Muchisimas gracias por los reviews! Espero que la historia os siga gustando, y siento el no poder cumplir del todo la promesa de hacer capítulos más largos. Sigo teniendo la manía de precipitarme al escribir, pero lo estoy intentando mejorar.
Disfrutad de éste capitulo de Life Note II que, aunque aun se centre un poco en la explicación del pensamiento y situación de los personajes, espero que os guste :)
LIFE NOTE II- Guerra Santa
De noche. Hacia mucho tiempo que siempre era de noche en su corazón, y el ambiente no la acompañaba demasiado. El cielo gris, las nuves oscuras y la constante amenaza de lluvia dejaba a Laia desconcertada y más triste que de costumbre.
Su apartamento estaba situado en un edificio justo en frente de la carretera. Era, para su gusto, demasiado amplio para una persona. Notaba la soledad en el aire, y se sentía triste y algo deprimida. Y aquella era una desagradable costumbre que habia cogido tiempo atrás, cuando decubrió a Kira. O lo que es lo mismo; cuando descubrió a Amanda y todo lo que habia hecho. Llegó también a la conclusión de que la pelinegra habia matado a Xac y a Meritxell, pues no era estúpida, y sentía en su interior una mezcla de sentimientos contradictorios. Queria matarla, pero dejarla viva para que sufra. Queria que desapareciera, pero sentia que era ella la que realmente deseaba desaparecer. No tenia nada claro en su interior.
Dejó el abrigo y la bufanda colgados en la percha del recibidor y se dirigió al salón, dejandose caer con pesadez en el sofá mullido, que cedió pronto bajo su peso y la envolvió en un leve abrazo.
Se sentía sola. Pese a tener a Cala, se sentía vacía.
Se puso de lado, observando en la televisión apagada su propio reflejo, y notando el frío que desprendía el lugar. No tenia calefacción, pues si queria pagar sus gastos, comprar un libro o algun capricho de vez en cuando y ahorrar para la matricula, no podia permitirse la calefacción.
La habitación era amplia. Habia un gran ventanal en una de las paredes y, delante, un sofá reclinado en la pared. Habia otro sofá en la pared que hacía esquina y, entre ambos, una mesa de cristal. Frente a ésta, un mueble con la televisión y un par de armarios y estantes repletos de objetos y cosas. Al lado del mueble, y llenando la última pared vacía, habia una mesa de madera ovalada no muy grande. Podrían caber unas seis personas, pero solo habia dos sillas.
Habia dos habitaciones: una justo al lado de la cocina (que estaba frente a la puerta del salón) y otra frente a la misma. Entre ambas, y cerrando el pasillo, un baño más grande que las habitaciones con una amplia bañera. Aquel detalle extrañó a Laia, pero a su vez le gustó.
Se levantó del sofá y encendió la televisión por un canal cualquiera, mientras se dirigía a la cocina a prepararse algo de comer.
Mientras, L habia terminado de examinar la casa y se dirigió al sofá, donde le pareció que Laia se habia dejado caer muerta segundos antes por la marca en los cojines, pero escuchó ruidos en la cocina y supuso que el hambre habia ganado a la pereza aquella vez. Dejó la libreta en la mesa de cristal y se sento en su habitual pose en el sofá frente al ventanal, mientras esperaba a que la chica regresara y dejara el plato de comida en la mesa de madera, justo cuando advirtió la Life Note.
-¿Pero qué...?- Justo en el momento que la tocó, pudo visualizar la figura que estaba sentada en posición fetal frente a ella. Abrió los ojos y estuvo a punto de gritar, pero se llevó las manos a la boca para evitarlo.- ¿¡Quién eres?!- Bueno, tal vez no lo evitara del todo...
L se llevó el pulgar a lo labios y observó con sus grandes orbes oscuras a la chica que, no solo se habia ido a preparar la cocina, sinó que también se habia puesto ropa más cómoda. Unos leguins oscuros y una camiseta de tirantes blanca, y por encima una chaqueta de algodón del mismo color.
-¿Quién eres?- Volvió a preguntar Laia prudentemente, mientras alternava su mirada entre la libreta y el vivin.- ¿Qué eres?
-Me gustaria decir que un humano.
Laia le observó confusa. Aquella frase la habia perturbado bastante y el pelinegro lo notó, pero prefirió pasarlo por alto, pues no le importaba demasiado la confusión de la joven.
-...pero no es así. Digamos que soy un angel.
-Lamento discrepar.- Laia lo observó de arriba a bajo, recuperando su compostura y sintiéndose de algún modo inferior a ese ser. No solo porque habia aparecido de la nada, sino porque parecía disfrutar de saber las respuestas a todas las preguntas que ella pudiera hacerle.- Pero... ¿un ángel?
-Un vivin, realmente.- Hizo ademán de querer sacarse algo del bolsillo de su pantalón azul claro, pero no encontró nada.- ¿Tienes algo de azúcar?- Preguntó interrogativamente.
Ella no contestó. Fue a la cocina y sacó la azucarera, entregándosela a L tal cual, mientras él cogia la cuchara con el dedo índice y el pulgar y tomaba una pequeña porción de azucar, disfrutandolo.
-Gracias.- Dijo una vez dejó la cuchara en la mesa y volvió a observar a Laia, quién no se habia movido en lo absoluto.- Se te va a enfriar la cena.- Señaló el plato de sopa encima de la mesa.
Ella, sin embargo, no dijo nada. Se dirigió a la mesa y, con lentitud, se terminó la comida. Luego dejó todo tal cual y regresó de pie, con los brazos cruzados, a su lugar anterior.
-¿Quién eres y qué haces en mi casa?
...
-¡Mío!- Un pelirojo saltó literalmente encima del sofá mientras apretaba con una fuerza y velocidad considerablemente anormal los botones del mando de su consola, mientras giraba su cabeza a un lado y hacia otro, emocionado. -¡Sí!
Matt saltó de nuevo, y se dirigió hacia Cala, sentada en una silla de madera y viéndolo con diversión, y la abrazó con fuerza, estrechándola contra sí como si fuera un peluche o un cojín, mientras ella tratab de soltarse.
-Me vas a... asfixiar.- Dijo, provocando que él la soltara y corriera a abrazar a Mello, quién no tardó tanto en zafarse del pelirrojo con desgana e irritación.
-¡Suéltame!- Bramó el rubio.
Matt se rió y se dejó caer de nuevo en el sofá, mientras Cala y Mello se miraban, desafiantes, conscientes de la próxima jugada. Jugar a cartas con el rubio era todo un reto para ella, por lo que trataba de elegir bien lo que queria hacer. No se fiaba en absoluto de la eterna y crónica cara de suficiencia de Mello. Nunca.
-Ésta.- Dejó una sobre la mesa. El rubio sonrió, y ella supo que habia perdido.
-¡Maldición!- Dejó caer su parte superior del cuerpo encima de la mesa, hundiéndose en la miseria. Perder ante Mello era perder ante un tirano. ¿Cuanto chocolate debería comprarle esa vez?
-Seré benévolo y solo te pediré cinco tabletas.- Se sentía dueño de Cala en aquel momento. Podia decidir qué queria que hiciera, y lo satisfacía. Pero aun así, quiso ser bueno solo por una vez y le dejó que cogiera algunas de las tabletas que la chica solía esconder de sus manos.- Bien.- Mordió sonoramente la primera mientras la castaña recogía el montón de cartas y los guardaba en un cajón del mueble.
Aquel día habia sido aburrido. Matt ocupaba la televisión de la sala y Mello quiso jugar contra ella de nuevo, a sabiendas que ganaria y se sentiria superior de nuevo. Algo que a Cala le desagradaba pero no podia evitar.
La silla de al lado de la castaña estaba ocupada por un soñoliento albino que observaba el lugar como si no estuviera presente. Cala notó aquello.
-¿Estás bien Near?- Le puso la mano encima de su frente.- No parece que tengas fiebre...
-El cansancio suele provocar efectos similares a sentirse con fiebre.- Dijo con la voz monótona, levantandose torpemente y dirigiéndose a su piso, justo al lado, para descansar.
-Voy contigo.- Se apresuró Cala. Estaba preocupada por lo que habia dicho. Seguramente habia pasado las dos últimas noches en vela por tratar de solucionar algún caso lo suficientemente dificil y ahora lo estaba pagando.
Lo sujetó por los hombros cuando vió que se tambaleaba un poco y ella misma abrió las dos puertas restantes, llevándolo a su cama.
-No tienes que pasar tanto tiempo con tus casos.
El chico se sentó retorciéndose un mechón de pelo encima de la cama. La castaña se sentó frente a él con la mirada seria, de piernas cruzadas, mientras esperaba alguna respuesta del chico que no llegó. Pasaron los segundos y la escena seguía igual, aunque ella se habia acostumbrado de algún modo a que eso ocurriera con Near.
...
Albert habia salido a matar el tiempo cerca del río, lugar en el que hacia más frío de lo normal. Aunque él estaba inquietantemente bien con una chaqueta negra, de modo que ignoraba a la gente que caminaba con paso apresurado a su lado buscando el refugio del calor. Él e sentía bien.
Respecto a lo que sucedió con Amanda tres años atrás, no le importaba demasiado. El que fuera o dejara de ser Kira, el que fuera o dejara de ser una asesina... el que hubiera estado siempre tan cerca de ella o el que hubiera asesinado a Xac y a su novia.
Albert conocía a Xac.
No demasiado, apenas habia coincidido un par de veces, y sabia que era el hermano mayor de Cala, quien se lo confesó por aquellos tiempos. Y aunque pareciera que no, habia pensado en ella y le habia llegado a interesar de algun modo. No lo suficiente como para tener algo con ella, pero sí lo suficiente como para que la presencia de Lucas lo molestara levemente.
Y, claro, también estaba Laia. Después de que Carlos, Ana y Uriel se marcharan y quedaran solo Cala, Lucas y él, Albert era consciente de que se sentiria de algún modo triste. Porque notaba que habia cambiado. Porque siempre habia estado tan pendiente de ella que las más pequeñas cosas llegaban al alcanze de su razonamiento.
Se apoyó con aire desinteresado en la barandilla de frío metal que rodeaba la acera del lado del río. Fue entonces cuando la vió.
Una libreta fina y de aspecto desgastado, de color negro, con unas letras de color blanco en las cuales se podía leer perfectamente dos palabras. Death Note.
Bajó los escalones y se situó al mismo nivel del río, justo al lado de dónde habia visto el cuaderno, y lo cogió con ambas manos, observandolo con sumo cuidado y respeto. La abrió y encontró algunas letras, pero completamente desconocidas. Aún así, entendía lo que decía. Entendía que aquello no era una "Death Note". Veía que aquello no era un simple cuaderno negro con letras en blanco que alguien dejó allí para divertirse. No. Lo entendió todo. Esa libreta habia matado a más de cien personas en su anterior uso y por tanto, su dueño, se habia convertido en un dios de la muerte. Habia adquirido un poder grandioso y, por tanto, ya no era una Death Note normal. Era una Death Note SS.
Y con tan sólo tocarla y ver esos símbolos desconocidos, Albert pudo saberlo. Su pregunta, la que se formulaba en su cabeza, era el por qué.
Dooomo arigato!
Este capitulo ha sido el fin de la descripción de las distintas situaciones de los personajes más importantes y, por tanto (aunque aun me quede aclarar un poco el asunto de Laia y L), finaliza la etapa de paz. Espero ver que conclusiones sacais tras la mención de la Death Note SS, y las dudas y misterios sobre el "nuevo" cuaderno van a explicarse en los siguiente capitulos.
Matta ne! Nos leeremos pronto :))
