De nuevo agradezco los reviews del capitulo anterior, muchas gracias :))

LIFE NOTE II- Guerra Santa

Cruzada de piernas, Laia leía el periódico con poco interés. La verdad era que le desagradaba un poco trabajar en una tienda de ropa, pero tampoco tenia otra opción más que esa, y gracias que habia encontrado un trabajo, pues los tiempos que corrían no eran de los mejores.

La rubia dió un suspiro.

Habia entrado otra mujer demasiado mayor como para poder ponerse una de aquellas prendas, pero la atendió con una sonrisa en su rostro todo el tiempo, aunque no se imaginó que los pantalones que se provó fueran a sentarle bien y todo, y no disimuló su asombro, gesto que hizo sonreír a la mujer y terminó por comprarse los tejanos.

De nuevo, sola en la tienda.

Bueno, sola no es que estuviera. Tenia que pensar que su jefa, como de costumbre, amargada, estaba detrás haciendo alguna misteriosa e intrigante tarea que nunca queria contarle a Laia, pero técnicamente hablando, estaba sola en la tienda.

La detención de Amanda años atrás habia cambiado un poco su forma de ser. Ya no era tan abierta con todos. Sí era cierto que seguía siendo muy extrovertida, sus datos personales prefería guardárselos un poco, desconfiando de los desconocidos y también de los conocidos, porque Kira no habia sido una desconocida completamente. Era cierto que su mundo era un misterio para Laia, como lo que hacia su jefa cuando ella no miraba, pero de todos modos no era lo suficientemente cerrada como para volverse una psicópata.

Suspiró, algo cansada.

Apenas eran las diez de la mañana. Cala habia ido a algún misterioso lugar por orden de la jefa suprema y ella se habia quedado a atender a los clientes, pocos, en aquel momento.

-Laia.- Llamó la mujer desde la parte trasera de la tienda.- Pónme estas camisetas en las perchas correspondientes y luego cuelgalas en el lugar que ya hablamos.

La chica obedeció y, sin muchos ánimos, se puso a poner las camisetas de tallas distintas en las perchas negras, sosas y tan aburridas como ella misma en aquel momento.

Entonces, cuando sucedían esos momentos, pensaba. Se ponía a pensar sobre cosas absurdas, o sobre su vida, o a lo que aspiraba antes de que todo sucediera. Ahora, a sus veinte años, las cosas habian cambiado notoriamente. Ella, quien quería vivir su tiempo de universitaria junto a Cala habia tenido que ponerse a trabajar para ahorrar para la matrícula, y lo mismo iba para su mejor amiga, salvo que ella, en aquel momento, estaba cuidando de su casa y de aquellos chicos que aparecieron de la nada. No recordaba sus nombres, pero la cara del rubio se le quedó bien grabada. No porque le gustara, aunque debía admitir que era guapo y aquella cicatriz en el lado izquierdo de la cara era... ¿atractiva? Seguramente aquella era la palabra correcta. Sin embargo, no era su tipo. Habia discutido con él y se habia puesto de los nervios, llegando casi a un punto sin retorno en el que estuvo por alzar los puños.

Colgó un par de camisetas en su lugar.

Sí, era cierto. Habian pasado muchas cosas y se sentía triste sin motivo aparente. El mismo Uriel se habia ido a Barcelona a estudiar. Carlos y Anna habian conseguido por arte de magia ofertas muy tentadoras de trabajo, ambas en Madrid. Varios de sus compañeros se habian marchado, creyendo que la montaña no era su lugar. Aburridos del silencio y la tranquilidad. Sí, de nuevo, era cierto.

Volvió a colgar tres camisetas.

Los únicos que quedaban de los que estuvieron aquel año en classe junto a Amanda eran ella y Cala. También estaba Albert, quién por el momento no conocía si trabajaba o vivía la vida. Un par de chicas con las que no confraternizó demasiado y, si no le fallaba su memoria, nadie más. Estaba Lucas, pero ya habia contado con él al pensar en su mejor amiga.

Seguían saliendo juntos, y ella les envidiaba. Le habría gustado encontrar a alguien en su vida que fuera capaz de amarla del mismo modo, pero al parecer los chicos de allí no tenian esa idea de los romances. Parejas de una noche en la que te divertías en la discoteca y luego olvidabas con quién te acostaste, o con quién estuviste. Nunca nada serio, y aunque ella también habia tenido esa idea del romance tiempo atrás, ahora quería encontrar a alguien ideal. A su persona. A alguien que le diera el cariño que llevaba tiempo sin recibir.

-¡He llegado!- Cala entró con una carpeta a la tienda y saludó con una sonrisa a la rubia, quién lucía terriblemente aburrida tras el mostrador.- ¿Qué tal?

-Todo es tan divertido...! ¡percha aquí y percha allà! ¡Cuélgala, cuélgala! Una percha de cristal...- Comenzó a cantar con una sonrisa mientras señalaba todas las que le quedaban por arreglar. La castaña sonrió ampliamente y se fue a la trastienda a entregar la carpeta a la jefa, quién le agradeció secamente y le ordenó que fuera a buscar más pedidos a otra dirección escrita en un papel.

-Un dia de éstos...- Dijo por lo bajini antes de salir, sonriéndole a Laia.

De nuevo, la rubia platino se puso a cavilar sobre varias cosas. Recordó que no habia celebrado sus anteriores cumpleaños, y viéndolo desde un punto de vista más alejado no entendía el por qué, exactamente.

Era consciente de que en Septiembre comenzaba a hacer mucho más frío pero, ¿qué tipo de impedimiento era ese? Habia perdido un poco la alegría...

De repente, la puerta se abrió y apareció ante ella cierto personaje conocido.

Se habia vuelto más alto, más fuerte y también más guapo. Tenía el cabello tal vez algo más corto que en primero de bachillerato, y su mirada azul seguía pareciéndole sexy y tentadora. Claro que era consciente de que no le convenía demasiado, además de que no era su tipo. Habia dejado de serlo al darse cuenta de que siempre que salía con los tipos como él terminaba herida en exceso, por lo que se limitó a esbozar una común sonrisa y preguntarle a Albert qué era lo que habia ido a hacer allí.

Él se encogió de hombros.

-Tenia tiempo libre y he venido a saludar.

-Ya hace un tiempo que no te veía.- Alejó el periódico a un lado de la mesa del mostrador y apoyó su cabeza en la palma de su mano izquierda, observándole.- ¿Has conseguido trabajo?

-La cosa está dificil.- Albert la imitó, con la diferencia de que tuvo que ponerse de rodillas para estar a su misma altura para apoyar el brazo en la mesa.- Tu has tenido suerte.- Miró tentativamente a Laia.- ¿Sigues sin querer tener nada conmigo?

-¿Cuantas veces hemos tenido esta conversación, Albert?- Dijo ella aburrida y cansada.- Ya dije que no las otras veces y lo seguiré haciendo.

-Vale, vale, no me muerdas.- Hizo coña él.- De todos modos, ¿dentro de poco es tu cumpleaños?

Laia asintió, pero algo en su interior se revolvió. Su cumpleaños... el 18 de Septiembre. No le hacía demasiada ilusión, pero el rubio parecía dársela más que ella misma. No quiso agradecerle el gesto. Estaba aburrida de él y de sus caprichos, por lo que contestó secamente, antes de regresar a la lectura de un poco interesante artículo obre la situación actual del país.

-Bueno, nos vemos más tarde.- Se despidió el chico, antes de salir a la atestada calle, llena de gente que en aquel momento hacia las compras de fruta y otros alimentos en el mercado local. Era un lugar agradable, pero al chico le ponía de los nervios.

...

No muy lejos de allí, en una calle paralela a la tienda de ropa en la que trabajaban Cala y Laia, un vivin pelinegro caminaba con los ojos muy abiertos, observando hacia todos lados y buscando con la mirada a una persona para entregarle la Life Note. No tenia demasiadas ganas de hacerlo, pero tampoco podía negarse. En su otra vida lo habría hecho sólo por interés, curiosidad, pero ahora además de eso tenia la obligación. Un pequeño detalle que no le gustaba demasiado a L.

Caminó un poco más, notando el frío pero sin que le diera una importancia mayor.

Varias tiendas se amontonaban a ambos lados de la calle, y una llamó su atención. Habia una chica vestida con una camiseta fina de color blanco, con algunos colgantes en su cuello colgando desinteresadamente. Era rubia y parecía alta, y en su rostro se veía el aburrimiento, la duda y, según su corazón, la tristeza. L intentó fijarse un poco más, mientras de mordía la uña de su pulgar.

Los sentimientos de aquella chica no parecían ser malos. Tampoco de los mejores, pues no tenia la costumbre de confiar de aquel modo en los desconocidos pero... ¿por qué no?

Siento haber tardado en subir el capitulo, y el hecho de que haya tan poca acción en el principio. Quiero tomar las cosas con calma y describir bien la situación inicial de los personages más importantes para evitar confusiones. Y Laia, como habréis notado por la última frase, va a serlo.

Espero vuestros reviews y opiniones, como siempre, y agradezco que leais mi fic.

Matta ne!