Los repudiados

Por Muinesva


V

Egoísmo

Sirius Black

Sirius Black podía ser valiente y caballeroso, pero si algo lo caracterizaba era el egoísmo. No le gustaba compartir sus victorias, y si planeaba hacer algo no se lo contaba a nadie, para así evitar compartir el éxito.

Remus lo miraba con reprobación cada vez que actuaba de aquella manera y James se limitaba a reír, después de todo, él era igual con el Quidditch. Pero Peter lo miraba con adoración, como si todo lo que hiciese fuera digno de admiración.

Sirius era bastante ególatra. Y no tenía reparos en admitirlo. Sabía que era el mejor en varias cosas y no conocía la falsa modestia. Si sabía hacer algo lo decía con una de sus arrogantes sonrisas. James bromeaba diciéndole que para odiar tanto a los Black se comportaba como uno de ellos.

Sirius no tenía la intención de entrar al equipo de Quidditch de Gryffindor, pero tenía una escoba. La mejor, por supuesto. Tras los entrenamientos de James, sobrevolaban los terrenos de Hogwarts juntos, mientras Remus los esperaba en las graderías con un libro en las manos. Peter no dejaba de aplaudir con emoción cada vez que alcanzaba a verlos haciendo una peligrosa maniobra aérea. Sirius reía cada vez que hacía una exitosa voltereta en el aire, sintiendo que era libre y que ahí arriba nada le fastidiaba. Era realmente bueno volando. Sabía que su equilibrio era sorprendente. Le encantaba volar a la máxima velocidad, haciendo que lo que le rodeaba pareciera difuminado.

Había oído hablar a un compañero de casa sobre las motocicletas muggles y le habían gustado. Parecían ser más cómodas que las escobas, sobre todo para largos recorridos. Haría lo posible por conseguir una algún día y hechizarla para que volara. Después de todo, era mucho mejor ir por el aire que por la tierra.

Sirius acababa de empezar su tercer año, cada vez más alborotador y rebelde. En octubre de ese año, Regulus se le acercó con cierta reticencia pidiendo hablar con él. Estaban cerca del lago, sentados bajo un frondoso árbol. Sirius miró a su hermano con burla, sin levantarse. Regulus lo miraba con arrogancia, pero era evidente que se sentía incómodo ante los amigos de su hermano.

—¿Qué quieres, Regulus?

—Ya te lo he dicho, hablar contigo —respondió el chico tratando de no perder la paciencia.

Sirius podía ver que a su hermano le costaba bastante acercarse a él y hablarle, y no lo hubiera hecho si no fuera por algo importante. Por eso dejó de lado su sonrisa burlona y se levantó, pero sin alejarse de sus amigos.

—Bien, te escucho.

Regulus miró con desconfianza a James que lo miraba con una arrogante sonrisa. Sirius dirigió su mirada hacia su amigo y rio.

—No te morderán, Regulus. Son inofensivos —dijo con burla.

—Preferiría que hablásemos a solas —pidió en voz baja. Ya bastante humillante era pedir algo a su hermano, como para que lo escuchasen también sus amigos.

—Lo siento, Reg, pero si no quieres decirlo delante de ellos no lo digas, que no tengo tiempo.

Regulus respiró profundamente y miró a su hermano con profundo enfado.

—Perfecto —dijo mordaz—, como prefieras. Necesito que me prestes tu escoba.

Sirius elevó las cejas con sorpresa.

—¿Sabes usarla? —preguntó con cierta ironía. A sus espaldas James rio con ganas, haciendo que Sirius también riese.

Regulus bufó.

—Por supuesto.

—Claro— dijo con fingida seriedad, asintiendo—. ¿Y qué hiciste con la escoba que te compraron nuestros padres antes de venir?

Regulus miró a otro lado rápidamente.

—No lo sé.

—No lo sabes —repitió Sirius con burla, haciendo que su hermano lo mirase con sospecha, entrecerrando los ojos.

—¿Acaso has tenido algo que ver con su desaparición?

—¡Me ofendes, hermano! ¿Para qué quiero yo tu escoba, si tengo la mía?

—¡Para fastidiarme, por supuesto!

—Yo no haría eso, Reg. Palabra de honor —dijo Sirius, colocando la mano en su pecho de manera un tanto teatral.

—Necesito una escoba, Sirius, esta tarde es la prueba para buscador.

—El colegio dispone de muchas escobas para estos casos, ¿por qué no coges una?

Regulus lo miró indignado.

—¿Estás de broma? No puedo presentarme con una vieja escoba. Si quiero ser elegido necesito la mejor.

—A ver si lo entiendes, Regulus, la escoba no hace mejor a un jugador. Si no tienes talento, ni la mejor escoba te ayudará.

Ignorando la risa de James, Regulus hizo un último esfuerzo.

—Préstame tu escoba, Sirius —pidió—. Te la devolveré al finalizar las pruebas.

—¿Para que la hagas desaparecer como a la tuya? Ni hablar —negó Sirius volviendo a sentarse, apoyando la espalda en el tronco del árbol.

—Perderé mi oportunidad de entrar en el equipo. Y será por tu culpa —dijo Regulus, completamente enfadado.

—Ya habrá más oportunidades sin duda —respondió restándole importancia—. Además, ¿para qué quieres entrar en un equipo perdedor?

—Para ganaros —expresó Regulus con convicción antes de marcharse.

Sirius y James estallaron en carcajadas mientras veían a Regulus alejarse.

—¿Por qué no le prestas tu escoba, Sirius? —habló Remus, quien tenía la vista fija en un libro, pero era evidente que había visto y oído todo lo que acababa de suceder— Después de todo, has sido tú quien ha escondido la suya.

Las risas se terminaron de repente.

—¿Pero tú de qué lado estás, Remus? —le preguntó Sirius girando completamente hacia él. James le miró ceñudo.

Remus suspiró con resignación y se encogió de hombros.

—Del vuestro, por supuesto.

Sirius sonrió y todos volvieron a reír.

Más tarde Sirius supo que Regulus se había presentado a la prueba al finalizar la tarde, cuando ya casi habían elegido a un buscador. Su hermano tuvo que utilizar una de las viejas escobas del colegio y aun así lo eligieron. Sirius estaba molesto y sentía cierta envidia. ¿Por qué debería sentirla si sabía que era mejor que su hermano sobre la escoba? No lo entendía.

Sabía sobre las pruebas, y sobre que su hermano pensaba presentarse y por eso había escondido su escoba. Fue tan fácil, ya que Regulus la dejaba en el armario de las escobas del campo de Quidditch junto a las demás del equipo, y para alguien como James era relativamente sencillo hacerse con una de esas escobas.

Sirius decía que sería una broma, que su hermano perdería un puesto en el equipo. Y que sería divertido.

Y por supuesto que no le prestaría su escoba. Ni siquiera se la prestaba a James, que no era necesario porque tenía la mejor. Eran sus cosas y nadie tenía derecho a tocarlas.

Una semana más tarde devolvió la escoba a su hermano, enviando a James para que la dejara de nuevo en su lugar. No fue porque se arrepintiera o algo parecido, simplemente la broma había perdido la gracia y prefería olvidar todo en el aire. Volando.