Holi,
Nuevo capítulo bastante domestic.
Espero que os guste.
Xx.
Douxie conducía fatal, no era ningún secreto.
Por esa razón, siempre prefería que fuera Zoe quien condujera la moto que se habían comprado entre los dos. A Douxie le encantaba sentarse detrás de Zoe, rodear su cintura con sus brazos y aspirar el aroma floral de su perfume.
En la moto, Zoe siempre llevaba puesto el casco, pero Douxie podía entrever sus mechones fucsias asomarse por su nuca. A veces, incluso podía atisbar su piel color melocotón asomarse por el cuello de su cazadora de piel y su cabeza fantaseaba con retirarse el casco para besarla, aunque nunca lo hacía porque sabía que Zoe se enfadaría con él por tan solo levantar la visera de su casco.
Ambos habían viajado mucho en esa moto. Habían recorrido cientos y cientos de kilómetros, con ella conduciendo y él sujeto a su pequeña cintura, dejándose llevar por sus ansias de libertad y deseosos de tener unos días en soledad, quizás en una casa en mitad del desierto de California o en lo más alto de las Montañas Rocosas. La gente hablaba siempre de lo raro que era que Zoe condujera y que él fuera detrás, cuando lo normal solía ser al revés, pero a Douxie no podía importarle menos lo que los demás pensaran.
Le encantaba cuando paraban a descansar y Zoe se retiraba el casco. Su cabello fucsia se despeinaba alocadamente y ella murmuraba una maldición mientras intentaba peinarse con sus dedos cargados de magia para alisarlo. Muchas veces Archie venía con ellos, otras tantas su familiar comprendía que necesitaban tiempo para ellos solos. No podían permitirse grandes lujos, por lo que casi siempre se quedaban en moteles baratos y de mala muerte, aunque ambos disfrutaban ante la perspectiva de dormir en un lugar digno de un escenario de un crimen.
Las pocas veces que Douxie conducía, por lo general cuando Zoe estaba demasiado cansada como para mantener los ojos abiertos, apoyaba su cuerpo contra el suyo y Douxie sentía la respiración acompasada de su pecho contra su espalda. Zoe odiaba como conducía, siempre a toda prisa y como un loco, pero para Douxie significaba un mundo que confiara en él lo suficiente como para quedarse dormida contra él a la vez que conducía.
Douxie y Zoe tenían épocas que andaban mucho con su moto y otras que no andaban nada. En los últimos meses, entre que Zoe estaba enfocada en su empresa de tecnología en Arcadia y que Douxie estaba ocupado como mano derecha de Merlín y maestro de Claire en Nueva Jersey, rara vez tenían la oportunidad de hacer sus salidas en moto. Sin embargo, Douxie la echaba de menos y, pese a que hacían videollamadas todos los días, temía que la distancia pudiera romper su… ¿relación? ¿amorío? Era difícil ponerle nombre a lo que fuera que ellos compartían cuando Zoe era tan evasiva en abrirse con sus sentimientos.
Aún así, Douxie nunca la presionaba y sabía que Zoe estaba agradecida por ello.
—Si tanto la echas de menos, deberías volver a Arcadia y sorprenderla.
La noche que Claire dijo eso, Douxie la miró sorprendido por su sugerencia. Pese a su juventud, la joven aprendiz era una la chica más perspicaz e inteligente que había conocido nunca. No tenía poder para leer la mente, pero era buena leyendo las emociones, independientemente de que fuera humano, bruja o troll.
—Estamos bien, Claire. No somos dos adolescentes que necesitan verse todos los días.
Claire estrechó los ojos y cerró el libro que tenía en sus manos con brusquedad.
—Douxie, hablo en serio, me tienes a mí. Si quieres ir a Arcadia a través de uno de mis portales solo tienes que pedírmelo.
—Claire, no creo que…
—Vuelve a Arcadia, coge esa carraca de moto que tenéis y lleva a Zoe a un sitio guay, como México —siguió la aprendiz, ignorando su negativa.
—A Merlín no le parecerá bien que me vaya tan precipitadamente —se excusó Douxie.
—Merlín puede comerme el coño, Douxie —escupió Claire con impaciencia e hizo un gesto con su mano—. Ahora, ve a buscar a tu novia y organiza algo bonito. Archie se quedará con nosotros el fin de semana.
Un portal oscuro apareció bajo su silla y Douxie chilló sorprendido. Intentó salir, pero la oscuridad absorbió sus pies con demasiada rapidez. Observó que las manos y los ojos de Claire estaban negros.
—¡Claire! ¡Esto no me hace la menor gracia! ¡Soy tu maestro! ¿Dónde queda el respeto aquí?
Claire sonrió pícaramente.
—Pásalo bien, Douxie, y saluda a Zoe de mi parte.
Douxie cerró los ojos cuando cayó al vacío de la oscuridad, aunque su trasero aterrizó sobre una superficie dura. Reconoció las calles amplias de Arcadia y Claire había tenido la precisión suficiente como para transportarlo hasta justo delante del garaje alquilado que compartía con Zoe. Deshizo el hechizo cerrojo que cerraba la persiana y la subió de una sacudida. La vieja Harley que Douxie y Zoe habían comprado en los ochenta estaba tapada con una sábana que retiró con cuidado. Comprobó el estado de la moto para asegurarse de que todo estaba correcto y uso algún que otro conjuro para arreglar algún desperfecto que había quedado pendiente de arreglar de viajes anteriores. Arrancó la moto a la segunda y el rugido del motor sonó como música para sus oídos. Cada vez que escuchaba ese sonido, una especie de euforia le sacudía desde lo más hondo, similar a cuando un niño visitaba un parque de atracciones por primera vez.
Caía la noche cuando Douxie aparcó delante de la tienda de Zoe. Vio a la bruja conversar sonriente con unos clientes y parecía tomarse su tiempo para explicarles las nuevas funcionalidades que había añadido a sus teléfonos. Douxie podía pasarse horas observando a Zoe. Aunque aún le costaba horrores expresar en voz alta sus sentimientos, Zoe había aprendido a hablar a través de su lenguaje no verbal. Además, el tiempo había curado sus heridas y aquella aprendiz de bruja callada y taciturna, de aspecto modoso y tímido, se había transformado en una bruja divertida, valiente y poderosa.
La quería con todo su ser.
Y a veces era consciente de que sus actos no lo demostraban por mucho que se lo dijera.
Claire había acertado con mandarlo a Arcadia.
Zoe se quedó anonadada cuando le vio apoyado contra la moto, con sus cascos posados sobre el asiento del vehículo. Parpadeó un par de veces, quizás pensando que tal vez su presencia fuera obra de su imaginación, pero cuando Douxie la saludó, Zoe saltó a sus brazos sin pensárselo dos veces. Sus labios sabían a labial de frambuesa y su perfume inundó sus fosas nasales. Douxie la sostuvo de su cintura, como otras tantas veces había hecho en el pasado, y procuró mantener el equilibrio cuando Zoe rodeó su cadera con sus piernas.
—¿Cómo tú por aquí? —preguntó ella contra su boca.
—¡Oh, ya sabes! Pasaba por aquí y me dije: «voy hacerle una pequeña visita a Zoe para sacar a nuestro bebé a pasear».
Zoe se bajó de su regazo y tocó la reluciente carrocería negra de la moto. Sonrió pícaramente antes de coger su casco.
—Conduzco yo.
—Faltaría más —concordó Douxie cogiendo el suyo.
—¿Y adónde quieres ir? —preguntó ella.
—Cualquier lugar estará bien siempre que estés tú allí —respondió el hechicero posando su mano.
Zoe apartó la vista con las mejillas cubiertas por un adorable rubor rosado y conteniendo una sonrisa azorada.
—Eres un bobo —murmuró ella.
Douxie la empujó contra su cuerpo e inclinó su cabeza hacia la suya con intención de besarla.
—Y lo que te gusta que sea un bobo, ¿qué?
Zoe se rió antes de rodear su cuello con sus brazos y besarlo. Pocos minutos después, ambos ya se habían puesto sus cascos y sus cazadoras y las silenciosas calles de Arcadia fueron invadidas por el atronador sonido de su moto, rumbo a lo desconocido.
Xx.
