Despues de tanto tiempo, aqui lo teneis, en esta ocasión no hay acción.

Me encanta la parte del final.


Shinji: Misato, ¿Asuka ha recobrado ya el sentido?

Shinji se sentaba en una de las sillas disponiéndose a comer después de agradecer por los alimentos, hacia ya tres días que ni él ni las otras dos sabían de Asuka, sólo conocían el echo de que la tenían en la base y nadie podía visitarla.

Misato: No, Ritsuko cree que su conciencia ha quedado en ese lugar.

Misato dejó de comer durante un momento y miraba la mesa con la mirada perdida, como si hablase de algo doloroso, pero lo era, ella quería muchísimo tanto a la pelirroja como a Shinji, los adoraba como si fuesen sus propios hijos y pensar que un de ellos pudiese ser que no despertase, la aterraba.

Shinji: Entiendo. Vamos, Harael.

Shinji dejó su plato a medio comer y se fue a la cocina, empezó a lavar los platos y al acabar se dirigió al camino que llevaba a su habitación.

Misato: El otro día fuiste con Etsuko, ¿no?

Ella miraba al chico como una madre interrogando a su hijo por su novia, pero él no lo entendería, él nunca había tenido padres, no recordaba , mejor dicho, no sabia, como miraban unos padres a sus hijos ya que su madre murió a una temprana edad y su padre le dejó poco después para luego llamarlo a que arriesgase su vida.

Shinji: Así es.

Misato: Mmmm... ¿y de que hablasteis?

Misato se sentía celosa, en el pasado ella había intentado seducir a ese niño pero este la rechazó y ahora él se llevaba igual de bien que con Tabris, el decimoséptimo ángel.

Shinji:

Misato entendió que no se lo diría por lo que simplemente le sonrió y empezó a beber de su cerveza. Shinji, por su parte, al ver la escena de su tutora con la cerveza decidió marcharse a su habitación, no podía decirle que su conversación había tenido que ver con cosas que ellos intentaban descubrir: su padre a través de los manuscritos del mar muerto y él por parte de los ángeles.

Shinji llegó a su habitación y cerró la puerta, empezó a mirar las figuritas que ya tenia echas de cuando estuvo deprimido por la muerte de su amado, de su ángel, de la única persona que le había importado y la misma persona que le había amado. Cogió una. La miró detenidamente. Sonrió. Pronunció su nombre y él apareció.

Kaworu: Shinji, ¿que querías?

Shinji miró a su ventana, el abino estaba sentado en ella, no lo podía creer y, de la sorpresa, su boca se abrió un poco. Kaworu sonrió a Shinji con una sonrisa dulce pero de mirada triste.

Shinji: Kaworu...

Kaworu se levantó y fue hacia el gato negro, hacia su compañero celestial, lo cogió, se sentó en la cama y miró a Shinji.

Shinji se giró sonrojado, avergonzado por haber seguido con la mirada a su amado ángel y se encontró con sus figuras artesanales acabadas y por empezar, cogió una que aún debía ser tallada y le pidió a Kaworu que no se moviera, el de ojos rojos obedeció el deseo del chico y permaneció quieto con Harael tumbado en sus piernas. Shinji empezó a tallar al Tabris de los recuerdos de su parte angelical con un gato negro en sus piernas. Al acabar de tallar la figura de madera, Kaworu se acercó y se sorprendió al ver la figura.

Kaworu: Cómo...

Harael: No eres el único que ha estado haciendo progresos, ellos ya han empezado a hacer su trabajo.

Cuando Kaworu fue a responder, unas pisadas se escucharon y Shinji miró a Kaworu asustado, temeroso de que no le fueran a descubrir. Cuando se abrió la puerta, Misato se asomó.

Misato: Shinji, estabas hablando... ¿Ahora otro gato?

En la habitación se encontraban Shinji y dos gatos negros, reconoció al de ojos amarillos pues era el de Shinji pero el otro, el de ojos rojos, le resultaba vagamente familiar pero no recordaba bien.

Shinji: No importa, sólo dejalo.

Misato: De acuerdo.

Misato se marchó y el gato de ojos rojos se volvió Kaworu, quien se acercó a Shinji y le dijo que le amaba. Kaworu empezó a reír muy flojito cuando Shinji le miró y se sonrojó. Kaworu se fue a ir pero Shinji lo convenció para que se quedara, le quería regalar aquella figura que estaba haciendo, durante un rato los dos chicos y el gato no dijeron nada y cuando el pelinegro la acabó se la entregó. La figura quedó preciosa y Kaworu la cogió.

Kaworu: Recuerda, amigo, siempre estaré contigo.

Kaworu se marchó y Harael se fue con él.

Shinji se sentó en la cama recordando el primer día que vio a Kaworu, en la playa. No sabe cuanto tiempo pasó pero sólo se dio cuenta de la hora cuando Misato fue a hablar con Shinji, Asuka había recobrado la consciencia.

Misato y Shinji fueron rápidos a ver a la chica pelirroja quien les recibió como lo hizo en el pasado, antes de desaparecer para ir a algún país de occidente. Misato abrazó a Asuka como una madre preocupada. Asuka la apartó diciéndole que no se le acercará que ella no necesitaba la compasión de nadie.

Asuka: ¿Qué hace el idiota de Shinji aquí? Lo último que quiero es verle.

Shinji se fue de la habitación, aún estaba preocupado de el porqué de que Harael se fuese y, divagando en sus pensamientos, se topó con Rei.

Shinji: Ayanami

Rei: Ikari, ¿que te sucede?

Shinji hizo señales para explicarle que ese no era buen lugar para hablar, que seria mejor que fuesen a dar una vuelta.

Cuando estaban dando una vuelta por las calles de la capital nipona, un silencio incomodo reinaba entre ellos hasta que llegaron a un parque donde unos niños pequeños jugaban bajo la maternal mirada de sus madres. Allí Shinji empezó a explicarle todos sus problemas a Rei, ella escuchaba en silencio al chico. Shinji no comentó nada sobre los ángeles, a pesar de saber que Rei era una, pues sabia que ella y su padre compartían una extraña relación, al acabar, Rei lo abrazó tal y como lo habia echo Misato con Asuka, pero ella más gentil, más dulce.

Rei no entendía el porqué de aquel abrazo tan cariñoso, ella se había puesto la etiqueta de persona con un corazón de hielo pues era una persona fría y seria pero no entendía e porqué de que el joven Ikari le provocase esos sentimientos que no había tenido con nadie ni con su creador, el padre del chico. Ella sólo sabia que algo quería abrazarlo, que él no llorase, que él fuese feliz.


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