¡Holi!
Nuevo prompt del Zouxie Week 2022. Esta vez es un capítulo de pura angustia y un poco whumpy. Espero de corazón que lo disfrutéis.
Xx.
Zoe odiaba hablar por teléfono.
No había que tomar suposiciones equivocadas. Zoe amaba la tecnología y adoraba todo lo que tuviera que ver con la telefonía móvil salvo la parte de hablar por teléfono. Nunca cogía a la primera, ni siquiera a Douxie, quizás porque a una parte de ella le daba cierta ansiedad tener que hablar con nadie que no tuviera delante. Las videollamadas le resultaban más cómodas, pero no todo el mundo disfrutaba con ver su cara a través de una cámara de poco menos de sesenta y cuatro megapíxeles.
Por esa razón, cuando la llamada de Claire la despertó a las cinco de la mañana, Zoe silenció la llamada de mala gana e intentó dormirse de nuevo.
Sin embargo, el teléfono no tardó en volver a sonar.
Y otra vez.
Y otra.
Zoe cogió la quinta llamada.
—Espero que se esté acabando el mundo para que tengas el descaro de despertarme a las…
—¡Zoe! ¡Joder, por fin! —chilló Claire contra su tímpano—. ¡Prepárate que voy a buscarte!
—¿Perdón?
Había mucho ruido donde quisiera que estuviera Claire y su voz estaba tintada por el pánico. Zoe preguntó qué demonios estaba pasando, pero Claire ya había colgado. Confusa, la bruja miró a su teléfono para ver si tenía notificaciones de alguna clase cuando sintió una energía oscura aparecerse en su cuarto. A esas alturas, ya podía percibir el poder de Claire sin alarmarse. La joven bruja había mostrado tener un enorme potencial mágico, pero solo podía manipular el poder de la oscuridad, hecho que había alarmado a muchos por temor a que Claire se convirtiera en una nueva Morgana. Claire, sin embargo, tenía un carácter fuerte y un alma pura, por lo que más allá de su cabello enteramente blanco y sus manos tintadas de negro por su magia, la bruja parecía estar lejos de corromperse.
Claire apareció al pie de su cama vestida con una armadura morada, con su cabello blanco cayendo por su espalda, la cara cubierta de venas negras que nacían de sus ojos negros azabache. Zoe estaba impresionada por el enorme poder de Claire, aunque su instinto mágico parecía advertirle de que tuviera cuidado.
—Siento aparecerme así, pero esto es una emergencia —dijo Claire visiblemente alterada—. Necesitamos tu ayuda.
—¿Por qué? ¿Qué ha pasado? ¿Y por qué estás con esas pintas? —cuestionó Zoe con desconfianza.
—No hay tiempo —dijo Claire, cogiendo de su mano y sacándola de la cama—. Douxie te necesita.
—¿Qué…?
La voz de Zoe se perdió tan pronto cayeron en la oscuridad del portal de Claire. No era la primera vez que viajaba a través de los portales de Claire, pero Zoe se había prometido a sí misma que no volvería a hacerlo. Su poder se basaba en la energía más pura, por lo que una capa de electricidad se manifestó casi sin querer para protegerla del caos que reinaba en la Dimensión Oscura. Sin embargo, apenas pudo adaptar sus ojos a la oscuridad cuando Claire abrió otro portal y salieron precipitadamente en una caverna iluminada por cristales de colores.
Estaban en el Mercado Troll de Nueva Jersey.
—¡Claire!
Jim se acercó corriendo hacia ellas. Su armadura estaba manchada de sangre y su rostro estaba marcado por la ansiedad.
—¿Se puede saber qué ha pasado aquí? —preguntó Zoe preocupada.
—Nos han atacado —resumió Claire ayudándola a levantarse del suelo—. Hemos ganado, pero Douxie…
Zoe la contempló en pánico.
—¿Douxie, qué? —preguntó alarmada.
—Está herido grave —respondió Jim—. Nos atacaron una orden de magos y la han herido con una espada hechizada. No somos capaces de curar la herida.
—¿Y donde coño está Merlín? —ladró Zoe mientras corría hacia el corazón del Mercado Troll, lugar donde podía sentir irradiar la magia de Douxie.
—No lo sabemos —confesó Claire—. Ha sucedido todo muy rápido.
Escuchó los gritos de dolor de Douxie desde la entrada al Corazón de Piedra. Blinky le atendía como mejor podía, pero Zoe pudo oler el ponzoñoso olor a magia negra tan pronto entró en la estancia. Douxie estaba sobre la camilla de piedra, sin camiseta y cubierto de sangre y liquido negro que salía de sus heridas abiertas por su abdomen.
—¡Por la diosa!, ¿qué te han hecho? —murmuró Zoe horrorizada e intentando contener las lágrimas.
Douxie apenas reaccionó a su voz y, cuando tocó su rostro, lo sintió arder contra sus dedos.
—¿Sabes qué le pasa? —preguntó Claire alarmada—. He intentado curarlo, pero… esto es demasiado poderoso y complejo. No entiendo el fundamento de esta magia y… no… lo siento. Él no ha parado de murmurar tu nombre, por eso pensé que tú podrías ayudarnos…
Claire sollozó frustrada, aunque Zoe no le prestó mucha atención. Su cabeza solo podía pensar en los síntomas que presentaba Douxie y en la magia que podía realizar para curarlo. Hacía siglos que había dejado atrás la magia medicinal con la que había iniciado su andadura como bruja, pero no había olvidado los hechizos y las pócimas que había aprendido con la Vieja Tata, su tutora de cuando era una niña recién iniciada en la magia. La magia, sin importar su categoría, era como andar en bicicleta: imposible de olvidar.
—Necesito que me traigáis hierba de reyes, verbena y azúcar —ordenó Zoe y se volvió al grupo que la contemplaban desconcertados—. Claire, quédate conmigo de apoyo, y el resto moveos de una puta vez, tenemos poco tiempo.
Zoe tenía la capacidad de mantener los pies de plomo en las peores situaciones, pero aún así no consiguió deshacer el nudo que se le había formado en la boca de su estómago. Douxie estaba muy mal, delirando y con la vida dependiendo de un hilo. El veneno con el que le había atacado se extendía por el cuerpo a través de la sangre y era cuestión de tiempo hasta que empezara a sufrir alucinaciones y, en consecuencia, podría morir a causa de un infarto o algo peor. Zoe supuró y limpió las heridas de Douxie con su magia, con una precisión que, por suerte, no había perdido con los años. Claire limpiaba su frente con paños fríos, aunque Zoe ya le había advertido que, en algún momento, tendría que sostenerle contra la camilla, ya que iba a ser un proceso doloroso y tortuoso.
Douxie empezó a sacudirse al cabo de pocos minutos, cuando Zoe empezó a embadurnar su cuerpo con el mejunje que había preparado con los ingredientes que Jim y Blinky le habían traído. Sus gritos agónicos taladraban sus oídos y Zoe se sentía horriblemente culpable por tener que hacerle pasar por semejante tortura. Formuló el hechizo en voz baja, casi como un susurro para sí misma, y las luces de los cristales del Corazón de Piedra se atenuaron. El cuerpo de Zoe se alumbró con el resplandor rosado de su magia y las heridas de Douxie se tornaron del mismo color. Jim y Blinky tuvieron que ayudar a Claire a mantener a Douxie quieto en la camilla, aunque todos se alarmaron cuando abrió sus ojos y se pusieron en blanco.
—¡Mierda! —jadeó Zoe horrorizada.
—¿Qué pasa? —preguntó Claire asustada.
—¡Ha entrado en shock!—explicó la bruja alarmada—. Claire, necesito que tú continúes con el hechizo mientras le hago volver.
—¡¿Qué?! —chilló ella en pánico.
—Es fácil, ¿vale? Douxie me ha dicho que coges los hechizos al vuelo, así que estoy convencida de que te has quedado con el conjuro —dijo ella colocándose ante la cabeza de Douxie y posando sus dedos contra sus sienes.
Sabía que le estaba lanzando un marrón a Claire, pero Douxie le había hablado del enorme potencial de la joven bruja y, además, Jim la alentaba a que iba a hacerlo bien. Por suerte, Claire demostró tener una memoria extraordinaria, ya que recitó el conjuro tal cual lo había pronunciado, solo que en lugar de un fulgor rosado, su cuerpo se iluminó con el resplandor púrpura. Zoe se enfocó entonces en adentrarse en la mente de Douxie y, tan pronto consiguió sacarlo del shock, volvió a ponerse a gritar y a retorcerse de dolor, por lo que Zoe decidió aplicar otro hechizo antiguo que había aprendido en los polvorientos libros de la Vieja Tata. Ninguna bruja en sus cabales utilizaría un hechizo como aquel, pero Zoe haría lo que fuera con tal de reducir el dolor que Douxie, su Douxie, estaba sufriendo.
Un dolor agudo se extendió por su abdomen, como si le estuvieran abriendo en canal para arrancarle las entrañas. Zoe gritó de dolor, alarmando a Claire y al resto de presentes, pero ella consiguió balbucear que no se preocuparan por ella. Douxie dejó de sacudirse a medida que Zoe absorbía el dolor de sus heridas y, aunque la sensación era terriblemente intensa, al menos pudo aguantar hasta que Claire consiguió extraer todo el veneno de su cuerpo. Zoe se desplomó a causa del cansancio, aliviada de que al menos Douxie saldría de esta. Le pareció escuchar a Claire gritar su nombre, aunque Zoe estaba tan cansada y le pesaban tanto los ojos que se dejó arrastrar por la dulce inconsciencia.
Se despertó desorientada en una habitación que estaba levemente iluminada por cristales azules. Hacía frío, aunque ella notaba su piel pegajosa a causa del sudor, sobre todo en su nuca, donde sus mechones fucsias se habían rizado por la humedad. Se incorporó con torpeza cuando, de repente, sintió una mano coger de su codo. Zoe dio un respingo y miró a su izquierda para encontrarse a Douxie adormilado a su lado.
—Vuelve a tumbarte, no conviene que hagas sobreesfuerzos —advirtió el hechicero con una sonrisa cansada.
Zoe se tumbó sobre su costado para mirarlo directamente. Pese a la oscuridad, apreció las marcadas ojeras bajo sus ojos y el tono ceniciento de su piel. Tocó su mejilla y se sintió aliviada al sentirla templada contra sus dedos. Douxie cogió de su mano con las pocas fuerzas que contaba y la dejó posada contra su cara, como si su tacto le proporcionara cierto alivio.
—No debiste usar ese hechizo —le reprochó el hechicero con suavidad.
—Estabas sufriendo —respondió ella sin más.
—Zoe…
—No vuelvas a darme un susto como este —le advirtió ella parpadeando para que no viera las lágrimas en sus ojos—. No puedo soportar la sola idea de que te mueras.
—Todos moriremos al final, Zo.
—Te prohíbo a que lo hagas antes que yo —dijo ella con furia, aunque Douxie se rió—. Hablo en serio, Douxie. Me niego a vivir en un mundo en el que no estés. Te toca a ti hacerme el duelo.
Douxie pasó su brazo por su cintura para acercar su cuerpo contra el suyo. Zoe aspiró su aroma a lluvia y romero y suspiró ante la agradable calidez de su cuerpo calentando el suyo.
—Con suerte, tú y yo viviremos muchos años más —comentó Douxie antes de besar su frente—. Tenemos una vida por delante antes de preocuparnos de quién va a morirse antes.
—Si sigues dándome estos sustos quizás me muera de un infarto —se quejó ella.
Douxie la abrazó con más fuerza.
—¿Quieres dejar de hablar de morirte, por favor?
Zoe quería enfadarse con él por darle semejante disgusto, por haberse metido en líos que no le correspondían y por haberse dejado herir como un mago novato. Sin embargo, Douxie parecía perfectamente consciente de su metedura de pata, de que tenía miedo por haber estado a punto de morir y que estaba agradecido de que ella hubiera estado allí para salvarlo otra vez. Por esa razón, Zoe calló y dejó que se quedara dormido en sus brazos, aliviada de que, al menos por esta vez, ambos vivirían para contarlo.
Xx.
