Holi,
Y llegamos al final de esta Zouxie Week 2022. Admito que quizás no sea mi mejor trabajo, aunque hace muchísimo que no escribo nada de Trollhunters. Escribí esto para salir de mi zona de confort, que es claramente Hiccstrid, pero bueno, en cierta medida ha sido divertido cambiar de dinámica.
Llevo una época de escribir muy poco y, aunque me gustaría empezar una historia nueva de varios capítulos (puede que un Star Wars AU pero con personajes de HTTYD), también estoy tomándome las cosas con calma. Estoy atravesando una etapa nueva en mi vida, conociendo a nuevas personas y con nuevas experiencias, pero nunca dejaré de escribir, sea original o fanfiction. Espero que este verano pueda dedicarme a escribir un nuevo fanfic largo y el original que tengo en mente.
De igual manera, tengo comisiones abiertas para quien le interese, ya que mi situación económica actual no es la mejor y el dinerillo extra nunca está de más.
Espero que por lo demás todes estéis bien, que disfrutéis de esta capítulo final y nos vemos muy pronto.
Xx.
Aquel verano, Douxie y Zoe decidieron hacer una escapada a Francia.
En concreto, al Hellfest, el mayor festival de música heavy metal que se conocía hasta la fecha.
No era su primer festival y, seguramente, tampoco sería el último, pero no cabía duda de que aquel sería un festival que ni Douxie ni Zoe olvidarían nunca. Habían estado ahorrando para alquilar una furgoneta camperizada en la que descansar durante el día y pasaban las noches dejándose la voz, bebiendo cerveza carísima y sacudiendo sus cabezas al ritmo de la atronadora música de los grupos asistentes al Hellfest.
Estaban solos. Archie había decidido quedarse con Jim y Claire, consciente de que les vendría bien tener unos días para ellos solos. Douxie había vuelto al apartamento de Zoe meses atrás, después de Halloween y su monumental discusión con Merlín; y, por supuesto, Archie había regresado con él y se había instalado en su propia habitación que había funcionado de lavadero hasta entonces. La estúpida idea de irse a Inglaterra quedó desechada cuando Zoe le advirtió que no tenía intención de dejar su negocio y que quizás era el momento para que Douxie abriera su librería soñada.
—¿Y con qué dinero voy a hacer eso? Con Merlín no he podido precisamente ahorrar, Zo.
Zoe, sin embargo, le ofreció parte de sus ahorros provenientes de los beneficios de su tienda de tecnología. Al principio, Douxie no quiso aceptarlo y se convenció de que tal vez podía reunir el dinero suficiente si metía horas en el restaurante y en la tienda de discos, pero enseguida descubrió que no le iba a resultar tan fácil reunir el dinero y que, en verdad, no quería volver a esos tiempos en los que trabajaba de sol a sol sin apenas poder pasar tiempo con Zoe. Por esa razón, Douxie terminó aceptando el dinero de la bruja siempre y cuando se comprometiera a permitirle devolver hasta el último centavo. Zoe puso los ojos en blanco, pero accedió a su promesa a regañadientes.
El proceso de apertura no fue nada fácil. Además de la selección del catálogo, Douxie tuvo que reformar el local que había alquilado cerca de la tienda de Zoe. Al no querer gastar toda la inversión en la reforma, Douxie, Archie y Zoe se pusieron manos a la obra para cambiar suelos, pintar las paredes, montar las estanterías y limpiar el pequeño establecimiento. Además, decidieron no emplear la magia por una vez, ya que deseaban disfrutar de la experiencia por ellos mismos y construir un proyecto tan bonito con sus propias manos. La magia era un elemento imprescindible en sus vidas y ellos eran, en sí mismos, pura magia, pero había en ocasiones que necesitaban contactar con sus yos más humanos y esa era, probablemente, una de esas circunstancias.
La librería tuvo una gran acogida en Arcadia y a Douxie no le faltaba trabajo gracias a la página web que Zoe le creó. Le entraban un montón de pedidos y, aprovechando su experiencia en el sector de la hostelería, instaló una cafetera además de unas mesas y unos sofás en un rincón para que sus clientes pudieran saborear uno de sus cafés mientras ojeaban los libros.
Incluso Merlín llegó a visitar su tienda.
No se disculpó, pero demostró una actitud resolutiva y tanto él como Zoe se sorprendieron por la gran cortesía que el mago demostró hacia la bruja. Llegó incluso a mostrar interés en el trabajo de Zoe y formuló varias preguntas relacionadas con la tecnología que evidenciaban su ignorancia. Por suerte, Zoe se mostró paciente y muy educada con el mago, consciente de que Merlín, por primera vez en su vida, demostraba cuánto le importaba Douxie y estaba dispuesto a cambiar —aunque sólo fuera un poquito— para aceptar a Zoe.
El viaje del Hellfest surgió de la noche a la mañana, quizás porque ambos necesitaban unas vacaciones y desfogarse con un festival de metal que les permitiera descargar todo el estrés y el cansancio acumulado en los últimos meses. Muchos consideraban extraño que su concepto de viaje de relax fuera precisamente un festival de música de esos niveles, pero Douxie y Zoe no podían ser más felices. El ambiente, la música y las mañanas resacosas en la camper eran más que suficientes para ellos. A Douxie le encantaba despertarse con Zoe a su lado, vestida con una camiseta vieja que le había robado de su fondo de armario y con sus bragas «cómodas y poco sexys» que usaba para dormir. Le encantaba contemplar su boca ligeramente entreabierta y húmeda y escuchar la sonora respiración de su sueño.
La quería con locura.
Tanto que no estaba dispuesto a volverla a perder.
Los últimos meses habían sido maravillosos y Douxie concebía una eternidad así con Zoe. Ajustados en dinero y matándose a trabajar en sus respectivos negocios, pero felices y juntos con Archie en su pequeño apartamento lleno de goteras de Arcadia.
¿Qué mejor existencia había que esa?
Zoe entreabrió sus ojos antes de dar un bostezo y reparó que estaba despierto. Algo adormilada, tocó su cara con sus finos dedos y se sostuvieron la mirada en un delicioso y perezoso silencio hasta que ella dijo en voz muy bajita:
—Te quiero.
Douxie nunca pensó que llegaría a oír esas dos palabras tan sencillas y, a su vez, tan cargadas de significado salir de sus labios. Zoe abrió mucho los ojos, como si ahora se hubiera dado cuenta de lo que acababa de decir, y Douxie pensó que tal vez entraría en pánico. Sin embargo, Zoe rompió a reír de repente. Douxie no pudo evitar cierto sentimiento de confusión por su reacción. Fue a preguntarle qué era tan gracioso cuando le sorprendió poniéndose sobre él para besarle en los labios.
—Te quiero —repitió con una sonrisa.
—Y yo más —confesó él abrumado—. ¿Qué ha… qué ha hecho que lo digas por fin?
Zoe reflexionó unos segundos antes de sacudir los hombros.
—¿El calor? ¿La euforia de los conciertos? ¿La resaca? ¿Despertarme a tu lado? Supongo que es un conjunto de factores que me han hecho convencerme de que ya era hora de decírtelo en voz alta —argumentó Zoe.
Douxie posó sus manos contra su cintura y subió su camiseta lentamente.
—Solo te ha costado nueve siglos —apuntó el hechicero con diversión—. ¿Ya no crees que trae mala suerte decirlo en voz alta?
Zoe terminó por quitarse la camiseta, dejando sus senos pequeños y redondos a su merced.
—Creo que gasté toda mi suerte cuando apareciste en mi vida, Hisirdoux Casperan, así que ya es hora de asumir el riesgo.
Douxie acarició sus pechos y Zoe gimió contra su boca.
—¿Qué es la vida sin un poco de riesgo, amor mío?
La empujó contra el colchón, causando que Zoe soltara un chillido de sorpresa. Douxie devoró su cuello y bajó sus besos peligrosamente por sus senos hasta sus bragas «cómodas y poco sexys».
—¿Unirías tu alma a la mía, Zo? —preguntó Douxie cuando sus labios besaron la piel de por encima de su ombligo.
—¿Me estás pidiendo que llevemos a cabo una unión sagrada que nos unirá hasta el fin de los tiempos cuando estás a punto de comerme el coño? —cuestionó Zoe con una ceja alzada, apoyándose sobre sus codos para mirarle mejor.
Douxie soltó una carcajada por su mala lengua.
—¿Puede?
Zoe se tumbó mientras soltaba un largo suspiro.
—¡Eres incorregible!
—¿Eso es un sí? —preguntó Douxie nervioso.
Zoe se incorporó y le obligó a ponerse a su altura.
—Pídemelo esta noche durante el concierto de Metallica, cuando canten mi canción favorita, y te diré que sí.
Douxie palideció.
—¡Espera! ¡Tú tienes cincuenta mil canciones favoritas de Metallica! ¿Cómo pretendes que lo adivine?
Zoe sonrió pícaramente.
—Esa es una respuesta que solo mi compañero del alma puede saber.
Douxie bufó, pero no pudo contener una sonrisa cuando Zoe le empujó contra el colchón para meter su erección dentro de ella. La contempló maravillado y extasiado porque esa mujer, esa magnífica bruja de pelo fucsia, le correspondiera en sentimientos. Aún temía que todo aquello fuera un precioso sueño y que en cualquier momento volviera a despertarse en su camastro del Mercado Troll de Nueva Jersey sin ella a su lado, pero no.
Todo aquello era real.
Y Douxie sabía que, no importaba si esa noche no acertara con la canción, estaba dispuesto a asistir a todos los conciertos de la gira Metallica con Zoe con tal de conseguir ese sí.
Total, tenían toda la vida por delante.
Xx.
