decir que te ama y…

Y por eso te estaba follando sobre nuestra cama. —Dave desvió la mirada una vez más. — No querían que pensara mal… —Blaine meneó la cabeza —¿Y qué puedo pensar ahora?

Cariño, por favor… —Kurt quiso acercarse pero Blaine se apartó de inmediato.

Ahora no, Kurt. Me voy. Necesito estar un par de horas solo. —Los rostros de Dave y Kurt se descompusieron y el miedo se apoderó de la verde mirada de Dave.

No… Blaine…

Blaine miró a Dave a los ojos. Tuvo que usar todo su autocontrol para no llorar. Había tanto en esa mirada. Y entre todo eso especial que Blaine había estado queriendo descubrir desde siempre. Pero algo le decía que no debía engañarse, que tal vez eso que él pensaba no era más que culpa. Apartó la mirada de Dave porque ya no podía soportarlo.

Yo… Regresaré en un par de horas.

Aquella noche Blaine caminó durante horas por las calles cercanas al departamento. Durante todo ese tiempo pensó en lo sucedido y en la mirada de Dave al verlo salir de la casa. Se dio cuenta de que se moría por escuchar que las cosas no habían cambiado.

En algún punto decidió que necesitaba un buen trago. No era hombre de beber cuando tenía problemas, sin embargo esa noche lo necesitó. El bar era como tantos otros que habían visitado durante esos años en Nueva York. Ya había bebido un par de whiskys cuando se le acercó una chica. Él siempre había tenido mucho éxito con las chicas y ésa en particular tenía unos ojos verdes que le recordaron a los de Dave y un hermoso cabello castaño que le caía sobre los hombros. Coquetearon y un par de horas después estaba en el estacionamiento del bar, en el coche de la chica y con la boca de ella sobre su polla. Después follaron en el departamento de la chica.

En cuanto Blaine pudo moverse, se marchó y regresó a casa. Dave lo esperaba en el sofá. Le abrazó y besó con tanta ternura que Blaine se sintió sucio durante días. Dave y Kurt le pidieron perdón tantas veces que Blaine perdió la cuenta y tuvo la decencia de decirles que olvidaran el tema para siempre.

Después de eso nada fue igual. En realidad, todo mejoró para los tres. Dave, que siempre sabía cómo dividirse para ellos dos, hizo cosas hermosas por Blaine: alcanzarlo en alguna gira, ayudarlo a componer canciones junto con Kurt y entre ambos lo cuidaron cuando estuvo a punto de tener nódulos en las cuerdas.

Pero Blaine no podía seguir pretendiendo que no veía nada más allá de estar con Kurt y con Dave, sobre todo después de haberlos visto con el hijo de Cristi el fin de semana anterior. Así que decidió que era momento de hacer lo que tenía que hacer.


Kurt entra al departamento cansado pero feliz. Había sido un día particularmente productivo, por fin había terminado el diseño del ala norte del edificio y la armonía entre los colores se sentía perfecta. Piensa que tal vez debería hacer algo para sus chicos, quizá cocinarles algo especial y después usar ese traje de criada francesa que Dave le había regalado para futuras ocasiones. Y qué mejor ocasión que ésta…

En cuanto siente la brisa se da cuenta de que Blaine está en la terraza. Kurt se acerca lentamente esperando sorprenderlo pero en cuanto ve su semblante el sorprendido es él.

—Pensé que estarías aún en el conservatorio. —Blaine se sobresalta pero de inmediato se recompone.

—Necesito hablar con ustedes de algo importante. —Kurt no tiene tanta paciencia como para esperar a Dave, que por lo regular siempre es el último en llegar.

—¿Qué pasa, Blaine? —Ve como traga saliva y luego escucha su profunda voz.

—Quiero salir con alguien más. —La boca de Kurt se abre ligeramente. Se imaginaba algo pero no tan grave.

—¿Qué?

—Hay una chica… —Kurt no puede evitar hacer una mueca y rodar sus ojos.

—¿Una chica? Perdón pero pensé que ya habíamos tenido esta conversación hace muchos años. Eres gay, Blaine, y no sé que esté pasando por tu mente pero salircon una chica no lo solucionará. —La voz de Kurt suena ligeramente histérica y se exalta aún más al ver a Blaine negar.

—Aquella vez tenía diecisiete años. Ahora tengo veintiocho y quiero salir con una chica. ¿Cuál es el maldito problema?

—El maldito problema es que tu papá es quién te ha metido la idea de que tienes que salir con chicas cuando eres ¡gay!

Kurt está que trina de coraje porque se imagina de donde puede venir el repentino interés de Blaine por las mujeres. El fin de semana anterior habían estado en Lima para el nacimiento del hijo de Cristi y cuando fueron a visitar al señor Anderson éste le hablo a Blaine sobre la paternidad y sobre sentar cabeza. Más tarde, en privado, le dijo que él lo apoyaba si era gay pero que le gustaría que probara saliendo con algunas mujeres. Y ahora Blaine salía con esta tontería.

—¡Papá no tiene nada que ver con esto!

—¡Por favor!

En ese momento Dave entra al departamento y ambos guardan silencio viendo hacia lados opuestos. Dave los mira a ambos intensamente.


Mientras estaba metiendo la llave a la cerradura pensé que los gritos serían del televisor o tal vez Kurt explicándole a Blaine la diferencia radical entre el azul turquesa y el azul aguamarina pero al entrar y verlos me doy cuenta que esto es grave. Aquí hay una pelea monumental de la que no tenía ni idea.

—¿Qué pasa? —Ninguno me contesta pero Blaine se ve más incomodo. Kurt solloza y luego me mira con el rostro rojo y algunas lágrimas escapando de sus ojos.

—Blaine, que ha decidido dejarnos para salir con chicas. —Vaya, decir que siento mercurio liquido cayendo en mi estomago sería quedarme corto pero tengo que controlarme porque Kurt está muy cerca de explotar.

—Quiero probar otras cosas. Nosotros siempre dijimos que esto existiría mientras los tres estuviéramos conformes. Bueno, yo ya no lo estoy y quiero salir con Lucy. —Kurt mira a Blaine de tal forma que no sé cómo es que todavía está vivo.

—¿Lucy? ¿Lucy tu compañera? ¿Esa insignificante mujer? —Bien, tengo que hacer algo ya.

—Vamos a salir —le digo a Blaine cuando Kurt se gira para darle la espalda. —Hablemos mientras caminamos. No tenemos que estar aquí.

—Vayan ustedes, yo no tengo por qué hablar de nada. Si Blaine quiere cambiarnos por un par de tetas, adelante. —Con eso Kurt se encierra en nuestra habitación. Sé que tiene el corazón tan destrozado como yo.

Blaine y yo salimos del departamento y caminamos hasta llegar a un pequeño parque a dos cuadras de nuestro edificio. No sé qué decirle. Mierda, ni siquiera sé qué pensar. Hasta hace unas horas sólo esperaba llegar a casa, hablar con mis chicos y tener algo de intimidad, no sé, algo que me ayudara un poco a quitarme el estrés de abrir la nueva sucursal de la constructora en Cordell y manejar todo desde Manhattan. Y ahora camino con un taciturno Blaine y no quiero darle vueltas al maldito asunto. Pensar en él con alguna chica hace que tenga muchas ganas de ser el Dave que reaccionaba cortando cabezas y luego investigaba.

—¿Es cierto? —Blaine suspira y asiente. —¿Por qué? Y no me digas que es porque quieres experimentar porque sabes bien que no voy a creerme esa tontería.

—Ustedes se aman y es tiempo de terminar esto. Al principio será difícil para los tres pero saldremos adelante. —Creo que Blaine también ha escuchado mi corazón romperse.

—¿Qué? —Me paro para verlo y sus ojos vacilan. —Dime la verdad, Blaine. —Me trago el nudo de mi garganta. —¿Es por lo que sucedió en Baltimore? ¿Aún no lo has olvidado y esto es tu forma de hacernos pagar? —Blaine mira hacia el césped mordiéndose el labio inferior.

—Ustedes han estado así, se aman y tienen una intimidad superior a la que tienen conmigo. —Sus palabras me calan.

—¿Esto es porque Kurt me folló? ¿Quieres tú hacer lo mismo? Blaine, ¡carajo! ¡Te amo! ¿Qué quieres para cambiar de idea? —Las palabras resbalan de mi boca con facilidad. Sé que Blaine no duda de mi honestidad pero lo único que hace es llorar. —Blaine, habla conmigo. ¿Quieres que sea tuyo de esa manera? ¿Quieres que te lo demuestre de esa forma? Yo… Soy suyo y…

—Sabes bien que yo no… No es algo que me guste. Siempre he preferido que ustedes me tomen porque de esa forma siento su protección y porque no hay nada mejor que sentirlos así. Puedo ser un pasivo de mierda pero es lo que me gusta y no cambiaría ningún momento de los que he pasado con ustedes. —Me acerco a él y lo sujeto gentilmente por las manos.

—¿Entonces? —Blaine mira un punto detrás de mí cuando empieza a hablar.

—Los vi. Ustedes prácticamente brillaban cuando tenían a Alan entre sus brazos. ¿Cuánto tiempo crees que puede pasar hasta que quieran formar una familia? —¿Todo se resume en eso? ¿Alan, el hijo de Cristi? No me lo puedo creer. —Es muy difícil que una pareja gay tenga un hijo pero nadie, absolutamente nadie, le daría un niño a un trío de chicos gais. Además, ¿sabes qué sentiría él cuando supiese que tiene tres papás? Ustedes se merecen formar una familia.

—Blaine, aquí nadie quiere un hijo. Es cierto que a Kurt y a mí nos encantan los niños pero nunca hemos hablado de eso. Cuando tuve a Alan entre mis brazos ni siquiera lo pensé.

—Dime que nunca vas a querer tener un hijo. —Abro la boca pero no puedo decir nada. — ¿Ves? Kurt y tú algún día querrán un hijo. Pero yo jamás he querido niños en mi vida; no sería un buen padre. Ustedes sí lo serían y si estoy con ustedes jamás podrán formar una familia y convertirse en los maravillosos padres que sé que serán.

—Te estás sacrificando por nada. Kurt y yo siempre te vamos a amar y te estaremos esperando para cuando quieras volver.

Blaine se arroja a mis brazos y pienso que mis palabras han tenido éxito pero, de nuevo, me saca esa idea de la cabeza.

—Quiero estar una última vez contigo. Llévame a otro lugar. —Sus palabras son fuertes y decididas. Sé que no tengo manera de decirle que no lo haga, que su idea de dejar esto es absurda y tonta.

Detengo un taxi y Blaine le indica el lugar a donde iremos mientras yo le envío un mensaje a Kurt.

Se lo he dicho

Es cuestión de segundos lo que tarda en llegar la respuesta de Kurt. Me lo imagino pegado a su móvil, el pobre.

¿Qué te ha dicho? ¿Regresan a casa?

Los mensajes entre nosotros vuelan.

Quiere estar a solas conmigo pero sigue con la misma idea.

Por favor, convéncelo.

Al entrar a la habitación del hotel, beso a Blaine con tranquilidad pero él me muerde el labio inferior hasta hacerme sangrar. Lo miro extrañado pero no me da tiempo a decir nada más porque sus manos ansiosas prácticamente me arrancan la camisa. Siento sus uñas rasgando la piel de mi pecho.

—Blaine. —Jadeo y él me besa de nuevo. Sus manos bajan hasta su cinturón y lo deja caer junto con su pantalón y su ropa interior. Muerde con fuerza mis pezones causando que gima un poco por el dolor y otro tanto por la excitación. — ¡Mierda! —Lo sujeto de las muñecas pero él se libera y se saca la camiseta junto con el suéter.

—No quiero que sea lindo, Dave. Quiero que me marques, marcarte. Quiero salir de aquí y que a cada paso que dé recuerde esa inmensa polla tuya.

Bien, si eso es lo que quiere, lo tendrá. Nuestros besos se hacen más descuidados. Se puede escuchar por todo el cuarto las succiones de nuestros besos. Camino con Blaine hasta la cama y lo dejó caer en ella. Toco su torso con mis manos mientras él se aferra a mí. Dejo de besarlo y mi boca va hasta su erección, que de inmediato tomo en mi boca. Succiono con fuerza, dejo que se folle prácticamente mi boca mientras mis manos acarician sus nalgas como si las quisiera amasar.

Me incorporo y lo ayudo salir de sus pantalones. Una vez que los dos estamos desnudos lo arrojo a la cama y me dejó caer sobre él para besarlo con la misma pasión. Su cuerpo esta enredado en el mío, sus brazos rodean mi cuello y con sus piernas cubre toda mi espalda.

Me arrodillo frente a él y lo sujeto de la parte posterior de sus rodillas para doblarlo casi completamente mientras me muestra su culo. Mi lengua se aplana sobre esa piel y luego se introduce intrusa en su interior una y otra vez, cada vez más rápido, pues sé lo mucho que le gusta que lo haga.

Cuando está listo no hay contemplaciones, lo penetro de un golpe y me muevo salvajemente deleitándome con el sonido de su cuerpo chocando contra el mío. Esta prácticamente doblado por la mitad. Me encanta su rostro mostrándome lo profundas que son mis embestidas. Está a punto de correrse. Yo también pero antes de que lo haga le doy tres azotes en las nalgas como un recordatorio de que es mío. Se corre sobre mi pecho mientras yo lo hago en su interior.

Caigo pero me sostengo con los antebrazos para no aplastarlo. Los brazos de Blaine siguen enredados en mi cuello y sus piernas en mi espalda pero me las arreglo para rodar por la cama y terminar con él aferrado a mi pecho.

—Los voy a extrañar.

—No tienes por qué hacer esta tontería, Blaine. Nosotros no te hemos pedido nada.—Suspira y sus manos empiezan a jugar con el vello de mi pecho.

—¿Y luego qué, Dave? Ustedes adoptarán, tendrán una familia y yo seré el tío Blaine que siempre está en casa y duerme con ustedes.

—Claro que no, Blaine. Nadie dice nada de tener una familia.

—Aún…

—Blaine, esto que tenemos es importante. ¿De verdad quieres destruirlo? —Blaine no dice nada por un segundo pero luego asiente.

—Déjame hacerlo a mi modo. —Beso su frente y me guardo su mirada en la memoria para recordarla siempre que lo necesite.

—Como desees.


Esa noche Blaine quiere dormir solo así que me marcho hacia el departamento con mil cosas en la cabeza. Cuando llego a casa la única luz encendida es la de nuestra habitación. Entro y Kurt me mira. De inmediato, abre sus brazos y me dejo caer a su lado para que me abrace. Los tipos grandes como yo también necesitamos de estas muestras de protección y afecto. Kurt siempre lo ha sabido. Nunca se ha dejado engañar por las apariencias.

—¿Qué ha pasado? —Me giro un poco entre sus brazos y literalmente lo envuelvo con mi cuerpo.

—No va a regresar esta noche. Tiene la loca idea de que queremos ser padres y de que él sale sobrando en nuestras vidas.

—Eso quiere decir que saldrá con Lucy. —Kurt niega.

—Siento no haberlo conseguido. —Ajusta más su abrazo y me besa lentamente.

—Tú no has tenido la culpa de nada. Ha sido su elección.


Ha pasado una semana desde que Blaine nos dejó; bueno, dejó nuestra cama y la convivencia como parte de lo que teníamos porque ni Kurt ni yo le permitimos mudarse. Este apartamento también es suyo y ahora duerme en otra de las habitaciones. Ha salido un par de veces con chicas pero sólo ha traído una a casa. Esa noche Kurt y yo decidimos dormir en otro lado.

Una parte de mí aún tiene la esperanza de que Blaine recapacite. No le hemos dicho a nadie de los que sabían de nuestra relación sobre la ruptura. Sin embargo, creo que hoy Santana se llevará la primicia.

Santana y yo nos reunimos una vez a la semana desde que decidió mudarse a Brooklyn y trabajar en un diario. Brittany tiene una estancia para niños que está siendo muy popular por sus juegos y actividades. ¿Quién se podía imaginar eso de Britt? Mientras, Santana se ha ido haciendo un nombre en el mundo del periodismo: sus comentarios mordaces, sus acusaciones y las investigaciones que hace le han hecho ganarse un lugar.

En diez años las cosas cambian mucho, las personas también, sin embargo, las buenas amistades perduran. Nosotros nos mantenemos en contacto con todos los chicos del Glee y cada uno de ellos ha tenido éxito en lo que se ha propuesto. Igual que mis niños (a pesar de que Blaine nos ha dejado sigo llamándolo así).

La música siempre fue, es y será parte de Blaine. Después de terminar el colegio, Kurt y él se embarcaron en la aventura de triunfar en los escenarios. Para bonito no fue una buena experiencia y se dio cuenta de que lo suyo no era andar corriendo como un idiota detrás del telón y vivir preocupado por cada mínimo detalle de la música. Sin embargo, ahí encontró una nueva pasión. Empezó decorando un pequeño teatro y luego vino otro y otro más hasta que terminó contratado por una firma de arquitectos reconocidos en Nueva York.

Blaine siguió en las tablas, buscando musicales, adaptando obras y ganándose un lugar. También se acercó a un pequeño conservatorio donde lo contrataron para dar clases de canto y piano. Rachel está a punto de estrenar un musical que tiene adaptaciones hechas por él.

Finn y Rachel siguen juntos. Aunque Finn no es una gran estrella de los musicales; él se quedo en Cordell dando clases y manteniendo un lugar que Rachel llama hogar.

Aunque ellos eran predecibles lo que nunca nos esperamos fue lo de Artie y Quinn. Quinn lleva cuatro años dedicándose a los bienes raíces en Lima. Artie dejó McKinley para partir a Florida y después regresó a Lima y quiso comprar una casa. ¿Cómo es que terminaron casados? Eso sigue siendo un misterio. Aunque Kurt, Santana y Rachel imaginan que tuvieron mucho que ver los millones que Artie hizo trabajando en Cabo Cañaveral. Sea lo que sea, ellos son una de las parejas más hermosas que he visto, se tratan con una devoción infinita y parece que han encontrado lo que tanto habían estado buscando.

Mercedes se convirtió en una verdadera Diva. De hecho, está a punto de sacar su tercer disco. Cuando Mercedes firmó para hacer su primer disco Kurt pensó que perdería a su mejor amiga. Sin embargo, Mercedes le dio una lección cuando se presentó en su primer concierto en Nueva York y lo invitó a cantar con ella en el escenario. Ella no perdió el norte y menos aún se separó de Kurt; puede que su amistad incluso se volviera más estrecha, porque Mercedes le llama a diario. En ocasiones Kurt piensa que se siente sola.

Sam y Cristi terminaron dos años después, cuando mi hermana se fue a la universidad. Sam estaba muy ocupado convirtiéndose en socio de una de las mejores firmas de abogados de Lima. Cuando lo consiguió todos estuvimos muy contestos por él. Sam se merecía que algo así le pasara.

Tina y Mike se mudaron a Miami. Mike es un instructor de baile muy bien pagado y Tina tiene un bar emo, gótico y medio raro al que vamos con mucho gusto.

Puck se convirtió en el oficial Noah Puckerman y se casó con la entrenadora del equipo de lucha libre de Ohio, Lauren Zizes.

Yo me quedé con mi profesión, con mis chicos y con un negocio tan boyante como la mente malévola de mi hermana, que en tres años trabajando en al constructora ha logrado triplicar el capital de mi papá y además me está presionando para crear una sucursal en Cordell lo más pronto posible porque no dan abasto.

—Ey. Extraño, tienes cara de melancolía. ¿Todo bien? —Santana por fin llega con una sonrisa en el rostro para sacarme del recuento de mis recuerdos de los últimos diez años.

—Sí. —Me mira fijamente. —Blaine nos ha dejado. —Santana abre la boca.

—¿Por qué? —Suspiro antes de pegarle un trago a mi café americano.

—Cree que Kurt y yo queremos formar una familia y que estando con nosotros eso jamás podría suceder.

—Vale pero, ¿es cierto? ¿Ustedes quieren un hijo? —Niego.

—Por supuesto que no. Esa idea la tuvo el fin de semana que nos vio con Alan. Cree que sacrificándose nos hace felices. Y antes de que digas algo, hice de todo lo que pude para convencerlo de que lo que piensa es una tontería. —Santana bebe de su café pero no despega su mirada de la mía.

—¿Estás seguro de eso?

—Kurt y yo nunca lo hemos hablado. Incluso ahora que Blaine nos ha dejado justamente por ese motivo ni siquiera lo pensamos.

—Pero lo harán, ¿no? Digo, somos muy jóvenes aún pero imagino que cuando tengamos treinta o algo así pensaremos en los hijos, el perro y la casita blanca.

—Esa no es la fantasía de todo mundo.

—Muy cierto, Dave. Yo no pienso tener hijos con Britt. Tal vez un nuevo gato cuando la convenza de que el espíritu de Lord Tubbington no nos está persiguiendo. —Ambos sonreímos. Santana toma mis manos, que están sobre la mesa. —Pero sé que esa fantasía sí es la tuya, Dave. Sé que tarde o temprano vas a querer ser padre y tal vez lo mejor es que Blaine se haya ido de su lado. —Me trago el nudo de mi garganta para hablar con ella.

—Todos hacemos sacrificios por diferentes cosas, y yo he sacrificado mi tiempo por ellos, pero no tener hijos sería una decisión, no un sacrificio. ¿Entiendes? Lo tengo muy claro y no sé por qué coño Blaine no lo puede entender así. —Santana asiente.

—¿Se lo has dicho a papá?

—No, y me matará cuando lo sepa. Va a pensar que hice algo para molestar a Blaine. —Santana sonríe.

—Eso se me hace una excusa tonta. Lo que creo es que no lo quieres molestar porque crees que está hasta el tope de trabajo con Michael. —Santana me conoce muy bien.

Papá y Nora siguieron con su relación después de que nos fuimos a la universidad. Un año antes de que Cristi también se fuera nos dieron la noticia: Nora estaba embarazada, papá y Nora empezarían de nuevo. Nunca olvidaré la cara pálida de papá pero el brillo en sus ojos era indiscutible; estaba feliz por traer a otro Karofsky al mundo. Papá le pidió matrimonio a Nora pero ella le dijo que no, que con vivir juntos estaba bien. Nueve meses después, Michel Karofsky vino al mundo siendo terriblemente amado por sus padres y sus hermanos.

Cristi prácticamente se volvió loca con el chiquillo, que ya tiene ocho años. Mi papá es feliz con Nora y agradezco que ella llegara a su vida. Jake ve a mi viejo como un padre y a Cristi y a mí nos trata como hermanos. Trabaja muy duro a su lado en la constructora. Michael sólo vino a coronar la felicidad de nuestra familia.

—Ya tiene bastante. Además, confío en que podremos solucionar esto pronto. —Ella enmarca una de sus cejas.

—¿Está saliendo con alguien? —Desvío la mirada.

—Salió con una chica llamada Lucy y ahora sale con una tal Diana. —Santana ríe a carcajadas y luego se pone de pie.

—Vamos, necesito un trago después de escuchar esa tontería. Salir con chicas. Ese niño necesita un psicólogo urgentemente. —Me mosquea que Santana se burle de Blaine. Si él quiere follar con un lagarto es asunto suyo.

—No quiero beber. —Ella me jala de la mano y me pone de pie de mala gana. —Santana, por favor.

—No digo que nos bebamos todo el whisky del bar, nada más par de tragos. ¿Qué te parece? —Gruño y camino con ella con rumbo al bar. —Salir con chicas… —Se burla de nuevo y me paró en seco para encararla.

—Basta ya, Santana.

—¿Qué? Seguramente sale con mujeres porque quiere guardar el recuerdo de sus hombres. Eso es tan cursi. —Empuño mis manos.

—Santana, por favor. Todo esto me duele pero lo respeto y sólo te pido que hagas lo mismo.

—Bien, bien. Anda, vamos.


Regreso a casa con tres copas encima y con la tristeza todavía pegando en mi corazón. El departamento está tranquilo. Kurt me ha avisado de que llegaría tarde y Blaine me ha enviado un mensaje para decirme que no me preocupara porque no llegaría a dormir. Abro de par en par la puerta de la terraza. La brisa golpea mi rostro. Camino hasta estar frente a la habitación que ahora ocupa Blaine. Pongo mi mano sobre el pomo de la puerta pero no me atrevo a girarlo para saber si está abierto.

Me voy hasta el otro extremo del departamento. En la cocina hay unas pequeñas escaleras que subo para ir al estudio. Hace cinco años, la señora Agnes iba a dejar su departamento y Blaine decidió que nosotros necesitábamos un lugar para un estudio, así que lo compro. Ahora, el estudio es una mezcla rara entre mis papeles de la constructora, los diseños de Kurt y el piano y los demás instrumentos de Blaine junto con una pequeña consola para sus mezclas.

Voy a mi escritorio. En él hay un montón de papeles y un par de fotografías. La primera es de los tres en unas vacaciones en Italia. En la otra están Kurt y Blaine en el escenario del teatro, hace siete años. Los dos brillan tanto…

Miro la placa que Kurt me diseñó hace unos meses, Ingeniero David P. Karofsky, con un tipo de letra que le encanta y el dibujo del nuevo logo de la constructora, todo hecho de forma elegante pero muy moderna. A mi viejo le encantó y Jake dijo que seguramente eso les daría una imagen más cool. A mí me llegó al corazón que Kurt hiciera eso por mi familia y por mí.

El lugar que ocupa Blaine está lleno de partituras y hojas llenas con sus letras. La guitarra está sobre un sofá que le encanta a Blaine; se sienta en él siempre que quiere concentrarse. Toco un acorde cualquiera que recuerdan mis dedos y de pronto las notas de una canción llegan a mi cabeza.


Kurt llega a casa antes de lo previsto. Percibe ruido en el estudio, sube las escaleras y escucha claramente la melodía de una canción que en ese momento le llega hasta el alma, sobre todo por la voz barítona y profunda con la que Dave empieza a cantar.

Hey, slow it down
Whataya want from me?
Whataya want from me?

Kurt no se mueve. Mira a Dave mientras toca la guitarra con los ojos cerrados y canta con un sentimiento que le hace estremecer.

Yeah, I'm afraid
Whataya want from me?
Whataya want from me?

Él también tiene miedo, teme perder todo lo que han vivido, teme por la felicidad que se le escapa de las manos.

There might have been a time
When I would give myself away
Oh once upon a time
I didn't give a damn
But now, here we are
So whataya want from me?
Whataya want from me?

Lágrimas saladas escapan de Kurt y ruedan por sus mejillas mientras Dave toca y canta con más fuerza, dejando que su voz envuelva todo el estudio.

Just don't give up, I'm working it out
Please don't give in, I won't let you down
It messed me up, need a second to breathe
Just keep coming around, hey
Whataya want from me?
Whataya want from me?
Whataya want from me?

Dave siempre ha estado para ellos. Si alguien se ha dividido bondadosamente es Dave, siempre pendiente de los dos, siempre dando todo de él para tenerlos felices. A Kurt se le parte el corazón verlo así.

There, it's plain to see
That baby you're beautiful
And there's nothing wrong with you
It's me, I'm a freak
But thanks for loving me,
'cause you're doing it perfectly
And there might have been a time
When I would have let you slip away
I wouldn't even try
But I think you could save my life

Kurt consigue tener valor suficiente para caminar hasta Dave cuando empieza tocar la guitarra de nuevo, aún con los ojos cerrados, y cuando vuelve a cantar Kurt se une a su voz.

Just don't give up, I'm working it out
Please don't give in, I won't let you down
It messed me up, need a second to breathe
Just keep coming around, hey
Whataya want from me?
Whataya want from me?
Whataya want from me?

Dave deja de tocar, deja la guitarra de Blaine sobre el sofá y se derrumba en un llanto silencioso y profundo. Kurt se está muriendo con él. De inmediato lo abraza. Dave rodea el cuerpo de Kurt con sus brazos de tal forma que los dos sienten el apoyo que tanto necesitan. Kurt lo besa profundamente y Dave le responde de la misma forma tierna, amorosa y segura.

—Te amo, Dave. —Dave solloza en el cuello de Kurt.

—Te amo. Lo extraño mucho. —Kurt se abraza más a él.

—Yo también. Pero saldremos adelante. Esto pasará. Sé que pasará.

Kurt quiere resarcir a Dave con esas palabras de todas las veces que él le hizo sentir que las cosas estarían bien y quiere tener fe en sus palabras. Quiere despertar y que todo sea como antes.