Capítulo 1 - Luces y sombras
—¡Aquí viene el héroe Dymamight! Por favor, responda a un par de preguntas para la cadena— se acercó la presentadora con clara emoción al héroe.
Katsuki Bakugo. Veinticinco años. Prohero. Se giró con una sonrisa y alzando la mano a modo de saludo para toda la muchedumbre que se agrupaba a su alrededor.
—Claro, que sea rápido. Tengo villanos a los que cazar.
Bakugo había cambiado mucho desde su adolescencia. Ahora estaba incluso más alto y seguía teniendo una gran confianza en vencer a cualquier contrincante. Aunque ahora al menos no gritaba Muere en frente de la cámara. Se le veía más relajado. Feliz incluso.
—¿Asistirás a la gala del ranking de héroes? ¿Estás ilusionado porque se vuelva a hacer este tipo de galas? ¿En qué puesto crees qué quedarás?
Bakugou sonrió con confianza y miró directamente a la cámara y agarró el micrófono de la reportera.
—¡Voy a ser yo el número 1 Deku! —era un claro mensaje aunque a diferencia del joven Bakugo ahora solo había sana rivalidad en su voz— . Estoy deseando que llegue. Hell, yeah. ¿Eso es todo?
La reportera estaba a un paso de derretirse ante el carismático Bakugo.
—Una última pregunta. ¿Con quién celebrarás tras la gala?
Bakugo volvió a mirar a la pantalla.
—Con mi familia— dijo como si fuera obvio—. Mi hija está como loca diciendo que su papi será el número 1.
—OMG… ¿Dynamight tiene una hija? Esta es una exclusiva.
Bakugo tenía una expresión que parecía no encajar con el adolescente rabioso que fue. Estaba orgulloso y tenía un gran cariño en su voz. Casi parecía que iba a sacar una foto de su cartera. Lo que obviamente no hizo para proteger la identidad de su hija.
—Tch, me da ganas de vomitar.
La pantalla del televisor se apagó dejando la entrevista a la mitad. No necesitaba saber más.
El cuarto se quedó en penumbra iluminado solo por la luz de un cartel de neón del edificio de enfrente. Un apartamento amplio y casi vacío si no fuera por un par de muebles. Los mínimos y necesarios.
La silueta femenina que estuvo viendo la televisión se dejó caer sobre el sofá escurriéndose. Tantas cosas habían cambiado desde que habían sido unos adolescentes llenos de alegría e ilusiones. Parecía que hubiese pasado un siglo desde que todos los estudiantes de la UA se habían graduado.
Tras la gran guerra que hubo y tras al fin derrotar a One for All Japón había quedado destrozada. Cinco años más tarde casi todo parecía estar recomponiéndose de nuevo. Casi se hacía difícil imaginar que la ciudad, grande y basta, había sido prácticamente devastada. Ahora parecía como nueva. Una nueva ciudad a la sombra de la anterior. Una nueva sociedad de héroes a la sombra de la anterior. Siempre lo mismo al fin y al cabo.
Estuvo a punto de quedarse dormida rememorando tiempos felices. El sonido de las llaves girar la cerradura de la puerta la devolvió nuevamente al presente.
—Ochako, ya estoy aquí— dijo una voz grave. Había sonido de bolsas de plástico. Seguramente la comida— . ¿Otra vez a oscuras? Corta el rollo depresivo.
Tenya Iida encendió las luces del salón. Era muy distinto a su yo adolescente. La rectitud en él había desaparecido al igual que el brillo de sus ojos. Tenía una cresta desorganizada y los lados completamente rapados. Llevaba una sudadera y unos pantalones anchos. No había una imagen más alejada del antiguo delegado de clase.
Ochako se giró en el sofá para darle la espalda. No tenía ganas de confrontar a Iida. De ellos dos, Ochako era la única que más se parecía a su antiguo yo físicamente. Seguía teniendo el pelo corto. Tal vez había crecido más. Pero seguía vistiendo el mismo estilo de ropa. Seguía usando las tonalidades rosas. Quizás usaba ahora más el malva o el violeta. Lo que ya no llevaba era su traje de héroe. De eso había pasado ya mucho tiempo.
Tenya la ignoró y fue directamente a la cocina a preparar la cena. Había días en los que apenas intercambiaban palabras. Algunos días parecía que volviesen a ser como antes. Era solo un espejismo.
Ochako permaneció en el sofá mirando al mismo punto del techo. Estaba pensativa.
Iida terminó de hacer la cena con rapidez y llevó la comida a la mesa. Ochako se levantó al fin y fue a sentarse enfrente a Tenya.
—Bakugo tiene una hija— murmuró ella mientras miraba los distintos platillos en la mesa.
—Y qué mierdas me importa eso a mí — rezongó Iida y se sirvió arroz con verduras— . Bien por él.
Ochako miró su plato vacío y luego al resto de la comida.
—Van a hacer la gala de los top 10 héroes otra vez— le informó Ochako con voz monótona.
Iida se tensó al otro lado de la mesa.
—No me j…
—Sería un buen día para atacar—lo cortó Ochacho sirviéndose al fin un poco de arroz con carne.
Iida se quedó en silencio asombrado y mirando a Ochako con los ojos bien abiertos.
—¿E… estás segura? ¿Lo dices en serio?
Ochako asintió probando la comida de Tenya. Por un momento una sonrisa se asomó por sus labios.
—Es el mejor momento. Los héroes más importantes estarán en la gala.
Tenya tragó saliva boquiabierto.
—Haré lo que quieras— Iida profirió esas palabras poniendo todo su ser en ellas. Como si fuera un caballero que le estaba dedicando su vida a una dama.
Ochako sonrió y acabó por levantarse de la mesa para abrazar a Iida. Iida permaneció quieto sin devolver el abrazo pero tampoco sin rechazarlo.
—¿Sabes que eso significa convertirse en villanos?
Iida asintió ante la pregunta. Dudó por un momento y terminó por dejar los palillos sobre la mesa. Apartó a Ochako lo suficiente para tocarle sus mejillas con las manos. Un suave roce que hizo que Ochako cerrase los ojos y soltase un pequeño suspiro.
—Ya soy uno desde hace mucho. Si me pides que incendie el mundo lo haré — se lo prometió de todo corazón.
Ochako se estremeció ante esas palabras.
—Hablando de fuego… necesitamos a más idiotas.
Iida gruñó contra el hombro de Uraraka. Sabía lo que eso conllevaba.
—Entonces, iremos a por esos idiotas.
