Gomen nasai... tengo problemas algo complicados de inspiración para éste fic en particular. Tengo en mi mente lo que quiero contar, pero no sé exactamente cómo voy a contarlo. Espero que entre los altibajos de mi sexto sentido de la inspiración no transcurra mucho tiempo, y que los capítulos queden decentes. Aunque me pueda tardar bastante en actualizar algunas veces, tened por seguro que no pienso abandonar mi fic. Gracias :))
LIFE NOTE II- Guerra Santa
-¡Feliz cumpleaños, Laia!- Aquella tarde de Septiembre, Cala asomó por el piso de la rubia. Empujó algo más la puerta de lo que la chica le habia abierto y, sonriente, le tendió un paquete envuelto en papel de regalo que habia sacado de una bolsa que llevaba consigo.
-Gracias, pero sabes que no era necesario hacerlo, ¿verdad? -Laia abrió el paquete con una sonrisa algo cansada pero a la vez agradecida.- ¿Aceite para hacer masajes?- La rubia abrió de par en par los ojos. Honestamente hablando, se esperaba que fuera un regalo sobresaliente el que vendría de su amiga, y aunque en eso no la habia defraudado, le confundía un poco.
-Ultimamente te he visto algo cansada.- Cala se sentó en el sofá y observó como la rubia dejaba el regalo en la mesa antes de que se sentara a su lado.- ¿Estás bien?
-Sí, sí... es solo que por algún motivo no puedo dormir muy bien estas ultimas noches.- Dió un largo y profundo bostezo.- No tenia pensado recibir más visitas que la tuya por hoy, así que está bien.
-Hmm... bueno, también te traigo esto.- Sacó de dicha bolsa otro objeto, aunque éste no estaba envuelto.- Si pulsas este botón...- Se trataba de una rana con las patas redondas y los ojos salidos. El "botón" en qüestión eran las dos orbes bizcas del animal.- Las patas vibran. Si te lo pones en la espalda o alguien te lo pasa por ella, resulta muy agradable.- Cala le sonrió y le tendió el animal de los masajes.
-Qué detallista.- Se burló su amiga.
-¿Verdad que si? El año pasado no tuve oportundiad de pasar éste dia contigo asi que... ¿te apetece venirte a casa?
Laia miró con desconfianza a la castaña, quién desprendía un aura extraña.
-Sabes que no quiero fiestas, ¿verdad?
-¡No es una fiesta! Tan solo pasa lo que queda de tarde conmigo, ¿si?
La rubia suspiró. Lo que le quedaba por vivir junto a su amiga no era cosa simple. Aunque siempre habia creido que algun dia ella seria la protagonista de algo muy grande, la aparición de esos dos raritos en su casa tiempo atrás se lo confirmaba.
...
La tarde, pasada entre risas, un enorme pastel de chocolate y juegos de mesa en los que se resentia a perder ante el rubio, llegó pronto a su fin. Laia se despidió de ellos y se encaminó con una media sonrisa hacia su casa.
-Felicidades, Laia.- Dijo L una vez se cercionó de que no habia nadie cerca.
-Gracias, L.- Le dedicó una sonrisa.- Ya que no tienes un regalo, ¿puedo pedirte un fabor?
El pelinegro dudó un poco. No comprendía lo que sucedia y el fabor en concreto que queria pedirle. Al parecer, sus dotes como gran detective estaban algo oxidadas, se recriminó a sí mismo una vez entraron en el piso.
-¿Puedes pasarme esto por la espalda?- Tomó la rana y pulsó sus ojos. L suspiró y dejó que ella se tumbara boca abajo en la cama, mientras el pasaba de arriba a abajo el bizco animal.
-¿Esto te relaja?
-Más de lo que puedas imaginar.- Sonrió, respirando con tranquilidad y notando que realmente sus músculos se estaban relajando. Agradeció en silencio a su mejor amiga por regalarle ese peculiar artilugio.- Gracias, L.
Él no respondió. Continuó frotando las patas redondeadas del objeto amfibio en silencio, algo resignado. Nunca pensó que llegaría a aquel lugar, con esta persona y haciendo este acto como si se tratara de algo verdaderamente importante. Sonrió para sus adentros. Tampoco era algo que le desagradara demasiado.
...
El aereopuerto estaba repleto de gente, como ya habia supuesto. Montones y montones de personas semejantes a hormigas se desplazaban arrastrando sus maletas con prisas y con los nervios de punta, en muchas ocasiones.
Ella sonrió, algo complacida porque nadie la reconociera. Si hubiera estado en Japón, tenia la certeza de que múltiples persoas habrían detenido sus caminatas para regalarle una mirada y dedicarle una sonrisa interesada, o tal vez unos murmuros curiosos y habrían susurrado a su paso. Si, sin duda alguna, eso era lo que habria sucedido.
Pero, en España, parecía que las cosas eran ligeramente distintas. Si bien algún que otro muchacho se detenía para verla, en sus ojos distinguía un poco la lujuria. No era para menos, pues se habia vestido especialmente para que la miraran los curiosos.
-Señorita, por fabor, devemos apresurarnos.- Un hombre uniformado posó su mano en el hombro de la muchacha.- Aun nos quedan horas para llegar a nuestro destino.
-Oh, cálmate.- Le respondió ella.- Estamos en Barcelona, ciudad bella y hermosa.- Alzó los brazos al aire y sonrió ampliamente.- ¡No hay prisa alguna! Seguro que aquí podremos sacar unas fotos bellisimas para la revista.
-Eso no es lo que tenia pensado el directos, y usted lo sabe. La sesión para Barcelona está prevista para cuando regresemos.
-Sí, sí...- Con fastidio, cogió su gran maleta gris y se puso a caminar en dirección a la salida para dirigirse al coche que los esperaba en la entrada.- Esta vez me hubiera gustado coger un tren.
-No hay estación de tren en nuestro destino.
Ella frunció el ceño y, con una mirada repleta de odio infantil, le sacó la lengua a su mánager. Éste, acostumbrado como estaba a los actos inmaduros de la muchacha, ni siquiera mostró signos de haberse molestado.
...
Albert habia salido de su casa tan abrigado como le era posible. A mediados de Septiembre el viento que soplaba ya era horriblemente frío y él, quién amaba mostrar como cuidaba su cuerpo, no soportaba tener que esconderlo bajo dos o tres capas de ropa. Era por eso que en su casa trataba de poner al máximo la calefacción, o a veces hasta fingía que no tenia frío, aunque fuera el viento soplara como lo hacía ese dia.
Sin embargo, por algún motivo, habia decidido cubrir su cuerpo bajo ese abrigo negro, y proteger su rubio cabello con un gorro holgado del mismo color. ¿Qué pretendía con eso? ¿Hacia dónde se dirigía?
Cruzó el puente que iba en dirección a la zona de chalets y se desvió un poco del camino, llegando un pequeño parque en el que solía jugar cuando era pequeño. Los hierros de los barrotes que sujetaban los columpios y el tobogán ya estaban oxidados, y los bancos de madera parecían estar algo carcomidos por el tiempo y la humedad. Sin embargo, sonreía cuando rescataba esa caja de debajo las escaleras del tobogán.
La caja en qüestión estaba hecha de fino metal. Le habia prometido a su hermana desenterrarla para revisar su contenido cuando se sintiera preparado para la muerte. Eran todo un montón de cuadernos, con múltiples historias, y hasta pensaba que havia un diario en el que se dedicó a escribir sus amores, pero por una vez al año queria dignarse a leerlo.
Siempre le habia perturbado que su hermana hablara sobre la muerte y sobre sentirse o no preparado, pero cuando recibió la Death Note SS de parte de ese curioso shinigami, supo a qué se referia. A matar. Por eso se pasó un tiempo pensando seriamente sobre si seria eso o no a lo que se refería la chica.
Quitó la tierra que aun estaba pegada a la tapa de la caja y la abrió, con sumo cuidado, mientras sacaba de ella un par de cuadernos. Como habia suponido, eran historias que ella solía escribir de pequeña.
-¿Y tanto cuento solo para esto?- Se burló.
Pero entonces se dió cuenta de algo. Habia nombres como títulos en los cuadernos. Y uno, uno en qüestión, le llamó la atención.
-¿Qué...?- Ese nombre le era conocido. De echo, bastante conocido. La hermana pequeña de esa chica habia ido con ella a classe, habia revolucionado el mundo y cambiado a muchas personas. Ahora se encontraba en un reformatorio y no habia oportunidades para que saliera.- Rebecca García.- Leyó en voz alta. La hermana mayor de Amanda, quién habia muerto hacía dos años. Recordaba que habia ido al reformatorio para visitar a la pelinegra y darle el "pésame". Pero no lo entendía. ¿Qué relación tenía la hermana de Amanda con la suya?
Abrió la primera página.
Hermana... ¿qué significa todo esto?
