Capítulo 12 - It's Alive!
Natsuo Todoroki nunca había hecho una locura como esa. Él era más de mucho hablar pero luego poco hacer. Y ahí estaba ahora, caminando por los pasillos de un hospital en el cual no trabajaba. Con un uniforme que no era el suyo. Con una placa de identificación falsa y una peluca en su cabeza. Natsuo debía admitir, con cierto rencor y disgusto qué, con el pelo rojo, se parecía mucho a su padre.
El mismo ser repugnante que había causado todo. Porque sin él Touya no habría… nunca se habría convertido en Dabi. Siempre la misma historia. Siempre los mismos errores. Pero ahora estaban intentado arreglar errores. Y lo iban a conseguir. Aunque tuvieran que empezar por Denki Kaminari.
La sombra de lo que alguna vez fue Chargebolt ahora… ahora estaba meciéndose mientras veía un documental de monos. Natsuo suspiró y miró a ambos lados antes de entrar por la puerta. No había nadie en la sección de enfermeras. Era una planta un tanto tranquila en la cual era muy común ir uno que otro descanso extra de las horas propuestas.
Natsuo estaba acostumbrado a lidiar con pacientes. Él era el indicado para ayudar a desaparecer a Denki. No había nadie mejor que alguien que llevaba años trabajando en el sector de la salud. Justo por eso, por su experiencia, Natsuo no dudó en administrar un calmante inyectándolo en el cuello de Kaminari con rapidez.
El rubio apenas tuvo tiempo de reaccionar y chillar. El cansancio se apoderó de él haciendo sus párpados pesados. Ni si quiera los pequeños alaridos llegaron a alertar a nadie. Nadie vendría a revisar al loco de la habitación 759. Como en el cuento de Pedro y el lobo. Nadie se tomó en serio a Denki Kaminari.
Mientras los trabajadores se servían un té, Natsuo Todoroki salió de la habitación empujando una silla de ruedas con Denki Kaminari sentando en ella muy tranquilo. Durmiendo plácidamente y tapado por una manta.
El mediano de los Todoroki se forzó a caminar a paso lento como le había aconsejado su hermano mayor. La calma podía hacer que no levantase sospechas. Nadie miró dos veces como el médico pelirrojo tiraba de una silla hacia el ala en plena construcción del hospital. Ni al atravesar las puertas del edificio se sintió con tranquilidad. El corazón de Natsuo iba a mil por hora. Y a pesar de estar alerta no pudo ver cuando Tenya Iida se posicionaba a su lado quitándole el control de la silla de ruedas. Fue ahí, al perder el soporte, que Natsuo se dio cuenta de cómo le temblaban las piernas como un flan.
—Bien hecho Doc, has pasado la primera prueba— le felicitó Tenya mientras los guiaba a través del edificio.
Natsuo miró hacia la puerta que conectaba la zona en funcionamiento del hospital con la que estaba todavía en construcción.
—¿No se darán cuenta?
Tenya no pestañeó si quiera.
—Que se den cuenta. Para cuando lo hagan Denki estará sano y eso es lo único que me importa. Fuck leyes y burocracia— escupió Iida con verdadero rencor.
Natsuo tragó saliva. Tenía que mentalizarse para todo lo que estaba haciendo. Él nunca había sido un chico de tomar acciones. Sí de hablar pero no de… El perro ladrador al fin estaba aprendiendo a morder.
—¿Seguro que lo podremos curar? ¿Incluso a mi hermano?
Iida lo miró de reojo.
—No sé, dímelo tú. Tú eres el doctor del equipo.
Natsuo se mordió el labio inferior pensativo. Sí, había visto los planos y el plan. Pero la teórica a veces se quedaba solo en… en teórica.
—Sobre el papel, sí.
Iida giró una esquina acercándose a una de las zonas más apartadas donde un par de figuras les esperaban ensamblando una extraña máquina.
—Pues hazlo realidad. Aquí estamos, ¿cómo va el resto del plan?
Una de las dos personas paró para comprobar su tableta. Se habían colado en las cámaras del hospital. Para cuando quisieran investigar sobre las cámaras, no quedaría huella digital que desvelase pruebas.
—El unicornio está en camino. Han tenido que parar a beber— informó una mujer—. Estarán aquí en cuestión de minutos.
—¿Y la barbacoa?
—En la parrilla.
Natsuo se sintió un poco perdido hasta conectar los puntos. Se acercó a la "parrilla". Una máquina con una cápsula capaz de contener a una persona. Estaba situada apropósito tras unas cajas grandes. La puerta estaba semiabierta y por ella pudo ver como Dabi estaba acostado. Aturdido por el medicamento. Sacarlo de la isla tan solo hizo más que provocarle dolores. Seguía teniendo los músculos muy atrofiados y dañados. Pero eso cambiaría rápidamente.
Natsuo comprobó las reacciones y reflejos de su hermano con una luz directa a sus ojos. Apenas había respuesta. Dabi estaba en el séptimo cielo ahora mismo. Natsuo suspiró y se dijo a sí mismo que era hora de centrarse. Se metió en su papel de médico y comprobó que cada cable estuviera en su sitio. Que cada medicamento y dosis fuera la correcta.
Natsuo cerró la tapa justo a tiempo de que llegara Ochaco con Eri de la mano. Iida ya no estaba en ningún lugar visible. Él era reconocido por sus actividades ilegales. Ochaco era una confiable heroína en período de baja.
Las dos mujeres rápidamente se colocaron una mascarilla quirúrgica para cubrir sus rostros. Ahora llevaban puertas unas batas como si realmente fueran parte del staff del hospital. Ayudaron a Denki a trasladarlo a la silla central de la sala.
—Como te he dicho… solo tú puedes ayudarlo— habló Ochaco mientras acerca a Eri a donde Denki se encontraba—. Puedes ser su heroína. Una de verdad, de los que ayudan y no de los que posan para las fotos. Puede que nadie nunca lo llegue a saber, pero yo sí sabré quien fue mi heroína, Eri. Esa eres tú.
Eri abrazó a Ochaco con fuerza. Ochaco y Natsuo intercambiaron miradas. Todo estaba listo para comenzar.
—Es la hora.
Natsuo rompió el silencio entre ambas y acercó a las dos chicas una especie de mando en U conectado a un cable que se redirigía a una especie de aparato capaz de absorber el don de Eri.
—Eri, confiamos en ti— susurró Ochaco antes de soltar a la adolescente y ponerle en sus manos al aparato.
Eri miró a ambos sin comprender qué era lo que debía hacer.
—Eso redirigirá tu don para que afecte solo a las células del cerebro del paciente— explicó Natsuo mientras comenzaba a tocar con seguridad los botones de una máquina que, en realidad, era la primera vez que usaba—. Podrías descargar toda tu fuerza y poder contra la máquina y esta actuará se canalizador y barrera. No dejará que Kaminari se rebobine más haya de lo necesario para curarle. Así que no tengas miedo. No dejaremos que nada salga mal.
Las palabras de Natsuo fueron cálidas para alguien tan a fin al frío. Eri le sonrió tímidamente y agarró el mando con ambas manos.
Ochaco se sintió muy orgullosa de como había crecido la pequeña de 1A. Tenía determinación en su mirada. La castaña apretó el hombro de la adolescente y besó con ternura la mejilla de esta.
—Estaremos para ti aquí al lado.
Y con esa promesa todos desalojaron la sala a excepción de Eri y Denki. Denki yacía inconsciente en una silla que lo mantenía amarrado. Sobre su cabeza yacía el casco conectado a la máquina. Y no muy lejos de allí, otro de los cables estaba conectados a la máquina en donde Dabi descansaba.
—Cuando quieras, Eri— habló Ochaco a través de un micrófono desde detrás del cristal protector.
Eri asintió y con determinación comenzó a drenar todo su poder a aquel aparato.
—Si esto sale bien… — comenzó a susurrar Natsuo.
—Saldrá bien— le cortó Ochaco—. Proyecta lo positivo. Saldrá bien.
Natsuo suspiró con resignación.
—De perdidos al río— sentenció Natsuo antes de pulsar el botón desde el control que permitió que el poder fluyera a los dos pacientes.
La máquina dio un tirón como si demandase más poder. Eri gritó pero no soltó el mando. Se aferró con más fuerza a él y con un grito dejó que todo su poder recayese sobre la máquina. Eri chilló. Denki gritó. Dabi gritó.
Tras un destello de luz cegador todo se volvió oscuridad. Para cuando el generador de emergencias del hospital reinició la energía en todo el edificio, Eri ya estaba en el suelo inconsciente por el agotamiento.
Ochaco y Natsuo intercambiaron una mirada antes de correr y comprobar las constantes vitales. Eri estaba bien. Sufría agotamiento por el uso de su quirk. Pero estaba bien. Denki… no se apreciaba ningún cambio.
—¿Estará…?
—No sabremos si ha funcionado hasta que despierte— le informó Natsuo.
Sin perder un segundo trató a Eri añadiéndole en vena suero para ayudar con la extenuación del uso de su don. Iida apareció como una ráfaga para cargar con la chica en brazos. Nunca dejaría a Eri en manos de desconocidos. No a ella.
—Yo la llevaré de vuelta.
Y con eso Iida se llevó a la adolescente justo a tiempo de que la película terminase. Una jugada maestra. Pero mientras, paralelamente en el hospital corrían. Natsuo descubrió impresionado que no eran solo ellos los que estaban implicados en el descabellado plan. De pronto un grupo de personas trajeadas entró para comenzar a desmontar la máquina y a montar la sala como si aquello siempre hubiera sido una sala de espera.
Entre toda esa gente entró una figura destacó. Una figura femenina que Natsuo le recordaba vagamente a alguien conocido. Pero no sabía a quién. Una mujer alta, con la tez tersa y clara. Tenía el pelo corto, muy corto a excepción de un flequillo de medio lado.
—¿Cómo ha salido la operación?
La mujer se dirigió directamente a Ochaco. Esta comenzó a desabrochar los amarres de Denki con mucho cuidado.
—Lo sabremos cuando despierte. Por el momento, tocará esperar. Gracias por lograr montar esto tan rápido, Momo.
Natsuo abrió mucho los ojos con sorpresa. Ahora la reconocía. Esa mujer no era otra que la heroína Creati. La antigua compañera de clase de Shoto. La chica que había entrado por recomendación al igual que su hermano.
Momo se encogió de hombros sin darle mucha importancia.
—Gracias a ti por conseguir los planos. Crearlo ha sido un placer. Sobre todo si podemos volver a ver la sonrisa de Denki otra vez.
Ochaco asintió dándole la razón.
—Nos iremos ahora. Estaremos en contacto— prometió Ochaco.
—Cuídate, Uraraka.
Con una simple despedida la heroína se fue dejando atrás a todo su equipo de ayudantes limpiando la escena. Natsuo no salía de su asombro. ¿Estarían todos compinchados? ¿Toda la antigua clase de 1A? No lo entendía. No…
—¿Y qué hacemos con este niño?
La frase pilló por sorpresa a Natsuo.
Allí en donde había dejado a su hermano antes, ahora había un niño de no más de catorce años durmiendo plácidamente. Con algunas quemaduras en su piel sin tratar pero… tratables libres de curarse sin dejar marca. Un niño de cabello blanco. Un niño… dios, ¿cómo de pequeños Touya le pudo parecer tan grande e intimidante? ¡Era un renacuajo!
Natsuo se quedó sin respiración. Su… ese… sí. Sí era él. Su hermano mayor. Su…
Natsuo lo abrazó llorando.
Touya tenía una segunda oportunidad en la vida y era su decisión el cómo aprovecharla esta vez.
—Te dije que funcionaría— dijo con alegría Ochaco—. Pienso cambiarlo todo— le prometió—. Pienso arreglarlo todo. Este solo es el principio.
Nota de la autora:
Hola! siento tardar tanto en actualizar. Ahora ando liada con el trabajo y hago todo lo que puedo.
Espero poder actualizar pronto el siguiente cap.
También os agradecería que dejaseis algún comentario de apoyo. Poco a poco se va formando el plan malévolo
