Holi,
Capítulo bastante angsty, la verdad, pero a su vez necesario.
Espero que os guste.
Xx.
Todo esto había sido por culpa de Merlín.
Y no, Zoe no lo decía por decir. Detestaba a Merlín por diversas razones, pero en verdad había sido culpa del «mago más poderoso de todos los tiempos» —y el «más idiota jamás conocido», acostumbraba a añadir Zoe— que aquel monstruo hubiera aparecido en Hoboken.
Zoe había cogido unos días de vacaciones para ir a Nueva Jersey y pasar unos días en Nueva York con Douxie. El plan había sido perfecto: comer hamburguesas del Shake Shack en Madison Square Park, visitar el parque de atracciones en Coney Island, subir al Top of the Rock… Zoe se había esmerado en organizarlo todo hasta el último detalle y, por supuesto, el viejo de los cojones tenía que truncar sus planes.
Zoe y Merlín se llevaban mal desde hacía siglos. Al principio, en los tiempos que residían en Camelot, Merlín la trataba con indiferencia y nunca se había dirigido directamente a ella. A pesar de haber tomado a la princesa Morgana como su aprendiz años atrás, no era ningún secreto que Merlín consideraba que la magia era una cuestión demasiado delicada para que una mujer la poseyera. Pese a que su trato con la Vieja Tata siempre había sido cordial, a Zoe nunca le pasaba por alto el tono despectivo y juicioso con el que el mago hablaba a veces a su maestra. Cuando señalaba esto en la privacidad de la botica, la Vieja Tata sonreía y decía:
—No hay mayor desprecio que no dar aprecio y Merlín sabe que sus opiniones me importan un pimiento.
Zoe trató más de cerca con Merlín cuando Douxie cayó enfermo de fiebres altas. Le molestaba la actitud altiva del mago, sobre todo la irritación que demostraba por el hecho de que su aprendiz hubiera caído enfermo. Al principio, exigía a Zoe que, además de cuidar a Douxie, también se encargara de sus tareas, a lo que la muchacha siempre respondía con lo mismo:
—Mi maestra es la Vieja Tata y usted paga porque cuide a su aprendiz. Si pretende que haga de chacha por la cara, lo lleva claro. O suelta la pasta o no haré nada más de lo que ya tengo que hacer.
—Cualquiera en tu lugar me pagaría por tenerme como maestro —advirtió Merlín furioso.
—Yo ya tengo a una maestra —replicó Zoe con indiferencia—. Y prefiero vivir en la calle antes de trabajar para usted y encima de gratis.
Desde entonces, Merlín la tenía jurada con ella. Tan pronto Douxie se recuperó, la "invitó" a marcharse de muy malas maneras y, pese a que Zoe y Douxie habían iniciado una amistad muy estrecha, era evidente de que Merlín desaprobaba su apego y que ni Douxie ni Archie mencionaban al mago que acostumbraban a visitarla a la botica de la Vieja Tata todas las tardes cuando Douxie salía a hacer recados. Zoe sabía que si no hubiera sucedido la batalla de Killahead y Merlín hubiera caído en un sueño profundo, ni ella ni Douxie habrían terminado juntos, sobre todo porque al aprendiz de mago le importaba demasiado la opinión de su maestro.
Es más, sonaba lógico que, ante la muerte del rey Arturo, la desaparición de Merlín y el fallecimiento de la Vieja Tata no mucho tiempo después de la guerra, Camelot ya no era un lugar seguro para ellos. Es más, el reino tal y como lo conocieron no tardó en desaparecer y terminó transformándose en una vieja leyenda.
Fuera lo que fuera, la vida de Zoe junto a Douxie y Archie había ido genial hasta que el puto Merlín había decidido despertar otra vez.
Y el maldito viejo parecía decidido a amargarle su relación con Douxie.
Por supuesto, sobraba mencionar que, después de tantos siglos juntos, resultara evidente que entre Douxie y ella había algo. Es más, a diferencia de Douxie, Zoe no se cortaba en besarlo o abrazarlo cuando el mago estaba alrededor y disfrutaba con lo muchísimo que su relación molestaba a Merlín.
Quizás por eso hubiera convocado al monstruo.
En verdad, no tenía pruebas, pero la nariz de Zoe era lo bastante sensible para oler la magia de Merlín y, pese a que Douxie defendió a su maestro asegurando de que lo más seguro hubiera sido un accidente, Zoe sabía que el mago había organizado ese complot sólo para tocarle las narices.
Así había sido como su plan de noche de ver Hamilton en Broadway había pasado a caminar por el instituto vacío de Hoboken buscando un monstruo pestilente de dudosas intenciones. El bicho en cuestión no había atacado a los humanos, pero sí había devorado unos cuantos coches y había dejado un par de parques infantiles destrozados. El monstruo se alimentaba a base de chatarra, por lo que las ciudades como Hoboken o, peor, Nueva York, eran un caramelito para él. Merlín les había ordenado que fueran tras la criatura y acabaran con ella. Zoe había esperado que Claire y Jim pudieran encargarse de todo —eran los Cazadores de Trolls después de todo, ¿no?—, pero Merlín había sido muy persistente en la importancia de que Douxie liderara la patrulla. Por tanto, a Zoe no le había quedado otra más que unirse a la estúpida partida para localizar al maldito monstruo que Merlín "accidentalmente" había convocado mientras el viejo se atiborraba a haggis en su casa del Mercado Troll.
Consciente de que los cuatro juntos no llegarían a ningún lado, decidieron separarse en dos grupos. Jim y Claire fueron hacia al puerto, mientras que Douxie y ella se encaminaron hacia el centro de la ciudad. Encontraron el rastro con rapidez y todo apuntaba que el monstruo en cuestión se ocultaba en el instituto público de Hoboken. El paso de Zoe era tan acelerado que Douxie tenía casi que correr tras ella y, tras recorrer varias aulas vacías, el mago terminó por preguntar:
—¿Estás enfadada?
—No, para nada —dijo ella sin mirarle—. Solo que ahora mismo podríamos estar cantando You'll be back en Broadway y, sin embargo, hemos vuelto al instituto para perseguir a un monstruo.
—Es un monstruo peligroso y es nuestra responsabilidad…
—Douxie, corta el rollo —le interrumpió Zoe con impaciencia—. ¿Aún no te quieres dar cuenta que Merlín está detrás de todo esto?
Douxie puso los ojos en blanco, claramente irritado.
—No empieces, ya sabes que ha sido un accidente. Hay hechizos que sencillamente salen mal y ya está.
—Ya, pero yo no veo al causante de este lío aquí, ¿y tú? —escupió Zoe furiosa—. Llevamos planificando este finde desde hace semanas, ¿de verdad piensas que esto ha sido una casualidad?
—Zoe —pronunció Douxie enfadado, como si así la quisiera mandar callar.
—Douxie —respondió ella desafiante.
Ambos se sostuvieron la mirada en un tenso silencio. Zoe rara vez se peleaba con Douxie, aunque en los últimos meses habían discutido más que nunca. Comprendía que Douxie viera una figura paterna en Merlín, pero no compartía que él tuviera que ser su máxima prioridad. Técnicamente hablando, Zoe había sido la persona que más tiempo había convivido con Douxie sin contar a Archie. Era injusto que pusiera a ese hombre por delante de ella, que prestara más atención a sus consejos que a los suyos y que se hubiera mudado a Nueva Jersey sólo porque Merlín se lo había pedido.
Douxie bufó y se giró sobre sus pies para salir del aula.
—¿Adónde vas? —preguntó Zoe.
—¡Necesito pensar y estar solo! —exclamó Douxie desde el pasillo.
Zoe puso los ojos en blanco y decidió sentarse sobre uno de los pupitres para mirar un rato su teléfono y calmarse. Leyó varios correos electrónicos del trabajo, miró las webs de un par de tiendas de ropa que le encantaban y revisó su galería de imágenes para mirar las fotos que se habían sacado esa mañana cuando habían ido a desayunar junto al puerto. A Douxie le encantaban las selfies, así que había sacado varias fotos de ellos besándose y haciendo el tonto.
Zoe suspiró agotada.
Esa mañana Douxie le había vuelto a decir que la quería.
Y ella no había vuelto a ser capaz de decírselo de vuelta en voz alta.
Zoe le quería. Le quería tanto que a veces le dolía el pecho el solo pensarlo. Habían pasado nueve siglos juntos y, antes de la Noche Eterna, Douxie y ella se habían autodenominado como un «viejo matrimonio». Ahora, sin embargo, todo era diferente y Zoe se sentía tonta por sentirse tan celosa y sola. Echaba de menos a Douxie y a Archie y su piso se sentía enorme ahora que no estaban. Sí, Douxie la visitaba a menudo, más desde que Claire había perfilado sus poderes de teletransporte a través de los portales oscuros, pero ella necesitaba algo más.
Algo como…
¡CRASH!
Un fuerte estruendo de cristales rotos la sacó violentamente de sus pensamientos. Zoe saltó del pupitre y salió corriendo al pasillo, aunque enseguida reparó que el ruido provenía del exterior. Se asomó por las ventanas del pasillo que daban al patio interior del instituto y se encontró con el monstruo, que había aumentado en tamaño por el consumo de chatarra, y parecía haberse vuelto más agresivo ya que atacaba a Douxie sin titubear. Zoe contuvo un grito de horror al comprobar que Douxie estaba herido de la pierna y no podía levantarse del suelo, por lo que decidió actuar en ese mismo instante. Se subió al alféizar de la ventana y, sin pensárselo dos veces, saltó.
Zoe aún recordaba cuando Merlín le dijo que nunca llegaría a ser una gran bruja, que sus poderes eran demasiado irrelevantes como para destacar. Sin embargo, a diferencia de Douxie, Zoe no necesitaba agradar al viejo para ser la mejor. Ella no tenía miedo a los monstruos, ni a los trolls, ni prácticamente a nada salvo una única cosa:
No soportaba la idea de vivir una vida eterna sin Douxie.
Un rayo gigantesco de color rosa exterminó al monstruo de un golpe y Zoe aterrizó en el suelo con la delicadeza propia de una bruja tan experimentada como ella. Douxie jadeó de dolor cuando ella se inclinó para usar su magia curativa sobre su pierna.
—Lo siento —murmuró Douxie mientras apoyaba su frente contra su hombro.
Zoe frunció los labios.
—Sentirlo no arreglará nada —dijo ella sin mirarlo—. Si esto sigue así, yo…
Douxie se tensó.
—Zoe, por favor, esto es solo temporal y…
La bruja alzó la cabeza para mirarle a los ojos y éste se cayó al instante, consciente de que no tenía sentido seguir con una nueva excusa. La herida de Douxie terminó por cerrarse del todo y Zoe se apartó para levantarse de nuevo.
—Creo que lo mejor será que no nos veamos por un tiempo.
—¡¿Qué?! —exclamó él levantándose de un salto—. Zoe, por favor, yo te quiero y sé que tú también lo haces. Aunque nunca lo digas, lo sé.
Zoe sacudió la cabeza, haciendo un esfuerzo sobrehumano para no romper a llorar en ese instante.
—Dime una cosa, Douxie, ¿tú eras feliz?
El hechicero se quedó mirándola sin entender.
—¿A qué te refieres?
—¿Eras feliz cuando vivías conmigo en Arcadia?
—¡¿Pero qué me estás preguntando, Zo?! ¡Por supuesto que lo era! ¿A qué viene esto ahora? No… no lo entiendo, por favor, Zoe. Necesito que entres en razón.
Zoe posó un dedo agresivamente en su pecho, haciendo que retrocediera cuando pretendía abrazarla.
—No pienso permitir que manipules esta situación, Douxie —advirtió la bruja con firmeza—. Tú y yo teníamos un proyecto de vida y has decidido por tu cuenta y sin preguntarme que te vendrías a Nueva Jersey.
—Te pedí que vinieras conmigo…
—¡Y ya te dije que no pienso vivir doblegada por Merlín! —chilló ella con impaciencia—. ¿Por qué enseñas tú a Claire? ¡Porque no tiene la paciencia ni la empatía para entrenar a los que él considera inferiores a él!
—¡Él es como mi padre, Zoe! —gritó Douxie furiosa.
—¿Y dónde quedo yo entonces? —cuestionó Zoe dolida—. Mira, yo no cuestiono tu relación con él. Comprendo que ves en Merlín la figura paterna que nunca has tenido y que tu necesidad de tener a todo el mundo feliz te obliga a hacer sacrificios que sé que, en el fondo, no quieres hacer. Sé que quieres estar conmigo, pero también soy consciente que no soportas decepcionarlo. Ojalá pudieras comprender que, para personas como Merlín, nunca será suficiente. Te desvives por alguien que estoy segura que piensa que eres un mentecato desagradecido que pierde su valioso tiempo con brujas de segunda.
Douxie estaba pálido, impactado por sus palabras, y Zoe tuvo que contener sus ganas de acunar su rostro entre sus manos para consolarlo. No, Douxie tenía que comprender que ella había alcanzado su límite, que no podía más con toda aquella situación.
—Lo siento mucho —susurró ella con suma tristeza—. Ojalá consigas comprenderlo algún día.
Douxie ni dijo nada ni la siguió cuando Zoe salió del patio de aquel instituto. Se encontró con Jim y con Claire en la salida y le pidió a la joven bruja que la llevara de vuelta a Arcadia. Jim y Claire intercambiaron las miradas, conscientes de que debía haber pasado algo grave entre Douxie y ella, aunque tuvieron el detalle de no hacer preguntas al respecto. Claire la dejó dentro de su casa y cuando el portal oscuro desapareció, Zoe se desplomó en el suelo, dejando salir las lágrimas que lleva rato reteniendo.
Dolía.
Dolía una barbaridad.
No quería estar lejos de Douxie, pero tampoco podía renunciar a todo por él.
Pero dolía.
Dolía tanto que se quería morir.
Y, sin embargo, Zoe sabía que había tomado la decisión correcta. Amaba a Douxie, aunque nunca se lo hubiera dicho en voz alta. Quizás se arrepentiría, es más, ya lo estaba haciendo, pero Zoe era de esas que si tomaba una decisión no podía echarse luego atrás y sabía que era por un bien mayor.
Aunque ese bien mayor supusiera arrancarse el corazón a sí misma.
Xx.
