Spy x Family no me pertenece, pero lo adoro que hasta escribí esto después de años sin escribir (o mejor dicho, publicar).


Deuda


—No creas que me gusta deberle algo a gente plebeya como tú.

Damian se planta frente a ella, su rostro está tan rojo y también se muestra molesto e irritado. Y esa tonta niña de cabello rosado y ojos verde esmeralda solo lo mira curiosa. ¿Es que acaso le gusta llamar tanto la atención?, se pregunta él y a la vez también piensa si ella a propósito es tan

"Linda".

Y jura ver que Anya se sobresalta y hasta esa acción le preoduce algo en él, que es indescriptible con simples palabras. Y repite:

Linda, linda y muy linda.

—No entiendo, ¿te refieres a que me darás ya el pastel? —pregunta ella con la inocencia que solo una niña de menos de seis años puede tener.

Damian se tira para atrás, y es que Anya es lenta en entender todo o qué. Pero por alguna razón, esa torpeza suya es la que le produce pensar en que sus ojos son grandes y brillantes. Y a él le gusta lo brillante.

A él le gusta Anya.

—Mira, no tengo mucho tiempo. Mi tiempo es valioso, pero no veo otra manera de pagarte que ayudándote a estudiar.

Y es que ni siquiera había podido dormir después de tener una idea de cómo pagarle sobre el pañuelo. No podía negar que si no fuera por ella, él, Damian Desmond, el segundo hijo de una familia tan importante como los Desmond, llevaría con vergüenza un tonitrus. Aquella niña lo había salvado de una y él era un caballero. Por consiguiente, los caballeros pagan sus deudas.

Esa niña es tan irritable, única, bonita y ¡diablos, está mirándolo de nuevo!

—Te dije que no tengo todo el tiempo y deja de mirarme con tu cara tan fea —le repite con molestia.

Anya sonríe y por un momento el corazón del segundo se paraliza. Ya hasta parece que ella planeara algo o es su imaginación.

Omalditaseadejadesonreir

—Entonces si me ayudas en mis estudios podré ir a tu casa con mi pa para que se conozcan

"Y ellos hablen y se haga La Paz mundial", piensa Anya

Damian la mira con confusión

—Obvio no, mi papá está muy ocupado. Te enseñaré aquí en los recreos y te quedarás después de clases un rato —demanda.

—¿Pero por qué no puede ser en tu casa? —se queja ella con desilución.

Damian piensa "Porque ni yo puedo ir a casa, niña tonta"

—Entonces no me darás pastel.

Damian vira los ojos.

—Si repruebas otro curso o estás cerca de hacerlo La Señora de los Tonitrus seguro te dará uno o más —Anya lo mira con confusión—. Intento salvarte de uno como tú me sacaste de otro. Así estaremos a mano —espeta.

—Yo no quiero estudiar —se queja ella—. Págame con pastel.

Damian no puede creer lo difícil que es esa niña, pero ella en realidad sonríe hermoso, sus mejillas son bonitas, sus ojos son tan verdes que ninguna esmeralda sería tan costosa al lado de Anya y su cabello es tan único, que quiere tocarlo. Si un pastel haría que Anya siga sonriendo así le daría no uno, sino toneladas de pasteles

—Con uno es sufi —corta sus pensamientos ella. Damian se sorprende. Es como si ella pudiera leerle la mente. Se siente vulnerable.

—Está bien, si logras aprender conmigo te daré pastel.

O rayos, eso no estaba en el trato, lo pensó y salieron las palabras sin querer. Estaba perdido, no podía negarle nada a esa niña.