He amado hasta llegar a la locura; y eso a lo que llaman locura, para mí, es la única forma sensata de amar.
Françoise Sagan
El funeral de mi madre no fue tan especial como el del abuelo de Blaine, ni siquiera tan lleno de recuerdos como el de Otto de hace un año. El funeral de mi madre fue solitario y serio y estuvo dirigido por el sacerdote de su iglesia. Cristi y yo nos sentíamos perdidos entre tantas damas de la moral llorando. Papá también lloró. Después de todo lo entiendo, mi madre fue el amor de su vida, y creo que Nora también lo entiende y lo apoya. Fue reconfortante verlos, Nora abrazando a papá mientras Mike y Jake estaban resguardándoles. Kurt se mantuvo todo el tiempo a mi lado, sosteniendo mi mano e ignorando, igual que lo hacía yo, las miradas irritadas de las mujeres de la vela perpetua. Blaine, aunque no me tocaba, también estuvo al lado de mi familia, muy serio junto a su padre, William, y los Hummel-Hudson. Hasta mis chicos de Glee estuvieron en el funeral de mi madre apoyándome. Sé que ninguno tenía verdaderos buenos sentimientos por ella y que incluso muchos de ellos llegaron a odiarla de verdad por todas las cosas que me hizo. Sin embargo, no dejaba de ser mi madre.
Al finalizar el funeral, Mark Ross nos informó a Cristi y a mí de que teníamos que ir a su despacho para la lectura del testamento. Fue una sorpresa que mi madre dividiera sus bienes entre los dos; pensé que me desconocería hasta la muerte.
Ahora estamos frente a nuestra antigua casa, la casa en la que pasamos nuestra infancia y de la que salimos hace años, cuando las cosas se desmoronaron entre mis padres. Pasó mucho para que yo conciliara todo lo sucedido con mis padres y, por fin, me liberara de la culpa que me cubría.
—¿Listo?
Cristi y yo hemos decidido venir solos. Azimio, mi viejo y Kurt han protestado. Me ha gustado ver en la mirada de Blaine la misma protesta, aunque silenciosa. Sin embargo, Cristi y yo los hemos convencido de que esto lo teníamos que hacer solos. Detrás de esa puerta blanca hay muchos recuerdos que no sé qué nos traerán pero que queremos revivir.
—No. —Sonrío y Cristi me da un amistoso apretón en el hombro antes de abrir la puerta.
El interior sigue siendo de color blanco; los años parecen no haber pasado por aquí. Mamá aún conserva los mismos muebles y la misma fotografía familiar cuelga de la pared de la sala. Cristina camina hasta ella y la mira intensamente con una sonrisa tonta. Mi hermana tenía doce años cuando tomamos esa fotografía; yo, catorce.
—Dave. Te veías tan peque aquí… —En la fotografía no era más que un chico regordete con grandes cachetes. Me alegro de haber crecido bien. —Eras tan adorable. Debe haber cientos de fotografías tuyas de cuando eras pequeño.
—Hay más de ti, cariño. Mamá adoraba tomarte fotos con esos vestidos pomposos y tus bucles. —Cristi se sonroja porque recuerda que mi madre de verdad adoraba eso.
Subimos a nuestras respectivas habitaciones. Antes de entrar a la mía inspiro profundamente; la verdad es que no tengo ni idea de qué voy a encontrarme. Abro la boca cuando veo mi habitación impecable. Trago el nudo que se forma en mi garganta al pensar en mamá viniendo aquí para mantener todo como cuando nos fuimos.
Sobre la mesita de noche está la ultima fotografía que mamá y yo nos tomados juntos. Fue un año antes de que besase a Kurt. Ella sonreía ampliamente y sostenía mi primer premio de matemáticas. Parecía tan orgullosa de mí… Una solitaria lágrima escapa por mi mejilla y suspiro entrecortadamente. En mi armario mamá aún guarda mi equipo de fútbol americano, un palo de hockey que olvidé y una fotografía de mi graduación que nunca había visto. El corazón se me encoge. En esa foto estamos Blaine, Kurt y yo sonriendo a la cámara. Y mi madre la tenía pero, ¿cómo?
Salgo de mi antigua habitación para ir con Cristi. No me sorprende encontrarme con que la habitación de mi hermana también parece congelada en el tiempo. Cristi esta en medio, llorando. Me acerco a ella y la abrazo fuertemente. Permanecemos así hasta que Cristi resopla.
—¿Por qué lo hizo, David? ¿Por qué acabó con todo? Éramos tan felices, ella lo era, y nos alejó. —La voz de Cristi suena quebrada y herida. —Ella siempre supo que lo eras, lo vio antes que los demás y pudo ayudarte en tus momentos más oscuros. Pudo evitar todo ese dolor si tan sólo hubiera hablado contigo, si te hubiese dicho que estaba bien sentirte así, que estaba bien ser gay. —Los ojos se me llenan de lágrimas al ver a mi hermana así. Hace tiempo que perdoné a mi madre por todo lo que hizo y lo que no hizo pero Cristi no lo ha hecho. —Lo peor es saber que lo hizo porque de verdad se creía en lo correcto. Si tan sólo…
—Tienes que dejar eso. Ella ya no está en este mundo y, sin importar lo irracional que fuese, nos dejó cosas buenas, nos dejo historias y momentos dignos de recordar. A algún día le contarás a Alan que tu madre te leía todas las noches un poco de los libros de Harry Potter. —Cristi sonríe un poco —¿Sabes? Aún me despierto en las noches de tormenta y recuerdo cuando ella llegaba a mi habitación para calmarme. Sé que tú también harás eso con Alan y que él se sentirá orgulloso de ser tu hijo.
—Lo sé pero las cosas malas que hizo no se pueden olvidar así como así. La gente no se vuelve buena cuando muere, simplemente deja de existir y nosotros dejamos de reclamárselo. No puedo olvidar lo que hizo, Dave. He pensado tanto… Hay días en los que creo que jamás les hablaré a mis hijos de mi madre porque aún me duele haberla perdido, porque nunca supo entendernos. No quiero que mis hijos crezcan con esas cosas en la cabeza.
—Los padres siempre nos educan. Ella nos enseñó cómo no ser con nuestros hijos, nos mostró que el único camino para una relación entre padres e hijos es la comunicación. Tienes que dejarlo ir, Cristi, tienes que dejar que los rencores se vayan para siempre.
Mi hermana cierra los ojos y deja que el aire de sus pulmones se vacíe poco a poco. Después los abre y me sonríe sinceramente.
—Anda, vamos a buscar cosas para que nuestros respectivos se burlen de nuestros años dorados. —Sé que debería decirle algo más pero, al mismo tiempo, creo que necesita espacio para superar esto. En momentos así agradezco que Azimio sea su esposo porque sé que él intentara de todo para que mi hermana le diga lo que le pasa y podrá ayudarla mejor que yo.
Blaine mira la casa de los Adams desde su coche. Se había marchado con su padre a Westerville después del funeral pero no ha durado ni una hora; necesita saber cómo están Dave y Kurt. Así que ha tomado su viejo Lexus y ha conducido hasta el lugar donde piensa que pueden estar sus chicos. Pero ahora que está aquí no sabe qué hacer y lleva más de tres horas parado pensando. Ni siquiera sabe si están en casa de Azimio y Cristina. La otra opción es la casa de los Karofsky. Claro que no hay mucha diferencia, Cristi vive frente a la casa de su padre y eso le facilita mucho las cosas. Así que se arma de valor y sale del coche. En cuanto golpea la puerta siente que algo frío se instala en su nuca.
Azimio abre la puerta y Blaine traga saliva. No es que Azimio le caiga mal, de hecho es muy gracioso y tiene un sentido del humor ácido y crudo que a Blaine le gusta mucho, pero una parte de él, la asustada, la que aún recuerda que los tipos como Azimio lo golpeaban, intenta salir corriendo cada vez que Azimio está presente.
—Buenas noches… Yo… Quería saber qué… ¿Dave y Kurt están aquí? —Azimio eleva su ceja izquierda inquisitivamente y se hace a un lado.
—Pasa. —Blaine boquea pero no dice nada y entra a la casa. En ese momento Kurt baja las escaleras y lo mira haciendo una pregunta silenciosa. —Quería saber si ustedes están bien. —Kurt lo mira sin decir nada. Azimio los observa a ambos.
—Vamos. —Cuando Azimio habla Blaine y Kurt se sorprenden. —Pasen para acá. —Azimio los guía hasta la sala y les señala el sofá. Kurt abre la boca para protestar pero se da cuenta de que en los ojos de Azimio no hay imposición sino petición, así que toma asiento igual que hace Blaine. —¿Quieren algo de beber? —Ambos niegan. Azimio se sienta frente a ellos y se aclara la garganta. —He estado dándole vueltas a esto desde que llegaron, me refiero a hablar con ustedes. Desde que Dave me contó lo que pasó he tenido la inquietud de intercambiar un par de palabras con ustedes. —Azimio mueve nerviosamente sus piernas y vuelve a aclararse la garganta sin necesidad. —No sé si lo han notado. Bueno, imagino que en diez años tuvieron tiempo para notar que Dave es bastante complaciente, muy parecido al señor Karofsky. Y él los ama mucho. —Blaine mira hacia otro lado cuando Azimio dice eso. Para él no es habitual hablar de su relación con Kurt y David. —Yo no me meto en lo que ustedes tienen. Es más, me gustaba porque tenía muy feliz a mi amigo y si hay alguien en el mundo que se merece ser feliz ése es David. Ahora quiero que ustedes piensen en ello porque le están partiendo el corazón. Él necesita saber que las cosas con ustedes están bien. Acaba de perder a su madre y eso le ha pegado duro porque vivía sin saber nada de ella desde hace mucho. Ha sido terrible la forma en la que ha muerto porque nadie se dio cuenta hasta que fue inevitable y eso seguirá a Dave porque es un hombre bueno. Ustedes son sus únicos apoyos más allá del señor K. No les pido mucho. Hablen entre ustedes, decidan lo que quieren hacer y sigan un camino que no sea doloroso para ninguno de los tres.
Azimio los mira por unos segundos. Tanto Kurt como Blaine están en shock. Azmio Adams, matón de instituto, les ha abierto su corazón como el gran amigo que es para suplicarles que no le hagan daño a Dave. Azimio asiente y los deja solos. El silencio se extiende por varios minutos hasta que Kurt parece regresar.
—Sé que Dave quiere o querrá tener hijos pero, si te soy sincero, yo no los quiero. No ahora, por lo menos —Blaine asiente.
—¿Crees que es justo quitarle esa oportunidad a Dave? —Kurt se ríe.
—Tú eres más maternal que yo, Blaine. Trabajas con chicos todos los días. Si alguien debería formar una familia con David ése eres tú. —Blaine niega. —¿Qué? ¿Verdad que no se siente bien echar a perder esto? Blaine, te conozco. Sé que te encantan los niños y que serías un gran padre. —La mirada de Blaine brilla un poco más por un segundo. —No podemos decidir lo que Dave quiere o no. Creo que está lo bastante grandecito como para que nosotros le digamos lo que tiene que hacer y cómo lo tiene que hacer. Azimio tiene razón, Dave nos va complacer en todo pero nosotros también podemos buscar una forma en la que él esté bien con lo que pasa.
—Nadie le daría un niño a un trío de chicos. Vamos, ni siquiera a un trío hetero. Y yo tampoco lo aceptaría. ¿Sabes por lo que tendría que pasar ese pobre pequeño o pequeña? Las burlas, las repercusiones psicológicas… Ni siquiera me lo quiero imaginar. —Kurt sonríe.
—¿Ves como eres más paternal que yo? —Kurt toma las manos de Blaine entre las suyas. —¿Crees que podamos hablar de esto sin gritarnos, llorar ni hacer ningún tipo de drama? —Blaine está seguro de que todo lo sucedido, la canción, la conversación con Albert y la muerte de la madre de Dave, le han ablandado en su idea.
En ese momento la puerta de la casa se abre y los dos hermanos Karofsky entran sonriendo con dos pequeñas cajas de zapatos entre sus manos. Dave los mira. Luego sus ojos caen a sus manos enlazadas y su sonrisa se vuelve más genuina. Cristina les da una mirada divertida a los tres antes de hablar.
—Buenas noches, chicos. Imagino que Azimio está arriba. Si me permiten lo voy a alcanzar. —Cristi abraza a su hermano y le susurra algo oído. Dave se sonroja y baja un poco la mirada. Blaine no puede encontrar ese gesto más que adorable. Una vez solos es el momento de la verdad; tienen que hablar de todo lo que ha sucedido.
Cristina, mi pequeña y dulce hermanita, me acaba de decir que no haga mucho ruido en el cuarto. Ella parece saber cómo es el sexo de reconciliación.
Blaine y Kurt me miran. No se han soltado de las manos y eso es bueno. Por lo menos creo que ahora sí podremos tener una conversación civilizada sobre nuestra situación actual. La noche ha sido bastante larga así que creo que tendré suerte si me voy con ellos a la cama pero no como la pervertida de mi hermanita ha imaginado.
—Blaine, ¿qué…?
—Necesitaba saber si ustedes estaban bien. —Blaine se pone de pie y camina hacia mí. —He sido un idiota durante estas semanas. Debí hablar con ustedes y no tomar una decisión tan tonta. —Kurt también se pone de pie pero no camina, simplemente nos mira a Blaine y mí indistintamente. —Lamento todo lo que les he hecho pasar durante estas semanas. Les juro que no me he acostado con nadie, no en este tiempo, pero… —La mirada de Kurt cae.
—No importa. No nos importa a ninguno de los dos. Ya ha pasado. Todos cometemos errores. Nosotros no te contamos lo de Baltimore y eso trajo muchos problemas a nuestra relación porque estuvimos a punto de acabar con la confianza que nos tenernos el uno al otro. —Veo a Blaine tragarse el nudo de su garganta cuando escucha las palabras de Kurt.
—Kurt tiene razón. Hemos cometido errores pero yo quiero arreglar esto. Y no necesito que decidas por mí. No voy a mentir, seguramente en el futuro querré tener un hijo pero tampoco quiero perder esto. La vida se basa en decisiones, en caminos que elegimos tomar o no tomar, y es mi decisión tomar este camino, quedarme con ustedes hasta que, de verdad, ya no tenga ningún futuro o hasta que me muera.
Blaine se lanza a mis brazos y me besa con fuerza. Mi brazo izquierdo rodea su cuerpo mientras le respondo al beso. Él gime levemente al sentir las manos de Kurt en su cadera. Se aleja de mi boca pero no me suelta. Kurt me sonríe desde atrás; se ve radiante y contento. Blaine apoya su cabeza sobre el hombro de Kurt y suspira. Un momento después los tres subimos al cuarto que nos ha asignado Cristi.
Ahora es cuando noto dos cosas. La primera es que la habitación es la más alejada a la recámara principal, donde este momento duermen mi hermana y Azimio. Y la segunda, que tenemos una cama en la que cómodamente caben tres personas sin ningún jodido problema. ¿Alguna señal de que mi hermanita es perversa? Kurt se deja caer sobre la cama con el pijama puesto. Blaine se desviste hasta quedar en camiseta y bóxers y yo hago lo mismo para meterme a la cama con ellos. De una u otra forma sé que ninguno de los tres estamos de humor para tener sexo en este momento. Me llevo conmigo la caja de zapatos; les quiero mostrar unas cuantas cosas.
—¿Por fin nos vas a decir qué hay en la caja? —Sonrío por la curiosidad que muestra Kurt.
Abro la caja y les doy tres fotografías. El corazón se me derrite cuando veo la mirada de ternura que Blaine le da una.
—Eras un bebé hermoso. No puedo creerlo. ¡Tenías bucles! —Kurt sonríe.
—De verdad eras muy bello de niño, David. —Asiento.
—Lo sé, lo sé. Los años fueron mermando mi hermosura y termine convertido en esto que ven ahora. —Blaine cambia de fotografía y sonríe al verme montado en un caballo y con un sombrero de vaquero puesto. —No me lo digan. Pobre caballo. No sé como lo obligaban a cargar con semejante niño elefante. —En la fotografía tengo unos ocho años y estoy bastante llenito, por no decir gordo. Kurt niega con el ceño ligeramente fruncido. Ahora recuerdo lo mucho que a Kurt le molesta que me insulte, aunque sea de broma.
—Si me preguntas a mí te ves muy bien. Tienes ocho o nueve años y estás a punto de dar el estirón y quedar como el sexy Dave que conocimos en McKinley. ¿Recuerdas el primer día que nos vimos allí?
¿Que si lo recuerdo? Vaqueros ligeramente ceñidos, lo suficiente para dejar ver las formas de sus nalgas, suéter de cuello alto color arena y sombrero a juego. Yo iba caminado apresuradamente por el pasillo porque se me hacia tarde para mi primera clase de matemáticas. Me detuve en cuanto lo vi mordiendo un lápiz y mirando una de las pizarras. De inmediato me puse semi duro. Fue raro y vergonzoso pero no lo evité, ni siquiera lo pensé mucho en aquel momento, porque lo que más recuerdo de ese día es la mirada de Kurt cuando volteó a verme, esa sonrisa ligera que me dio antes de girarse para ir a clase contoneando las caderas.
—Cuando te miré y te sonreí fue porque me parecías lindo. Hermosos ojos, bonita sonrisa y un cuerpo atlético y robusto, como de jugar fútbol americano. Completamente mi tipo. —Sonrío ante eso lo último.
—Hasta que te lancé el primer granizado y arruiné las cosas.
—Sí. Y luego llegué yo y como el príncipe encantador que soy y salvé a la princesa del horrible ogro de McKinley. —Los tres nos reímos como idiotas. —¿Podríamos concentrarnos en las fotografías? —En la siguiente estoy sentado abrazando a mi madre por la cintura y ella tiene una inmensa sonrisa muy parecida a la mía. Blaine y Kurt se quedan en silencio, ambos mirando a mi madre.
Los tres tenemos recuerdos dolorosos con nuestras madres: la mamá de Kurt murió antes de que él pudiera de verdad conocerla; la de Blaine sigue luchando con su adicción al juego, se divorcio de papá Anderson por ese motivo, y mi madre, bueno, ella fue terrible desde que salí del armario… Así que los tres tenemos historias con nuestras madres. Sin embargo creo que ésta es la primera vez que ellos ven a mi madre de una forma más humana.
—Tenía trece años. Fue tomada antes de una fiesta en Cleveland.
—Tu madre se ve… —Kurt se queda un momento pensado. —Hermosa. —Pensé que diría humana. —Tienes su sonrisa.
—Sí. Ella sonreía a menudo en aquellos años. —La mano suave de Blaine se enreda con la mía —La he perdonado. Por lo que nos hizo, por lo que me hizo. Tal vez nunca olvide que me rompió el corazón pero aun así lamento que haya muerto como lo ha hecho. —No hay palabras, sólo un rato de gratificante silencio que nos hace quedarnos más tranquilos con lo que pasa.
—Vamos a dormir. Hoy ha sido un día bastante difícil. —Blaine y yo asentimos. Poco a poco nos vamos quedando dormidos.
Cristi entra a su habitación aún sonriendo por la cara de Dave cuando le habló del sexo de reconciliación entre los tres. Abre la puerta de su cuarto y ve a su marido con su hijo en brazos. Alan está tomando el final de su biberón ya medio dormido. Azimio deposita a su hijo en la cuna y le da un beso en la frente. Cristi podría morir de ternura en ese momento.
Azimio se gira y mira a su esposa como si fuera la cosa más hermosa de su mundo. Esa mirada es una de las cosas que Cristi ama de Azimio. Ella cae en la cama y luego su marido la sigue. Cristina se abraza al gran cuerpo de Azimio. Él no es como Dave, todo sólido y firme. Azimio de verdad es un poco gordito. Y también suave y muy amoroso a pesar de como se ve.
—¿Estás bien? ¿Ese hermano tuyo chupa pollas te ha cuidado bien? —Cristi sonríe y esconde el rostro en el cuello de su marido. Azimio siempre huele bien, no importa lo que haya hecho, si se ha pasado en el trabajo todo el día antes de llegar a casa o si lleva puesta una camiseta del departamento y sus pantalones para dormir. Él siempre huele a Aramis, un clásico que le queda muy bien.
—Me ha cuidado muy bien. —Hay un momento de silencio en el que Cristi se deja mimar por Azimio y tranquiliza su corazón escuchado los latidos rítmicos del cuerpo de su marido.
—¿Seguro que estás bien? —Cristi suspira y apoya su rostro en el pecho suave y confortable de Azimio.
—Creo que nunca voy a perdonar ni al recuerdo de mi madre pero ya lo he dejado atrás. Hoy que he ido a casa me he dado cuenta de que ella ha vivido sola los últimos años de su vida y que ha muerto de una forma horrible. Encontraron su cuerpo una semana después, Az. Yo vivo aquí, mi madre estaba muerta y ni siquiera lo sabía. ¿Sabes? Lo lamento por ella. —Azimio la abraza un poco más y besa su frente.
—Te amo. —Cristina sonríe.
—Quiero tener más hijos. Dos más por lo menos —dice Cristi. Az ríe.
—¿En serio? ¿Conmigo?
—Sí. Bueno, quiero intentarlo pero será complicado si sigues empeñado en tener la cuna de nuestro hijo en la habitación. ¿Recuerdas que tenemos un cuarto perfectamente decorado para nuestro hijo detrás de esa puerta? —Cristi señala una pequeña puerta frente a su cama.
—Aún es muy pequeño... Deja que pase un mes más y lo dejaré dormir solo. —Cristi sonríe negando.
—¿Quién se imaginaria que el duro detective Adams es un lindo pastel de chocolate? —Azimio gruñe frunciendo ligeramente el ceño. —Vamos. Te juro que a mi lado tu secreto está a salvo. Ahora vamos a dormir que mañana nos toca hacerles el desayuno a nuestros tres invitados.
—¿Crees que se arreglarán? —Azimio se gira para apagar su lamparita de noche.
—Imagino que sí por las miradas que se daban hace un rato. Y si escuchamos gemidos guturales lo confirmaremos
—Bueno. —Azimio abraza a su esposa y se quedan dormidos al poco tiempo.
Blaine despierta con una sonrisa en los labios; Dave y Kurt tienen sus manos entrelazadas sobre su cadera. Además puede sentir la rítmica respiración de David sobre su espalda y el vello del pecho de Dave le hace estremecer por su suavidad. Kurt se remueve un poco, aún dormido, y termina frotándose ligeramente contra el cuerpo de Blaine…
Y en ese momento se da cuenta de algo: está completamente excitado. Se siente como un adolescente que no sabe más que frotar su cuerpo con los de sus dos también excitados novios. Y es que puede sentir la erección mañanera de Dave acunándose perfectamente en su trasero. Kurt, frente a él, también está levantando una erección que está dejando a Blaine rogando por más. Los labios de Dave de pronto se sienten húmedos y calientes sobre su cuello. Blaine gime como una colegiala de película porno de bajo presupuesto.
—Buenos días. —Dave empieza a mover su cadera frotando aún más su gloriosa erección contra las nalgas de Blaine.
—Joder, Dave —es lo único que Blaine puede responder. Las manos de Kurt llegan al dobladillo de su camiseta.
—Aquí no, cariño. No podemos hacer ruido por mi sobrino. —Blaine levanta la cadera para facilitarle a Dave quitarle el bóxer y dejarlo completamente desnudo a merced de los dos. —Pero creo que podemos hacer algo por éste encanto de hombre. ¿No, bonito?
—Puede ser. —Kurt se separa un poco para sacarse la parte superior de su pijama y deshacerse de los pantalones hasta quedar complemente desnudo frente a Blaine y besarlo sin más.
Los labios de Dave viajan desde su nuca y muerden sus hombros haciéndole jadear mientras tiene la lengua de Kurt jugando con la suya. Dave sigue resbalando sus labios sobre su espalda besando y de vez en cuando mordiendo. Kurt abandona su boca para marcar besos sobre su cuello y su pecho. Siente la lengua de Kurt dibujar sus pezones y gime echando hacia atrás su cadera que choca con el rostro de Dave y con unas enormes manos que están separando su nalgas y poniendo su pierna izquierda sobre el hombro de Kurt.
Kurt sigue su camino por el vello del pecho de Blaine. Cuando está mordiendo la sensible piel de su ombligo la lengua de Dave recorre plana la piel desde sus bolas hasta su culo. Blaine cree que está a punto de correrse pero la providencial mano de Kurt alcanza la base de su polla. Se siente desfallecer cuando la boca de Kurt le da una chupada particularmente dura justo al mismo tiempo en que Dave cierra sus labios sobre su culo dándole un placer que lo está volviendo loco. La lengua de Dave entra poco a poco en Blaine dando paso a sus pulgares y dejándole jadeando de ansiedad por más. Blaine mueve la cadera follándose la boca de Kurt y dando espacio para que la lengua de Dave entre más y más en él. En ese momento Dave gime roncamente entre sus nalgas. Blaine quiere bajar el rostro para ver qué está pasando cuando Kurt gime de la misma forma que Dave.
La sensación tan intima que siente le está dando problemas. Está al borde de un orgasmo apoteósico. Siente la boca y lengua de Kurt trabajando en su polla tan duro, tan húmedo y apretando… Y la boca, lengua y dedos de Dave se sienten gloriosos sobre la piel de su culo haciendo que casi aullé de necesidad por correrse. Y necesita hacerlo tanto, necesita bañar la boca de Kurt con su semen.
Kurt gruñe y se retuerce sobre su polla. Ahora sabe que una de las manos de Dave ya no está sobre sus nalgas y eso quiere decir que debe estar sobre la polla de Kurt, masturbándole frenéticamente. Y seguro las delicadas manos de Kurt están sobre la inmensa polla de Dave acariciándole hasta hacer que se corra. Blaine tiene que dejar de pensar cuando ambos empiezan a gemir y a hacer sonidos que dicen que están disfrutando de lo que hacen y que es delicioso y…
Blaine se corre viendo blanco mientras los chicos siguen en sus tareas hasta que los escucha llegar con dos gemidos silenciosos pero contundentes. Esa ha sido una de las cosas más calientes que han hecho, sobre todo por lo íntimo que se ha sentido.
Dave y Kurt se separan de él y se unen en un beso de lo más caliente. Blaine gime nada más de verlos. Los chicos se dejan caer en sus lugares, sonriendo satisfechos. Blaine se sorprende a sí mismo suspirando como una colegiala enamorada.
—No quiero arruinar la felicidad de este momento tan caliente pero le quiero decir a papá lo nuestro. Se lo he ocultado durante años pero ya no quiero hacerlo más. Espero que me entiendas, Blaine —Blaine asiente.
—Yo también tengo que decírselo a papá. —Dave suelta una leve carcajada. Tanto Blaine como Kurt lo miran con una de las cejas elevadas.
—¿Qué? ¿No creen que es un poco irónico? Yo era el encerrado en el armario, preparado para vivir eternamente en Narnia. Pero salí y ahora soy el único que se lo ha dicho todo a su familia. Papá lo sabe, Nora y Jake lo saben, Azimio lo sabe y, como no puede ocultarle nada a Cristi, ella también lo sabe.
—Claro… Conserva tu estúpida sonrisa, Karofsky, porque después de desayunar vamos a ir a casa de papá y vas a tener que explicarle cómo es que su hermoso hijo ha terminado formando parte de un trío. —La sonrisa de Dave cae en ese momento de tan solo imaginar al señor Hummel.
Burt Hummel me observa. Sus ojos parecen estar en llamas. Carol sostiene su mano derecha pero, más que eso, parece estar deteniéndolo. Finn no dice nada, simplemente permanece callado, creo que en estado de shock. Rachel Berry tiene una extraña sonrisa pero tampoco dice nada. Creo que es normal, digo, acabo de soltarles la bomba de que somos un trío desde hace diez años y que nos amamos.
—¿Ustedes…? —Blaine asiente a la pregunta sin terminar de Finn.
—Déjenme solo con Kurt. —La voz enronquecida del señor Hummel nos sorprende a todos.
—Señor… —Su mirada me fulmina. Carol, Finn y Rachel son los primeros en salir. Blaine me toma de la mano. El señor Hummel gruñe levemente. Salimos pero no nos vamos lejos. De hecho, podemos escuchar a la perfección la conversación desde uno de los extremos de la escalera.
Hay un momento de silencio y luego el señor Hummel se aclara la garganta. No podemos ver a ninguno de los dos pero me imagino a Kurt mirando a su padre vestido con sus pantalones color gris con rayas de blancas, la camisa rosa y el chaleco azul, su pelo perfecto y sus ojos desafiantes.
—¿Dime por qué debo apoyar esta locura?
—Porque soy feliz, papá. —Hay un silencio. Imagino al señor Hummel abriendo y cerrando la boca. —Porque en diez años nunca he dejado de sonreír. Porque ellos me aman y harían cualquier cosa para que yo sea feliz. —La voz de bonito se entrecorta un poco. —Porque estar con ellos significa algo para mi corazón, para mi autoestima. —Escucho unos pasos y luego la voz de Kurt. —Porque he estado vulnerable frente a ellos y ellos frente a mí, aun sin estar en una cama o ni desnudos. Porque he descubierto que el sexo no solo es sexo, papá. Porque hemos conectado y he descubierto que los quiero siempre a mi lado.
Hay un silencio. Observo a Blaine, que tiene los ojos inundados de lágrimas. Lo abrazo y me lo llevo al jardín. Él me susurra de forma débil pero convincente:
—Te amo.
En ese momento Kurt sale de su casa con el rostro algo enrojecido. Separo mi brazo derecho del cuerpo de Blaine y Kurt se apoya en mi pecho acomodándose como puede. Desde una de las ventanas Burt Hummel nos observa sin decir nada. Ahora ya lo sabe y, por lo menos, no le ha dado un infarto. Ni me ha cortado la cabeza con una sierra eléctrica.
William Anderson observa a su hijo sin decir nada. No todos los días llega tu primogénito a decirte que tiene una relación con dos chicos desde hace diez años y que está la mar de enamorado de ambos. No es que William se asuste, peores cosas ha visto, de hecho hay cosas peores en la vida, pero ver a su hijo tan feliz le deja sin muchas armas para tumbar un poco esa idiota felicidad. Sin embargo una parte de él cree que debería estar poniendo el grito en el cielo. ¿Qué diría su padre? William se imagina que para estas cosas Daniel Anderson no hubiera estado preparado. No tiene el valor para decirle nada. Nunca fue un buen padre y aun así su hijo creció para convertirse en un gran hombre. Uno que está enamorado de dos hombres que son buenos y que lo tratan bien. ¿Tiene algo de qué quejarse? No, su hijo se lo merece todo, incluyendo a esos dos partidazos del mundo gay. Que se jodan los demás.
—¿No hay manera de que te quedes con uno? No sé, tal vez Dave Karofsky. Ya sabes lo bien que me cae. —Blaine sonríe.
—Te caen bien los millones que seguramente vale la constructora Karofsky. Pero lo siento, papá. Me quedo con los dos y al mismo tiempo. —William Anderson deja caer su cabeza hacia la derecha y Blaine se sonroja. —No me refería a eso, papá.
—Bien, porque no quiero esas imágenes en mi cabeza.
—Bueno, me tengo que ir. Casualmente Tina hoy abre su club y nos quiere a todos en la inauguración. —William lo mira extrañado.
—Han enterrado a la mamá de Dave hace dos días. ¿No crees que es muy pronto para una fiesta?
—Eso fue lo que Tina dijo pero Dave, Cristi y Paul insistieron en que no cambiara los planes; ya sabes cómo son. Creo que una fiesta podría ayudarles mucho a los chicos.
Blaine sale de casa de su padre y maneja hasta el centro de Lima. Ahora está mucho más tranquilo, sin embargo, en su cabeza sigue la idea de los hijos. No quiere que Dave se prive de ser padre, porque sabe que sería un gran padre. Pero ahora debe pensar en la sorpresa que les tiene preparada a Dave y Kurt. Les había dicho que se quedaría en Westerville después de decirle la verdad a su papá y los había convencido de que fueran a la inauguración.
Llega al lugar por la puerta de atrás, donde lo espera Mike.
—¿Están aquí? —Mike sonríe.
—Sí. Han bailado en una ocasión y ahora hablan con los demás. Todo está listo. Tina te va presentar en un momento. —Blaine hace que su cuello se relaje y escucha la voz clara de Tina.
—Esta noche de estreno hemos traído desde Nueva York a una de las nuevas figuras de los musicales. Autor, cantante y gran amigo: Blaine Anderson.
El lugar estalla en un gran aplauso. Blaine camina por el escenario hasta sentarse en la banqueta frente al piano. Sus ojos de inmediato se desvían hasta sus chicos.
—Gracias a Tina que me ha invitado hoy como padrino de este maravilloso lugar. Esta canción quiero dedicársela a las dos personas más importantes de mi vida. A las dos personas que me enseñaron que el amor es el destino final. —Blaine empieza con las notas junto con la batería y la guitarra. En cuanto canta muchas parejas se ponen de pie para bailar.
Now is the time of our comfort and plenty
These are the days we've been working for
Nothing can touch us and nothing can harm us
Nothing goes wrong anymore
Dave se levanta y lleva a Kurt a bailar lentamente mientras Blaine toca.
Singing a song with your feet on the dashboard
The cigarette streaming into the night
These are the things that I want to remember
I want to remember you by
Los azules ojos de Kurt se cruzan con la verde mirada de Dave y ambos se sonríen. Blaine sabe lo que están pensado porque él mismo recuerda todas las tardes muertas juntos y todas las horas que fueron especiales a pesar de no tener más que su compañía.
It won't come again
'Cause love is the end
Oh no, my friend
Love is the end
Dave lo mira con tanta intensidad que Blaine quiere bajar la mirada. Aún no se acostumbra a sentirse tan amado con esos pequeños actos de Dave.
I took off my clothes and I ran to the ocean
Looking for somewhere to start anew
And when I was drowning in that holy water
All I could think of was you
Los besos con esas chicas fueron terribles porque sentía que manchaba todo lo que había creado con ellos. Y habría sido mil veces peor con un hombre, porque Blaine nunca dejó de pensar en ellos.
Woah, oh oh
Love is the end
So lets not pretend
Cos love is the end
Blaine cierra los ojos y piensa en ellos, en hacerles amor, en terminar rendido entre sus brazos, en las cosas que tendrán que enfrentar, en los momentos duros que ya no están.
So I tread the only road
The only road I know
Nowhere to go, but home
Nowhere to go
Maybe our time is up
But still you can't look back
But all the principles of love
Don't say those words
Don't say those words
Don't say those words
Todos en el lugar aplauden. Blaine baja del escenario y le da un beso a Kurt para asombro de muchos pero, en cuento besa también a Dave, la mayoría termina con la barbilla en el suelo.
Blaine toma las manos de sus chicos y sale con ellos corriendo en busca de algo de verdadera intimidad.
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