Bueno, ya estoy aqui, de regreso al menos con Life Note, a punto para recibir criticas aunque con el fic perfectamente saneado, al fin. Y es que me di cuenta de que tan sólo hacía que añadir cosas y misterios a una historia de por sí algo complexa, por lo que estuve pensando
las cosas y finalmente tengo todo organizado.
Disclaimer: Death Note no me pertenece, solo lo uso para divertirme un rato escribiendo esta historia.
LIFE NOTE II- Guerra Santa
Tras instalarse en el hotel, Misa Amane no pudo resistirse a salir corriendo como anima que lleva al diablo para observar todo lo que la rodeaba. Ese pueblo tan pequeño del que apenas el mundo conocía la existencia, algo bastante extraño le decía que se encontraba en el centro de algo muy grande, o al menos eso le decía su instinto.
Pero quiso dejarlo de lado para disfrutar de las vistas de esa imponente montaña de la que no veía la cima debido a la nieblina que la cubría. Seguramente estaría nevando allí, como en el monte Fuji...
Le encantaba ese lugar.
-¡Señorita!- La llamó uno de sus encargados, pero tan pronto como pudo sonrió al muchacho y salió corriendo rezando para que no se perdiera y supiera como regresar al hotel.
En esas, terminó frente a una hermosa tienda de ropa. La observó con curiosidad y, tras ver varias prendas que le interesaron entro para poner a prueba el poco Español que le enseñaron antes de hacer la gira. Siempre estaba bien, además se trataba de ropa. Ella amaba la ropa, y esa le gustaba.
-Buenos días.- Saludó con una sonrisa a una dependienta joven de largo y claro cabello rubio, quien solo le dirigió una mirada desinteresada y aburrida. Se quedó observándola unos segundos antes de confirmar que no iba a devolverle el saludo, por lo que se adentró en la tienda.
Habia un par de vestidos que llamaron su atención desde el incio, y un pañuelo de seda negro que la cautivó enseguida. Se lo mostró a la joven rubia y le indicó el provador con gesto igualmente aburrido.
Misa empezaba a contagiarse de ese pésimo ánimo que desprendía esa chica. Lo mejor para su delicada salud mental sería pagar y marcharse pronto de allí, se dijo. Hasta que lo vió.
Un chico rubio, alto y con un buen cuerpo entró con prisas a la tienda, suspirando aliviado al verse refugiado del frío del exterior. Lo vió por el reflejo del espejo del provador, y le gustó.
-¿Qué quieres, Albert?- Dijo la dependienta. Misa frunció el entrecejo. Parecía que se conocían.
-Vengo a verte.- La rubia, la del provador, se desanimó. Eso significaba que la sosa y aburrida chica que la atendió con anterioridad lo habia visto antes, y estaba ocupado. Qué se le iba a hacer, a otra cosa se iría. El vestido azul marino le iba pequeño, por lo que lo dejaria y se quedaria con el rojo y con el pañuelo. Lo habia decidido cuando lo habia visto, antes de provárselo.
-Pues puedes irte.- Respondió dicha chica. Misa se sorprendió, ¿acaso no eran novios?
-No me seas borde, Laia.- Dijo el otro en tono de súplica.- Accede a salir conmigo, porfabor.
Oh, así que realmente está libre.
Misa se alegró por ello y salió del provador con una sonrisita de vencedora. Si realmente estaba libre, no podría resistirse a sus encantos por demasiado tiempo. Iba a acosarle hasta que desistiera en huir de ella y se entregara en cuerpo y alma a la rubia japonesa. Sí, así lo haria.
-No.- Seca, la dicha Laia regresó a su tarea de leer una revista.- Vete.
Misa se acercó tendiéndole el vestido y el pañuelo con una sonrisa. Laia dejó lo que estaba haciendo a un lado para doblar y poner en una bolsa las ropas que iban a ser compradas por la joven estranjera y también sonrió, bastante falsa para el gusto de todos los que estaban allí y para el de ella misma. Amane no pudo saber si aquel era un buen o un mal precio porque no sabia cuantos yenes eran veinte euros, así que pagó sin miramientos y le dedicó una sensual mirada al muchacho rubio, saliendo de la tienda y dejando tras de sí un ambiente extrañamente cargado.
Se sentó en un banco desde el que podía ver perfectamente la entrada de la tienda, sonriendo aun ante la imagen de ese rubio cachas que tanto le habia llamado la atención desde el provador.
Tardó varios minutos (concretamente, siete, según contó Misa) en salir a regañadientes de dicha tienda, pero en cuanto la vió sentada en el banco, no pudo evitar torcer el gesto en una mueca de confusión que sacó una sonrisa a la rubia, quien se levantó para ir a su encuentro con tanta elegancia de la que fue capaz.
-¡Misa!- Gritó Light, quién a duras penas habia seguido al rubio hasta la tienda y ahora se fijaba en la muchacha que se dirigía hacia ellos a unos cinco metros con pasos elegantes y sonrisa seductora.
-¿Misa?- Repitió Albert.- ¿La conoces?
-Si. No hables con ella, ni tan siquiera le dirijas la palabra.
-A mi no me da órdenes un muerto.- Finalizó, terminando la distancia que los separaba a ambos rubios. Esperó hasta que la muchacha hubo sonreido lo suficiente y hasta que Light dejara de refunfuñar a sus espaldas dónde, curiosamente, seguía notando a dos presencias en vez de una.
-Hola.- Saludó Misa.- Me llamo Misa Amane.- Le tendió la mano con una sonrisa, y Albert se la estrechó, presentándose igualmente con la chica.- Como podrás ver, soy de Japón.- En ningún momento la sonrisa de la muchacha habia desaparecido.- Estoy aqui por una sesión de fotos, soy modelo.
Para el superficial de Albert, aquella era una buena noticia.
-Encantado.- Se puso a caminar hacia el parque junto a la joven japonesa.- ¿Y qué te atrae de mi para esperarme fuera de la tienda?
Misa tardó unos segundos en traducir la frase al japones y encontrar las palabras españolas para excusarse y responderle al joven.
-Aún cuesta hablar bien español.- Se excusó.- Eres el chico perfecto.- Terminó, dejando algo bocabadado a su oyente.
¿Su chico perfecto? ¿Qué tipo de broma era aquella? Si bien era cierto que se sobrevaloraba a él mismo, era consciente de que las demás chicas no pensaban lo mismo de él que él mismo, por lo que encontrarse a una que le lanzara tal cumplido no era algo muy habitual.
-Oh, bien. Bueno es saberlo.
-Tu te has acercado a mi tambien.
-Buena observación.- Le sonrió, señalándole con la mano un banco algo apartado de los demás, ligeramente cubierto por arbustos. Lugar que guardaba muchos recuerdos, pasados y no tan pasados, para los ligues de una noche del rubio.
Misa se sentó junto a él, dejando la bolsa con los vestidos en el suelo y mirándole con los ojos más seductores que puso con anterioridad.
-¿Y bien?- Comenzó.- ¿Qué piensas hacer al respecto?
-¿Cómo?- Albert se tensó un poco. Nunca antes habia hecho nada con chicas a las que a duras penas llevaba conociendo 15 minutos, pero eso no era un impedimento si dicha chica se lo ponía tan fácil.- ¿Me pides que me haga responsable?
Misa se relamió en su interior. Aquel chico era más fácil de lo que pensó, además de terriblemente atractivo.
-Seguramente estaré por esta zona durante un par o más de semanas.- Dijo, casi en un susurro, insinuándole quién sabe qué... bueno, algo que ambos sabían.
La tensión en la cabeza y la entrepierna de Albert crecía por momentos. Quería, oh Dios, claro que queria. Estaba bueníssima y era tan sensual... le importaba bien poco que hubiera tenido algo que ver con Light en el pasado, ahora se encontraba allí, frente a él, y tan dispuesta a dejarse tener...
-Hace frío.- Dijo por respuesta.- Vivo por aquí cerca, si quieres... esto... se estará mejor.
-Me parece una buena idea.
Ambos se levantaron. La chica cogió nuevamente la bolsa y siguió en silencio a Albert hasta llegar a la casa del joven. Éste abrió la puerta con las manos tembolorosas y dejó que Misa pasara primero, cerrando tras de sí y dejando las llaves en un cuenco del recibidor mientras se quitaba la chaqueta y invitaba a la rubia a hacer lo mismo.
Fueron en silencio hasta la habitación de él, poco amueblada y algo fría en personalidad, y Misa le rodeó el cuello con las manos besándole delicadamente en los labios. Albert, sin saber que hacer, tan sólo trató de presionar más los suyos, pero ella los apartaba para que solo fuera un roce. Aquel juego podia con Albert, que pronto la rodeó completamente y se dejó caer en la cama, él encima de ella, mientras por fin saboreaba sus labios.
Mientras sonreían, ambos se despojaron de sus ropas lanzandolas de cualquier modo al suelo, mientras se ahogaban en apasionados y húmedos besos y se palpaban con deseo el cuerpo mutuamente.
Misa fue la primer en decidirse por encontrar el miembro de Albert, quien soltó un gemido al notar el tacto de la rubia sobre él. Pero no se quedaria atrás. Palpando tambien la entrepierna de su compañera, se mantuvo a un ritmo para hacer jadear a la muchacha, hasta que ésta se quitó el sujetador mostrándole sus firmes y atrayentes pechos.
Pero el teléfono sonó insistente justo en ese momento.
-¡Maldita sea!- Bramó él, avalanzándose contra el aparato.- ¿Si?
Se trataba de Laia, quién algo aburrida habia decidido invitarle a tomar algo en un bar. Estuvo discutiendo con ella un par de minutos, con la promesa de que mañana seria un dia mejor para ello.
-¿Por dónde íbamos?- Le preguntó a la muchacha desnuda tendida en su cama, sonriente, justo antes de avalanzarse contra ella.
Ok, queria hacer un lemmon, pero a este fic le tengo demasiado cariño como para hacer una cualquiera, por lo que dejaré éste final a vuestra imaginación. Como podréis notar, son todo lo contraria a Cala y Near... pero como no será su última aparición con deseos carnales, supongo que en la próxima si meteré un lemmon.
Pero no ahora, aún tengo que pensarlo bien :)) Espero que os haya gustado y perdón por la tardanza.
