¡Holi!

Hace como mil años que no posteo nada relacionado con Trollhunters, pero salió este challenge de Zouxie Week 2022 y, como me encanta el arte de Tenyai que ha hecho en torno a ellos pues he decidido participar. Tengo ya todo escrito, así que estaré publicando desde hoy hasta el 24 de junio. Por otra parte, mi querida Poppy hará ilustraciones de Zouxie inspiradas en mis one-shots y la portada, por supuesto, es obra suya.

Quería aclarar varias cosas en relación a este conjunto de one-shots. En conjunto forman una sola historia y está localizado en un contexto DIFERENTE al canon. En este contexto 3 Below, Wizards y Rise of the Guardians NO han sucedido. Digamos que es un AU que transcurre DESPUÉS del final de Trollhunters. Para les que me conocéis, en realidad, se ubica en el contexto de mi otro fanfic llamado Juntos, que está enfocado en Jlaire. Hay referencias a Juntos, sobre todo en el contexto de Jim y Claire y que ellos están viviendo en Nueva Jersey (Jim sigue siendo Medio Troll aquí). Salen poco, pero salen, por lo que si queréis saber más de su historia en este contexto os recomiendo que leais Juntos, pero insisto que no es imprescindible.

Por último, aprovecho para promocionarme y deciros que he escrito mucho contenido de Cómo entrenar a tu dragón, así que si os apetece leer Hiccstrid tenéis un montón de fanfics bonicos y spicy en mi perfil.

Espero que disfrutéis de este primer one-shot y del resto que están por llegar. Agradecería de corazón que os animarais a dejar alguna review y muchos likes al instagram de Poppy (Alex_isapoppy).

Xx.


Zoe no comprendía la obsesión de Douxie por llevarla a cenar a un sitio elegante.

El plan ideal hubiera sido coger hamburguesas y comerlas mientras veían alguna película en Netflix, pero Douxie había insistido que quería «compensarla» el haberle dado plantón a su cita de meses antes. Zoe seguía pensando que todo aquello era una estupidez, sobre todo cuando Douxie le advirtió que debía vestir de etiqueta para la ocasión, pero decidió darle una oportunidad, ya que nunca antes había visto a Douxie tan decidido con una cita.

Se puso un vestido negro —original, ¿verdad?— y ceñido a su cuerpo que le llegaba por encima de la rodilla, y decidió peinarse su cabello rosa chicle hacia atrás con una diadema. Se pintó los ojos en un tono más suave de lo normal, pero se aseguró de pintarse los labios de un tono morado que resaltara sobre la palidez de su piel. Se puso unos Louis Vuitton con suela roja que le encantaban y salió de su casa cargada simplemente con un bolso de mano.

Douxie se quedó boquiabierto cuando la recogió en su casa y ella sonrió con satisfacción. El hechicero se había puesto un traje que debía haber alquilado, ya que le quedaba un poco grande en los hombros, aunque era difícil que Douxie no se viera guapo con cualquier cosa que se pusiera. Cogieron un taxi hasta el restaurante, el más fino —y caro— de Arcadia, y, desde el primer instante que entraron en el local, Zoe supo que no eran bienvenidos. Aunque ambos habían pasado de los novecientos años, aún seguían viéndose como dos veinteañeros, por lo que el maître les recibió alzando su finísima ceja. Douxie parecía ajeno a las miradas desaprobatorias que los comensales y los camareros les lanzaban y se mostró increíblemente cortés, marcando su acento británico hasta un punto que rozaba lo pomposo. Por unos momentos, Zoe estaba convencida de que les iban a invitar a marcharse, pero finalmente les sentaron —a regañadientes— en una mesa minúscula junto a la entrada de los aseos.

Zoe conocía a Douxie lo suficiente como para adivinar que la cita no estaba yendo como la había planeado. Conociéndolo, seguramente hubiera solicitado en la reserva una mesa con velas junto a la ventana, pero estaba segura de que el restaurante no quería que los viandantes supieran que chavales de aspecto gótico, con cabellos de colores chillones, eran parte de su público objetivo. Aunque Douxie intentó mantener su buen humor, la atención no resultó ser mejor y la comida resultó ser fría y escasa. Un chasco esperado, al menos para Zoe, aunque no para Douxie. El hechicero pagó la cuenta y a la bruja no le pasó por alto su gesto de horror al leer la factura, probablemente porque la cantidad debería ser un escándalo para lo poco y mal que habían comido. Douxie lucía deprimido cuando salieron del restaurante y se disculpó muy avergonzado por la decepcionante e incómoda cena. Zoe posó sus dedos contra su boca y sonrió:

—Debajo de mi casa hay una hamburguesería cutre y grasienta, pero tiene las mejores hamburguesas de California. Invito yo.

Douxie asintió sumiso, pero encantado. La noche era cálida y agradable, por lo que optaron a caminar de regreso a su casa. Zoe había enganchado su brazo al de Douxie y cargaba con sus Louis Vuitton con su otra mano. No era la primera vez que ella caminaba descalza por la calle, pues cuando eran apenas unos críos, Zoe siempre caminaba descalza y tenía las plantas de los pies cubiertas de callos. Douxie, sin embargo, terminó cogiéndola en brazos, bromeando que no podía permitir que su doncella pudiera hacerse daño en sus delicados y hermosos pies. Zoe se quejó, pero no podía dejar de reírse y terminó por besarlo. La boca de Douxie sabía al vino carísimo de la cena y tenía los labios algo agrietados, pero le resultó deliciosa.

Se olvidaron de las hamburguesas y subieron directamente a su piso.

Douxie la desnudó ansioso, explorando con sus dedos largos cada área de su cuerpo con la misma pasión del primer día. Se habían acostado tantas veces a lo largo de los siglos que Zoe siempre temía que pudieran caer en una aburrida rutina, pero Douxie siempre sabía dónde tocarla y con qué experimentar para hacerla alcanzar el cielo con la punta de sus dedos.

La tomó sobre la mesa del comedor, sin importarle que en el proceso tirara al suelo sus frascos llenos de pociones y sus cacharros pendientes de reparar. Luego le echaría la bronca, pensó Zoe mientras le quitaba las bragas de un tirón, después de que la follara bien. ¿Hacía cuánto que no se acostaban? Desde el regreso de Merlín, apenas había vuelto a ver a Douxie por Arcadia. Zoe odiaba a ese viejo con todo su ser y no negaba de que estaba celosa por cómo alejaba a Douxie de su lado. Para el hechicero, Merlín era lo más parecido que había tenido a un padre y no cabía duda de que ahora que había regresado, Douxie quería pasar todo el tiempo posible con él, aún cuando Merlín le trataba como a un perro. Es más, Merlín nunca la había aprobado y no dudaba en despreciarla siempre que tenía la oportunidad. La magia de Zoe era volátil, salvaje y, según el mago, peligrosa. La había acusado en más de una ocasión de ser demasiado «temperamental» para poseer un poder como el suyo y, si no seguía sus consejos, jamás se convertiría en una gran bruja. A Zoe no podía importarle menos la opinión de Merlín, pero le enfurecía el desprecio y la misoginia que percibía en sus palabras.

Douxie nunca la había dejado plantada hasta que había vuelto Merlín. Hasta entonces, ella había sido su confidente, su mejor amiga y también su amante. No le habían puesto nombre a lo que eran, pero Zoe tampoco creía que lo necesitaran. Para ella, Douxie era su todo y ya está, pero le dolía que para el hechicero no fuera tan simple. Es más, Zoe dudaba que la escogiera si tuviera que elegir entre ella o Merlín y eso se sentía como una puñalada en su espalda.

—¿Zoe? ¿Estás llorando?

La voz desconcertada y angustiada de Douxie la sacó de sus pensamientos y Zoe se llevó la mano rápidamente a sus mejillas húmedas. Se incorporó e intentó detener sus sollozos, pero, por alguna razón, no pudo parar. Debía verse ridícula: despeinada, vestida solo con el sujetador de encaje de negro y seguramente se le habría corrido el maquillaje a causa de las lágrimas.

—¿Qué te pasa, Zoe? Háblame, por favor —le suplicó Douxie acunando su rostro.

—Nada, no… no es nada —balbuceó ella—. Es solo que… hace tanto que no…

El rostro de Douxie se deformó en una mueca triste y Zoe podía sentir sus dedos tensos contra su mandíbula.

—Lo siento —murmuró él con tristeza—. Soy un desastre, ¿no? No soy capaz de hacer las cosas bien.

—No es eso, Doux, es solo que… —Zoe se pasó la mano por la nariz—. Da igual, lo siento, me he cargado la noche y nos he cortado el rollo.

—No, Zoe, no digas eso, por favor —le suplicó Douxie dolido—. Es por lo de Merlín, ¿no?

—Merlín me la suda, Douxie —replicó ella irritada a la vez que se bajaba de la mesa para coger sus bragas—, pero ahora solo estás en Nueva Jersey con él. Apenas te he visto desde la Noche Eterna y…

—¡Siempre te digo que vengas conmigo, Zo! —exclamó Douxie exasperado.

Zoe puso los ojos en blanco. ¿Es que de verdad no lo entendía? Se puso las bragas de mala gana y cogió una camiseta vieja que había mangado a Douxie hacía años de la cesta de la colada limpia.

—Merlín y tú sois diferentes, Zoe, pero no me importa lo que él piense de ti —dijo Douxie desesperado—. De verdad, ¿qué quieres que haga? Merlín es como mi padre y me necesita.

—¿Para qué? ¿Para manipular a los trolls a su antojo? —replicó ella mordazmente.

—Sabes que eso no es así, ahora… ahora estoy entrenando a Claire —se defendió él dolido.

—¿Y por qué la entrenas tú? ¡Ah, sí! Porque Merlín está siendo un cerdo con ella y no se soportan, ¡qué sorpresa! —exclamó Zoe con sarcasmo—. ¿Por qué no te trasladas directamente a Nueva Jersey, Douxie? ¿Por qué demonios insistes en volver cuando queda claro que ya tienes otras prioridades?

Aquellas palabras le sentaron como una bofetada. Zoe apreció el dolor en su rostro tan expresivo y abierto como un libro para ella. No había dicho eso por decirlo, Zoe se sentía abandonada por él. Hasta que había vuelto Merlín, ambos habían vivido juntos con Archie. Habían planeado incluso hacerse pareja de hecho para facilitar los papeles para comprarse una casita en las afueras de Arcadia y abrir un negocio juntos que combinara sus dos pasiones: la tecnología y la magia. ¡Si habían estado hasta metiendo horas en la tienda de discos y en la cafetería para ahorrar! Douxie, sin embargo, había abandonado el proyecto con el regreso de Merlín y Zoe había tenido que sacar el proyecto adelante sola con sus ahorros. Sabía que a Douxie le había dolido que Zoe hubiera actuado por su cuenta, pero tampoco estaba en posición de quejarse y conocía a la bruja lo bastante bien como para saber que Zoe no era de las que se quedaban esperando.

Si Douxie no quería compartir una vida con ella, no pasaba nada. Zoe se lamería las heridas y haría todo lo posible para gestionar su dolor, pero no se quedaría llorando por la pena. Quería a Douxie con todo su ser, pero también se quería a sí misma y tenía claro qué era lo que necesitaba en su vida:

Estabilidad.

Amor propio.

Y dinero, que nunca estaba de más.

El amor correspondido era un extra que, desafortunadamente, no todo el mundo contaba y menos una bruja de más de novecientos años de edad. Lo que no iba hacer era perder el tiempo y, por mucho que quisiera a Douxie, se negaba a ser el segundo plato, mucho menos uno seguido de alguien tan miserable como Merlín.

—Tú eres y serás siempre mi prioridad, Zoe —dijo Douxie con delicadeza—. Te adoro, ya lo sabes, pero…

—Creo que deberías irte —le cortó malhumorada, dándole la espalda para evitar que viera sus lágrimas de impotencia.

—No.

Zoe se volteó furiosa.

—¡¿Y qué quieres hacer entonces?! No pienso…

Douxie dio dos grandes zancadas para coger de su rostro con sus grandes manos y besarla. No era un beso delicado, sino de esos que la intoxicaba y dejaba sin aire. Zoe no pudo rechazarlo, sobre todo porque la atracción que sentía hacia Douxie era magnética e imposible de dominar. Rompieron el beso cuando sus respiraciones no dieron a más y contempló que sus ojos ambarinos estaban negros por la pasión y la lujuria.

—Lo que quiero es arrancarte esa camiseta y recordarte porque tú, Zoe Ashildr, eres la mujer de mi vida.

—No seas idiota —replicó ella nerviosa—. No sabes… no sabes lo que dices.

Douxie la cogió de la cintura y, como si no pesara nada, le cargó sobre su hombro. Zoe chilló y pataleó para que la soltara, consciente de la excitación que estaba despertando en su bajo vientre. Douxie la tiró sobre la cama, cuyos muelles chirriaron ante el repentino impacto, y procedió a continuar por donde lo habían dejado minutos antes. Zoe no opuso resistencia alguna. No podía. Lo quería, lo quería tanto que no pensaba decirle que no, aunque no iba a darle la satisfacción de decírselo en voz alta. Se quitó la camiseta mientras Douxie hacía lo mismo con el ridículo traje que llevaba puesto.

Admiró los tatuajes que marcaban su piel. Zoe había estado presente en todas las veces que se había tatuado, cogiendo de su mano mientras él soportaba la agonía de la aguja insertándose repetidamente en su carne. A ella le daban pánico las agujas y, pese a que Douxie insistía en que algún día tenía que afrontar su miedo, Zoe prefería admirar el arte en su piel. Se colocó sobre él para besar cada tramo de su piel, lamer los piercings de sus pezones y movió su intimidad húmeda contra su suplicante erección. Lo hizo lento, tortuoso, decidida a hacerle sufrir un poco.

—Zoe, por favor…

La bruja cogió de sus muñecas para evitar que la tocara y le empujó contra el colchón.

—Nada de tocar —le advirtió ella con picardía.

—Zoe…

—Hoy mando yo —le advirtió pasando su pulgar por su labio inferior.

—Siempre serás tú quien mande —dijo él contemplándola con adoración.

Ella se rió por lo bajo y le besó en los labios con lentitud antes de bajar sus besos de su cuello hacia abajo. Zoe conocía cada tatuaje, cada marca de nacimiento, cada cicatriz… Por eso, cuando contempló aquel tatuaje rojizo, justo sobre su pectoral izquierdo, Zoe se detuvo. Aquel era nuevo y estaba escrito en la lengua antigua de Camelot, idioma que hacía siglos que no hablaban, pero que aún podía leer. Es más, era imposible no reconocer su propio nombre.

Douxie se incorporó sobre sus codos y sonrió con timidez.

—Quería darte esta sorpresa desde hacía tiempo. Fue horriblemente doloroso, sobre todo porque no estabas allí para darme de la mano, pero creo que mereció la pena…

—Douxie, yo…

Ésta vez fue Douxie quien posó sus dedos sobre sus labios.

—Te quiero, Zoe —confesó él—. No tienes que decírmelo de vuelta si no quieres, pero tampoco necesito que lo hagas. Solo quería que vieras que esto… —cogió de su mano y la posó contra su pecho. Zoe sintió las pulsaciones aceleradas de su corazón contra su mano—. Esto es tuyo, Zoe, lo fue desde el primer instante que te conocí en Camelot.

Zoe estaba abrumada por sus palabras. Agradecida porque Douxie no le pidiera una respuesta. Zoe lo quería, lo hacía desde hacía siglos, pero temía pronunciar esas dos palabras en voz alta. Quizás el ser bruja le hiciera supersticiosa, pero temía gafar lo que fuera que hubiera entre ellos y, por mucho que hubiera calmada que podía largarse con Merlín, Zoe no quería perder a Douxie bajo ninguna circunstancia.

El hechicero jadeó con ella cuando bajó su cadera sobre su erección. Arqueó la espalda ante la repentina —y maravillosa— intrusión, pero no titubeó en mover sus caderas mientras posaba sus manos en sus hombros para sostenerse. Douxie ignoró su queja cuando sus brazos rodearon su cintura y sus labios corrieron a marcar su cuello con chupetones que luego tardarían días en desaparecer. Impaciente como era el hechicero, terminó por empujarla contra el colchón mientras cogía de sus manos y aceleraba sus estocadas.

Douxie no paraba de murmurar «te quiero» todo el tiempo, en voz tan baja que casi no podía escucharla entre sus jadeos, pero fue suficiente para ayudarla a alcanzar el climax. Douxie necesitó poco menos de un minuto para alcanzar el suyo también y suspiró cuando sintió la calidez de su orgasmo desparramarse dentro de ella.

—Se te ha olvidado el condón —le recriminó ella aún jadeando a la vez que Douxie se tumbaba junto a ella.

—Perdón —se disculpó hiperventilando, aunque enseguida giró su cabeza hacia ella. Zoe leyó el pánico en sus ojos—, ¿Acaso…?

—No, solo contigo y sigo tomando medidas —advirtió la bruja pegando su cuerpo contra el suyo y Douxie no dudó en envolverla entre sus brazos—. Esta es mi parte favorita.

—La mía también —concordó él besando su coronilla.

Zoe subió sus dedos hasta el tatuaje de su nombre y la acarició con cuidado. La piel estaba tirante, apostillada y algo irritada, quizás a causa de una posible infección. Se anotó mentalmente de prepararle un mejunje para que se echara más tarde. Zoe fue a preguntarle si quería que pidieran algo de comer, pero Douxie ya se había quedado dormido contra ella. Puso los ojos en blanco, aunque no pudo esconder una sonrisa tierna. Le besó suavemente la mandíbula antes de acomodar su cabeza contra el hueco de su hombro, dejándose llevar por el cansancio postcoital y preguntándose si algún día sacaría el valor de confesar en voz alta de que estaba perdidamente enamorada de Hisirdoux Casperan.

Xx.