Al llegar a un puente lo cruzamos y lo quemamos cuando queda atrás, no hay nada que demuestre nuestro avance, tan solo el recuerdo del olor del humo y las lágrimas de nuestros ojos.
Tom Stoppard
—¿Mala llamada? —Abro los ojos y veo a Kurt sonriéndome.
—Odio que sea así. Chiquillo estúpido. —Kurt se deja caer en mi regazo sin importarle que aún no me he duchado. Sus manos juegan con mi corto cabello despeinándolo todo lo que puede.
—Es un admirador más. —Gruño un poco.
—Odio a todos y cada uno de sus admiradores. No entiendo por qué tiene que tener tantos. Y con los años parece que se multiplican como feas y horribles cucarachas. —Kurt se ríe y sus manos se enredan en mi cabello mientras me besa dulcemente.
—Tú también tienes bastantes admiradores. —Hago un mohín pero Kurt no se aparta. —Esta barba que tienes, tu sexy sonrisa, tu cuerpo súper caliente y las sienes con estas pocas canas que te hacen tan interesante. He perdido la cuenta de todos los chicos que te miran. Eres su sueño hecho realidad. Te llamarían papi sin siquiera pensarlo. Y qué decir de todos a los que les gustaría perder su gran V de virginidad contigo. —Juego con sus labios entre los míos y mis manos acarician sus largas piernas.
—Ni siquiera lo noto, bonito. —Kurt me besa profundamente. Mis manos son atraídas por sus nalgas. Lo acerco a mí para que sienta como poco a poco me enciende. Entre sus labios logro hablar. —Sabes que ni siquiera lo noto.
—Lo sé. Y eso es muy dulce. —Atrapa mi labio inferior entre sus dientes. —Y más te vale que te mantengas así para siempre. —Seguimos besándonos hasta que estoy a punto de arrojarlo sobre el escritorio y follármelo sin contemplaciones pero se separa de mí apoyando su frente en la mía. —Necesito irme a la oficina y estoy tan duro…
—Puedo solucionarlo. Dame cinco minutos. —Kurt se ríe porque sabe que nunca son cinco minutos, afortunadamente.
—De verdad, de verdad, tengo que irme a la oficina. —Me da un beso más y luego se pone de pie, arregla su ropa y sale del despacho.
Ahora el del problema soy yo porque tengo que llegar a la habitación con una tienda de campaña entre las piernas. Menos mal que Rebeca no llega hasta dentro de dos horas porque sería muy penoso tener que explicarle a la mucama por qué estoy así. Después de una ducha, una sana masturbación y de vestirme para mi día de trabajo con uno de los trajes carísimos que Kurt y Blaine me hacen comprar, me siento como nuevo.
Llevo a Tom a casa de Marcus. Antes de bajar mi hijo me observa fijamente.
—¿Qué? —Mi hijo se encoje de hombros.
—Me gusta que te veas tan feliz. —Me da un beso en la mejilla. —Nos vemos más tarde, pa.
Sí, soy estúpidamente feliz con estos chicos. Con todos los chicos de mi vida que, por diferentes razones, me hacen muy feliz.
Los tres meses han corrido tan rápido que ni siquiera los he visto pasar. Mañana tenemos que viajar a Lima para el aniversario y el evento de la asociación y veremos al inútil de Albert. Entro a casa y me encuentro con la cara preocupada de Blaine. Su musical ha sido un éxito desde que se estrenó hace un mes.
—¿Qué pasa?
—Tom no ha comido nada. Dice Rebeca que llegó de la escuela y se encerró en su habitación. He llamado a Kurt para ver si sabía algo pero no tiene ni idea. Y he ido a verlo pero no me ha abierto. —Kurt debe estar dejando todo en orden y llegará un poco más tarde que de costumbre.
—Voy yo.
Llego a la habitación de Tom y doy unos suaves golpes en su puerta pero no escucho respuesta. Es raro, Tom nunca se porta así, ni siquiera cuando era niño tenía estos arranques de inmadurez.
—Tom… —La puerta se abre de inmediato. Entro. Tom está sentándose en el suelo apoyando su espalda en la cama. Me siento a su lado sin decirle nada. Él desliza su cuerpo hacia mí y paso mi brazo por sus hombros.
—Melissa y yo hemos terminado. —Beso el cabello de mi hijo sin decir nada. —Ha sido por una tontería, papá. Ella creyó que yo estaba coqueteando con una de sus amigas… —Las pasiones adolescentes son siempre iguales.
—¿Y lo estabas haciendo? —Tom resopla y asiente.
—Fue una tontería, papá. Te lo juro. Ni siquiera fue mi intención. Pero ella no me dio tiempo de explicarle nada. —Evito reírme. Su relación con Melissa ha sido la primera seria.
—Hijo, puedes intentar hablar con ella cuando las cosas se calmen. Tal vez logres salvar vuestra relación y, si eso no pasase, aún pueden ser amigos. Es mejor intentar conservar la amistad de una persona tan importante para ti. —Tom asiente pero suspira melancólico.
—Sólo es que pensé… Tú encontraste el amor en el instituto y muchos de mis tíos también. Pensé que Melissa sería… —Esta vez sí que me río un poco.
—Hijo, sabes que no fue tan sencillo. Lo mío casi fue suerte. Pasé mucho antes de que Kurt y Blaine cayeran en mi vida para no irse. No todos somos tan afortunados como el tío Finn, Puckerman o la tía Tana.
—Lo sé, papá pero, ¿todas las chicas son así de complicadas? —Mi sonrisa se ensancha.
—Todas las personas que valen la pena son complicadas, hijo. Tu tío Finn una vez se lo dijo a la tía Rachel y se gano una mirada reprobatoria.
—¿Kurt y Blaine también lo son?
—Mucho, son personas incontrastables. Pero cada segundo de alta cocina, de musicales franceses y de alta costura valen completamente la pena. Mi madre solía decir que el amor no siente ninguna carga ni piensa en sus problemas sino que intenta lo que está por encima de sus posibilidades y no pone como excusa lo imposible porque piensa que todas las cosas son lícitas y también posibles.
—¿La abuela amó mucho? —Hablar de mi madre sigue siendo un problema para mí.
—Mucho, hijo, mucho. Ahora ve a comer que tienes que hacer tu maleta porque partimos para Columbus mañana muy temprano. Vas a ver a Alan y Julie. Eso será apocalíptico.
—Quiero ver el coche nuevo del tío Michael. —La sonrisa de Tom se hace presente y eso me tranquiliza.
—Bien, vamos. Seguro Kurt ya ha llegado.
Tom baja del coche mirando feliz la casa de sus abuelos. Para él venir a Lima siempre es un placer porque es como estar en un refugio. Sabe que para sus padres Lima, Ohio, no fue tan dulce y amable como lo es ahora con él. Pero en este lugar están su abuelo Paul, que es una miel, y su abuelo Burt, que siempre le enseña los mejores trucos para disparar y el bello arte de los motores. Recuerda muy poco al abuelo William pero imagina que habría sido tan bueno como los que aún tiene. Además el castillo de Westerville es la hostia.
En Lima también está toda una legión de tíos y amigos de sus padres que quiere y admira. Como el tío Azimio, con sus malas palabras que siempre reprende la tía Cristi; el tío Finn, siempre despistado y con el que puede pasar horas jugando videojuegos; el tío Michael, que tiene unos coches maravillosos; la tía Tana, que siempre encuentra al forma de contarle chismes jugosos de los famosos, y la tía Britt, que aún intenta encontrar en las estaciones de tren el andén 9 ¾. El tema delicado sigue siendo el tío Jake y la tía Megan. Su papá no se lo dice pero sabe que le gustaría que tuviera una relación más estrecha con ellos. Tom no lo considera necesario. Él tiene tres padres, tres muy buenos padres, y no le hace falta más. No siente odio, ni rencor, ni nada negativo por sus tíos, simplemente no puede verlos como algo más que eso. Comprende que para ellos fuera más importante tener una vida cómoda, dinero y hacerse un nombre en sus profesiones. Sin rencores siempre y cuando no lo obliguen a más.
La mejor parte de Lima son sus primos: Alan y Julie, hijos del tío Azimio y la tía Cristi; John y Robert, hijos del tío Finn y la tía Rachel; Luna, Maya, Friedrich y Candy, los hijos de la tía Tana, a quienes les puso nombre la tía Britt; Lauren, Cecilia y Mia, las mellizas de los Puckerman; Mónica, la hija de los Abraham, y Lee y Sebastian, los hijos de los Chang. Todos van desde los ocho hasta los quince años, como él. Los únicos que aún no tienen hijos son el abogado Evans, que anda siempre de chica en chica, y tía Cedes, que ahora está saliendo con un importante empresario francés que está loco por ella o por lo menos eso es lo que dice Kurt.
El abuelo Paul lo abraza con ganas de exprimirlo. El abuelo Burt le hace prometer que lo verá en el taller antes de irse con su otro abuelo para conversar como los viejos amigos que son. La casa es un bullicio total, la gente viene y va por todos lados. Hay muchos abrazos y besos, palabras en francés que Tom no entiende y gritos de niños hasta que logra ver al tío Azimio y lo abraza con gusto.
—¿Qué te dan de comer tus padres? Cada día estás más grande.
—Te extrañé en el partido de hace unos meses, tío Az. —Su tío asintió algo apenado.
—Lo sé pero el trabajo de capitán es más exigente de lo que pensaba. Estoy pensando muy seriamente en retirarme.
—¿Y dejar a Ohio sin su mejor detective? —El tío Az sonríe de oreja a oreja.
—Alan está en casa terminando de ponerse todo el atuendo. Ve y dile que se apure.
Tom corre a casa de sus tíos, abre la puerta y sube las escaleras de dos en dos. Antes de abrir la puerta del cuarto de Alan toca dos veces; sabe que la privacidad es importante sin importar el rango de parentesco o confianza. Cuando escucha el adelante, sonríe.
—Hola, hermoso. —Alan sonríe y lo abraza.
—Ey, ¿a qué hora han llegado? —Tom se ríe.
—Hace horas. ¿Sabes que la reunión se va a acabar y la princesa aún no está lista? —Alan pone los ojos en blanco.
—Como dice tía Cedes, siempre esperarán por una diva. —Tom se deja caer sobre la cama de Alan mientras éste termina de colocarse la bufanda al cuello y comprueba que se ve bien. — ¿Has invitado a Melissa? —Tom suspira. En ese momento Alan deja de mirarse en el espejo y se concentra en él.
—Terminamos ayer. La llamé antes de venir pero no me respondió. —Alan se sienta en la silla de su escritorio y cruza las piernas muy al estilo de Kurt. Tom no puede evitar sonreír al verlo. Sabe que Alan lo adora.
—¿Sabes que eres muy guapo? Sé que eres adoptado y todo eso pero te pareces mucho al tío Dave y él es el sueño húmedo de muchas chicas. Lo que te quiero decir es que hay muchos peces en el mar y que tienes que besar muchos sapos para encontrar a tu princesa o algo así. En realidad no sé cómo se aplica a los heteros pero tú me entiendes, ¿verdad? —Tom ríe y le da un apretón en las manos a Alan, quien sonríe soñador.
—¿Quién es? —Alan se pasa la lengua por el labio inferior y se mira las uñas indiferente.
—No sé a qué te refieres. —Tom eleva una ceja. —¡Bien! Se llama Carson, es jugador del equipo de fútbol americano, tiene unos hermosos ojos azules y es enorme. Sus brazos son perfectos y estoy tan enamorado… —Tom se carcajea un rato.
—¿Como estuviste enamorado de Philip el año pasado? —Alan lo mira ofendido.
—Eso no tiene nada que ver. —Se coloca la mano derecha sobre la cadera y la izquierda la mueve fluidamente para dar más intención a sus palabras. —De verdad amo a Carson.
—Ya. ¿El tío Azimio ya lo conoce? —Alan niega súbitamente abatido.
—Papá es capaz de matarlo. Es hijo de uno de sus detectives y lo odia.
—Bueno, el tío Azimio casi mató a Philip del susto, ¿no? Me dijiste que se desmayó cuando le enseño su magnum.
—Ni me lo recuerdes. Papá es un bruto. Si no lo quisiera tanto me enojaría con él.
—Ey, guapos. —Julie aparece en el marco de la puerta. —Todo mundo se pregunta donde están. —Julie es un año menor que Alan y es tan hermosa como la tía Cristi.
—Vamos, princesa. —Julie se cuelga del brazo de su hermano y luego le tiende una mano a Tom.
—¿Saben? Estas fiestas son una mierda. Todos son guapos pero, o son familia o son gais. ¿Dónde me voy a conseguir un buen novio? —Alan besa la frente de su hermana.
—Deja que cumplas dieciséis y me encargare de eso, linda.
Escucho un teléfono pero tengo más sueño que ganas de conectar mi cerebro con la realidad. El móvil sigue sonando y empieza a ser endiabladamente molesto. Deslizo la mano por la mesita de noche hasta que llego al móvil, entreabro lo ojos y, al ver un poco de verde, presiono el botón.
—¿Blaine? —El sueño se acaba de ir por el caño al escuchar la voz de Albert.
—¿Qué quieres? Son las siete de la mañana. —El idiota suspira.
—Necesito hablar con Blaine
—Está dormido. Hemos tenido una noche muy movida.
En ese momento Blaine me quita el móvil de las manos y empieza a hablar con el pendejo de Albert. No dice más que sí y oh, dios. Blaine termina la llamada y luego salta de la cama sin decir nada. Kurt también se ha despertado. Los tres estamos muertos. Condujimos de Lima hasta Westerville para quedarnos en la propiedad de los Anderson. Tom se quedó con Azimio y Cristi pero aun así fue pesado llegar hasta aquí y teníamos planeado dormir hasta tarde.
—Tengo que darme una ducha rápida e ir a la asociación. —Me muerdo el labio inferior para no gritar de frustración. Kurt pone una de sus manos sobre mi antebrazo para tranquilizarme.
—¿No se supone que el chico maravilla tenía todo listo?
—Ha pasado algo pero ustedes no se preocupen, todo estará listo.
Blaine entra a la ducha y diez minutos después sale completamente vestido. Se despide rápidamente de nosotros. En cuanto la puerta se cierra Kurt me mira preocupado.
—¿Qué?
—Debes confiar en él. No ganas nada poniéndote así. —Frunzo el ceño.
—Confió en él pero me molesta que no se dé cuenta de que ese hijo de puta sólo se inventa estas cosas para meterse en sus fabulosos pantalones de diseñador.
Kurt me sonríe y se sube a mi cuerpo acariciando mis costados con sus finas manos. Me besa tranquilamente por un momento; quiere que me olvide de lo cabreado y celoso que estoy pero las cosas no funcionan así, sigo odiando al imbécil de Albert. Kurt no se desanima. Enlaza sus manos con las mías y eleva mis brazos por encima de mi cabeza hasta llegar al cabezal de la cama. Kurt usa un extremo de la tela que cubre el cabezal para sujetar mi muñeca izquierda y luego hace lo mismo con la derecha sin dejar de besarme.
—¿Qué significa esto? —Sonríe encantador.
—Te estoy distrayendo para que no le cortes la cabeza al pobre Albert.
Sigue besándome en la boca y luego sus labios se hacen camino hasta mis pezones, los cuales muerde y succiona hasta que están duros.
—Kurt… —Intento zafarme de los amarres pero la tela es más firme de lo que pensaba.
Sigue dejando besos por mi abdomen, dibujando con su lengua mis músculos. Me muerde la piel de la cadera y cuando llega a mi polla no hace más que acariciarla lánguidamente mientras le da pequeños besos a la base. Su lengua a penas roza la piel de mi polla. Necesito que haga algo, lo necesito ya.
—Esto no me está calmando, Kurt. —Se ríe mientras sigue acariciándome tan suave que me estoy muriendo.
—¿Cual fue la primera fantasía que usaste para masturbarte después de que supiste que te gustaban los hombres? —Cierro los ojos un momento.
—¿Quieres conversar ahora sobre eso? —Kurt me da un apretón en las bolas y lame mi glande una vez. —Tú. —Mi voz sale entrecortada.
—¿Haciendo?
—Haciéndome una mamada.
Sonríe y engulle toda mi polla con su boca. La chupa con deleite, como si amara hacer tan sólo eso, tener mi polla en su boca para llevarla de saliva, para succionarla, para hacer que me corra dentro con tan sólo sus labios, su lengua y un poco de esa mirada inocente que sigue dándonos cuando hacemos el amor. Cuando esto a punto de correrme se separa de mí y se limpia la barbilla.
—Me encanta tu sabor pero tengo otros planes. —Coloca sus piernas a cada lado de mi pecho hasta que su miembro llega a mi cara. —Abre. — Sin más abro la boca y dejo que él entre y salga a su antojo.
Kurt se folla mi boca sin contemplaciones. Sólo se separa cuando siente que ha llegado hasta el fondo de mi garganta pero sigue con su ritmo fuerte. Quiero tocarlo, necesito tocarlo. Mis muñecas se retuercen impacientes sobre la tela. La escucho crujir. Hago más fuerza, toda la que puedo, hasta que por fin la rompo. Mis manos van a caer directamente sobre las nalgas de Kurt. Él se sorprende pero no deja que su polla salga de mi garganta. Sin embargo, yo quiero otra cosa.
Le doy una fuerte succión y luego lo tomo de la cadera hasta colocarlo sobre mi erección. Él se abre dócilmente para mí pero sé que es un lobo con piel de oveja porque, en cuanto se siente listo, empieza moverse con desenfreno y pasión. Lo único que se escucha en la habitación son nuestros gemidos y jadeos, la fricción de nuestras pieles. Kurt se acaricia rudamente hasta que logra derramarse sobre mi pecho. En ese momento lo tomo de la cintura, lo tiro sobre la cama y lo embisto hasta que llego dentro de él aullando de placer.
Me tiro de espaldas a la cama. Kurt apoya su cabeza en mi pecho y besa mi pectoral izquierdo. Juega con el vello de mi torso hasta que nuestras respiraciones se calman.
—Esto es lo que llamo un polvo glorioso, apasionado y rápido. ¿Te sientes mejor? —Beso su frente antes de suspirar.
—No. Sigo celoso por culpa de ese pendejo pero entiendo a Blaine.
Para las tres de la tarde Blaine aún sigue en la asociación. El evento empezará a las siete y Kurt está a punto de irse de compras de emergencia con todas las ex chicas del club Glee más los Adams. Tom, John y Robert también van pero ellos se perderán en la primera tienda de electrónica que vean.
—¿Te vas a quedar aquí?
—No, creo que iré a las oficinas para ver si Blaine necesita ayuda. —Kurt me mira inquisitivamente por unos segundos y me advierte.
—Cuidado con lo que hace, señor Karofsky. Sabes que Blaine ha trabajado mucho por este evento y no sería justo que se lo arruinaras por una tontería, ¿ok?
—Sí, hombre. Sólo ofreceré mi ayuda desinteresada. Lo juro.
Blaine se frota el rostro de nuevo. Está cansado pero las cosas se van resolviendo. Únicamente falta el número final. Albert le sugiere que cante él pero Blaine no quiere lucirse en el aniversario; quiere que todos recuerden esos quince años de lucha, de trabajo y entrega viendo sus logros, viendo que han ayudado a muchos chicos a no sucumbir ante la presión que implica no conocer su sexualidad o tener dudas sobre ella.
Albert le sirve más café y Blaine se lo agradece con una sonrisa e inmediatamente regresa su vista a los permisos que tiene que firmar. Sorpresivamente siente unas fuertes manos frotando sus hombros. No quiere pero termina cediendo ante la sensación liberadora del masaje.
—Creo que deberíamos parar un poco. Desde que has llegado estamos en esto de ultimar los detalles. —Blaine echa la cabeza hacia atrás al sentir las manos de Albert en su cuello.
—No falta mucho para terminar. —Gime un poco pero se congela cuando siente los labios de Albert en su cuello.
—Podemos hacer otras cosas que también nos lleven a terminar. —Blaine salta como un gato al escuchar la voz de Albert
—No. Te estás confundiendo, Albert. Me halagas mucho pero esto no es lo que quiero. Ya tengo lo que necesito en mi vida así que…
—Eres la tercera rueda que nadie quiere, Blaine. Ellos están bien juntos. Tú podrías iniciar una nueva vida conmigo. —Albert se acerca a él y enreda sus brazos en la cintura de Blaine.
—Antes puede que esas palabras me hubiesen afectado pero ahora han pasado demasiadas cosas como para que lo hagan. Lo siento, Al. Estoy donde quiero estar. —Albert es casi de la talla de Dave pero Blaine no necesita fuerza para que se aleje. Simplemente lo mira y Albert entiende.
—Sólo quiero…
Albert quiere sorprender a Blaine jalado su rostro para besarlo pero él lo esquiva. En ese momento la puerta se abre y Blaine ve a un cabreado Dave Karofsky. Quiere cerrar los ojos pero no lo hace. Dave camina hasta ellos y mira desafiante a Albert.
—Ya te puedes ir a comer. Yo puedo ayudar a Blaine con las cosas pendientes.
—Soy su mano derecha aquí. Puedo ayudarlo mejor que… Usted. —Dave sonríe y pasa uno de sus brazos por la cintura de Blaine acercándolo a él.
—Créeme, niño. No podrás hacerlo mejor que yo. Ahora, vete de aquí. ¡Ya! —Albert contrae su rostro, toma su chaqueta y sale dando un portazo.
Blaine se separa de inmediato de David y lo mira furioso.
—¿Qué clase de lucha de machos ha sido esa?
—La que hacía falta para aclararle a ese niño su lugar. Y de paso te lo voy a aclarar a ti.
Dave lo besa furiosamente. Blaine se siente molesto por su actitud pero no puede dejar de responder al beso y a la ferocidad con la que Dave parece querer marcarlo. Es elevado por los fuertes brazos de Dave quien lo lleva hasta el escritorio haciendo que caigan al suelo la mayoría de los documentos que estaban sobre él.
—Eres mío. Kurt y tú lo son. Me escogieron a mí. —La voz de Dave es oscura, sedosa y pasional.
David se deshace rápidamente del cinturón de Blaine y le baja los pantalones. Lo vuelve a tomar de la cintura pero esta vez es para ponerlo de pie, girarlo y dejarlo apoyando el pecho sobre el escritorio. Dave se saca la polla por la abertura de los vaqueros y se inclina lo suficiente como para susurrarle al oído.
—Te necesito, Blaine. —La polla de Dave se frota en la piel expuesta de Blaine. —Necesito que recuerdes lo mucho que me quieres. —Entra en él de una sola embestida pero no se mueve. —Dime que me quieres. Dime que me necesitas tanto como yo a ti.
Blaine intenta respirar. Sabe que éste es un polvo provocado por la furia. Le gusta aunque no las razones que lo han provocado.
—Te necesito. Te quiero… Te amo.
Dave empieza moviéndose lentamente, saliendo un poco y regresando con fuerza. Sus manos dejan la cadera de Blaine y se colocan en sus hombros. Sale un poco más y luego regresa para moverse con fuerza. Las manos de David se clavan en los hombros de Blaine. La fuerza con la que se lo folla es casi irresistible pero se las arregla para no correrse pronto. Dave está descontrolado; ni siquiera se da cuenta de que el escritorio cruje o de que el ordenador se ha caído.
Blaine se corre sin la necesidad de tocarse, es demasiada la excitación del momento y la furia de los embates de David. Él no se detiene hasta que gruñe y lo penetra de tal forma que se corre en lo más profundo de su interior. David cae agotado en el suelo llevándose a Blaine con él. Pasan unos largos minutos hasta que bruma post orgásmica se va definitivamente. Blaine se pone de pie como puede, se ajusta la ropa y mira a David.
—Eres increíble, Dave Karofsky —espeta aún molesto.
Es la primera vez que escucho eso sin que en realidad tenga una connotación positiva. Blaine está cabreado conmigo y no lo culpo; acabo de portarme como un idiota celoso.
—Blaine… —Me pongo de pie y al hacerlo me tambaleo un poco pero logro recuperar el equilibrio. Intento recomponer un poco el desastre que es mi entrepierna y luego miro a Blaine.
—Si no confías en mí, ¿qué hacemos los tres juntos? Esta estúpida pelea… Ha sido horrible. Es como si estuvieran compitiendo para ver quién se queda con el culo de la puta. —Eso ha dolido.
—Blaine, he sido un idiota. Farmec, por favor...
—Quiero pensar que esto es algún tipo de crisis de los cuarenta o algo así. No sabes lo decepcionado que estoy ahora mismo de ti. Ni siquiera te importa nuestra labor aquí. Este evento es importante para demostrar que somos una asociación solida y seria. Ahora tengo que pensar en un número para terminar con esto. Por favor, David, vete a casa. Nos vemos en el evento.
—Farmec…
Blaine se gira y entra a la ducha de su oficina. Sé que en este momento no quiere verme. Salgo y sigo sin poder creerme lo que he hecho. Soy un bruto. A pesar de los años no puedo controlarme del todo y ahora él cree que no le tengo confianza y que su trabajo aquí no me importa. Subo al coche pero antes de arrancar se me ocurre una gran idea. En mi móvil busco el numero Puckerman.
—Noah, necesito tu ayuda. Le he cagado en grande con Blaine.
Tom se pregunta dónde pueden estar Kurt y su papá. El evento casi termina y de ellos ni rastro. Se siente enfadado. Es la primera vez que hacen algo así y lo peor es que se lo hacen a Blaine, que es un alma cándida. Va al escenario y ve a Blaine un tanto nervioso y bastante triste.
—¿No sabes nada de ellos? —Blaine lo mira y sonríe para luego suspirar pesadamente. —¿Ha pasado algo que deba saber?
—Tu papá y yo tuvimos una discusión por algo que exageré. Le dije cosas que no debí, por lo menos no en ese tono, y me temo que ahora debe estar molesto conmigo. —Tom abraza a Blaine.
—Mi padre los quiere, papá. —Blaine besa el pelo de Tom y luego lo separa un poco de su pecho.
—¿Me has dicho papá? —Tom sonríe.
—Sí. También se lo digo a Kurt. En mi cabeza, por supuesto. Ustedes son mis padres, los tres. Sólo que los quiero por igual a los tres y no sabía cómo llamarles. Cuando era niño pensaba en decirle a Dave padre, a ti papá y a Kurt papi pero no me sentía muy cómodo con la idea así que empecé a llamarlos por sus nombres. Claro que eso no quiere decir que nos los ame como los padres míos que son. —Blaine se seca de inmediato unas lágrimas que quieren salir de sus ojos.
—No te preocupes. Todo estará bien entre tu papá y nosotros, ¿ok? Ahora ve a tomar tu lugar porque esto casi se acaba.
Cuando Tom se marcha, Blaine sale al escenario sonriendo a todos sus invitados. Es la primera vez en toda la noche que tiene la oportunidad de ver que una parte del auditorio, la destinada a sus amigos del club Glee, está casi vacía. Sólo ve a Sam que le sonríe pero que parece que le oculta algo.
—Bueno, la noche está llegando a su fin. Como habrán notado es para nosotros una gran fiesta el cumplir quince años en esta asociación que intenta ayudar a las personas con problemas para encontrar su sexualidad o para conciliar consigo mismos esa sexualidad. Antes de despedirnos quisiera regalarles un último número. Esta canción significa mucho para mí. En las largas noches en las me preguntaba por qué era gay escuchar esta canción me daba esperanza porque, de una u otra forma, buscaba darle una oportunidad al amor. La madre Teresa descubrió una paradoja en el amor pues amando hasta que duela se llega a un punto en el que ya no se siente el dolor, sólo se puede sentir el amor.
Blaine camina hasta el piano y se sienta en la banqueta. Antes de que empiece a tocar, Puckerman aparece en el escenario dando las primeras notas de la canción a la guitarra, seguido de Finn que está sentado en la batería que hay en la pared inferior del escenario y de casi todos los ex miembros del club Glee haciendo sonar sus dedos. Blaine toca en el piano y empieza a cantar.
Pressure
pushing down on me
Pressing down on you
no man ask for
Under pressure
That burns a building down
Splits a family in two
Puts people on streets
Las chicas continúan, logrando que la gente en el salón empiece a aplaudirles.
Bah bah bah bah bah bah
Bah bah bah bah bah bah
Sam, que está entre el público, ahora tiene un micrófono y va subiendo al escenario mientras canta.
That's o-kay!
It's the terror of knowing
What this world is about
Watching some good friends screaming
Let me out!
Blaine continua con la siguiente parte cantando con Sam.
Pray tomorrow
takes me higher
Pressure on people
People on streets
Kurt y Mercedes se adueñan del centro del escenario para cantar juntos.
Do do do bah bah bah bah
O-kay
Chippin' around
Kick my brains round the floor
These are the days
It never rains but it pours
Do do do bah bah bah bah
People on streets
People on streets
Finn y Rachel continúan con sus voces.
It's the terror of knowing
What this world is about
Watching some good friends screaming
Let me out!
Blaine sigue mientras mira al público y ve las caras de los hijos de sus amigos con unas sonrisas enormes.
Pray tomorrow
takes me higher higher higher
Pressure on people
People on streets
Puck toca y junto con Santana canta la siguiente parte de la canción.
Turned away from it all
Like a blind man
Sat on a fence but it don't work
Las voces de Kurt y Mercedes se unen a las de Puckerman y Santana para lo que sigue.
Keep coming up with love
But it's so slashed and torn
Why why why?
Love love love love
Blaine se pone de pie mientras toca y sigue cantando a las personas del público que están completamente entregadas a ellos.
Insanity laughs under pressure we're cracking
Can't we give ourselves one more chance?
Why can't we give love that one more chance?
Why can't we give love give love give love?
Give love give love give love give love give love?
De la nada se escucha la voz de barítono de Dave. Blaine lo ve aparecer desde detrás de Finn cantando hasta quedar frente a él.
Cause love's such an old fashioned word
And love dares you to care
For people on the edge of the night
And love dares you to change our way
Kurt, Blaine y David cantan la última parte logrando que el lugar se caiga por los gritos y aplausos.
Of caring about ourselves
This is our last dance
This is our last dance
This is ourselves
Under pressure
Under pressure pressure.-
Puckerman y Dave tocan con sus guitarras la última parte mientras sus ex compañeros chasquean sus dedos. Al terminar los silbidos y aplausos de sus hijos son ensordecedores.
Haber entrado a McKinley con la fuerza de la ley por delante, léase obligados por Puckerman y Azimio, para que nos dejaran ensayar ha valido completamente la pena porque ahora Blaine tiene una maravillosa sonrisa en el rostro y parece que todo el enojo anterior ha desaparecido de su mirada. Kurt, detrás de él, me sonríe. Los ex chicos del club Glee de McKinley bajan del escenario. Azimio y Cristi nos dan una gran cena esta noche así que todos se van yendo a casa de mi hermana.
Cuando al fin nos quedamos los tres solos Blaine se acerca a mí un tanto serio. Trago saliva. Desvío la mirada hacia Kurt que me mira tranquilizador.
—Siento lo que te he dicho esta tarde. He sobre reaccionado a todo y… —comienza a decir Blaine. Lo beso en parte para callarlo y en gran parte para tranquilizarme probando sus labios.
—No tienes que decirme nada. Yo he sido el idiota. Es que de pronto vi todo rojo de nuevo y reaccione así. No es justo para ti que me comporte de esa manera. Perdóname.
—¿Podemos dejar todo esto atrás? —nos pregunta Kurt. Blaine voltea a mirar a Kurt y asiente. Bonito corre hasta mí y se cuelga de mi brazo derecho sonriendo encantador. —Lo mejor de este trío es que todos me voltean a ver cuando llegamos a un lugar.
—Y lo que más me gusta a mí es que tengo tres padres maravillosos. —Los tres vemos a Tom salir de entre la oscuridad de escenario. —No se lo puedo decir a muchas personas pero con que nuestra familia lo sepa me doy por bien servido. Además, todos los chicos están igual de alucinados que yo después de verlos así. Todos sabíamos que fueron parte del club Glee pero después verlos hacer esto se me hace injusto que no me durmieran con canciones de cuna todas las noches.
—Eso lo guardamos para los nietos. —Kurt le guiña un ojo a Tom y nos reímos de la cara del chico.
Los cuatro nos vamos hacia el estacionamiento después de un bello mensaje de mi hermanita diciéndome que si no llegábamos en diez minutos me iba a colgar de los huevos. Eso fue bastante persuasivo. Kurt, Blaine y Tom suben al coche mientras yo me quedo mirándoles.
Han pasado tantos años... Del David que empezó este camino queda muy poco pero la base sigue ahí. Aún estoy asustado pero día a día venzo cada pequeña batalla en contra de mi miedo. Mi voluntad ha sido por y para ellos. He sido feliz y espero que falten muchos años para que llegue a la meta porque justo ahora quiero seguir mirando esos ojos llenos de felicidad de las personas que me aman y a las que amo profundamente.
Un abrazote a todas las personas que me lean pero sobre todo, a las que se tomen la molestia de dejarme un comentario.
