Todos los cambios, incluso los más ansiados, tienen su melancolía. Lo que dejamos detrás es parte de nosotros mismos. Debemos morir en una vida antes de poder entrar en otra.
Anatole France
La fricción de la piel desnuda de Kurt con la mía se siente maravillosa. Después de todo este tiempo juntos Kurt aún mantiene esos rasgos que lo caracterizan: la suavidad, la mirada fuerte y las muecas pesadas cuando se necesitan. Mis manos recorren su cuerpo mientras él se acurruca contra mí y su mano derecha va y viene sobre mi pecho. Ahora la cama se siente tan grande que siempre terminamos durmiendo en uno de los extremos completamente enredados el uno en el otro.
Blaine tiene un mes saliendo con Diana. Estratégicamente no nos hemos dejado ver por ella. En realidad no queremos conocerla. Saber que Blaine está con alguien ya es bastante. Kurt y yo no lo hemos pasado bien y aún mantenemos la esperanza de que Blaine vea más allá y regrese con nosotros. Pero tenemos que ser pacientes.
Kurt me empieza a besar el cuello. Mi cuerpo responde de inmediato. Lo envuelvo entre mis brazos y lo coloco encima de mí para besarlo. Las manos de Kurt se enredan en mi pelo y mis manos suben y bajan desde su cadera hasta sus hombros. Kurt se separa del beso y apoya su rostro en mi pecho. Permanecemos así unos segundos hasta que él rompe el silencio con una pregunta que en realidad esperaba.
—¿Por qué sigue con esto? ¿No te preocupa? —¡Joder que si lo hace!
—Claro que me preocupa, Kurt. —Beso su frente y pienso un poco en cómo Blaine nos mira ahora y en lo mucho que quisiera volver a tenerlo con nosotros. Extraño sus besos tiernos y sus caricias calientes. —Pero ya lo hemos hablado, Kurt; esto ha sido decisión suya.
—Sí, sí. Pero, ¿no te pone celoso? —¿Que si lo hace? Cada vez que lo imagino con una mujer los cojones me quieren reventar.
—Sí, claro que sí. Pero, ¿qué puedo hacer? —Kurt besa mi pecho y coloca sus manos en mis pectorales.
—¿Ser el Karofsky de antes? —Ríe un poco y yo frunzo ligeramente el ceño.
—¿Quieres que empuje a la chica en turno, lo traiga aquí al más puro estilo cavernícola y lo atemos a la cama para hacerle todas las cosas pervertidas que se le puedan ocurrir a tu enferma cabecita? —Kurt se encoge de hombros acariciando el vello de mi pecho.
—Puede ser un inicio. —Río ante el descaro de Kurt. —¿Qué? Extraño al Dave Karofsky posesivo y machote. —Vuelvo a reírme.
—Tú odiabas a ese Karofsky. —Kurt se encoge de hombros y se mueve hasta que su boca llega a mi oreja izquierda.
—Pero a Blaine le encantaba. —Me lo dice en un susurro con su aliento caliente chocando contra la piel de mi oreja. —Y amaba cuando lo doblabas prácticamente por la mitad y ponías sus piernas sobre tus hombros. —Gruño por sus palabras. Mis manos se van a su cadera y lo sujetan con fuerza mientras acerco su cuerpo al mío para que note como crece mi excitación. —O cuanto estaba a cuatro patas y te pedía más y más mientras yo me follaba su boca. Y le encantaba que le dieras azotes. —Doy un gemido ronco antes de lanzarme sobre Kurt.
Sin más lo giro, pongo su pecho sobre el colchón, doy un par de azotes en sus nalgas y lo penetro de golpe. Nuestras actividades previas me ayudan bastante. A Kurt le encanta que le comamos el culo y ésa se ha convertido en una actividad recurrente antes de hacer cualquier otra cosa. Esa linda costumbre me permite que pueda embestirlo con fuerza.
Mis brazos van a parar a sus hombros para tener un mejor ángulo. Kurt gime y se levanta hasta que su espalda queda completamente apoyada en mi pecho. Mis brazos lo rodean mientras mis movimientos pasan a ser más y más rápidos. Como puede frota su espalda contra mi pecho. Mis manos van a parar a sus piernas. Esto me encanta, esta forma salvaje de moverse de Kurt casi me hace aullar de puro placer.
—Dave… Más. —Lo hago, le doy lo que me pide. —Sí, sí. ¡Sí! —Echa su cabeza hacia atrás un poco para besarme. Somos descuidados; la pasión es mucha. Lo sigo embistiendo con más fuerza, cada vez más rápido. Mi mano izquierda llega hasta su polla. Lo acaricio un par de veces hasta que me retira la mano. —Sigue, sigue… Sólo tú. —Mantengo el ritmo. Beso su cuello y acaricio sus cojones. —¡Dave! —Kurt empieza a derramarse en grandes y deliciosos chorros de semen caliente que cae por todos lados. Yo llego inmediatamente después.
No nos separamos; seguimos en la misma posición. Mi erección poco a poco va menguando dentro de Kurt. Él tiene la cabeza apoyada sobre mi hombro y los ojos cerrados y su respiración, como la mía, está un poco entrecortada. Los labios de Kurt buscan los míos, esta vez de forma dulce. En ese momento la puerta se abre de golpe.
—¡Oh, lo siento!
Se vuelve a cerrar. Kurt toma mis manos, que estaban en su cintura, y hace que lo rodee con mis brazos.
—¿Eso era una chica? —Beso su cuello mientras le respondo.
—Sí, era Diana. —Blaine lleva saliendo con ella un jodido mes y ésta es la primera vez que nos ve. Blaine le había dicho que vivía con unos amigos que eran pareja y nada más. Nosotros la conocimos por una fotografía.
—Vamos a dormir.
Caemos a la cama casi sin soltarnos. Kurt se gira entre mis brazos y esconde su rostro en mi pecho cerrando los ojos. Sé que ambos queremos apartar de nuestra cabeza la idea de que Blaine ha traído una chica a casa.
El reloj marca las 3:47 de la mañana. He tenido una pesadilla que no puedo recordar pero sé que ha sido horrible. No hay muchas cosas que me despierten así. Kurt está profundamente dormido. Con mucho cuidado me levanto de la cama, tomo mi bata y salgo de la habitación. El departamento está en silencio. La luz de la luna se puede ver por el ventanal. Camino hasta la cocina para servirme un vaso de leche.
Escucho unos pasos. A Blaine le gustan los bocadillos a casi cualquier hora del día o de la noche.
—Hola —le digo cuando ya está en la cocina.
Blaine me mira de arriba a abajo deteniéndose en mi pecho. Luego sus ojos van al nudo de mi bata y se queda observándolo unos segundos. Sabe que debajo de la bata no hay nada de ropa. Noto en su mirada que le gusta. Por lo menos le sigo gustando; sus ojos no me mienten. Saber eso me da una tranquilidad que ni siquiera es superada al notar que lleva su pijama bien puesto, lo que quiere decir que no ha hecho nada de nada con esa chica. Eso me anima para acercarme hasta que sólo hay un centímetro de distancia entre nosotros.
—¿No podías dormir? —me pregunta sin apartar la mirada de mi boca.
—La cama es muy grande para sólo dos. —Blaine boquea un poco y se aleja de mí. Abre la nevera para tomar un trozo del pastel que he traído especialmente para él porque es su favorito. Silenciosamente me acerco a él de nuevo. Le rodeo la cintura con los brazos y lo pego a mi cuerpo. —Descansa. —Sin más, lo suelto y me voy. He pensado en besarlo pero eso sería demasiado.
Regreso a la cama, abrazo a Kurt aún más fuerte que antes y me quedo dormido.
Escucho a Kurt tararear y sonrío. En diez años eso no ha cambiado para nada.
—¿Sabes que el que solo se ríe de sus maldades se acuerda? —Abro los ojos y lo veo completamente vestido y con una sonrisa que iluminaría cualquier rincón oscuro.
—No he hecho ninguna maldad. Me reía de tu canción. —Kurt en ensancha la sonrisa.
—Anoche te sentí salir, desperté un poco y luego escuche la otra puerta. Tardaste, y eso quiere decir que encontraste algo bueno. A menos que a ti también te vayan los coños. —Sonrío.
—No pasó nada pero me miró como si quisiera comerme y eso ya es algo. —Kurt se tira a la cama conmigo y eso es bastante inusual; por lo regular Kurt odia que sus atuendos sean arruinados por arrugas o cosas así.
—Eso es bueno, deberíamos aprovecharlo. Sé que con un poco de acción de nuestra parte regresaría como un lindo corderito. —Tomo a Kurt de la mano.
—No opino lo mismo. Debemos respetarlo y por eso no avancé hacia él. —Kurt niega y se pone de pie.
—Un día ese inmenso corazón tuyo y tus ojos van a perderte. —Toma sus cosas y me da un beso en la frente. —Regreso a la hora de la comida para que me cuentes como te ha ido con los permisos. —Me encanta que Kurt, a pesar de que sólo parece interesando en sí mismo, recuerde mis cosas. Hoy se decide si me dan los permisos para la sede de la constructora en Cordell y todo parece indicar que sí.
Blaine está teniendo uno de esos días malos en los que no sabe por qué demonios está haciendo lo que está haciendo cuando lo único que quiere es regresar al tiempo en el que era follado sin contemplaciones por Kurt, o por Dave, o por Kurt y Dave al mismo tiempo. Extraña los fuertes brazos de Dave rodeando su cuerpo mientras su gigantesca polla se desliza dentro de él. Extraña sentir los dulces besos de Kurt mientras lo penetra sin contemplaciones. ¡Joder como los echa de menos! Y Diana no ayuda nada para mitigar el dolor.
—Dios, se ven tan súper sexys juntos. —Blaine cierra los ojos exasperado. Diana tiene una mirada de fanática loca. —¿Cuánto dices que llevan juntos? —Blaine se traga el nudo de su seca garganta.
—Diez años. —Ella suspira tontamente.
—¿Diez años y siguen follando así? Es magnífico, Blaine. Debiste habérmelos presentado. —Blaine asiente.
—Son chicos muy ocupados. Kurt es diseñador en Q&P y Dave está a punto de abrir una sucursal de su constructora en Cordell.
—¿Dave es el grandote? —Blaine asiente mirando con cierta reticencia el brillo en los ojos de Diana. —¿Ingeniero de esos con casco y todo? —Blaine recuerda la ocasión en la que Dave estaba esperándolos en casa vestido sólo con un casco blanco. Suspira y asiente. —Kurt debe de estar muy feliz con ese pedazo de tío. —Un inexplicable sentimiento de celos sube por la garganta de Blaine y Diana parece notarlo. —No te pongas celoso, bebé. Es que ayer Kurt se veía muy feliz. Pero yo también lo soy. —Blaine sonríe afable suprimiendo por completo las ganas de decirle aléjate de él, perra.
Está jodido. No puede dejar de pensar en ellos. Unos minutos después le dice a Diana que necesita regresar al conservatorio. Se despide de ella pero no va al trabajo. En realidad lo que quiere es irse al departamento, hacerse una buena paja pensando en sus chicos, comer algo y luego dormir hasta que la pesadilla acabe.
En cuanto abre la puerta del departamento el aroma a comida inunda sus sentidos. Dave está cocinando y el resultado siempre es un manjar de dioses. Blaine no sabe qué es, tal vez las recetas secretas de mama Adams, pero Dave cocina orgásmicamente bien aunque no lo haga muy a menudo. Se acerca sigilosamente a la cocina y ve camarones con pasta con la habitual salsa secreta de Dave.
—Ey, llegas temprano. —Blaine observa los ojos verdes de Dave y sonríe débilmente.
—Sí, el conservatorio está tranquilo estos días. —Dave asiente y se gira para terminar de comprobar su comida. Apaga todo cuando se siente satisfecho.
—¿Diana viene? —Los ojos de Dave pierden brillo cuando le hace esa pregunta y Blaine se siente mal por ello.
—No, está ocupada. Imagino que la comida es para festejar algo especial entre Kurt y tú. —Dave de pronto se pone tenso y Blaine lamenta como ha podido interpretar el comentario.
—No. Es para todos los que vivimos aquí. Por eso te he preguntado por tu… Novia. —Dicho por Dave se siente horrible. —Me dieron el permiso para la constructora en Cordell. —Blaine sonríe y sin pensarlo se lanza para abrazar fuertemente a David.
—Eso es magnífico. Cristi se va a poner muy contenta. —De pronto Blaine siente que ha sido una mala idea. El pecho de Dave se siente demasiado bien, sus brazos son tal y como los recuerda y si tan solo pudiera mover un poco su cadera y frotarse… Blaine se aleja de inmediato.
—Gracias, farmec. —Blaine se queda por un momento contemplando a David mientras saca una cerveza de la nevera. David no le quiere decir que significa farmec y Blaine siempre tiene la intención de buscarlo pero por una cosa o por otra lo acaba olvidando. Tal vez inconscientemente desea que Dave se lo diga.
Dave se sienta en el sofá, enciende el televisor y empieza cambiar de canal en canal. Blaine se deja caer a su lado pero dejando un espacio en medio, como si fueran dos simples tíos viendo la televisión. Sin embargo, Blaine esta tenso mientras siente la calidez que irradia David.
—¿Estás bien, Blaine? —Él niega de inmediato.
Dave suprime el espacio que los dividía y pasa un brazo por los hombros de Blaine y éste hace algo que nunca en diez años había hecho: se sienta en el regazo de Dave. Kurt lo hace todo el tiempo. Puede haber dos o tres lugares disponibles pero él siempre termina sentado en las piernas de Dave la mar de sonriente. Ahora Blaine entiende por qué: David es amoroso, cálido y protector. Estar sentado en sus piernas le permite descansar la cabeza en su fuerte pecho y escuchar los latidos de su corazón.
—¿Qué pasa, Blaine? —Las manos de David acarician tiernamente la cadera de Blaine.
—Estoy confundido y me siento solo. —Dave sonríe.
—Estoy aquí. Los dos lo estamos. Kurt y yo, ¿recuerdas? —Blaine no quiere decir que sí porque apenas lleva un mes sin ellos y ya se está muriendo. No es justo pero debe darles lo que necesitan.
Dave se inclina para besarlo en la boca pero Blaine gira el rostro y los labios de David terminan en su mejilla. No quiere que lo bese porque sabe que después de eso no habrá marcha atrás; regresará con ellos y no los soltará nunca. Y con ello borrará toda posibilidad de una familia para Kurt y Dave. Tiene que ser fuerte y abrazar su idea como un ideal para llevarla hasta el final.
En ese momento la puerta principal se abre. Blaine se pone de pie en cuanto ve a Kurt.
—¿Pasa algo? —Blaine niega y balbucea algo de ir a su habitación, se encierra en ella y se deja caer en la cama.
Kurt y yo vemos a Blaine correr hasta su habitación y dar un fortísimo portazo. Estaba tan cerca…
—¿Está bien? —La preocupación de Kurt es genuina.
—Se siente solo. —Kurt niega, tira sus cosas al suelo y toma el lugar de Blaine sobre mis piernas.
—¿Y por qué no simplemente regresa con nosotros? —Me encojo de hombros.
—Ya sabes cómo es. —Los dos nos quedamos en silencio y abrazados por un momento.
—¿Lo has conseguido? —Asiento y Kurt me besa. —Sabía que lo harías. Con esta constructora ya son tres. Ahora sí tu papá se va a volver asquerosamente rico. —Sonrío y Kurt también lo hace. Ambos sabemos que eso es lo de menos.
—¿Quieres cenar? —Cuando estamos a punto de sentarnos a comer mi móvil suena.
Ey, bro. Mañana tengo un seminario. ¿Te parece que nos veamos por la tarde? Trae a tus chicos, que también quiero saludarles.
—Es Azimio. Viene a un seminario y quiere vernos. —Kurt sonríe. Con el paso del tiempo las cosas entre Azimio y él han mejorado. Puede que no sean amigos pero se toleran bastante bien.
—Mañana no puedo, tengo una reunión y seguramente llegaré tarde a casa, pero si lo ves salúdalo por mí.
Azimio Adams, o, mejor dicho, el detective Azimio Adams, es el fabuloso padre de Alan Adams Karofsky. Mi amigo me confesó que estaba enamorado de mi hermana durante una fiesta en el primer año de universidad. Estuve en estado casi catatónico durante todo ese día. Mi amigo, mi mejor amigo, enamorado de mi hermana. Además Azimio se había hecho muy amigo de Sam y eso complicaba bastante las cosas.
Cuando Cristi y Sam terminaron, Azimio ya trabajaba como policía. Durante esos primeros años su amistad con Cristi se fortaleció pero seguía sin esperanzas de tener algo con ella. Tres años después se examinó para ser detective y lo consiguió. Supe que mi hermana sentía algo por él cuando viajó desde aquí hasta Ohio sólo para estar en la fiesta de nombramiento de Azimio. Un año después Cristi me confesó que se había enamorado de él.
Cuando por fin hablaron de sus sentimientos fue estúpidamente meloso verlos. Mi amigo prácticamente besaba el piso por donde Cristi caminaba. Y fue traumático ver a mi hermana convertida en una chica mimosa con mi amigo. Azimio supo ganársela con paciencia, amor, dedicación, lucha y una ternura infinita que Cristi siempre necesitó pero que nunca dijo a nadie que le hacía falta. Sólo Azimio pudo completarla.
—Ey, hermano. —Azimio y yo nos abrazamos fuerte golpeando nuestras espaldas. Nos sentamos y yo río al ver la bebida de Azimio.
—¿Un Manhattan? Az, eres un duro detective de Ohio bebiendo Manhattans en Nueva York. ¿Adónde vamos a ir a parar? —Mi amigo se termina el resto de su copa y me sonríe.
—Cállate, chupa pollas. ¿Hay algún manual gay donde diga que un tipo duro como yo no puede beber algo rojo o verde lima? —Ambos nos reímos.
—¿Cómo están Cristi y Alan? —Mi amigo parece brillar. Saca de inmediato su billetera y me muestra una fotografía de mi hermana cargando a su hijo. —Cada día más grande, ¿cierto? —Mi viejo amigo asiente. —Les has mostrado esta fotografía a todos y cada uno de tus compañeros, ¿verdad?
—De verdad que no sabes cuándo callarte, toma culos. —Me río otra vez. Azimio guarda su billetera y suspira. —Cristi es lo mejor que me ha pasado en la vida. Jamás pensé que tendría una oportunidad con ella y menos aún que nos casáramos y tuviéramos un hijo. Eso era demasiado incluso para mis tontas fantasías. Y ahora, mírame. Soy el jodido hombre más feliz del puto mundo, tengo un hermoso hijo que se parece a su madre y a la mujer más fuerte, segura y guerrera de todo el planeta a mi lado.
—De verdad estás jodidamente enamorado de mi hermana. —Azimio parece sonrojarse pero no presto mucha atención. Ver sonrojarse a Azimio Adams, matón por excelencia de McKinley, es de lo más traumático.
—Y hablando de amor… ¿Y tus chicos? —Se lo dije a Azimio el día de nuestra graduación. Él se merecía saberlo. Pensé que no lo entendería pero fue el primero en decirme coño, cabrón, qué suerte la tuya.
—Kurt está en una reunión y Blaine también estaba ocupado. —Azimio me mira fijamente y yo bebo agua pensando en otra cosa para alejar el problema.
—¿Ocupado? Blaine niño bonito Anderson nunca está ocupado cuando se trata de ti. ¿Qué ha pasado?
Y entonces se lo cuento todo, todo de todo, y poco a poco siento como voy drenando lo que tengo en la cabeza. Azimio asiente de vez en cuando y no dice nada hasta que termino de contarle todo pero, sobre todo, mi miedo a que las cosas no resulten como antes y que tenga que decir adiós a Blaine definitivamente.
—Dave, ¿qué va a pasar cuando quieras tener un hijo? Es normal que tanto los hombres como las mujeres tengamos ganas de dejar algo de nosotros en este mundo cuando ya no estemos. Es parte de la vida querer tener hijos. Y no me refiero a esa mierda de nacer, crecer, reproducirse y morir. Me refiero a los partidos de fútbol americano, a los primeros pasos, a que te digan papá, a enseñarles a andar en bicicleta, a que te cuenten de su primer novio, o novia, o de sus novios si sale como el tío Dave… —Me río un poco. —Hermano, te conozco. Sé que vas a querer tener un hijo. Blaine tiene razón.
—Sí, la tiene. Pero si no les dan un hijo a tres chicos que se aman es porque en el mundo lo que menos importa es el amor y así no quiero ningún hijo. —Azimio niega.
—Hermano, te olvidas de algo importante. Tu chico dijo que no sería un buen padre. ¿Te has puesto a pensar por qué cree que no lo será? —Joder, no lo había pensado.
—Yo…
—Va más allá de adoptar y del amor. Creo que deberían hablar con Blaine y saber qué pasa con eso del buen padre.
—¿Sabes? Me encanta que hayas madurado.
—Lo sé. Sin mí estarías perdido.
—Aún me falta que Blaine quiera hablar con nosotros. —Azimio guarda silencio mientras nos traen la comida. Estoy seguro de que Kurt me mataría si viera la cantidad de grasa que estoy a punto de engullir.
La cena continúa con tranquilidad. Azimio me habla de Alan, de Cristi y de papá con Michael, Nora y Jake. Cuando estamos bebiendo un par de cervezas después de la comida, Azimio me mira.
—¿Por qué no le cantas algo? ¿No era eso lo que hacían siempre en el club Glee cuando algo pasaba? Que si Quinn estaba embarazada, cantaban; que si Kurt era gay, cantaban; que si Finn y Rachel terminaban, cantaban; que si mi amigo se declaraba un chupa pollas, cantaban. ¿Ves?
—Tengo años sin hacerlo y él ahora es un prof…
—Ya, seguro que contigo se le mojaran las bragas igual. Además, digo que le cantes a él no a medio Nueva York. Busca el momento en el cual hagas menos el ridículo.
Esa noche espero despierto a Kurt. Cuando llega le hablo del plan de Azimio y, extrañamente, está de acuerdo. Así que lo planeamos todo para que Blaine, por lo menos, sienta que es un gran detalle.
Es tarde y a Blaine aún le queda una clase por dar. La peor de todas. Diez chicos problema para los que sus padres han decidido que la música será un camino efectivo para coadyuvar a sus terapias. Hay uno en particular, un matón de instituto, que le recuerda mucho al Dave de antes de salir de armario.
Esa tarde Blaine ha decidido que invertirá las dos horas de su clase en una película, The Rat Pack, la historia de la pandilla de Sinatra. No es una película muy conocida pero a Blaine le gusta mucho la actuación de Ray Liotta como Frank Sinatra, amén de la micro escena de sexo que dejara a los chicos tranquilos por el resto de la película.
Albert, el chico problema del instituto, está loco con Sinatra gritándole a Peter Lawford por ser un inútil y jurando que nunca la va a perdonar por traicionarlo con los Kennedy. La película termina pero Blaine no enciende las luces.
—Más o menos los eventos fueron así y eso marcaría el fin del Rat Pack, que en su época nos dejó grandes películas y excelentes canciones.
De pronto, una luz blanca ilumina el segundo piso del auditorio en el que Blaine da su clase. Su mandíbula cae al suelo al ver a David vestido con un impecable esmoquin negro, con un ramillete azul en la solapa derecha y una rosa roja en las manos. Una melodía muy suave se escucha desde el fondo del auditorio y David empieza a cantar para sorpresa de todos, incluyendo a Blaine, que debía sentirse avergonzado pero que lo que en realidad siente es que las piernas se le van a doblar en cualquier momento por lo varonil y maravilloso que se ve Dave.
You're just too good to be true
Can't keep my eyes off of you
You feel like heaven to touch
I wanna hold you so much
At long last love has arrived
And I thank God I'm alive
You're just too good to be true
Can't take my eyes off of you
David le señala y los diez chicos de su clase prácticamente aúllan y aplauden. Las chicas tienen la mirada fija en David; Blaine está seguro que más de una se ha enamorado justo en ese momento. Los ojos de Albert están fijos en ambos, como si no pudiera creer lo que está pasando.
La plataforma que usan para los musicales se mueve desde el techo. Blaine mira hacia arriba y Pete, el hombre que la maneja, le sonríe encogiéndose de hombros. Dave sube a la plataforma y va bajando mientras sigue cantando.
Pardon the way that I stare
There's nothing else to compare
The sight of you makes me weak
There are no words left to speak
But if you feel like I feel
Please let me know that it's real
You're just too good to be true
Can't take my eyes off of you
La pantalla sube y se abre el telón. En ese momento la banda va entrando y en medio de ellos Kurt llega bailando con un sombrero de copa y un esmoquin igual de implacable que el de Dave. Para ese momento a sus alumnas prácticamente se les está cayendo la baba.
Dave llega hasta él, le pasa el brazo derecho por la espalda para bailar mientras Kurt canta. Los chicos aplauden y forman unas cuantas parejas.
I love you, baby
And if it's quite all right
I need you, baby
To warm the lonely nights
I love you, baby
Trust in me when I say
Oh, pretty baby
Don't bring me down, I pray
Oh, pretty baby
Now that I found you, stay
And let me love you, baby
Let me love you
Dave lo suelta y de inmediato Kurt lo sujeta y empieza a bailar con él lentamente mientras sigue cantando.
You're just too good to be true
Can't keep my eyes off of you
You feel like heaven to touch
I wanna hold you so much
At long last love has arrived
And I thank God I'm alive
You're just too good to be true
Can't take my eyes off of you
Kurt lo sube al escenario y Dave aparece para tomarlo de nuevo entre sus brazos y cantarle.
I love you, baby
And if it's quite all right
I need you, baby
To warm the lonely nights
I love you, baby
Trust in me when I say
Oh, pretty baby
Don't bring me down, I pray
Oh, pretty baby
Now that I found you this day
Let me love you, baby
Let me love you
Dave se queda a centímetros de sus labios pero no hace nada más. Los aplausos de los diez estudiantes de Blaine se escuchan por todo el auditorio. Kurt hace una reverencia y Dave gira a Blaine para encarar a su público. Todos están sonriendo, todos menos Albert, que tiene los ojos rojos y sale corriendo del auditorio.
—Gracias, chicos, esto es todo. Espero verlos el lunes y lamento mucho que hayan tenido que ver esto. —Lo dice sonriendo igual que sus chicos.
—No se preocupe, profesor Anderson. Ha sido genial. Debería hacer más clases interactivas. —Jennifer le da una mirada bastante lujuriosa a Kurt.
Los chicos se retiran juntos riendo por todo lo que acaban de ver. Blaine está preocupado por Albert. Sabe que el chico no está bien y quizás debió salir corriendo tras él pero también está seguro de que en este momento el chico no le dirá nada. Se necesita un poco de tiempo para poder hablar de lo que tenemos en la mente. Blaine lo aprendió con el paso del tiempo.
Ahora tiene que lidiar con los dos chicos que le han hecho pasar uno de los momentos más hermosos de su vida. Pero necesita fajarse los pantalones para que las cosas no se salgan de su mano.
—Gracias. Ha sido genial verlos hacer esto. —Les sonríe a ambos y Dave se le acerca.
—Blaine, creo que sabes por qué lo hemos hecho. No es necesario que nos hagas sufrir a todos siendo que los tres nos amamos. Y estamos aquí para que lo entiendas.
—Lo entiendo pero mi postura sigue siendo la misma, chicos. —Kurt lo mira
—¿Cómo podemos convencerte de que estás haciendo mal? Estás tomando una decisión que es de los tres sin que nosotros podamos decir nada. Sinceramente, creo que esto es pura cobardía tuya. ¿Qué?, Blaine. ¿De verdad crees serás tan malo con los niños?
—Kurt… —La advertencia de Dave es débil. Blaine sabe que David también quiere saber qué le pasa por la cabeza.
—Nunca quise tener hijos. Mis padres fueron terribles conmigo y yo no sé tratar a los niños. Ustedes saben bien que mi padre no tuvo una relación real conmigo hasta que el abuelo murió y es una mierda pasar diecisiete años sin conocer a tu padre.
—Entonces, ¿es eso? ¿Tienes miedo de luchar por nuestro futuro porque no te sientes preparado? Perdóname, cariño, pero eso es egoísmo y no el sacrificio por nuestra felicidad que nos quieres hacer creer.
—Es un poco de ambas cosas, Kurt. Pero puedes pensar lo que quieras. —La decepción en los ojos de Kurt le duele en el alma.
—No eres tu padre, Blaine. Y nosotros no necesitamos tener hijos pero, si ésta es tu decisión, Kurt y yo ya no intentaremos más avances. Éste ha sido el último. —La voz profunda y serena que lanza el ultimátum pesa en el alma de Blaine. —Te damos el tiempo que necesites para pensarlo. Sólo recuerda que estamos enamorados de verdad, que queremos una vida juntos, los tres, y que nosotros estamos preparados para enfrentar cualquier cosa. Siempre lo estuvimos, desde que esto empezó. Has sido tú el que nos prohibió decir lo que éramos a todas las personas que deben saberlo. Eres tú el que ha decidido irse cuando nosotros sólo pensábamos en estar bien. Si queremos hijos, lucharemos por ellos. Y si no los podemos tener porque a pesar del amor, la compañía, la fortaleza y la bondad que les podemos ofrecer nadie ve más que un trío, pues entonces no tendremos hijos. Nos vamos.
Dave toma la mano de Kurt y salen por la puerta lateral del auditorio. Blaine se queda ahí, escuchando el silencio y pensando en las palabras de Dave. Necesita pensar. Sabe que Dave tiene razón en decirle que él solo se ha puesto en el lugar en el que está pero lo ha hecho por ellos. Una voz desde dentro le dice que ellos no le han pedido nada.
Sale con rumbo al estacionamiento. Aún usa el coche que Dave le regaló porque, a pesar de todo, en él se siente bien. Cuando está a punto de subirse ve la sombra de un chico. Sabe que es Albert antes de estar cerca de él. Cuando llega a su lado se sienta en el borde del estacionamiento sobresaltándolo.
—¿Cómo estás? —Es evidente que el chico ha llorado. —¿Te ha molestado lo que ha pasado? —El chico traga saliva.
—Usted sabe lo que soy, ¿cierto? —Blaine coloca una mano sobre el hombro de Albert.
—Nadie puede decirte lo que eres o lo que te gusta. Sólo tú. Y eso será con el tiempo. Ahora eres demasiado joven para preocuparte. —Los dulces dieciséis no son una buena edad para definir tu sexualidad. Eso lo sabe bien Blaine por experiencia.
—Seguramente tendré un sueño erótico con cada uno de ustedes tres, o con los tres al mismo tiempo. ¿Usted qué cree que significa eso? —Blaine resopla divertido.
—Puede significar que tienes una gran imaginación. Eres un gran chico, Albert. No tienes por qué vivir bajo ninguna presión. Sé tú mismo y deja que las cosas lleguen por sí solas. ¿Tus padres…?
—Papá es piloto y mi madre simplemente no está —Blaine asiente.
—Yo estoy aquí. Cada vez que quieras hablar sólo tienes que llamarme. —Blaine le da una tarjeta con sus números y el chico la sujeta entre sus manos para luego guardarla.
—¿Con cuál te vas a quedar? —La pregunta de Albert le desconcierta cuando van caminado por el estacionamiento hacia sus coches.
—¿Tú con cuál te quedarías? —Albert sonríe por primera vez en mucho tiempo.
—Con los dos. ¿Para qué elegir si se puede tener lo mejor de dos mundos?
Blaine habla un poco más con Albert antes de irse al departamento. La respuesta del chico le deja bastante divertido pero también piensa en la parte seria, en las ganas que tiene de que alguien le señale el camino y así no lastimar ni a Kurt ni a David.
Al llegar a casa ve a Kurt sentado en el sofá con los ojos cerrados. En cuanto lo escucha, abre los ojos y lo mira. Blaine de inmediato sabe que algo anda mal.
—¿Qué ha pasado?
—La madre de David murió hace una semana. Hoy han descubierto el cuerpo en su casa. —Blaine abre la boca pero no sabe qué decir.
