Disclaimer: Junjou Romantica y sus personajes son completa propiedad de Shungiku Nakamura.
Notas: Hay bastante de mi cosecha en cuanto a Nowaki en este cap. De todos modos no es nada importante, son sólo gustos y esas cosas.
III.- Angels
Despertó cuando ya había llegado la madrugada para hacer de las suyas en las calles de la ciudad. Miró por la ventana y se percató de ello, con la luna llena y las pocas estrellas. Grande fue su sorpresa al encontrarse desnudo sobre su cama, con un dolor extraño en la cadera, y esto último lo hizo sonrojarse hasta parecer un vulgar tomate. Se refregó la cara y se echó el pelo hacia atrás pero, rebeldemente, éste volvió a caer delante de su frente. Se puso de pie con brusquedad, mareándose un poco en el acto, y se dirigió a la ducha.
Salió al rato después y fue hasta la sala. Miró el sillón y la situación de hace unas horas le invadió la cabeza e inmediatamente volvió a sonrojarse, aunque con una sonrisilla pícara en los labios que no podía entender. Se preguntó por qué Nowaki no se había despedido, si quiera dejándole una nota, y buscó entre los cojines de los sillones algún indicio, y al no encontrarlo fue hasta su habitación. Sobre la mesita de luz, había un papel que decía "me voy, espero verlo pronto de nuevo". Se molestó un poco por la poca emoción que reflejaron esas palabras, pero luego pensó que no podía exigirle nada más, no dentro de ese lugar desconocido que ocupaba en su vida.
Miró el reloj de su sala señalando éste la una de la madrugada. Era medianamente temprano, si lo pensaba con frialdad, aunque dudaba muchísimo si Nowaki estaba en la plaza de siempre, además de que hace varios días que ya no estaba allí haciendo lo que de costumbre hacía. Extrañaba sus colores y esas ventanas al cielo con pinceles y aerosoles. Poco entendía sobre eso y estaba seguro de que Nowaki tampoco sabía mucha teoría acerca del tema; un ser tan evasivo como él siempre intentaba buscar su propia marca.
Agitó un poco la cabeza y el pelo mojado lo golpeó en la cara. Las gotitas resbalaron por su piel como en una carrera, y se fue a dormir.
Pronto se encontró dando clases otra vez, curiosamente, acerca del arte. No propiamente tal, pero debió introducir el estudio del arte tradicional para alcanzar la Literatura. Decía que los cuestionamientos de las personas suelen llegar a su auge en las formas de expresión, sean cuales sean, escritas o esculpidas. La belleza tiene muchísimas caras, lo había leído por ahí alguna vez.
Varios preguntaban acerca de la clase pero no faltó mucho para que entre pregunta y pregunta saltara alguna personal. Las evadió lo mejor que pudo con ese sonrojo repentino que invadió su rostro con calor. Para su fortuna ya había terminado la clase y, como el perseguido que era, salió antes que cualquiera a encerrarse al estudio que compartía con Miyagi.
Sacó de su bolsillo unos cuantos papeles, encontrando entre ellos la notita que Nowaki le había dejado la noche anterior. Pensó en la última idea de la frase, preguntándose cuándo volvería a verlo; era igual de probable verlo mañana o verlo en tres años más, cosa que le oprimió el corazón de una manera desconocida aun cuando ya Nowaki no era un desconocido para él.
Lo leyó cuantas veces alcanzó a hacerlo y se percató de la caligrafía tan aniñada del pintor, cosa que le sacó una sonrisilla divertida. Nowaki escribía como si no hubiese escrito en muchísimo tiempo, alejado de las buenas costumbres o como si quisiera componer otro abecedario. Le extrañó, aun así, porque es bastante común oír que quienes son buenos en el dibujo tienen estilos de letra muy bonitos, y viceversa. Hasta en ese sentido, Nowaki era extraño, una excepción a la regla.
Luego de terminar de ordenar su escritorio, se despidió de Miyagi quien aparentemente no lo había escuchado, y salió del recinto. Afuera, Nowaki lo esperaba.
El corazón se le agitó hasta el punto de querer salir del pecho, tanto por la emoción, la felicidad retorcida y el sistema nervioso que un poco más y le echaba humos. Se calmó luego de unos pasos dados hacia la salida pero a menos de cinco metros de Nowaki la histeria casi se apodera por completo de sus cinco sentidos, haciendo que quisiera correr hasta él y tirársele encima o arrojarle todos los libros de la biblioteca en la cara. Respiró hondo y dejó que el aire exhalado se llevara sus frustraciones y, a paso ansioso, llegó hasta él.
—¡Hiro-san!—le dijo sonriente, quitándose los audífonos que despedían sonidos virtuales—Lo estaba esperando—Se alejó del muro y se le acercó.
—Así veo…—Contestó, aparentemente no muy contento. Desvió la vista hacia un costado evitando a toda costa mirarlo a los ojos.
Nowaki pareció triste un momento; sinceramente se esperaba un saludo más emotivo y que por lo menos lo mirara a la cara.
—¿Pasa algo?—Le preguntó, inclinándose hacia Hiroki, buscando insistentemente su mirada marrón. Al final desistió de su búsqueda: jamás la encontró—¿No debí venir?
Hiroki no supo qué contestar, y no respondió la pregunta hasta que luego le dijo que lo acompañara hasta su casa y lo dejara afuera del departamento. Ambos se mantuvieron en silencio, uno bastante incómodo y que Nowaki se esmeraba en expulsar con preguntas triviales acerca de su día y si se encontraba bien. Como la primera vez que caminaron juntos, en la dirección contraria, Hiroki respondía con monosílabos e intentaba distraerse con las divisiones de la vereda, preguntándose cómo ese sujeto podía actuar con tanta naturalidad después de lo sucedido la noche anterior, y sonreírle con tanta facilidad. Aunque no quisiera mirarlo porque era como pisotear su propio orgullo, llegaban los segundos en los que no podía resistirlo. No quería, no se atrevía a pasar de su propia necesidad.
Cuando llegaron, Nowaki volvió a prender su mp3 dispuesto a dejar a Hiroki en la puerta y marcharse. Le extendió la mano, Hiroki dudó un momento, finalmente se la cedió y en un movimiento tan veloz como el sonido, Nowaki lo atrajo cual imán y le besó los labios.
Tardó menos de un segundo en reaccionar y alejarse desesperadamente de él.
—¡Imbécil!—Le gritoneó. Había sido aquello lo que más llamó la atención. Nowaki sonrió indiferente ante el insulto—¡No hagas esas cosas en un lugar así!
—¿Entonces dónde quiere hacerlas?—Le preguntó, y por más que su voz sea la más inocente del mundo para Hiroki, éste percibió una chispa pícara en ella. Se sonrojó inmediatamente.
—Sólo vete, ¿quieres? Tengo cosas que hacer—Contestó secamente.
—Oh… siento si lo molesté—Sonó apenado.
—Ya, pierde cuidado—Giró hacia la puerta dispuesto a desaparecer tras ella.
—Ah, Hiro-san—Interrumpió sus pasos, deteniéndolos. Hiroki se volvió hacia él—, hoy volveré a estar en la plaza en un par de horas. Si quiere, puede ir.
—Si tengo tiempo, iré. Ahora vete—Reanudó su camino, pero volvió a ser interrumpido.
—Hiro-san—Insistió.
—¿Qué quieres?—preguntó a punto de salirse de sus casillas.
—Te amo—Y lo único que volvió a escuchar de Nowaki, fueron sus pasos alejándose por la avenida.
La sensación de pérdida que le generó ese sonido fue algo más que una sensación, eso lo supo de inmediato. Un sabor agridulce, quizás, o como si un pedazo de corazón se le fuera, indiferente a él. Sabía que debía volver por Nowaki, pero no lo hizo. Y no lo hizo porque tenía miedo de volver a perder el control, de hacer que Nowaki perdiera el control.
Entró a su casa con ese sabor raro en la boca. Fue peor aún el dolor extraño cuando vio los últimos rayos de sol colarse por las ventanas, iluminando en colores cálidos el piso, como una pintura de formas extrañas, con texturas desconocidas no manifiestas al tacto pero sí al ojo.
Por primera vez en mucho tiempo, extrañó a alguien porque sí, y no por la costumbre de tener un vacío echando a un lado todo lo demás. Extrañaba a Nowaki porque todo le recordaba a él, lo simple y lo complejo, lo profano y lo santo. Lo extrañaba porque lo quería, y lo quería sin razón, fuera del interés, de la admiración o de la intriga por saber quién era, a qué parte de ese mundo tan maléfico pertenecía y con qué se identificaba.
Quería formar parte de él, serle lo más importante. Así, sus ojos brillarían otra vez en un marrón vivo y no con esa distorsión triste de las lágrimas no nacidas.
Apenas llegó la noche se dirigió a la plaza. No había podido resistirse. Nowaki aún no llegaba, pero no era mayor problema; lo iba a esperar así se tardara cuatro horas. Afortunadamente llegó a los diez minutos después, pero el aglomerado de gente censuró la presencia de Hiroki. Se levantó del balcón, caminó hacia el frente y volvió a ocupar el lugar que le pertenecía casi por derecho. En la misma posición de siempre, en un déjà-vu maravilloso y como si le devolvieran la vida en un suspiro, lo miró. Arrodillado, inclinado hacia adelante y con su cabello tapándole un poco el rostro. Sus bonitas argollas y los anillos con forma de calavera en sus dedos anulares. Su mirada azul más presente que nunca, los ojos que siempre le simbolizaron la máxima expresión de belleza, como un animal enjaulado, una ventana hacia su alma. Sonrió, ya sin poder negárselo, ni a sí mismo ni a nadie, menos a Nowaki, cuánto significaba para él todo ese espectáculo tan modesto y vacío en sí mismo.
Nowaki… significa tifón, y con total indiferencia aún no se dignaba a mirar a su público y a su admirador favorito, el objeto de sus amores. Sin saber, allí estaba, mirándolo y a punto de llorar de una felicidad desconocida y asfixiante, desesperada por salir en un grito de júbilo o en una frase ofensiva. Levantó la cabeza del lienzo, dejó a un lado los pinceles y lo llamó por su nombre, el nombre que él le impuso a la fuerza de un amor impetuoso y demasiado repentino.
Entonces reaccionó, y lo primero que hizo fue llorar. Nowaki lo miraba, sonriente, posaba sus maravillosos ojos en él, ahora delineados en negro, pero igual o más bellos que nunca.
No se dijeron nada porque no era necesario, y las palabras inútiles murieron en sus bocas antes de nacer. No se preocuparon de nada cuando, hechizados, Nowaki se puso de pie, volvió a llamarlo, a sonreírle, ignorando a la gente que a su vez los ignoraba a ellos, pendientes del cuadro y de la noche, las luces eléctricas, el sonido del agua en la pileta. Pronto la oscuridad del rededor los ocultó de las miradas fijas y las caminantes, y Nowaki le acarició el rostro, limpiando la lágrima feliz y haciendo que Hiroki sonriera. Lo abrazó, lo estrechó contra su cuerpo hasta querer asfixiarlo de amor y morirse junto con él. Le dijo que estaba feliz de verlo y de que lo haya complacido con su visita.
Lo soltó a los pocos segundos para mirarlo a los ojos, aún llorosos, rojizos. Le besó la frente y volvió a abrazarlo. Por supuesto Hiroki le correspondió, arrugando su abrigo por la espalda y queriendo tenerlo lo más cerca posible y que no se atreviera a dar un solo paso lejos de él.
Pero acabó diciéndole que volviera, que terminara con su trabajo. Él le obedeció luego de tomarle las manos y volver a sonreírle.
Lo había invitado a su casa. Un departamento modesto cuyo único centro de atención eran la infinita cantidad de cuadros colgados en las paredes. Cuadros de todo tipo; animales, paisajes, o incluso líneas extrañas. Siempre se había mostrado indiferente a ese tipo de pinturas incomprensibles porque no les hallaba el mayor sentido a un montón de líneas enredadas entre sí. Al seguir mirando, se percató de que en ninguna obra había figuras o, ni siquiera, siluetas humanas.
Luego de la invitación de Nowaki para que se sentara, él lo hizo a su lado, tan cerca que lo hizo estremecerse. Por ello desvió la vista al suelo, molesto consigo mismo por comportarse como un idiota.
Nowaki le tomó el mentón y lo obligó a mirarlo. No iba a soportar que no lo mirara, que lo evitara. No quería aguantar su mediocre indiferencia ni un minuto más.
—Hiro-san…—Susurró contra su boca sosteniéndole del rostro. Lo abrazó luego con notoria gratitud—Gracias por venir hoy, yo… estaba muy feliz.
—Tonto—Le respondió con el mismo tono bajito, como si temiera romper una armonía implícita en el aire.
Se besaron durante largos minutos, interminables versos y palabras muertas. No pasaban de lo dulce aun cuando sus cuerpos reclamaban más y expulsar la dulzura. Tan propenso a descontrolarse, como siempre lo fue, Nowaki posó sus dos grandes manos en el pecho de Hiroki, desabrochando su camisa negra.
Allí lo detuvo sosteniéndolo de las muñecas, sin dejar de besarlo. Entonces se separó de él y le negó con la cabeza, como si en realidad le doliera decir "no" de forma explícita. Nowaki lo entendió y, decepcionado, volvió a ubicarse correctamente en el sofá.
La situación se tornó tensa para disgusto de ambos. Ahora el llanto no los embriagó para hacerse del otro un lugar donde encontrarlo todo. A Hiroki se le ocurrió romper el hielo, porque si bien no le gustaba ese silencio recién formado, no quería irse y volver a su soledad.
Aunque Nowaki también estaba solo. ¿Y qué cosa rara podía resultar de dos soledades acompañándose?
—¿Hace cuánto pintas?—Le preguntó, mirando todos los cuadros que adornaban las paredes grises y que no parecían guardar ningún recuerdo.
—Desde que tengo memoria—reconoció, exagerando un poco en decir ello—. Por supuesto, mis pinturas de esos años no son como las de ahora. Y no quiero sonar engreído pero… he notado muchísimo crecimiento.
—¿Y piensas dedicarte a esto para toda tu vida?—Dijo frunciendo el ceño, realmente interesando en conocer su historia aunque intentando ocultar su entusiasmo lo mejor posible.
—No—Contestó, y su voz sonó triste al dar esa respuesta, como si no quisiera convencerse en realidad de una decisión ya tomada hace mucho—. Quiero estudiar medicina, pero no sé si sea capaz de lograrlo.
Hiroki sonrió con sinceridad al pensar que ese muchachito tatuado y de ojos delineados tuviera un propósito.
—No seas tonto, claro que podrás.
—Ni siquiera terminé la secundaria—Le informó y su voz se quebró con más dureza aún. Hiroki sintió enormes deseos de abrazarlo, pero resistió a la tentación con una fuerza de voluntad envidiable—. Lo del arte es un pasatiempo más que nada, algo que me remunera para lo justo y necesario, pero quiero llegar más lejos y sé que ese no es el camino correcto. Aun así, veo muy difícil que llegue a convertirme en médico.
—¿Y por qué?—Se extrañó. Sabía que Nowaki no era de esos que se rinden con facilidad cuando algo le importa en serio. Él mismo era un ejemplo vivo.
—Es que… Más que no llegar, es cuánto me voy a demorar en serlo. Se requiere de muchísimo tiempo, y ese tiempo yo lo invierto en mi trabajo. No sé si me explico…
—Sí, sí. Comprendo—Dice casi interrumpiéndolo.
Si era sincero, sería bastante raro ver a un médico con esa apariencia, pero estaba seguro de que las cosas le resultarían de igual forma, como a cualquier otro chico. Le extrañaba también la carrera que había elegido, con una vida de trabajo tan impredecible y delicado. Nowaki no aparentaba reunir los requisitos éticos para un médico, pero Hiroki sabía mejor que nadie que a pesar de su apariencia y su vida quizás un poco bohemia, Nowaki era demasiado noble como para vivir de una forma en la que no le gustaba. No por su pasatiempo remunerado en sí, sino por sus aficiones futuras.
—Espero que todo te salga muy bien. Las cosas se consiguen con esfuerzo, y sé que sabes muy bien de lo que hablo. Se te nota en la cara.
—Gracias, Hiro-san.
Le volvió a sonreír de esa forma tan especial, tan sincera, de esa manera irresistible y tan bella que a veces lo asfixiaba con sólo su recuerdo.
Conversaron un par de horas más sobre distintos temas. Nowaki también se mostró interesado en la vida de Hiroki, lo que le gustaba hacer y lo que no, qué enseñaba exactamente en la Universidad. Pero intentó por todos los medios llevar la conversación a la vida un poco más personal de ambos.
Hiroki no tuvo problemas en contarle que estuvo enamorado de su mejor amigo durante años, que vivieron juntos y que la relación se rompió por falta de voluntad, o quizás porque a veces el destino disfruta de jugar malas pasadas. Nowaki se angustió al preguntarle si aún sentía algo por él, y se alegró inmediatamente al recibir un rotundo no como respuesta. Lo que menos había en el corazón de Hiroki eran sentimientos hacia Akihiko, ni siquiera un odio o un dolor moribundo.
Como si no hubiese pensado en lo que decía, se sorprendió al escucharse hablar así. ¿Tan fuerte había sido la introspección de Nowaki en su vida, hasta el punto de eliminar a Akihiko de todas partes? ¿Qué más lejos pensaba llegar? Y aunque le aterraba la idea de que se metiera, se adueñara de todo lo suyo y luego se fuera, quería darle el permiso de entrar a su vida, porque el dolor de tenerlo lejos sin haber intentado retenerlo a la fuerza sería mucho peor, como ir muriendo de a poco.
Una vez dejó que todo se le fuera así sin más, no iba a dejar que le pasara de nuevo sin haberle dado una oportunidad a su instinto. Atrás quedaron las promesas pero no el miedo, aún latente, pero con una extraña adrenalina recorriendo sus venas, esa misma que le producía Nowaki con cada uno de sus besos, su simplísimo toque o su mirada enaltecida, bellísimamente azul.
Por un momento pensó que estaban predestinados, como si hubieran salido de un cuento. Qué bonito era pensarlo todo con tanta inocencia.
Nowaki le habló acerca de su pasado, que había sido abandonado en las puertas de un orfanato y del gran repertorio de empleos que debió desempeñar para salir adelante. Fueron muchísimos e incluso tuvo dos o tres al mismo tiempo.
Hiroki no quiso mencionar nada al respecto de la familia de Nowaki porque sintió que aún no era correcto, pero sí lo hizo acerca de otro aspecto. Sin embargo a Nowaki parecía no importarle, como si estuviera ya más que convencido de que, por ese ámbito, estaba solo.
—¿Qué edad tenías cuando empezaste a trabajar? —Preguntó Hiroki, sintiendo el corazón oprimido y hasta queriendo tomarle la mano, pero prefirió quedarse en su lugar.
Nowaki puso cara de estar pensando, como si le costara muchísimo hacer memoria.
—Doce o trece. No lo recuerdo bien—dijo con un tono bastante risueño. Miró a Hiroki, casi riéndose de su cara de espanto—¿Hiro-san? Tampoco es tan terrible haber trabajado a esa edad—comentó sin más.
—No es eso, imbécil—desvió la mirada al piso, avergonzado al imaginarse la cara de abuela conmovida que debió poner.
—¿Y entonces?
Hiroki lo volvió a mirar sin saber qué decir. Fue como si las palabras dentro de su cabeza estuvieran en plena revolución, sintiéndose incapaz de ordenarlas. Cómo debió haber sido su vida en esos años, cuando el mayor pasaba prácticamente su vida entre algodones cuando tenía esa edad.
—Nada. No es nada—Dijo, con un nudo en la garganta.
—Pero, ¿sabe una cosa? —Tomó su mano y sus ojos brillaron. Hiroki miró la acción con gesto nervioso—A pesar de todo, sé que todo valió la pena. Si no hubiera estado pintando en la plaza esa noche, jamás lo hubiera conocido. Es como si estuviéramos predestinados, ¿no?
Hiroki pensó la posibilidad de que Nowaki tuviera algún tipo de sexto sentido para con él.
—N-no digas tonterías, mocoso—Dijo tan rojo como un tomate, apretando con más fuerza la mano de Nowaki.
Cuánto anhelaba responderle de la misma forma, decirle que si no hubiera sido por su separación con Akihiko, tampoco se hubiera topado con él. De alguna manera retorcida, se lo agradeció a quien había sido su primer amor.
Nowaki sonrió sin mostrar los dientes y besó las manos de Kamijou, buscando sus labios luego. Hiroki puso su boca a total disposición del menor, y volvieron a besarse hasta perder la noción del tiempo y del espacio.
Cuánto lo amaba, cuánto… pero le parecía demasiado superfluo decírselo todavía, aunque le pesara demasiado en el corazón.
Tanta fue la confianza que les generó la charla que no se dio cuenta cuando Nowaki lo estaba abrazando mientras veían una película. Una muy alardeada en los medios y que el dueño de casa tenía en DVD. Se veía divertida, aunque Hiroki no pudo evitar hacer expresiones asqueadas en las primeras escenas. Se preguntó cómo la Europa renacentista pudo ser cede de tales gentes importantes en la historia siendo un lugar tan desagradable.
—Está basada en un libro de un escritor alemán. Se lo recomiendo, a mí me gustó mucho cuando lo leí.
—Lo sé, es un libro excepcional. Nunca había visto la película y creo que en estos momentos me estoy arrepintiendo un tanto—dijo con un tono de desagrado mientras veía cómo en la escena se retrataba la ambientación del mercado central de París
Nowaki miró divertido la expresión casi azul de Hiroki y le acarició el brazo un par de veces.
—Si quiere, puedo poner otra. Tengo muchas y la mayoría son occidentales.
—¿En serio?—Se intrigó. A Hiroki, lo de occidente a veces lo asustaba un resto, pero era interesante al fin y al cabo. Se entusiasmó de forma rara al encontrarse con un chico que disfrutaba de la cultura occidental.
—Sí—Dijo, poniéndose de pie y yendo hasta un lado del mueble para buscar calmadamente entre los discos— No sé por qué, pero me gusta todo lo que tiene que ver con eso. ¿A usted no?
Hiroki desvió la mirada hacia Nowaki por no querer ver semejantes ambientaciones tan tristes y melancólicas.
—Me llama la atención, sí. De gustarme, no lo sé. Los occidentales son raros—Agregó con un tono aniñado.
Nowaki rió entusiasmado ante esa afirmación y detuvo la búsqueda de otra película en su enorme colección de discos.
—De seguro, nosotros somos raros para ellos también, Hiro-san.
—Por supuesto. Pero eso es lo que hace bonito al mundo.
Nowaki reanudó su búsqueda.
—Estoy de acuerdo. Siempre he querido aprender un idioma hablado en occidente, los encuentro bellísimos.
—¿En serio?—Volvió a preguntar como un idiota y esta vez sonó mucho más incrédulo.
—Sí. El alemán, inglés, francés, italiano, español…
—Y sabes decir algo en… no sé, ¿francés o alemán?
—Je t'aime.
Se sonrojó de inmediato, apenas lo escuchó. Pero prefirió hacerse el desentendido, le gustaba muchísimo ese tipo de atención.
—¿Y-y eso qué quiere decir?—Se rascó la nariz, desviando la vista.
—Ich liebe dich.
Nowaki le sonrió. Fue hasta donde estaba, se sentó a su lado, lo abrazó con fuerza y luego le tomó el rostro con ambas manos, mirándole los labios como si quisiera devorárselos.
—Te amo, Hiro-san.
Aunque le gustara que se lo dijera, había un dejo de una especie de disgusto a raíz de esas palabras. No estaba acostumbrado a esos tratos tan directos, a pesar de que le generaran tanta satisfacción. Se lo dijo lo mejor que pudo, Nowaki no tardó en responderle, como si tuviera la solución a cada problema. Y para qué mentir: la tenía. Nowaki era su remedio, su droga, y no le importaba si su mismo remedio terminaba convirtiéndose en su enfermedad.
Pero cómo un muchachito tan noble como él podría significar algo no saludable. Era irracional.
—Sigue buscando otra película—Le dijo, interrumpiendo otra vez su tacto y anhelando sentirlo de nuevo. Con qué objeto se engañaba e intentaba engañarlo a él sin poder hacerlo en verdad, si cuando Nowaki volvió al piso y le prestó más atención a los discos, deseó tirarlos todos a la basura.
Nowaki le extendió una al azar porque no podía decidirse. Hiroki aceptó sin estar de acuerdo ni en desacuerdo, pues era un total ignorante en dichas materias. Se sintió mucho más a gusto con esa que con la anterior. Agradeció sinceramente que Nowaki no hubiera puesto una película romántica de esas cebolleras, hubiera terminado con náuseas.
—Esta también está basada en un libro, pero de un escritor irlandés—Informó de la nada Nowaki, sin que se lo pidieran.
—¿Ah, sí?—Contestó más pendiente del filme.
—Sí. ¿No lo ha leído nunca?—desvió su rostro hasta él, extrañadísimo, en el caso de que la respuesta fuera negativa.
—No lo recuerdo, la verdad…—Tuvo que decir, intentando cortar de una buena vez la conversación.
El tiempo siguió pasando sin que ninguno de los dos se diera cuenta de ello. Qué otra cosa podría ser más importante. Pronto, a Hiroki lo venció el sueño y se quedó dormido en el hombro de Nowaki, quien lo atrajo más hacia sí mientras la película mostraba sus últimas escenas. Cuando pasaron los créditos, lo acomodó sobre el sofá para situarse sobre él luego de traer una enorme frazada. La ubicó tras su espalda y se quedó dormido, con la mejor almohada del mundo bajo su cabeza y la más bella melodía: el pecho de Hiroki, y los latidos de su corazón.
Waaah, acá está. Se suponía que iba a actualizar este fic cada diez días, me atrasé tres D: Perdónenme ;_;
Las películas y libros que nombra Nowaki son "El Perfume" y "El Niño con el Pijama a Rayas". Los adoro, así que quise hacerles mención de pura pesada xD aunque del segundo es la nada misma lo que sale... En fin.
El próximo capítulo será más largo y el último también, así que me llevará un poquito más de tiempo para cerrar todo adecuadamente, aunque ya tengo la idea general escrita, debo afianzar detalles.
Muchas gracias a toda la gente maravillosa que se ha pasado por aquí a leer mis estupideces, no saben lo que significa para mí su consideración *se sorbe los mocos*
¿Algún review por ahí dando vueltas~?
