Gracias por vuestra espera y los reviews :))
En el otro capitulo conté que sólo alguien que se haya relacionado antes con el rey del mundo shinigami puede ser capaz de usar una Death Note SS. El problema es... ¿Qué relación pudo tener Albert con el gran dios de la muerte? ¿Como fue que se cruzó tan pronto con la libreta y fue la persona indicada desde el principio? Puedo suponer que os lo habeis preguntado un poco, quitándole importancia. Pues la tiene. En este capitulo, las respuestas.
LIFE NOTE II- Guerra Santa
Los cuatro presentes quedaron en silencio tras haber escuchado la revelación de Elius, quién seguía en su misma posición y con la vista fijada en Near, Cala, Matt y Mello, de pie helados delante de él.
-El rey del mundo shinigami...- Repitió para sí mismo Mello, sin salir aún de su asombro.- ¿Como alguien puede relacionarse con él?
De nuevo, el silencio.
No habia nadie que pudiera especificar un motivo por el que un humano normal (o según pensaban ellos, normal) pudiera tener relación alguna con semejante dios de la muerte. Era simplemente impensable y a su modo, impossible.
Near jugueteó un poco con su mechón de cabello blanco, mientras refelxionaba sobre lo dicho por Elius. Antes hubiera pensado que mentía, que no era posible porque se salía de su pensamiento razonable pero, ahora que sabia que existían esos dos otros mundos, que se podía ir y venir, que, además, existían no una, no, sinó más de un tipo de Death Note... nada le parecía ilógico.
El vivin se despidió de los cuatro, revolviendo cariñosamente el pelo de Cala con una triste sonrisa. Temía por ella, pero tampoco queria expresarlo, pues había decidido confiar en aquellos chicos. Y el rey de su mundo también, puesto que el rubio y el pelirojo seguían haciendo de las suyas en el mundo real.
Finalmente, se desvaneció en el aire y cada uno volvió a su tarea. Matt estaba encargándose de los últimos niveles de uno de sus videojuegos nuevos, Mello comía chocolate y Near se quedó de pie, estático, pensando. Cala sólo lo vio con curiosidad y se dirigió a su habitación.
-Ven.- Le dijo al peliblanco.
Éste la siguió con curiosidad y, una vez fuera del alcanze de la vista de ambos chicos, ella le dió un suave abrazo. Seguía siendo más alta que él, pero eso no le quitaba nada.
-¿Qué te ocurre?- Le preguntó al chico, quién habia correspondido con algo de torpeza a su abrazo. La soltó poco después y quedaron frente a frente. Cala estaba algo preocupada porque habia visto a Near cambiar su rostro al completo desde hacia un par de días, y no entendía el por qué.
No contestó.
Cala se había acostumbrado un poco a que él no contestara a preguntas concretas que tenían que ver con sus sentimientos, pero le molestaba. Se sentó en la cama, y él a su lado.
-Nada.- Dijo él al fin.
Ella iba a protestar, pero el albino la cogió por los hombros con fuerza y la hizo perder el equilibrio, de modo que cayó entre las piernas de él, completamente sonrojada y con el corazón latiéndole a cien. Hacía un tiempo que su "novio" (a veces dudaba si llamarle así, porque nunca habian quedado en serlo) no sentía esos impulsos, por lo que sus sospechas de que algo sucediera se intensificaron.
Y más lo hicieron cuando él bajó su cabeza para darle un beso, entreabriendo la boca y, al fusionarse ambos labios, enroscando su lengua con la de ella. Una y otra vez, casi sin aliento, sintiendo como algo en su corazón crecía una y otra vez.
Cuando se separaron definitivamente, él rodeó la cintura y la espalda de ella y la atrajo hacia sí, con un poco de dificultad.
-¿Q-qué ocurre, Near?- Murmuró ella, casi sin atreverse a continuar insistiendo.
Pero, de nuevo, el silencio. Cala comenzaba a temer que fuera algo realmente grave, pero suspiró de alivio al ver contestada su pregunta.
-Celos.- Dijo él, monótonamente.
Ella se sentó de un modo que pudiera ver su rostro, algo sonrojado, muy provablemente por la vergüenza que le producía el decir aquello en voz alta.
-¿Celos de qué?
-De Matt.- Dijo secamente, mientras procedía a su ritual de retorcerse con calma y tranquilidad uno de sus blancos mechones.
Cala estuvo un momento pensando aquella respuesta. ¿Él tenía celos de Matt? Lo habia dicho, pero era incapaz de imaginarlo. Era su mejor amigo, nada más.
-¿Qué hizo que tuvieras celos?
Near dejó de retorcerse su cabello blanco un segundo, antes de pensarse la respuesta y dar con una que no le gustaba demasiado. No le gustaba pensar que solamente el ver como él la abrazaba y descansaba su barbilla en la cabeza de ella lo ponía levemente molesto. Porque él no podía hacerlo. Porque era bajito, y poco sociable.
Al ser Matt todo lo contrario, y ver lo bien que se llevaba con ella, no podia evitar pensar que Cala terminaria cansándose de su silencio, su tranquilidad, su monotonía... y lo ponía nervioso. Más de lo que la chica le ponía ya. Más allá.
De nuevo, respondió con un simple "nada" mientras apartaba la vista hacia la ventana y observaba el cielo de un color azul grisáceo.
Cala se levantó y se alejó de Near para alcanzar un estante en el que tenía una consola portátil que le habia regalado Matt hacia apenas un año con un juego de Mario para que jugara cuando no tuviera nada que hacer. De hecho, casi nunca jugaba, pero la ayudaba a pensar o a evadirse de la realidad cuando queria hundirse en un mundo lejano.
Se la tendió al peliblanco con una sonrisa.
-¿Quieres probar?
Near observó dicho objeto con recelo. No era del todo un juguete, aunque tuviera la misma función. Tenía varios botones y, como habia visto en su compañero pelirrojo, podía ser adictivo. No se fiaba mucho, y temía que sus capacidades deductivas se redujeran si jugaba a eso. Sin embargo, un sentimiento aún mayor se abrió paso en él y tomó como quien no quiere la cosa la consola que ella le tendía.
Buscó el botón de encendido y observó la pantalla, hasta que Cala, con una risita, le dijo que tenía que pulsar el potón "A", tal y como se decía en la pantalla. Sintió algo de vergüenza en aquel momento, pero interiormente pensaba que podría ser mejor que el mismissimo Matt (¿quién no pensó el tener esa inmensa suerte del principiante alguna vez?).
Durante un rato, ninguno de los dos decía nada. Se escuchaba el sonido del juego y constantemente se leían en la pantalla las dos palabras que indicaban el fin del juego, y vuelta a comenzar.
Al final, Near se cansó.
-¿Ya no quieres jugar más?- Preguntó ella al ver que apagaba el juego.
Él procedió a retorcerse su mechón de cabello habitual con un leve sentimiento de verguenza. Al fin y al cabo, habia algo aparte de las relaciones sociales y el deporte que no sabia hacer.
-Hay muchos libros.- Dijo sin interés en observar las estanterías de la habitación de la chica, repeletas, efectivamente, de libros. Él sabía que Cala gustaba de la lectura, pero quería cambiar de tema.
-Algo tendré que hacer cuando Matt está embobado con sus videojuegos y tú y Mello estáis trabajando en algun caso.- Se encogió de hombros y se acercó a por un libro delgado y ligero, de novela policíaca.- El verano de los juguetes muertos.- Leyó.- ¿Quieres leerlo?
Near cogió el libro y lo ojeó.
-No me gustan los libros.- Dijo, algo más frío de lo habitual.- No tienen una utilidad concreta y lo que reflejan no es real. No puede ayudar en casos reales.
Cala frunció el ceño, algo contrariada y molesta por la repentina frialdad del albino. No cogió el libro que él le ofreció de vuelta, sino que lo empujó hacia el pecho del chico, indicándole que quería que lo leyera.
Entonces, entró Mello dando una patada a la puerta, como de costumbre.
-Comida.- Gruñó.
...
Eran las nueve de la noche del día 15 de Septiembre. La luz del día casi habia desaparecido y dejaba en su lugar una fría y solitaria oscuridad que no le gustaba demasiado a Laia. Le recordaba que estaba sola en su apartamento y no tenia nada que hacer por las noches.
Pero ahora cenaba acompañada de ese misterioso ser llamado "L".
-¿Todos los de tu mundo tienen como nombre una letra?- Preguntó mientras dejaba enfriar las croquetas y se servía un vaso de agua.
El pelinegro, mirándola con sus grandes ojos negros, negó. Tomó el tenedor con el dedo índice y el pulgar y pinchó una de las croquetas que tenía en su plato. Bufó un par de veces y se llevó un mordisco a la boca.
-Es solo mi nombre.
-Oh.
Aquel era un "hombre", si se podia decir de ese modo, de pocas palabras. Solía responder a sus preguntas, no interrumpía su intimidad y, por las noches, las mañanas y gran parte de la tarde no lo veía. Sin embargo, a la hora de la cena, solía estar con ella.
-¿Y como es tu mundo?
-Aburrido.- Sentenció.- ¿Tiene estas preguntas algún objetivo concreto?
La rubia mordió también una croqueta, a la vez que sonreía para sus adentros. No solo era de pocas palabras, sino que un chico muy observador, calculador y meticuloso. Hasta el punto que rozaba lo absurdo, a veces.
-No.- Dijo.- Sólo conocerte un poco más y tener algo de que hablar durante la cena.
-¿Entonces yo también puedo hacer preguntas?- Laia asintió, divertida.- ¿Cuando es tu cumpleaños?
La rubia sonrió, mirándolo directamente a los ojos.
-Dentro de tres días. El 18 de Septiembre.
-Buen cálculo.- Dijo él, dando de nuevo otro mordisco.- ¿Color favorito?
-Ninguno en especial.
-¿Grupo sanguineo?
-¿Para que lo quieres saber?- Dijo, casi gritando de la sorpresa, con la boca abierta de par en par.
-Hm... para nada, en realidad. Dije que quería hacer preguntas, ¿no las hago?- Laia puso cara confundida.- Supongo que no importa si las hago o no.
Durante algunos segundos, estuvieron en silencio, comiendo las croquetas que se habian enfriado un poco y ya no les quemaban en la lengua. L observó a Laia durante un par de segundos, escrutándola con la mirada. Cada vez se alegraba más de que hubiera sido ella la que cogiera la Life Note del rey vivin, y no sabría decir el por qué.
-¿Qué tanto me miras?- Dijo.
Fue entonces que L se percató de que llevaba observándola durante un rato y, tras terminar de masticar, procedió a contestarle.
-Estaba pensando que fue una buena decisión darte la Life Note. Entendiste todo pronto.
-Oh, gracias... supongo.
Y siguieron comiendo, en silencio, pero no uno tenso; uno de esos silencios agradables.
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